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Tuesday, June 16, 2026

La Arquidiócesis de Panamá envió 35,000 hostias a Cuba




La Arquidiócesis de Panamá envió 35,000 hostias a Cuba para apoyar a las comunidades católicas que enfrentan dificultades para garantizar este elemento esencial en la celebración de la Santa Eucaristía.

Las formas fueron elaboradas por las Hermanas del Monasterio de la Visitación de Panamá y trasladadas gracias al apoyo solidario de COPA Airlines.

Más que una ayuda material, este envío es un signo de comunión, esperanza y unidad entre Iglesias hermanas, recordándonos que la fe nos une más allá de cualquier distancia.

Oremos por el pueblo cubano y por todas las comunidades que perseveran en la fe en medio de las dificultades.


Texto e imágenes tomados de la página de FB de la Arqiodiócesis de Panamá.

Saturday, June 13, 2026

Descansa en Paz Mons. Silvano Pedroso Montalvo, Obispo de Guantánamo Baracoa.


En la madrugada de este sábado 13 de junio, monseñor Silvano Herminio Pedroso Montalvo partió a la casa del Padre eterno, en La Habana, a los 73 años de edad.

Mons. Silvano nació en Cárdenas, Matanzas, el 25 de abril de 1953, hijo de Silvano, médico católico, y Catalina, de confesión bautista. Su abuela materna, junto a sus padres, le inculcaron desde temprana edad el amor a Dios, una herencia que marcó su vida y ministerio. Recibió el bautismo en el año 1961.

Geógrafo de profesión por la Universidad de La Habana, Pedroso Montalvo trabajó en el Instituto de Planificación Física de Las Tunas entre 1979 y 1982. Fue en 1987, a los 34 años, cuando ingresó en el Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana, dando inicio a su vocación sacerdotal.

Recibió el diaconado el 9 de enero de 1995 y fue ordenado presbítero el 12 de junio de ese mismo año en la Catedral de La Habana por el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, incardinándose en la Arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana. Precisamente este día estaría celebrando su aniversario 31 de Ordenación Sacerdotal.

El 29 de marzo de 2018, la Santa Sede hizo público su nombramiento como Obispo de Guantánamo-Baracoa. Su ordenación episcopal tuvo lugar el 27 de mayo de 2018 en la Catedral de La Habana, nuevamente de manos del cardenal Ortega y Alamino.

El 9 de junio de 2018 tomó posesión de su diócesis en una ceremonia en la Catedral de Santa Catalina de Ricci, acompañado por el entonces nuncio apostólico en Cuba, monseñor Giorgio Lingua, y los arzobispos Juan de la Caridad García Rodríguez (La Habana) y Dionisio García Ibáñez (Santiago de Cuba).

Su lema episcopal, tomado del Evangelio según san Juan (13,34), fue: "Ámense como yo les he amado".

Monseñor Arturo González Amador, Obispo de Santa Clara y actual presidente de la Conferencia Episcopal Cubana le despide recordándolo como: "El hombre maduro, con criterios serenos y objetivos, de buena educación y amplia cultura, de modales correctos; aunque reservado y a veces un tanto retraído, era hombre de buen humor, capaz de compartir y reír con los amigos".

El amor a Cuba lo llevaba inscrito en su corazón y nada de su pueblo le era ajeno.

Con sana y arraigada espiritualidad cristiana, sentía orgullo de su fe y de su pertenencia a la Iglesia, a quien llamaba mi madre.

Vivía su condición de pastor del pueblo de Dios sin hacer ruidos, pero con entrega y sacrificio silenciosos, primero como sacerdote y después como obispo.

Le tocó ser obispo de una diócesis joven, mayoritariamente rural, en el extremo oriental de Cuba, con pocos templos y población dispersa, lejos de sus amigos y de su familia. Una diócesis con poco clero y mucha presencia de iglesias evangélicas, sin embargo nunca se quejaba, amó su Diócesis y por ella ofreció su propia vida.

Durante su enfermedad tuvimos la oportunidad de compartir por teléfono muchas veces. Cada momento de la penosa enfermedad lo vivía con esperanza y espíritu oblativo, desde la fe y la confianza en el Señor y en la Santísima Virgen.

Silvano, amigo, hermano, padre y pastor, descansa en la paz del Señor y reza por tu pueblo y tu Iglesia".

- Su funeral será celebrado este sábado 13 de junio a las 3:00 p.m. en la parroquia de Santa Catalina de Siena (25 y Paseo. Vedado. La Habana). A continuación será el cortejo fúnebre y cristiana sepultura en el Cementerio de Colón.

Desde nuestra Diócesis acompañamos en la oración el dolor de familiares, amigos y feligreses de este pastor cercano a su pueblo, de espíritu sencillo y entrega generosa a la misión evangelizadora en el extremo oriental de Cuba.


¡Descsa en paz, pastor bueno y fiel!



Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara.


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Nota mía: La Diócesis de Guantánamo-Baracoa fue creada por Juan Pablo II en enero de 2018. Hizo el anuncio en la misa de Santiago de Cuba el 24 de enero de 1998, durante su visita a Cuba.

Sus obipos han sido Mons. Carlos Baladrón Valdés +, Mons. Wilfredo Pino Estévez (actualmente Arzobispo de Camagüey) y 
Mons. Silvano Pedroso Montalvo +. (JEM)

Thursday, June 11, 2026

El Sagrado Corazón de Jesús (por Joaquín Estrada-Montalván)


De niño recuerdo dos cuadros del Sagrado Corazón de Jesús en la cuadra, en casa de Margarita y en la de la familia Perón.

Era para mi un misterio fascinante, la gente que creía en Dios.

Gracias al testimonio sereno, de los pocos que en la Isla soportaron "la tormenta" atea militante, la Iglesia en Cuba no naufragó. 

Hoy se celebra la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, muchas gracias a esa gente que en Cuba, no tuvo miedo, no sacó su imagen de la sala de sus hogares, y permitió el reflorecer de la fe católica en la Isla. 

Mons. Silvano Pedroso, obispo de Guantánamo – Baracoa, "su estado de salud es muy delicado"

Nota Informativa de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. 

El pasado 3 de junio llegó a La Habana, procedente de Roma, Mons. Silvano Pedroso Montalvo, obispo de Guantánamo – Baracoa. Estando en Roma fue sometido a estudios médicos, que pusieron de manifiesto la presencia de una enfermedad oncológica. Fue atendido en el Hospital Gemelli y en la enfermería de la Compañía de Jesús.

A su llegada la Habana, se hospedó con las Religiosas Compasionistas. Posteriormente, fue trasladado a la enfermería de las Hijas de la Caridad, junto al Hospital Hermanos Ameijeiras, para que esté bajo estricto control médico.

En este momento, su estado de salud es muy delicado y las visitas lo agotan. Pedimos a todos lo tengan presente en sus oraciones. Que la gracia de Dios lo sostenga y fortalezca.

Muchas gracias.


SECRETARIADO DE LA CONFERENCIA DE OBISPOS CATÓLICOS DE CUBA.

La Habana, 11 de junio de 2026.


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Friday, May 22, 2026

Mons. Arturo González, obispo de Santa Clara: “es el momento más difícil y más triste de la historia de mi pueblo"


 Texto tomado del website de Ayuda a la Iglesia Necesitada.


20 mayo 2026. ACN-. La Iglesia en Cuba continúa acompañando a una población marcada por el miedo, las necesidades en todos los sectores de la vida y la incertidumbre. Así lo ha expresado Monseñor Arturo González Amador, obispo de Santa Clara y presidente de la Conferencia Episcopal Cubana, en una conversación con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), en la que describe la dramática situación que vive actualmente la isla.

“Cuba duele”, afirma el obispo. Además, ha explicado que “es el momento más difícil y más triste de la historia de mi pueblo del que tengo conciencia. Todo es una lucha por sobrevivir. El presente es inseguro, el futuro totalmente incierto”.

La crisis afecta a todos los ámbitos de la vida cotidiana. “Cada día que pasa sentimos que es más difícil vivir, sobre todo para los pobres, los ancianos que viven solos, los jubilados y las madres solteras”, explica Mons. González. En las parroquias, la desesperación se hace visible diariamente: “Hay personas que llegan diciendo que llevan días sin comer y que no saben a quién van a acudir. Los alimentos no se pueden conservar por falta de electricidad y últimamente ha habido desmayos frecuentes durante las celebraciones, porque mucha gente no ha comido”, relata.

Desesperanza y miedo entre los cubanos

La situación sanitaria es especialmente alarmante. Según cuenta el obispo, “en algunos hospitales importantes no se están realizando operaciones por falta de agua, nada digamos de los materiales quirúrgicos”. Muchas familias deben conseguir por su cuenta materiales médicos básicos para poder recibir atención.

“Conozco más de un caso en que alguna persona tuvo que buscar con familiares o amigos en el exterior todos los recursos para poder ser intervenido, incluso el hilo para sutura”, explica.

A las graves dificultades económicas se suma un clima de angustia social y psicológica. “En las conversaciones con la mayoría de las personas hay tristeza, desesperanza e incertidumbre… el miedo reina”, señala, refiriéndose al temor de un posible conflicto bélico con los Estados Unidos. “El miedo a la guerra es tremendo; forma parte de la preocupación cotidiana de muchas personas. Hay un discurso constante hablando de eso, lo cual crea angustia, sobre todo entre los niños y los ancianos”, afirma Mons. González. “En la calle se escucha: No podemos más con tanto dolor y no tenemos a quién acudir”. 

