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Thursday, September 16, 2021

La salud en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)



La primera noticia en la prensa sobre la existencia en el siglo pasado de una institución de salud en la ciudad de Santiago de Cuba, remite a la Casa de Salud de la Colonia Española, la cual se inauguró el 25 de julio de 1902, en un edificio que había sido propiedad de la Quinta del Centro de Dependientes en terrenos de Trocha Sur; la misma más tarde se denominaría Sanatorio de la Colonia Española.

En 1917 abrió sus puertas al público la farmacia La Especial, en la calle Heredia esquina a Calvario. Al año siguiente, el incipiente sistema de salud debió verse desbordado por la terrible epidemia de Gripe Española, la cual dejó un saldo de más de 200 fallecidos en la ciudad.

En 1922, los masones orientales entregaron al Ayuntamiento el Hospital de Emergencias como parte de su obra filantrópica. El Diario de Cuba comentó sobre el acontecimiento en los siguientes términos: “El acto fue muy concurrido (…) una verdadera ola humana cubría la calle Trinidad, desde Moncada hasta Calvario y el amplio atrio del templo de la Santísima Trinidad.”

En septiembre de ese mismo año se inauguró oficialmente la Farmacia Municipal cuyo principal objetivo era la elaboración de las recetas médicas de las personas pobres.


El 17 de octubre de 1926 tuvo lugar uno de los acontecimientos más trascendentales en el campo de la salud santiaguera, la inauguración en los terrenos del que fuera el primer cementerio de la ciudad, de la Clínica de Los Ángeles, propiedad del Dr. Jose A. Ortiz. La prensa no escatimo elogios: “…parece imposible que se haya podido erigir en Santiago de Cuba, una institución benéfica de tal importancia con los aparatos y sistemas mas modernos; una institución que probablemente, no abundan en América Latina”.

Otro hito en materia de instituciones de salud fue la apertura en noviembre de 1945 del Sanatorio Anti-tuberculoso Ambrosio Grillo cerca del poblado de Megarejo, en el Cobre. Dora, la hija menor de Grillo, develó el busto de su padre a la entrada del edificio y el Dr. Jose Antonio Grillo Longoria, el nieto, pronunció un discurso ante el numeroso público allí congregado.

En 1954 se inauguró el Dispensario de la Liga Contra el Cáncer, a partir de un donativo de la familia Schueg- Bacardi, en los terrenos aledaños al Hospital Civil Saturnino Lora. Al año siguiente abrió la Clínica de Maternidad Obrera con capacidad para ochenta embarazadas.

En aquella época la prensa destacó importantes noticias del ámbito de la medicina: El Cubano Libre, 8 de agosto de 1912: “ Por primera vez se ha usado, la vacuna antitífica”; Diario de Cuba, 8 de julio de 1944: “ Se ha aplicado una dosis de Penicilina a una paciente recluida en el Sanatorio de la Colonia Española”; Oriente, 23 de marzo de 1955: “En el Hospital Civil Saturnino Lora se realizó la primera operación al corazón a un niño de 6 años de edad”; Diario de Cuba, 16 de abril de 1955:“…dos menores recluidos en el Hospital Saturnino Lora son inmunizados con la vacuna antipoliomielitica”.

En la primera mitad del siglo pasado, los periódicos santiagueros guardaron sin embargo un profundo silencio sobre una especie de zona oscura de la medicina: comadronas, curanderos, yerberos, sobadores, santeros, espiritistas, etc. Un mundo en el que la medicina verde, la sugestión y hasta la magia, desempeñaban un papel muy importante para curar algunas dolencias; un universo ilegal, a ratos satanizado por el Colegio Médico, pero muy estimado, sobre todo por los pobres.

En aquellos años algunos médicos santiagueros alcanzaron fama y prestigio en la ciudad: Hartman, Ambrosio Grillo, Beguez-Cesar, José Antonio Ortiz y Duarte, entre otros, para los cuales la medicina fue un verdadero sacerdocio.

¿Eran insuficientes el sistema de salud público y privado en aquella época? Si, entre otras razones porque la población crecía rápidamente y el dinero delimitaba las posibilidades de acceso a los servicios de mayor calidad; pero todo parece indicar que en la primera mitad del siglo pasado la salud avanzaba en Santiago de Cuba e incluso tuvo logros significativos en comparación con los tiempos coloniales que le precedieron.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, September 9, 2021

El nacimiento del Estado de Derecho (por Rafael Duharte Jiménez)



Durante la época colonial el concepto de justicia se desarrolló muy lentamente en la isla de Cuba, los indios encomendados y los negros esclavos carecieron de derechos, estos últimos recibieron algunos en el siglo XIX, con el Reglamento de Esclavos. Para españoles y criollos no seria hasta 1573, con las Ordenanzas Municipales u Ordenanzas de Cáceres, que llegaría a su fin la ley de la selva.

El primer Juicio de Residencia tuvo lugar en 1531 en la villa de Santiago, el residenciado fue el Gobernador Gonzalo de Guzmán a quien se acusó de: “consentir pecados públicos, blasfemos, jugadores, amancebados, no cumplió providencias ni cedulas, recibía dadivas, fue parcial, echo sisas y repartimientos…”, como puede apreciarse en las acusaciones se mezclan motivos de carácter político, religiosos, éticos y de corrupción.

En los albores del siglo XX, con la constitución del 1901 y el nacimiento de la República, dio su primeros pasos el Estado de Derecho. Dos pequeños episodios en aquellos lejanos tiempos nos permiten asomarnos al incipiente mundo de la ley.


El primero de enero de 1903, en las calles de Santiago de Cuba ocurrió un suceso que conmocionó la ciudad, el mismo fue descrito con lujo de detalles por el periódico "La Independencia en su edición del día siguiente: El señor Mariano Corona, veterano de la guerra de independencia, Representante a la Cámara y Director del periódico El Cubano Libre, iba por la calle de Santo Tomas con varios amigos y al pasar frente a la nevería La Cubana, del interior de esta se escuchó una voz que dijo, ¡Su madre! Y a continuación salieron del local el señor Insua y Ecay, director del diario La República y otras personas, iniciándose un ácido intercambio verbal que derivó en un ataque a bastonazos al señor Corona, el cual se defendió también con su bastón, pero como eran varios los agresores y rápidamente lo superaron, sacó su revolver y disparó dos tiros a Insua y Ecay que cayó muerto en la puerta entreabierta de la platería El Zafiro…"

Mariano Corona fue detenido inmediatamente y permaneció en prisión hasta que cinco días más tarde salio en libertad condicional, previa presentación de una fianza de 1000 pesos. El Juez de Instrucción solicitó a la Cámara de Representantes que retirara la inmunidad parlamentaria a Corona para poder procesarlo.

El día 12 de enero, Mariano Corona compareció en la sesión ordinaria de la Cámara de Representante y pidió de forma enfática a los allí reunidos, que accedieran favorablemente a la solicitud del juez de Instrucción de Santiago de Cuba; en tono firme dijo que de lo contrario se sentaría un precedente funesto y que “ellos estaban allí para dictar leyes sabias y democráticas y dar ejemplos de moralidad y justicia.”

