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Friday, January 30, 2026

"El Murciélago" de la Florida Grand Opera trae Viena a Miami. (por Baltasar Santiago Martín)


El domingo 25 de enero de 2026 acudí al Adrienne Arsht Center for the Performing Arts, para ver la opereta "El Murciélago", del compositor austriaco Johann Strauss II, en una producción de la Florida Grand Opera (FGO).

Lo primero que me sorprendió y me preocupó fue que el prolijo y atractivo libro del programa de mano no estaba también en español, como en las 25 temporadas anteriores a las que he asistido desde que llegué a Miami en 2000.

Esta es la segunda vez que veo la opereta "El Murciélago", pues ya la había visto antes, en 1991, cuando el Estudio Lírico, creado y dirigido por la gran soprano Alina Sánchez, la presentó en el Teatro Nacional de La Habana, con gran éxito de público y de crítica, y la propia Alina como Rosalinde, la protagonista principal.

Considero oportuno decir que fue una gran puesta en todos los sentidos: vestuario, decorados, bailarines, la orquesta y el coro, y por supuesto, el elenco a cargo de los personajes principales.

Gracias a la inolvidable Mariloly, hemos podido ver escenas de esa puesta, que me ratifican que no idealicé lo que vi hace ya varios años, sino que en verdad fue un espectáculo de gran nivel artístico, en el que Alina Sánchez interpretó a una Rosalinde memorable y deliciosa.

Recuerdo además que fue cantada y hablada totalmente en español, lo que me regresa al Miami de enero de 2026, para comentar ahora en esta reseña que la FGO la presentó cantada en alemán -el idioma original-, con subtítulos en inglés y en español, como ha sido costumbre, pero con los demasiado extensos parlamentos y diálogos en inglés, pero sin subtítulos en español.

Esto, unido al programa solo en inglés, vuelve a despertar mi suspiscacia: ¿la FGO se suma a lo del inglés como idioma oficial de los Estados Unidos, a pesar de que hay un vasto público hispano en Miami, que gusta de la ópera desde sus países de origen, como es el caso de los cubanos, por ejemplo?

Ojalá que yo esté equivocado, pero que sirva mi comentario al menos para que la FGO reflexione sobre esto y lo enmiende en la próxima temporada 2026-2027.

Es un pena que este asunto de que lo hablado no tuviera los correspondientes subtítulos en español conspirara contra la mayor comprensión de la trama, sobre todo porque a mi juicio lo hablado ocupó demasiado tiempo de la opereta, al punto de que parecía más una obra de teatro que un musical, algo que la FGO debe recortar hasta para los angloparlantes, pues escuché pocas risas de la audiencia ante los supuestamente simpáticos diálogos, máxime cuando el argumento es poco creíble y hasta absurdo: un antifaz no vuelve irreconocible a una esposa para su marido.

Ahora bien, por suerte, es la parte cantada de la opereta la que la salva y la hace imperecedera, gracias a las hermosas melodías de Johann Strauss II, revividas para nosotros por la excelente orquesta de la FGO, bajo la experta batuta de Pablo Mielgo, que "nos trajo Viena a Miami", como ya expresé en el título.

Catedral San Esteban, Viena.
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Escenografía del diseñador belga Benoit
 Dugardyn, inspirada en el estilo Art Deco.
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Celebro la elaborada y cambiante escenografia de Benoit Dugardyn, con escaleras, arcos y vitrales de fondo, parece que de inspiración art decó -algo totalmente fuera de época, pues la obra data de 1874-, pero considero que el diseño del piso del escenario, con rayas blancas y negras en zigzag -que interpreto como una referencia inspirada en el icónico techo de la Catedral de San Esteban de Viena, de estilo románico gótico- puede resultar distractivo y excesivo para algunos espectadores, como lo fue para mi amiga Dalia en la butaca a mi lado.

Rebecca Nelsen como Adele, y 
Ginger Costa Jackson como el Prince Orlofsky.
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No hubiera bastado la belleza de las partituras de Strauss II si las voces de los cantantes a cargo de los personajes que las interpretaron no hubiesen sido las adecuadas, pero tanto las sopranos Esther Tonea, como Rosalinde, que Rebecca Nelsen, como su criada Adele, cantaron muy bien y actuaron de forma muy convincente, como si de verdad se creyeran la inverosímil trama; secundadas por los afinados tenores John Viscardi, como Eisenstein, y Ricardo García como Alfred; este último intercalando temas populares en español -y hasta el "Nessum Dorma", de la ópera "Turandot", de Puccini- en sus parlamentos, algo que me pareció llamativo y contradictorio con la falta del programa paralelo en español y de subtítulos como tal a lo hablado y no cantado (¿sería su forma, como orgulloso hispano, de reivindicar a su manera, en la puesta, nuestro omitido, rico y sonoro idioma?).

A su vez, la soprano Ingrid Kuribayashi, como Ida, la hermana bailarina de Adele; y la mezzo- soprano Ginger Costa Jackson, como el atarantado y pedante Prince Orlofsky, desempeñaron sus papeles con sumo histrionismo, sobre todo Ginger, que reivindicó así con la FGO su mal concebido rol como Carmen en la temporada pasada.

El resto de los personajes secundarios -el Dr. Falke, el Dr. Blind y Frank- supieron engarzarse en la alocada aventura de Rosalinde, Eisenstein, Alfred y Adele, para hacerla más entretenida y variada, así que bato palmas para Alex Granito, Levi Atkins y Louis Otey, sus respectivos intérpretes, por su buen desempeño.

No me percaté de la presencia de ninguna "celebridad sorpresa", anunciada en el programa como Frosch, a no ser que fuera el inefable carcelero, pero no se hizo énfasis en ello si así hubiese sido.

Felicito al director Conor Haratty por haber llevado a buen puerto -de cruceros, debe ser- esta gustada opereta, que por llamarse "El Murciélago" sería mejor decir "a una sombría cueva", pero estamos en Miami, "la Capital del Sol", así que lo ha hecho a plena luz del día, con Viena, "la Capital Musical de Europa", en nuestras mentes y en nuestros corazones.




Tuesday, January 27, 2026

El cuento, el film, y ahora: ¡tremenda obra teatral! (por Baltasar Santiago Martín)


Parafraseando el cuento "El lobo, el bosque y el hombre nuevo", de Senel Paz -que es el texto original en que se basó el antológico y hermoso film "Fresa y chocolate", de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío-, quise titular así mi reseña a la obra de teatro de igual título que disfruté y gocé -esa es la pura verdad- en el Teatro Trail, el sábado 17 de enero de 2026, a las 9 de la noche, gracias a la amable invitación de la primera actriz Susana Pérez -"la Polaca" de este "refrescante y profundo" gran éxito teatral.

Jeffry Batista y Roberto San Martín
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Y no temo caer en un oximorón cuando así lo califico, porque con un tema tan doloroso del "Holocastro" cubano como la homofobia y la pesadilla "revolucionaria", esta "Fresa y chocolate" miamense me hizo reír de principio a fin, pero también llorar, con ese abrazo de Diego y de David al final que me conmovió hasta las lágrimas.

Alberto Pujol, Jeffry Batista y Yusnel Suárez
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Y pensándolo bien, yo creo que el que los cubanos nos riamos hasta de nuestras desgracias es nuestra "marca país" (de origen), para bien y para mal, porque si bien nos vamos siempre por la tangente con el choteo, ha evitado también nuestro suicidio en masa, tal y como hicieron los taínos y los siboneyes cuando los españoles los "descubrieron" en 1492.

