Tuesday, September 4, 2012

Rosa Maria Payá le responde al corresponsal de la BBC en La Habana

  Foto/Getty Images
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Fernando Ravsberg ha publicado en estos días, (ver Los aprendices de brujo) una extensión de las tergiversaciones, manipulaciones y falacias con las que los medios de prensa oficiales cubanos han pretendido confundir al pueblo cubano y al resto del mundo por ya, más de medio siglo. Lo ha hecho desde su propio blogg, al parecer las 4 páginas del Granma (órgano del partido comunista) del día ya estaban saturadas.

Esta vez, a las falsedades literalmente copiadas de la Mesa Redonda y a la reiteración del absurdo carácter accidental que la Televisión Cubana se empeña en dar a la muerte de mi padre y de Harold, Fernando añade algunos enredos de su propia invención, como que Ángel y Aron viajaban por la isla haciendo proselitismo y repartiendo dinero. (leer texto completo)

(Camagüey) Grupo músico-danzario Caidije: portador de tradición haitiana



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en el blog Calculan en más de 30 000 habitantes a la comunidad haitiana de Camagüey

Convocatoria del "5to Festival Internacional de Vídeoarte de Camagüey 2013"

Estimados amigos y amigas:

El propósito de este mensaje es informarles que ya estamos organizando el 5to Festival Internacional de Vídeoarte de Camagüey 2013. El Festival se celebrará en la ciudad de Camagüey (Cuba) del 24 al 28 de abril del 2013. Nuestro Festival permite la oportunidad de presentar nuevas obras de vídeoarte, de artistas emergentes o consagrados. La participación es abierta a todos los artistas nacionales e internacionales, sin distinción de edad ni sexo y sin costo alguno para la inscripción de las obras. Si el Festival es de su interés, si es artista, galerista, institución, curador o teórico del arte, para nosotros sería un placer poder contar con su participación. Le estamos invitando a realizar una propuesta para esta quinta edición.

El plazo para recibir obras finaliza el 28 de febrero del 2013.

Cualquier consulta se puede hacer vía e-mail a:

Diana Rosa Pérez
Coordinadora y Productora General
5to.FESTIVAL INTERNACIONAL DE VIDEOARTE DE CAMAGUEY 2013.
Calle Luaces No. 153 entre Independencia y San Pablo
Camagüey -Cuba
CP: 70 100

Telef. (053) 32 256253 / (053) 32 293260 / (053) 32 243167

Camagüey – Cuba

Correo electrónico: sandia@pprincipe.cult.cu / fivacuba@gmail.com

(Por favor enviar siempre a ambas direcciones)

Gracias por su interés, Comité organizador

Colombia insiste en el diálogo para lograr la paz

Alocución del Presidente de la República,
Juan Manuel Santos sobre el ‘Acuerdo General para la Terminación del Conflicto’




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Declaración de Timochencko, cabeciila de las FARC



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Leer la declaración oficial del regimen de La Habana

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Declaración de la guerrilla colombiana conocida como ELN

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Reacciones en Colombia

Monday, September 3, 2012

(Miami) Misa y Concierto en honor a la Virgen de la Caridad del Cobre




Miami (Agosto 22, 2012) La Arquiódicesis de Miami invita a toda la comunidad y los medios a la Misa Solemne y concierto en honor a La Virgen de la Caridad del Cobre en el aniversario número 400 del descubrimiento de su estatua en aguas Cubanas.

El evento tendrá lugar el 8 de Septiembre de 2012 en el American Airlines Arena en el 601 Biscayne Blvd. Miami Fl, 33132.

La tarde iniciar a las 4:00 p.m. con la salida de la estatua de La Virgen de la Caridad del Santuario, y continuar a las 4:30 p.m. con el rezo del Santo Rosario en el American Airlines Arena en espera de la llegada de la estatua a la Arena a las 5:00 p.m.

Habrá Misa Solemne a las 6:00 p.m. presidida por el Arzobispo Thomas Wenski, para luego finalizar el día con un concierto a las 8:14 p.m. que contará con la participación de reconocidos cantantes y músicos como Hansel y Raul, Roberto Torres, Carlos Oliva, Malena Burke y Lena, y la Banda de Jazz del Belen Prep. School. (Communications Department - Archdiocese of Miami)

Saturday, September 1, 2012

Sindo Pacheco "La originalidad no es más que eso: sinceridad"

El ambiente de su pueblo, Cabaiguán, es una constante en su literatura. ¿Cómo recuerda la etapa de su niñez y adolescencia en este lugar? ¿Qué es lo que más añora?

