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Tuesday, June 9, 2026

Dos obras, un autor: Rafael Nofal de regreso a Miami. (por Wilfredo A. Ramos)



La agrupación teatral Antihéroes Project, bajo la dirección de José Manuel Domínguez ha llevado al escenario del Sandrell Rivers Theater, entre los días 4 y 7 del presente mes de junio, las obras “Alita de mosca” y “Hasta el fin de los días”, del dramaturgo argentino Rafael Nofal de quien ya en el pasado dicho colectivo también había presentado en nuestras tablas “El tiempo de las mandarinas” (2017) y “Mariposas después de la lluvia” (2022), con lo que la obra de dicho autor se va haciendo cada vez más conocida entre nuestro público. Ambas piezas forman parte de una propuesta serie de Teatro Contemporáneo Argentino en Miami, coordinado entre la propia Antihéroes Project y Fantasy Theatre Factory, agrupación esta última con sede en dicho teatro.

Rafael Nofal (1950-2023), fue un dramaturgo, director y profesor de teatro, del norte argentino. Licenciado en Teatro y ex director del Teatro de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, profesor asociado y adjunto de diversas disciplinas en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, dirigió espectáculos alrededor de la toda la geografía de su país, dictando también conferencias y seminarios que lo llevaron además a escenarios de otros países. Como director es recordado por sus montajes de “Sacco y Vanzetti”, “El Rey Lear”, “Galileo Galilei”, “I love Argentina”. “Gaviotas’, entre otras puestas que le ganaron el reconocimiento de crítica y público. Como parte de su dramaturgia además de las obras ya mencionadas, se encuentran “La tailandesa”, “Tengo arena bajo los parpados”, “Y un día su olor cambió”, “Envejecer con voz”, “Teresinha”, “La gracia y el toro”, títulos todos donde el autor se sumergió en un escritura condicionada por una atenta mirada crítica a su entorno, que refleja una notable sensibilidad hacia las problemáticas que involucraban a los conciudadanos de una región caracterizada por un entorno agro-industrial con altos índices de acusada pobreza y violentas problemáticas sociales. A través de un repaso de su obra se puede afirmar sin temor a equivocarnos, que en ella siempre va a encontrarse de manera pertinaz una muy hermosa poética por más que en sus temas aborden grandes precariedades humanas.

La primera de las dos obras en programa que abrió esta dupla teatral fue “Alita de mosca” -término de la jerga urbana utilizado para nombrar un tipo de cocaína de alta pureza- texto que se sumerge en el oscuro mundo de las drogas entre los jóvenes, sus consecuencias y como estas alcanzan a sus familiares. De igual forma deja al descubierto los abusos y la corrupción que envuelve a las autoridades de los propios centros penitenciarios. Sin embargo, ante esta cruda realidad el autor introduce una discreta atmósfera de esperanza la cual se sostiene por medio del interés hacia la poesía como vía de escape dentro de un mundo criminal. La presencia de un terapeuta en la trama habla de los ingentes esfuerzos de la sociedad por lograr la recuperación social y emocional de dichos jóvenes atrapados en un mundo que los consume, aunque tales propósitos en esta ocasión no se lleguen a lograr. La pieza de fuerte acento dramático llega a un final que el autor concibe con una violenta carga testimonial.


Los personajes de esta pieza estuvieron en manos del experimentado Juan David Ferrer, en el rol del terapeuta, quien le dio a su personaje el necesario humanismo que el mismo requería, haciendo gala de un trabajo sereno y convincente que al mismo tiempo dejaba salir sus propias contradicciones internas, pero sin dejar de imprimirle al mismo la fuerza necesaria que por momentos requería tal sombrío enfrentamiento, mientras que Roly Guardado, asumiendo al joven en prisión, lograra construir su volátil personaje con una fuerza, credibilidad y riqueza de matices con los que construyó el antagónico perfecto sobre el escenario. Es de destacar que este fuera el debut de Guardado como parte de una puesta en escena profesional, ya que es integrante de los cursos de actuación en el Jackie Briceño Acting Studio, siendo allí alumno del propio Juan David Ferrer.


