Showing posts with label Rafael Duharte Jiménez. Show all posts
Showing posts with label Rafael Duharte Jiménez. Show all posts

Thursday, January 20, 2022

El ajiaco santiaguero en el siglo XX (por Rafael Duharte Jiménez)


En la primera mitad del siglo XX el cocinero–historia continuó introduciendo nuevas viandas en la olla santiaguera. Sobre este proceso, aún pendiente de estudio, la prensa de la época ha dejado un leve registro.

El llamado Centro Catalanista al parecer existía ya en 1902. Un lustro después la prensa se refirió a la fundación del Grop Cataluña y al Nuevo Centro Catalán, los cuales tuvieron su origen en escisiones del referido Centro Catalanista; el acto de inauguración del Nuevo Centro Catalán fue presidido por J. Casamitjana; en 1910 los inquietos catalanes cambiaron el nombre de la sociedad por el de Centro Catalán y al año siguiente la disolvieron.

Asombrosamente no contamos con un estudio riguroso de la presencia catalana en la cultura santiaguera, auque se ha avanzado en el conocimiento del tema gracias a las investigaciones de la historiadora Ana Ortega.

El día 9 de mayo de 1909, la revista Rosalía reseñó la fundación del Centro Gallego; cinco años después se inauguró el primer pabellón denominado Concepción Arenal y posteriormente el segundo, con el nombre de Francisco Barrios. Años mas tarde se celebró el acto inaugural de la sociedad artística y de recreo Los Pinos Nuevos integrada por jóvenes descendientes de gallegos y luego se constituyó una nueva sociedad de socorro mutuo, asistencia sanitaria e instrucción llamada Juventud Galaica.

Catalanes y gallegos fueron los principales integrantes de la comunidad hispana de Santiago de Cuba, los más emprendedores, aunque había pequeños grupos de asturianos, baleares y canarios.

Los españoles lograron un alto nivel de integración a la sociedad santiaguera como muestra el siguiente comentario del periódico Diario de Cuba sobre la apertura del Palacio Social del Centro de la Colonia Española, en agosto de 1956: “el acto comenzó con el izamiento de las banderas de Cuba y España, el himno nacional y La Marcha Real Española (…) En el discurso inaugural el Secretario General de la Colonia Española leyó un bosquejo histórico de la institución, resaltó el espíritu de confraternidad hispano-cubano y dijo que el 80% de los asociados eran cubanos.”

Muchos españoles, a pesar de que sus abuelos y padres habían peleado treinta años contra los independentistas cubanos, regresaron como inmigrantes en los primeros lustros del siglo y se integraron de forma dinámica a la sociedad santiaguera, aunque preservando su identidad regional en sociedades culturales separadas.

El domingo 8 de septiembre de 1918 el periódico La Independencia reseñaba lo que llamó “la primera fiesta celebrada por los asturianos entre nosotros, organizada por la laboriosa colonia asturiana”.

La presencia hispana en Santiago de Cuba ha contado con los aportes del valioso trabajo de investigación de dos historiadoras santiagueras, Maritza Pérez Dionisio y Mónica García, ambas profesoras de la Universidad de Oriente.

En 1917 el cronista social del periódico El Cubano Libre comentó que el 15 de julio “La colonia mejicana residente en esta ciudad, que puede decirse que es ya bastante numerosa, celebró dignamente el aniversario 107 de la proclamación de su independencia…”.

En 1911 el periódico La independencia publicó una nota sobre la inauguración del centro social republicano chino llamado Lun Sin Tong al que asitio el alcalde municipal y se izaron las banderas de Cuba y China.

El domingo 23 de octubre de 1921, la prensa local comentó que ese día había sido escogido por “la laboriosa colonia china republicana para la inauguración de la nueva sociedad, Liga Nacional China; dos años más tarde se inauguró el nuevo domicilio social del Club Republicano Chino Chi Kang Tong.

En 1926 la sociedad china Kuo Min Tang celebró el quinto aniversario de su fundación; dos años después se constituyó la sociedad de instrucción y recreo Club Kon Sion; luego se fundaron La Joven China y Colonia China. En agosto de 1940 se conmemoró el primer aniversario de la fundación la Asociación Alianza de Defensa China.

Los orígenes de la comunidad china en Santiago de Cuba se remontan al siglo XIX cuando fueron traídos cientos de chinos a las minas de El Cobre para trabajar allí junto a los negros esclavos; según el historiador Oscar Abdala, principal estudioso del tema, sólo un chino pudo regresar a su tierra natal en los albores del siglo XX.

Los árabes tuvieron una presencia notable en el comercio de la ciudad de Santiago de Cuba donde rivalizaron con gallegos, catalanes y judíos. El 13 de abril de 1908, el periódico La Independencia comentaba a sus lectores que “la colonia siriana maronita celebró en el templo de Dolores, la tradicional fiesta de Ramos”. Al año siguiente el mismo periódico informaba que se había electo un comité presidido por M. Cremati y Calil Babum para organizar una sociedad de educación y socorros mutuos con el nombre de Sociedad Siriana.

El 11 de enero de 1923, se constituyó una sociedad denominada Unión Sirio Libanesa, presidida por Calil Babum. Dos años más tarde el Gobierno Provincial aprobó el reglamento de una sociedad de instrucción y recreo llamada Progreso Sirio Libanés. Por esta época los árabes tenían ya una posición importante en el comercio y obviamente buscaban cierto reconocimiento social; Babum dueño de aserrios y astilleros era ya un personaje en la vida económica de la ciudad. No contamos aún con un estudio sobre la huella de los árabes en la cultura santiaguera.

En 1928 algunos calculan que la presencia hebrea en el país ascendía a unas diez mil personas, provenientes de Rusia, Polonia, Hungría, Alemania, Checoslovaquia, Rumania, Lituania y Turquía. La Unión Israelita de Oriente se constituyó en Santiago de Cuba como una sociedad de instrucción, recreo y ayuda mutua en 1924. También se fundaron otras dos sociedades, La Asociación Israelita de Oriente y el Centro Hebreo de Oriente, ambas integradas por judíos de origen asquenazí.

En algunos barrios de la ciudad a los hebreos les decían polacos, aunque muchos no habían venido de Polonia, según cuenta la historiadora santiaguera Eugenia Farin Levi, principal estudiosa del tema.

La prensa de aquella época abordaba esencialmente el mundo citadino y solía ignorar el quehacer de grupos de emigrantes en las zonas rurales. Así por ejemplo, la única referencia en la prensa a la profusa inmigración de jamaicanos y haitianos que arribo en los primeros lustros del siglo, sólo se consignaba a partir de las referencias a las goletas en que arribaban por el puerto.