Ahora voy a entrar a un jardín virtual para elogiar a los artífices de la obra, a los que quiero dedicar, en tono comparsero de carnaval: "Ahí vienen las jardineras, vienen regando flores".

Yusnel Suárez y Jeffry Batista
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Las primeras, indudablemente, para Yusnel Suárez, director, adaptador y actor, por su adorable "Diego", tan convincente, sin rozar la más mínima caricatura como gay, y por supuesto, además, por su doble trabajo como adaptador del texto y director de esta "Copa Lolita" de dos sabores, con "Nancy" de flan en el medio (eso es especial pa' los que, como yo, tomábamos esa combinación en Coppélia, además de Tres Gracias, Ensalada y Suero).

Yerlín Pérez
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Dicha "canoa" se hubiera quedado coja y haciendo aguas, si el "David" de Jeffry Batista no hubiese garantizado el chocolate, y la "Nancy" de Yuliet Cruz, el flan entre los dos "sabores", atendidos por esa camarera "trilliza" que Yerlín Pérez "bordó" con su versátil carisma, traductora de polaco además.

Sigo "regando flores":

Girasol de Opina también para el Pisinguilla del gran Alberto Pujol, en doble papel de seguroso con acento matriosko; para el delicioso, refrescante y conmovedor (otro oximorón) "German", de Luis Manuel Bangan; así como para el cheo y homófobo, valga la redundancia, "Miguel", de Roberto San Martín, con chancleticas de "metedeo" incluidas, en su primera escena con "David", en el supuesto albergue estudiantil donde ambos se sobrellevan (las "metedeo" son parte también del floclor nacional cubano, apropiadas del Japón).

Roberto San Martín y Susana Pérez
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Y ahora, con ruido de fanfarrias, cláxons de coches, maracas, bongós, sirenas de barcos y de trenes, y la Sinfónica Nacional tocando un bembé como fondo ("para bailar y gozar con", como decía la tela a la entrada del pueblo de Manacas), me toca, por la libreta de la tienda y por el Mercado Paralelo, cubrir de flores a la primera actriz "Charito" Pérez, perdón, Susana Pérez, por su "Polaca" para comer y llevar (Susana, mija, ¡apretaste!), traducida eficazmente por la trilliza Yerlín ya mencionada.

Luis Manuel Bangan y Roberto San Martín
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Sí, gozamos con la Sinfónica Nacional, gracias a todos ustedes, excelentes actores, que hacen de nuestro querido y denostado Miami un verdadero carnaval de talento, a lo Celia Cruz, jamás el cementerio de la calumnia insidiosa.

¡Gracias, hermanos!

Postdata, como en las cartas manuscritas de la historia PreEmails:

Susana Pérez y parte del cuerpo de baile
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Me olvidaba decirles, que toda esa magia fue aderezada y condimentada por cuatro excelentes bailarines: Laura Rosguer, María Fernanda León, Kenzo Carrión y Reynol Torres, que además movieron la utilería de la escenografía, a cargo de Milkos de Sousa y Shamir Baluja, y con los arreglos musicales y la banda sonora de José Álvarez y Yunior Arronte, fielmente iluminados por Oscar Molina, responsable de la vigilancia del Comité, perdón, del diseño de luces.

Y muchas gracias a Marisol Correa y a su Teatro Trail, por brindar su escenario para esta gran fiesta de recuerdo, nostalgia y cubanidad.


Fotos cortesía Teatro Trail.

Wednesday, January 21, 2026

Entrega, en Miami, sus premios la Editorial El Ateje. (por Wilfredo A. Ramos)


“Yo no creo que mi tierra esté muerta. Está esparcida por el viento y anda en esta hora de agonía por los pueblos y por el mar.” José Martí.



Dentro del amplio ámbito literario de la ciudad de Miami y sus diversas editoriales, existe una que desde su fundación en el año 2020, no ha limitado su radio de acción únicamente a la función editorial, con la cual ha sido responsable de la publicación de cincuenta títulos, asumiendo con ello la responsabilidad de preservar y promover la literatura cubana del exilio, recogiendo en su catálogo un diverso registro de generaciones de escritores que han continuado su obra fuera de la isla de Cuba, el cual incluye a poetas, novelistas, cuentistas y dramaturgos. De la misma manera esta institución ha venido realizando diversas actividades enfocadas en mantener y reforzar el interés por la literatura.

Ha sido el escritor y periodista cubano-americano Luis de la Paz, quien al frente de la Editorial El Ateje, ha dado vida a este importante proyecto intelectual, el cual ha tenido una calurosa acogida por parte de aquellos interesados en la literatura cubana, lo que ha quedado confirmado con la nutrida presencia de público en las habituales citas literarias de cada mes, que bajo el nombre de Viernes de Tertulia, son llevadas a cabo bajo la dirección del propio de la Paz, en la sede del Miami Hispanic Cultural Arts Center, institución situada en la Pequeña Habana y en la que además de presentarse los títulos publicados por dicha editorial, se efectúan lecturas de obras de diferentes escritores no solo de origen cubanos, sino también de otros hispanoamericanos, ampliando de dicha forma el alcance intelectual.

De la Paz, nacido en La Habana, en 1956, pertenece a la generación de escritores cubanos llegados a los Estados Unidos a través del lamentable masivo éxodo que se produjo entre los meses de abril y octubre de 1980, conocido mundialmente como ‘Éxodo del Mariel’ -debido al puerto de donde partieron miles de embarcaciones que llegadas desde suelo norteamericano arribaron a la isla de Cuba con el objetivo de recoger a sus familiares- por lo que dicha generación toda fue conocida como ‘marielitos’. Por ese medio, junto a los cerca de ciento cincuenta mil cubanos, arribaron a las costas de este país un notable número de escritores, quienes una vez establecidos en estas tierras retomaron sus obras -otros la iniciaron- para brindar a la literatura cubana en general, la oportunidad de entregarle a la misma una diversa obra portadora, sobre todo, de un espíritu de libertad.

Este incansable periodista, promotor cultural y escritor, ha tenido la oportunidad de realizar una ya extensa obra que incluye artículos de prensa, narrativa, poesía, dramaturgia, realizando también recopilaciones de obras de otros autores cubanos. De la Paz ha sido miembro del consejo de edición de la Revista Literaria Mariel, así como fundador y director de la Revista El Ateje, publicaciones ambas de vital importancia en la historia de la promoción literaria dentro de la comunidad cubana asentada en Miami. Ha sido presidente del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, en su capítulo de Miami e igualmente formó parte del Instituto Cultural René Ariza, el cual tenía como premisa promover el teatro de los dramaturgos cubanos del exilio. La obra de este autor ha sido merecedora de diversos premios y reconocimientos en Estados Unidos y España.

Como parte del incansable bregar de este intelectual, es que se crean a partir del año 2021, los premios Editorial El Ateje, los cuales desde su primera edición han sido concedidos a poetas, narradores y dramaturgos cubanos vivos exiliados, evento que procura centrar la atención y promocionar la obra de dichos creadores. Cada premio ha sido identificado con el nombre de una figura destacada dentro de cada manifestación a reconocer, así el de poesía lleva el nombre de Ángel Cuadra, el de narrativa de Carlos Victoria, y el de teatro el de José (Pepe) A. Escarpanter.