Manuel Corona sufrió prisión durante un año y en febrero de 1905 fue indultado por el presidente de la República, con una recomendación favorable del Fiscal del Tribunal Supremo Dr. Freyre de Andrade, quien calificó la condena como “un error judicial”. Algún tiempo después Corona volvió a ser electo Representante a la Cámara por el partido Conservador y continuó siendo una figura de prestigio en mundo político de la época; luego de su muerte las autoridades santiagueras le pusieron su nombre a la céntrica calle San Juan Nepomuceno.

El dos de mayo de 1904, la prensa santiaguera comentó con titulares y quizás fotos la llegada en el tren de la Habana del verdugo Avelino Cabrera, alias Cara de Papa y su ayudante Manuel Barras, alias Come en Cubo y añadió que con ellos llegó la “maquina patibularia”. Se trataba de la ejecución de cuatro asesinos condenados a muerte que estaban en la cárcel de la ciudad.

Dos días más tarde, a la siete de la mañana, llegaron a la cárcel los magistrados de la Sala sentenciadora y el fiscal, iniciándose la ceremonia para el agarrotamiento de los cuatro reos. Según la prensa al terminar la última ejecución, que fue la de Alejo Jay, los ejecutores recibieron, junto al patíbulo, su paga: 68 pesos oro español el verdugo y 10.70 pesos su auxiliar; a las dos de la tarde los ataúdes fueron llevados al cementerio de Santa Ifigenia para ser enterrados.

Algunos periódicos comentaron que el presidente de la Republica Don Tomas Estrada Palma había sido asediado por numerosas instituciones y personalidades de la sociedad civil que le telegrafiaron solicitándole el perdón de los reos. El presidente negó el perdón, convencido de que la joven república debía apegarse a la ley.

Entre luces y sombras nacía el Estado de derecho en una isla en la cual durante siglos habían florecido, los Juicios de Residencia y las Facultades Omnímodas; la ley por primera vez tenía un papel protagónico en la vida pública. El largo y enmarañado camino de la civilización moderna había comenzado en Cuba.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, September 2, 2021

¿Cámbios de mentalidad en Santiago de Cuba? (por Rafael Duharte Jiménez)



Una revisión de las primeras medidas tomadas por el alcalde Emilio Bacardi, ofrece una perspectiva interesante sobre el concepto de civilización que se abría paso en Santiago de Cuba en los umbrales del nuevo siglo.

El 15 de enero de 1902, un bando de la alcaldía dio un plazo de 15 días a las mujeres de mal vivir para desalojar el callejón de Escudero. En la prensa local se afirmaba que “la opinión publica aplaudía esta medida moralizadora”.

Un decreto del 22 de marzo puso fin a la antigua costumbre de los barrios populares de situar mesitas para vender dulces, cenas y refrescos en las puertas de las casas; la prohibición se basaba en que dicha practica “pugnaba con la cultura y las buenas costumbres de toda sociedad civilizada”.

El carnaval sufrió recortes que se anunciaron de la siguiente manera: “Se ha limitado el periodo carnavalesco, despojándolo del exceso de ridiculez”. ¿Cual seria la ridiculez? Quizás se refería a los bailes de los cabildos de nación o incluso a las congas. Lo real es que en febrero del año siguiente apareció un nuevo carnaval que se caracterizaba por las batallas de serpentinas y confetis, desde los coches y balcones y tenia sus principales escenarios en el Parque Céspedes y la Calle San Tadeo alta (Aguilera).

¡Este fue sin lugar a dudas un episodio de la antigua disputa entre África y España por dominar esta fiesta popular¡

Para algunos las regulaciones del carnaval e incluso la alternativa invernal del mismo ocultaba prejuicios raciales, lo cual no hubiera tenido nada de extraño, estando la abolición de la esclavitud a menos de dos décadas de haberse producido. Pero cuando Bacardi prohibió también las tradicionales procesiones católicas, no pocos comprendieron que la Alcaldía desarrollaba una cruzada contra una serie de prácticas tradicionales que a la luz de la nueva mentalidad resultaban incivilizadas.

En 1908 el alcalde Ambrosio Grillo, probablemente bajo presión de la iglesia católica, autorizó una procesión, provocando una airada protesta de la cual se hizo eco el periódico El Cubano Libre, este en una nota editorial titulada ¿Hacia Atrás? se preguntaba “¿A que volver ahora con procesiones que el buen gusto y la civilización desterraron y con lo que todo el mundo estaba ya conforme.”

Una ojeada a las Ordenanzas Municipales vigentes en aquel año nos permite aproximarnos al concepto de decencia que se imponía en el Santiago de la época:

-Se prohíben las conversaciones deshonestas en voz alta, los cantos, gritos y excitaciones obscenas por las calles, plazas y paseos.

-No se podrá salir a la calle en desnudez ni en traje poco decoroso, ni ejecutar en público actos inmorales o movimientos indecorosos e indecentes.

-Los dependientes no podrán estar en camisetas

-Las meretrices no pueden ocupar coches llevando el fuelle bajo.

En los primeros lustros del siglo, los mambises en el poder, sometieron a crítica la moral de la época colonial, prohibieron antiguas costumbres como las mesitas en las puertas de las casas, las procesiones católicas, las peleas de gallos y las corridas de toros; se revisó crítícamente el carnaval que en esa época tenía todavía un fuerte aliento africano y se reguló la prostitución creándose una Zona de Tolerancia aledaña al puerto.


Desde la Alcaldía y con el respaldo de la Revista Municipal, los periódicos locales y una activa sociedad civil, en cuya vanguardia se encontraban El Museo Municipal, las bibliotecas publicas y Bellas Artes, se impusieron nuevos gustos que permitieron florecer el estilo ecléctico en la arquitectura; el maquinismo que echaba a un lado los coches de caballos, dando paso al automóvil, el tren y el tranvía; así como nuevos deportes que creaba públicos en torno a la pelota y el boxeo, menoscabando la antigua popularidad de las vallas de gallos y las corridas de toros.

Simbólicamente el Teatro de La Reina cambió su nombre por el de Teatro Oriente y allí se vieron las primeras películas en cuya imágenes los santiagueros apreciaron que el mundo entero no era su aldea.


La sociedad santiaguera debió sentir la ilusoria sensación de que salía de la oscura barbarie de los tiempos de España y entraba en la modernidad. ¿Qué era la modernidad en aquel instante? La respuesta era muy simple, bastaba ver la iluminación con electricidad en La Alameda o Enramadas; los automóviles y el tranvía subiendo y bajando lomas; solo había que mirar los bellos edificios eclécticos que como el Hotel Imperial en la calle de Enramadas construyera Carlos Segrera o simplemente ir a ver una película, donde se podía “por una peseta sin moverse del Teatro Oriente, recorrer el mundo entero, con la vista y la imaginación…”

La modernidad, en la nueva mentalidad de los santiagueros, era el maravilloso mundo que emergía lleno de luces y colores de las ruinas de la sórdida ciudad colonial fundada por los españoles en el verano de 1515.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, August 26, 2021

El legado de Juan Bautista Sagarra (por Rafael Duharte Jiménez)


En el siglo XIX la ciudad de Santiago de Cuba, a contrapelo del colonialismo y la esclavitud, experimentó avances considerables en materia de educación, bastaría recordar la formidable obra pedagógica de Juan Bautista Sagarra en El Colegio Santiago y la Escuela General Preparatoria, para comprender, porque tenían un nivel significativo de instrucción la mayoría de los jóvenes de la División Cuba y en general toda aquella oficialidad mambisa nacida en Santiago de Cuba.

