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Monday, March 21, 2022

Un mio "poema"


En estos días recibí unas pocas páginas de mis libretas de apuntes, de cuando joven fui. En la que hoy comparto, noto que mi mayor "influencia literaria", proviene posiblemente de las penitencias de la primaria, en las que había que repetir líneas como "debo portarme bien", "no se habla en clases" o "debo hacer la tarea".

Por la fecha, esto lo conversé conmigo mismo a inicios de diciembre del segundo año de la universidad en Santiago de Cuba. (JEM)

Thursday, March 3, 2022

Pasado y futuro en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


Los pueblos de la Antigüedad daban mucha importancia al conocimiento del futuro; cuenta Aristóteles que Tales de Mileto había previsto un eclipse de sol el 28 de mayo del 585 a.n.e., así como una formidable cosecha de aceitunas, lo cual constituyó, dicen algunos, el primer pronóstico económico del que se tengan noticias.

En la época contemporánea el único pronóstico con el que estamos familiarizados es con el de los metereólogos sobre el estado del tiempo. En realidad son muy raros los pronósticos como categoría superior de la predicción en las ciencias sociales. Desde hace unos años se repite por ejemplo que ningún político, servicio de inteligencia o científico social, previó el desplome de la Unión Soviética y el Campo socialista, un acontecimiento trascendental que parece sorprendió a todos.

Un pronóstico es una aventura intelectual que al incorporar elementos históricos, estadísticos y de otras disciplinas, puede diseñar con un margen de error, escenarios de futuro a corto, mediano y largo plazo.

Pienso que en el caso nuestro, una suerte de Letra del Año de carácter científico, podría ser un instrumento importante a nivel individual y colectivo.


Alguno que no conozca la cultura santiaguera pudiera pensar que desde el siglo XVII el Santuario de El Cobre, podría haber funcionado como el Oráculo de Delfos para los griegos de la antigüedad; pero no, sabemos que la virgen hace milagros, no pronósticos ni augurios.

Probablemente fue a partir de la década del treinta del siglo pasado, con la llegada a Santiago de algunos cultos sincréticos del occidente de la isla, que la adivinación quedó en manos de los sacerdotes de las religiones populares.

En algún momento que nadie ha precisado también se extendió la creencia popular de que en la Fiesta de la Bandera, si la bandera flota al izarla a las 12 de la noche del 31 de diciembre, el año que comienza será bueno… Este en los últimos años es ya casi un pronóstico oficial y cuando flota la bandera, hasta la prensa lo refleja con entusiasmo y optimismo.


En Santiago de Cuba el tema del futuro hoy definitivamente se encuentra dentro del mundo mágico-religioso, mientras la Universidad de Oriente no ha pensado aun en el mismo.

Es muy importante sin embargo saber no sólo si lloverá o habrá una temporada ciclónica activa, sino también como se comportaran algunas cosechas, si hay malestar en la cultura o si estamos al borde del abismo, pero ya cerca de una confortable meseta.

Quizás debía introducirse la asignatura de futurología en la carrera de Historia, Sociología o Filosofía, al menos crearse un cátedra para el estudio del futuro en la que se entrenen científicos que se atrevan a hacer pronósticos con suficiente rigor científico para prepararnos para predecibles escenarios sociales.

Este es un asunto tan importante y urgente que no debe continuar siendo terreno exclusivo de la lectura de cocos y caracoles o de la Letra de los babalaos. El valor que le debemos dar a la historia en una ciudad llena de historia como Santiago de Cuba es tremendo, pues como dijo Confucio Si quieres conocer el futuro estudia la historia. ¡De lo que se trata es de pensar el pasado para conocer el futuro!





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, February 24, 2022

La aventura de la palabra en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


Durante aproximadamente doscientos años reinó casi absolutamente la oralidad en Santiago de Cuba, los mensajes de interés para el vecindario se trasmitían a viva voz por los sacerdotes en las homilías durante la misa de la Catedral o por medio de un pregonero en la Plaza de Armas.

Probablemente el pregón más famoso de aquella época, tuvo lugar en mayo de 1523: llegaron en un barco de España dos funcionarios para informar a todos los habitantes de la villa que el Rey Carlos V había dado por terminado el largo pleito entre Velásquez y Cortés a propósito de la conquista de México y que este último había sido nombrado Gobernador y Capitán General de la Nueva España.

El pregón se hizo en la Plaza de Armas, con todos los vecinos presentes y de forma aparatosa, incluidas trompetas; algunos suponen que Velásquez al escuchar aquello se desmayo… Lo cierto es que el Cronista de Indias Gonzalo Fernández de Oviedo escribió sobre dicho pregón: “Aqueste pregón fue un notorio principio, y aun final conclusión de la perdición total de Diego Velásquez.”

A fines del siglo XVIII tuvo lugar en la ciudad de Santiago de Cuba uno de los acontecimientos más trascendentales en la historia de la cultura santiaguera, el fin del monopolio de la oralidad, como resultado de la llegada de la palabra escrita.

Se supone que en el año de 1792 Matías Alqueza instaló una pequeña imprenta en un local del Colegio Seminario San Basilio Magno y allí publicó novenas y sermones, obviamente para el consumo de la iglesia.

En aquella época la iglesia católica ejercía un control férreo de algunos libros que arribaban en los barcos por el puerto. La Aduana retenía los libros sospechosos por sus títulos o ilustraciones de ser ofensivos para la moral o la religión, y luego los entregaba al alguacil mayor del Santo Oficio que debía revisarlos cuidadosamente y decidir sí se quemaban.

En la tarde del 15 de febrero de 1808 ante sacerdotes y vecinos fueron quemados en la Plaza de Armas una serie de libros y estampas a fuego vivo de “una candela de leña de cuaba”, por orden del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias.

En realidad muy pocos leían en aquella época en Santiago, la mayoría porque no sabían leer y algunos porque eran incultos y no les interesaba hacerlo, como era el caso de hacendados y comerciantes; prácticamente nadie invertía su dinero en comprar libros o revistas que podían entrar discretamente, los que además en la mayoría de los casos estaban en francés o ingles.

A pesar de este sombrío panorama para la lectura, Matías Alqueza se lanzó a la aventura de publicar en mayo de 1811 el primer periódico de Santiago de Cuba, El Eco Cubense y como parece que no le fue del todo mal, al año siguiente publicó El Ramillete de Cuba.

En el año de 1814 el periodista Manuel Maria Pérez, según la historiadora Olga Portuondo estudiosa de la figura de Pérez, probablemente compró la imprenta a Alqueza y publicó La Miscelánea de Cuba y El Canastillo, de relativamente amplia circulación en un vecindario ya más entrenado en la lectura. A lo largo de este siglo se publicaron numerosos periódicos, entre otros, La Bandera Española y El Redactor.

La palabra escrita en Santiago de Cuba tuvo un desarrollo espectacular en la primera mitad del siglo XX, cuando surgieron en la ciudad como hongos pequeñas imprentas, periódicos y revistas.

En los albores del siglo, el director bibliotecario José Bofill publicó en la revista Municipal que en diciembre de 1901 se habían reportado 2 365 lectores, en las cinco bibliotecas de la ciudad, de los cuales 1226 correspondían al Museo Municipal. Asombrosamente existía en Santiago de Cuba un incipiente público de lectores.