El obispo no quiere entrar en análisis o especulaciones, pero recuerda que “en el mundo moderno hay muchas maneras de implementar el miedo y una guerra entre naciones”.

Además, el presidente de la Conferencia Episcopal Cubana advierte del aumento de las depresiones, las adicciones y el impacto de la emigración masiva: “El que puede emigrar, lo está haciendo. Se queda un país cada vez más envejecido, solo con ancianos, sin recursos y con pensiones mínimas”.

«La labor de la Iglesia es dar esperanza»

Otro grave problema es el aumento de la inseguridad. “Han entrado a robar en muchas casas. Todo esto genera una sensación de enorme vulnerabilidad”. Esa falta de seguridad, junto a la terrible crisis eléctrica, que deja a muchas regiones del país con solo tres horas de electricidad al día, afecta a la práctica religiosa cotidiana: “Ya prácticamente no existe adoración nocturna”, señala y añade que, en algunos lugares de Cuba, la Vigilia Pascual tuvo que celebrarse de día debido a los apagones y a las dificultades de movilidad nocturna, a los asaltos y violencia callejera.

En medio de esta triste, dolorosa y desesperante situación, religiosas, sacerdotes y laicos colaboran continuamente para ayudar a quienes más sufren. “La labor de la Iglesia es mantener vivo el espíritu, dar esperanza donde no la hay, escuchar y acompañar”, subraya. 

Entre los fieles nacen “iniciativas para socorrer a los que viven en la miseria, a los más pobres y necesitados; entre ellas los pequeños comedores y comidas a domicilio para los impedidos físicos y enfermos postrados. Sacan comida y recursos de donde no hay…”, explica Mons. González. El obispo cuenta el caso de un comedor que atiende a más de 300 personas y que recientemente tuvo que improvisar porque no les llegaba lo que habían cocinado: “Las hermanas dijeron: Vamos a usar lo que nos quede. Mezclaron latas de frijoles negros y blancos para poder ofrecer más platos. La gente ve eso, ve que la Iglesia comparte, da lo que tiene”. 

La caridad mueve a la Iglesia en Cuba

“Es una prueba evidente de lo que es capaz de hacer la providencia de Dios y la caridad cristiana”. Para el obispo, esta caridad sencilla y silenciosa tiene un enorme valor evangelizador. “El día que una monja o un cura muera de hambre o por falta de un medicamento es que ya no queda nadie vivo, porque todos comparten lo poco que tienen”, afirma. “Es muy hermoso que esta ayuda, la caridad, se realice sin manipulación de partes, simplemente gracias a personas que quieren ayudar. Y también se ve la gratitud de quienes la reciben”.

Sin embargo, reconoce que la propia Iglesia vive bajo fuertes limitaciones. El incremento de los precios y la escasez de combustible han reducido enormemente la actividad pastoral. Estamos realizando una “pastoral de mantenimiento”. Los precios se han quintuplicado y muchas veces no podemos desplazarnos ni para celebrar la Eucaristía en los pueblos y caseríos campesinos, como antes. Mons. González menciona como ejemplo que, durante el entierro del obispo emérito Enrique Serpa Pérez, solo cuatro obispos pudieron estar presentes debido a la falta de combustible.

El aislamiento afecta especialmente a algunas zonas del país y a numerosas comunidades religiosas. “Existen lugares donde la gente está mucho más aislada y es más vulnerable. También las congregaciones religiosas son muy frágiles y muchas no tienen recursos suficientes para sostener su presencia en la isla”, explica. Aun así, destaca la fidelidad de aquellos que permanecen: “Aunque muchos se marchan de la isla, la Iglesia se queda; el pueblo reconoce y agradece esta elección”. 

ACN, junto a los cristianos de Cuba

Finalmente, Mons. Arturo González Amador pidió a los benefactores y amigos de ACN que no olviden a Cuba. “Creo profundamente en el poder de la oración”, afirma. También solicita apoyo para sostener la vida espiritual de religiosas, religiosos y sacerdotes, así como las obras de caridad, los materiales pastorales, la evangelización, la impresión de materiales y el transporte. “No se puede solucionar todo, pero cualquier ayuda cuenta. El pueblo de Cuba sufre y la Iglesia es parte de ese pueblo”, concluye

Monday, May 18, 2026

Mons. Dionisio García: "Cuba tiene que cambiar"


Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba. Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, 17 de mayo de 2026.

Solemnidad de la Ascensión del Señor



“Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” Mateo 28, 20


Hermanos,

Esta es una celebración hermosa. Hermosa y hay veces que pasa como un poco desapercibida. Le damos importancia a la tiene el centro a la Navidad, que es el misterio de la encarnación, eso es lo que celebramos, el misterio que Dios siendo Dios, se hace hombre como criatura igual que una criatura que sale de sus manos, ¿para qué? Por amor para salvarlo. Y se hace hombre en el seno de la Virgen, pasando por por todo lo que puede pasar un ser humano en todo menos en el pecado. ¡Qué misterio más grande es ese!, Dios que se abaja. Muy bien.

Después tenemos otra fiesta grande que es la fiesta de Pascua, en la cual nosotros recordamos la Pasión, la muerte del Señor Jesús, su Pasión en la cruz, y cómo en ese árbol de la cruz, el Señor nos alcanza la salvación. Lo que para el mundo era un instrumento de tortura, de ahí del mal, Dios es capaz de sacar la vida y el bien. Ese es el misterio de la Redención. No solamente Dios se hace hombre como uno de nosotros, sino que también Él se entrega y sufre como un condenado, como un ladrón, como un asesino, como aquellos dos que estaban al lado de Él. ¿Y por qué? Por amor. Ese es el misterio de Dios, que es amor y que Él por amor nos ha creado para que vivamos en el amor.

Ustedes saben que el amor no se vive egoístamente uno solo. El amor necesita ser compartido. Es una necesidad del amor y Dios es amor. Y Dios quiere compartir esa dicha, esa felicidad con todos, por eso nos ha creado. Ese es el sentido de la vida. No es otra cosa, como que seamos una plantica de esas que ahora están verdes porque llovió y si no a lo mejor desaparece. No. Cada uno de nosotros, nuestros nombres están grabados, como dice la palabra de Dios, en el corazón de Dios.

Y el misterio de la Ascensión está metido ahí, forma parte, y lo tenemos como el día de la responsabilidad. Si podíamos dar un nombre así ese día, ¿qué día? Ustedes saben que celebra mucho, empezamos por las madres, las madres, los papás, los abuelos, los tíos, los derechos humanos, los que son minusválidos, los que son… entonces, todos los días hay algo diferente. Este día es el día de la grandeza de la iglesia, de los discípulos que oyen el mandato de Dios y se quedan expectantes. Es el día en que los discípulos descubren que el Señor Jesús vino y gastó su tiempo, fíjense, no lo malgastó, gastó su tiempo, empleó su tiempo para enseñarnos a vivir en paz junto a Él y alcanzar la salvación. Y es el día que nos dice, "Ahora les toca a ustedes. Todo aquello que yo les enseñé, ustedes tienen que ponerlo en práctica”.

Uno de los momentos más bonitos, ¿verdad que sí?, de las lecturas de la Biblia, del Nuevo Testamento, es esa imagen preciosa, cuando están los discípulos viendo que ya el Señor Jesús no está con ellos y que el escritor los narra con aquello de subió, ascendió. Y dice que los discípulos se quedaron como bobos contemplando. Se iba, se iba el Señor. Lo creyeron muerto y después volvió a la vida. Estaban pesimistas y tristes, lo habían matado en la cruz, pero volvió a la vida, pero ahora se va. Se va y ya estaban ellos así, medio lelos.

Y aquellos dos personajes que se acercan y les dice, "¿Y qué hacen ustedes ahí, galileos?" Siempre una palabra que, seguro que el ángel no la dijo, pero la digo yo. ¿Qué hacen como tontos mirando al cielo, como lelos, así, mirando al cielo? ¿Qué hacen? Váyanse. Empiecen a vivir todo lo que el Señor les ha enseñado. Lo último que les dijo, "Vayan por el mundo entero, bauticen, al que crea y enseñen lo que yo les he enseñado. No se queden así pasmados, no. Salgan”.

Es el día de la responsabilidad, es el día de la Iglesia, que junto con la venida del Espíritu Santo, cuando ellos cogen la sabiduría y la fuerza de Dios, porque el Señor les había dicho, "Él les va a enseñar y les va a a iluminar el camino para que ustedes con sabiduría y valentía, también le hagan presente”. Sí, hermano, es el día de nuestra responsabilidad. Y eso se puede interpretar de muchas maneras. ¿Todo se lo dejo a Dios y entonces yo me quedo con los brazos cruzados? En ese momento dos ángeles se nos pueden aparecer y decirnos, "¿Y qué haces tú con los brazos cruzados? ¿El Señor no te ha llamado para que tú vayas a anunciar lo que ustedes han visto y oído?”

Junto a este mensaje también ante los discípulos que se quedaban temerosos si Él partía. Y dijo él, "No se preocupen, porque yo estaré con ustedes hasta que este mundo pase. Hasta el final de los tiempos.” Como diciendo, “cojan, cojan esa seguridad que da la fe. Yo estaré con ustedes. Búsquenme. Yo estaré con ustedes. Yo quiero estar con ustedes. No me rechacen. Búsquenme." Entonces, vienen otras preguntas que cualquiera hubiéramos podido hacer, cualquiera de nosotros si hubiéramos estado allí. “Señor, tú dices que te vas ya, que ya no vas a estar con nosotros. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo será el fin de los tiempos? ¿Cuándo tú vendrás definitivamente para que tu reino ya no tenga fin?”