Pudiera pensarse que aquella flama se apagó luego de tres guerras y la asfixia a que fuera sometida la ciudad, al rodearla los españoles de fuertes militares y finalmente de alambradas. Sin embargo cuando nos asomamos al Santiago de los primeros años del nuevo siglo, encontramos increíblemente vivo el legado de Juan Bautista Sagarra.

En el año de 1903, funcionaba en la calle San Félix esquina a Maceo una pequeña escuela con un claustro de cinco profesores que en la sesión matutina tenia una matricula de 170 alumnos; por la tarde allí se impartía un curso para maestras de primaria y en la noche abría La Academia Nocturna para Adultos Jose de la Luz y Caballero, a la cual el Ayuntamiento el año anterior le anexó la Biblioteca Popular no. 5, con un salón independiente.

En el curso 1900-1901 comenzó a funcionar el Instituto Marti, obra educacional de la Primera Iglesia Bautista. Inicialmente el instituto fue solo para niñas y señoritas, pero posteriormente recibió alumnos de ambos sexos y añadió la primaria superior.

En el año de 1903 se abrieron dos escuelas del modelo Raja Yoga en las que recibieron clases mas de 200 niños, el claustro lo integraban profesores norteamericanos de la Fraternidad Universal y Sociedad Teosófica con sede en California; en septiembre de ese año se inauguró también la Academia Raja Yoga en una casa de la calle Heredia.

En un informe de la Superintendencia de Instrucción Pública del año de 1903 se informaba que estaban funcionando 22 escuelas públicas en los distintos barrios de la ciudad.

En una urbe donde el colonialismo español había dejado una pesada herencia de analfabetismo, afloraba un creciente interés por la instrucción el cual encontraba los más diversos caminos para canalizarse.

En 1902 fue fundado el colegio privado de primera y segunda enseñaza Las Dos Américas, en la finca Ducoreaux, la cual sólo funciono un curso. Ernesto Buch, quien luego seria uno de los historiadores mas brillantes de Santiago de Cuba, evocaría aquel curso muchos años mas tarde: “Fue nuestro primer instituto con disciplina militar y un llamativo uniforme. De mañana, a las siete, salíamos de nuestra ciudad en dos guaguas de tracción animal. Desayunábamos y almorzábamos en el Colegio y regresábamos en los mismos vehículos por la tarde.”

El 24 de agosto de 1903, el maestro Luís Maria Buch fundó el colegio de enseñanza primaria elemental y superior Juan Bautista Sagarra, situado en la calle San Tadeo (Aguilera no. 38). El primer curso fue muy modesto según recordaba el alumno Ernesto Buch: “El Colegio ocupaba la sala y principales habitaciones; las que quedaban, muy reducidas por cierto, servían de vivienda particular a la familia. El mobiliario escolar no podía ser más humilde. Nos sentábamos en unos pequeños bancos de madera construidos personalmente por el dinámico director…”

Así nació uno de los Colegios mas famosos de Santiago de Cuba, cuyo prestigio con los años le permitió multiplicarse en los Colegios Herbart y Cubano donde se formaron varias generaciones de jóvenes santiagueros.

El Colegio “Juan Bautista Sagarra” fue un símbolo de lo mejor de la pedagogía santiaguera de la época. Indiscutiblemente Luís Maria Buch puso el nombre del gran pedagogo criollo a su Colegio, para que simbólicamente Sagarra estuviera presente en la construcción del Santiago moderno.

¿Quiénes fueron lo héroes y heroínas que echaron los cimientos de la instrucción en aquellos años en que la ciudad junto al país comenzaba a alejarse de la colonia? ¿Quiénes fueron aquellos maestros cuyas hazañas no merecieron estatuas en los parques y avenidas de la ciudad?

¡Rindámosles un pequeño homenaje! Ellos fueron: Juan Martínez Godoy director de la Academia nocturna Jose de la Luz y Caballero, Miss Elma Gowen directora y fundadora del Instituto Marti, la señora Katherin Tingley fundadora de las escuelas y la academia Raja Yoga, Tomas Oñate y Santiago Somodevilla mentores del colegio Las Dos Americas, la señora Ana Abril Amores fundadora del colegio Herbart, Enrique Juárez fundador del Colegio Cubano; Luís Maria Buch fundador y director del Colegio Juan Bautista Sagarra y Juan Francisco Ibarra Martínez continuador de la obra pedagógica de Buch.

Nuestra tendencia, quizás heredada de la cultura española, de reservar la gloria para los héroes de caballo y machete al cinto, dejo en la sombra la formidable labor de éstos maestros que empujaron a Santiago de Cuba por el camino de la civilización en los albores del siglo XX.







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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, August 19, 2021

El último adiós… (por Rafael Duharte Jiménez)

Oración Fúnebre en honor de 
Mons. Manuel Ma. de Negueruela y Mendi, arzobispo.
Catedral de Santiago de Cuba, 1861
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El primer gran funeral de la historia de Santiago de Cuba tuvo lugar en el año de 1524, en ocasión de la muerte del Diego Velázquez de Cuellar, dicen algunos que de rabia por la traición de su compadre Hernán Cortes, quien le robó la gloria de la conquista de México. El fundador de la villa fue enterrado junto al Altar Mayor de la catedral y de su sepulcro sólo se ha encontrado un fragmento de la lápida que se conserva en el Museo “Emilio Bacardí”.


En la primera mitad del siglo XX, la prensa de Santiago de Cuba reflejo ampliamente los funerales de las principales personalidades de la ciudad. Al expresidente Tomas Estrada Palma, quien falleció en la noche del 4 de noviembre de 1908, se le rindieron honores de presidente de la república. Los periódicos hicieron amplios reportajes sobre el funeral: “El desfile de la multitud era compacto e interminable. Flores naturales y coronas de flores se amontonaron por todos los lados de la capilla ardiente (…) Después de tres descargas de fusiles, el cadáver de Don Tomas fue sepultado en una fosa del primer patio del cementerio, frente a la tumba de Marti.”

A las 6:00 a.m., del domingo 8 de junio de 1913 la campana mayor de la catedral anunció la muerte de Monseñor Francisco de Paula Barnada. En una ceremonia en la catedral se le rindieron los últimos honores, el ataúd fue sacado en hombros por los sacerdotes, quienes lo condujeron a la carroza fúnebre, tirada por dos parejas de caballos empenachados. El desfile mortuorio estuvo integrado por más de cuarenta coches y automóviles que fueron hasta el cementerio.

El sábado 15 de abril de 1917 feneció el maestro y compositor Rafael Salcedo fundador y director de la Sociedad Beethoven, en el templo de Santo Tomás se cantó un Responso con una orquesta. Su cadáver fue acompañado al cementerio por numeroso público.