Cabaiguán es un sitio muy sui géneris, con un ambiente también muy especial. Fundado por la mezcla de nativos y de inmigrantes, principalmente de las Islas Canarias, fue creciendo y consolidándose a lo largo de todo el siglo XX. De mi niñez, allá por los años 60, recuerdo a mis amigos (aún los conservo a casi todos); recuerdo con nostalgia los lugares que ya han desaparecido (hoteles de madera de dos pisos, bodegas, cafeterías, el cinematógrafo municipal en la mejor etapa del cine de aventuras, aquella legión de vendedores ambulantes que ofrecían desde churros hasta relojes que no daban la hora, los circos ambulantes que venían por temporadas al igual que “Los Caballitos”, con la estrella, el tiro al blanco, los barcos, el famoso Sacatripas: un pequeño trencito que se movía por una línea improvisada, que tenía una altura máxima de cuatro o cinco metros, pero que a nosotros nos parecía tenebroso); recuerdo mucho la euforia que reinaba, aquella cosa carnavalesca que diariamente veía a mi alrededor; recuerdo las panaderías, donde a cualquier hora del día o de la noche vendían un pan acabado de sacar del horno, que era una verdadera bendición; recuerdo talleres de mecánica, heladerías, la refinería de petróleo, el Charco de Pedro, donde aprendimos a nadar la mayoría de los muchachos de mi generación: la generación del Charco de Pedro; carpinterías, en las cuales me infiltraba para ver al carpintero, que entonces para mí era como un mago, extrayendo trompos, ruedas de carro, bates de pelota, muebles, figuras increíbles de la madera, bajo el olor del cedro, del pino o la caoba; recuerdo con mucho cariño mi primera escuela y a mis primeros maestros.

De la adolescencia, tengo la noción de aquella molestia por crecer, por abandonar la niñez, por ser “otro”, aquella metamorfosis en la cual íbamos entrando irremediablemente; pero también recuerdo los deportes de esa etapa, las primeras relaciones, las aventuras, el misterio del establecimiento en los grupos, de buscar un sitio para uno, de ser uno mismo a pesar de ir siendo otro. De esa época añoro el afán de diversión sin límites que teníamos, de reírnos de todo y por todo, de ser protagonistas. (leer entrevista completa en La Jiribilla)

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Causas del incendio en gasolinera de Santiago de Cuba


Oikos

 
 
 
Sección Oikos, con fotos de Juan Carlos Agüero. Dedicada a mostrar la
wildlife del Sur de la Florida, es el espacio green (cada semana) del blog
Gaspar, El Lugareño. Las fotos de Juan Carlos en el website Anhinga Wildlife

Thursday, August 30, 2012

del Camagüey

Maqueta del Centro Histórico


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 Piscinas 

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La Parrillada 



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Salón de Belleza



Monday, August 27, 2012

Isaac saludó a La Habana

 
 
 
 
 
Fotos/Reuters

(acuse de recibo) La Universidad de Varsovia está realizando un estudio sobre Cuba

Foto/Getty Images
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(Nota enviada por Joaquin Badajoz) El Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Varsovia está realizando un proyecto de investigación titulado ¿Quo Vadis Cuba: implicaciones para Europa y Polonia? en el marco del cual se analiza la visión de eventuales cambios de Cuba. 

Quisiéramos que participe Usted en este proyecto rellenando el cuestionario, que es anónimo. Le tomará menos de 15 minutos hacerlo.

El enlace a la encuesta es: http://webankieta.pl/ankieta/woc3c5jvp20w

Fragmento de la novela "La sangre del tequila" (por Félix Luis Viera)

Nota del blog:  Entrega final de cuatro fragmentos de "La sangre del tequila", novela en proceso de creación, de Félix Luis Viera. La selección de textos corresponden al plano Verónica.

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Aun así, salida hace unas horas del quirófano, la voz de Verónica, si bien algo apagadiza, parece humear, abrasar el aire cuatro o seis centímetros más allá de sus labios, ahora dolidos —creo entender, según sus señas con la boca y con el brazo libre de agujas, junto al cual tiene el teléfono móvil—por el roce del tubo de oxígeno. Está con la bata blancuzca que muestra las siglas del hospital bordadas con hilo azuloso en lo alto de la pechera. Es increíble la diferencia que hay entre la persona que se desenvuelve en reto de vida y esa misma en una cama, inútil, dependiente de jeringas, médicos, enfermeras que, como ahora, ausentes de la tragedia por la que cobran sus salarios, están hablando de su familia o de fútbol o de telenovelas o de un cantante español que, decía una, se llama Miguel Bouse o algo así, “muy puto”, le aclaraba otra. 

Cuando saqué un billete de 50 pesos para ponérselo en la mesita de noche, Verónica, entreenseñando solo sus dientes marca Maya, sonrió con malicia. Porque ella y yo sabemos —bueno, ahora me doy cuenta: deben saberlo también aquellos que antes (y a la par de mí, sí, a la par de mí) la han gozado—que los billetes de banco la excitan si son expuestos por un hombre. A más denominación, más libido en alarma. De modo que uno de 50 pesos ahora debe tintinearle de manera relevante en el clítoris. ¿Será? Le pregunto con varios gestos perfectamente traducibles para ella. No, me responde con la cabeza, un tenue ademán de su mano libre en la que resaltan las uñas pintadas de verde brillante y un movimiento de su boca fluvial que, creo, indica amargura. “¿Qué se traen?”, pregunta Ximena. Nada, respondo, son cosas de cariños.

“Eres viejo”, me dijo Ximena cuando me conoció a la entrada del hospital. Ella había salido desde detrás de una de las torres como de extraer petróleo que hay allí a la entrada y fue directamente hacia mí. “Soy Ximena”, me dijo y a seguidas “Eres viejo”. Como la madre, su torso es un arco; por delante, desde los pechos hasta la pelvis; por detrás, desde la espalda alta hasta el término de las nalgas. La boca igual, de aguacero. La misma piel, pero naturalmente, la de la hija más brillante. Los senos quizás levemente más grandes, según deja ponderar el suéter negro, ajustado, que trae puesto.