¿Y qué le dice el Señor? Les dice, "A ustedes no le corresponde esas cosas. A ustedes le corresponde el vivir con esa seguridad de que Dios está presente y que Dios sabe sacar cosas buenas aún de lo que evidentemente es malo”. La separación es mala, la muerte en la cruz es mala, la persecución, la maledicencia, la intriga, es malo. Pero el Señor, si está con nosotros, nos estará diciendo algo.

Hay cosas que a mí me maravilla de la fe del pueblo, de las personas, de esas personas que se sientan al lado de nosotros en la iglesia y que a lo mejor no leen porque le da pena, lo que sea. Pero, sin embargo, ante un acontecimiento duro difícil, son personas que, de lo profundo así, pero de manera natural te dicen, "Vamos a dejarlo en las manos de Dios, Él sabrá. Él sabrá por qué ocurrió esto”. Eso no quiere decir que nos hayamos cruzado, no, que va, ya el ángel nos había dicho, "Salgan, prediquen y vivan como cristianos”.

Pero esas grandes preguntas, ¿y por qué ¿Y por qué? ¿Y por qué? El mundo no tiene respuesta, ¿eh? A un ateo usted le pregunta y el mal por qué existe, no le sabrá decir. Jamás, aunque invente cosas. Aunque diga que las relaciones sociales que hacen que uno tenga más y menos, mentira. Porque se crean otras relaciones sociales que aplastan a la gente también. ¿No? Esa fe el Señor sabe. Él sabrá. Hermanos, es una fe sobre todo una fe firme y fuerte. Fíjense bien como este día nos define de muchas maneras.

Ya los discípulos habían experimentado que Cristo estaba vivo en medio de ellos ya. Ya ellos habían escuchado una serie de de mensajes, una serie de instrucciones, vamos a llamarle así, de pedidos, de mandatos. ¿Qué les había dicho? ¿Me siguen? Miren, vayan por el mundo entero, bauticen al que crea, en el nombre de del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo... Quedan perdonados los pecados... Ámense unos a otros como yo les he amado... Es el mandato del amor. Yo he resucitado, el mal será vencido, la muerte ha sido vencida… Hermanos, eso son cosas fuertes que los discípulos fueron recibiendo y las tenían guardadas, no sabían, hacía falta el Espíritu Santo que lo vamos a celebrar el próximo domingo, para que les dé esa valentía y esa sabiduría.

Entonces, hermanos, es un día precioso. Y es un día para que como cristianos no nos quedemos con los brazos cruzados, pero no solamente para hacer las cosas, sino también para mi propia vida. Nosotros sabemos que tenemos que cambiar. Al principio de la misa dije que todos tenemos que cambiar y Cuba tiene que cambiar, y tienen que haber medidas que cambien la situación del país. Espiritualmente tenemos que cambiar para bien, porque hay veces que nosotros nuestra en propia vida espiritual hace que nos quedemos "Ay, Señor, qué pecador soy. Ay, Señor, es que las cosas. Ay, Señor, que no tengo”. No, hermanos, vivamos con esa seguridad firme de decir, "El Señor está conmigo. Él es mi refugio. Él es mi fortaleza. Lo que no entiendo lo entenderé, lo mío es seguirle, hacerle caso y lo demás se lo dejo a Él, Él sabrá. Y yo haré todo lo que tenga que hacer”. Siervos inútiles somos, hacemos lo que tenemos que hacer y lo demás en las manos de Dios.

Hermanos, ese es el día de la Ascensión. Imagínese los discípulos, si hubiéramos sido nosotros aquí en El Cobre, de momento mirando al cielo en medio de estas montañas bellas, el Señor ya no lo tenemos. Algo pasó tan grande que el que escritor dijo, “ascendió hacia los cielos”. Sabe Dios lo que en ese momento ellos vieron. Imagínense nosotros nos quedamos así, y aquellos hombres que nos tocan y nos dicen, "Oye, no te quedes pasmado”. Coge el arado y empieza a dar, para que la tierra de fruto. Escuchen al Espíritu Santo. Haz lo que debes de hacer con esa confianza de decir, el Señor sabrá. Él conoce los designios. A mí no me toca cuestionarlo. Él sabe. Y lo demostró con su amor que se entregó en la cruz por mí, que resucitó para enseñarnos el camino, y para indicar el camino.

Hermanos yo no le digo que va a haber… resucitaremos, porque yo he resucitado y estaré allí. Acuérdense lo que les dijo a los discípulos en este tiempo, en mi casa hay muchas moradas, ustedes tienen una allí, donde yo voy ahora no podrán ir, pero irán. Hermanos, ésa es la fe. Vamos a pedir al Señor que nos dé, esa fe firme a todos, para luchar en esta vida, pero saber que la VIDA, así con mayúscula y fuerte, la VIDA, no termina con la muerte, sino que la VIDA culmina, coge verdadero sentido junto a Dios.

Vivamos así, y que como cristianos sepamos ser testigos de Él dondequiera que estemos. Cuba necesita de testigos de Cristo, el mundo necesita de testigos de Cristo, de aquellos que quieran ser en medio de nuestros pecados y debilidades, proclamadores de su palabra y también aquellos que quieran dar testimonio con su vida de la Palabra del Señor.

Que Dios nos ayude a vivir así, y mantengámonos alegres, porque ellos cuando recibieron después el Espíritu Santo, se aquí tenían cierta reserva, cuando recibieron el Espíritu Santo, se llenaron de gozo y alegría. Que esa alegría y ese gozo, venga a nosotros.


Que el Señor nos acompañe.


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Texto y foto tomados del Facebook del Arzobispado de Santiago de Cuba.

Saturday, May 9, 2026

La máscara mortuoria de Mons. Adolfo Rodríguez (9 de abril de 1924 - 9 de mayo de 2003). Testimonio de Ileana Sánchez Hing.

Foto/Ileana Sánchez
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Aniversario del fallecimiento de Monseñor Adolfo Rodriguez Herrera, (Minas, Cuba, 9 de abril de 1924 - Camagüey, 9 de mayo de 2003). Obispo y luego Arzobispo de esta arquidiócesis. Camagüey, Cuba.

Joel Jover Llenderroso y yo, en la madrugada hicimos su mascarilla mortuoria, nos ayudó el Dr. Rojas especialista maxilofacial y el Dr. Ranfis Humberto Rodriguez Bueno, oncólogo.

Fue una noche difícil, no era solo la tristeza de su partida, el compromiso de no dañara su piel después de horas del fallecimiento, técnicamente este proceso se hace en las 4 o 6 horas después del deceso, pero hubo que esperar la madrugada para que fuera menos las personas que venían hasta la catedral a rezarle, a llorar, el dolor por su partida o infinidad de curiosos.

En un momento de la noche, estaba todo listo pero las opiniones estaban divididas en dos, unos decían que era bueno dejar la mascarilla de su rostro para después exponerla o hacer una escultura y otros no quería por la posibilidad de hacerle daño al rostro del cadaver, luego de conversaciones entre los los sacerdotes dijeron

"… Sí lo harán pero muy entrada la madrugada…"

Esperábamos en casa hasta que fuimos avisados que todo estaba listo para comenzar. La catedral de Camagüey cerrada totalmente, entramos por la puerta pequeña que está por la calle Independencia, los organizadores colocaron bancos que dividían el templo en dos y unos grandes reflectores que iluminaban su cuerpo, para poder trabajar.

Entramos los cuatro juntos con todos los materiales que utilizamos, el silencio era increíble, el colocar las bolsas con el yeso o el poner el agua en las palanganas era ruidoso, los sacerdotes, monjas, diáconos y personas muy cercanas al arzobispo nos miraban desde la distancia rezaban arrodillados o de pie en penumbras, dos monjas nos servían de ayudantes, descubrimos su cuello y la parte superior del busto, comenzamos a trabajar con la precisión de los mejores relojeros suizos, en poco tiempo ya teníamos en una pequeña caja el negativo de la mascarilla con la impresión del rostro de ese santo hombre, que para nosotros particularmente era más que el arzobispado, era alguien indescriptible con el cual se podía conversar, reír o llorar y el siempre tenía una solución.

Al terminar, comencé yo la limpieza de su rostro y ropa que se había resguardado para evitar manchas, en ese momento solos él y yo limpiando sus pequeñas y frágiles pestañas, cejas, con pinceles, pasando ligeramente el peine por su cabello, sacando todo resto de crema o yeso de las comisuras de sus labios, poniéndole polvos para colorear su rostro, con mucha honra de fallecer, en ese momento fue mi última conversación con él, tengo la suerte de haber sido la última persona que lo limpio, tocó.

Entre lágrimas me despedí de su lado.

Fotos/Ileana Sánchez
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A las 72 horas y luego del el entierro Joel Jover y yo, fuimos a entregar la mascarilla en el obispado.


El negativo, que tiene pequeños bellos de su rostro, las huellas de su piel, ese trozo de yeso partido, con los algodones, gasa con que se trabajó, en la misma cajita en que la transportamos, hoy es propiedad del Dr. Nicolás Peon y está en Santiago de Chile. Niky fue un joven católico muy cercano a monseñor. Se que fue una buena decisión porque estará siempre en su familia que lo cuidaran como la reliquia que es.

Descansa en Paz.