Algunas de las principales revistas santiagueras publicadas en la primera mitad de siglo fueron: revista Municipal (1902), La Ilustración Cubana (1904), Cuba Literaria (1904), Revista de Santiago (1907), Oriente Literario (1910), El Agricultor Práctico (1910), Arte y Bohemia (1911), Oriente y Bohemia (1912), Aguilera (1921), Boletín de Acción Ciudadana (1940), Azul (1944).

En 1947 circulaban en la ciudad tres periódicos de mucha popularidad: Libertad, Oriente y Diario de Cuba. Refiriéndose a la influencia del director de este último, Eduardo Abril Amores, afirma el poeta Regino Pedroso:
…su voz es la que alcanza más amplio radio, y la que logra más profunda penetración en las diversas capas. “¿Que dice el Diario? ¿Qué dice Abril?- es la pregunta que se hace el santiaguero cada mañana ante la aparición de su vibrante “Minuto”
En 1922 se fundó la Editorial Oriente y un lustro después la biblioteca Municipal Elvira Cape, los lectores sin dudas aumentaban en la ciudad, al punto de que en 1943 se desarrolló la primera Feria del Libro con la presencia de editoriales locales y de la Habana, experiencia exitosa que se repitió algunos años más tarde.

A partir de los años treinta la llegada de la radio dio un nuevo impulso a la oralidad y en los años cincuenta la televisión amplificó la palabra e incorporó la imagen.

Entre aquel pregón en la Plaza de Armas en mayo de 1523 que defenestró a Diego Velásquez y el programa radial y la revista Acción Ciudadana que en los años cuarenta del siglo pasado, contribuían sistemáticamente a formar ciudadanos en Santiago de Cuba, había transcurrido un largo trecho en el camino de la civilización.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, February 17, 2022

La Chambelona, ridícula banda sonora de un alzamiento (por Rafael Duharte Jiménez)


En el año de 1916 una nueva tormenta política ensombreció el panorama de la República de Generales y Doctores; el General José Miguel Gómez, desconoció el resultado electoral que había dado la victoria en las urnas al General Mario García Menocal y como era su costumbre se alzó en armas; el 11 de febrero de 1917 los liberales o miguelistas se fueron al monte en las provincias de Villa Clara, La Habana, Camagüey y Oriente.

Nuevamente los mambises se enfrentaban en una lucha fratricida sin respetar la constitución, ni tener en cuenta el peligro de anexión que flotaba como una Espada de Damocles sobre la nación.

En Santiago de Cuba los liberales controlaron sin esfuerzo la guarnición del Cuartel Moncada y ocuparon militarmente la ciudad, apresando al Gobernador y otras autoridades locales.

El 8 de marzo ocurrió algo insólito, fuerzas liberales y de la Guardia Rural salieron en operaciones al campo y dejaron abandonado el Cuartel Moncada, el cual fue saqueado por opositores; ese mismo día los buques de guerra norteamericanos que estaban fondeados en la bahía desembarcaron tropas y ocuparon lugares estratégicos, asumiendo el control del orden público en la ciudad.

El 15 de marzo llegaron de la Habana tropas del Ejercito Nacional que pusieron fin al alzamiento liberal en la ciudad y restablecieron el control constitucional, por lo que los marinos yanquis retornaron a sus barcos.

La sociedad santiaguera no parece haber sufrido una gran conmoción a consecuencia de los sucesos de la Chambelona, como se le llamó popularmente al alzamiento liberal. Quizás porque ya para entonces los mambises habían demostrado su incapacidad para gobernar el país y se desmoronaba lentamente su leyenda.

Una mirada a los periódicos santiagueros de los meses que sucedieron a la Chambelona, muestra el rápido retorno a la vida normal.

El carnaval de julio de 1917, parece haber sido esplendido. Una crónica sobre el mismo apunta lo siguiente:
El paseo monopolizó la gran animación. Un gran cordón de coches, autos, carrozas y vehículos de diversas clases y formas, que partieron del parque Céspedes recorrió las calles de Heredia, Lacret, General Portuondo y Estrada Palma. En los edificios, las aceras y boca calles, un numeroso publico presenció el desfile. La mayor concurrencia estuvo en el parque Céspedes, el atrio de la catedral, los hoteles Casa Granda y Venus, el Club San Carlos, el Centro Gallego, el Ayuntamiento y las residencias particulares cercanas. La batalla de serpentinas y confetis fue muy intensa. El pavimento de la calles quedó cubierto totalmente de una capa de múltiples colores.
El jurado para otorgar los premios a las vidrieras y carrozas mejor engalanadas, estuvo integrado por prestigiosas figuras locales como José Joaquín Tejada, José Bofill, Carlos Segrera y el dominicano Luís Desangle.

Seguramente no se escucho más la Chambelona, ahora asociada a la violencia desatada por los liberales.

El enfrentamiento armado entre liberales y conservadores parecía sepultado en el olvido, lo cual era una señal inequívoca de la perdida de prestigio de los políticos y anunciaba la proximidad del fin del monopolio del mambisado.




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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, February 10, 2022

La República se derrumba… (por Rafael Duharte Jiménez)


La República en Armas que se había edificado en la manigua con sangre, sudor y lágrimas, renació casi milagrosamente el 20 de mayo de 1902, a la sombra de la Constitución de 1901 y la Enmienda Plat; pero naufragó apenas cuatro años después, por la absurda intransigencia de palmistas y miguelistas, quienes cegados por los dioses, pelearon entre sí por el poder y terminaron obligando a los norteamericanos a regresar.

¿Fue aquella una prueba de nuestra incapacidad para auto-gobernarnos, de la que hablaban los españoles? ¿La segunda intervención nos puso al borde de la anexión? Ha transcurrido más de un siglo de aquel bochornoso episodio y aún no tenemos una respuesta definitiva a esas dolorosas interrogantes.

La muerte de la república en el verano de 1906 no se reflejó, como era de esperar, de forma sustancial en la prensa santiaguera de la época; por suerte, Carlos Forment, documentó en sus crónicas este ignominioso proceso autodestructivo, protagonizado por los héroes de la lucha contra el colonialismo español.

El 16 de agosto, anota Forment en las referidas crónicas:

“A pesar del mutismo oficial y las precauciones que se adoptan, hace uno cuantos días que hay cierta alarma pública ante los rumores de levantamiento en determinadas zonas de la república”. Y luego añade que Juan Gualberto Gómez se encuentra aquí en Santiago desde hace días celebrando entrevistas con opositores al gobierno.

Unos días después fueron detenidos en una casa de la carretera de El Caney, el General Demetrio Castillo Duany y Juan Gualberto Gómez, los cuales fueron enviados para la Habana conducidos por una pareja de la Guardia Rural.

El senador Emilio Bacardi que había seguido con gran preocupación la crisis política creada por el alzamiento liberal, la renuncia del presidente y la posible intervención norteamericana, le dirigió un dramático mensaje a los orientales que comenzaba así:
Jamás la suerte de la patria corrió más deshecho vendaval. La Rota del zanjon y el desastre de Punta Brava no quebrantaron tanto nuestra fe, no pusieron en tanto peligro la existencia de la nacionalidad cubana, como la actual perturbación…
Bacardí terminaba invitando a los orientales a mantener la paz.