La relación de acreedores de este reconocimiento ha estado compuesta en las anteriores ediciones en poesía por Orlando Rossardi, Magali Alabau, Pio E. Serrano, Orlando González Esteva; narrativa por Zoe Valdés, Rolando Morelli, José Abreu Felippe, Manuel C. Díaz, mientras que en teatro lo fueron Matias Monte Huidobro, Rolando Moreno, Héctor Santiago, Raul de Cárdenas.

En esta nueva oportunidad, el pasado viernes 16 de enero del presente año 2026, los premios Editorial El Ateje 2025, fueron concedidos en poesía a Belkis Cusa Malé, narrativa a Nicolas Abreu Felippe y teatro a Eddy Díaz Souza. La actividad, como es habitual tuvo por escenario al Miami Hispanic Cultural Arts Center, contando con la presencia de colegas y amigos de los escritores reconocidos que colmaron el salón-galería de dicha institución.

De la Paz como responsable único de la otorgación de estos premios -algo que dejara en claro- fue el encargado de leer las reseñas sobre cada uno de lo seleccionados en esta oportunidad, así como los motivos por los que fueran escogidos, a lo que se sumaron comentarios de algunos de los presentes, los cuales abundaron sobre la trayectoria de los galardonados.

Belkis Cuza Malé, tiene en su haber los libros El viento en la pared, Tiempos de sol, Cartas de Ana Frank, Juego de Damas, Woman on the Front Lines, La otra mejilla, Los poemas de la mujer de Lot, entre otros y es la creadora y directora de la revista especializada en literatura Linden Lane Magazine, fundada en 1982, la cual ha continuado publicándose trimestralmente hasta el día de hoy.

Por su parte entre la obra del narrador Nicolas Abreu Felippe encontramos su libro de testimonio Al borde de la cerca -en el que narra sus experiencias como participante de los acontecimientos de la Embajada del Perú en la Habana- las novelas El lago, Miami en brumas, La mujer sin tetas, En Blanco y Trocadero, así como su libro de relato Inodoro y La Pandemia, una crónica novelada sobre los momentos que se vivieron con respecto a dicha situación mundial, donde en el directo estilo de este autor se mezcla imaginación y datos reales.

En el dramaturgo Eddy Diaz Souza encontramos las obras dramáticas El caso de la luna, Mi Platero, Pequeño, aunque también ha escrito libros de narraciones tales como El elefante azul, Cuentos de brujas y El príncipe y el mar, dedicados a un público infantil. Igualmente ha escrito Obba, Miénteme, Mal tiempo (y un poema sombrío), El León y la Domadora, entre otras. Es director de Artefactus Cultural Project, institución cultural desde donde se dedica no solo al teatro sino también a la promoción de todas las artes. Tiene en su haber junto al investigador y dramaturgo Pedro Monge Rafuls de haber instituido el día de la Dramaturgia y el Teatro Cubano del Exilio, cada 31 de mayo.


Cada uno de los honrados agradeció tal reconocimiento, siendo por su parte Baltasar Santiago, amigo de la escritora, quien lo hiciera en nombre de Cuza Malé, al no poder ella estar presente en el acto. 


El actor Steven Salgado leyó sendos poemas de Cuza Malé titulados ‘Rapsodia de la dulce Habana’ y ‘Escríbeme’.


Como parte de la ceremonia Nicolas Abreu Felippe leyó un cuento titulado ‘La pecera’.


Del dramaturgo y director teatral Díaz Souza, las actrices Belkis Proenza, Vivian Morales y Tamara Melián, representaron dos escenas de su obra ‘Elogio de la torpeza’, lo que llevó a que los presentes recordaran que el teatro comienza siendo literatura, aunque para una parte de los gremios literarios no sea tenido en cuenta como tal.

Una vez más el ambiente artístico y literario del exilio cubano en esta ciudad de Miami, que tanta energía ha invertido en mantenerse y desarrollarse lejos de su tierra, evocó el sentido de nacionalidad que nos mantiene atado a nuestros orígenes, idiosincrasia, valores y espíritu de creación, que marcara por siempre ante el mundo la fuerza de la cultura cubana.


Nuestra felicitación a los galardonados en esta oportunidad, así como a Luis de la Paz por tanto tesón y constancia, en su labor de promocionar la literatura y la cultura toda, que con la instauración de estos reconocimientos colabora en el enriquecimiento del patrimonio intelectual y artístico de la nación cubana y coloca en el mundo el trabajo de los escritores que desarrollan su obra en el exilio.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, enero 20, 2026.


Fotos/Arturo Arocha.

Tuesday, December 30, 2025

Reseña “impresionista” –e impresionado– del filme "Por ahí", del director Delso Aquino Baños, con guion de Amilcar Salatti. (por Baltasar Santiago Martín)


Mi amigo Delso Aquino es un hombre tan ocupado, que todavía no me había enviado los créditos de su película Por ahí –que no telefilme, porque me mata–, cuando decidí no esperar más y comenzar mi reseña “impresionista” de este, su trabajo más reciente, presentado en días pasados en el espacio El Matorral, de Casa Fe.

Digo “impresionista”, porque voy a hablar de lo que provocó en mí este “telefilme” de Delso (me gusta joderlo), no de los aspectos puramente técnicos como tal.

Por ahí es como un fresco, un retrato, logrado con precisión y maestría por Aquino en el caballete de Casablanca, la otra “ultramarina” localidad (junto a Regla), frente a la bahía habanera, donde se encuentra emplazada precisamente la grandiosa escultura El Cristo de La Habana, de Jilma Madera, motivo del premio homónimo que entregara recientemente mi Fundación APOGEO a doce prominentes personalidades de la cultura cubana.

Nada es casual, sino causal, y cuando comencé a ver Por ahí, fue lo primero que me vino a la mente, al ver que la película se desarrolla justamente en Casablanca.

Aquí no estarán Ingrid Bergman ni Bogart, ni tampoco el mítico Sam al piano, pero sí hay un elenco de actores que ni pintados por Delso para sus tan creíbles papeles:

- Alina Castillo, como Fabiana, y Yerlín Pérez como Inés, su madre.

Alina Castillo como Fabiana
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Yerlín Pérez como Inés, su madre.
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- Ernesto Escalona como el hermano parapléjico, que lo "vive", no lo interpreta.

Ernesto Escalona como el hermano parapléjico.
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- José Fernando Nieves (Marcelo), el “héroe” tartamudo e influencer.

José Fernando Nieves como Marcelo.
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- Gelliset Valdés, como su madre; otra actriz también muy remarcable del elenco.

Gelliset Valdés como la madre de Marcelo 
y José Fernando Nieves como Marcelo.
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- Rodrigo Gil, Marion Durañona y Franco Licea Mujica, los artistas amigos de Marcelo.

- Carlos Luis González como Arturo, el villano que martiriza a Fabiana y a Inés de modo muy realista"; y Yumani Zaldívar como su ayudante.

Carlos Luis González como Arturo 
y Alina Castillo como Fabiana.
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Yerlín Pérez como Inés, Carlos Luis González
 como Arturo y Ernesto Escalona
 como el hermano parapléjico.
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- Néstor Giménez (Whisky) y Félix Beatón (Caneca), los dos amigos borrachos, dignos para que cuando se haga una antología de la borrachera en el cine sean incluidos.

Félix Beatón como Caneca
 y Néstor Giménez como Whisky.
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El pony, Néstor Giménez como
 Whisky y Félix Beatón como Caneca.
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- Laura Moras, como Mirella, la que alquila sombreros de charro, madre del director del videoclip.