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Saturday, April 18, 2026

Ha fallecido Mons. Jorge Enrique Serpa Pérez, Obispo Emérito de la Diócesis de San Rosendo, Pinar del Río



Con profundo dolor, pero con viva esperanza en la Resurrección, anunciamos que en la noche de este 17 de abril de 2026, ha partido al encuentro con Dios nuestro querido Excmo. Mons. Jorge Enrique Serpa Pérez, Obispo Emérito de la Diócesis de San Rosendo, Pinar del Río (16 de marzo de 1942 - 17 de abril de 2026).

"He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe" (2 Tim 4,7) Con estas palabras del Apóstol Pablo, nos despedimos de un pastor incansable, cuya vida fue un combate por la verdad y una carrera de servicio a su pueblo.

Mons. Serpa fue para la Iglesia en Pinar del Río donde vivió y sirvió durante doce años, un custodio infatigable; no solo de templos y obras materiales, que supo promover con visión y tesón, sino, sobre todo, de la comunidad cristiana. Supo mantener la vida pastoral de la diócesis con el mismo amor con que la heredó de Monseñor José Siro, la cual atendió personalmente, cimentando la fe en el corazón de los fieles y animando las vocaciones. Sembró las semillas del Reino desde la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba a través de la Pastoral Penitenciaria y la Pastoral de la Salud, comisiones que presidió durante varios años.

Lo recordaremos como un hombre valiente y de palabra clara. No conoció el miedo a anunciar el Evangelio con libertad, a señalar la verdad con caridad firme y a tratar a todos —sin distinción— de frente, con la honestidad y la franqueza que brotaban de su amor por Cristo y por su Iglesia. Su trato directo y su forma de decir lo que pensaba, sin dobleces, lo llevaron a ganarse el respeto y el cariño de cuantos trataban directamente con él.

Nacido en Cienfuegos, realizó sus primeros estudios en el Seminario del Buen Pastor en La Habana.

A partir de 1961 estudió teología en Tournai, Bélgica, donde obtuvo la Licenciatura. En esta tierra fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1968, incardinándose en la Arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana.

De 1968 a 1999 no le permitieron regresar a Cuba, por lo cual fue transferido a la Arquidiócesis de Bogotá (Colombia).

De 1968 a 1973 fue Vice Párroco en Bogotá y de 1973 a 1999, Párroco del Corazón Inmaculado de María; de 1985 a 1999, fue Director de un colegio católico en Bogotá.

Tras regresar a Cuba en 1999, fue nombrado miembro del Consejo Presbiteral de San Cristóbal de La Habana; de 2000 a 2003 fue Párroco y Vicario episcopal del sector este de la Arquidiócesis; de 2002 a 2003, Administrador del Seminario Mayor de San Cristóbal de La Habana. Posteriormente, de 2004 a 2005, Vicario episcopal del sector Habana Centro y desde el 2003 fue Rector del Seminario Mayor de San Cristóbal de La Habana, simultáneamente.

Fue nombrado Obispo de Pinar del Río por SS. Benedicto XVI el 13 de diciembre de 2006, ordenado el 13 de enero de 2007 en la Catedral de La Habana, y tomó posesión de la Diócesis el día siguiente.

Su partida deja un legado imperecedero de fe intrépida, laboriosidad evangélica y amor fiel a la Iglesia. Encomendamos su alma a la misericordia de Dios, seguros de que la Virgen María, a quien tanto amó, lo conduce al encuentro definitivo con el Señor, a quien sirvió con todas sus fuerzas.

Más adelante daremos información sobre la Eucaristía por el descanso de su alma, que se celebrará en la Catedral San Rosendo.

Invitamos a todas las comunidades, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos a unirse en oración por el eterno descanso de su alma y a dar gracias a Dios por el don de su vida y ministerio episcopal.

"Que los ángeles te conduzcan al Paraíso, y que los mártires te reciban a tu llegada y te lleven a la ciudad santa, Jerusalén. Que el coro de los ángeles te reciba, y con Lázaro, que fue pobre, tengas descanso eterno."

En Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote,

+ Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, sj.
Obispo de Pinar del Río.

Pinar del Río, 17 de abril de 2026.

Wednesday, April 8, 2026

El Reloj del Arzobispo. Otra memoria del Príncipe. (por Carlos A. Peón-Casas)


Tomemos esta interesante recreación como prueba indeleble de los innegables valores del raigal Puerto Príncipe.

Las noticias de este valioso adminiculo, enviado a la entonces muy crecida villa, regalo de un arzobispo santiaguero a principios del siglo XIX, debió haber sido un suceso de relevante modernidad.

El relato del suceso, es de esos asuntos de nuestra otrora ciudad del Príncipe que solo se puede leer en antiguas actas capitulares, o en alguna otra evidencia epocal, a veces tan explícitas en sucesos de nuestra historia, pero tan difíciles de localizar y acaso ya ilegibles o inexistentes en el oscuro marasmo de un par de siglos atrás.

Hoy tenemos la suerte de rescatar esta memoriosa recordación en una edición de la Revista Bimestre Cubana, donde se recopila en extenso esta y otras “leyendas” en la recreación que hiciera de ella el muy enterado investigador René Ibáñez Varona, en su inestimable y ya rara avis: “Tradiciones y Leyendas Camagueyanas.”

Disfrute pues el lector de esta poco conocida perla de nuestra ancestral memoria camagüeyana tan oportuna como reveladora de nuestros mejores alientos:
En los comienzos del Siglo XIX el ilustrísimo don Joaquín Osés Alzúa y Cooparicio, primer Arzobispo de Cuba, remitió un reloj a la villa de Santa María de Puerto Príncipe, con el único propósito de que se pusiera en la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, dado lo costoso que eran los relojes de bolsillos y de pared en aquel entonces. "Una villa tan religiosa —-decía él— merece algo muy significativo, que no posean otras villas y ciudades."

Hasta ahora, que sepamos nosotros, este reloj público es el primero que se instaló en la torre de una iglesia cristiana, al servicio de la comunidad en un pueblo cubano. El señor Arzobispo envió el reloj el día 27 de enero del año 1807. Sin embargo, permaneció sin instalarse varios años.

Pero si examinamos las Actas Capitulares correspondientes a los días 18 de febrero y 3 de marzo del año 1820, se verá que "estaba el reloj en disposición de colocarse". Dos años después aún permanecía en igual circunstancia, hasta que en el Acta correspondiente al día 21 de mayo del año 1822, comprobamos que la demora de su instalación obedecía a la escasez de fondos de propios exclusivamente. Sin embargo, alégase en la misma por acuerdo que "notándose la exclusiva falta que hace en esta populosa ciudad, asi para al gobierno de los tribunales, corporaciones y oficinas, como para el público en general; atendiéndose también a que únicamente pende la colocación del referido reloj, pues yase haya arreglado y expédito por el facultitivo encargado de su composición"; se acordó comisionar al Señor regidor don Julian de Miranda para que en asocio del ciudadano don Pedro Recio, procediesen a abrir una suscripción voluntaria entre los generosos vecinos de esta población, a fin de que con su producido se pusiese en corriente una obra tan útil y tan necesaria, У para la cual cree el Ayuntamiento, que cada uno contribuirá gustosamente o graciosamente cuando lo permitan sus facultades. Asimismo se acordó que en caso de hallarse impedido el citado don/ Pedro Recio de aceptar el encargo que se le confía por sus ocupaciones u otro motivo, se subroga al ciudadano Francisco Betancourt y Gutiérrez, a quien adornan los mismos sentimientos patrióticos. Ciertamente, parece que esta cuestación voluntaria fue muy bien acogida entre la vecindad, ya que hojeando Actas Capitulares posteriores, encontramos la correspondiente al día 17 de agosto del precitado año, se dice: "que estaba el reloj ya puesto en la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, y que se hacía visible desde la plazoleta de igual nombre, en donde solían estacionarse quitrines y otros carruajes de alquiler", Este reloj costó subirlo e instalarlo trescientos cuarenta y cuatro pesos y cuatro reales y medio. Además, de los cuatrocientos pesos que se le pagaron al relojero por su composición y regulación técnica. Tenía diez pesos mensuales asignados en el presupuesto municipal el relojero Señor JoséAntonio Rodríguez, para el servicio de darle cuerda y mantenerlo iluminado, que se hacía con una lámpara de aceite todas las noches.

El Cabildo del Ayuntamiento acordó sufragar sus gastos de sostenimiento y reparación a que fuere menester. A los pocos meses de estar el reloj sirviendo a la población, y siendo para más precisar el día 17 de diciembre del año 1822, se le aumentó cinco pesos más a la dote inicial con que el Ayuntamiento sufragaba los gastosde conservación, manutención y observación del mismo, a través de su fiel custodio el relojero. Este reloj fué una atracción pública, tanto para los principeños como para los extranjeros. Estuvo este reloj en servicio público continuadamente hasta el día 20 de mayo de 1825, que sufrió una interrupción que duró varios días.

Notándose siempre por los vecinos de otros barrios de la necesidad de trasladarlo a otra iglesia de torre más elevada. Un regidor haciéndose eco de este clamor público, llevó el asunto al Cabildo, consiguiendo que el Muy Ilustre Ayuntamiento acordara el día 10 de junio del año 1825, su traslado a un sitio más visible u observable a mayor distancia de todos los vecinos de esos contornos. Eligiéndose la iglesia de La Merced por estar situada casi en el centro de la periferia, y además por poseer la torre de más altitud o elevación de ese tiempo. 

