Hablamos hoy de un añejo Programa Semanal, salido de manos del impresor Rafael Perón, en su imprenta localizada en la calle República, con cuatro carillas, y recogiendo en cada una, las películas que exhibían cuatro de los más relevantes cines de la época a saber: Principal, Apolo, Encanto y Social.
Correspondía a la semana del lunes 16 al domingo 22 de Octubre de 1939, justo en los preludios de la Segunda Guerra Mundial y la invasión de Polonia, y llama poderosamente nuestra atención que, entre las propuestas de la semana se incluyeran dos filmes soviéticos: Alejandro Nevsky, el celebrado filme del icónico director Eisenstein, producido solo un año antes, y el Primero de Mayo en Moscú, este a todas luces un documental propagandístico, ambos presentados por la productora Cosmos Film en “un grandioso programa doble”, el viernes 20 en el cine Apolo.
A estas insólitas producciones, de la lejana URSS de entonces, se sumaban otras dieciséis películas, casi todas norteamericanas, con la honrosa excepción de una de factura nacional: Siboney, interpretada por Juan Orol y Luisa María Morales, y que se anunciaba en calidad de pre-estreno en todos los cines mencionados el lunes y el martes de aquella semana.
En el cine-teatro Principal cada sesión siempre incluía una película de plato fuerte más documentales, cartones o alguna variedad, incluso alguno de ellos a todo color como el intitulado “Ratoncito de compra”. Entre los filmes de la semana destacaba Nubes sobre Europa, producción de Columbia Pictures con Lawrence Olivier.
Por su parte los cines Apolo, Encanto y Social, incluían en su programación dos filmes por el precio de uno, y que alternaban entre uno y otro cine, pues debe entenderse, que en la época cada filme podría tener una o más “latas” de cintas, que debían moverse ágilmente entre uno y otro cine, para lo que el avispado dueño disponía de unos diligentes muchachones en sus respectivas bicicletas.
Otros títulos de la filmografía más actual de entonces, proveniente de Hollywood y sus grandes casas productoras, y que se veían aquella semana en Camagüey, con una increíble rapidez, entre producción y estreno comercial, incluían: Tradición Heroica y Caras Misteriosas de la Universal, El Paso de la Muerte y Cada Loco con su Tema de la Columbia y Ángeles con Caras Limpias de la Warren.
Igualmente se ofrecían al público que asistían a las distintas tandas, los famosos episodios, que serían entonces los precursores de las series tan de moda hoy día, en aquel minuto, los más populares eran la de Mandrake el Mago, y Robinson Crusoe.
Para aquella semana de octubre de 1939 en la ciudad agramontina, no eran estas las únicas propuestas para los cinéfilos de entonces, téngase en cuenta la existencia de otras salas de exhibición, regentadas por la competencia, a saber, los cines Avellaneda, Camagüey y Guerrero, y quizás Casablanca, aunque para este escribidor no queda claro si ya estaba en funciones para aquel año.
La gran variedad de propuestas era muy sugerente para una ciudad mediterránea como la nuestra, pero que, a no dudarlo, vibró desde muy temprano con las maravillas y la magia que toda sala oscura ofrece, aunque en tales tiempos que corren, con los avances de la Internet y las redes sociales, el cine, como lo entendimos y disfrutamos, tenga hoy en la ciudad como en tantas partes, otras decadentes coordenadas.
Q Planes (Clouds Over Europe in the United States). U. K. 1939
Este pasado 6 de diciembre el Teatro Trail, de Miami, ha sido el escenario donde se produjo el estreno mundial de la versión teatral de un guión concebido originalmente para la gran pantalla por parte de Rolando Díaz, figura indispensable del cine cubano, quien ha sido guionista y director de una de las comedias cinematográficas de mayor éxito y popularidad dentro del cine de su país: Los pájaros tirándole a la escopeta.