El 12 de agosto de 1922 expiró el arquitecto Carlos Segrera que había desarrollado una obra extraordinaria en la modernización de la ciudad con proyectos de edificios emblemáticos como: El Hotel Imperial, El Gobierno Provincial y el Museo Bacardí, entre otros. Su féretro estuvo acompañado según la prensa local de un contingente de amigos, así como de la banda Municipal y un piquete de la Policía Montada. El alcalde municipal presidio el duelo.


En la noche del 28 de agosto de 1922 falleció en su residencia de Villa Elvira, Don Emilio Bacardi. Este fue posiblemente el funeral más importante de la ciudad desde el de Diego Velásquez en 1524, pues Bacardi era sin lugar a dudas el fundador del Santiago moderno. La prensa dedicó muchas páginas al funeral:
Delante de la carroza fúnebre avanzaba un piquete de la Policía Montada municipal. Detrás dos carros del cuerpo de Bomberos con las coronas de flores y muchos automóviles con las autoridades y los amigos (...) En distintos puntos se incorporaron, la Banda Municipal que tocaba la macha fúnebre de Boza y la Banda Militar que tocaba la marcha fúnebre de Chopin (…) El féretro entró al cementerio, que también estaba lleno de personas, en los hombros de familiares y amigos, hasta el panteón familiar. Despidieron el duelo el Lic. Antonio Bravo Correoso y el Dr. Federico Henríquez Carvajal. Después, un clarín de orden y tres descargas de fusileria”.
En la noche del martes 15 de julio de 1924 falleció el coronel del Ejército Libertador y Gobernador de la Provincia de Oriente Rafael Manduley. El cortejo fúnebre salio de su casa en el reparo Vista Alegre, al frente del mismo marchó un piquete de la Policía Montada, seguido de la Banda Militar de Música y del Tercio Táctico, el sarcófago sobre un armon de artillería arrastrado por tres parejas de caballos con sus palafreneros. Después el carro-automóvil del Cuerpo de Bomberos lleno de coronas, cruces y ramos de flores, y el automóvil de los familiares, Al darle sepultura en el cementerio un piquete del ejército hizo tres descargas. La oración fúnebre fue pronunciada por Max Henríquez Ureña.

En la noche del lunes 22 de marzo de 1926 pereció el maestro Luís Maria Buch fundador y director del colegio Juan Bautista Sagarra y concejal del Ayuntamiento. El cortejo fúnebre se detuvo frente al Ayuntamiento donde se cubrió el sarcófago con la bandera nacional; luego frente a la Logia Fraternidad No 1, se le rindieron los honores correspondientes a su alta jerarquía masónica. En el cementerio recibió cristiana sepultura el hombre bueno, el buen patriota y el ejemplar ciudadano.

El sábado 8 de diciembre de 1928 expiró German Michaelsen, Hijo Ilustre de la ciudad. El carro fúnebre estaba tirado por cuatro parejas de caballos, la Banda de música de la policía y un piquete de caballería de la misma; los alumnos del Instituto y de la Normal. En el cementerio despidió el duelo Antonio Bravo Correoso.

El 30 de octubre de 1939 falleció el Reverendo Francisco País. El periódico Las Noticias destacaba en su primera plana: “Esta tarde tendrá efecto el sepelio del Reverendo Francisco País hasta su ultima morada”. El velorio se efectuó en la Primera Iglesia Bautista y por allí desfilaron desde el gobernador hasta las personas mas humildes, evangélicos y no evangélicos.

El domingo 26 de enero de 1944 falleció Antonio Bravo Correoso quien fuera constituyentista en 1901 y 1940 y tuviera una intensa vida política en Santiago y la nación. Una reseña periodística consigan que el féretro fue acompañado de una numerosa manifestación de duelo que se detuvo frente al Ayuntamiento, donde se puso la Medalla de la Orden de Mérito Carlos Manuel de Céspedes, en la bandera cubana que cubría el ataúd. En el cementerio una compañía del ejército le rindió honores de General de Brigada muerto en campaña, por sus altos servicios a la patria.

En los funerales del siglo XX desaparecieron dos costumbres de la centuria anterior, las plañideras y los negros mudos contratados para la ocasión; sin embargo aparecieron nuevas modas como el uso de caballos empenachados con sus palafreneros, el piquete de policía a caballo, el carro de bomberos con las coronas y las flores, las bandas de música y en algunos casos las descargas de fusileria en el cementerio.

Algunos de estos entierros fueron verdaderas manifestaciones populares de duelo que serian recordados por varias generaciones. Los santiagueros de aquella época despedían con gran dignidad y solemnidad a los ciudadanos que habían contribuido a hacer de Santiago de Cuba una gran ciudad.



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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, August 12, 2021

La Revolución del 30 en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


La Revolución del 30 tuvo en Santiago de Cuba un escenario interesante; el primer episodio estuvo vinculado a la prohibición de las autoridades locales de celebrar un acto en el Teatro Marti en memoria del Rafael Trejo, muerto en la Habana en una protesta estudiantil contra el Gobierno del General Machado.

El 10 de noviembre de 1930, una manifestación de estudiantes, indignados por la prohibición bajó la calle de Enramadas y en la esquina de esta con la calle Reloj se enfrentó con un piquete de policías a caballo y de infantería que los embistió a planazos sin mucho miramientos.

El Diario de Cuba también informa ese día de otra manifestación estudiantil que avanzó hasta el parque Aguilera; así como de actos de protesta frente al hospital de Emergencias y el edificio del Gobierno Provincial. Los estudiantes normalistas por su parte protestaron frente a los edificios de los periódicos Diario de Cuba y La Independencia.

Otra manifestación gritó consignas contra el gobierno ante el Juzgado de Instrucción y pidió la libertad de los estudiantes detenidos, luego avanzaron hacia el VIVAC siendo interceptados por policías a caballo que cargaron a planazos contra ellos.

En La Alameda un grupo de estudiantes furiosos rompieron farolas, derribaron el busto del gobernador Barceló y le cayeron a cabillazos al del presidente Machado, finalmente fueron dispersados a tiros por la policía.

El 11 de noviembre la ciudad fue tomada militarmente y nombrado como Supervisor Militar el siniestro comandante Arsénio Ortiz.

Aquel estallido de ira de los estudiantes santiagueros no ha sido estudiado en profundidad. En realidad no existía en la ciudad una tradición de rebeldía estudiantil, ni una universidad que se hubiera hecho eco de la lucha de los universitarios de la Habana. Aquella quizás fue inicialmente una especie de explosión de rebeldía juvenil que los planazos de la policía politizaron.

En agosto de 1931 se produjeron numerosos alzamientos contra el gobierno en diferentes provincias del país, los cuales fueron reprimidos por el ejército. En la noche del 12 de agosto en la finca La Gallinita, cerca de la ciudad de Santiago de Cuba tuvo lugar un alzamiento contra el gobierno, el cual fue enfrentado por fuerzas del Distrito Militar.

El 12 de agosto de 1933, el periódico matutino El Diario de Cuba publicó en su primera plana con letras rojas: "Cayó el régimen de Machado". El diario vespertino Las Noticias informó que el comandante Ramón Cabrales había asumido el mando de la ciudad de Santiago de Cuba, eliminando la censura de la prensa y pidiendo al pueblo que se comportara con cordura y patriotismo.