La segunda propuesta de esta doble programación fue la muy breve “Hasta el fin de los días”, la cual es considerada una comedia dramática, enfocada en ofrecer una reflexión poética acerca de la validez de la memoria, la vejez, las relaciones de pareja y las generacionales. El dramaturgo nos pondrá en presencia del ‘teatro dentro del teatro’ haciendo desfilar escenas de conocidas tragedias shakesperianas en boca del anciano personaje que no ceja en su afán de verse otra vez sobre un escenario que mantenga con vida su memoria artística. La presencia de la nieta que lo ayuda en su proyecto introduce el brusco encuentro entre épocas e intereses diferenciados, pero mostrando las cadenas afectivas que los unen. El tercer personaje que corresponde a la esposa y abuela es manejado de manera dual por parte del autor. Si bien la mujer entabla conversaciones directas con su esposo, en las que discuten sobre aspectos de sus vidas y diversas opiniones acerca de temas relacionados con el teatro, por otra parte, su presencia se hace invisible para la joven al entrar a escena. Es de esa manera y con dos parlamentos precisos, dicho uno por la joven y otro en diálogo entre ambos ancianos, que nos percatamos que la presencia en escena de ella corresponde a la imagen siempre presente en el recuerdo del anciano.


Correspondió a Jorge Hernández la responsabilidad de incorporar al terco anciano teatrista, procurando dejar visibles las dinámicas diferentes que su personaje le obliga al asumir dos posiciones diferentes dentro de la acción: la interrelación con el resto de los personajes y los momentos de introspección dentro de la diversidad de los personajes shakesperianos que anhela representar. En ambos casos su trabajo va dirigido por el cauce correcto, asumiendo igualmente tanto la melancolía como el amargo humor que se escapa de su personaje con certera precisión.


Reina Ivis Canosa da vida a un interesante personaje abordándolo con los matices requeridos para ambas imágenes que del mismo se encuentra obligada a ofrecer, pero sin hacer demasiado énfasis en lo que debe quedar más como sugerencia que como realidad, aspecto que la actriz capta adecuadamente e incorpora con sutileza. Respecto al tercer personaje en esta historia, estuvo interpretada por la joven Rosario Román -hija de Canosa- quien le brindó a su trabajo la frescura y simpatía que su rol aportaba, amén de lograr un aceptable intento de desdoble en los requeridos personajes de las tres hijas del rey Lear que en un momento de interacción con su abuelo interpreta. Para la joven este también representó su primera aparición como actriz, hecho que sin duda le ayudará en su futura carrera como cantante lírica, para la cual se encuentra en plena preparación.

Dos aspectos lastraron de alguna forma la imagen de esta segunda obra. La propuesta escénica careció de un concepto de iluminación eficaz que llevara al espectador a captar el verdadero sentido de lo que acontecía en el escenario, impidiendo que se reflejara el juego existente entre realidad e irrealidad que tan precisamente ofrece el texto; mientras que el día de su estreno- los inconcebibles errores en el trabajo del equipo técnico del propio teatro -ajenos a la dirección de la obra- provocaron desafortunados accidentes con luces y sonido, situación poco profesional que no se puede permitir en espectáculo alguno.

Como toda puesta en escena, la misma se complementa con un equipo técnico-artístico, que en esta oportunidad estuvo formado Alex Negrón al frente de la producción, Celia Ledón, en la dirección de arte y diseño de vestuario, Giorge Michel Millán a cargo de la escenografía, Pedro J. Abreu responsable del diseño gráfico y proyecciones, así como Leonardo Rodríguez en la publicidad, quienes bajo la dirección de ese inquieto y tenaz teatrista que es José Manuel Domínguez, persisten en hacer teatro en una ciudad donde cada día los obstáculos para el arte son más difíciles de vencer.

“Alita de mosca”
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“Hasta el fin de los días”
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Texto y Fotos: Wilfredo A. Ramos.
Miami, junio 8, 2026.

Thursday, June 4, 2026

Rastreando la vida y obra de Tennessee Williams sobre el escenario. (por Wilfredo A. Ramos)


“La vida es una obra bastante buena, salvo el tercer acto, el último”. 
Truman Capote.