No encontramos ni una palabra sobre la pequeña comunidad de jamaicanos que vivió en áreas del barrio del Tivolí, la cual tenía su propia iglesia con ceremonias y sermones en inglés y jugaba criket en la Alameda; menos aún sobre las comunidades haitianas que florecieron en las montañas.

Sobre los jamaicanos todavía se conoce muy poco; en el caso de los haitianos, existe un conocimiento más amplio, sobre todo de las prácticas del Vodú, gracias a los trabajos publicados por Joel James, José Millet y Ricardo Alarcón.

Pudiera pensarse que se trataba de una discriminación de carácter racista, pero es que tampoco los periódicos decían una palabra sobre la laboriosa colonia sueca de Bayate (que conocemos gracias el gran pintor naif Luís el Panadero y al sabio Fernando Boytel) o los norteamericanos que trabajaban en las minas de Daiquirí y Firmeza. Todo un mundo rural que sin dudas debió dejar una huella en el ajiaco regional.

Santiago de Cuba, capital de la provincia de Oriente, fue en la primera mitad del siglo pasado, un centro receptor de inmigrantes, porque la ciudad proyectaba la imagen de “lugar de oportunidades”; unos venían buscando trabajo, otros fortuna y algunos huían de la intolerancia y el racismo que se entronizaba en sus países de origen. Todos tenían la ilusión de lograr un futuro mejor, muchos se frustraron, pero algunos lo lograron y se quedaron aquí para enriquecer el viejo ajiaco santiaguero que se cocinaba desde el siglo XVI, entre las montañas de Cuba y el Mar Caribe.



-------------
Ver en el blog



-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, January 13, 2022

El ajiaco santiaguero (por Rafael Duharte Jiménez)


La maravillosa metáfora sobre “nuestro nacional ajiaco” que Fernando Ortiz utiliza para explicar los complejos procesos de mestizaje biológico y cultural que tuvieron lugar en la olla–isla de Cuba a lo largo de varios siglos, cobra un particular interés cuando la usamos para aproximarnos a nuestro ajiaco regional.

Una mirada al proceso histórico de la región de Cuba, al final de cuya larga bahía de bolsa fundó Diego Velásquez la villa de Santiago en el verano de 1515, puede revelarnos algunas de las especificidades del caldo de civilización que durante quinientos años ha ido cristalizando entre las montañas de la Sierra Maestra y el mar Caribe.

Los arqueólogos han documentado una densidad de población aborigen muy alta en el Oriente cubano a la llegada de los conquistadores, de lo cual puede inferirse que la huella indígena en nuestra cultura local es mucho más relevante que en la región central u occidental de la Isla.

A comienzos del siglo XVII las autoridades coloniales fundaron el poblado indígena de San Luís de los Caneyes, el cual mantuvo un diálogo de varios siglos con la ciudad de Santiago. El mismo fue a lo largo del tiempo, el lugar de refugio de los santiagueros durante los temidos ataques de corsarios y piratas.

La emigración española durante los primeros siglos de la colonización procedió de diversas zonas de la península ibérica y las islas Canarias; sin embargo en la centuria decimonona comenzó a arribar a Santiago un río de catalanes para los cuales “hacer América” terminó siendo no pocas veces poner una bodega en la ciudad; fueron tantos los catalanes en el comercio santiaguero, que catalán llegó a ser sinónimo de comerciante. ¡De manera que cuando en Santiago se habla de raíces hispanas hay que tener en cuenta que estas remiten de manera especial a Cataluña!

Según el historiador caneyense José María Callejas, autor de la primera historia de Santiago de Cuba, en el año de 1522 entró por el puerto de Santiago el primer cargamento de negros africanos. De manera que el “ingrediente africano” ingresó en el ajiaco local apenas siete años después de la fundación de la Villa.

En su novela histórica Doña Guiomar. Tiempos de la Conquista, Emilio Bacardí nos describe con un fantástico derroche de imaginación el momento en que se desencontraron españoles, indígenas y africanos en suelo santiaguero: Desnudos como la naturaleza los creó, lo mismo los unos que las otras, pisaron tierra, y fueron dirigidos hacia la Plaza de Armas. Subieron la cuesta precisa para llegar a ella, y como rebaño inconsciente e insensible, marcharon acompasadamente, reluciéndoles la negra piel, húmeda del abundante sudor que les chorreaba por el cuerpo.

El proceso de intensa africanización de Santiago de Cuba no tuvo lugar sin embargo hasta fines del siglo XVIII, cuando el fomento de cafetales e ingenios en la región por parte de franceses y criollos haitianos provocó la entrada masiva de negros esclavos para trabajar en las plantaciones. Aquel fue el fin del mundo de los hatos y corrales que había durado la friolera de más de doscientos años.

Fue entonces que las fiestas de mamarrachos fueron dominadas por la percusión africana y la ciudad se pobló de tumbas francesas y cabildos de nación; al tiempo que los dioses que viajaron en las cabezas de los africanos en los barcos negreros, se abrieron un espacio a codazos en el santoral católico.

¡Los franceses y los africanos rediseñaron la cultura local, contribuyendo de forma significativa al perfil del santiaguero!

El mulato francés-santiaguero Hipólito Pirón, en su libro La Isla de Cuba ofrece este interesante comentario sobre los habitantes de Santiago a mediados del siglo XIX: Tienen imaginación, el instinto de la poesía y el gusto por la música. Por naturaleza poco trabajadora e industriosa, disfrutan ampliamente, cuando poseen alguna fortuna de la felicidad de no hacer nada.

La Guerra Grande catalizó positivamente el tránsito de lo criollo a lo cubano, luego de 10 años de lucha a lo largo de los cuales la flor y nata de la juventud criolla blanca se enroló en la División Cuba, los negros y mulatos libres se fueron masivamente a la manigua y hasta los chinos de las minas de cobre se convirtieron en mambises; después de una década de lucha por la independencia y la abolición de la esclavitud, allá en lo hondo “del puchero”, como diría Fernando Ortiz, cristalizó una masa nueva.

La identidad santiaguera parece haber cuajado en buena medida en el curso de la centuria decimonona, todo parece indicar que al finalizar esta se habían fraguado los principales elementos que desde entonces identificarían al santiaguero dentro del contexto de la cultura cubana.

A lo largo del siglo XX el ajiaco santiaguero continúo enriqueciéndose al recibir toda una serie de grandes y pequeñas emigraciones de españoles, haitianos, suecos, jamaicanos, dominicanos, puertorriqueños, árabes y judíos. ¿Qué buscaban? ¿El sueño caribeño?

La mayoría perdió aquí sus ilusiones y terminó haciendo sus maletas para continuar su camino; algunos sin embargo se aplatanaron y se integraron al denso caldo de cultura que desde hacía siglos borbollaba en el fogón santiaguero.