Laura Moras como Mirella
 y Eduard Aquino como su hijo, el director del videoclip.
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- Eduard Aquino, director del videoclip y comprador del pony de la discordia –y luego de la concordia. 

No puedo dejar de repetir que Delso supo escoger y dirigir muy bien a sus actores, porque no sobra nadie en el elenco, así como tampoco el videoclip con que Delso “adereza” el filme, a la usanza de los filmes de Bollywood, donde se baila al final aunque sea un velorio –que no fue afortunadamente el caso.

Laura Moras como Mirella; Rodrigo Gil, Marion Durañona y Franco Licea Mujica, como los artistas amigos de Marcelo; y Eduard Aquino como el director de su videoclip.
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El videoclip.
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Resumiendo, Por ahí es un espejo muy bien azogado de la realidad cubana, y ese es su principal mérito, amén de haber sido logrado en plena pandemia del Covid 19 en Cuba.

Excelente la fotografía de Kevin Álvarez, con bellas vistas de nuestra capital desde Casablanca, al igual que la banda sonora, a cargo del músico Dagoberto Pedraja, y, sobre todo, el humanismo y la empatía que desborda el filme, como homenaje a los discapacitados y a las familias que los cuidan con tanto amor y dedicación.

Gracias, Delso, por esta tu obra tan llena de verdad, de ternura y hasta de candor, tan necesarios en nuestra vida para hacernos más plenos y felices.

Sunday, November 30, 2025

"¿Quién dijo que todo está perdido?": Estos jóvenes vinieron a ofrecer su corazón. (por Baltasar Santiago Martín)


Parafraseo la hermosa canción homónima de Fito Páez para titular y comenzar mi reseña sobre Un tributo a Carmen, el espectáculo que con ese título central, en honor de los 150 años de la icónica ópera de Georges Bizet, estelarizaron, el viernes 14 de noviembre de 2025, las reconocidas sopranos cubanas Eglise Gutierrez y Yetzabel Arias, en el Scottish Rite Temple de Miami, con un acompañamiento de lujo: la formidable Musicall Youth Orchestra of Miami y su afinado y potente coro de voces también muy jóvenes.

La función fue mucho más abarcadora que dedicada solo a Carmen, porque el concierto comenzó con el Cello Ensemble interpretando Danza negra, de Ernesto Lecuona; Réquiem, de D. Popper; y La muerte del ángel, de Astor Piazzolla, para dar paso luego al plato fuerte de la noche: varios exergos de la ópera Carmen, de Georges Bizet, ya con la orquesta.

Tras el vibrante preludio, “La Aragonesa: y “El Coro de los niños”, de la ópera Carmen, la exquisita sobrano Eglise Gutiérrez encarnó a Micaela, la joven enamorada de –y no correspondida por– Don José.

Eglise no solo cantó su aria de modo sublime, sino que fue evidente su conexión con el sufrido personaje, por su conmovedora interpretación, que culminó de rodillas.

Aunque el rol de Carmen es para una mezzosoprano, Yetzabel Arias hizo uso de su opulento centro vocal como soprano dramática, para plantar bandera –y hasta banderillas– en el ruedo como la pendenciera y voluble Carmencita, tanto en “La Habanera” como en “La seguidilla”, y ello sin que extrañáramos a la Callas, otra de las grandes sopranos que se "atrevió" con el rol –para mí la mejor, que por cierto, me encanta su francés.

Y hablando de banderillas, las que se gastó Yetzabel como la tabaquera y contrabandista gitana –sin ser torera–, le escasearon al Escamillo del barítono Joseph Canuto León , que no le dio a su emblemática aria de “El toreador” el impacto vocal que esta requiere, ni tampoco el empaque y el carácter del personaje.

Y ahora, con referencia al Don José del tenor X –cuyo nombre no se dijo–, que tuvo que sustituir al anunciado Zhedong Ren con apenas 4 horas de antelación para prepararse, tampoco logró sacarle a su “aria de la flor" todo el brillo y el "aroma" que esta hermosa aria se merece.

Y ya para concluir, reitero mi admiración y mi agradeciniento a todos los jóvenes participantes en esta alentadora presentación, tanto en la orquesta como en el coro, así como a la Maestra Taimy Balbuzano y al Maestro José Antonio Bornot, artífices principales de esta maravillosa experiencia.

Sí, nada está perdido, con tantos talentosos jóvenes, dispuestos a ofrecer gozosos su corazón palpitante exquisito para que la ópera, la música clásica y la ópera continúen vivas en la Capital del Sol.

Saturday, November 8, 2025

La dramaturgia de Sergio Blanco invade la escena de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)


“Sobre la escena todo es -o parece- ficción”. Beatriz Trastoy, crítica e investigadora teatral argentina.



Este recién finalizado mes de octubre, entre los días 16 y 26, trajo a la escena teatral miamense la combinación de dos puestas del dramaturgo uruguayo-francés Sergio Blanco, nos referimos a los unipersonales “Kassandra” (2008) y “Memento mori o la celebración de la muerte" (2019) -en cinco y dos funciones respectivamente- constituyendo ambas piezas estrenos absolutos en los Estados Unidos. El primero contó con la dirección de Carlos Celdrán y como intérprete a la actriz cubana Ysmercy Salomón, mientras que el segundo fue dirigido y representado por el propio autor.

La obra dramática de Sergio Blanco, como ya hemos expuesto en anteriores ocasiones, se encuentra inmersa en esa corriente de escritura que se diera a conocer alrededor del año 1977, llamada ‘autoficción’, término que fuera acuñado por el escritor francés Serge Doubrosky, al publicar su novela “Hijos”, al cual el autor la identificaría como una ficción de sucesos reales. A partir de ese momento dicho concepto se tomó como un subgénero que se movería entre los límites diluidos de la novela y la autobiografía, aunque esto último no va a ser necesariamente tampoco cierto en su totalidad, produciéndose alguna ambigüedad en la relación entre personaje -el propio autor- y los acontecimientos narrados.

Aunque es a partir de la obra citada que se comienza a hablar de autoficción, al revisitar la historia de la literatura podemos hallar diversos textos que asimilan esa misma perspectiva, como en el caso de “La Divina Comedia”, del italiano Dante Alighieri, en “La tía Julia y el escribidor”, del peruano Mario Vargas Llosa -escrita en el mismo año que Doubrosky publicaba la suya- algunas novelas de Samuel Beckett o la obra de Thomas Quincey, “Confesiones de un opiómano”, en un marco mucho más amplio de autores y obras. Entre los contemporáneos de este tipo de escritura podríamos citar a Annie Ernaux (Premio Nobel de Literatura 2022), Guillaume Dustan, Chloe Delaume y Sidonie-Gabrielle Colette Karl -pionera de la autoficción según el propio Doubrosky- entre diversos escritores franceses dentro de los cuales es donde más se ha desarrollado este tipo de literatura, también el noruego Ove Knausgard, el norteamericano Paul Auster, la canadiense Rachel Cusk y las españolas Carmen Martin Gaite y Marta Sanz, por solo citar algunos.