La dramaturgia norteamericana del siglo XX sin duda alguna sufrió una severa transformación alejándose de la europea que hasta entonces había inundado sus escenarios con propuestas teatrales que hablaban de problemáticas y situaciones que para nada reflejaban el acontecer social de este lado del Atlántico. Es a partir de la obra de Eugene O’Neill (1888-1953) que se puede dictaminar que estamos en presencia de la consolidación de un teatro plenamente norteamericano, donde incluso temas universales verán su adaptación a la realidad del ciudadano cotidiano siendo acompañadas de un tratamiento del lenguaje y el argumento de manera contemporánea. Considerados discípulos de aquel, Tennessee Williams (1911-1983), Arthur Miller (1915-2005) y Edward Albee (1928-2016) serán tres autores que con visión descarnada del mundo que los rodea continuarán y reafirmarán el camino del ‘gran teatro realista’ norteamericano, llevando a este a hacia sus últimas consecuencias y separándolo a su vez de las vanguardias que en dichos momentos se desarrollaban en el viejo continente. A este cambio en la mirada de los conflictos y hechos, habría que agregarle que estos autores aprovecharán las nuevas concepciones del trabajo escénico, utilizando todas las novedosas posibilidades que las misma ofrecían para proporcionar ese cambio de lenguaje.

Teniendo puesta la mirada en la importancia que dichos dramaturgos representan para el teatro de este país y su ausente presencia en los escenarios hispanohablantes de esta ciudad de Miami, es que con motivo de la celebración del 115 aniversario del nacimiento de Tennessee Williams y la celebración por los 250 años de la declaración de independencia de los Estados Unidos, la sala Artefactus Teatro, ha llevado a escena el espectáculo “Cartografía Williams” entre los días 22 y 31 de mayo. Dicho trabajo ha sido el resultado de una minuciosa investigación llevada a cabo por el director y también dramaturgo Eddy Diaz Souza, donde el mismo no se ha propuesto llevar a escena obra alguna de dicho autor, ni contar su vida de modo biográfico, sino por el contrario decidió crear una especie de ‘mapa’ sobre el cual el espectador pudiera avizorar de manera salteada pero con precisión, diferentes componentes de algunas de sus obras de teatro menos conocidas y representadas, así como algo de su obra poética, a la vez que se vayan descubriendo páginas de su vida personal mezclándose con los propios personajes de sus obras.


Tennesse Williams, cuyo verdadero nombre es Thomas Lanier Williams, debe su nombre artístico a sus compañeros de escuela quienes lo bautizaron “Tennessee’ por su marcado acento sureño. De su propia familia extrajo elementos para darle vida a algunos de sus personajes, como su padre, su hermana y él mismo. Estudio en varias universidades -Iowa, San Luis, Misuri- escribiendo su primera obra “Cairo, Shanghái, Bombay” en 1935, estrenada en la ciudad de Memphis. Su estancia en el barrio francés de Nueva Orleans lo condujo a conocer de manera directa un mundo de personajes atrapados en medio de una vida que no les ofrecía muchas posibilidades, dentro de la cual también se vio sumergido. De esta época es su famosa obra “Un tranvía llamado Deseo”, más tarde llevada al cine con total éxito y por la cual obtuviera en 1948 un Premio Pulitzer, ganando otro en 1955 con “La gata sobre el tejado de zinc” también llevada a la pantalla grande. Otra obra relevante para su trayectoria personal comenzada a escribir en esta misma época fue “Vieux Carré”, la cual comenzara a trabajar alrededor de 1938, para finalizarla en 1977, concibiéndola a modo de un diario personal que abarcaría cuarenta años de su vida. Otra pieza, que también fuera escribiendo a lo largo de los años -iniciada en 1940- resultó ser “El desfile o acercándose al final del verano”, de carácter biográfico también y en la que habla abiertamente acerca de su homosexualidad, obra que ha venido a tener su estreno tardío en el 2006.

Sobre su fallecimiento ocurrido en la ciudad de New York a los 71 años, existen dos versiones diferentes, una que afirma que se asfixió con la tapa de un pomo de colirios para los ojos que usaba con frecuencia y otra que según un informe forense dictaminó que su fallecimiento habría podido ser resultado de una mezcla de alcohol y drogas. Su cuerpo descansa en el Calvary Cemetery & Mausoleum en St. Louis, Missouri -a pesar de querer ser enterrado cerca del mar- habiendo legado los derechos sobre sus obras a la Universidad del Sur, un centro de estudios de artes liberales ubicado en Suwannee, en el Estado de Tennessee. El teatro de Williams ha sido representado en innumerables oportunidades en los escenarios de Broadway y de todos los Estados Unidos, siendo traducido a diversos idiomas y contando con numerosas puestas alrededor del mundo, lo que ha convertido a este autor en uno de los más conocidos de la dramaturgia norteamericana.

Con el estreno en New York en 1945 de su obra “El zoo de cristal” a los 34 años, se ve convertido en una celebridad, afirmándose con el estreno de “Un tranvía llamado Deseo” bajo la dirección Elia Kazan -quien después la llevara al cine- puesta que contara con el debut teatral de Marlon Brandon, quien participaría más tarde también en la versión cinematográfica. Williams a través de su vida estuvo siempre arropado entre figuras femeninas, ya fueran familiares -madre y hermana- como algunas otras mujeres que estuvieron cerca de él, de ahí que ellas también formen parte del complejo universo de personajes que integran sus obras. Su vida personal estuvo marcada por la disipación, el alcoholismo y por el extremadamente duro golpe recibido causado por la lobotomía realizada a su hermana quien había sido diagnosticada con esquizofrenia, procedimiento que contara con la autorización de sus padres a quienes nunca perdonara.

Dentro de su obra, Tennessee Williams incorporará ciertos temas considerados tabúes para la época, pero que para el autor formaban parte indisoluble de la sociedad que observaba a su alrededor. Es así como el hablar de ninfomanía, drogadicción, adulterio, alcoholismo, infelicidad, homosexualidad, dentro de su teatro se convirtió en una necesidad que partía de su propia realidad -padre alcohólico, madre atrapada en una relación abusiva, una hermana frágil mentalmente y su propia condición homosexual- que hacía que sus obras resultaran ser algo escandalosas y hasta rechazadas por una parte de la sociedad que se veía retratada en ellas con crudeza, a pesar de los propios cuidado a los que se veía obligado el autor para ‘maquillar’ ciertos comportamientos y actitudes de sus personajes. En cuanto a su homosexualidad, Williams, que tuvo sus primeras experiencias desde joven, se condujo evadiendo la mirada restrictiva de la sociedad, pero sin dejar de vivir una vida promiscua y con varias relaciones de pareja que, aunque manejadas con discreción, constituían secretos a voces que la falsa moral simulaba no ver.

No podemos hablar del Tennessee Williams escritor sin mencionar, aunque de manera breve su poesía -ya que él mismo se consideraba ante todo un poeta- a través de la cual podía expresar sus pensamientos con mayor profundidad y posibilidades de inmersión en sus sentimientos más íntimos. En ella se hace presente su propia vulnerabilidad, soledad, melancolía, incluso utilizándola como vía para sacar a la luz sus propios demonios. Poemas como ‘In the Winter of Cities’, ‘Androgyne’, ‘Mon Amour’, ‘We have not long to love’, ‘Which is My Little Boy?’, entre otros, muestran la enorme corriente lírica que atraviesa su poesía, la cual alcanza sin duda alguna a su obra dramática.


Entrando en la concepción de “Cartografía Williams”, espectáculo con que Souza ha querido recordar a este importante autor, el director ha tenido en cuenta algunos de los textos dramáticos menos conocidos de este, tales como “Háblame como la lluvia y déjame escuchar”, “La habitación oscura”, “La marquesa de Larkspur Lotion”, de las cuales toma algunos fragmentos, igualmente escoge partes de monólogos pertenecientes a “La trampa bonita” y “Dulce pájaro de juventud”. A esto se suman grabaciones originales de la voz de Williams diciendo fragmentos de los poemas My Little One, The Eyes y The Summer Belvedere. Se agregan además temas musicales de la época -algunos de ellos interpretados al piano en escena- como ‘Blanche’, de Alex North; ‘Together’, De Matthew Halsall; ‘Circadian Surveillance’, de Yannis Kyriakides; ‘Summertime’, de George Gershwin; ‘The Sweetheart Tree’, de Henry Mancini -tema que interpretaba Debbie Reynolds y era de los preferidos por Williams- ‘Misty’, de Errol Garner; ‘My funny Valentine’, de Richard Rodgers y letra de Lorenz Hart, así como ‘Just Another Rhumba’, de George e Ira Gershwin, en la voz de Ella Fitzgerald.

Con todos estos elementos Souza arma un espectáculo de poco más de una hora de duración donde quedan expuestas las herramientas que le ayudan a levantar sus habituales puestas escénicas: la plasticidad, la pulcritud de movimientos, la simbología de los elementos, la ambientación adecuada apoyada por una escenografía que decora y habla al mismo tiempo, exquisito vestuario, preciso e intencional diseño de luces y sobre todo una cohesiva y natural interrelación entre los actores, donde cada uno de ellos procura afianzar su imagen y la vez fundirse en el colectivo.


Sobre la escena veremos desfilar al propio Tennessee Williams, así como a algunos de los personajes de sus obras, multiplicidad de la que se encargan los cinco actores integrantes de este proyecto: Julio Rodríguez, Zaida Castellanos, Betsy Rodríguez, Luis Zamora y Oda Cardona, quienes de manera orgánica dan vida a este interesante universo.


Oda Cardona, en su doble rol de pianista y actriz es la encargada de narrar a través del espectáculo hechos relacionados con la vida de Williams o provocar las escenas de sus obras; pero de igual manera asume la interpretación al piano de la casi totalidad de los temas musicales que recorren el espectáculo. Ella integra ambos aspectos de su desempeño sobre la escena con la sutileza de quien se permite hacerse invisible moviéndose entre los personajes creados por el dramaturgo, pero conversando a la vez con el espectador.


Por su parte Betsy Rodríguez incorpora a cada uno de los personajes de las obras de Williams con la exquisitez propia con que los concibiera el escritor. Como es habitual, su imagen escénica es rica en matices, mientras su voz proyecta con la claridad que le es propia. Luis Zamora por su parte resulta ser la gran sorpresa para el público de esta ciudad, pues después de diez y ocho años alejado de las tablas, hace un asegurado regreso a las mismas -por vez primera en este país- dejando en claro que lo bien aprendido siempre queda impregnado en la mente y el cuerpo. Su trabajo posee una acertada energía que es acompañada por un excelente decir -algo imprescindible en todo actor y lamentablemente no siempre presente- lo que le permite dar vida a caracterizaciones de muy diferentes psicologías en escena. Sin duda su vuelta a los escenarios ha sido por todo lo alto.


Gran alegría resulta ver nuevamente sobre las tablas a Zaida Castellanos, actriz de larga trayectoria, quien había desaparecido de los escenarios de esta ciudad desde hacía ya demasiado tiempo. Volver a disfrutar de su trabajo en escena nos llevó a recordarla también en muchas de sus presentaciones en el teatro, cine y televisión cubana antes de radicarse en este país. Con el carisma que siempre ha proyectado en cada uno de sus personajes, ofrece una verdadera muestra de asimilación de los extremos caracteres que interpreta en esta pieza, destacándose como siempre su melodiosa tesitura vocal que la ha identificado. Esperamos que no nos niegue nuevamente por tanto tiempo su presencia sobre los escenarios.


Por último, Julio Rodríguez, con una también extensa y provechosa carrera, es el responsable de asumir la personalidad de Tennessee Williams, lo cual logra con la discreción de quien se preocupa por mostrar con mayor precisión el interior y los sentimientos, que la caracterización externa. Su trabajo lo perfila con una elegancia natural alejándose de pasos anteriores por los escenarios, mostrando una dúctil conciencia de la responsabilidad puesta sobre sus hombros. La complicidad reflejada desde la posición del autor para con sus propios personajes que se mueven ante su vista en escena la construye el actor a base de sutilezas expresivas y un desenfado producto del sólido bagaje teatral que arrastra el intérprete en su trayectoria sobre las tablas.


Que el escenario de Artefactus Teatro haya ofrecido al público hispanohablante de Miami la oportunidad de hacer un ligero viaje a través de una parte de la obra y de insinuantes momentos de la vida de Tennesse Williams, autor no importante solamente para el teatro norteamericano, sino para la escena mundial, por medio de tan hermoso espectáculo como resulta ser “Cartografía Williams”, ha sido una deuda parcialmente pagada que nuestro teatro tiene con la sólida y destacada dramaturgia del país en que hemos decidimos vivir.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, junio 2, 2026.

Fotos/Arturo Arocha. 

Wednesday, June 3, 2026

El Teatro existencialista de Sartre a la búsqueda del público de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)



<<L’enfer, ces’t les autres>>. (El infierno son los demás). “A puerta cerrada”, J.P.Sartre.



Como bien hemos comentado en diversas ocasiones, el teatro en español que se realiza en la ciudad de Miami, aunque no es todo lo numeroso que desearíamos que fuera, no se puede negar la existencia de un panorama que permite disfrutar de una bastante frecuente programación, dentro de la cual además de la concebida y siempre bien recibida comedia, el público interesado puede enfrentarse a propuestas teatrales de otros diversos géneros y estilos de trabajo. Lamentablemente existe una errónea concepción, no sólo por parte del público sino asombrosamente también de los mismos teatristas, de que en esta ciudad no se hace teatro de arte, de investigación, de riesgo, superponiendo el mantra de que solo el género de la comedia ligera, que provoca la risa fácil, el cual se hace para entretener, es el que puede ser encontrado únicamente en nuestros escenarios y esa repetición hija de la ignorancia se vuelve contra el quehacer teatral mismo.


Si he comenzado el presente artículo haciendo alusión a ese tema es precisamente porque la propuesta escénica de la que nos disponemos a comentar cae precisamente dentro de ese rango de obras que podríamos considerar como ‘teatro de arte’ y por ende alejado de las grandes multitudes de públicos, así como de oportunidades de promoción a través de los medios informativos y de prensa tradicionales. Nos estamos refiriendo a la obra “Sin salida”, que bajo la dirección del cubano Erom Jimmy, hubo de presentarse por tan solo un día, el pasado 22 del presente mes de mayo en el Sandrell Rivers Theater, como preludio a un viaje en los próximos días a la ciudad de New York. Debemos aclarar que esta puesta había ya tenido su estreno hace algunos meses con la participación de otro elenco y en otra sala de teatro de la ciudad, ocasión aquella en que no tuvimos oportunidad de referirnos a la misma.

Dicha propuesta es el resultado de una versión realizada sobre la obra “A puerta cerrada” (Huis Clos), del dramaturgo francés Jean Paul Sartre -escrita en 1944- para la cual se tuvo en cuenta las interpretaciones de un elenco multinacional conformado por Francisco Porras y Ana Sobero (México), Boris Roa (Chile) y Nabilah Fernández (Cuba-Puerto Rico), en una producción de Miami Factory Theater. He tomado en consideración precisar las nacionalidades de los implicados en este proyecto, por la significativa importancia que ello representa para la convivencia y crecimiento de la cultura en la megaciudad en que se ha convertido hoy en día Miami, lugar de asentamiento poblacional diverso, el cual le ha proporcionado una personalidad interesante y propia.

Podría resultar de algún interés hacer ciertas consideraciones acerca de Sartre, su obra y su proyección social más allá de su teatro y literatura en general.


Jean Paul Sartre (París 1905-1980), no solo se interesó por la dramaturgia, sino que además fue autor de novelas, relatos, ensayos, crítica literaria, trabajos filosóficos y guiones cinematográficos, lo que lo convertiría en un autor de una extendida obra, la que lo hiciera muy conocido a nivel internacional, lo que lo llevara a obtener en 1964 el Premio Nobel de Literatura, el cual se negara a aceptar debido a que no consideraba que ni el hombre ni la cultura debieran relacionarse con ninguna institución establecida por “el sistema’; pero sin embargo sí aceptó su inclusión dentro de la Academia Estadounidense de las Letras y las Ciencias, en una muestra de algunas de sus propias contradicciones filosóficas. A pesar de haber pertenecido a una familia medianamente bien establecida y haber estudiado en centros elitistas como la escuela Normal superior de París, de donde se graduara en 1929 con un doctorado en Filosofía, su visión de la vida y la sociedad lo llevó a identificarse con las ideas marxistas, aunque nunca se afiliara a dicho partido político. Como testigo de la Francia ocupada por las tropas de la alemana nazi, se hizo de una muy mala opinión sobre la relación que la sociedad francesa estableció con sus ocupantes, de la cual fue extremadamente crítico, aunque nunca se incorporarse al movimiento de la resistencia, posición por la que fuera criticado por parte de algunos intelectuales del momento. Su pensamiento antisistema y antinacionalista lo llevó a concebir una Europa sin fronteras nacionales -lo mismo que han tratado de hacer en la actualidad los líderes de la Unión Europea, que tan malas consecuencias ha traído a todos los estados miembros- mirándola como una fuerza unitaria que la pudiera poner al mismo nivel del poderío norteamericano y soviético de entonces. El apoyo de Sartre hacia este último país lo condujo a ignorar los atropellos, crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos por los líderes comunistas, considerando a estos como la única formación política capaz de poder llegar a lograr una sociedad justa, incluso justificó sin ningún tipo de duda, el que al pueblo se le escondieran la realidad de los hechos para evitar así que la “clase obrera perdiera su entusiasmo”. Su discurso ideológico estuvo marcado por ostensibles contradicciones que le valieron ataques de ambas partes del espectro político y social, pero sin duda alguna el núcleo de sus ideas estuvo centrado en todo momento en la defensa de los postulados marxistas, despreciando todo lo que representaba la sociedad capitalista, aunque viviera dentro de ella, tal y como hacen la mayoría de sus colegas ideológicos. Esta posición de pensamiento que encontró fuerte respaldo en su compañera de vida y trayectoria, la escritora, profesora, filosofa y activista feminista Simone de Beauvoir, fue determinante para que su figura se convirtiera en un referente filosófico del siglo XX.

Al analizar la obra de este autor, encontramos que la misma se perfila en un contexto existencialista, el cual centra primordialmente su interés en el ser humano mismo y no en el mundo que lo rodea, por lo que para el autor, la libertad de acción y elección del individuo es primordial, haciendo que este pueda adaptar y transformar el medio que lo rodea de acuerdo a sus propios intereses, en función de su individual percepción del mejoramiento de su ámbito personal de vida, donde la relación conciencia-ser -base de todos los planteamientos filosóficos- es también alterada en concordancia con sus análisis al respecto y ello queda mostrado en el tratamiento de los temas y personajes dentro de su producción literaria en general.

Aunque su escritura dramática constituye sólo una pequeña parte de su obra escrita, esta no puede ser tenida a menos, pues la misma le permitió poder acercarse a una mayor cantidad de personas que de otra forma no hubieran tenido acceso a su ideario, siendo “A puerta cerrada” -con toda seguridad su obra más conocida y representada- con la que se propone mostrar de manera directa los preceptos filosóficos dominantes dentro de la sociedad europea después de finalizada la II Guerra Mundial, así como la reformulación de un nuevo concepto de teatro sobre los escenarios. Tanto en esta pieza como en el resto de sus obras teatrales, Sartre introdujo su pensamiento filosófico, algo que lo hace único en comparación con otros pensadores.

“A puerta cerrada”, se nos muestra como una poderosa parábola existencialista, al tratar temas como la represión, la censura, el miedo, la tortura, el crimen, la violencia, temas que mucho tenían que ver con la realidad que vivía Francia bajo la ocupación germana, pero al mismo tiempo trabaja sobre los demonios individuales, la dependencia hacia la validación que puedan hacer el resto de las personas acerca de nosotros, los conceptos morales y nuestra identidad. El que el dramaturgo escoja al infierno, representado en una habitación de hotel en la cual se puede entrar pero no salir, como escenario para encerrar a sus protagonistas -dos mujeres y un hombre, llevados al lugar por un supuesto mayordomo al que se pudiera identificar como el propio Diablo- donde juntos lleguen a reconocer de manera angustiosa sus propios crímenes, al tiempo que cada uno de ellos se conviertan en torturadores y torturados, no hace más que poner de relieve la noción que sobre el ser humano y la sociedad en que este se desenvuelve, posee el autor.

Dicha obra que fuera escrita prácticamente por encargo -se dice que de Albert Camus, quien la dirigiera e interpretara a uno de los personajes- llevó por título primeramente “Los otros” (Les Autres) y fue concebida procurando burlar la censura nazi imperante, llegando a ser representada por primera vez en casa de unos amigos, aunque llegara a tener su estreno público algo después en el Theatre du Viieux-Colombier, de París, bajo otra dirección y un elenco diferente, obteniendo una muy mala recepción por parte del público y la crítica. No es hasta después de la liberación de la ciudad francesa que la obra regresa a escena teniendo entonces si una gran acogida al considerarse un texto desafiante, transgresor y portador de nuevas ideas tanto estéticas como éticas, iniciando desde ese momento el largo recorrido que ha tenido por los escenarios mundiales hasta el día de hoy.

Conociendo la trayectoria de esta obra sartriana no es de extrañar que Erom Jimmy se haya interesado por llevarla a escena, y que sea la tercera mirada que el director pone sobre dicho texto, llevándolo a las tablas con diferentes concepciones escénicas y elencos. Este director el cual tiene como premisa de su trabajo el riesgo, la intervención, la investigación, encuentra en la obra existencial de Sartre el material adecuado para volcar su cosmovisión sobre el teatro. La dinámica en cuanto a su trabajo se cohesiona con la mirada del dramaturgo francés, coincidiendo ambos en la deconstrucción interior con que se elabora y diseña la propuesta escénica y el trabajo del actor, siempre en procura del desequilibrio emocional e intelectual, factor que permitirá al director manipular los significantes textuales y su manera de plasmarlos mediante el rejuego con que construye su narración dramática en escena.


Dentro de la presente propuesta, el director va despojando a los actores de humanidad hasta convertirlos en frágiles marionetas manipulables, a medida que cada uno va vaciándose de los secretos que han procurado de esconder buscando crear la imagen complaciente que hacia sí mismos desean que vean los demás. A través del intenso trabajo corporal, los intérpretes son provocados por el director a exponer un diálogo donde texto y movimiento, desde una aparente contradicción conceptual, se apoyen orgánicamente, creando una rica polisemia dramática a la que el espectador tendrá que estar atento.


Es dentro de esta exigente atmósfera, que el desempeño de los cuatro actores escogidos para la puesta se va a materializar de forma concreta y acertada. La propuesta, tal como la concibió el autor, no da margen al lucimiento de un actor sobre los otros, cada quien tiene su momento, pero al mismo tiempo el colectivo hablará por cada uno de ellos. Es de aplaudir que actores no acostumbrados a incursionar en este tipo de teatro corporal -donde la acción se convierte en herramienta fundamental para expresar el propio texto- hayan sacado sin contratiempo alguno las exigencias del mismo. Solamente un aspecto podríamos señalar con respecto al trabajo de los actores y es en cuanto al cuidado que deben tener con la dicción de los parlamentos dentro de esta manera de hacer teatro, ya que por momentos se hacía difícil escuchar o entender lo que hablaban, situación provocada sin duda alguna a la necesidad de establecer la exacta dinámica entre movimiento, respiración pronunciación y proyección de la voz, acción imprescindible para un tipo de trabajo sumamente exigente.

La puesta en escena pensada en un concepto minimalista, careció de elementos escenográficos, utilizando únicamente cintas de las que delimitan el paso en espacios públicos, elementos que de alguna manera hacían referencia al título de la pieza -Sin salida- contando con un interesante diseño de luces con el cual se acentuaba el carácter expresionista presente en la interrelación corporal entre los actores, así como un realista concepto de vestuario centrado en la utilización de colores rojo, negro y blanco, que contribuían acertadamente al lenguaje simbólico de los personajes.


Una vez observado el resultado de esta nueva propuesta de Erom Jimmy y teniendo en cuenta sus anteriores trabajos, no queda duda alguna que con este director el teatro de Miami tiene ante sí a un creador interesado en diversificar atrevidamente y con mayor audacia la mirada estética del teatro de la ciudad, transitando a través de los considerados lenguajes vanguardistas, con la intencionalidad de dirigir la mirada de nuestro público hacia concepciones escénicas proyectadas por aquellos destacados investigadores del quehacer teatral internacional, sin temor a volcar sobre las tablas ideas arriesgadas y provocadoras. Solo queda esperar que dicho empeño encuentre receptores -tanto actores como públicos- abiertos a querer transitar en toda su amplitud por el rico y diverso caudal de emociones y sensaciones que puede llegar a ofrecer siempre el teatro.




Wilfredo A. Ramos.
Miami, mayo 24, 2026.

Fotos/Julio de la Nuez.
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