Desde el mismo momento de su estreno en el año 1984, dicho filme gozó de la simpatía tanto del público como de la crítica nacional, por abordar de manera relajada, fresca y envuelta sobre todo de mucho amor, de situaciones cotidianas dentro de la vida del cubano del momento, mostrando a través de imágenes una Cuba donde aún se construían edificaciones, habían fábricas que producían algo, existían hospitales en condiciones higiénicas aceptables, los trabajadores tenían todavía la posibilidad de disfrutar de vacaciones en lugares turísticos, tener leche y huevos para el consumo humano dentro del refrigerador, entre otras muchas realidades inexistentes en dicho país desde hace ya demasiado tiempo.
De igual modo, el filme se hacía eco del discurso político del régimen imperante, mostrando de manera directa esa realidad socio-política, sirviendo más de promoción que de crítica al mismo, aunque de igual manera nos dejase ver casi por demasiado evidente, los descalabros de la “siempre en construcción sociedad socialista”.
La obra cinematográfica está construida a un ritmo interesante, donde la banda sonora, a cargo de la icónica orquesta de música popular cubana Los VanVan se convierte en un personaje más que va contribuyendo a narrar el desarrollo de la acción, sirviendo de perfecto fondo a muy buenas y logradas escenas mudas, donde las acciones encuentran sus palabras en las letras de las propias canciones. Cabe destacar que la dramaturgia del filme estuvo a cargo de la destacada directora teatral, ya fallecida, Miriam Lezcano.
El argumento, de carácter popular y enmarcado con total cubanía, va a girar entorno al machismo como concepto fuertemente arraigado en la sociedad, poniendo de relieve como a pesar de los cambios políticos, ideológicos, educaciones y de valores de la nueva sociedad socialista que supuestamente se estaba creando, continúa siendo parte integral de la misma. El tratamiento de dicho tema se lleva a cabo de manera directa, pero sin discursos adoctrinantes e ideologizantes, llevándolo a buen puerto con los ingredientes propios de la comedia, perfectamente manejados en este guión.
El filme contó con un elenco de muy conocidas y populares figuras del ámbito artístico nacional, integrado por los consagrados Consuelo Vidal y Reynaldo Miravalles, encabezando el reparto, además de la gran Silvia Planas, así como los jóvenes Beatriz Valdés, Alberto Pujol y Néstor Jiménez, sumándole a estos la participación Filiberto Romero -longevo actor este quien tuvo sus inicios en el mundo del espectáculo como el payaso Tilin dentro del programa Circo en TV- en los personajes de Hilda, Felo, la abuela, Magdalena, Emilio, Braulio y el enamorado de la abuela, respectivamente.
Demás está hablar sobre la excelente recepción que desde su estreno ha acompañado a este filme, convirtiéndose en uno de los trabajos más populares del cine cubano, llegando a obtener varios galardones en festivales como Tercer Premio Coral en el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana, Premio Catalina de Oro en el Festival de Cartagena de Indias, ambos en 1984, Premio al mejor filme de habla hispana en la Semana de Cine de Benalmádena, España, en 1986 y Tercer Premio del Festival de Cine de Harare, Zimbabwe, 1987. De igual manera la actriz Consuelo Vidal fue reconocida con el Premio a la mejor actuación femenina en el Festival Internacional de Cine de Bogotá, Colombia, de 1986.
Con tan exitoso recorrido, para el año 2015 el propio autor del guión del filme, Rolando Díaz, concibió la idea de llevar el mismo a las tablas, para lo cual escribió la adaptación del texto original, pero lamentablemente en aquel momento, tal proyecto no llegaría a ver la luz.
No obstante ese primer fracasado intento, gracias al interés del actor Alberto Pujol, aquella primera adaptación teatral llega a las manos de Yusnel Suárez, quien toma “al toro por los cuernos”, decidiendo sacar adelante el proyecto con la venia de su autor, quien le ofrecería toda la libertad para llevarlo a buen término.