Hizóse y se logró que los vecinos de toda la barriada de la Merced, sufragasen los gastos de traslación e instalación del reloj, y siguiéndose por cuenta del erario capitular el sostenimiento del mismo. Este reloj se hizo tan indispensable a los principeños o camagüeyanos, que cuando se apagaba su iluminación en el año 1869 —por motivo de la guerra— se producían grandes protestas públicas. Todos los vecinos o moradores veían en su iluminación una atalaya de luz, que rendía un excelente servicio a toda la comunidad principeña.

Tomado de: Revista Bimestre Cubana
VOL. LXIX 1952-1953-1954.

Sunday, April 5, 2026

“Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” (I Corintios 15,14)

Foto/Archivo Blog Gaspar, El Lugareño
Domingo de Resurrección, Camaguey, 2008
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Domingo de Resurrección, Camaguey, década de 1950
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“Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” (I Corintios 15,14)
"La fe de los cristianos es la Resurrección de Cristo; esto es los que tenemos por cosa grande el creer que resucitó" (San Agustín, Comentarios sobre el salmo 120).

"La razón de que los discípulos tardaran en creer en la Resurrección del Señor, no fue tanto por su flaqueza como por nuestra futura firmeza en la fe; pues la misma resurrección demostrada con muchos argumentos a los que dudaban, ¿qué otra cosa siginifica sino que nuestra fe se fortalece por su duda?" (San Gregorio Magno, Homilía 16 sobre los evangelios).

"Después de la tristeza del sábado resplandece un día feliz, el primero entra todos, iluminado con la primera de las luces, ya que en él se realiza el triunfo de Cristo resucitado" (San Jerónimo, comentario al Evangelio de San Marcos 16).

Saturday, April 4, 2026

Sábado Santo. Explicación y consideración. (por Gertrudis Gómez de Avellaneda)



Todo el Oficio público de la Iglesia parece consagrado este día a la sepultura de Jesucristo y a su descendimiento a los Infiernos; pero en la Misa se celebra ya la Resurrección. 

Se enciende hoy el nuevo fuego, para significar que la ley antigua ha desaparecido y que la nueva comienza a brillar; también representa este fuego a nuestro Señor Jesucristo, luz del mundo, extinguida y reanimada. 

Puede decirse así mismo que el cirio pascual tiene igual significación y de allí viene sin duda que se le encienda durante el tiempo pascual y se le retire el dia de la Ascensión. 

Las oraciones de bendición del cirio pascual son extremadamente patéticas, y prueban también que la Iglesia mira esta ceremonia como simbólica; de otro modo no invitaría a toda la tierra, a que se regocijase de ser alum brada por rayos tan luminosos. 

Los cinco granos de incienso, según dice el Abad Ruperto, representan el embalsamamiento del cuerpo del Salvador. 

En este día también se bendicen las fuentes, haciendo la señal de la cruz sobre las aguas y rogando a Dios que derrame en ellas la virtud del Espíritu Santo. El celebrante rocía hacia las cuatro partes del mundo, y al cabo -- después de haber alentado tres veces sobre dichas aguas, pidiendo a Jesucristo que se digne bendecirlas con su propia boca - toma el cirio pascual y lo sumerge por tres veces, inostrando de este modo que es por los merecimientos del Salvador, muerto, sepultado y resucitado - del cual es figura el cirio- que la virtud del Espíritu Santo se comunica a estas aguas. 

Ocupándose la Iglesia este día, como hemos indicado, de la sepultura del Salvador, es preciso aplicar nuestro espíritu a la consideracion de los misterios que encierra dicha sepultura. S. Pablo nos enseña que por medio del Bautismo hemos sido sepultados con Jesucristo, como muertos para el pecado. ¿Lo estamos realmente? ¿No vive todavía en nosotros el hombre viejo, resistiéndose a la renovación de la gracia?

Friday, April 3, 2026

Viernes Santo. Explicación y consideración. (por Gertrudis Gómez de Avellaneda)


La Iglesia ruega públicamente en este día por todos los hombres sin excepción, a fin de mostrar que Jesucristo ha muerto por todos. 

Concluidas las oraciones se quita el velo que envuelve la Cruz, para indicar que rasgado el velo del templo a la muerte del Redentor, el santuario apareció descubierto. 

Primero el clero y después el pueblo adoran respetuosamente el signo de Redención; pero entendiendo que no adoran el madero, lo cual - segín la expresión de S. Ambrosio sería un error de idolatría -sino al Salvador que en él ha sido enclavado. Tal es la intención de la Iglesia y la doctrina de los Padres y de los Concilios. 

No se ofrece este día sacrificio de la Misa, y el secerdote comulga bajo la sola especie del pan que fué reservado ayer. 

Se despojaba antiguamente los altares a la consumación del sacrificio; y esto se practica todavía el Miércoles, Jueves y Viernes de la santa Semana; sea vestigio de la antigüedad, sea misteriosa ceremonia que nos recuerda que Jesucristo, figurado por el altar, fué despojado de sus vestiduras: al menos así lo indica el que se recite el salmo de David , -que predice esta circunstancia de la Pasión. -al desnudar los altares. 

El espíritu de la Iglesia es que meditemos profundamente este dia los sufrimientos y la muerte de nuestro Salvador. El padece, dice S. Agustín, no por una necesidad digna de compasión, sino por un poder lleno de misericordia: él sufre y muere porque nos ama... ¿y podremos nosotros no corresponder a este divino amor, que nos ha dado pruebas tan extraordinarias? ¿No miraremos con horror el pecado, que fué causa de la Pasión y muerte de Jesucristo?

Sunday, February 22, 2026

Mons. Arturo González, obispo de Santa Clara: "Cuba tiene que cambiar, como estamos viviendo no es de humanos"


Texto y foto: Página del Facebook de la Diócesis de Santa Clara.

Omar Vega Rodríguez
Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara.




En una concurrida celebración correspondiente al VI Domingo del Tiempo Ordinario, la comunidad de la S.I. Catedral Santa Clara de Asís vivió una jornada de profunda reflexión espiritual. La Eucaristía dominical fue presidida por el Obispo de la diócesis, Mons. Arturo González Amador, quien centró su homilía en el llamado de Jesús a la pureza interior y, al finalizar la Misa, se refirió a la compleja situación que atraviesa el país y las razones pastorales detrás del aplazamiento de la Visita ad limina de los obispos cubanos.

Del acto externo a la moral del corazón.

En su reflexión sobre el Evangelio del día, que narraba pasajes del Sermón de la Montaña, Mons. Arturo destacó la profundidad del mensaje de Jesucristo: "El Señor nos habla desde los actos, de lo que se ve, de lo que se puede percibir por fuera, a una moralidad del corazón, de lo interior", explicó el prelado, "Porque en el corazón radica todo lo bueno que Dios ha sembrado en los hombres, pero también del corazón puede salir todo lo malo si el hombre no lo controla".

El Obispo subrayó que Jesús va más allá de la prohibición de actos externos como el matar, para preguntarse por el origen de esos sentimientos: "Jesús va mucho más allá del acto externo, al preguntarse dónde nace ese sentimiento de odio, dónde nace ese sentimiento del homicidio, dónde nacen estos actos, nacen en el corazón", afirmó, haciendo hincapié en la necesidad de controlar "los sentimientos descontrolados" y "purificar las motivaciones".

El Obispo también quiso destacar lo "providencial" de la fecha de este Evangelio, situado entre la llamada celebración del amor y la amistad y el próximo Miércoles de Cenizas, que da inicio a la Cuaresma. "Que el Señor nos ayude con su gracia para que esto que hemos escuchado y meditado hoy sea incorporado a nuestra vida", deseó a los fieles.

"¿Dónde tienen que estar los padres? Al lado de los hijos"

Tras la celebración litúrgica, y en diálogo con la comunidad presentes, el Padre Obispo abordó la difícil realidad que vive el pueblo cubano y las decisiones pastorales que esta implica, refiriéndose específicamente al aplazamiento de la Visita ad limina que los obispos cubanos debían realizar al papa León XIV.

"Seguramente escucharon que los obispos habíamos suspendido la visita al Santo Padre. No se suspendió, se aplazó", aclaró. Explicó que la decisión se tomó ante el complejo momento que vive el país y la región. "Es muy preocupante que todos los obispos saliéramos de Cuba y estuviéramos ausentes si ocurría alguna situación difícil o dolorosa. Esto fue lo que nos motivó a pedirle al Santo Padre".

El Obispo reveló que las dificultades con el suministro de combustible para los vuelos fue uno de los detonantes, pero la motivación de fondo fue mucho más profunda: la situación del pueblo cubano. "La situación no sólo se ha mantenido grave y difícil desde nuestro mensaje por el pasado Jubileo, sino que ha empeorado. Cuba tiene que cambiar, como estamos viviendo no es de humano", afirmó con firmeza, recordando el llamado episcopal a un "diálogo sincero y eficaz". "Hay que sentarse, hay que hablar, hay que escuchar, y al mirar el sufrimiento de nuestros hermanos, hay que dar pasos reales para el bien común. Tenemos que dejarnos interpelar por el sufrimiento de este pueblo y hacer algo por él".

Mons. González explicó que esta decisión fue, en esencia, un acto de acompañamiento. "Los Obispos escogimos: ¿Dónde tienen que estar los padres? ¿Dónde están cuando hay dificultad? Al lado de los hijos. Estar al lado de nuestro pueblo". Aseguró que la visita no está cancelada, sino pospuesta, y detalló que el papa León, en un gesto de cercanía, había adelantado el encuentro, originalmente previsto para 2027, para febrero de 2026: "Claro está que los obispos teníamos deseos de encontrarnos con el Papa y el Papa tenía un deseo profundo de encontrarse con toda la Conferencia Episcopal, pero ¿cómo vamos a dejar a nuestra gente y todo lo que estamos pasando? (...) Entonces conservamos la paz, buscamos la verdad, buscamos el servir y esto se hace acompañando, rezando en nuestro lugar, con nuestra gente".