-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, January 6, 2022

Lo real maravilloso santiaguero (por Rafael Duharte Jiménez)



Hace casi cinco siglos arribó la modernidad a nuestra región, los españoles sometieron a sangre y fuego a los indígenas que vivían entre el mar y las montañas de Cuba, y sobre las ruinas de sus bohíos fundaron la villa. La historia santiaguera comenzó con la llegada del Adelantado Diego Velásquez y sus huestes; los vencidos, los que quedaron fuera de la historia, o más exactamente en la prehistoria, se vengaron amancebando al Apóstol Santiago con la india Cuba, quizás una de sus deidades principales. De manera que el nombre de la villa sincretizaria simbólicamente civilización y barbarie: Santiago de Cuba.

Hoy, estamos en el umbral de una extraña posmodernidad que también nos llega de fuera, esta vez portada por los parientes de la diáspora y los turistas, a través del cine, la televisión, el video e Internet. La realidad santiaguera contemporánea es una suerte de gran fresco hecho a cuatro manos entre Salvador Dalí y Frank Kafka, en el que el periódico local puede ser leído en un sitio Web de Internet, mientras los santiagueros siguen consultando para conocer su futuro el misterioso lenguaje de cocos y caracoles.

Santiago de Cuba es una ciudad maravillosa, donde usted podría conocer a Amalia, una profesora de Literatura quien le contará que una vez cuando viajaba en un destartalado coche de caballos, vio una negrita “cabeza de clavo” pasar sonriente y satisfecha junto a su “Pepe” en un Toyota. Amalia que ese día debía hablarle a sus alumnos sobre Cien Años de Soledad, cuenta que, irritada, murmuro: ¡Jinetera!, y que al parecer la muchacha la escuchó, pues de pronto el carro retrocedió hasta situarse junto al coche. Entonces esta, al tiempo que hacia un gesto obsceno, le gritó: “Mira mija, Dios me lo puso en el medio, pa mi remedio”, y el carro aceleró espantando los caballos…

Santiago de Cuba es una ciudad fascinante, donde algunas mujeres sienten una necesidad casi patológica de llamar la atención, hasta el punto de vestir escasas y muy ajustadas ropas para provocar el piropo. Pero ¡cuidado! Esas mujeres que mueven acompasadamente sus grandes nalgas y enseñan espaldas y ombligos, no son putas ¡No! no se equivoque, ellas son mujeres decentes, sus lycras y “baja y chupa” no indican que sean mujeres de “mala vida” como las que usted puede observar en ciertos barrios de Santo Domingo, Kingston o Puerto Príncipe. Esas santiagueras lo que quieren es que las miren...

Santiago de Cuba es una ciudad de ciencia, conciencia y magia, llena de doctores, master y licenciados, que ya no hablan ruso, sino inglés; usan el correo electrónico y en ocasiones Internet, y aspiran a viajar no la Unión Soviética o a Checoslovaquia, sino a Haití, Honduras, España o Miami: Gente seria y bien formada para los cuales, ante ciertos altares, se hacen discretamente “trabajos” para garantizar que un tribunal apruebe sus tesis, le otorguen una misión o salgan en el “bombo”…

Esta es la única ciudad de las Antillas donde usted puede encontrar un físico nuclear haciendo de guía de turismo y un ingeniero llenando fosforeras en la “candonga”; donde una mecanógrafa habla esloveno y un sociólogo es “machacante” en una camioneta de transporte publico. Ese es Santiago, no os asombréis de nada, dijo alguna vez un poeta en inspirado verso que todos repiten aquí con orgullo.

Santiago de Cuba es una ciudad mágica donde usted podrá conocer a Maritza, una joven que vive en el barrio de Los Hoyos; ella le contará que hace algún tiempo su hermano, el rastafari, se enamoró perdidamente de una jeba que pasaba todas las mañanas con una carretilla vendiendo boniatos; el la trajo para la casa donde, en dos pequeños cuartos, vivían ella, su marido, sus hijos, su madre y los cerditos Pancho y Azuquin; incomoda con la llegada de esta no deseada cuñada, Maritza le pidió a su “padrino” que le hiciera un “trabajo” para que la intrusa se marchara; este le dijo que le diera cincuenta pesos y puso manos a la obra. Pero resultó que a los tres días la jeba cayó gravemente enferma; entonces la vieja Avelina aconsejó a su hija que tuviera cuidado, pues la mujer se podía morir. Asustada Maritza corrió a ver a su “padrino”y le dijo que ella quería que la mujer se fuera de la casa, no que se muriera; a lo que este contestó lacónicamente que quizás su “muerto” no había entendido bien, y le pidió otros cincuenta pesos para deshacer el “trabajo”; esto último Maritza se los contará con lágrimas en los ojos…

En algunos barrios de Kingston se puede alquilar por una cifra razonable un asesino para desembarazarse de un enemigo. En Santiago de Cuba eso no es posible; aquí se buscan los servicios de un muchacho que le tira una lata de mierda encima a su adversario por el módico precio de 200 pesos. !Así es la cólera del santiaguero¡

¡Ah! y esté atento cuando compre maní tostado en las calles de Santiago de Cuba, pues usted puede descubrir después de comerse el último grano que el cucurucho estaba hecho con hojas del libro: Materialismo y empiriocriticismo o la novela Así se Templó el Acero.

Santiago de Cuba es una suerte de Macondo antillano, la ciudad está anclada dentro del mar de lo real–maravilloso-caribeño. Aquí los extremos se tocan realmente, aquí ni Aristóteles ni Platón tienen mucho que hacer y menos aun Hegel, aquí es imposible escribir La Fenomenológia del Espíritu, ¡porque hace mucho calor y la tierra tiembla!



---------------------------
Este ensayo le da título al libro: Lo real maravilloso santiaguero. Premio Heredia de Ensayo 2006. Ediciones Caserón, Comité Provincial de la UNEAC, Santiago de Cuba, 2008.






-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, December 30, 2021

El Padre Joan Rovira S. J. en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)




Era martes por la mañana, hacia calor en Santiago, él llegó sin anunciarse a la Casa del Caribe, su rostro recordaba a los filósofos griegos de la Antigüedad, cuando lo vi frente a mi, lo imaginé con un gallo desplumado en la mano diciendo: este es el hombre de Platón; con su estilo directo, me manifestó su interés por conocer la cultura local, así nació nuestra amistad.

Unos meses después, asombrosamente, aquel hombre conocía a los principales intelectuales y artistas de la localidad y tenía una presencia significativa en la vida cultural de la ciudad, la cual en aquella época era relativamente intensa. Recuerdo que algunos años más tarde cuando asistió, junto al Padre Mariano que estaba recién llegado de España, al curso de post-grado que yo impartía sobre temas de la historia de la cultura santiaguera, era ya un conocedor profundo de nuestra cultura.