Para esta propuesta escénica, se ha llamado a un elenco en el que no podían faltar Beatriz Valdés y Alberto Pujol, quienes en la versión cinematográfica asumieron el rol de la pareja de jóvenes enamorados, para en esta oportunidad incorporar a sus padres, marcando con ello un hermoso recorrido dentro de las respectivas carreras de ambos conocidos actores y dejando constancia sobre el escenario del por qué de los continuos éxitos en todas sus participaciones tanto en producciones de cine, televisión o teatro.
Como parte del elenco, la reconocida actriz Susana Pérez, se pone en la piel del muy ocurrente personaje de la abuela, el cual para este trabajo toma mayor preponderancia, siendo el encargado de exponer determinadas planteamientos de carácter político que marcan al pueblo cubano de hoy en día: la crítica a la actual sociedad cubana y la necesaria emigración como única forma de salida posible a la misma. La actriz regala un delicioso personaje de anciana -primero en su larga carrera-, el cual incorpora con precisión durante todo el tiempo de la representación, teniendo su momento cumbre cuando, rompiendo la cuarta pared y dirigiéndose al público, asume una caricatura de arenga política al estilo del régimen castrocomunista.
El veterano Carlos Cruz, actor de larga y exitosa carrera, poseedor de una excelente vis cómica, asume un personaje nuevo en la historia, pero que va ofreciendo la oportunidad de ir matizando las situaciones que se van presentando en el transcurso de la acción, trabajo que logra con el acierto a que tiene acostumbrado a su público.
Jennifer Rodríguez y Jeffry Batista, quienes han sido los encargados de incorporar a la joven pareja que desata el conflicto de la obra, lo hacen teniendo en cuenta la responsabilidad de tal proyecto, al cargar sobre sus espaldas la mirada de los actores que en el pasado crearon dichos personajes, pero lo enfrentan saliendo airosos de tal difícil encomienda, otorgándoles propios aires a sus respectivos trabajos.
Por último, Yusnel Suárez, en su doble función de autor y director de esta nueva adaptación, además sube al escenario en carácter de actor, tomando el relevo de Néstor Jiménez en el filme, asumiendo al amigo del joven protagonista, pero de igual manera reelaborando dicho personaje, ofreciéndole mayor participación e incidencia dentro de la historia.
Varios elementos convergen para que esta puesta llegue como un trabajo de buena factura, como lo es la muy acertada participación de extras para ambientar y darle vida a las escenas, así como para llevar a cabo movimientos escenográficos y de utilería durante el transcurso de la obra, con lo que le proporciona al puesta dinamismo y modernidad. Igualmente hacer que algunos actores expresen sus ideas en momentos determinados por medio de canciones, le da ese excelente toque de teatro musical muy bien logrado y recibido. Tanto los dúos de Jennifer y Jeffry, como el de Beatriz y Alberto, se adaptan encomiablemente a la acción dramática y son defendidos con toda profesionalidad por parte de estos cuatro actores.
De la misma forma el concepto utilizado para presentar la escenografía aporta armonía a la idea de mostrar la cubanidad sobre el escenario, con unas gigantescas y hermosas fotografías de reconocibles calles, barriadas y lugares de la Ciudad de la Habana cubriendo todo el ciclorama del fondo del escenario, así como ya mencionamos anteriormente, la acertada utilización de elementos de ambientación sencillos pero efectivos, en forma de paredes que se desplazan, entrando y saliendo de escena, para crear los variados espacios donde se realizan las diversas escenas y que son movidas por los actores-extras utilizados, como ya señalamos.
En la obra, mucho más que en el filme, debido a la utilización de las nuevos temas musicales interpretados en vivo sobre el escenario, la música, amén de la excelente banda sonora creada por la famosa orquesta Los VanVan, forma parte integral del espectáculo, pasando a integrar el entramado actoral con voz propia dentro de la historia.
Resumiendo, podríamos llegar a la conclusión que con la llegada a los escenarios de Miami, en su versión teatral, de un filme de tanta popularidad dentro de la comunidad cubana y que ahora puede ser disfrutado por parte de una comunidad internacional más amplia, marca un nuevo hito dentro del persistente quehacer teatral en la lengua de Cervantes dentro del panorama artístico de esta ciudad.