Al conocerse la caída del gobierno de Machado se organizó una manifestación que recorrió las calles con gritos de alegría y vivas a Cuba libre; el comercio no abrió sus puertas; también recorrió la ciudad una enorme conga.

La policía se esfumó de las calles y se produjeron saqueos no sólo en casas de miembros del ejército la policía y políticos machadistas, sino también en panaderías, carnicerías, cafeterías, bodegas y otros establecimientos comerciales. ¡De pronto había aparecido el espectro del santiaguero feo, poniendo una nota de vandalismo!

El domingo 13 de agosto hubo una gran manifestación, calculada en 3 mil personas, organizada por el ABC que marchó hasta el cementerio para “rendir homenaje a los caídos en la lucha fraticida”.

El 5 de septiembre un grupo de revolucionarios santiagueros fueron al cuartel Moncada e informaron a los militares de las acciones de Batista el día anterior en Columbia, entonces los sargentos tomaron el mando del Moncada y crearon una comisión de depuración que analizaría la conducta de oficiales y soldados durante el gobierno de Machado.

A partir de las diez de la mañana de ese día, comenzaron a recorrer las calles de la ciudad camiones con grupos de civiles que disparaban al aire; estudiantes y soldados se movían por las calles en automóviles cubiertos por banderas cubanas; también salieron sargentos con grupos de soldados a caballo y en camiones que portaba banderas cubanas y daban gritos por el triunfo de la revolución.

En el parque Céspedes se concentró un numeroso público y se hicieron disparos al aire; una turba encolerizada rompió las puertas del VIVAC y linchó a cuatro esbirros y confidentes de la policía.

Algún tiempo después la ciudad de Santiago Cuba regresaba a la normalidad y la revolución se iba a bolina...

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Carteles. Agosto 27, 1933
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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, August 5, 2021

El dios de la lluvia llora sobre Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


Las sequías han sido un problema crónico en la historia de la ciudad de Santiago de Cuba. En la época colonial los santiagueros pedían ayuda a los santos católicos para que lloviera. Según Emilio Bacardi en el año de 1673 se hicieron “rogativas y procesiones por la gran seca. Se saco en procesión la “reliquia” del Santo Ecce Homo, la Virgen del Carmen y el Santísimo Sacramento”.

En julio de 1840 comenzó a funcionar el acueducto construido por Dionisio Carreño el cual represo las aguas del río Paso de la Virgen y los santiagueros dejaron de mirar al cielo durante las sequías.

A inicios del siglo XX el acueducto Carreño era entonces el viejo acueducto y no tenia ya capacidad para abastecer suficientemente la ciudad cuya población había crecido. La idea de construir un nuevo acueducto floreció en al ambiente de progreso de aquellos tiempos.

El jueves 15 de enero de 1905 se inauguraron los trabajos de un nuevo acueducto que represaría las aguas del río Purgatorio. El proyecto estaba a cargo del ingeniero Joaquín Chalons, en septiembre de 1907 el nuevo acueducto comenzó a suministrar agua a la ciudad. Un año después se descubrió el Pozo de San Juan, parecía que al fin había terminado la vieja pesadilla del agua.

No tardaron sin embargo en aparecer las insuficiencias del acueducto de Chalons, las cuales han quedado reflejadas en las quejas de los vecinos publicadas por los periódicos a lo largo de varias décadas. El periódico El Cubano Libre publicaba lo siguiente en 1907: “No hay día en que no visiten esta Redacción, amigos y vecinos para quejarse de la falta de agua. Algunos no reciben el precioso liquido desde hace mas de un mes”.

El 13 de agosto de 1908, el mismo periódico decía: “hoy hemos sentido mas fétido que nunca el liquido del Acueducto Nuevo ofreciendo ¡trágala!, al paciente vecindario de Santiago”. Al año siguiente el Departamento de obras Públicas clausuró temporalmente el acueducto calificado por la prensa como “charco indecente”.


Las críticas al acueducto de Chalons se mantuvieron a lo largo de los años e incluso fueron subiendo de tono. En 1912 los periódicos La IndependenciaEl Cubano Libre en sus diatribas contra el acueducto señalaban que: “… el incalificable liquido del llamado Acueducto Nuevo, enorme charco que ha costado al país mas de un millón de pesos y que no sirve ni para abrevadero de marranos”.

El jueves 15 de septiembre de 1925 El Cubano Libre decía que cuando los vecinos abrieron las plumas en sus casas el día anterior “recibieron verdaderos chorros de fango”. ¿Cuál era el oscuro secreto del acueducto nuevo? El ingeniero Chalons había concebido en el proyecto que el embalse tuviera en el fondo una gruesa capa de cemento, la cual no se ejecuto y el fondo estaba cubierto de una tierra vegetal putrefacta que era la que daba el tufo al agua y en ocasiones enviaba chorros de fango a la ciudad.

La escasez de agua en ocasiones paralizó la urbe. Así por ejemplo, el domingo 16 de enero de 1921 no se encendió el alumbrado eléctrico, los tranvías dejaron de circular y no hubo espectáculos públicos porque no había agua para las maquinas de la Compañía Eléctrica.

Resulta particularmente interesante que al menos en dos ocasiones la cólera de los santiagueros se desbordó, produciéndose manifestaciones para reclamar al gobierno solución al problema del agua. El periódico El Cubano Libre y Oriente Literario reseñaron como sigue una de estas manifestaciones: “A las 4 p.m. del 19 de enero de 1911 partió de la Alameda Michaelson una importante manifestación de protesta organizada por la Cámara de Comercio y el Centro de la Propiedad Urbana. Se estima que participaron mas de 6 mil personas, conscientes todos de los males que se avecinaban, si Dios y la naturaleza, o el gobierno, no resolvían pronto el apreciable problema del agua.”

En el verano de 1923 la sequía provoco una escasez de agua espantosa. El lunes 6 de agosto a las 4 p.m. salio del Parque de la Libertad una manifestación cívica organizada por la Gran Logia Oriental de Cuba; se calculó en 25 mil personas las que recorrieron las calles de la ciudad hasta el gobierno provincial, al grito unánime de ¡agua! ¡agua!.

¡Ahora los santiagueros no miraban al cielo, ni pedían la ayuda de los santos, le reclamaban al Gobernador para que buscara solución al problema del agua!

En la tarde del 15 de febrero de 1938 en el lugar llamado Charco Mono concluyó una nueva represa que estuvo cargo del ingeniero contratista Octavio Navarrete; Casero Guillen presidente del Comité de Fuerzas Vivas de Santiago de Cuba, empujo simbólicamente la ultima volqueta de concreto.

La inauguración de la represa unos días mas tarde fue reseñada por el periódico Diario de Cuba:
A mediodía del viernes 25 de febrero de 1938, el Coronel Fulgencio Batista Zaldivar bautizó la represa, lanzando desde la altura de esta una botella de Carta Blanca Bacardi. El Arzobispo Valentín Zubizarreta procedió a la bendición con el rociamiento de agua bendita. Luego hubo discursos y banquete.
A principios de noviembre del año siguiente la represa de Charco Mono comenzó a desbordarse por primera vez.