Por supuesto que el teatro no ha sido ajeno a lo autoficcional, aunque dicha acción no haya sido muy estudiado ni tenida en cuenta por algunos autores, en los cuales aún dentro de sus propias obras pueden encontrarse elementos que conduzcan hacia el camino de esa llamada autoficción, aspecto este que pudiera guardar cierta relación con la no debida atención por parte de investigadores y críticos sobre determinadas particularidades inherentes a la comunicación teatral y su proyección sobre el análisis de la literatura dramática en cuanto a la dinámica de la constitución y desenvolvimiento de la acción y su relación acción-personaje-autor

Este concepto para definir cierto tipo de construcción literaria-dramática no deja de estar exento de contradicciones e indefiniciones que parten de la propia visión que se le quiera adjudicar. Si al hecho de introducir la narración de la primera persona como personaje en el entramado de la historia a contar, al mismo tiempo se le suponen hechos, acciones y acontecimientos irreales, producto de la imaginación del autor, pero vinculados a él , estaremos en presencia de una valoración contradictoria de esa realidad imaginada que se muestra como aceptada. La utilización de este estilo de escritura conlleva el riesgo en no pocas ocasiones de que las obras sean dirigidas por derroteros donde la monotonía narrativa se apropie del texto ante la inacción, dejando igualmente en evidencia en algunas, una obsesiva necesidad de hablar del yo, lo que evidencia un desborde del ego autoral..

Dentro de la dramaturgia actual integrada a esta corriente de lo autoficcional, la figura de Sergio Blanco, se alza como la de mayor proyección a nivel internacional, proceso que inicia precisamente en el año 2008 con la escritura de su monólogo “Kassandra”, después del cual se sumergió en la investigación sobre dicho concepto aplicado al teatro y que fue desarrollando en obras como “La ira de Narciso”, “Ostia’, “Cartografía de una desaparición”, “El bramido de Dusseldort”, “COVID”, “Tráfico” y “Tebas Land”, entre otras, siendo esta última –donde la autoficción y la meta-teatralidad se mezclan de manera precisa- la que mayor resonancia ha obtenido a nivel internacional, llegando incluso a ser declarada Obra de Interés Cultural en su Uruguay natal.

Además de “Kassandra” y “Memento mori”, obras que acaban de ser presentadas en esta ciudad, el público de Miami ha tenido la oportunidad de disfrutar del propio autor, “Tebas Land” -en otra producción de Arca Images, también bajo la dirección de Carlos Celdrán- así como “La ira de Narciso”, presentada esta durante el XXXVIII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, por la agrupación teatral venezolana Deus Ex Machina. Hay que recordar, como nota al margen, que hace algunos años el director cubano Boris Villar concibió en nuestra ciudad una puesta de “Kassandra”, interpretada por Maribel Barrios, con el propósito de ser presentada en un festival de teatro en Argentina, trabajo que nunca subió a los escenarios de Miami. De lo anterior se desprende que Blanco se ha venido convirtiendo en un autor de interés para el medio teatral de esta ciudad.


Respecto a la puesta recién vista de “Kassandra”, quedó en evidencia que el magnífico trabajo de la actriz -Ysmercy Salomón- hace que un texto oportunista, atropellado, cargado de disímiles e incoherentes situaciones y con supuesta intencionalidad de alegato pro-denuncia social, sea lo único que provoque que dicho espectáculo sea aplaudido. Este es uno de esos interesantes casos que se dan dentro del teatro, donde un actor logra que un espectáculo logre algo de relevancia a pesar de un texto con muy escasa trascendencia dramatúrgica.


Sin duda alguna, el desempeño de la actriz en escena –amparado por una muy buena presencia física- muestra a una intérprete en pleno dominio de sus facultades expresivas, su poderosa voz capaz de moverse entre registros altos y regodearse en unos inmensos graves, logrando de igual forma una magnífica proyección y claridad en cuanto a dicción. La intérprete posee dominio de las acciones físicas, a las que accede con plasticidad, organicidad y soltura. Otra cualidad es su rico vocabulario expresivo-facial con el cual descubre las diferentes máscaras e intenciones de su personaje. No obstante, no podemos ignorar que el desempeño que se requiere de la actriz para este espectáculo resulte en exceso externo, vulgar, altisonante, lo cual contribuye -contradictoriamente- a que de cierta manera nos produzca algo de rechazo el mismo.


Otro aspecto para considerar e importante de señalar con respecto al trabajo de la actriz, tiene que ver con la repetición de este tipo de personajes dentro de su trayectoria artística, lo cual pudiera ir creando un nada aceptable estereotipo. Tal observación parte de que dentro de su recorrido por los escenarios encontramos que Ysmercy ha incorporado en otras oportunidades roles con estas características, como resulta de sus incursiones en las puestas de “Las amargas lágrimas de Petra Von Kant” y “Gotas de lluvia sobre piedras calientes”, ambas dirigidas en la Habana por Carlos Díaz, o el personaje de una secretaria lesbiana en una disparatada versión de “Tartufo”, de Abel González Melo, presentada en esta ciudad. Hacemos este señalamiento, porque lamentablemente en ocasiones los directores encasillan a los actores -también ocurre que estos se dejan encasillar- en ciertos personajes con caracteres muy específicos debido a determinadas condiciones físicas o de incorporación artística por parte del intérprete.

En cuanto al trabajo de dirección, es evidente que para Carlos Celdrán esta propuesta se sale de los márgenes de su zona de confort donde la mesura, el racionalismo, el equilibrio, la intuición por la verdad se sobrepone a la exteriorización y la teatralidad, tanto en la concepción escénica como en la construcción y manejo de sus personajes, características que han determinado su trayectoria creativa a través de los años. Sin embargo, el director se sumerge en el laberinto de un proceso que lo obliga a transitar por caminos creativos que los separan de su habitual línea de trabajo. Un aspecto por destacar es que el tener la oportunidad de regresar a trabajar con dicha actriz, quien formara parte de algunas de sus puestas habaneras, produjo el efecto de complicidad director-actriz que permitió apreciar el consistente desempeño de la intérprete sobre las tablas.

A propósito del texto de Blanco, lo primero en llamar la atención en su escritura, es que haya sido concebido para ser hablado en un inglés elemental, mal hablado, como el de quien no domina el idioma, pero se ve necesitado de utilizarlo como medio de comunicación para su sobrevivencia. Esta situación contribuye a que la historia de la supuesta tragedia del personaje se desenvuelva de la mano de un ambiente de provocador humor producto a los defectos de pronunciación, al desconocimiento del significado de algunas palabras o a la intromisión de impertinentes términos en español, en contraste con lo desgarrador de la historia dibujada. Como forma de contribuir a esta torpeza lingüística, el autor articula el texto en frases cortas y entrecortadas, provocando con ello un desarrollo rudimentario, torpe del discurso, apoyando así la caracterización del personaje.

Blanco, quien en algunas de sus obras impone ciertas acotaciones a cumplir, como puede ser la realización de una escenografía determinada o en este caso, la utilización de un idioma en específico, despoja en cierta medida al director de libertad en su personal concepción sobre la propuesta escénica en un caso, mientras que en este que nos convoca, pudiera obstaculizar la comprensión del texto, por ende de la historia y acción en la obra, ya que no todos los públicos tienen por qué tener conocimiento básico del idioma inglés, aunque ese no sea el caso del público de nuestra ciudad por muy hispanohablante que sea. Por otra parte, que el personaje se vea obligado a expresarse en dicho idioma no aporta un soporte dramatúrgico preciso al relato, ni a la acción misma, a no ser que se pretenda con ello dirigir de manera crítica e intencionada el propuesto tema migratorio hacia las condiciones de un país determinado.