Aunque sin dudas estamos hablando de una comedia -género que siempre cuenta con la preferencia por parte del público que acostumbra a ir al teatro en nuestro entorno- con esta puesta en escena, tanto su director Yusnel Suárez como el escenario del Teatro Trail han demostrado que con dicho género también se puede hacer arte.
Sábado, 2 de septiembre de 2023, a las 8. 30. p.m.
Sala Artefactus
12302 SW 133 Ct.
Miami, Fl. 33186.
Gustavo Pérez: Poeta, cineasta y fotógrafo, acaba de publicar un libro, en el que puede apreciarse una colección de fotos hechas en el poblado de El Cobre, Santiago de Cuba (2009), mientras rodaba el documental “Ave María”.
Si en el filme se interroga acerca de las contradicciones entre lo espiritual y lo material, tomando como referencia el santuario a la Virgen de la Caridad, unos veinte kilómetros al Sur de Santiago de Cuba, aquí se revela la misma inquietante pregunta.
En el documental, y en el bello libro, que ahora aparece bajo el sello de la Editorial madrileña, Deslindes, el artista sigue el curso de un debate en el que intenta definir el sentido mismo de dos iconos de aquella región, dando lugar a una discusión, que va de lo filosófico a lo simbólico: la mina de cobre que se encuentra en las inmediaciones de la ciudad oriental, y, la Basílica Santuario Nacional a la Virgen de la Caridad, que se erige junto a ella.
La primera ha sido el sustento de las familias del lugar. La segunda es el símbolo espiritual por excelencia de la Isla. Partiendo de allí, mina y santuario son hitos inseparables en una misma indagación, cuyos protagonistas fueron los vecinos del poblado, llamados precisamente cobreros.
Pero cuando la mina fue cerrada, en el año 2001, ellos necesitaron volverse a la deidad, para encontrar opciones de vida, que todavía hoy los sostienen. Con su imagen, y a través de diversos oficios: fabricantes de velas, vendedores de flores, artesanos, y un nuevo tipo de mineros, que, desafiando peligros, buscan entre las galerías subterráneas y en los pozos abandonados, los restos del mineral, que ha de ser usado en los adornos para las estatuillas de la Virgen, que son vendidos como souvenirs.
El personaje, que hace más de veinte años descubrió por azar la salvación de su familia, tallando estampas de la Virgen de la Caridad, se lamenta del rumbo que más tarde ha tomado su idea. Cree que no hay razón para asediar a los peregrinos, quienes llegan afirmados en su fe, o para resolver los problemas de sus vidas. ÉL piensa que la gente de “El Cobre” debe cuidar de su espiritualidad, y estar más agradecidos a la Virgen, y a los dones que ella les brinda.
En ese tejido social, junto al paisaje de las serranías, el artista capta la formidable belleza de los suelos de la antigua mina, mientras conocemos un modo de vivir diferente, creado por un grupo de jóvenes artistas que han creado la magnifica Steel band del poblado, cuya música acompaña las historias del documental. El film se abre con un amanecer y la hermosa voz de una joven que canta el “Ave María” de Franz Schubert, con toda una diversidad de tonos a los que se suman los sonidos naturales, combinándose para dar un nuevo rostro del pueblito oriental, que es una parte de Cuba. Si el libro de Gustavo Pérez reúne una variedad de instantáneas que pareciera reproducir el apasionante lugar, a través de otra forma de arte, su documental lo expresa. El film podrá verse en la Sala Artefactus el próximo sábado día 2 de septiembre, gracias a la colaboración de la Fundación Cuatrogatos. Los esperamos... (Oneida González)
Oneyda González y Gustavo Pérez Fernández, presentan el libro Severo secreto. Una biografía coral sobre Severo Sarduy (Rialta Ediciones) y el documental Severo secreto.
El evento está organizado por la Fundación Cuatrogatos y Artefactus Cultural Project.