Finalmente, el Obispo de Santa Clara compartió el mensaje que transmitió a un periodista que le preguntaba por un consejo para el mundo respecto al pueblo cubano: "Le digo una cosa sencilla: que no se olviden de Cuba, que miren la realidad, el dolor de este pueblo".

Thursday, February 19, 2026

(Febrero 19, 1986) Discurso de Dagoberto Valdés Hernández ante el cenotafio que guardan los restos del Padre Félix Varela en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, a nombre de los delegados del ENEC


Nota previa de Dagoberto Valdés: Tuve el honor de ser elegido para hacer el discurso de homenaje de los delegados al ENEC al Padre Félix Varela en el Aula Magna de la Universidad de La Habana donde descansan sus restos. Inolvidable!

Era la primera vez, después de 1960, que la Iglesia salía de sus templos a un acto conmemorativo y social, los delegados hicimos, el miércoles 19 de febrero de 1986, una Visita-Peregrinación al Aula Magna de la Universidad de La Habana para honrar al Padre Varela y venerar sus restos que “descansan y convocan” desde allí a todos los cubanos.

Discurso de Dagoberto Valdés Hernández, laico católico de la Diócesis de Pinar del Río, miembro de la presidencia colegiada del ENEC, pronunciadas ante el cenotafio que guardan los restos del Padre Félix Varela en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, a nombre de los delegados del ENEC, el 19 de febrero de 1986:



Eminentísimo Sr. Cardenal Eduardo Pironio.
Sr. Rector de la Universidad de La Habana.
Autoridades Universitarias.
Señores Obispos.
Delegados e invitados al Encuentro Nacional Eclesial Cubano:


Para honrar a un hombre entero hemos venido aquí. Para aprender de él. Para seguir sus pasos. Ese hombre es un sacerdote cubano: el Padre Félix Varela, cuyos restos reposan y convocan desde esta Aula Magna de la Universidad de La Habana. A él acudimos hoy los católicos cubanos, como signo de los caminos que buscamos recorrer para cumplir nuestra misión de servicio en el presente y en el futuro de nuestra Patria.

Las puertas de esta alta Casa de Estudios, cuya significativa historia todos conocemos y apreciamos, se han abierto para brindarnos la acogida franca y cordial que ahora agradecemos; en primer lugar, al Dr. Fernando Rojas, Rector de este Centro y a las demás autoridades universitarias que con tanta diligencia han hecho posible que pudiera realizarse este gesto de tanta significación para nosotros. Y como si el gesto no fuera suficientemente elocuente acompañémoslo de una palabra que quisiéramos compartir con todos.


Varela es puente, punto de referencia, camino de unidad para los diversos sectores de nuestro pueblo. Hombres como él derriban barreras, abren puertas, construyen, serena y audazmente, el edificio de la sociedad. Hombres como él, desde los mismos albores de nuestra nacionalidad, convocan a la forja del futuro a todos cuantos quieran, con un amor entrañable a la Patria, y aún desde diversas concepciones del mundo, ponerse al servicio de la vida misma para abrir nuevas perspectivas a los hombres y vislumbrar renovados horizontes para nuestra sociedad.


Por eso nos alegra, nos conmueve y compromete, que los restos de un sacerdote, de un hombre de Iglesia, descansen y sean honrados en esta Universidad. Es porque Varela pertenece a la Patria, a la cultura de nuestro pueblo y es justo que lo encontremos aquí donde se forja a los hombres para la vida, para la cultura, para el servicio cualificado a nuestro pueblo y desde aquí los hijos de Cuba podamos encontrar en él inspiración, rumbo y enseñanzas.

En efecto, en el Padre Varela, encontramos y admiramos al insigne filósofo, al educador eminente que lleva a cabo una audaz y renovadora reforma de la enseñanza, dejando atrás la memorización escolástica e introduciendo el método inductivo en todo aprendizaje. En Varela encontramos al hombre que introduce en Cuba laboratorios de Física y Química para que la investigación acompañara a la educación y los hombres encontraran en la ciencia un instrumento certero para el conocimiento y dominio de la naturaleza. Y para que los avances de la ciencia no deshumanizaran al hombre, ni sus logros se revistieran en su contra, Varela fue formador de conciencias hasta tal punto que con razón dijo Luz que “fue el primero que nos enseñó en pensar”, logrando integrar así, ciencia y conciencia, síntesis capaz de asegurar que la exploración de los campos insospechados de la ciencia desemboquen siempre en la conservación y promoción de la vida para un mayor desarrollo de la humanidad.


Honramos al promotor de hombres libres y comprometidos con la realidad social que les tocó vivir desde la Cátedra de Constitución del Seminario San Carlos, llamada con razón la Cátedra de la Libertad. Venimos también a honrar en Varela la creciente radicalidad política del hombre que mientras fue diputado a Cortes defendió la autonomía de los países hispanoamericanos y propugnó la abolición de la esclavitud, hasta que las mismas condiciones intransitables de aquella vía, lo llevaron al exilio y al convencimiento profundo y definitivo de que Cuba debía ser tan independiente en lo político como lo era en lo geográfico.



No podemos olvidar tampoco que, al mismo tiempo que exhortaba a los cubanos desde El Habanero a encontrar caminos para la independencia total de la Patria, Varela escoge, allí donde estaba, el camino del servicio a los más pobres como profético adelanto, ya en sí elocuente, de que la independencia que postulaba debía satisfacer no sólo la ruptura con un régimen colonial sino luchar por una liberación más integral, donde las carencias económicas y sociales de los hombres encontrarán eficaz solución, en su misma raíz, junto a la satisfacción de sus necesidades culturales y espirituales.

El P. Varela, primer intelectual revolucionario cubano, marca hasta tal punto la formación de nuestra conciencia nacional y su influencia en el nacimiento de tiempos nuevos para la ciencia, la educación, el periodismo militante, el análisis sociológico; y el compromiso político de las generaciones que le sucedieron es de tal magnitud, que con razón es llamado hoy el Padre de nuestra Cultura. Por eso los católicos cubanos también sentimos, junto con todo nuestro pueblo, el sano orgullo de que la más alta condecoración que otorga nuestro Estado a las personalidades del mundo de la cultura ostente el nombre señero y glorioso del P. Félix Varela.

Permítasenos también decir que para nosotros, un patriota de tal verticalidad y audacia previsora; un hombre que aporta a la naciente cultura nacional tal aliento de incalculable amor a la independencia y a la libertad; un hombre que sirvió a la Patria poniendo una generación en pie para que trabajara por levantar a los que vivían postrados; un hombre de tal estatura moral es también para nosotros, católicos de Cuba, un modelo para aprender de él que la fe que pueda haber en el corazón de un hombre debe llevarlo necesariamente al servicio generoso y desinteresado de su pueblo, debe conducirlo a trabajar por el desarrollo integral de la Patria en las circunstancias históricas concretas en que se encuentra, debe empujarlo, en fin, a vivir para los demás.

Es la audaz y vital síntesis entre los valores del cristianismo y los valores de nuestra propia cultura, siempre mestiza, siempre en gestación y crecimiento, lo que significa la vida de Varela, lo que los católicos venimos a aprender de él y lo que nos llama, en el momento actual a encontrar, desde nuestra propia identidad, nuevos caminos de participación en nuestra sociedad, en nuestra cultura.


En efecto, si a todos los cubanos Varela nos enseñó a pensar, a nosotros los cristianos nos enseña también a creer sin alienación y a vivir en franco y lúcido compromiso con la realidad que nos ha tocado compartir y construir. Por eso estamos convencidos que mientras más profundicemos todos en la vida de Varela, más sólidas y profundas serán las bases sobre las que vamos construyendo la siempre creciente y necesaria unidad de todo nuestro pueblo.

Es necesario, entonces, poner en práctica aquellas palabras de Manuel Bisbé: “Si de veras queremos ser fieles a la memoria de Varela, si queremos honrarlo con ese homenaje que va más allá de las palabras, popularicemos a Varela, pongamos en particular a la juventud en contacto con sus enseñanzas y hagamos de su ideario una reserva espiritual de nuestro pueblo, una fuerza capaz de redimirlo y orientarlo”.

En este momento que es histórico para nosotros, en este solemne lugar donde hemos venido a encontrarnos con nuestros orígenes, junto a los restos vehementes del padre de nuestra nacionalidad, prometámonos ser fieles a estas mismas raíces de autenticidad y cubanía que nos convocan a todos, sin distinción, a ser consecuentes con la hora presente para construir, entre todos, un futuro mejor.

Muchas Gracias.

Wednesday, February 18, 2026

Re-visitar el ENEC desde la mirada de un testigo. (por Carlos A. Peón-Casas)


Recuerdo que fui parte de aquel gran proceso que se generó primero en las diócesis particulares. En la de Camagüey, gobernada entonces magníficamente por el entonces obispo diocesano, Monseñor Adolfo Rodríguez y Herrera, quien mucho tendría que ver con aquella experiencia, no fue la excepción. Recuerdo los primeros debates que se generaban en mi parroquia de San José de la Vigía, bajo la atenta mirada de los padres jesuitas que la atendían: los padres Nelson Santana; Otto Traber, Edelman Nogueiras, y el párroco de entonces, Mariano Rodríguez, estos últimos ya en la Casa del Padre, un suceso que se repetía en todas y cada una de las parroquias y comunidades de la diócesis y que se extrapolaba a todas las restantes del país. 