En septiembre, los tabaqueros santiagueros, en un gesto de patriotismo, suspendieron una huelga y regresaron a sus talleres preocupados por la guerra civil que se había desencadenado.

Días después circularon rumores en la ciudad sobre la presencia de alzados en la provincia de Oriente, se informó de algunos detenidos y la muerte del joven Carlos Duboy, secretario del Gobernador, en una finca próxima a La Maya.

En Santiago de Cuba donde el patriotismo era entonces muy fuerte, la guerra civil provocó confusión y sentimientos encontrados.

El primero de octubre circuló la noticia del desembarco de marinos norteamericanos en la Habana y la consumación de lo que se conocerá en la historia de Cuba como La Segunda Intervención ¡la nación se había ido a bolina!

El 10 de octubre Forment escribió en sus Crónicas este amargo comentario que refleja el estado de ánimo de los santiagueros:
La fiesta patriótica de hoy ha pasado inadvertida, rodeada de hondo silencio”. Y añade que en uno de los balcones del Club San Carlos frente al parque Céspedes, se desplegó una gran bandera cubana con este letrero: “Flotaré siempre sobre Cuba libre.
Estrada Palma, quien al ocupar la presidencia, había dicho a algunos allegados que pensaba hacer de Cuba la Suiza de América, descubrió espantado, que Cuba no podía ser Suiza, entre mil razones, porque aquí no había suizos y la isla estaba lejos de Dios y muy cerca de los Estados Unidos…




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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Tuesday, February 8, 2022

Convocatoria de la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, para matricular en el curso 1953-1954.


"El importe de la matrícula es de Sesenta Pesos Anuales, pagaderos en tres plazos bimestrales de Veinte Pesos cada uno." (Bohemia. Agosto 1953)

Thursday, January 20, 2022

El ajiaco santiaguero en el siglo XX (por Rafael Duharte Jiménez)


En la primera mitad del siglo XX el cocinero–historia continuó introduciendo nuevas viandas en la olla santiaguera. Sobre este proceso, aún pendiente de estudio, la prensa de la época ha dejado un leve registro.

El llamado Centro Catalanista al parecer existía ya en 1902. Un lustro después la prensa se refirió a la fundación del Grop Cataluña y al Nuevo Centro Catalán, los cuales tuvieron su origen en escisiones del referido Centro Catalanista; el acto de inauguración del Nuevo Centro Catalán fue presidido por J. Casamitjana; en 1910 los inquietos catalanes cambiaron el nombre de la sociedad por el de Centro Catalán y al año siguiente la disolvieron.

Asombrosamente no contamos con un estudio riguroso de la presencia catalana en la cultura santiaguera, auque se ha avanzado en el conocimiento del tema gracias a las investigaciones de la historiadora Ana Ortega.

El día 9 de mayo de 1909, la revista Rosalía reseñó la fundación del Centro Gallego; cinco años después se inauguró el primer pabellón denominado Concepción Arenal y posteriormente el segundo, con el nombre de Francisco Barrios. Años mas tarde se celebró el acto inaugural de la sociedad artística y de recreo Los Pinos Nuevos integrada por jóvenes descendientes de gallegos y luego se constituyó una nueva sociedad de socorro mutuo, asistencia sanitaria e instrucción llamada Juventud Galaica.

Catalanes y gallegos fueron los principales integrantes de la comunidad hispana de Santiago de Cuba, los más emprendedores, aunque había pequeños grupos de asturianos, baleares y canarios.

Los españoles lograron un alto nivel de integración a la sociedad santiaguera como muestra el siguiente comentario del periódico Diario de Cuba sobre la apertura del Palacio Social del Centro de la Colonia Española, en agosto de 1956: “el acto comenzó con el izamiento de las banderas de Cuba y España, el himno nacional y La Marcha Real Española (…) En el discurso inaugural el Secretario General de la Colonia Española leyó un bosquejo histórico de la institución, resaltó el espíritu de confraternidad hispano-cubano y dijo que el 80% de los asociados eran cubanos.”

Muchos españoles, a pesar de que sus abuelos y padres habían peleado treinta años contra los independentistas cubanos, regresaron como inmigrantes en los primeros lustros del siglo y se integraron de forma dinámica a la sociedad santiaguera, aunque preservando su identidad regional en sociedades culturales separadas.

El domingo 8 de septiembre de 1918 el periódico La Independencia reseñaba lo que llamó “la primera fiesta celebrada por los asturianos entre nosotros, organizada por la laboriosa colonia asturiana”.

La presencia hispana en Santiago de Cuba ha contado con los aportes del valioso trabajo de investigación de dos historiadoras santiagueras, Maritza Pérez Dionisio y Mónica García, ambas profesoras de la Universidad de Oriente.

En 1917 el cronista social del periódico El Cubano Libre comentó que el 15 de julio “La colonia mejicana residente en esta ciudad, que puede decirse que es ya bastante numerosa, celebró dignamente el aniversario 107 de la proclamación de su independencia…”.

En 1911 el periódico La independencia publicó una nota sobre la inauguración del centro social republicano chino llamado Lun Sin Tong al que asitio el alcalde municipal y se izaron las banderas de Cuba y China.

El domingo 23 de octubre de 1921, la prensa local comentó que ese día había sido escogido por “la laboriosa colonia china republicana para la inauguración de la nueva sociedad, Liga Nacional China; dos años más tarde se inauguró el nuevo domicilio social del Club Republicano Chino Chi Kang Tong.

En 1926 la sociedad china Kuo Min Tang celebró el quinto aniversario de su fundación; dos años después se constituyó la sociedad de instrucción y recreo Club Kon Sion; luego se fundaron La Joven China y Colonia China. En agosto de 1940 se conmemoró el primer aniversario de la fundación la Asociación Alianza de Defensa China.

Los orígenes de la comunidad china en Santiago de Cuba se remontan al siglo XIX cuando fueron traídos cientos de chinos a las minas de El Cobre para trabajar allí junto a los negros esclavos; según el historiador Oscar Abdala, principal estudioso del tema, sólo un chino pudo regresar a su tierra natal en los albores del siglo XX.

Los árabes tuvieron una presencia notable en el comercio de la ciudad de Santiago de Cuba donde rivalizaron con gallegos, catalanes y judíos. El 13 de abril de 1908, el periódico La Independencia comentaba a sus lectores que “la colonia siriana maronita celebró en el templo de Dolores, la tradicional fiesta de Ramos”. Al año siguiente el mismo periódico informaba que se había electo un comité presidido por M. Cremati y Calil Babum para organizar una sociedad de educación y socorros mutuos con el nombre de Sociedad Siriana.

El 11 de enero de 1923, se constituyó una sociedad denominada Unión Sirio Libanesa, presidida por Calil Babum. Dos años más tarde el Gobierno Provincial aprobó el reglamento de una sociedad de instrucción y recreo llamada Progreso Sirio Libanés. Por esta época los árabes tenían ya una posición importante en el comercio y obviamente buscaban cierto reconocimiento social; Babum dueño de aserrios y astilleros era ya un personaje en la vida económica de la ciudad. No contamos aún con un estudio sobre la huella de los árabes en la cultura santiaguera.