En el verano del año 1950 la seca fue terrible y llego a pronosticarse que sólo quedaba agua para diez días en los embalses, lo cual provoco una movilización sin precedentes, desencadenando una serie de obras emergentes que permitieron sobrevivir a la ciudad. El 1 de agosto se recibieron por primera vez las aguas del río Cauto gracias a unas turbinas que bombeaban desde el Tempú; se hicieron instalaciones hidráulicas en la finca Caimanes; la Compañía Ron Bacardi perforó nuevos pozos en la finca Santa María; en San Juan se abrieron nuevos pozos y se añadieron bombas y se perforaron tres pozos en la finca Santa Rosa. En septiembre un informe de la Compañía General de Construcciones Públicas dijo que se trabajaba en la represa del río Cauto en el sitio denominado Gilbert; así mismo se informaba que se laboraba para que el caudal del río Guaninicum, represado en El Cristo, vertiera en los depósitos de la ciudad.

A mediados de siglo los problemas del agua retornaban cada año con la sequía. El periódico Prensa Universal denunciaba:
Anoche, martes 4 de mayo de 1953, captamos la escena en una de las calles del reparto Mariana de la Torre, cuando personas mayores y menores, de los dos sexos corrían a ponerse junto al carro de reparto de agua, formando “colas”, para alcanzar por lo menos, algún que otro cubito de agua (…) Escenas como esas son frecuentes en los distintos barrios extremos de la ciudad, provocadas por la escasez de agua y la fuerza de las tuberías.
En 1957 el Diario de Cuba publicaba esta dramática pregunta ¿Por cuál o cuantas razones no se le sirve agua al pueblo? La respuesta a esta interrogante pasaba por medio siglo de reiteradas sequías y esfuerzos hidráulicos vinculados a la represa de Chalons, los Pozos de San Juan, la represa de Charco Mono, la represa Balvina o Bacardí y la Gilbert.

La ciudad crecía y la población se multiplicaba, las sequías no cesaban y el problema del agua parecía no tener fin, ¡el dios de la lluvia lloraba sobre Santiago de Cuba!






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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, July 29, 2021

El santiaguero ilustrado (por Rafael Duharte Jiménez)


Cuando pensamos en los aires de modernidad que batieron sobre Santiago de Cuba en las primeras décadas del siglo XX, generalmente discurrimos sobre la avalancha de ciencia y tecnología que arribó del Norte; imaginamos los impactos de la electricidad, el automóvil, el tranvía, el cine, la radio y todas aquellas maravillas que elevaron la calidad de vida de la mayoría de los santiagueros. Sin embargo suele olvidarse la increíble pasión por la palabra escrita que se despertó en aquellos tiempos.

Si se tiene en cuenta que el primer periódico había circulado en la ciudad en el año de 1805, resulta impresionante aquel interés por la lectura un siglo más tarde. Pienso que se trata de un interesante indicador de que la cultura santiaguera estaba lista para dar un salto cualitativo desde fines del siglo XIX, el cual fue catalizado positivamente con la entrada de la isla en la órbita de los Estados Unidos.

En los albores del siglo XX, en La Revista Municipal el alcalde Emilio Bacardi informaba a los santiagueros sobre las labores de la alcaldía y allí publicó algu nos apuntes sobre la historia local que andando el tiempo se convertirían en el punto de partida de sus crónicas.



El 15 de febrero de 1904 se publicó la revista literaria La Ilustración Cubana; unos meses más tarde vio la luz el primer número de la revista semanal ilustrada de ciencias, artes y letras, Cuba Literaria, cuyo director era Max Henríquez Ureña.

Editores de El Cubano Libre
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El año de 1907, calificado por Carlos Forment como “época de oro del periodismo en Santiago”, fue increíble; ese año circulaban diariamente en la ciudad los siguientes periódicos: El Cubano Libre, La Colonia Española, El Derecho, La Independencia, El Pueblo y La Republica; también se publicaban los semanarios: El Católico, La Cotorra, El Noticiero Cubano y Oriente. ¡Realmente resulta asombrosa esta cantidad de periódicos en una ciudad que estaba en pleno tránsito de la colonia a la republica!


En materia de revistas la cantidad y calidad de las mismas también provocan admiración. Algunas de estas fueron: Revista Santiago (1907), El Pénsil (1907), Ilustración Cubana (1906- 1907), Fémina (1906-1907), Oriente Masónica (1904-1909), Azul y Rojo (semanario de literatura y deportes), Helios (revista literaria ilustrada), Oriente Literario, Arte y Bohemia y Oriente y Bohemia. ¡Estas revistas demuestran que en Santiago de Cuba había a no dudar una vida literaria y artística relativamente intensa!


En febrero de 1920 se fundó la Editorial Oriente que tenia la intención de publicar dos volúmenes mensuales de cien o más paginas de texto “por un peso al mes la suscripción, pago adelantado y con derecho a recibir los dos libros a domicilio”. Entre los meses de marzo y junio la editorial publicó los siguientes títulos: Pequeños Poemas de Armando Leyva; La Condesa de Merlín, de Emilio Bacardi, La Pampa, de Luís Vásquez; Celos, de Carlos Forment y Agonía de Pascasio Díaz del Gallego. Estos resultados que superaban ampliamente la intención inicial de la editorial, muestran que había un público lector entrenado por los periódicos y revistas, ávido de consumir las obras de los escritores santiagueros.

El 13 de febrero de 1921 se publicó el primer número de la revista Aguilera dirigida por Félix B. Caignet. El periódico La Independencia le dio la bienvenida a esta revista de la empresa del Teatro Aguilera con palabras encomiásticas: “Dicha revista es un exponente de gusto tipográfico. Su presentación es lujosísima y su impresión esmerada. Tiene un selecto material de lectura y muy bonitas fotografías. Al precio de veinte centavos se vende en la librería Renacimiento”

En septiembre de 1940 comenzó a publicarse el Boletín Acción Ciudadana, órgano oficial de la institución de igual nombre, este boletín dedicado a la propaganda cívica y al progreso moral y social, articuló con un programa radial diario titulado: “Acción Ciudadana al aire”. La labor de este magnifico boletín se extendió hasta el año de 1960 y puede considerarse como uno de los esfuerzos más importantes de la sociedad civil en beneficio de la sociedad santiaguera.

Algunos años más tarde se inició la publicación de la revista Azul, de larga vida, pues los investigadores han encontrado números fechados hasta el año de 1957. Azul, publicaba fragmentos de novelas, cuentos y poemas; artículos literarios y sobre arte; tenia secciones de consejos para la vida y el hogar; en la misma colaboraron muchos escritores de la ciudad.

En la noche del 25 de junio de 1943 se inauguró la Primera Feria del Libro, los pabellones y quioscos situados en el parque Céspedes estuvieron llenos de libros traídos por librerías de la Habana como Minerva, La Moderna Poesía, Paginas, Cultural, Cervantes, Librería Económica y Selecta; representando a Santiago de Cuba estuvieron las librerías Renacimiento y Moderna. La Feria tuvo tanto éxito de público y ventas que su clausura se prorrogó varios días. Ya no cabían dudas de que en Santiago de Cuba había un público lector cuantitativa y cualitativamente significativo.