Del hecho puedo asumir que muy pocos al interior de la Iglesia tienen memoria, acaso los pocos protagonistas que nos acompañan; y me atrevo a afirmar sin cortapisas, que muchos de los hermanos recién llegados a la fe en estos últimos años, acaso ni tengan una mínima certeza de aquel acontecimiento eclesial, no tan lejano en el tiempo, pero como siempre sucede con lo que se vuelve historia, constreñido a la memoria pasiva que guardan los textos alusivos al hecho que duermen el sueño a veces inmerecido del olvido en los estantes de nuestros libreros y bibliotecas.

La idea genesiaca databa de 1979:
A comienzos del mes de julio de 1979, un grupo numeroso de sacerdotes de Cuba, reunidos en la tradicional convivencia anual del Cobre, reflexionaron entorno a los resultados de la Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrado en Puebla. (…) en una reunión con intercambio de opiniones, Mons. Fernando Azcárate, antiguo Obispo Auxiliar de La Habana, sugirió la idea de la celebración de un “Puebla en Cuba”. Esta sugerencia fue unánimemente aceptada. Desde entonces, Mons Azcárate ha sido considerado como el inspirador de la Reflexión Eclesial Cubana(1).
En 1980, se activó finalmente el proceso cuando la Conferencia Episcopal, en agosto del aquel año durante su Asamblea General, “pidió a Mons. Azcárate que informara sobre su proyecto”(2).Una Comisión creada al efecto, presidida por Mons Adolfo Rodríguez Herrera, y siete sacerdotes empezó a canalizar: “los deseos, inquietudes, problemas y esperanzas de los católicos en Cuba”(3).

El proceso preparatorio duró cinco años. Una comisión Antepreparatoria, se reunió en Camagüey, el 19 de abril de 1981. De allí emergió un esbozo de lo que se pretendía: “no tanto un documento o un sínodo, sino poner a la Iglesia cubana en pie de reflexión sobre su ser y quehacer en el pasado, en le presente y en el futuro (…)”(4), conocido como “Documento de Camagüey”. Puntos intermedios en el proceso organizativo lo fueron la primera reunión de la Comisión Preparatoria, en el Hogar San Rafael de Marianao, el 9 de marzo de 1982; y su posterior reorganización y cambio de nombre a Comisión Central, en febrero de 1983, desde entonces la COCC designaría a Mons. Jaime Ortega como su Presidente. 

Otro hito importante acaecía en febrero de 1984 cuando sometieron sus indagaciones a la Comisión Central, las Sub Comisiones de Historia y Encuestas, que “permitieron captar cómo la Iglesia en Cuba deseaba renovarse y ponerse al servicio de la comunión con Dios y con el pueblo del que forma parte.”(5). De allí surgiría la propuesta de generar un Documento de Consulta, a cargo de los sacerdotes Rodolfo Lamas, Juan de Dios Hernández y Antonio Rodríguez:
que sintetizara los primeros datos y reflexiones, los organizara y fundamentara teológicamente a fin de presentarlos nuevamente a las comunidades cristianas, con vistas a una ulterior profundización y enriquecimiento del mismo(6)
El paso subsiguiente fueron las celebraciones de las Asambleas Diocesanas, entre el 28 de abril y el 23 de junio de 1985.

Recuerdo la que se tuvo en nuestra diócesis camagüeyana que cerró aquellos años de trabajo. Celebrada muy solemnemente, la presidía el obispo diocesano, y creo recordar que actuaba como su moderador principal el ya citado sacerdote guaimarense Rodolfo Lamas, hoy incardinado en la ciudad de San Juan, Puerto Rico. A ella concurrieron delegados de todo el territorio eclesial, incluyendo entonces a la zona de Ciego de Ávila, todavía no segregada de los dominios camagueyanensis. Recuerdo que mi misión fue justamente como una especie de apuntador que tomaba nota del orden de quienes querían hacer alguna intervención ante el plenario.

El suceso tuvo lugar en la Casa Diocesana de la Merced. Del hecho no tengo hoy mucha memoria, ni cuento tampoco con ninguna apoyatura fotográfica; pero me ayudo de algún documento de la época, para descubrir detalles que a tanta distancia me parecen hoy reveladores. Uno de ellos es apabullante. No quedan muchos que puedan decir que estuvieron en aquel convite. La mayoría de aquel quórum asambleario habita otras regiones de este mundo plural, primordialmente en los Estados Unidos.

Igual pasaría si pasamos lista de los delegados de la diócesis camagüeyana que concurrieron a las sesiones del magno evento eclesial cubano después de 1959, celebrado en la Casa Sacerdotal P. Félix Varela en la Ciudad de La Habana, entre el 17 y el 23 de febrero de 1986. 

En total fueron 173 los participantes, en su mayoría los laicos comprometidos de aquel minuto en las entonces siete diócesis cubanas. El mensaje de su Santidad Juan Pablo II fue leído por el cardenal Pironio, quien fungía como representante suyo ante la Asamblea. Dos lúcidos actos públicos: una visita al Cenotafio del Padre Varela en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, y una Gala Cultural en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, fueron junto a una recepción en la Nunciatura Apostólica: “momentos que favorecieron cordiales encuentros con las autoridades del país y personalidades de la cultura cubana"(7)

Más de cien periodistas acreditados, en su mayoría extranjeros, cubrieron para el mundo las expectativas de aquel encuentro eclesial en verdad inédito, al interior de aquella Cuba monolítica, signada por los aires más conservadores, y que para nada anunciaban las tormentosas realidades del fin del socialismo real que acaecería con la caída del muro de Berlín, sólo tres años después.

Una de aquellas voces reporteriles, lo fue la periodista Araceli Cantero, enviada especial del diario La Voz Católica, de Miami, y quien dejaría evidencia de los sucesos allí acaecidos. Su testimonio resulta elocuente:
Informar sobre aquel Encuentro Eclesial no fue una tarea fácil debido a las limitaciones. Los periodistas no teníamos acceso a las sesiones. Había docenas de cubanos inscritos como periodistas(…) Cada día, durante más de dos horas (Mons. Carlos Manuel de Céspedes) y ante una sala repleta, el sacerdote mantenía absorto a los periodistas haciendo un resumen de la actividades del día y contestando preguntas de todo tipo. Con gran habilidad se escurría ante los temas político o invitaba a que la misma pregunta se la hicieran a alguien del gobierno(8).
La sagaz informadora, sintió de cierta manera el gardeo a presión, a que la sometieron los oficiales “que la atendieron”, desde su misma llegada, uno de ellos estaba inscrito como “periodista”, pero de cualquier modo, pudo hacer bien su trabajo. Antes de venir a la Habana, había dejado preparado un grupo de artículos que explicaban los pormenores del suceso, basados en el Documento de Trabajo preparado para el cónclave. Cubriendo el evento pudo percatarse de muchos detalles como que:
en 1986 los católicos cubanos estaban resignados a vivir su fe en un país socialista –marxista.(…) Detecté miedo y mucha cautela en la gente a la hora de emitir opiniones. Pero se notaba un cierto respiro para hablar de la práctica religiosa y asuntos de la Iglesia(9)
Recuerdo la euforia con que reaccionábamos entonces cuando veíamos a nuestros dignatarios eclesiales y a nuestros hermanos de fe, aparecer en los reportajes televisivos estatales, que con cierta moderada profusión, reportaban los pormenores de aquella inusitada reunión de católicos cubanos, a la que el propio estado, hasta entonces ateo, le hacía si no una reverencia, por lo menos, una discreta venia, tras largos años de desencuentros, malas caras, y una muy clara política de hostilidad, digamos de baja intensidad, pero hostilidad al fin y al cabo, a la que fuimos sometidos todos, de una u otra manera, los que mantuvimos las banderas de nuestras fe católica sin plegar.

A cuarenta años de aquel trascendental suceso, la realidad eclesial pudiera ser considerada una muy otra: al menos si no asumida del todo en el tejido social cubano, al menos tolerada, en sus ya no pocos espacios de influencia, léase primordialmente la acción caritativa y asistencial, aunque aún de cualquier modo todavía insuficientes; y en otros campos más específicos como el de la participación en los procesos educativos y el quehacer de los medios de comunicación, con pequeñas realizaciones, pero todavía segregada de tal accionar, bajo control únicamente estatal. Tales detalles, señalados con su nombre en 1986, son todavía, acaso con mínimas variaciones sobre el tema, una verdadera asignatura pendiente para la Iglesia cubana:
La Iglesia Católica, sin ninguna participación en el sistema educativo, ni acceso a los medios de comunicación social (prensa, radio y TV), carece en la práctica de las posibilidades normales y habituales ene l mundo moderno para entrar en contacto con los mismos creyentes y para anunciar el mensaje de Cristo a nuestros hermanos, viendo limitadas en este aspecto su acción evangelizadora al templo y a los contactos personales. Esta privatización de la religión puede difícilmente adecuarse a la idiosincrasia de nuestro pueblo y no es conforme con el carácter social de la fe(10)
El otro tema álgido, con actualidad constante, era el de la creciente e imparable migración del pueblo cubano, y de los católicos en particular que despoblaban cíclicamente las comunidades de fe, en oleadas sucesivas: primero en 1980 con los sucesos de la Embajada de Perú y Mariel; luego en los duros años 90’s con la “Crisis de los Balseros”, ahora mismo con esa otra riada indetenible de conciudadanos nuestros atrapados en Costa Rica con destino a las fronteras de Estados Unidos, que algunos llaman ya eufemísticamente: “balseros caminantes”, o “Mariel a cuenta gotas”.