Cuando anteriormente señalamos de ‘oportunista’ al texto teatral, nos referimos a que el autor se adueña de uno de los más conocidos temas de las muy antiguas leyendas griegas -el de la Guerra de Troya- apropiándose del legendario personaje de Casandra -poseedora del don de la clarividencia otorgado por el Dios Apolo, pero al mismo tiempo por él maldecida al no acceder a sus intenciones amorosas, quedando así ella condenada a que sus profecías no fueran jamás tenidas en cuenta, hecho este que contribuyó a que se desarrollaran los fatales acontecimientos para los troyanos- para con esta apropiación de un tema tan reconocido, ganar interés para su propia creación. Este recurrir tanto a temas conocidos como a obras ya establecidas y sobre ellas reescribir, versionar, reinterpretar sus contenidos siempre deja un sabor a ‘refrito’.

Partiendo de aquella Casandra, el autor de esta nueva propuesta nos trae aquella hasta nuestros días convertida en un personaje transgénero -de hombre a mujer, pero sin la realización del cambio de sexo por falta de recursos económicos, según cuenta el mismo- viviendo de la prostitución y la venta de ‘mercancías’ en el mercado negro. El escritor juega entre los personajes de la leyenda griega y esta nueva Kassandra, que es otra y a la vez la misma de aquellos tiempos, transformándola en un ser extra temporal, inadaptado, retorcido, frustrado, atrapado en el goce del placer sexual. La intención de pretender posicionar a dicho personaje como denunciante de un discurso referente a temas sociales contemporáneos, tales como el migratorio y sus consecuencias de integración social, no alcanza a convencer ni logra el adecuado engarce dentro de la reconstruida historia.

Si prestamos atención a las palabras utilizadas para promocionar a través de los medios la propuesta de Blanco, se puede leer que la misma “revela verdades sobre el exilio, la identidad y la pertenencia a un mundo fracturado”, elementos que en realidad no están presente de manera convincente, sino que se introducen de manera forzosa, violentando dicho discurso promocional. La conversión del personaje mitológico a uno transgénero contemporáneo no resulta en méritos que validen la historia, sirviendo solo como pretexto para hablar continuamente de relaciones sexuales -algunas incestuosas- de prostitución, así como de la valoración del tamaño de los órganos genitales masculinos, reduciendo de forma única por esta vía el concepto de homosexualidad al goce desenfrenado del sexo, aspecto en el que lamentablemente se cae de forma demasiado recurrente.

Ese patético y sombrío discurso que no pocos intelectuales -Blanco entre ellos- abordan hoy en día, con el que se pretende a considerar a nuestra civilización occidental desarticulada y gastada, no es más que el resultado de una bien concebida diatriba ideológica, con la que condicionar la imperante necesidad de transformar de manera visceral todo nuestro entorno, por medio de la imposición de nuevos referentes que deconstruyan nuestra civilización occidental, principalmente mediante la desarticulación de la familia como eje rector de la sociedad.

Como bien señalamos en alguna parte de este recorrido, la presentación de esta otra “Kassandra” solo contribuirá como legado a la escena teatral miamense el del disfrute de un buen desempeño actoral.


Respecto al segundo trabajo de Sergio Blanco presentado en esta oportunidad en nuestra ciudad, “Memento mori o la celebración de la muerte”, este es un espectáculo al cual su creador considera una ‘conferencia autoficcional’, puesto que es el propio autor quien sentado frente al público ‘lee’ determinados pasajes los cuales serán presentados como sus posibles vivencias personales entrelazadas con eventos concebidos por un enajenado estado de su imaginación creativa.

El título del espectáculo parte de una frase en latín que significa “recuerda que morirás”, concepto que nos enfrenta con la transitoriedad de la vida y el significado de la muerte, siendo un tema recurrente desde la Edad Media en el arte religioso, pero utilizado también en sentido filosófico como una forma de valoración de la vida, al cual Blanco acude continuamente dentro de su obra toda.


En el centro del escenario, sentado detrás de una gran mesa sobre la que se acumulan papeles, libros y algunos otros objetos diversos, teniendo como fondo una gran pantalla donde se proyectarán fotografías -treinta y una en total, con imágenes de espacios arquitectónicos abandonados o paisajes solitarios, que colaboran con ese sentido de no vida- pertenecientes a la artista uruguaya Matilde Campodónico, las cuales van cambiando a través de todo el espectáculo según cada relato leído y con el apoyo musical de algunos temas tales como California Dreamin’ o una escogida aria perteneciente a la ópera Madame Butterfly, Sergio Blanco se apropia del concepto de la muerte y su conexión con la vida, para crear un espectáculo conformado por un prólogo, treinta relatos y un epílogo.

Respecto a dicha concepción de formato, el autor lo lleva por primera vez al escenario con “Ostia”, anterior trabajo del 2015, en la que el escritor aparece en escena acompañado de su hermana, la actriz Roxana Blanco, ambos igualmente leyendo textos en los cuales hablan de relaciones familiares, sexo, drogas y por supuesto de la muerte, al tiempo que se refieren a hechos de la historia de Italia, desde su fundación hasta el asesinato del escritor y director de cine Pier Paolo Pasolini; pero en realidad “Memento mori…” va a integrar una trilogía que completan “Las flores del mal o la celebración de la violencia (2018) y “Divina invención o la celebración del amor” (2021), donde el creador se presenta igualmente en solitario.


A través de cada uno de los relatos que componen el espectáculo, el autor-lector, va narrando acontecimientos donde los límites entre realidad e imaginación que se entremezclan van creando un supuesto universo el cual se transforma como reflejo exaltado del propio individuo. Diversos viajes a diferentes partes del mundo a los cuales el escritor hubo de trasladarse a propósito de una conferencia, el estreno de alguna de sus obras o un taller a impartir, van tomando cuerpo junto a situaciones donde la presencia de la muerte interviene -casualmente o no, imaginativamente o no- en relación con el personaje-autor. En dichos relatos, en los cuales se habla de homosexualidad, prostitución masculina, e incluso sexo entre menores de edad, así como del tan vapuleado cambio climático, entre otros temas, se evidencia un interés muy particular por elaborar una plataforma en función de un contenido preciso, que en algunos casos ya harta en demasía a nuestra contemporaneidad.

La presencia de la muerte en el presente texto -tema que se encuentra dentro de prácticamente toda la obra del autor- ofrece el pretexto para hablar sobre la convivencia no siempre bien definida entre esta y los seres humanos, las diferentes maneras en que las diversas culturas la asumen, así como la relación establecida con ella por parte de algunos escritores famosos -Moliere, Oscar Wilde, Eurípides, Becker, Esquilo- dentro de sus propias vidas u obras. Hablar sobre la muerte brinda la oportunidad a Blanco de observarla desde diferentes facetas, ya sea desde la brutalidad del crimen, la enfermedad, la idealización o asumiéndola como eternidad e instancia épica que convierte al ser humano en inmortal; pero de igual manera le permite asumirla como un acto hedonista, aspecto este último que se hace presencia a través de su dramaturgia y que por medio de este estilo, subgénero o recurso dramático del cual se ha convertido según especialistas en su más destacado representante a nivel teatral, encuentra el instrumento adecuado para darle salida a su constante yo.

El dilema, a nuestro modo de ver, es que ante una presentación con dicha estructura eminentemente descriptiva, en la que las fundamentales leyes que conforman el hecho teatral se encuentran ausentes, incluso donde se carece de posibilidades performáticas, lo que queda ante nuestra vista queda reducido a una mera exposición de acontecimientos -relatos, como bien los define el autor- carentes de intención dramática alguna, despojados de interés escénico, dejando al espectador ante una consecución de ideas carentes de acción, que nos aleja de la idea de lo que es el teatro.

A modo de conclusión, resulta visible que este texto no-dramático se encuentra construido sobre una suerte de puzle anecdótico, anti dramático, en el cual la llamada autoficción aparece solo como ente manipulador de una inexistente voz teatral que se jacta de ser lo que no es en realidad, desafiando conceptos de manera indiscriminada, pero tratando de imponer nuevas doctrinas.

Aunque por lo que estamos observando la ciudad de Miami también se encuentra sucumbiendo al interés por el teatro autoficcional de Sergio Blanco, el cual es reverenciado al interior de todos los neo revisionistas circuitos de la intelectualidad teatral actual, pudiéramos –si se nos permite- sugerir en nombre de ese mismo abundante teatro hispanohablante de nuestro continente, que se investigue a profundidad dentro de su variada y mayormente ignorada dramaturgia, mucha de la cual no ha sido llevada nunca a un escenario, que se mire a nuestro alrededor, hacia las obras olvidadas en gavetas o atestados libreros, sin que caigamos en la tentación de seguir modas sesgadas que a la larga no definirán la historia teatral de ninguna generación.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, noviembre 2, 2025.

Fotos: Julio de la Nuez

Tuesday, October 28, 2025

Cuba y Puerto Rico reviven a Cecilia, de la mano de Manny Albelo, Tania Martí y bajo la batuta de Marlene Urbay. (por Baltasar Santiago Martín)


Martí Productions, digna continuadora de la tristemente desaparecida Sociedad Pro-Arte Grateli, fundada por Pili de la Rosa y Demetrio Menéndez en 1968, presentó, en el Dennis C. Moss Center Cultural Arts Center de Cutler Bay, la gustada zarzuela cubana Cecilia Valdés, del gran compositor y director de orquesta Gonzalo Roig (1890-1970), de nuevo con el mismo formato de concierto ofrecido y exitosamente probado en agosto de 2023.

Me pareció muy original y orgánico que el compositor le fuera contando y mostrando a Cirilo Villaverde, escritor de la novela base de la obra –y al público en general – cómo fue desarrollando musical y dramatúrgicamente su argumento, por aquello de que “vista (y oído, sobre todo oído) hacen fe”, y así nos pudimos enterar además de anécdotas muy interesantes sobre su concepción, como la que sigue:
La Cecilia Valdés yo la escribí en un mes y días. Pero no fue solo escribirla, sino instrumentarla también. Estaba dedicado exclusivamente a la obra. Yo vivía nada más que para aquello. Me ponía un mono por la mañana, me iba para el teatro y allí me llevaban la comida.
También de que el primero que escuchó la partitura completa de su zarzuela Cecilia Valdés (1932) fue precisamente otro grande de la música cubana, el maestro Ernesto Lecuona; anécdota que pude completar cuando me preparaba para escribir esta reseña:
(…) Llamé a Lecuona por teléfono y le dije que quería que viniera a mi casa para tocarle algo nuevo que había compuesto. Acudió esa misma tarde, acompañado de su hermana Ernestina, y después de los saludos efusivos de ambos, me senté al piano, y comencé a tocar.

Pese a la fama que tienen los artistas de que viven nada más que para su propia obra, sin ojos ni oídos para la de los demás creadores, los hermanos Lecuona no son así, sino todo lo contrario, y escucharon con gran interés y paciencia toda la partitura. Al finalizar, Ernesto se levantó y me dio un gran abrazo, diciéndome:

“Es la mejor zarzuela cubana que se ha escrito, y vas a ver qué gran éxito le espera. Te felicito de todo corazón”.
Para que se pueda aquilatar mejor en toda su dimensión este tan elogioso juicio de Lecuona, ya este genio había dado a conocer sus bellísimas zarzuelas El cafetal en 1927, y María la O en 1930, y triunfado tanto en Cuba como en el extranjero.

Antes de pasar a glosar a los cantantes, es de justicia que celebre el desempeño de Jesús Brañas y de Paut William, como Roig y Villaverde respectivamente, nunca envarados ni engolados, sino muy amenos y naturales, como debe ser.

Jesús Brañas y Paut William, 
como Roig y Villaverde.
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Ambas funciones comenzaron con los bailarines de la Ifé- Ilé Dance Company, dirigida por Nery Torres, caracterizados como los orichas de nuestra rica religión yoruba –o mitología para los no creyentes–, con vistosos trajes acordes a cada una de las poderosas deidades representadas, lo cual me pareció un hermoso homenaje reivindicativo a nuestra fuerte herencia africana, de la que muchas veces los cubanos blancos – y ni tanto– católicos reniegan, aunque en secreto acudan al babalawo cuando tienen algún problema familiar o de salud.

Ifé-Ilé Dance Company de Nery Torres, 
en “Cuna de Mercé” y el 
Coro Voices of Miami al fondo.
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Debo parar en seco ahora el quitrín –porque “nobleza obliga”, como se decía antaño–, para celebrar el Po, po, po de Tania Martí, como Dolores Santa Cruz, quien aparte de ser la fundadora y directora de Martí Productions a cargo de esta exitosa puesta, brindó la que para mí fue la actuación más impactante de las dos funciones, a la par de la de las dos excelentes protagonistas (que sé que no se van a poner celosas, porque admiran a Tania tanto como yo).

Tania Martí como Dolores Santa Cruz.
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En la noche del sábado 11 de octubre de 2025, la reconocida y laureada soprano cubana Eglise Gutiérrez no solo interpretó el personaje titular, sino que “fue” Cecilia, desde el aria de su salida, cual “cascabel y campana”, y en su “alma cubana la alegría de vivir” –como reza la emblemática letra, y con el sobreagudo final limpio y bordado –como lo han hecho las sopranos referentes en este rol, léase Blanca Varela o la paradigmática Alina Sánchez.

Eglise Gutiérrez en la “Salida de Cecilia”.
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A su vez, el joven Leonardo Gamboa fue “encarnado” por Martín Nusspaumer, quien demostró su clase como inspirado tenor desde el aria “Habana, mi dulce Habana”, precedido y arropado por el afinado coro Voces of Miami, dirigido por Greisel Dominguez, que hizo una hermosa labor vocal con la hermosa marcha “Somos los estudiantes”, a la que la excelente batuta de la Maestro Marlene Urbay, al igual que a todas las partituras de Roig de esta zarzuela, hizo que sonara y se escuchara como si la Florida Chamber Orchestra fuera una gran orquesta sinfónica y no de cámara.

El apasionado enamorado de Cecilia –y no correspondido por ella– José Dolores Pimienta, fue excelentemente interpretado y cantado por el barítono Armando Naranjo, quien brindó una muy hermosa e impecable romanza “La dulce quimera”.

Armando Naranjo
 como José Dolores Pimienta.
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Laura de Mare, como “la niña blanca” Isabel Lincheta, cantó muy bien su aria de las flores, con sobreagudo final incluido, y su dúo con Nusspaumer estuvo muy bien actuado, acoplado y hermoso, al igual que en el cuarteto titulado “Gavota”, con Yohan Rodríguez y Erwin Cárdenas.

Martin Nusspaumer, como Leonardo;
 y Laura de Mare como Isabel Lincheta.
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Ifé- Ilé Dance Company, dirigida por Nery Torres, volvió a sobresalir en el cuadro de los esclavos, con excelente acople rítmico y danzario, así como dos momentos de clímax de gran belleza plástica: el primero, entre el despiadado mayoral y una de las esclavas, y luego, un duelo entre el mayoral y uno de los esclavos.

Ifé-Ilé Dance Company
con el Coro Voices of Miami al fondo, 
en “Ya la campana soná”,
 y Carlos Silva como el esclavo.
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El tenor Carlos Silva se sumó al banquete vocal que fue esta representación de Cecilia, con su sentida interpretación del aria del “pobre negro gangá, que no tiene ya libertad”, mientras que Grethel Ortiz, como Dolorita, se “robó” al público con su tango congo “Etanilá”, pero eché en falta al Gallego y al Negrito que la debieron acompañar para hacer aún más simpática esta escena, infaltable en el teatro vernáculo costumbrista cubano, pero disculpo totalmente a la dirección y a la producción por omitirlos, para evitar herir la hipersensibilidad –y la protesta– de la ACLU, en representación de los afrodescendientes del Condado, si se hubiera pintado a un actor blanco de negro para hacer dicho papel, y lo mismo sé que sucedió con el no maquillaje oscuro de Tania para su Dolores Santacruz.

Grethel Ortiz como Dolorita.
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En el dúo de Cecilia con Leonardo, Eglise y Martín cantaron y actuaron con gran dominio escénico, tanto vocal como actoral, sobre todo Eglise, que estuvo admirablemente conmovedora y sin fallar una nota, a pesar del intenso drama que está viviendo.

Eglise y Martín, en el gran dúo
 de Cecilia y Leonardo,
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La bellísima contradanza de esta zarzuela, de nuevo a cargo de los bailarines de Ifé- Ilé Dance Company, estuvo muy bien montada y bailada, aunque los trajes femeninos estuvieron totalmente fuera de época, con miriñaques que recordaban a las meninas de Velázquez –e incluso, en la función del domingo, una de las “contradanzantes” tenía el miriñaque de un solo lado; pero se entiende que en una función de concierto como esta, el vestuario “de época” no es mandatorio, máxime cuando hay limitaciones de presupuesto.

Muy bien y emotiva la actuación de Eglise Gutiérrez ante la cuna “de su niña” —y en general durante toda la función— y en la escena final de la zarzuela, donde ocurre el asesinato de Leonardo por parte de Pimienta, la acción fue muy bien resuelta dramatúrgicamente, tanto por ella como por Naranjo, y su reclamo a este por su crimen fue de una veracidad conmovedora.

Pero, bueno, hasta aquí solo me he referido a la Cecilia del sábado 11 de octubre de 2025, pero el domingo 12 de octubre se volvió a representar la zarzuela, esta vez con la talentosa soprano puertorriqueña Marinel Cruz en el rol titular, pero antes de pasar a glosar su también excelente desempeño, quiero comentar – y enfatizar– algo muy hermoso sobre Eglise Gutiérrez, que no es muy común en el mundo artístico, famoso por la competencia y la rivalidad entre las divas (y los divos): su total apoyo y disposición a que Marinel doblara el personaje con ella, nada menos que en su debut como Cecilia Valdés, un gesto muy hermoso que la engrandece aún más como artista y como ser humano.

Dio la casualidad de que Eglise y la también gran soprano Yetzabel Arias estuvieron sentadas en la fila detrás de la mía, por lo que pude escuchar y ver cómo las dos aplaudieron con gran efusividad a Marinel durante toda su Cecilia.

Ya el solo hecho de que Eglise acudiera a ver a su “rival” –sin que “esa niña boricua, del pecho le arranque la calma y la paz”, y “sin que la rabia la mate”, parafraseando el gran dúo de Cecilia y Leonardo–, es una muy elocuente prueba de la admiración y la amistad existente entre ambas.

Como ya dije anteriormente, la función del domingo 12 de octubre marcó el debut de la talentosa “niña boricua” Marinel Cruz como Cecilia Valdés, y ello para mí tiene un significado tremendo –y no voy a recurrir a eso tan manido que todos los cubanos tenemos en mente cuando se trata de Puerto Rico, nuestra hermana y “alada” isla.

Si bien fue una soprano mexicana –asentada en Cuba– llamada Elisa Altamirano, quien la estrenara en La Habana en 1932, el hecho de que en octubre de 2025, una soprano de “la Isla del Encanto” y otra de Cuba (¡y holguinera, señores!), hayan sido quienes la han vuelto a revivir en Miami, “de la mano de Manny Albelo, Tania Martí y bajo la batuta de Marlene Urbay”. como puse en el título, me hace pensar que tanto Cirilo Villaverde como Gonzalo Roig deben estar muy complacidos, sea tanto en “el panteón de los imprescindibles” que habitan por derecho propio, o en esa sobrecama de cuadritos que dice Manuel Vázquez Portal que es la cultura cubana –y que nos cobija a todos por igual.

Me concentro entonces en la ya mencionada función dominical, de la que me limitaré a comentar solo la actuación de Marinel, ya que no hubo ningún cambio de intérprete en los otros personajes, si bien noté que, tanto Martín como Carlos Silva, cantaron mejor que en la función del sábado, me imagino que ya con menos nervios que el día del estreno, como es lógico.

En la tarde del domingo 12 de octubre de 2025, la soprano Marinel Cruz resultó gloriosamente invicta contra los nervios inherentes a un debut como tal, pues también, como Eglise, se transmutó en Cecilia, desde el aria de su salida, con ese sobreagudo final que uno siempre espera con Alina Sánchez en mente –y en su “alma cubana la alegría de vivir”, que luego la traición de Leonardo convertiría en reclamo, en el Gran dúo con Leonardo, y luego en pena y dolor ante la cuna de su pequeña hija, estados de ánimo que Marinel vivió como suyos, al extremo de las lágrimas, pero sin que ello afectara su impecable desempeño vocal y actoral, sobre todo al final, cuando Pimienta asesina a Leonardo el día de su boda con Isabel Lincheta, y Marinel Cruz lo increpa y lo acusa: “Has matado a mi amor”.

Marinel Cruz en “la Salida de Cecilia”, 
con el coro Voices of Miami.
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Marinel Cruz en “la Salida de Cecilia”.
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Marinel y Martín en el gran dúo
 de Cecilia y Leonardo.
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Marinel Cruz, en la Canción de cuna 
“Duerme hija mía, mi pequeña duerme”.
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Marinel Cruz en el final,
 con la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre
 al fondo, a la que suplica su perdón 
por “el pecado que cometió”.
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En fin, otro gran triunfo más de Martí Productions, en su admirable cruzada por mantener vivo este género en Miami, gracias al talento y al admirable esfuerzo de Tania Martí, Manny Arbelo y de la Maestro Marlene Urbay, con su Florida Chamber Orchestra, siempre dispuesta a acompañar musicalmente, sea una ópera, una zarzuela o un ballet.

Gracias también al Departamento de Asuntos Culturales del Miami Dade County; al Miami Dade County Auditorium Away from Home Series y a Artes Miami, por su apoyo a Martí Productions para realizar estas dos funciones en el Moss Arts Cultural Center.


Fotos: Lester Llanes (cortesía de Martí Productions)
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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