Rovira incorporó al claustro del Seminario a numerosos profesores laicos, muchos de la universidad, al punto de que no faltó quien comentara entonces que San Basilio tenia ya más nivel académico que el Seminario San Carlos de la Habana; también introdujo en el plan de estudios, cursos de teatro y arte cubano, historia del arte y cultos sincréticos afrocubanos (a cargo de Maruchi una licenciada en historia, practicante de santería). Por aquella época algunos estudiantes y profesores de la ciudad comenzaron a utilizar los servicios de la magnifica biblioteca del Seminario, la cual él reorganizó y enriqueció con la compra sistemáticas de libros, incluso en las Ferias del Libro que cada año se hacían.

En octubre de 1999 el Seminario alcanzó lo que Rovira denominaría “la utopía acariciada a lo largo de toda su historia”, a partir del curso 1999-2000 los seminaristas, al terminar sus estudios de filosofía, recibirían el titulo de licenciados, avalado por la Universidad católica Madre y Maestra de la República Dominicana, un logro que consolidaba académicamente al Seminario.

En algún momento el Padre Rovira comenzó a organizar en el Seminario conferencias para pequeños públicos, a cargo de especialistas como Raúl Díaz del Mazo y Renato Pérez, sobre temas científicos como Internet, Telefonia Digital, Realidad Virtual, etc.; también un pequeño ciclo de cine donde se exhibieron y debatieron películas como Quo Vadis, La Lista de Shilder y la Casa de los Espíritus, entre otras.

¿Ensayaba lo que seria su gran aventura intelectual, a propósito de la celebración del 275 aniversario de la fundación del Seminario?

El 1 de octubre de 1997 en sus palabras de inauguración del Aula San Basilio el Padre Rovira hizo publico su proyecto: “En los últimos años ha aparecido cada vez con mayor claridad entre los responsables del Seminario la idea de un contacto efectivo con el mundo de la cultura universitaria santiaguera y de una cierta modesta recuperación del papel cultural que había desempeñado el Seminario en otras épocas.”

Luego presentó a Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, quien habló sobre los Desafíos del sincretismo al pensamiento católico, ante un público que llenaba los corredores del edificio que fuera la sede del Seminario en 1722.

Las sesiones del Aula tuvieron lugar ininterrumpidamente los primeros miércoles de cada mes a las 4:30 p.m., en la iglesia del Carmen, a lo largo de un lustro, como una suerte de extensión cultural del Seminario San Basilio Magno.

En sus palabras de presentación del segundo Curso, cuando el Aula era ya un éxito rotundo, Rovira insistió en la idea de “colaborar a la puesta en vigor de la vida cultural de Santiago de Cuba, rica en afanes y manifestaciones de este tipo”, y recordó que allí en la iglesia del Carmen, sede del Aula, descansaban los restos de Esteban Salas el padre de la música culta en Cuba y profesor de Canto Llano del Seminario San Basilio Magno.

Llegó el quinto y ultimo curso del Aula (2001-2002), en su tradicional mensaje de apertura el Padre Rovira comentó: “Sin pretenderlo nos hemos constituido en una modestísima “universidad para todos”, si se nos permite la expresión. Y por supuesto no se trata de enorgullecernos por ello, sino de alegrarnos por el servicio que hayamos podido prestar al publico santiaguero, ávido de perspectivas nuevas.” Y luego se refirió a los títulos de algunas de las conferencias impartidas a lo largo de cuatro años para ilustrar la variedad de temas abordados.

En aquel ultimo curso se desarrolló el Ciclo denominado Conozca Santiago, cuya última conferencia, el 5 de junio del año 2002, estuvo a cargo de Bartolomé Vanrell S. J. y versó sobre Ética y Vida.

En total se impartieron en el Aula 43 conferencias y se desarrollaron dos paneles; intervinieron 55 especialistas de Santiago de Cuba, Camaguey, La Habana y uno de la República Dominicana. Se impartió además un cursillo de Introducción a la Antropología a cargo de Jorge Centelles S. J. y un ciclo de Cine Religioso que incluyó películas como El Hombre de Dos Reinos, El Séptimo Sello y El Festín de Babette.

El colofón de aquel esfuerzo intelectual que tuvo como motivación la conmemoración del 275 aniversario de la fundación del Seminario fue la publicación con la autoría de Olga Portuondo, la Historiadora de la Ciudad y el Padre Rovira, del libro titulado El Colegio Seminario San Basilio Magno (Editorial Oriente, año 2000), en cuyo prólogo el legendario profesor Ricardo Repilado asevera que la obra es una relación orgánica y bien documentada de la vida del Seminario que demuestra la importancia de esta institución docente en la historia de la educación en Cuba.

En aquellos tiempos, en los que aun se soñaba, se desarrolló en la iglesia de El Carmen la Escuela de Espiritualidad que atrajo a un público muy diverso, el cual llenaba en cada sesión la nave de la iglesia; se trataba de reflexiones y ejercicios de meditación que encontraron muchas personas interesadas. La Escuela irradiada por el Seminario, estuvo organizada por el padre Bartolomé Vanrell S. J, Doctor en Teología, profesor del Seminario y párroco de la iglesia de San Vicente; un hombre muy creativo, en torno al cual se formó un círculo de discípulos que luego de su muerte mantuvieron funcionando la Escuela por varios años.

¡El Aula San Basilio, el libro: El Colegio Seminario San Basilio Magno y la Escuela de Espiritualidad, constituyen sin lugar a dudas una de las hazañas intelectuales más relevantes de la cultura santiaguera en el pasado fin de siglo y milenio!

Algunos años después el Padre Rovira se marchó de Santiago sin mirar para atrás, como correspondía a un hombre de Dios, pero a su paso había dejado una profunda huella como rector del Seminario, párroco de la iglesia del poblado de El Caney, inspirador de la Escuela de Espiritualidad y forjador de aquel quijotesco proyecto de reconexión del Seminario con la cultura santiaguera.


--------------------
Acto celebrado en junio de 1998.
Memorias de los Encuentros Nacionales de Historia
"Iglesia Católica y Nacionalidad Cubana"
Tomo II. Editorial Universal. Miami 2005.




-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, December 16, 2021

José Antonio Saco en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


El joven bayames José Antonio Saco estudió en el Seminario San Basilio El Magno, entre los años de 1814 y 1816; eran los tiempos del Arzobispo Joaquín Osés Alzua y Coparacio, hombre culto e ilustrado, que conciente de la importancia del Seminario, le dedicó una atención especial al mismo, promoviendo los estudios de dibujo, astronomía, geografía, botánica, derecho civil, canónico y hasta física experimental. Oses enfrentó la escolástica y estimuló el estudio por los seminaristas de la Constitución Española de 1812 y algunos temas económicos contemporáneos. ¡José Antonio Saco asistió a un momento de esplendor del Seminario San Basilio El Magno!