En 1928 algunos calculan que la presencia hebrea en el país ascendía a unas diez mil personas, provenientes de Rusia, Polonia, Hungría, Alemania, Checoslovaquia, Rumania, Lituania y Turquía. La Unión Israelita de Oriente se constituyó en Santiago de Cuba como una sociedad de instrucción, recreo y ayuda mutua en 1924. También se fundaron otras dos sociedades, La Asociación Israelita de Oriente y el Centro Hebreo de Oriente, ambas integradas por judíos de origen asquenazí.

En algunos barrios de la ciudad a los hebreos les decían polacos, aunque muchos no habían venido de Polonia, según cuenta la historiadora santiaguera Eugenia Farin Levi, principal estudiosa del tema.

La prensa de aquella época abordaba esencialmente el mundo citadino y solía ignorar el quehacer de grupos de emigrantes en las zonas rurales. Así por ejemplo, la única referencia en la prensa a la profusa inmigración de jamaicanos y haitianos que arribo en los primeros lustros del siglo, sólo se consignaba a partir de las referencias a las goletas en que arribaban por el puerto.

No encontramos ni una palabra sobre la pequeña comunidad de jamaicanos que vivió en áreas del barrio del Tivolí, la cual tenía su propia iglesia con ceremonias y sermones en inglés y jugaba criket en la Alameda; menos aún sobre las comunidades haitianas que florecieron en las montañas.

Sobre los jamaicanos todavía se conoce muy poco; en el caso de los haitianos, existe un conocimiento más amplio, sobre todo de las prácticas del Vodú, gracias a los trabajos publicados por Joel James, José Millet y Ricardo Alarcón.

Pudiera pensarse que se trataba de una discriminación de carácter racista, pero es que tampoco los periódicos decían una palabra sobre la laboriosa colonia sueca de Bayate (que conocemos gracias el gran pintor naif Luís el Panadero y al sabio Fernando Boytel) o los norteamericanos que trabajaban en las minas de Daiquirí y Firmeza. Todo un mundo rural que sin dudas debió dejar una huella en el ajiaco regional.

Santiago de Cuba, capital de la provincia de Oriente, fue en la primera mitad del siglo pasado, un centro receptor de inmigrantes, porque la ciudad proyectaba la imagen de “lugar de oportunidades”; unos venían buscando trabajo, otros fortuna y algunos huían de la intolerancia y el racismo que se entronizaba en sus países de origen. Todos tenían la ilusión de lograr un futuro mejor, muchos se frustraron, pero algunos lo lograron y se quedaron aquí para enriquecer el viejo ajiaco santiaguero que se cocinaba desde el siglo XVI, entre las montañas de Cuba y el Mar Caribe.



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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, January 13, 2022

Paralelismos y Nudos inéditos en Whigman Montoya (por María Eugenia Caseiro)


Nudo gordiano (Laponia 2021), de Whigman Montoya Deler, ha llegado a mi escritorio. Poemario poco común si se parte de que a la primera mirada palpé en el libro un horizonte austero; acopio de reversos, abstracciones axiomáticas y realidades intangibles que, situándolo en un plano abstracto, establece piezas cardinales desde un contraste impetuoso para una situación insostenible y real, la de su patria, Cuba. Trabajo cuidadoso, apuntalado con imágenes subjetivas que muestran composiciones orgánicas de la flora común por la que conozco, siente afición, para un efecto equilibrado y si es que el término puede aplicarse y así lo creo, en belleza. La belleza es capaz de aplicarse al dolor, o más bien el dolor puede refugiarse en la belleza como puede encontrar amparo en una nota musical indefinidamente sostenida: Patria: Una hermandad de Ficus Benjamina / en la Ciudad Rebelde / es vista con recelo / pueden mover los cimientos / sacar lo más profundo de sus raíces / romper el cemento y hasta el miedo. / Hay quienes de tanta desconfianza temen / hasta de los árboles / plazas y parques. (Los benjamines de la Patria).

Belleza que en los textos encarna en lo cruel y que de inicio y sin haber penetrado sus páginas, trajo a capítulo el recuerdo de Les Fleurs du mal, de Baudelaire, que enfrentó la censura en más de una edición y quien presentó la dicotomía entre el bien y el mal a manera de señal indispensable para comprender la humanidad. Le traigo a colación por dos motivos: uno; que este libro de Whigman, de haber intentado publicarse en su patria, hubiera sido censurado de inmediato: dos; a partir del mencionado pensamiento de Baudelaire, surge la nueva estética de la poesía moderna conservada hasta nuestros días; estética que tuvo entre sus primeros seguidores a Mallarmé y Rimbaud. Nudo gordiano es a mi juicio una especie de apelación de ese principio estético, por supuesto no trata el vicio y los placeres del cuerpo, pero sí se aventura con acierto, en el uso del ejercicio mimético, de la búsqueda de un paralelismo estructural y cuasi-somático de la moral y de la ética entre el campo de lo humano (enfaticemos aquí: biología animal, género humano) y otra rama de la biología, la botánica y su comportamiento como elemento de la naturaleza —¡qué dos blancos para clavar la flecha de una metáfora¡— La cita inicial, de André Gide, previene al lector: “Latomías, jardín cerrado, cavernas, vegetales de calabozos, delicado murmullo de la fuente de Venus, lianas. (…) Es un lugar de estupros, de asesinatos, de pasiones abominables; uno de esos jardines subterráneos de que nos hablan los cuentos árabes y donde Aladino busca frutas que son piedras preciosas.”

Por qué juzgar, por puro idealismo de lo poético o simplemente como acto de preservación, por ética condicionada, por considerarse contrario a ciertos tratados líricos que exaltan lo hermoso o lo bueno; lo positivo, lo confitado y lo atractivo… o sea el rostro abrillantado de la hoja —juicio, irreflexivo, dogmatizado—, se decline la integración de sus reversos, del envés de la hoja como aglutinante y hasta se presuma desencaje o no logre convivir e integrarse en un plano de “belleza” armónico; la belleza ligada al sufrimiento; esteticismo diferente. Si no se distingue la belleza en otras regiones al dorso de lo convencional y hasta de lo apócrifo, se carece de visión: La misma Alocasia que paraliza la lengua / la llaman oreja de elefante. / La culpa no es de la Casa de las Hojas / sino de los habitantes de la casa-isla /y los desmochadores. / La culpa es del tirano. He aquí el reclamo de una voz que, desde un punto en el mapa de la amargura, se levanta para denunciar, para incriminar al culpable.

En poetas como Whigman, de quien he tenido la oportunidad de leer y comentar su libro El oscuro bosque de mis manos (Laponia 2019) que se considera apela a la sensibilidad, al intimismo, a la reflexión y al homo-erotismo, aquel poemario pareciera distar del que es objeto de mis consideraciones al tiempo de escribir estas notas, pero encuentro que la construcción de una obra parte de todos los caminos que envuelven a su creador en cada momento de la vida. Soy partidaria de creer que en Whigman se da el caso de una producción que ha confluido en lo moral, lo espiritual y lo físico y que ha ido en crescendo de lo íntimo personal, siempre representativo, a otro plano de lo personal aún más representativo, porque ahí está la fragmentación del ser causada por una desgracia que deviene de ordenanzas y regímenes, o sea, de lo antinatural, pero perviviente: De tanto ateísmo / y crucifijo arrancado del cuello / han cortado hasta los árboles. (Ficus Religiosa).

En Nudo gordiano se da ese efecto delicado, ante la instalación de contextos adversos, ríspidos que en ocasiones pueden llegar a parecer desalmados; colocados “subjetivamente” en un cesto áureo de floras, botánica capital que va escurriendo tanto nomenclaturas científicas procedentes del reino vegetal como suntuosidades en que las mimosas embelesadas, la maraña de raíces y la maraña de tallos finos, la leña sagrada… incluso un acabado infausto de mandrágora, legitiman en cada exordio al poema que defiende, intentan evidenciar que la naturaleza se compone de reinos que se mezclan en vanguardia de símbolos terribles cuando en “Confesión” nos dice:

Al pan pan y al vino vino.
La hostia en mi boca
también su dedo
y la mancha de vino
sobre mi bata blanca.
Premonición de la sangre en su pañuelo.
¿Con qué cloro sagrado blanqueará su
podredumbre?

Whigman Montoya se ha provisto de una armadura de tegumentos que componen de inicio, el atractivo visual del libro y logra a su vez armonía y sutileza para infundirlas con estamentos y tejidos levantados a partir de proposiciones desafortunadas y que pueden llegar a ser abominables. Lo hace fundamentalmente con dominio de dos herramientas, la paradoja y la antítesis, pero estos elementos, sistémicos del libro, guardan un entramado serio, digno de una mirada cautelosa ante un escritor que domina los mecanismos para crear un módulo literario. Aquí los textos se subordinan a un sentimiento de amor a la vez que a un estigma, por eso a lo largo del libro, una palabra ineludible, una palabra clave: ISLA; flecha que arrasa con todas las significaciones en su trascendencia palmaria y la tropezamos —¡Oh, Bendita y Maldita palabra!— más de medio centenar de veces. ISLA, su majestad la Isla de las Islas. Acaso esta vez, a diferencia de El oscuro bosque…, ese cuerpo suyo, ese sentimiento suyo, ese dolor, y esa rispidez no sean más que la desembocadura del desterrado y esa palabra no sea otra que la causa del desarraigo, de la expatriación, de la íntima gota de apego a lo que ya es un símbolo además de un doloroso crimen. Columna devastadora, digna de reproducirse íntegramente “La plaga del agua”:

Anastatica hierochuntica

Dime tú que lo sabes. ¿Cuándo
llega la lluvia?

El mar de mi isla no se abre en dos
ella es fósil
momia faraónica
con brazo de agua que se levanta
eterno
y sentimos su peso.
La maldita circunstancia de Virgilio.
Los garrotes que sostienen banderas
como cuchillas sobre nuestras costas
no quieren cortar el mar en dos.
Ese hueso verde
nos quiebra y divide con su golpe.
Culatazo de roca bajó de la montaña.
Mi isla es peñasco fragmentado del éxodo
dos orillas separadas con llanto de madres.
Ellas entierran a sus hijos en barrotes de agua.
Mangle de las siete plagas del brazo infecto.
Eres la misma isla que se seca sobre nuestros
pasos

Nudo gordiano apela al encanto a primera vista, pero no se confíen, porque permitiéndome esta disquisición, tan sólo un ápice (ciencia patológica aplicada) las personas se engañan con resultados falsos debido a efectos subjetivos, así la particularidad de ocultarse las fatigas, los miedos, las laceraciones, las culpas y hasta la violencia, bajo un velo de delicadísimo encaje que ataca por la primera impresión, se torna verdaderamente un nudo; a posteriori, no dejará tregua con entramados que laceran al tiempo en que se sufren. Uno tras otro se van espesando los poemas como un plancton y es sólo a través de las comparaciones, de las analogías y del conocimiento de cierta historia —su historia que es nuestra historia— que el poeta logra transgredir la aparente incorruptibilidad de la “Creación” para denunciar, incluso en aparente gesto de reclamo hasta al mismísimo ente creador, el sufrimiento y el oprobio que halla lo creado en un sistema de órdenes contrarios y que terminan asemejándose al llamado orden natural. Acaso en todo orden haya iniquidad, advierte. Para evidenciarlo va tejiendo un entramado botánico cuyos especimenes avalan la contingencia sugerida por los paradójicos ensambles entre la flora, la circunstancia y la experiencia humana: La salvación vendrá de los caídos / Semyazza / jefe de los doscientos. / Nosotros también fuimos colgados / no en Orión / sino en la isla. / Los que han abierto los ojos / observan.

El poema “Nudo gordiano”, que nombra al libro, es además de la columna vertebral de esta especie de agronomía de los diferentes axiomas poéticos, de la situación desesperada e insoluble que vive la Patria. Lo es porque si vamos a la antigua leyenda griega, el término da lugar a otra expresión: “da lo mismo cortar que desatar” por el desenlace implícito en la solución de aquel problema. La frase nudo gordiano, que refiere una dificultad irresoluble, facilita explicar a través de esa otra ‘da lo mismo cortar que desatar’ y como resultado antitético, ante los elementos presentados, que Whigman Montoya, en circunstancias que sólo admiten soluciones creativas, como lo es la poesía, se valga del pensamiento lateral, de la creatividad y el empleo de la paradoja y la antítesis, de la mimesis y hasta del mismísimo “arte por el arte” para redescubrir la esencia de semejantes inconvenientes y convertir las implicaciones, en una complejidad paradójica en esencia, pero congruente en términos literarios: Justo por tanto peso sobre mis hombros / una maceta y su tierra contra el suelo (Cannabis sativa).

Miami, 3 de enero de 2022



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María Eugenia Caseiro. Poeta, narradora y ensayista. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas del Caribe, Unión Hispanoamericana de Escritores, Asociación Caribeña de Estudios del Caribe, Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba-USA y Miembro Colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Colabora con la Asociación Canadiense de Hispanistas. Integra la Muestra Permanente de Poesía Siglo XXI de la Asociación Prometeo. Es co-editora de la revista y de la editorial ARJÉ; de VITRALES C.E. y otros proyectos editoriales. Ha publicado más de una veintena de libros y ha sido traducida a diversidad de lenguas.

El ajiaco santiaguero (por Rafael Duharte Jiménez)


La maravillosa metáfora sobre “nuestro nacional ajiaco” que Fernando Ortiz utiliza para explicar los complejos procesos de mestizaje biológico y cultural que tuvieron lugar en la olla–isla de Cuba a lo largo de varios siglos, cobra un particular interés cuando la usamos para aproximarnos a nuestro ajiaco regional.

Una mirada al proceso histórico de la región de Cuba, al final de cuya larga bahía de bolsa fundó Diego Velásquez la villa de Santiago en el verano de 1515, puede revelarnos algunas de las especificidades del caldo de civilización que durante quinientos años ha ido cristalizando entre las montañas de la Sierra Maestra y el mar Caribe.

Los arqueólogos han documentado una densidad de población aborigen muy alta en el Oriente cubano a la llegada de los conquistadores, de lo cual puede inferirse que la huella indígena en nuestra cultura local es mucho más relevante que en la región central u occidental de la Isla.

A comienzos del siglo XVII las autoridades coloniales fundaron el poblado indígena de San Luís de los Caneyes, el cual mantuvo un diálogo de varios siglos con la ciudad de Santiago. El mismo fue a lo largo del tiempo, el lugar de refugio de los santiagueros durante los temidos ataques de corsarios y piratas.

La emigración española durante los primeros siglos de la colonización procedió de diversas zonas de la península ibérica y las islas Canarias; sin embargo en la centuria decimonona comenzó a arribar a Santiago un río de catalanes para los cuales “hacer América” terminó siendo no pocas veces poner una bodega en la ciudad; fueron tantos los catalanes en el comercio santiaguero, que catalán llegó a ser sinónimo de comerciante. ¡De manera que cuando en Santiago se habla de raíces hispanas hay que tener en cuenta que estas remiten de manera especial a Cataluña!

Según el historiador caneyense José María Callejas, autor de la primera historia de Santiago de Cuba, en el año de 1522 entró por el puerto de Santiago el primer cargamento de negros africanos. De manera que el “ingrediente africano” ingresó en el ajiaco local apenas siete años después de la fundación de la Villa.

En su novela histórica Doña Guiomar. Tiempos de la Conquista, Emilio Bacardí nos describe con un fantástico derroche de imaginación el momento en que se desencontraron españoles, indígenas y africanos en suelo santiaguero: Desnudos como la naturaleza los creó, lo mismo los unos que las otras, pisaron tierra, y fueron dirigidos hacia la Plaza de Armas. Subieron la cuesta precisa para llegar a ella, y como rebaño inconsciente e insensible, marcharon acompasadamente, reluciéndoles la negra piel, húmeda del abundante sudor que les chorreaba por el cuerpo.

El proceso de intensa africanización de Santiago de Cuba no tuvo lugar sin embargo hasta fines del siglo XVIII, cuando el fomento de cafetales e ingenios en la región por parte de franceses y criollos haitianos provocó la entrada masiva de negros esclavos para trabajar en las plantaciones. Aquel fue el fin del mundo de los hatos y corrales que había durado la friolera de más de doscientos años.

Fue entonces que las fiestas de mamarrachos fueron dominadas por la percusión africana y la ciudad se pobló de tumbas francesas y cabildos de nación; al tiempo que los dioses que viajaron en las cabezas de los africanos en los barcos negreros, se abrieron un espacio a codazos en el santoral católico.

¡Los franceses y los africanos rediseñaron la cultura local, contribuyendo de forma significativa al perfil del santiaguero!

El mulato francés-santiaguero Hipólito Pirón, en su libro La Isla de Cuba ofrece este interesante comentario sobre los habitantes de Santiago a mediados del siglo XIX: Tienen imaginación, el instinto de la poesía y el gusto por la música. Por naturaleza poco trabajadora e industriosa, disfrutan ampliamente, cuando poseen alguna fortuna de la felicidad de no hacer nada.

La Guerra Grande catalizó positivamente el tránsito de lo criollo a lo cubano, luego de 10 años de lucha a lo largo de los cuales la flor y nata de la juventud criolla blanca se enroló en la División Cuba, los negros y mulatos libres se fueron masivamente a la manigua y hasta los chinos de las minas de cobre se convirtieron en mambises; después de una década de lucha por la independencia y la abolición de la esclavitud, allá en lo hondo “del puchero”, como diría Fernando Ortiz, cristalizó una masa nueva.

La identidad santiaguera parece haber cuajado en buena medida en el curso de la centuria decimonona, todo parece indicar que al finalizar esta se habían fraguado los principales elementos que desde entonces identificarían al santiaguero dentro del contexto de la cultura cubana.

A lo largo del siglo XX el ajiaco santiaguero continúo enriqueciéndose al recibir toda una serie de grandes y pequeñas emigraciones de españoles, haitianos, suecos, jamaicanos, dominicanos, puertorriqueños, árabes y judíos. ¿Qué buscaban? ¿El sueño caribeño?

La mayoría perdió aquí sus ilusiones y terminó haciendo sus maletas para continuar su camino; algunos sin embargo se aplatanaron y se integraron al denso caldo de cultura que desde hacía siglos borbollaba en el fogón santiaguero.




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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, January 6, 2022

Lo real maravilloso santiaguero (por Rafael Duharte Jiménez)



Hace casi cinco siglos arribó la modernidad a nuestra región, los españoles sometieron a sangre y fuego a los indígenas que vivían entre el mar y las montañas de Cuba, y sobre las ruinas de sus bohíos fundaron la villa. La historia santiaguera comenzó con la llegada del Adelantado Diego Velásquez y sus huestes; los vencidos, los que quedaron fuera de la historia, o más exactamente en la prehistoria, se vengaron amancebando al Apóstol Santiago con la india Cuba, quizás una de sus deidades principales. De manera que el nombre de la villa sincretizaria simbólicamente civilización y barbarie: Santiago de Cuba.

Hoy, estamos en el umbral de una extraña posmodernidad que también nos llega de fuera, esta vez portada por los parientes de la diáspora y los turistas, a través del cine, la televisión, el video e Internet. La realidad santiaguera contemporánea es una suerte de gran fresco hecho a cuatro manos entre Salvador Dalí y Frank Kafka, en el que el periódico local puede ser leído en un sitio Web de Internet, mientras los santiagueros siguen consultando para conocer su futuro el misterioso lenguaje de cocos y caracoles.

Santiago de Cuba es una ciudad maravillosa, donde usted podría conocer a Amalia, una profesora de Literatura quien le contará que una vez cuando viajaba en un destartalado coche de caballos, vio una negrita “cabeza de clavo” pasar sonriente y satisfecha junto a su “Pepe” en un Toyota. Amalia que ese día debía hablarle a sus alumnos sobre Cien Años de Soledad, cuenta que, irritada, murmuro: ¡Jinetera!, y que al parecer la muchacha la escuchó, pues de pronto el carro retrocedió hasta situarse junto al coche. Entonces esta, al tiempo que hacia un gesto obsceno, le gritó: “Mira mija, Dios me lo puso en el medio, pa mi remedio”, y el carro aceleró espantando los caballos…

Santiago de Cuba es una ciudad fascinante, donde algunas mujeres sienten una necesidad casi patológica de llamar la atención, hasta el punto de vestir escasas y muy ajustadas ropas para provocar el piropo. Pero ¡cuidado! Esas mujeres que mueven acompasadamente sus grandes nalgas y enseñan espaldas y ombligos, no son putas ¡No! no se equivoque, ellas son mujeres decentes, sus lycras y “baja y chupa” no indican que sean mujeres de “mala vida” como las que usted puede observar en ciertos barrios de Santo Domingo, Kingston o Puerto Príncipe. Esas santiagueras lo que quieren es que las miren...

Santiago de Cuba es una ciudad de ciencia, conciencia y magia, llena de doctores, master y licenciados, que ya no hablan ruso, sino inglés; usan el correo electrónico y en ocasiones Internet, y aspiran a viajar no la Unión Soviética o a Checoslovaquia, sino a Haití, Honduras, España o Miami: Gente seria y bien formada para los cuales, ante ciertos altares, se hacen discretamente “trabajos” para garantizar que un tribunal apruebe sus tesis, le otorguen una misión o salgan en el “bombo”…

Esta es la única ciudad de las Antillas donde usted puede encontrar un físico nuclear haciendo de guía de turismo y un ingeniero llenando fosforeras en la “candonga”; donde una mecanógrafa habla esloveno y un sociólogo es “machacante” en una camioneta de transporte publico. Ese es Santiago, no os asombréis de nada, dijo alguna vez un poeta en inspirado verso que todos repiten aquí con orgullo.

Santiago de Cuba es una ciudad mágica donde usted podrá conocer a Maritza, una joven que vive en el barrio de Los Hoyos; ella le contará que hace algún tiempo su hermano, el rastafari, se enamoró perdidamente de una jeba que pasaba todas las mañanas con una carretilla vendiendo boniatos; el la trajo para la casa donde, en dos pequeños cuartos, vivían ella, su marido, sus hijos, su madre y los cerditos Pancho y Azuquin; incomoda con la llegada de esta no deseada cuñada, Maritza le pidió a su “padrino” que le hiciera un “trabajo” para que la intrusa se marchara; este le dijo que le diera cincuenta pesos y puso manos a la obra. Pero resultó que a los tres días la jeba cayó gravemente enferma; entonces la vieja Avelina aconsejó a su hija que tuviera cuidado, pues la mujer se podía morir. Asustada Maritza corrió a ver a su “padrino”y le dijo que ella quería que la mujer se fuera de la casa, no que se muriera; a lo que este contestó lacónicamente que quizás su “muerto” no había entendido bien, y le pidió otros cincuenta pesos para deshacer el “trabajo”; esto último Maritza se los contará con lágrimas en los ojos…

En algunos barrios de Kingston se puede alquilar por una cifra razonable un asesino para desembarazarse de un enemigo. En Santiago de Cuba eso no es posible; aquí se buscan los servicios de un muchacho que le tira una lata de mierda encima a su adversario por el módico precio de 200 pesos. !Así es la cólera del santiaguero¡

¡Ah! y esté atento cuando compre maní tostado en las calles de Santiago de Cuba, pues usted puede descubrir después de comerse el último grano que el cucurucho estaba hecho con hojas del libro: Materialismo y empiriocriticismo o la novela Así se Templó el Acero.

Santiago de Cuba es una suerte de Macondo antillano, la ciudad está anclada dentro del mar de lo real–maravilloso-caribeño. Aquí los extremos se tocan realmente, aquí ni Aristóteles ni Platón tienen mucho que hacer y menos aun Hegel, aquí es imposible escribir La Fenomenológia del Espíritu, ¡porque hace mucho calor y la tierra tiembla!



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Este ensayo le da título al libro: Lo real maravilloso santiaguero. Premio Heredia de Ensayo 2006. Ediciones Caserón, Comité Provincial de la UNEAC, Santiago de Cuba, 2008.






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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, December 30, 2021

El Padre Joan Rovira S. J. en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)




Era martes por la mañana, hacia calor en Santiago, él llegó sin anunciarse a la Casa del Caribe, su rostro recordaba a los filósofos griegos de la Antigüedad, cuando lo vi frente a mi, lo imaginé con un gallo desplumado en la mano diciendo: este es el hombre de Platón; con su estilo directo, me manifestó su interés por conocer la cultura local, así nació nuestra amistad.

Unos meses después, asombrosamente, aquel hombre conocía a los principales intelectuales y artistas de la localidad y tenía una presencia significativa en la vida cultural de la ciudad, la cual en aquella época era relativamente intensa. Recuerdo que algunos años más tarde cuando asistió, junto al Padre Mariano que estaba recién llegado de España, al curso de post-grado que yo impartía sobre temas de la historia de la cultura santiaguera, era ya un conocedor profundo de nuestra cultura.

Rovira incorporó al claustro del Seminario a numerosos profesores laicos, muchos de la universidad, al punto de que no faltó quien comentara entonces que San Basilio tenia ya más nivel académico que el Seminario San Carlos de la Habana; también introdujo en el plan de estudios, cursos de teatro y arte cubano, historia del arte y cultos sincréticos afrocubanos (a cargo de Maruchi una licenciada en historia, practicante de santería). Por aquella época algunos estudiantes y profesores de la ciudad comenzaron a utilizar los servicios de la magnifica biblioteca del Seminario, la cual él reorganizó y enriqueció con la compra sistemáticas de libros, incluso en las Ferias del Libro que cada año se hacían.

En octubre de 1999 el Seminario alcanzó lo que Rovira denominaría “la utopía acariciada a lo largo de toda su historia”, a partir del curso 1999-2000 los seminaristas, al terminar sus estudios de filosofía, recibirían el titulo de licenciados, avalado por la Universidad católica Madre y Maestra de la República Dominicana, un logro que consolidaba académicamente al Seminario.

En algún momento el Padre Rovira comenzó a organizar en el Seminario conferencias para pequeños públicos, a cargo de especialistas como Raúl Díaz del Mazo y Renato Pérez, sobre temas científicos como Internet, Telefonia Digital, Realidad Virtual, etc.; también un pequeño ciclo de cine donde se exhibieron y debatieron películas como Quo Vadis, La Lista de Shilder y la Casa de los Espíritus, entre otras.

¿Ensayaba lo que seria su gran aventura intelectual, a propósito de la celebración del 275 aniversario de la fundación del Seminario?

El 1 de octubre de 1997 en sus palabras de inauguración del Aula San Basilio el Padre Rovira hizo publico su proyecto: “En los últimos años ha aparecido cada vez con mayor claridad entre los responsables del Seminario la idea de un contacto efectivo con el mundo de la cultura universitaria santiaguera y de una cierta modesta recuperación del papel cultural que había desempeñado el Seminario en otras épocas.”

Luego presentó a Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, quien habló sobre los Desafíos del sincretismo al pensamiento católico, ante un público que llenaba los corredores del edificio que fuera la sede del Seminario en 1722.

Las sesiones del Aula tuvieron lugar ininterrumpidamente los primeros miércoles de cada mes a las 4:30 p.m., en la iglesia del Carmen, a lo largo de un lustro, como una suerte de extensión cultural del Seminario San Basilio Magno.

En sus palabras de presentación del segundo Curso, cuando el Aula era ya un éxito rotundo, Rovira insistió en la idea de “colaborar a la puesta en vigor de la vida cultural de Santiago de Cuba, rica en afanes y manifestaciones de este tipo”, y recordó que allí en la iglesia del Carmen, sede del Aula, descansaban los restos de Esteban Salas el padre de la música culta en Cuba y profesor de Canto Llano del Seminario San Basilio Magno.