En marzo de 1951 siendo alcalde de la ciudad Luís Casero Guillen se inauguró en el parque Céspedes la Segunda Feria del Libro, la comisión organizadora estaba presidida por el director de la biblioteca Elvira Cape. Según la prensa local “Durante cuatro días de duración de esta segunda Feria del Libro se observó una demanda extraordinaria del libro cubano, con preferencia a los de Jose Marti. Se pudieron adquirir costosos ejemplares de las mejores obras a precios menores y populares”.

Una mirada en los archivos y bibliotecas a aquellos periódicos, revistas y libros publicados en Santiago de Cuba en la primera mitad del siglo pasado, pudiera ser interesante para tener un perfil del santiaguero ilustrado.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, July 22, 2021

El año de 1947 en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)



Una mirada a los periódicos que circulaban en la ciudad de Santiago de Cuba en el año de 1947, muestra sólo tres noticias que al parecer fueron de interés para los santiagueros: la visita del famoso “gran maestro de contadores” William Field a la redacción del periódico Diario de Cuba; los temblores que se sintieron el 6 de agosto los cuales provocaron “algunos derrumbes menores y leves daños a paredes y fachadas” y el acto de inauguración de la Universidad de Oriente. Obviamente el año de 1947 sólo seria recordado por la fundación de la universidad, un hecho trascendental para la cultura local.

¿Cómo era Santiago de Cuba en el año de 1947? Para responder a esa interrogante resultaría interesante acudir al testimonio del poeta y periodista Regino Pedroso que ese año visitó la ciudad y escribió en la revista Bohemia una estupenda radiografía de la urbe.

El poeta confiesa que hacia algunos años que no venia a Santiago y se ha quedado sorprendido: “Ya no es la ciudad de hace algún tiempo, un poco muerta, polvorienta, sin agua (…) Hoy tiene esplendidas avenidas, nuevos parques, hermosos paseos (…) La ciudad lleva camino de la más moderna urbanización”.

El artífice de buena parte de aquella imagen de la ciudad era Luís Casero Guillen, un político honrado y enérgico que amaba a Santiago de Cuba. Este alcalde quería convertir la ciudad en “la atracción de Cuba”, pues pensaba que la misma podía vivir de sus bellezas naturales como otras ciudades del mundo. Esta era obviamente la perspectiva de la industria turística que unos años después echaría a un lado al viejo aeropuerto de San Pedrito e impulsaría la construcción del aeropuerto Internacional Antonio Maceo, con el cual conectaría la ciudad con el mundo.

Circulaban en Santiago en el año de 1947 tres periódicos: Libertad, Oriente y Diario de Cuba y había una pleyade de periodistas encabezados por el famoso director del Diario de Cuba, Eduardo Abril Amores, uno de los hombres más influyentes de la época, pues muchos afirmaban que los santiagueros cuando se levantaban cada mañana se preguntaban ¿Qué dice el Diario? , ¿Qué dice Abril? ; y todos leían la sección de éste llamada Minuto.

En aquellos tiempos había en la ciudad de Santiago de Cuba un notable movimiento intelectual, que fue el que creó el caldo de cultivo donde surgió la Universidad de Oriente ¿quiénes eran los líderes de aquel ambiente cultural? Carlos Martínez Anaya, Felipe Martínez Arango, Leonardo Griñan Peralta, Paco López Rosa, González Palacio y Pedro Cañas Abril, entre muchos otros.

Eran hombres de diferentes profesiones, formación cultural e ideas políticas, pero tenían un denominador común, pensaban que Santiago de Cuba debía tener un futuro a la altura de su historia. La mayoría de ellos pudo hacer carrera en la Habana y hasta en las universidades norteamericanas, pero estos santiagueros amaban su patria chica, aunque no eran provincianos sino más bien cosmopolitas.

Idealizar el Santiago del año 1947 seria un ejercicio de nostalgia de escaso valor; el crecimiento de la ciudad, típico del capitalismo de la época, generaba simultáneamente riqueza y pobreza. La ciudad estaba dividida por una frontera no señalizada por ningún cartel que delimitaba el “Santiago bonito” conformado por la zona residencial del reparto Vista Alegre, Ciudamar y la Playa de Siboney y el “Santiago feo” integrado por barrios como Mejiquito, Flores, Los Hoyos, Chicharrones, Los Olmos e incluso la villa miseria de La Manzana de Gómez. ¡Cielo e infierno bajo el mismo sol santiaguero!

Santiago de Cuba en el año de 1947 era sin lugar a dudas una ciudad llena de tenciones sociales e injusticias, pero sí aquel año alguien hubiera mirado atrás sin temor a convertirse en una estatua de sal, habría podido apreciar que lo que se había avanzado desde la fundación de la villa en 1515, era sencillamente formidable, teniendo en cuenta las sequías, terremotos, epidemias y huracanes a los que se había sobrevivido; el colonialismo, la esclavitud y las intervenciones norteamericanas.

Santiago de Cuba en el año de 1947 estaba lejos de ser un Cantón Suizo como algunos hubieran deseado, no podía serlo entre otras mil razones, porque los santiagueros no eran suizos. Santiago de Cuba era ese año sólo una ciudad del oriente cubano que aspiraba a tener un futuro a la altura de su historia.




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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, July 8, 2021

Santiago de Cuba se enlaza con el mundo (por Rafael Duharte Jiménez)



En sus Crónicas de Santiago de Cuba, Carlos Forment cuenta que el día 11 de marzo de 1910 los santiagueros vieron por primera vez un avión, en un improvisado campo de aterrizaje en la zona de San Juan.

Diez años más tarde la Compañía Oriental de Aviación de Sport y Turismo Aéreo de Santiago de Cuba anunciaba que se dedicaría al transporte de pasajeros por el interior de la provincia de Oriente y a los anuncios y colgantes por medio de aeroplanos. La noticia constituía una señal del desarrollo alcanzado por la industria turística en la región.

En diciembre de 1920 un aeroplano marca Curtiss con capacidad para tres pasajeros aterrizó en el área del malecón en medio de un gran público que acudió a verlo. La prensa local informó al día siguiente que el aparato había sido trasladado para el reparto Los Olmos, donde haría vuelos para los que estuvieran interesados y luego publicó una lista de personalidades locales que habían volado en el Curtiss.

Ocho años más tarde en la misma zona del malecón aterrizó un aeroplano de la Pan American Airwais, el cual estudiaba la apertura de una línea regular entre La Habana y Santiago de Cuba, para el traslado postal, de periódicos y pasajeros. Al año siguiente, en enero de 1929, se inauguraba un campo de aviación en el reparto San Pedrito el cual la prensa local presentó de la siguiente manera: “Aviones de vuelos nacionales y extranjeros aterrizaron sobre la tierra de Oriente, en un recodo del camino que conduce desde esta ciudad al Cobre” Se consignaba la llegada ese día de tres aviones del ejército y dos civiles con pasajeros, uno proveniente de Puerto Rico y otro de Miami.


En 1930 La compañía de Aviación Curtiss, la mayoría de cuyos accionistas eran cubanos, inauguró un servicio de pasajeros entre Santiago de Cuba y La Habana, con lo cual ya sumaban tres compañías que ofrecían este servicio. Este año también se inició El Servicio Postal Nacional.

En 1933 el periódico Adelante publicó un anuncio titulado “Viajar por el aire es un placer” en el que se informaba de los horarios y los precios de los vuelos a La Habana, Baracoa, Guantánamo, Jamaica y Haití. El vuelo a la Habana costaba 30 pesos con 90 centavos y duraba 5 horas y media porque hacia escalas en Manzanillo, Camagüey, Morón, Santa Clara y Cienfuegos.

En febrero de 1935 aterrizó en el aeropuerto de San Pedrito el avión Marti, marca Loockheed-Electra, que integraba una moderna flota adquirida por la Compañía Nacional Cubana d Aviación. En julio de ese año se inauguró el servicio aéreo de pasajeros, correo y expreso en la ruta Habana –Santiago-Guantánamo, en el avión Maceo.


Probablemente a estos vuelos se refería el novelista Enrique Serpa en su crónica publicada en la revista Carteles en marzo de 1935, bajo el sugestivo titulo “Raid Habana-Santiago de Cuba” en la cual después de una estupenda descripción de lo que se veía desde el avión a lo largo del viaje, termina refiriéndose a la llegada del avión al aeropuerto santiaguero: “Aterrizamos. El estómago sube a la garganta, como en un ascensor que desciende con rapidez excesiva. Una leve sacudida acusa el contacto de las ruedas con la dureza del suelo. Se desliza el avión sobre un campo agotado por el bochorno del mediodía. Al cabo se detiene. Acuden hacia el aparato unos hombres apresurados. Y el steward mientras flanquea la portezuela de la cabina, anuncia ¡Santiago de Cuba!”


En octubre de 1953 comenzó a funcionar el Aeropuerto Internacional Antonio Maceo. Al año siguiente el ministro de Obras Públicas hizo la entrega oficial del nuevo edificio y demás departamentos al presidente de la Compañía Cubana de Aviación; el servicio al público se inició con un avión Viscount, el 7 de diciembre de 1956. En abril de ese mismo año un moderno Constellation Súper G trajo a Santiago a la orquesta Sinfónica de Nueva Orleáns, que es anoche ofreció un concierto en el teatro Oriente auspiciado por la Sociedad Filarmónica.


La historia de los inicios de la aviación en Santiago de Cuba abarca un periodo de poco más de cuatro décadas y está asociada con el crecimiento económico de la ciudad y en particular con el de la industria del turismo en la provincia de Oriente, la cual en la década del cincuenta era probablemente el segundo destino turístico del país y atraía gran cantidad de turismo norteamericano de ocio y hombres de negocios. También algunos orientales comenzaron a hacer turismo fundamentalmente a Miami, Nueva York y Madrid.

En 1910 los habitantes de la ciudad de Santiago vieron por vez primera un avión y en 1956 por el aeropuerto Internacional Antonio Maceo llegaban en modernos aviones los turistas norteamericanos y salían los turistas santiagueros. ¡El avión había conectado a Santiago de Cuba con el mundo!






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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, July 1, 2021

Un Congreso Mundial sobre la Muerte en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


En el año de 1993, sobrevivíamos en medio del ruido y el polvo que generaba la muerte de la Unión Soviética y el Campo Socialista; caían estatuas y muros y se desintegraban países; en medio de aquel caos que nos empujó dentro del túnel del “Periodo Especial”, a Joel James se le ocurrió la idea de que la Casa del Caribe convocara a un Congreso Mundial sobre el tema de la muerte.


A todos no pareció una locura, pero Joel tenia una gran capacidad para argumentar y convencer, primero lo hizo con nosotros y luego con funcionarios locales y del ministerio de Cultura que sin mucho entusiasmo apoyaron o toleraron aquella locura de la Casa del Caribe.

Elaboramos una convocatoria y un afiche y lo circulamos internacionalmente. El evento se desarrollaría tres días a fines del mes de junio, precediendo el Festival del Caribe que se año estaba dedicado a México.

El programa estaba pensado en términos de una presencia de ponentes santiagueros, algunos invitados nacionales y la participación internacional que respondiera a la convocatoria.

Unos días antes de la inauguración del congreso nos dimos cuenta de que lo de mundial era un fracaso, pues no había respondido nadie a la convocatoria, ni un solo extranjero.

Entonces me fui al Hotel Las Américas donde estaba instalada la delegación mexicana que había venido para participar en el Festival. Me reuní con los mexicanos y les explique lo más diplomáticamente que pude la situación. Como el tema de la muerte es muy importante en la cultura mexicana y allí habían muchos antropólogos, logramos improvisar una serie de intervenciones que insertadas en el programa salvaron el carácter internacional del evento, al punto de que creo que muy pocos se dieron cuenta de aquella suerte de mexicanizacion del mismo.

El Congreso se inauguró en el salón de los Vitrales de la Plaza y mientras Joel hacia su discurso inaugural, estalló una tormenta y se fue la corriente en el local produciendo cierto desconcierto, lo cual pareció un mal augurio; pero en realidad todo funcionó bastante bien, pues el equipo de la Casa del Caribe tenia a la sazón una experiencia notable en la organización de eventos.

El programa académico estaba pensado en términos de ofrecer una amplia variedad de miradas sobre el tema de la muerte; hubo ponencias de varios especialistas en medicina y un sacerdote católico; así como reflexiones en torno a la visión de la muerte de protestantes, santeros, paleros y espiritistas; también se abordó el tratamiento del tema en los campos del derecho y la literatura. Pienso que precisamente las dos ponencias que más impacto causaron fueron una sobre la pena de muerte en Cuba, tema polémico en la época y otra sobre el cuento de Onelio Jorge Cardoso titulado: Francisca y la Muerte, que para sorpresa de todos motivó interesantes comentarios de la hija de Onelio que se encontraba en el público.


En realidad aquello que inicialmente pareció una locura de Joel James, resultó un espléndido ejercicio de pensamiento interesante y original.

La clausura del congreso fue en un salón de la tercera planta del Teatro Heredia, después de la Relatoria, el actor Andrés Caldas disfrazado de la muerte hizo una intervención un tanto esotérica, tras la cual todos los participantes, visiblemente impresionados, bajaron detrás de Caldas, que creo llevaba una vela encendida en la mano, por una estrecha escalera oscura hasta la primera planta del Teatro. ¡Así con un poco de magia terminó el Congreso Mundial sobre la Muerte!

El Festival del Caribe, unos días después, borró de la memoria el Congreso Mundial Sobre la Muerte, en parte por que la cultura mexicana hizo un despliegue fastuoso en lo intelectual y artístico; quizás porque muchos querían en su subconsciente olvidar la muerte que de cierta forma el congreso había invocado.

Algunas de las ponencias presentadas en el congreso se publicaron luego en la revista Del Caribe y la editorial Oriente publicó un pequeño libro que incluía tres miradas sobre el tema de la muerte, a partir de textos de Joel James, el Padre Joan Rovira a la sazón Rector del Seminario San Basilio Magno y un médico y sacerdote habanero de un culto sincrético.


Cuando un día alguien escriba la historia de la cultura santiaguera en aquellos años, tendrá en estos textos publicados una prueba de aquel olvidado evento que forma parte de la extraordinaria obra de Joel James como promotor cultural y pensador.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.
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