¿Cómo era Santiago de Cuba a la llegada de José Antonio Saco? Un emporio cafetalero, literalmente inundado de negros esclavos.

A partir de 1815 los precios del café se quintuplicaron en el mercado mundial y se desencadenó un verdadero boom cafetalero en la región sur-oriental; a partir de ese año los franceses construyeron con las lagrimas el sudor y la sangre de sus esclavos, un universo de piedra en las montañas, conformado por decenas de casas–almacenes con complejos sistemas hidráulicos y secaderos en terrazas.

En la ciudad en aquella época tenían lugar, simultáneamente, procesos de afrancesamiento en las familias de la elite y de africanizacion en los sectores humildes de la sociedad criolla.

El Arzobispo Osés fue un crítico feroz de los franceses a los que consideraba “Deístas, materialistas y ateístas” y culpaba de la perdida de interés de los jóvenes criollos por los estudios eclesiásticos. ¿Habrá sido Saco uno de aquellos jóvenes atraído por las ideas de los franceses? ¿Habrá leído Saco aquellos libros obscenos que condenaba Oses?

¿Cómo juzgaron a Saco sus profesores? El Presbítero José Narciso Bravo, su profesor de Lógica y Metafísica escribió que el mismo era: “De claras luces y fluida locución”; el profesor Luís Maria de Arce, catedrático de Sagrados Cánones e Instituta, se refirió a este como: “Hombre de talento y fácil palabra”.

¿Qué opinaba el alumno Jose Antonio Saco sobre el Seminario? En su autobiografía escribió este al final de una relación de las asignaturas que recibía:

“Limitada enseñanza era esta para llenar los deseos de la juventud estudiosa; pero al fin era más de lo que se aprendía en Bayamo.” El talentoso joven obviamente estaba insatisfecho e incluso se quejaba de que toda la filosofía que había aprendido de memoria, se le había olvidado…

¿Por qué dejó el Seminario y se marchó de Santiago? Saco es rotundo en la respuesta a esta interrogante, cuenta en su referida autobiografía que cuando el abogado español José Villar le dijo: “Esta filosofía que usted estudia, de nada le servirá. Procure usted ir a la Habana, en donde un clérigo muy joven, llamado Varela, enseña verdaderamente filosofía moderna en el Colegio de San Carlos de aquella ciudad”. Confiesa Saco que: “Estas palabras me hicieron la más profunda impresión en mi espíritu y puedo asegurar que a ellas debo el cambio y revolución que experimentaron mis ideas.”


José Antonio Saco, fue un pensador polémico y ese aspecto raigal de su obra ha sido destacado desde el siglo XIX en numerosas biografías y ensayos; el libro de Olga Portuondo titulado “José Antonio Saco. Eternamente Polémico”, ha traído el tema a nuestros días.

Cintio Vitier en su obra titulada Ese Sol del Mundo Moral, ha afirmado que Saco “no se inserto en esa poesía de la conducta que es la eticidad creadora de nuevas imágenes para el pueblo…”; pienso que la confesión de Saco ante una posible anexión de la Isla a los Estados Unidos: “me quedaría en el fondo del corazón un sentimiento secreto por la perdida de la nacionalidad cubana”, seria suficiente para darle ingreso en el árbol genealógico de la patria.

Los invito a recordar a José Antonio Saco, quien fuera quizás el alumno del Seminario San Basilio El Magno, mas célebre en la centuria decimonona, ahora que nos aproximamos a los trescientos años de la fundación de dicha institución en Santiago de Cuba.





-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, November 11, 2021

El juego (por Rafael Duharte Jiménez)



En su estupendo ensayo titulado Memorias sobre la Vagancia en Cuba, José Antonio Saco afirma que el juego es uno de los vicios más generalizados en la sociedad criolla; en esa época en una valla de gallos, durante una racha de mala suerte, un hacendado podía perder su quitrín con caballo y todo y hasta un cafetal con la dotación de esclavos incluida.

El pintor ingles Walter Goodman en su libro Un Artista en Cuba comenta sobre el juego que tenia lugar, discretamente, al terminar el baile en los salones de la sociedad Filarmónica:
… un grupo de caballeros toman asiento o permanecen de pie ante una mesa cuadrada. Una vez que han decidido si se jugara al monte, al tresillo o al burro, el jugador que se encarga de la distribución de las cartas procede a barajarlas (…) frente al que ha repartido háyase sentado el banquero con muchas monedas de oro, las famosas onzas española…
A comienzos del siglo XX, los norteamericanos prohibieron las peleas de gallos, las cuales les parecían un espectáculo bárbaro, lo cual desató una intensa polémica sobre el tema.

En 1907, la revista santiaguera Oriente intervino en la polémica citando la opinión de Enrique José Varona:
Nosotros veremos con gusto que las lidias de gallos no sean permitidas, y aun más, que se persiga a los contraventores de la ley, pero consecuente con aquello de que “el azar es también una manera de trabajar” permitiríamos que se reglamentara el juego, siempre que en este se usaran otros medios menos crueles, por lo que transigiríamos con la lotería.

Con la modernidad llegó la lotería la cual satisfacía nuestro “vicio nacional”, pero ahora legalmente y sin el revuelo de plumas ensangrentadas y los gritos de las vallas y lo mejor de todo, generaba la ilusión en los pobres de hacerse ricos con un golpe de suerte.

El primer sorteo de la Lotería Nacional se efectuó en la Habana el 10 de septiembre de 1909, los niños de la Beneficencia “cantaban” los números, en medio de un ambiente de renovadas esperanzas; los yanquis se iban y renacía la republica con el General Jose Miguel Gómez, el hombre más popular de Cuba, como presidente en medio del júbilo de los liberales “miguelistas”.

El día 3 de septiembre el periódico santiaguero La Independencia publicó un editorial quejándose de los problemas con el primer sorteo de la Lotería Nacional:
Cuando casi todos los elementos que componen el pueblo cubano se aprestaban con ansias para adquirir billetes del primer sorteo de la lotería Nacional, puestos a la venta el 1º del que cursa, hanse encontrado con el disgusto de que sus deseos no han podido aun ser satisfechos, porque la Administración General de esa Renta puso al expendio público los billetes en la Habana únicamente…
Rápidamente llegaron billetes a Santiago y se inició la especulación como muestra una nota del propio periódico:
Esta mañana han concurrido muchas personas a querellarse a la jefatura de la policía secreta contra los revendedores de billetes de la Lotería Nacional por querer cobrar por ellos 25, 30 y hasta 35 pesos. Ha resultado un verdadero escándalo la venta de esos billetes, que no han satisfecho a la clase pobre, que era a la que se quería favorecer.
La prensa santiaguera elogió ampliamente el auge de los establecimientos para vender los billetes de lotería los cuales surgieron como hongo en la ciudad. “Los establecimientos de moda hoy son las colecturias. Antiguos locales lucen restaurados a ese efecto y desconocidos bajo las reformas”. Una de las colecturias más populares era la de Mariano Coca en Enramada y San Félix.