Llegó el quinto y ultimo curso del Aula (2001-2002), en su tradicional mensaje de apertura el Padre Rovira comentó: “Sin pretenderlo nos hemos constituido en una modestísima “universidad para todos”, si se nos permite la expresión. Y por supuesto no se trata de enorgullecernos por ello, sino de alegrarnos por el servicio que hayamos podido prestar al publico santiaguero, ávido de perspectivas nuevas.” Y luego se refirió a los títulos de algunas de las conferencias impartidas a lo largo de cuatro años para ilustrar la variedad de temas abordados.

En aquel ultimo curso se desarrolló el Ciclo denominado Conozca Santiago, cuya última conferencia, el 5 de junio del año 2002, estuvo a cargo de Bartolomé Vanrell S. J. y versó sobre Ética y Vida.

En total se impartieron en el Aula 43 conferencias y se desarrollaron dos paneles; intervinieron 55 especialistas de Santiago de Cuba, Camaguey, La Habana y uno de la República Dominicana. Se impartió además un cursillo de Introducción a la Antropología a cargo de Jorge Centelles S. J. y un ciclo de Cine Religioso que incluyó películas como El Hombre de Dos Reinos, El Séptimo Sello y El Festín de Babette.

El colofón de aquel esfuerzo intelectual que tuvo como motivación la conmemoración del 275 aniversario de la fundación del Seminario fue la publicación con la autoría de Olga Portuondo, la Historiadora de la Ciudad y el Padre Rovira, del libro titulado El Colegio Seminario San Basilio Magno (Editorial Oriente, año 2000), en cuyo prólogo el legendario profesor Ricardo Repilado asevera que la obra es una relación orgánica y bien documentada de la vida del Seminario que demuestra la importancia de esta institución docente en la historia de la educación en Cuba.

En aquellos tiempos, en los que aun se soñaba, se desarrolló en la iglesia de El Carmen la Escuela de Espiritualidad que atrajo a un público muy diverso, el cual llenaba en cada sesión la nave de la iglesia; se trataba de reflexiones y ejercicios de meditación que encontraron muchas personas interesadas. La Escuela irradiada por el Seminario, estuvo organizada por el padre Bartolomé Vanrell S. J, Doctor en Teología, profesor del Seminario y párroco de la iglesia de San Vicente; un hombre muy creativo, en torno al cual se formó un círculo de discípulos que luego de su muerte mantuvieron funcionando la Escuela por varios años.

¡El Aula San Basilio, el libro: El Colegio Seminario San Basilio Magno y la Escuela de Espiritualidad, constituyen sin lugar a dudas una de las hazañas intelectuales más relevantes de la cultura santiaguera en el pasado fin de siglo y milenio!

Algunos años después el Padre Rovira se marchó de Santiago sin mirar para atrás, como correspondía a un hombre de Dios, pero a su paso había dejado una profunda huella como rector del Seminario, párroco de la iglesia del poblado de El Caney, inspirador de la Escuela de Espiritualidad y forjador de aquel quijotesco proyecto de reconexión del Seminario con la cultura santiaguera.


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Acto celebrado en junio de 1998.
Memorias de los Encuentros Nacionales de Historia
"Iglesia Católica y Nacionalidad Cubana"
Tomo II. Editorial Universal. Miami 2005.




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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, December 16, 2021

José Antonio Saco en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


El joven bayames José Antonio Saco estudió en el Seminario San Basilio El Magno, entre los años de 1814 y 1816; eran los tiempos del Arzobispo Joaquín Osés Alzua y Coparacio, hombre culto e ilustrado, que conciente de la importancia del Seminario, le dedicó una atención especial al mismo, promoviendo los estudios de dibujo, astronomía, geografía, botánica, derecho civil, canónico y hasta física experimental. Oses enfrentó la escolástica y estimuló el estudio por los seminaristas de la Constitución Española de 1812 y algunos temas económicos contemporáneos. ¡José Antonio Saco asistió a un momento de esplendor del Seminario San Basilio El Magno!

¿Cómo era Santiago de Cuba a la llegada de José Antonio Saco? Un emporio cafetalero, literalmente inundado de negros esclavos.

A partir de 1815 los precios del café se quintuplicaron en el mercado mundial y se desencadenó un verdadero boom cafetalero en la región sur-oriental; a partir de ese año los franceses construyeron con las lagrimas el sudor y la sangre de sus esclavos, un universo de piedra en las montañas, conformado por decenas de casas–almacenes con complejos sistemas hidráulicos y secaderos en terrazas.

En la ciudad en aquella época tenían lugar, simultáneamente, procesos de afrancesamiento en las familias de la elite y de africanizacion en los sectores humildes de la sociedad criolla.

El Arzobispo Osés fue un crítico feroz de los franceses a los que consideraba “Deístas, materialistas y ateístas” y culpaba de la perdida de interés de los jóvenes criollos por los estudios eclesiásticos. ¿Habrá sido Saco uno de aquellos jóvenes atraído por las ideas de los franceses? ¿Habrá leído Saco aquellos libros obscenos que condenaba Oses?

¿Cómo juzgaron a Saco sus profesores? El Presbítero José Narciso Bravo, su profesor de Lógica y Metafísica escribió que el mismo era: “De claras luces y fluida locución”; el profesor Luís Maria de Arce, catedrático de Sagrados Cánones e Instituta, se refirió a este como: “Hombre de talento y fácil palabra”.

¿Qué opinaba el alumno Jose Antonio Saco sobre el Seminario? En su autobiografía escribió este al final de una relación de las asignaturas que recibía:

“Limitada enseñanza era esta para llenar los deseos de la juventud estudiosa; pero al fin era más de lo que se aprendía en Bayamo.” El talentoso joven obviamente estaba insatisfecho e incluso se quejaba de que toda la filosofía que había aprendido de memoria, se le había olvidado…

¿Por qué dejó el Seminario y se marchó de Santiago? Saco es rotundo en la respuesta a esta interrogante, cuenta en su referida autobiografía que cuando el abogado español José Villar le dijo: “Esta filosofía que usted estudia, de nada le servirá. Procure usted ir a la Habana, en donde un clérigo muy joven, llamado Varela, enseña verdaderamente filosofía moderna en el Colegio de San Carlos de aquella ciudad”. Confiesa Saco que: “Estas palabras me hicieron la más profunda impresión en mi espíritu y puedo asegurar que a ellas debo el cambio y revolución que experimentaron mis ideas.”


José Antonio Saco, fue un pensador polémico y ese aspecto raigal de su obra ha sido destacado desde el siglo XIX en numerosas biografías y ensayos; el libro de Olga Portuondo titulado “José Antonio Saco. Eternamente Polémico”, ha traído el tema a nuestros días.

Cintio Vitier en su obra titulada Ese Sol del Mundo Moral, ha afirmado que Saco “no se inserto en esa poesía de la conducta que es la eticidad creadora de nuevas imágenes para el pueblo…”; pienso que la confesión de Saco ante una posible anexión de la Isla a los Estados Unidos: “me quedaría en el fondo del corazón un sentimiento secreto por la perdida de la nacionalidad cubana”, seria suficiente para darle ingreso en el árbol genealógico de la patria.

Los invito a recordar a José Antonio Saco, quien fuera quizás el alumno del Seminario San Basilio El Magno, mas célebre en la centuria decimonona, ahora que nos aproximamos a los trescientos años de la fundación de dicha institución en Santiago de Cuba.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.
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