El Documento ya citado llamaba la atención de un fenómeno que parece llamado a perdurar por mucho tiempo:
Una constante en la vida de nuestra Iglesia como parte de nuestro pueblo, ha sido el abandono del país de católicos activos y comprometidos: catequistas, seglares de seria formación, o simples fieles, e incluso algunos agentes pastorales cualificados: sacerdotes y religiosas(…)La separación de las familias incide sobre los cristianos en cuanto a su estabilidad en el país(…)(11)
Mi mirada actualizadora a aquel innegable suceso, se topa ahora con un texto que creo es fundamental hoy día para seguir remontando las hondas raíces de nuestra catolicidad, se trata de Presencia en Cuba del Catolicismo, de Manuel Fernández Santalices, donde el autor, ya tristemente fallecido en España, y a quien hube de tener el gusto de conocer acá en Camagüey, en el marco de una de las ediciones del Encuentro Nacional de Historia, se acerca con mirada crítica, a aquel ENEC y refiere con aguda mirada a las coyunturas y los intríngulis de aquel convite, y lo esboza en una anécdota que pone en boca de un funcionario gubernamental, y que transcribo al lector por su innegable singularidad:
En cierta ocasión, alguien comentó ante un funcionario gubernamental de Cuba, que poco había que temer de una Iglesia que como la cubana había llegado a ser pequeña y débil. El funcionario replicó, no sin reticencia, que no era tan pequeña y mucho menos débil; que se hallaba organizada y extendida a lo largo y ancho de la isla, tenía importante conexiones internacionales y no había podido ser integrada a los fines del estado socialista”(12),
Para el autor, se hace innegable que aquel convite presupuso una presencia para nada desestimable del obrar de la Iglesia, con un “realismo político-entendido el término político(…), según la definición del Concilio Vaticano II como la búsqueda del bien común-(…)"(13)

De igual forma, reconoce como lo hace el propio Documento Final, que la situación actual de Cuba, no sólo se halla lejos de una eventualidad revolucionaria, sino que se ha instalado en la historia y se ha constituido en un universo cultural que supone continuidad, evolución y a veces ruptura con la cultura cubana tradicional(14)

Un punto de por sí difícilmente asumible, según su opinión para los que habitan la diáspora cubana, que según su propio criterio:
(…) no han entendido,- o no han querido entender-esta instalación histórica del régimen engendrado por la revolución cubana en el último tercio del siglo y han pretendido o ignorar esa realidad o ponerla entre paréntesis para después borrarla de un plumazo; como si la historia propicia o adversa, no dejara huellas que marcan irreversiblemente el destino de un pueblo(15).
Para dar consistencia a su punto de vista cita brillantemente a ese gran pro-hombre y pensador nuestro, Jorge Mañach, para nada sospechoso de izquierdismos, quien afirma en su obra póstuma: Teoría de la Frontera: “la historia de un pueblo no está hecha solo de las cosas que hace, sino también de las que le pasan sin que pueda evitarlas”.

A los diez años de aquel magno suceso, en febrero de 1996, con un telón de fondo de lo más controvertido posible en cuanto al tema socio político, y las muy precarias y tensas relaciones con el vecino del Norte tras el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, la Iglesia cubana celebraba el ECO, Encuentro Conmemorativo, de aquella reunión de la ENEC, que buscaba resaltar las realidades eclesiales ad intra, con luces, pero también con sombras, justo un decenio después.

En aquel minuto, el enviado papal, el cardenal Furno leía un mensaje muy sentido de su Santidad, el hoy San Juan Pablo II, donde se traslucían, entre otras:
las grandes transformaciones que han marcado nuevas pautas en la sociedad y en las relaciones internacionales. Entre ellas, la caída, en Europa del Este, de un sistema político basado en una filosofía marxista, el cual tenía su influjo en otros continentes(16)
Sucesos diversos, muchos de ellos encontrados marcaban la continuidad de aquellos propósitos del ENEC, así lo sigue recordando la periodista Aracely Cantero:
El texto describía dicho sistema ateo y el trato que dio a la Iglesia en aquellos países al considerar irrelevante y nociva la profesión de la religión y dar un trato burocrático, excluyente y severo a la Iglesia, instituciones y creyentes(…)(17)
Respecto a las condiciones, muy particulares del accionar eclesial, muchas veces cuesta arriba signada por contradicciones diversas con el propio estado cubano, todavía estaba fresca en la memoria aquella tremenda carta pastoral: El Amor todo lo espera, firmada por el episcopado cubano en 1993, en lo más álgido de lo se llamó Periodo Especial. Así lo recuerda la reportera:
En los últimos años las diócesis en Cuba han creado sus propias publicaciones con medios sencillos y grandes dificultades. Pero recientemente ha circulado una carta instruyendo a las empresas que venden materiales de computación e impresoras que no le venda a la Iglesia estos equipos(18)
En el discurso de clausura del aquel convite, el Cardenal Jaime Ortega Alamino hacía patente la experiencia de una Iglesia ajena a todo poder mundano:
El poder de la Iglesia está en su falta de poder real en el orden humano…Frente a los reclamos de esperanza de tantos hermanos nuestros que no hallan sentido a su andar por la vida, la Iglesia y los cristianos sólo contamos con el poder de Dios (…)
Y enfatizaba más adelante:
Hay que tener los ojos muy abiertos para no confundirse. El Poder puede ponernos de rodillas ante el mal”. Y señaló que la Iglesia en Cuba, en su experiencia de estos últimos años “ha confrontado los mismos desafíos a los cuales dio respuesta el Salvador en sus cuarenta día de ayuno, esgrimiendo la Palabra de Dios, no como solución ya dada, sino como indicadora de un camino a seguir(19)
En específico, para cualquier futuro escenario político social en Cuba el Cardenal apostaba desde ya por que la Iglesia:
consciente de la insuficiencia del materialismo marxista y su fallo existencial, no pone la mirada en otro materialismo consumista, hijo de un capitalismo feroz, que no llega a dar participación real a la inmensa mayoría desposeída(…) para que desaparezca el hambre y la miseria…no solo es necesario que haya pan, se requiere primero crear las condiciones humanas y dignas para producir ese pan(20)
Quizás, en este hic et nunc que vivimos, estas palabras pronunciadas décadas atrás nos puedan sonar realmente proféticas de cara a los muchos escenarios posibles a donde parece encaminarse el entramado socio económico del país. Lo que se aviene, de cualquier modo deberá corresponderse, con un escenario renovado y renovador.

De cualquier modo, la Iglesia, llamada a acompañar al pueblo en su andadura hacia el bien común, tiene como misión no precisamente hacer de gurú, más bien, como brillantemente siguiera apuntando el Cardenal en aquella memorable homilía que venimos reseñando, y con la que damos por cerrada esta andadura rememorativa:
Los cristianos cubanos y nuestra Iglesia, por presentar ante nuestros hermanos de modo profético la doctrina de Jesús sobre el hombre digno, libre y dueño de su destino, no nos consideramos imbuidos de un nuevo y siempre sospechoso mesianismo. La Iglesia es servidora de la humanidad, no pretende tener todas las soluciones ni monopolizar la verdad en cuanto a las cosas factibles(…) Cuando aportamos nuestra visión del hombre y de la historia, la Iglesia Católica quiere trabajar como decía nuestro apóstol Martí: “Con todos y para el bien de todos"(21)


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Citas y Notas

  1. La Reflexión Eclesial Cubana camino del ENEC. En Encuentro Nacional Eclesial Cubano. Documento Final e Instrucción Pastoral de los Obispos. La Habana, 1987. p. 17
  2. Ibíd.
  3. Ibíd
  4. Ibíd.
  5. Ibíd. p. 19
  6. Ibíd.
  7. Ibíd. p.22
  8. Cuba Una fe que abre caminos. Araceli Cantero Guibert. Ed. Universal. Miami. p. 29
  9. Ibíd. p.30
  10. Ibíd. Cap. II: Situación Actual de la Iglesia en Cuba.No.185. pp. 62-63
  11. Ibíd. Nos: 145 y 146.p. 57
  12. Presencia en Cuba del Catolicismo, apuntes históricos del siglo veinte. Manuel Fernández Santalices. Fundación Konrad Adenauer, ODCA, 1998. p.87
  13. Ibíd. p.88
  14. Ibíd. p.89
  15. Ibíd. p. 89
  16. . En Cuba una fe que abre caminos, Convocar a los cubanos sin odios, op cit. p.139
  17. Ibíd.
  18. Ibíd. p.140. A la anécdota puedo aportarle otros detalles. No sólo fue la prohibición de vender los susodichos equipos e insumos, sino igualmente, se pretendió, la devolución, por parte de la Iglesia, de otros equipamientos ya adquiridos, previa expedita autorización y desembolso de ingentes sumas en moneda dura, aduciendo, según acotaban los suministradores: “ que se había procedido de manera indebida”. Hasta donde conozco, la posición de los obispos fue firme, y no se transigió con tan desafortunada e improcedente “gestión”
  19. Ibíd. El desierto lugar de alternativas. p. 144
  20. Ibíd.
  21. Misa de Clausura del Encuentro Conmemorativo del Décimo Aniversario del Encuentro Eclesial Cubano. En Te basta mi gracia. Card. Jaime L. Ortega Alamino. Edit Palabra, Madrid, 2002. p. 531
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