El 10 de septiembre del mismo año el periódico La Independencia publicó en su primera plana: La Lotería Resultado del Sorteo de hoy. Los Premios Mayores. El primer premio fue de 60 mil pesos, el segundo de 10 mil y el tercero de 4 mil, ninguno le tocó a un santiaguero.

En los años veinte Jorge Mañach afirmaba que la índole frívola del cubano era proverbial y que “el único vicio arraigado que en justicia quepa atribuir a nuestro pueblo es el juego; es decir, el vicio imprevisor por excelencia”.

Aquellas vocecitas de los huerfanitos que cantaban los números de la lotería por la radio, ciertamente no eran celestiales, sino un testimonio más de los graves problemas de nuestra cultura.




-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, October 28, 2021

Santiago de Cuba, vendedores ambulantes y pregones (por Rafael Duharte Jiménez)



La venta ambulante y los pregones parecen un fenómeno muy antiguo en la ciudad de Santiago de Cuba, aunque de una época a otra varían las mercancías que se ofertan y las letras de los pregones.


El pintor ingles Walter Goodman, a mediados del siglo XIX, ofrece un fantástico inventario de aquellos personajes del paisaje urbano santiaguero. En su libro Un Artista en Cuba escribió:
La negra lechera que lleva sobre la cabeza una botija de leche, el almidonero, un chino que lleva sobre la cabeza un tablero con pequeña masas de almidón; el indio panadero con su cesta de pan; la carretillera con su doble grito de ¡las cositas¡ ¡la cascarilla!; la dulcera que pregona ¡dulce de Guayaba! ¡dulce de almíbar! que trae en una bandeja; el malojero que va montado sobre una mula con maloja empacada en fardos que cubren el animal; la mulata aguadora que trae de la fuente publica pequeños barriles y jarras con agua…
El pintor afirma que estas últimas, a las que llama nuestras ninfas de los pozos, son sus preferidas como modelos para sus cuadros.

Este espacio laboral estaba casi monopolizado por mujeres, algunas esclavas de las haciendas vecinas enviadas por sus dueños a vender en la ciudad, otras negras o mulatas libres; en general gente muy humilde, por lo que este oficio debió ser considerado en la época como muy bajo y desestimado por los blancos.


Con el arribo del siglo XX y la modernidad no desaparecieron los vendedores callejeros, obviamente ya no había esclavas y se esfumaron la cascarilla, el almidón y otros productos, pero continuó la venta de dulces y frutas.

En su edición del 11 de junio de 1936, el Diario de Cuba publicó un interesante artículo titulado “Matices de Santiago” de la autoría del Dr. Ludovico Soto, el cual ofrece esta magnifica estampa de los llamados golosineros:
Los dulceros de Santiago de Cuba viven de los niños de los colegios, de las mujeres de las fabricas y de los enamorados de los parques. Reparten a todo grito por las calles su mercancía de confites de chocolate, de coco-piña, de galletitas de Colome, de Tuttis helados, de maní tostado o garrapiñado, con una placidez encantadora en sus pregones típicos, que rompen con la monotonía del ambiente y ponen una nota alegre en las tardes urbanas…
Aunque en la pintura del siglo XIX se haya reflejado a la aguadora, el malojero y otros personajes tomados de las calles; a pesar de que en el siglo veinte algunos pregones hayan inspirado a compositores notables y hoy escuchamos con agrado Frutas del Caney de Félix B. Caiñeg o El Manisero de Moisés Simons; en términos de economía el pregón callejero era sinónimo de pobreza.

Hoy en día los vendedores ambulantes y sus pregones resultan pintorescos para los turistas, los cuales a veces los fotografían y hasta se toman un selfis con ellos, pero en realidad los mismos constituyen un testimonio de precariedad económica quizás ahora menos que en el pasado, del cual no debemos enorgullecernos, sobre todo en tiempos en que se generalizan en el mundo las compras por Internet.





-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, October 21, 2021

El nacimiento de un mundo (por Rafael Duharte Jiménez)


A las 12 de la noche del 31 de diciembre de 1901, en el Ayuntamiento de Santiago de Cuba, se izó por primera vez la bandera cubana; en medio de la alegría de aquel minuto histórico, Emilio Bacardí aseveró que el nuevo año estaba “señalado en los arcanos del destino para la feliz instauración de la república”. Aquel fue un paso definitivo en el complejo proceso del nacimiento de un nuevo mundo.

Los mambises desde el poder, debían demostrar que los cubanos eran capaces de autogobernarse y al mismo tiempo probar que no eran aquellos “…inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio”, que habían pintado algunos periódicos norteamericanos. Se trataba de una tarea colosal, para una nación que emergía después de siglos de dominación colonial y esclavitud.

Veamos una pequeña cronología de la hazaña cívica realizada por los patriotas santiagueros, durante los meses que precedieron al establecimiento de la republica el 20 de mayo de 1902:

14 de enero, fundación de un Cuerpo de Bomberos; 1 de febrero, el director de la Academia de Bellas Artes Félix Tejada, informa que tiene registrada una matricula de 367 alumnos que se desglosa de la siguiente manera: música 160, dibujo y pintura 156 y telegrafía 51; 8 de marzo, el director bibliotecario José Bofill, informa que se reportan 2 365 lectores en las cinco bibliotecas públicas de la ciudad, de los cuales 1 226 correspondían al Museo Municipal.

La Revista Municipal publicó una Memoria sobre los logros de la Alcaldía y el Ayuntamiento en los primeros meses del nuevo siglo, que incluía las siguientes acciones: Se revitalizaron los bandos de salubridad e higiene que estaban olvidados; se realizaron mejoras en las aceras y jardines públicos, en la Alameda se aumentaron los faroles; se abrió al publico la Casa de Socorros “con todos los adelantos que la ciencia requería y la higiene prescribía” y se reorganizaron los cuerpos de Policía Municipal y Judicial.

El 20 de mayo de 1902 a las 12:00 p. m. en el Ayuntamiento, frente a la catedral, se arrió la bandera norteamericana y se izó la cubana, en medio de las demostraciones de júbilo de cuatro mil soldados mambises y 60 mil santiagueros congregados en la Plaza de Armas y calles aledañas.