Ella me tomó por un brazo y me presentó a sus dos hermanos: Emiliano y Jesús. Y al padre de Jesús: el Enmascarado Café. A este le hallé la misma expresión mansa que en aquellas fotos de él que me enseñara Verónica. Dudé en darle la mano; solo porque no sabía qué hacer. El Enmascarado sonrió. Resistió tres o cuatro segundos con su mano derecha en el aire. Al fin le extendí la mía. Su mano era de una delicadeza que yo no hubiera creído posible en un luchalibre. ¿Las manos de todos los que se dedicaban a ese deporte serían así? Dependía, los ejercicios de gimnasio se hacían con guantes, con guantes también muchos combatían. Me respondió el Enmascarado. Su voz tenía ese tono bajo, de sumisión o reverencia, acompañado por una sonrisa y un gesto de cabeza iguales. 

Había sido un tarde vaporosa —no calurosa, como dicen aquí— de julio, cuando el azogue parece quemarse debajo de la piel de uno y, dando unos pasos, hasta debajo de una sombra gruesa, la temperatura baja pero solo por unos momentos para después quemar igual. Finalmente llovió. Llegó la oscuridad nocturna anticipada. Se hizo una bruma caliente. Las calles se encharcaron. El tránsito se atragantó. El ruido de los cláxones lograría que cualquiera renegara de la vida. Los andenes del metro, los vagones, se hicieron una pelmaza de sudores, perfumes vencidos, humedades hirvientes donde destacaban rostros marchitos urgidos de llegar a alguna parte. Me había bajado en la estación Centro Médico y, aunque llevaba el plano para llegar al hospital, me extravié. Pregunté a dos o tres personas que, recelosas entre la lluvia y la oscuridad, me indicaron nortes dudosos. Mi paraguas era de 10 pesos, de los que venden en los puestos callejeros; se dobló, comenzó a chorrear. Me guiaba por las torres que según sabía se hallaban a la entrada del hospital. Pero por alguna carambola mental desemboqué en el edificio por un lateral, una cuadra angosta sin nadie en esos momentos más que una mujer que vendía en un puestecito iluminado por cuatro o seis focos incandescentes de unas 200 bujías. Me indicó luego de escuchar mi pregunta con la que respondí a su “¿qué va a querer güerito?”; tenía la barriga grande, el rostro requemado, la piel morena brillaba como engrasada debajo de los focos que parecían achicharrarla, la mirada hosca.

Coincidí con el Enmascarado Café en que nunca se sabría quién había sido. Solo se hubiera podido saber si Verónica le hubiera visto el rostro, lo que no ocurrió. Y aun viéndole el rostro ¿quién podría asegurar que no hubiese sido un desconocido(a) sin causa, un drogadicto(a) sin causa? Ella salía de la estación del metro Cerro de la Estrella cuando miró hacia la izquierda, dijo, hacia donde debían hallarse los microbuses, en el mismo momento en que sintió un tirón en el costillar derecho, se dobló y estuvo segura de que su sangre se escurría por debajo del abrigo. No supo más de sí hasta que se vio tirada —tirada, dijo— en una camilla de urgencias.

El Enmascarado Café me contestó que subiera yo, él lo haría luego, mañana tal vez a la hora de visita. Ximena pudo pasar porque la portera jamás dudó de que ella tuviera más de 16 años y la vería desenvolverse como una mujer que regresa de todas partes. Ximena es la niña ideal para los que regentean a prostitutas, para las que regentean burdeles y para quienes viven principescamente de la trata de mujeres: con las mieles de los 16 años, parecen tener más de 18. 

Cuando subía las escaleras con Ximena, aludió por tercera vez a mi barba y mi piel, señas imperdibles, dijo, que le había dado la madre para que me localizara a la entrada del hospital, pero lo hubiera reconocido nada más por la voz (ella me había llamado por teléfono para darme la noticia), comentó sin mirarme y agregó mirándome “estás viejito”. Llegando al primer descanso de la escalera me encontré con la segunda cucaracha de las grandes que hasta hoy he visto en esta ciudad; ni siquiera se movió cuando nos acercamos, parecía herida tal vez por algún líquido matainsectos. La primera la había visto en el hotel de paso Quinta las Delicias, allá en la colonia Alfonso XIII, la cual, según mi memoria, era más grande y se quedó, inmóvil, en el paso para el baño; me miraba con odio; siguió sin moverse, desafiante, como resuelta a pagar con su vida el desafío.

Ximena me acompañó hasta la salida de la sala (de ocho o diez camas, todas ocupadas y acaso a metro y medio una de la otra, adonde había podido entrar mediante 50 pesos que anularon mi condición de varón y sumaron que yo era familiar de la paciente, y que fueron ascendiendo desde la portería hasta las manos de una moza de limpieza) y desde su cama requintada contra una de las paredes del fondo, y ahora reclinada, Verónica intentaba decirme adiós con su mano libre. Cuando pasábamos junto al escritorio de las enfermeras, una se concentró en mirarme con sorna, de modo que tal vez no escuchó que la otra, de espaldas a mí, le respondía “... y el Ricky también es maricón, qué desperdicio”.

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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ver  Fragmentos de la novela "La sangre del tequila"  (I) (II) (III)

Sunday, August 26, 2012

del paso de Isaac por Guantánamo y Holguín




(desde el estudio de Viera) Llorarán

Foto/Getty Images
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LLORARÁN


por Félix Luis Viera


Las televisoras de la Isla no alcanzarán para transmitir tantas lágrimas, sentidos sollozares, y quién sabe si aun algunos ataques de histeria ante la pérdida. No será de extrañar que, hasta quienes lo odiaron en público, se muestren estremecidos, y lagrimeen (debemos tomar en cuenta que hay cierta emoción cuando muere alguien no precisamente querido, pero que de alguna manera fue un acompañante de muchos años).

Las lágrimas no serán todas sinceras. Más bien las sinceras serán pocas, pero todo el que esté a mano tendrá que llorar o, al menos, mostrar pesadumbre. ¿O acaso debemos pensar que habrá valor para no llorar, o al menos para no parecer triste, ante las cámaras que estarán enviando al mundo la noticia de su muerte, de manera que así quede patentizado cuánto lo quería su pueblo? Habrá luto nacional más de una semana y será posible constatar el duelo en cada esquina, en cada paraje rural. Los niños cantaran salmos en su nombre y los obispos oficiarán por él homilías únicas, antológicas.

Pero los interminables torrentes de lágrimas francas, realmente sentidas, serán vertidas por sus adoradores de Latinoamérica —los ríos más fuertes bajarán desde México DF, Buenos Aires, Argentina— e Italia. No tendrán consuelo por la pérdida de su Paradigma.

Los presidentes de América Latina y de no pocos otros países del planeta —los mismos que, con sus silencios, aprobaron sus crímenes—enviarán condolencias, coronas, representantes al funeral más grande de que se tenga noticia quizás en todo el planeta.

Y ese día, sus enemigos en la Isla, peligrarán más que nunca.

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

Saturday, August 25, 2012

Oikos

 
 
Sección Oikos, con fotos de Juan Carlos Agüero. Dedicada a mostrar la
wildlife del Sur de la Florida, es el espacio green (cada semana) del blog
Gaspar, El Lugareño. Las fotos de Juan Carlos en el website Anhinga Wildlife

Friday, August 24, 2012

Anida (por Rolando Jorge)


 Foto archivo del blog Gaspar, El Lugareño (by Eva M. Vergara)
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ANIDA
(Libro de Apuntes)


por Rolando Jorge



Si hay novela en Bernhard es que hay una mecánica. Enseguida el intelecto aletea; suda sufrimiento.

Monsieur Teste: punto de vista narrativo romántico, licuaciones. Camina desapegado hasta que ataca bastón.

Delacroix cree, en cierta etapa de su vida, más en sombras q en cualquier realidad.

Lo hecho con tizas en mi exoficio dá razones a mi sabrosa enfermedad, y alusiones a mi espantosa salud. Algo aprendo en Bernhard. Hospicio o pulmón.

Tácticas de perro: hacerse el loco.

Pulga del tamaño de un plumero asoma cabeza sobre alimentos y plastas; perro yace en pasillo gracias a períodos residuales.

No existe un mundo de insomnes pero sí un antimundo.

La base del nó entendimiento comienza con tratar de entender. Tal baba llega hasta el colchón y coloca lágrimas donde mapa tiene antigüedad o glacial.

Su vulgaridad afecta veneración q fundamenta reales continuaciones sin sentido, aunque imperiosas.

Examinar y ordenar: procesos q te guían al suicidio. Nó examinar. Nó tocar lo ordenado: Procesos ponderables q te ayudan a vivir.

Gran llamado de escritores del otro lado de la uva.

Schopenhauer, filósofo y budista, lanza mujer escaleras abajo: Punto clave en su pensamiento.

Mujeres exigen atención, interés, y hasta fijación.

¡qué abismo entre los Diarios de Klee y los de Delacroix!

                                                   Núcleo de amor invade al cuerpo a veces: No sabe cómo comportarse; baja como bala; urde ardor;vé transparencia; traslada ojos a lugar en lo alto; te crees solo y vagas; bebes soma; caes del techo en forma de nieve o gato y así calculas una noche y otra noche.

Tocan una campanilla en algún sitio y él viene. Todos se dán cuenta que nó tiene cara. Se sienta. Cruza los pies. Le traen té y galletas. Es del siglo XIX, y mueve sus cadenas.

Existen gentes q pintan a alguien (algo) q nó soy yo.

El escritor en nuestra sociedad es casi feliz, afirma Roland Barthes por 1962. (Ésos no se alzan más allá de sus barrigas).

¿Hay una hora de virarse contra todo?

En suma cuando el vecino lanza ambigüedad a la tarde, no queda más remedio: converso con el gavetero con espejo del cuarto; escucha mis pobretosos argumentos que son,de algún modo, presente.

En cuanto a esto, lo otro, y más allá.

Azúcar de campo, que veo, verdosa. Pájaro de pantano sigue los rieles. Sacos de tiro.

Los hombres y los países que poseen algo, una figura, un ser, una leyeda universal, son los q menos tienen q ver con tal fenómeno.

El médico me revisa como a una cucaracha cada mes; fuma a escondidas; escupe; maldice en tagalo.

A Brecht lo imagino con una chaqueta de muchos bolsillos.

Torcedura de tobillo del cuento (tal vez algún día lo escriba).


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Thursday, August 23, 2012

Con la verdad a cuestas (Sección a cargo de Ena La Pitu Columbié)

Poesía desde las entrañas de la tierra
(10mo festival de poesía en la Montaña, Jarabacoa 2012)

Texto y Fotos por Ena Columbié


El pasado domingo 19 de agosto culminó el décimo Festival Internacional de Poesía en la Montaña, Jarabacoa 2012 en República Dominicana. Un encuentro entre amigos donde predomina la poesía, Jarabacoa fue un territorio habitado por los indios taínos, que le llamaban Xarabacoa. Los poetas le llaman Bella Perla del Cibao y Rinconcito Sutil; sin embargo, según sus habitantes el nombre, proviene de la lengua Guaraní, y quiere decir, lugar de abundantes aguas y montañas. Jarabacoa está ubicada en el mismo corazón de la cordillera central y en una altiplanicie de 525 metros sobre el nivel del mar. Pertenece a la Región del Cibao Sur y a la Provincia de La Vega. Está rodeado de montañas con un paisaje impresionante, allí esta el Pico Duarte, el más grande de Las Antillas y tres imponentes saltos de ríos: los Jimenoa 1 y 2 y el Baiguate. Jarabacoa me traslado a su Zona hermana en Cuba, Baracoa. Con idéntica vegetación, carretera y linda gente; lo único que las diferencia es el mar y la libertad que disfrutan los dominicanos.

Este festival ha sido ideado y ejecutado desde el 2002 por la escritora y promotora cultural Emilia A. Hernández Durán (Taty Hernández), que ha tenido la suerte de contar con un equipo integral y multifacético de mujeres que podrían ser la envidia de cualquier proyecto, ya que entregan mucho más que su esfuerzo y su alegría. Ellas son, la coordinadora de proyectos Tanya Badía, Administradora Tanya Garrido y la coordinadora Operativa Yolanda Ramírez. También posee un equipo asesor masculino que no deja escapar detalle sin resolver, Frank Badía, Rafael García y Manuel Llibre. El objetivo del proyecto es crear un espacio para que los poetas de estos tiempos convulsos, salgan de la rutina y el ruido de las ciudades y se conecte directamente con la naturaleza exuberante y siempre propicia a la creación. También para llevar el conocimiento del verso a las zonas intrincadas, y favorecer el intercambio entre escritores de todas las latitudes. Debido a sus características de unión, creación, intercambio y armonía —y para de una vez redondear— el evento es acogido por el Centro Salesiano de Pinar Quemado en el Parque Municipal de Jarabacoa, donde un ambiente de paz y camaradería deja fluir los días con relajación.

En esta entrega hubo una concurrida representación dominicana de poetas que residen dentro y fuera de la isla —Yrene Santos, María Farazdel, Ana Isabel Saillant…— y un manojo de otros lugares del mundo: los colombianos Carlos Aguasaco y Genoveva Palmieri; Juana Ramos de El Salvador y Margarita Drago de Argentina; Ena Columbié y el promotor Pedro Fournier de Cuba; y el encantador indú Ralph Nazareth. Todos comandados por la poeta dominicana y también Doctora en Psicología, Marianela Medrano, quien reside en New York, y se ha encargado de divulgar el festival en Los Estados Unidos de América. El intercambio resultó muy ameno y fructífero; se crearon fuertes lazos de comunión entre los escritores de todas las edades, tendencias políticas y credos. 

El viernes 17, aprovechando que sería luna llena y eso favorecería la siembra, nos trasladamos a Los Dajaos un lugar de vegetación bucólica en la cúspide de la montaña, la tierra pertenece a los señores Don José y Doña Naty, dos seres únicos, que han dedicado su vida a dar amor y conservar la naturaleza. Allí plantamos árboles que conformarán el bosque de la poesía. Este espacio de tierra virgen, está considerados por todos como la catedral de la ecología, de hecho allí se llegan a cabo algunos de los más grandes conciertos con artistas famosos que promueven el cuidado de la tierra. El festival entregó a los pobladores de Los Dajaos una caja de libros que pasarán a ser parte la primera biblioteca del lugar. Hubo lectura de poesía, contacto con los pobladores del lugar, y con niños también poetas. 

Cada año este festival es una muestra de que con el empeño y la poesía, se puede lograr bonanza no sólo los sentimientos de las personas, sino también el entorno salvaje que brota de las entrañas de la tierra.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 ver los post anteriores de Con la verdad a Cuestas
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ver su blog El Exégeta


Ena Columbié, “LaPitu” Guantánamo, Cuba. Poeta, ensayista, crítica, narradora y artista. Licenciada en Filología. Ha obtenido numerosos premios en crítica literaria y artística, cuento y poesía. Ha publicado los libros: Dos cuentos (Narrativa. Cuba 1987), El Exégeta (Crítica literaria. Cuba 1995),Ripios y Epigramas (Poesía Cuba 2001) y Ripios (Poesía. USA 2006) y en las antologías: Lenguas Recurrentes (1982), Lauros (Cuba 1989), Epigramas(Cuba1994), Muestra Siglo XXI de la poesía en español (USA 2005), La Mujer Rota (México 2008). Dirige la editorial, Ediciones EntreRíos. Ha colaborado como editora en la editorial La Araña pelúa de París y en La Peregrina Magazine, así como en diversos proyectos privados independientes.Como fotógrafa ha publicado en revistas y periódicos de USA. Reside en Miami, Florida. USA.

(Miami) Elvira de las Casas presenta su libro "Doce mensajes a Hércules"


Editorial SILUETA invita a la presentación del libro Doce mensajes a Hércules, de Elvira de las Casas. Presentación a cargo de Luis de la Paz. Viernes, 24 de agosto de 2012, a las 7:30 pm en La Otra Esquina de las Palabras, Café Demetrio (300 Alhambra Circle, Coral Gables. 305-448-4949) - Entrada gratis

Monday, August 20, 2012

Camagüey infestado con el mosquito Aedes Aegypti

(Granma) Una combinación de efectos naturales (calor, humedad y lluvias), errores humanos e insuficiente percepción del riesgo por parte de la población, han propiciado que el municipio de Camagüey presente hoy una situación crítica por los elevados niveles de infestación con el mosquito Aedes Aegypti. (sigue)

Fragmento de la novela "La sangre del tequila" (por Félix Luis Viera)

Nota del blog: Tercera entrega de cuatro fragmentos de "La sangre del tequila", novela en proceso de creación, de Félix Luis Viera. La selección de textos corresponden al plano Verónica.

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Lo malvado de este apartamento es que las ventanas y la puerta dan a un patio central, y que la gente pasa junto a ellas a un aliento de distancia de uno. Debo mantener la cortina de la ventana cerrada: antes parecía que estaba escribiendo en exhibición pública: los de los pisos de arriba, al pasar junto a la ventana, me escrutaban, creo que mecánicamente —bueno, es de humanos—, y así me hacían polvo la concentración. 

La administradora del edificio tiene su oficina en la planta baja, a la entrada, y es una de esas mujeres mexicanas blancas —“güeras”, les dicen aquí donde el racismo existe no precisamente bajo el telón, sino delante de este, aunque no esté en la letra de la Constitución de la República—, ya de edad casi alta pero de porte garboso, y canónica en su hacer. En ocasiones, cuando he ido a pagarle la renta o a verla para otra gestión, ha alabado mi puntualidad, mi proceder gentleman. 

Es difícil enfrentar a alguien que tiene esas opiniones de uno en una conversación tan erizada. Estoy seguro de que quienes le dieron la voz son dos señoras que viven una a la izquierda de mí y la otra en el apartamento de encima; dos señoras que habitan solas—o se habitan a sí mismas, como los solos—, y cada una tiene un perrito. Quién sabe por qué no se buscan o no han hallado un varón; todavía, con algo de buena voluntad, se las podría llevar a la Gloria. Así, como no pocas de las que he sabido en esta ciudad, palian su soledad con un perrito que llegan a amar más que al semejante. A estas dos aun las he escuchado mimar a sus animalitos como si estos fuesen más que personas; la de mi izquierda aun besa al suyo y dialoga con él, lo he escuchado al caminar por los pasillos.

–Señor, ni modo, con la pena y todo respeto: no hay de otra que entrarle a esta situación tan desafortunada —Me dice la administradora.

Yo le he pedido que se siente —en el único sofá que tengo— y lo ha hecho luego de mirar hacia afuera tres o cuatro veces, hacia el patio, las escaleras, después de empujar con el codo, como al desgaire, la hoja de la puerta, de modo que esta quede todavía un poco más abierta de lo que estaba. 

Huele a perfume de rango la administradora y en ningún momento de la conversación ha abandonado un aire de quien es capaz de sobrevivir a un naufragio en la noche cerrada de alta mar. Raro es ver en esta ciudad a una mujer con falda; en el no poco tiempo que llevo aquí me sobrarían los dedos de las manos para contar las que he visto vestidas con esta prenda. Ella trae una falda gris oscura, gruesa, y sobre la blusa menos gris, que apenas se le asoma, un abrigo de piel reluciente color gris acerado que, me atrevo a asegurar, compró en El Palacio de Hierro, tienda de tope cuya propaganda, que aparece en innumerables sitios, televisión, radio, periódicos, anuncios inmensos en lo alto de azoteas, casi todos dirigidos a las mujeres, tienen la salsa ideal para fomentar la ira consumista, la banalidad, el desguace, la envidia letal entre las hembras.

La administradora se ha asegurado de que su falda supere las rodillas lo más posible, halándosela dos o tres veces. Hemos hablado aproximadamente ocho o diez minutos, con esto ha bastado: debo irme del edificio, si bien no hay tanta prisa, me ha dicho ella, en un mes, digamos. Sucede que las quejas han ido en aumento: a veces se sienten ruidos muy fuertes en mi apartamento y gritos... espeluznantes se podría decir... como si una persona estuviera siendo lastimada...

—Señora —le digo cuando ella, con gestos mayestáticos, se ha levantado y da, de medio lado, el par de pasos que la separan de la puerta—, no se preocupe, cumpliré con el plazo que me ha dado… Pero todo esto no es más que envidia —y señalo, uno, dos, hacia los apartamentos de las vecinas de los perritos.


—Ahora se me va a salir, voy a estornudar.

—Tienes experiencia... Debes haber estornudado en esa posición un montonal de veces...

—Nomás las veces que la he tenido dentro y me han dado ganas de estornudar... No soy una virgencita... Ya se me fue el estornudo... ¿Qué me decías? Ay...

—... Que allá en mi barrio en Cuba... a las mujeres que tenían la cintura como la tuya, decía la gente que se la habían remarcado con alambre desde niña...

—¿Qué le habían remarcado qué? Ay... ay...

—La cintura...

—No me la vayas a sacar, espérame...

— No puedo... no puedo mantenerme así...

—Espérame... quiero venirme otra vez... espérame un poquitito... un poquitito...

—Pero no no no... con esas contracciones es peor...

—Que no dé de sí, que no dé de sí... ay ay qué encharcamiento... Dame un segundito...

—Sí, pero levanta... levanta las nalgas...

—Ni modo, si ya sabes que me gusta rozarte con el chiquito... Eso... que no se te ponga aguadita eh... Así así así... Ya te la estoy dando... te la estoy dan... Tápame la boca porfa... tápame la...


Yo ya estaba esperando la visita de la administradora: Verónica Illescas sin duda grita más que el común de las mujeres. Aunque yo detenga la brega y le pida que baje el volumen, ella ni responde; está en otro mundo; en el planeta de los gritos; se ha marchado de lo terrenal; “dame más”, grita. Su agudo final, “mááááássssss”, rebota contra las paredes, las traspasa mientras pienso en las dos señoras vecinas vagas a tiempo completo con sus perritos y más cuando antes he descorrido las cortinas y he visto que las de ellas están descorridas. Cálmate, Verónica, muérdete la lengua. Le repito deteniendo el ayuntamiento. Pero ella tiene la trompa de Eustaquio en sentido de letargo, solo siente y aúlla, y se cambia desde arriba o desde abajo según el caso “ahora vuelve a darme por el chiquito y riégamela ahí”.

Bitácora de los vencidos:

Doy gracias a aquellos españoles que en esta tierra no hicieron lo que en otras por ellos conquistadas, donde arrasaron con la indiada.

Coincido plenamente con este párrafo del sexo-biólogo mexicano Víctor Hugo Escalante en su libro Lava reciclada: “la fusión azteca, mixteca, maya, rarámuris, tolteca, zapoteca, etcétera, etcétera, etcétera, es la gracia que logra que tantas mujeres de nuestro país —como en ningún otro— padezcan de instintos sexuales que casi están a la par con el instinto sexual de los irracionales, con la atenuante de que nuestras mujeres demuestran un alto coeficiente intelectual cuando no están en conexión con el sexo”.

Agradezco estos versos que se me han quedado en la memoria del poeta mexicano Rogaciano Maravilla: “Una de nuestra mujeres basta/ para ser la tómbola de todos los sexos hembras/ puesta en la punta de/ un alfiler”.

Coincido además con esta sentencia —que lamentablemente leí un poco tarde en mi vida—del erudito peruano Celso Larramendi: “en cuanto al sexo, una mujer se nos hace imprescindible más por sus gritos que por sus haceres”. 

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

Saturday, August 18, 2012

Oikos

 
 
 
Sección Oikos, con fotos de Juan Carlos Agüero. Dedicada a mostrar la
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Gaspar, El Lugareño. Las fotos de Juan Carlos en el website Anhinga Wildlife

Monday, August 13, 2012

“Entre luces y sombras” (un documental de estudiantes de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Camagüey)


(desde el estudio de Viera) 86 años y las artes plásticas

Foto/AP
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por Félix Luis Viera

Este lunes 13 de agosto el Purasangre sangre cumple 86 años de edad y ya se aprestan sus artistas súbditos a celebrar la ignominia. Quién lo iba a decir... 86 años... cuando los que entonces, cuando él tomó el poder, teníamos 13 años de nacidos y hoy pertenecemos a esa otra ignominia que llaman la Tercera Edad.

Dice el Granma que en La Habana harán una exposición con imágenes del hoy cumpleañero cuando era niño. “Los niños, oh, los niños —como diría el maestro Robertón Pérez—... ¿quién puede pensar que ese niño de tan tierna expresión que hoy miras puede ser el canalla del futuro”. Y dice también Robertón: “¿quién puede pensar que ese ancianito de tan inocua mirada hoy, fue el gran asesino del pasado?”.

Dice también el Granma, diario particular del Purasangre, que en la región central de la Isla, para celebrar el onomástico 86 de aquel, se organizarán ferias y exposiciones de libros de la autoría del susodicho. Allá, en aquella región que el Generalísimo Máximo Gómez llamara “las inquietas Villas”.

En la preparación de la exposición en La Habana, que como antes dije refleja la niñez del hijo de Birán, han participado varios de los más destacados artistas de la plástica cubanos residentes en Cuba, todos domiciliados en la capital. Es este dato lo que trae a mi memoria una sentencia de Carlos Marx y unos versos de José Martí.

De Marx:

“Cada cual piensa como vive”.

De José Martí:

“Oh, qué terrible procesión/ de culpables”.

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

Fragmento de la novela "La sangre del tequila" (por Félix Luis Viera)

Nota del blog:  Segunda entrega de cuatro fragmentos de "La sangre del tequila", novela en proceso de creación, de Félix Luis Viera. La selección de textos corresponden al plano Verónica.

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La madrugada siguiente a esa tarde en que conocí a Verónica pensé quizás par de horas acerca de los pálpitos; rememoré fragmentos de varios libros que hablaban de este tema. Y concluí lo mismo que otras veces: no creo en los pálpitos; estos no son más que autoafirmaciones que no se comprenden bien, pero que quizás tengan cierto asidero en el inconsciente o en alguna otra parte de uno.

Ella vivía en Iztapalapa, una delegación de hacha y machete, la más grande de la ciudad, la más “popular” —casi siempre ocurre que las barriadas muy pobladas son las más “populares” (como dicen los eufemísticos para referirse a las más peligrosas, como es el caso de Iztapalapa)—. Espigada en su talla mediana, morena quemada, el cabello rizo seguramente venido de varias alquimias blanquinegras de tal vez doscientos años atrás. Espigada, decía, y compacta –léase maciza, condensada: aquí he visto que caballalmente toman compacto por pequeño– como tantas de sus paisanas que así se perciben solo de mirarlas; de la misma manera que se percibe en ellas caderas muy marcadas pero que en tantos casos no van a dar nalgas semejantes. Verónica Illescas tenía las caderas como las dichas, y las nalgas, además de zumosas al tacto visual y proporcionadas con relación a las caderas y el talle; el torso un arco modelo: por delante, desde los pechos hasta la pelvis; por detrás, desde la espalda alta hasta el término de las nalgas. Sus senos muy poquito menos que medianos, las areolas y los pezones, esplendentes, brunos. Solo de ser tocados sus pezones, ella emitía un leve aullido. Y ya cuando uno —es decir, yo— se los lamía, no eran leves los aullidos. De la cara lo más erógeno eran su boca grande (la boca propiamente, además de los labios, carnosos, anchos, agrietados simétricamente) y sus ojos negros como tantas de sus compatriotas, solo que algo rasgados y con una mirada de puta que resultaba imposible ignorar; al menos lo resultaba para mí. 

Su voz era hermosa (en esta ciudad, además de los rateros, los policías corruptos, el instinto de traición, la impuntualidad, la desidia, los limosneros y otros males menores como estos, abundan las voces hermosas de mujer –no sucede lo mismo con los hombres –; la escala es tan amplia que llevaría un largo tomo tratar de explicarla), hermosa era su voz, decía; dulce, alta, pastosa casi, y abrasada. 

La mirada de puta a la que me refería es esa del reflejo condicionado; no es algo ex profeso; hay mujeres que nacen así; otras que así se van haciendo en el dame y doy que exige la vida. No es una coquetería destinada, es como aspirar y expirar. Solo que en el caso de Verónica Illescas esa mirada era, creo, arrasadora. Al menos para mí. Y sin duda lo hubiera sido para otros que no llegarían a conocerla.

Se nos hizo de noche sentados en aquella banca de la Alameda Central: el parque público más antiguo de la ciudad de México, con más de cuatro siglos de existencia, compuesto por tradicionales bancas verdes de fierro, que corren a lo largo de los pasillos cementados y relativamente anchos, rodeados de árboles; tramos de arboledas y de césped entre un pasillo y otro; alguna glorieta (quiosco) y, además de los paseantes, sitio de vendedores de cualquier género pesetero, tragafuegos, putas de oficio, predicadores a quienes se les ve a simple vista que mienten, acordeonistas, “cantantes”, organistas, que pasan el cepillo; en fin, ese maremágnum tercermundista. La Alameda Central resulta un rectángulo grande, y triste, aunque el alborozo lo desborde; triste porque también este parque es oscuro como toda la ciudad (los exteriores de las casas casi sin excepción, las calles de asfalto negruzco y tantas arboladas con especies de troncos grisáceos, el aire contaminado, la vestimenta de las personas… Eso que dijo Aquel de “la región más transparente del aire” hoy habría que buscarlo bien arriba, acaso más allá de las nubes). 

Con ese lenguaje de cara y brazos –que incluye los ojos de vez en vez dando un vuelco hacia arriba, leves golpes de cabeza hacia un lado y otro, las manos volanderas– tan explícito, tan apoyador del oral, y esa inflexión al pronunciar que lleva la curva melódica hacia arriba en la mayoría de las palabras, Verónica Illescas —cuyo aliento resultaba fuerte, envolvente, capaz de alcanzar la larga distancia (el rostro de su interlocutor)— me hizo saber algo terrible: era “luchadora social”. Esta frase, por un momento, me transportó, como mediante un apagón del tiempo, de La Alameda Central a un mitin de barricada de mi patria comunista. Su trabajo consistía en ayudar a las personas —pobres, casi tanto como ella— que sostenían algún pugilato legal; reclamar la reposición de un farol callejero o la reconstrucción de una acera derruida tanto en Iztapalapa como en cualquier otra colonia donde sonara el cohete. Recorría los Ministerios Públicos (cuevas habitadas mayoritariamente por ladrones legalizados), las delegaciones políticas, de Policía, siempre en pos de desenredar minicatástrofes, no pocas de ellas sin solución o que podrían tardar par de siglos en tener un final. Una especie de abogada empírica. Una luchadora social. Hasta ahí me zarandeé sin caerme. La caída, el estrépito de muerte me reventó cuando me dijo que estaba afiliada al Partido de la Revolución Democrática (nombre que deja bien claro que hay revoluciones no democráticas); de Izquierda este partido, y ella toda. En las bases, un partido que contaba con buena parte de la gente pobre, sobre todo en la ciudad de México, y, de esa buena parte, una porción considerable de la gente más orillera, desinformada, gritona, agresiva, huérfana de pupitres, guiada por un mesiitas dramático llamado Vladimir Pequeño, quien al fin había sido declarado jefe de Gobierno de la ciudad de México mediante elecciones libres, si bien tantos de los adeptos de este partido con quienes yo había tenido contacto, fueran defensores biliosos de la dictadura cubana. Ya debía levantarme de la banca y decirle adiós para siempre a Verónica Illescas 

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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