Lúcido y cultivado, Oscar Valdés no jugaba a las posturas políticas, tan de moda en aquellos primeros años del Castrismo. Ni andaba con un manual de marxismo bajo el brazo —cosa que hacía ostentosamente otro director de cine que se convirtió, inevitablemente, en un mediocre y sectario funcionario cultural del quinquenio gris.
Nunca he visto El extraño caso de Rachel K, ese largometraje de Oscar Valdéz con guión de Sergio Giral, pero no dudo que sea una excelente película. Su documental Vaqueros del Cauto fue uno de los mejores del ICAIC en los años 60. Con Nicolás Guillén Landrián, Oscar estuvo entre los más interesantes exponentes de un corto momento único en la documentalística cubana.
Oscar era sutil en su ironía. Recuerdo la apuesta que le hizo a Pastor Vega, en 1968, durante las primeras horas de la invasión de Checoslovaquia por la Unión Soviética. Pastor aseguraba que Fidel criticaría la invasión por ser una intromisión de una gran potencia en los asuntos internos de un pequeño país. Después de todo, ese era el gran “principio” de la Revolución Cubana.
Oscar, por el contrario, apostaba a que no, a que ese “principio” se pondría a un lado y que Castro apoyaría la invasión. Para entonces el régimen unipersonal cubano dependía demasiado de la URSS para que se pudiese dar el lujo de desautorizarla públicamente. Luego de seis o siete horas en la embajada rusa negociando su apoyo, Fidel Castro dio un discurso justificando la invasión. Pastor perdió su dinero.
A pesar de su lucidez política, o posiblemente por ello, lo único que realmente apasionaba a Oscar Valdés era el cine —y por el cine estaba dispuesto si no a jugarse la vida, por lo menos a buscarse un buen lío.
Un día, en Berlín Oriental a propósito de un viaje al Festival de Leipzig, precisamente con Vaqueros del Cauto, Oscar se enteró que en el lado occidental ponían Hatari, la nueva película de Howard Hawks. El director americano era uno de sus cineastas favoritos y de él había aprendido el sentido de lo directo, sin formalismos ni “mensajes”.
No hay que olvidar que estamos a principios de los años 60, que la Unión Soviética acaba de cercar Berlín Oriental con un muro, para que no se le escapen sus ciudadanos, y que por los puntos de paso sólo los extranjeros con visa pueden salir del sector comunista. Soldados con armas largas y ametralladoras en el muro se encargan de que esta orden se cumpla a rajatabla.
Sin embargo, gracias a una regulación internacional que nos quedaba de la época de la República, los cubanos (todavía) teníamos visa permanente y automática a todos los países de Europa occidental. Y Oscar lo sabía. Ni corto ni perezoso, y sin decírselo a nadie —en plena etapa caliente de la guerra fría y en una aventura que a John le Carré le hubiese parecido riesgosa—, Oscar cruzó como si nada la línea que dividía el sector ruso del americano por el famoso Checkpoint Charlie.
Oscar vio la película de su maestro —Vaqueros debe mucho a Río Rojo, esa obra mayor de Hawks— y regresó al sector oriental y a su quejumbroso hotel junto al muro como si simplemente se hubiese dado un paseo por el parque.
Ya de regreso en el ICAIC, Oscar me contaba esta anécdota sin darle la menor importancia a lo que hubiese podido ocurrir si lo hubiesen tomado por un espía que venía, no del frío, sino del calor de la lejana Habana pro-soviética.
De lo único que le interesaba hablar era de Hatari y de la inesperada influencia que de Antonioni creía encontrar en los "tiempos muertos" de la película.
Texto tomado del FB de Ricardo Figueredo Oliva: Mi amigo Fernando Pérez me ha pedido que cuelgue este texto en mi muro porque él no está en las redes. Es su opinión sobre la reciente censura ejercida por el Ministerio de Cultura sobre varios documentales programados en El Ciervo Encantado por Nelda Castillo.