Aquel acto solemne, en el cual las autoridades norteamericanas entregaron el poder político al Alcalde Emilio Bacardí y al Gobernador Francisco Sánchez Echevarria, tuvo el siguiente epílogo:
…después de haberse verificado el traspaso del gobierno, el General Whitside, seguido de su E. M. y de las fuerzas de los EE UU. se dirigió al Muelle de Estado No. 1, y desde allí, en lanchas fueron todos hasta el transporte americano Seguranca, donde embarcaron dicho General americano con sus fuerzas, siendo afectuosamente despedido por las autoridades cubanas y por el pueblo y las músicas que ocupaban el muelle y las avenidas de la Marina.
Probablemente los santiagueros en aquel instante trascendental, pensaron: ¡Coño, al fin se fueron! y respiraron aliviados.

El fantasma de la anexión había sido conjurado a un precio muy alto y ahí estaban la Enmienda Platt y la Base Naval de Guantánamo para recordarlo; pero a pesar de los pesares, por primera vez los cubanos eran responsables de su futuro.

El fin de la ocupación norteamericana provocó algunas tensiones, pues hubo cierto desorden en las oficinas públicas ya que después del 20 de mayo los empleados yanquis renunciaron a sus cargos o fueron cesanteados.

En la Oficina de Telégrafos se presentaron numerosas deficiencias del servicio, pero según el cronista Carlos Forment “… los nuevos funcionarios cubanos resultaron tan competentes que a los tres días restablecieron la comunicación con Baracoa que hacia tres meses estaba interrumpida".

En el mes de junio de 1902, el Gobernador de Santiago recibió un telegrama del Secretario de Gobernación Dr. Diego Tamayo, en el que le decía: “Asuma inspección de servicios de Sanidad y Beneficencia que dependen del Estado y notifíquese que todos los empleados americanos que desempeñen destinos públicos, cesaran ultimo de este mes”.

Al mes siguiente tomó posesión del cargo como administrador de Correos el señor Francisco Rosado, cesando el funcionario norteamericano que lo desempeñaba Mr. Cooper, quien regresó a su país; en septiembre fueron nombradas para el Ramo de Telégrafos, la srta Elodia Urgelles, en la Estación de Baracoa y la srta. Caridad Rodríguez en la de Santiago de Cuba.

El 6 de abril de 1903 el coronel Federico Pérez Carbó presentó su renuncia al cargo de Administrador de la Aduana por diferencias con el supervisor americano Hanson, el presidente Estrada Palma no aceptó su renuncia y le ratificó su confianza, el supervisor yanqui fue retirado.

Algunos nombramientos en aquellos días de euforia que generaba la dulce sensación de estar en el poder, fueron el del Comandante Modesto Tirado como Inspector Especial de Aduana; el General Florencio Salcedo como inspector de la Línea Central de Telégrafos; el General José Manuel Capote como director de la Cárcel Publica. También se anuncio la toma de posesión de la Jefatura de la Guardia Rural, por el General Saturnino Lora.

Probablemente los principales méritos de aquellos valientes patriotas eran haber peleado heroicamente contra el ejército español y la mayoría tenían en realidad poca experiencia para desempeñar sus nuevas funciones, pero nadie pensaba en eso, ni ponía en dudas el derecho que le asistía a los héroes a ocupar los puestos públicos

Algunos altos funcionarios, que habían sido amigos personales del General Wood, fueron separados discretamente de sus cargos. En unos meses la presencia de los americanos fue literalmente borrada del aparato del Estado y la vida política de la nación. La Enmienda Platt limitaba la soberanía de la República, pero a contrapelo de la misma los mambises ejercieron su control del país.

En medio del proceso de ascenso a los puestos públicos se movieron intereses políticos partidistas; pero también algunos antiguos voluntarios y guerrilleros intentaron colarse, lo cual generó denuncias, pleitos y venganzas.

En particular los guerrilleros que sirvieron a España fueron perseguidos con odio; en agosto de 1902 la prensa informó que en la entrada de El Caney había sido macheteado el bodeguero don Ramón Canosa quien se había distinguido por su ferocidad como capitán de guerrillas en la guerra del 95.

El nacimiento de un nuevo mundo en 1902, fue un proceso enmarañado, que estuvo lastrado fundamentalmente por el hecho de que la República en Armas no había sido la mejor escuela para formar ciudadanos; cuando llegó la paz, los guerreros no resultaron buenos administradores, diplomáticos o estadistas y por todas partes creció como la mala hierba la improvisación, el oportunismo y la corrupción.

Pronto para algunos resultó evidente que el mundo que nacía estaba lejos de ser ideal, que aquella no seria una república con todos y para el bien de todos, ni Cuba la Suiza de América. Y cuando los escépticos se preguntaban si habían valido la pena tantos sacrificios para llegar hasta allí, siempre aparecía un coro que repetía que si Marti viviera otro gallo cantaría. Lo real sin embargo es que se habían dejado atrás siglos de dependencia colonial y se avanzaba a tientas y tropezones dentro del laberinto de la modernidad.




-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, October 14, 2021

Una mirada a la cultura santiaguera (por Rafael Duharte Jiménez)



Dedicado a la jornada de la cultura cubana.




Para conocer en profundidad nuestra cultura hay que estudiar la geografía, el clima y nuestra azarosa historia. No podríamos saber quiénes somos sin tener en cuenta nuestra insularidad, el calor, las sequías, los huracanes y terremotos; así como el largo proceso de formación del criollo y su tránsito a lo cubano, en el contexto de nuestras guerras de independencia.

Fernando Ortiz en su fantástica metáfora sobre el ajiaco, escribió:
… y, allá en lo hondo del puchero, una masa nueva ya posada producida por los elementos que al desintegrarse en el hervor histórico han ido sedimentando sus más tenaces esencias en una mixtura rica y sabrosamente aderezada, que ya tiene un carácter propio de creación.
¿Cuándo y dónde tuvo lugar aquel instante mágico al que se refiere Ortiz? El mismo ocurrió, a no dudar, en la región oriental en los albores del siglo XVII.


El despertar de la cultura criolla está asociado con el surgimiento de los cultos criollos a la Virgen de la Caridad en el poblado de Santiago del Prado y al Ecce Homo en la catedral santiaguera; está vinculado con el rescate por los manzanilleros del Obispo Cabezas Altamirano que inspiró a Silvestre de Balboa el poema épico Espejo de Paciencia; ese proceso esta indisolublemente unido a la fiesta de mamarrachos que en Santiago de Cuba andando el tiempo devendría en el carnaval.

En el ajiaco santiaguero a partir del siglo XVI confluyeron, al igual que en toda la Isla, las viandas indígena, española y africana; pero a fines del siglo XVIII entraron en la olla, las viandas francesa y haitiana, las cuales le dieron matices diferentes al mestizaje biológico y cultural que se fraguaba desde hacia varios siglos entre las montañas de Cuba y el mar Caribe.


¿Qué es lo culturalmente específico de la cultura santiaguera? Aquí la huella indígena es obviamente mayor que en otras regiones de la Isla. España, en Santiago de Cuba, tiene un rostro básicamente catalán y la huella africana que dejó la plantación cafetalera en la región sur oriental es más profunda que en otras zonas de Oriente. En Santiago existe una impronta francesa y haitiana única en el país.


La personalidad cultural de la ciudad de Santiago de Cuba y la ideosincracia del santiaguero, son el resultado de una historia de más de cinco siglos, construida a contrapelo de sequías, ciclones y terremotos; ataques de piratas e invasiones inglesas; una historia de cimarronaje y luchas por la libertad que ha forjado un individuo de fuerte autoestima, orgulloso y rebelde, el cual se destaca nítidamente dentro del contexto de la cultura cubana.





-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, September 30, 2021

La policía y su imagen (por Rafael Duharte Jiménez)



Una vía interesante para aproximarse a una época es conocer los principales delitos que se cometían en ella, para lo cual los reportes de la policía resultan una fuente imprescindible. Según estos, uno de los delitos más frecuentes en la ciudad de Santiago de Cuba en los primeros años del siglo pasado eran los raptos.

Veamos algunas denuncias: 
Ramón ha denunciado a la policía que su menor hija Rosa de 17 años, ha sido seducida por su novio Esteban; Beatriz ha dado conocimiento a la policía de que su hija de 19 años ha sido raptada por su novio Alejandro quien la condujo a Palma Soriano, para eludir la acción de la justicia; Eulogio dio conocimiento a la policía que del domicilio de Rosa ha sido raptada su hermana Caridad, por su novio.
En realidad este tipo de delito nunca se refería a menores de edad, sino a adolescentes que más que raptadas parecían haber huido con sus novios, por lo que en los informes del Juzgado Correccional no suelen aparecer multas o sanciones a los novios y el asunto quedaba generalmente como una suerte de ofensa familiar.

Es muy posible que a principios del siglo XX, las fuerzas de la Policía Municipal y la Guardia Rural se nutrieran fundamentalmente de antiguos mambises, lo cual debió contribuir a conformar una imagen más o menos respetable de estos cuerpos represivos; en diciembre de 1902, por ejemplo, fue nombrado Jefe Superior de la Guardia Rural el glorioso general Saturnino Lora.

En ocasiones el comportamiento de la policía municipal en la ciudad de Santiago tuvo un cierto sabor nacionalista. En el mes de abril de 1907 se produjo en la zona de tolerancia un escándalo al chocar marineros norteamericanos borrachos con la policía. Años más tarde, al reseñar en sus crónicas el incidente, Carlos Forment escribió, no sin cierto orgullo:
El balance de golpes cambiados, arrojó saldo a favor de los cubanos que “a piñazo limpio” redujeron a los yanquis a la obediencia.
En 1926 parece que continuaba la epidemia de raptos en la ciudad: 
Los raptos como los robos, están a la orden del día en esta ciudad (…) Los raptos abundan también con sus naturales escándalos y detenciones. Esto son raptos de señoritas menores de edad, efectuados por sus novios.
El domingo 20 de febrero de 1927, el cronista social del periódico La Región hizo este dulce retrato de la verbena efectuada ese día en el parque Céspedes frente al Club San Carlos, patrocinada por un grupo de damas santiagueras a beneficio de Las Hermanas Siervas de Maria:
Los originales quioscos estuvieron atendidos por bellísimas señoritas. En estos se vendieron dulces, refrescos y toda clase de golosinas. Se recaudó la cantidad de 3 050. 45 pesos, que fue entregada a la comunidad religiosa Hermanas Siervas de Maria.
El reporte de la policía sobre dicha verbena ofrece una versión muy distinta de la misma: 
hurtos, faltas de respeto, escándalos, borracheras, etc. En fin una verbena abundante en incidentes, en la que los agentes de la autoridad tuvieron que intervenir y que finalizaron en la estación de policía. El exceso de bebidas alcohólicas expedidas, las actividades de los amigos de lo ajeno y las hazañas de muchos niños góticos, se anotaron en el registro de la policía.
Se trata de dos versiones diferentes sobre el mismo acontecimiento, lo cual recuerda al historiador que debe tener cuidado al utilizar la prensa como unica fuente para reconstruir la historia.

En 1934 una oleada de delincuencia en la ciudad provocó una fuerte crítica a la policía en los periódicos locales:
… el vicio, la corrupción, el juego y el latrocinio han sembrado la zozobra y la inquietud en la vecindad (…) la vigilancia que establece el Cuerpo de Policía no es efectiva ni fructífera…
La función represiva de la policía municipal en las primeras décadas del siglo pasado parece haberse ajustado al mantenimiento del orden público; eran tiempos en que los policías se fajaban a piñazos con marines beodos; tiempos en que dos guardias rurales a caballo custodiaban la conga de Los Hoyos durante el carnaval.

Al parecer esto cambio a partir de los años treinta, quizás como resultado del agresivo papel de la policía en la represión de las manifestaciones estudiantiles; el uso del plan de machete contra los estudiantes parece haber desencadenado un sentimiento de odio hacia la policía, el cual quizás alcanzó su clímax, cuando en agosto de 1933, a la caída de Machado, una turba asalto el Vivac Municipal y ajustició a cuatro esbirros y confidentes de la policía.

Seria sin embargo a fines de la década del cincuenta, cuando los llamados “pegaditos” (una perseguidora con un policía, un marinero y un soldado) sembraron el terror en la ciudad, reprimiendo a los jóvenes que combatían a la dictadura; cuando surgió el miedo que magistralmente describiera José Soler Puig en su novela Bertillon 166, que se perfilara definitivamente el rostro siniestro de la policía en Santiago de Cuba.






-------------------------
Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.
Click here to visit www.CubaCollectibles.com - The place to shop for Cuban memorabilia! Cuba: Art, Books, Collectibles, Comedy, Currency, Memorabilia, Municipalities, Music, Postcards, Publications, School Items, Stamps, Videos and More!

Gaspar, El Lugareño Headline Animator

Click here to visit www.CubaCollectibles.com - The place to shop for Cuban memorabilia! Cuba: Art, Books, Collectibles, Comedy, Currency, Memorabilia, Municipalities, Music, Postcards, Publications, School Items, Stamps, Videos and More!