No tengo palabras
por Fernando Pérez
Una vez liquidada (no encuentro otra palabra) la Muestra de Cine Joven pensé que otros espacios alternativos comenzarían a suplir las confrontaciones y difusión del nuevo cine que es hoy y será mañana el rostro del audiovisual cubano más dinámico y renovador. El Ciervo Encantado dirigido por esa gran artista que es Nelda Castillo comenzó a hacerlo.
Hoy me entero que nuevamente la censura impide la proyección de las obras más recientes de Fernando Fraguela, Ricardo Figueredo y Juanpin demostrando que el espacio cultural en Cuba sigue empecinadamente cerrado a la diversidad, a la divergencia y al pensamiento complejizador de nuestra realidad. Pero una vez más la censura no impedirá que el pensamiento siga siendo empecinadamente libre y que, como afirma en el documental de Juanpin ese otro gran artista que es Fito Paez, el arte y la vida sigan expresando su derecho a la duda frente a las verdades absolutas.
Hoy estuve pensando en las historias de amor desarrolladas en el cine cubano.
En sentido general, los cubanos asociamos el amor a lo que se enciende de modo violento y lo devora todo de modo (melo)dramático: a la pasión sin límites, al deseo que todo lo consume en segundos, incluyéndose él mismo, a la tragedia que después los bolerones con olor a aguardiente se encargarán de simplificar.
Yo tengo otra manera de pensar en el amor: más bien lo vinculo a la calma que, no importa los años que pasen, permite entender la vida como un todo adictivo, con sus opuestos que se necesitan, y se funden en algo que trasciende la atracción del instante.
Santa y Andrés
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¿Cuántas veces ha logrado reflejar eso el cine cubano?
Supongo que cada cual tendrá su propia selección. Yo tengo la mía, que seguro cuestionarán algunos, y dejará indiferente a otros, lo cual hablará bien de esa selección, porque las cosas que tienen que ver con las emociones deben responder a lo que vemos desde nuestra ventana espiritual, y no a lo que establecen las convenciones sociales.
Pienso, para empezar, en ese segmento de Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, donde el personaje evoca a Hanna, y asegura, entre otras cosas, “Hanna es lo mejor que me ha sucedido en la vida”, y más adelante, “Hanna querida, un día ya fue tarde. Te busqué, te buscaré siempre. ¿Dónde estarás ahora? ¿Qué pensarás de mí?”. Y la música de Leo Brouwer impregnándose en nosotros, como si fuera la extensión de la lluvia que acompaña la última conversación que sostienen esos amantes.
Una novia para David
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No sé los demás, pero yo veo allí una historia de amor interminable. ¿Y si mañana alguien nos cuenta la historia de Hanna en Nueva York? Al final, sería la historia del nunca acabar, como lo es la historia de Ernesto y Nereida en Clandestinos, o de David y Ofelia en Una novia para David, o del propio David y Diego en Fresa y Chocolate, o de Santa y Andrés, en la película que lleva por título los nombres de ellos, o de Carmela y Chala en Conducta.
Fresa y Chocolate
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¿Y qué tendrían de común todas estas películas? Que detrás de la Historia con mayúsculas en las que se mueven los personajes, está el deseo de reconocer al “otro”, que es a mi juicio, la mejor manera de amar. Porque “amor” sería sobre todo esa dimensión que nos permite experimentar lo afectivo como algo ciertamente complicado, pero al mismo tiempo, enriquecedor. De allí que el amor y la amistad sean realmente cosas más bien raras de encontrar en una época donde todo lo dicta la prisa, y el ruido ambiente.
Mirando desde ese punto de vista, anoto a continuación diez películas cubanas donde aprecio el esfuerzo de los realizadores por dejar a un lado el cliché del “amor platónico”, mostrándonos ese sentimiento (el amor, entendido en su dimensión más amplia, que incluye a la amistad) con gran eficiencia dramática.
Clandestinos
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Por supuesto, que cada cual hará su propia selección. Esta es la que yo hago: