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Wednesday, May 15, 2024

Noticias de Puerto Príncipe en el "Diario de la Marina" del 5 de Septiembre de 1844. (por Carlos A Peón-Casas)


Una añosa publicación del Diario de la Marina, tan peninsular y habanero como se pudiera, recogía estos interesantes apuntes que tomaba de su coterráneo informativo El Fanal, de amplia tirada local, y que hoy recreamos para el curioso lector.

Agosto mes del verano de aquel año era propicio a las fiebres continuas remitentes entre los pobladores de la antigua porción camagüeyanensis, sus síntomas eran variopintos, y a veces resultaban nefastos.

El diario mentaba otros pormneores del estado sanitario de la ciudad donde otras afecciones como la disentería o la temible “viruela verdadera”, junto a casos de tétanos, amigdalitis y hasta escarlatina, se reportaban entre los vecinos de la otrora ciudad de entre ríos.

Pero entre tantas, una afección tan común y siempre molesta como la colitis diarreica, campeaba por sus respetos. Al parecer la causa del problema estribaba en lo que el redacor calificaba como :
la constitución atmósferica que se ha notado reinar desde el mes prócsimo hasta la fecha... pues aquella ha sido siempre cálida y seca, y las aguas tan escasas que no alcanzan a refrescar la temperatura, ni de consiguiente apaciguan los soles tan fuertes de la estación.
La explicación para cualquier camagüeyano rellollo, denotaba ciertamente el calor abrasador de los agostos tierra adentro, los ríos reducidos a meros hilos de agua, y quizás excusa perfecta para llegar hasta el lejano mar en busca de consuelo a la canícula más insoportable.

En otro aparte informativo se hacía constar de la llegada a la ciudad de la segunda máquina de vapor en la jurisdicción, destinada al ingenio Atalaya de los Señores Anglada, Ribas y compañía. Procedía de Nueva York y desembarcaba en el puerto de Nuevitas a bordo del California.

En verdad ya no era noticia la presencia entre los camagüeyanos de aquellla potente maquina de progreso. Un poco antes en el propio año, había llegado la primera para para trabajar las minas de D. Jorge Ditson en el cercano villorio minero de Bayatabo, y ya en operación desde finales de aquel Junio de 1844.

Junto al dato se consignaba la presencia de varias Compañías Anónimas que “se han realizado en el país para la elaboración de las minas y prosiguen sus trabajos con orden y actividad”. Paralelo a ello, se hacía notar la presencia de una fundición para beneficiar los minerales en hasta tres nuevas minas en el citado distrito de Bayatabo, en el area del cercano poblado de Las Minas.

La llegada de una tercera máquina de vapor se conectaba con la ya casi inminente puesta a punto del ferrocarril de la ciudad a Nuevitas, obra que anunciaban como para inaugurarse antes del cierre de aquel año. Para entonces daban por seguro que estaba asegurada toda la línea de ferrocarril hasta Puerto Príncipe.

Thursday, May 9, 2024

Un buen recuerdo


Le conocía de Camagüey, nos reencontramos cuando a Miami llegué. Tiene dos hijas, en esos momentos muy jóvenes.

En los primeros días de la relación, me anunció que sus hijas nos invitaban a una cena familiar.

Ellas cocinaron, pusieron la mesa, todo elegante, todos elegantes. Mamá-novia, las dos jovenes, y yo. Tuvimos una conversación-interrogatorio, que condujeron de manera exhaustiva, pero en extremo educada y agradable.

Disfruté la cena, la conversación y aprobé el examen. Es un buen recuerdo (entre otros, de aquel noviazgo), que recuerdo bien. (JEM)

Wednesday, May 8, 2024

"La Zambrana, Almacén de Víveres de Pérez y Cía." (por Carlos A. Peón-Casas)

Fotos actuales
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Tomo prestado este titular que recogiera la edición de Cuba Contemporánea(1) en su aparte dedicado a la Provincia de Camagüey en el año 1944.

La publicación hacía un pormenorizado recorrido por todo el entourage de un Camagüey que al decir de los editores era:
próspero, laborioso y entusiasta, mostrando sus más destacadas actividades en el comercio, en la industria, en la agricultura y en la ganadería que sirve de cimiento a su gran riqueza económica, y en la vida social, cultural y religiosa que forma la entraña cívica de esta gran provincia prócer (…)(2)
La alusión del título ubica de inmediato al camagüeyano más castizo en el que fuera uno de los almacenes de víveres de su tipo con más prosapia en la ciudad agramontina.


Felizmente localizado en la intersección de las céntricas calles de Martí y República, aquella razón social se fundaba en la ciudad bajo el nombre de Pérez y Compañía
integrada por los señores Cristóbal Pérez Díaz, Rufino Fernández, José Martínez López, Antonio Sánchez Cervero y Armando Basulto Martínez con un capital social de 45.000 con el objeto de dedicarse a al negocio de compra y venta de víveres en general y para lo que se acondicionó un moderno y amplio edificio, donde se instalaron las oficinas correspondientes y los depósitos para la gran cantidad de víveres importados directamente de los principales mercados de España, Estados Unidos, Brasil, Ecuador y la Argentina.(3)
El artículo que aludimos no dejaba duda alguna de la inmejorable salud que gozaba aquella “razón social” que hoy pudiéramos considerar dentro de las muy populares Mipymes, para entonces prósperos negocios locales:
Esta razón social realiza sus operaciones bancarias por medio de The Royal Bank of Canada, City National Bank y Banco Nova Scotia donde tienen sus referencias y cuentas corrientes, y tributando al Estado por concepto de impuestos y contribuciones fiscales, un promedio anual de 59, 645.20. Además adquirieron dos camiones para el reparto de las mercancías entre la numerosa clientela que lograron conquistarse en la propia localidad y lugares limítrofes, empleando en su negociación a más de 18 personas que libran allí la subsistencia de sus familias, gozando de muy buena remuneración…(4)
Los dueños eran españoles de origen, pero habían optado por la nacionalidad cubana, y al menos tres de ellos estaban casados para entonces en la ciudad: los Sres. Pérez Díaz, Fernández y Basulto.

Todos pertenecían a la Asociación de Comercio, Asociación de Almacenistas y Centro de Detallistas de Víveres de Camagüey.


Dejamos a la inmejorable memoria de muchos de nuestros atentos lectores los pormenores siempre reveladores de aquella prestigiosa casa, y que según remataba el cronista en su cierre:
la firma de Pérez y Cía. por su importancia y prestigio con quistados con una actuación decente y honrada siempre está a la cabeza de cuanto propende al engrandecimiento de la provincia camagüeyana y por ello figura de manera prominente en la importante y heroica provincia agramontina.(5)



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  1. Cuba Contemporánea. Provincia de Camagüey. Centro Editorial Panamericano, 1944.
  2. Ibíd.
  3. Ibíd.
  4. Ibíd.
  5. Ibíd.

Tuesday, May 7, 2024

Team de basketball femenino del Club Atlético de Camagüey. Año 1929


"Team de basketball femenino del Club Atlético de Camagüey vencedor sobre las "girls" del Tennis Club, en el campeonato por la Copa X, donada por nuestro colega 'El Camagüeyano" En primera fila, de izquierda a derecha las señoritas Margot Nogueras, Cecilia de Quesada y Diamantina Muñiz. En segunda fila, Lola Agramonte, Gloria Luaces, Alicia Ronquillo, María Demestre y Srta. Cabañas. A la izquierda el coach Muñiz. Foto Godknows." (Carteles. Mayo 1929)

Sunday, May 5, 2024

(Miami) Invitan a la celebración del centenario del nacimiento del Siervo de Dios Mons. Adolfo Rodríguez

Mons. Adolfo Rodríguez
(Abril 9, 1924- Mayo 9, 2003)
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El domingo 19 de mayo, a las 3 p.m., el P. Ernesto Pacheco, Vicario General de la Arquidiócesis de Camaguey, presidirá la Eucaristía en la Ermita de la Caridad.

Seguidamente,  se invita a un encuentro en el salón P. Félix Varela, con Sor Beatriz Chune, Superiora de la Orden de las Hermanas Camelianas en Camagüey, Directora del Hogar de Ancianos Monseñor Adolfo Rodríguez Herrera. 

Los asistentes podrán disfrutar de un refrigerio.

Unámonos en oración por Cuba al celebrar el Centenario de nuestro querido Mons. Adolfo.

Camagüeyanos Católicos, Inc.




Domingo, mayo 19, a las 3. 00 p.m.
Ermita de la Caridad
3609 South Miami Avenue
Miami, FL 33133
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Ver Mons. Adolfo Rodríguez, en el blog

Thursday, May 2, 2024

La Causa del padre Martínez (por María del Carmen Muzio)

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Cuando inexplicablemente María Vera pronosticó un baño de sangre para Cuba y un hombre que hablaba mucho, el padre Pastor primero y luego el padre Martínez, contrario a un grupo de incrédulos, entre ellos el propio obispo, hicieron de la beatificación de la santa mujer, la Causa de su vida.

Esta historia que, simula una de tantas sobre la santidad, ha sido el pretexto tomado por Roberto Méndez Martínez (Camaguey, 1958) para su novela histórica Y después de este destierro. Como es conocido por los amantes del género, las novelas históricas disfrutan el privilegio de contarnos una ficción –que linda con lo real– en el estilo y amenidad del que, en ocasiones, carecen los libros de historia. Desde Alejandro Dumas o Benito Pérez Galdós por citar solo dos ejemplos, el género posee una mayoritaria opinión a su favor.

Y en especial, cuando el tema escogido ha sido poco o casi nada abordado, la obra adquiere mayor connotación: así sucede con Y después de este destierro por Ediciones Universal, Miami, 2023.

La historia de la religión en Cuba no aparece, hasta el momento, en casi ninguna obra narrativa cubana, y cuando lo logra, es de soslayo o para demeritarla. Recuérdese El Milagro de Miguel de Carrión.

Y después de este destierro tiene la virtud, no sólo de ofrecernos un gran mosaico de la fe católica cubana, desde los primeros años de la República, hasta la expulsión de los religiosos en el barco Covadonga; entre ellos, por equivocación, el padre Martínez, ardiente defensor de la Causa de María Vera.

Su autor entrelaza una muy creíble fábula donde aparecen el padre Pastor y el padre Martínez, la propia visionaria de María, el logrado personaje de su hermana Elvira y lo mismo el médico Carlos Finlay que el poeta Agustín Aosta. Y estos son algunos de los que aparecen a lo largo de los años y las vicisitudes del país. Cada uno de estos personajes ofrece parte de la narración en su propia voz; con lo que se crea una melodiosa sinfonía en genial contrapunto entre ellos mismos.

Desde su comienzo, con hábil maestría, logra inmiscuirnos en su bien tejida tela de araña donde el lector queda atrapado hasta la última hebra de la madeja tan bien tejida por el autor. La obra inicia con el padre Martínez recorriendo, en perenne angustia, las calle habaneras con sus papeles bajo el brazo, mientras una multitud pide paredón para los curas; y luego, de inmediato nos lleva a los primeros años de la República para al final, volvernos a llevar adonde nos dejó inquietos y curiosos.

Los siete capítulos poseen sugerentes títulos como “Sagrado Corazón” o “La curación del endemoniado.” Se disfrutan pasajes memorables con la sonrisa o la carcajada: la tertulia en que Elvira canta el cuplé “Polichinela”; o con lágrimas en los ojos por la ingenuidad del padre Martínez en Roma que nos deja la nostalgia de lo perdido.

Realmente, los sucesos de María Vera transcurren de 1908 a 1928, año en que muere ya consagrada como Hija de la Caridad. Y a pesar de convertirse en el hilo central, no es el principal personaje femenino. Su hermana Elvira, ya mencionada, también tiene sus visiones; las devotas Antonia y Ofelia, amigas y auxiliares de los sacerdotes.

Asimismo el novelista narra una etapa cruenta de la vida española con la ida del padre Martínez de visita a España y resulta testigo incuestionable junto al padre Pastor. Debido al amplio mosaico de personajes con sus voces propias se hace difícil enumerar a todos los que atraviesan las alrededor de quinientas páginas. También es de resaltar las descripciones de lugares y objetos con ciertos alientos casaliano, carpenteriano y lezamiano como huellas nutrientes de su propio discurso.

Cuando se termina de leer la novela se lamenta que el escritor no haya, además, realizado un ensayo investigativo sobre toda la documentación acumulada, para no dejar vacías las existencias en esa zona de nuestra historia. No obstante, nos adentramos en unos álgidos momentos, –con sus dudas, añoranzas, y temores–. que nos regala su autor mediante una exquisita prosa, dominio del lenguaje y profundo conocimiento.



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Ver en el blog



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María del Carmen Muzio Zarranz (La Habana, 1947). Tiene publicadas las novelas El camafeo negro (1989), Sonata para un espía (1990), La Cuarta Versión (2000) y Dios no te va a entender (2015), así como los ensayos Andrés Quimbisa (2001), María Luisa Milanés: el suicidio de una época (2005) y el libro de cuentos para niñosLos perros van al cielo (2004). Ha merecido varios galardones y reconocimientos entre los que destacan su mención en el Concurso Internacional Relato Policial, Semana Negra, Gijón, España (2002) y la del centro “Juan Marinello” por su ensayo sociocultural sobre la figura de Andrés Petit.

Tuesday, April 30, 2024

Una vez desfilé

Esta foto tomada de Facebook, es para ilustrar la Avenida de la Caridad, no está relacionada con el Primero de Mayo.
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Eramos cuatro o cinco (estaba cuando aquello en el Pre), fuimos pa la Avenida de la Caridad, que era por donde se desfilaba en los mediaos de los 80s, recogimos del piso unas pencas de arecas y un cartel que decía "Viva el Primero de Mayo", nos metimos between dos bloques y desfilamos así independientes.

Intentaron sacarnos, pero saludando y sonriendo, atravesamos la Plaza de la Caridad, no supieron como presentarnos por los altavoces, nos fuimos riendo, y pa los termos de cerveza, luego el arroz con pollo, ...

Otro Primero de Mayo que me acerqué a la Avenida de la Caridad, fue para comprar las entradas pa un concierto de Alberto Cortéz en el (difunto) Teatro Alkázar. Recuerdo que mientras luchaba en el molote de la taquilla, a mi espalda, el "pueblo combatiente" desfilaba al son de las consignas En la noche, bañao y perfumao, con la novia de la mano, disfruté de ese magnifico concierto.

No tengo más experiencias de Primeros de Mayo. (JEM)

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Alberto Cortez. "Castillos en el Aire".
Esta es la canción que más recuerdo, de su concierto en Camagüey. La manera en que la interpretó en aquella ocasión, fue superior a la que se puede apreciar en este video.

Wednesday, April 24, 2024

De la crónica roja en el Camagüey de 1959 (por Carlos A. Peón-Casas)



Noticias de la crónica roja en un periódico
 El Camagüeyano de febrero de 1959


por Carlos A. Peón Casas.

Lo que leemos a tanta distancia de aquellos sucesos, en la por entonces muy popular sección del tipo de crónica roja, en la prensa local de aquel Camagüey tan lejano; nos viene a confirmar, nuestra convicción de que siempre se han cocido habas, en una y otra época, y que sucesos de tal tenor, han ocurrido continuamente, con la excepción de que hoy son solamente aireados por la vox populi, que casi siempre es vox Dei, como dice el latinazgo.

Los hechos recogidos aquel día iban desde una pedrada que le propinaron a un señor en el reparto Buenos Aires, al caso de un anciano airado, con signos de embriaguez, que blandió su bastón sobre un muchacho en la esquina de República y San Martín; o la historia de un viajero que al bajarse de un ómnibus Santiago-Habana en Florida reclamó un equipaje que no le pertenecía donde se guardaban trescientos pesos y otros objetos de valor.

Pero, la transgresión más singular y simpática es la que transcribo ahora: el caso de algunos lecheros de la entonces comarca que violaban las normas sanitarias en relación con el trasiego de la leche, que entonces, entregaban de puerta en puerta. 

Y dice así la nota:
El Jefe del Negociado de Abasto de Leche de la Jefatura de Salubridad, señor Gustavo Loret de Mola Jr. Dio a conocer ayer que inspectores de ese departamento habían procedido a notificara gran número de lecheros que infringieron el reglamento de abasto de leche.

Los acusados en cuestión se nombran: José Alegre Quintanilla, de Maximiliano Ramos número 185 al que ocuparon doce pomos de leche sin la retapa; Oscar Tan Nápoles, de Bembeta número 275, sorprendido cuando trasegaba leche de manera clandestina ...
La nota que continúa dando cuenta de otros transgresores, en su mayoría lecheros sin licencia, o por faltarle a los pomos la retapa, que según se me cuenta por los entendidos era una protección adicional que se adicionaba a la tapa, casi siempre de cartón, para evitar la contaminación del producto.

A tantos años de distancia, sin lecheros ya que cumplan con tan esforzada labor de ir de puerta en puerta, y con el trasiego normal del producto lácteo en su modalidad de “a granel” en carros pipas, la historia que hoy desgrano me parece ciertamente un mal chiste…sacada la cuenta de que si cualquiera aquellos involucrados en la nota del 59, fueran todavía testigos de cómo llega hoy la leche a los famosos puntos de distribución, habría que darles todavía un premio, en contraste con sus “colegas” de hoy día: famosos por “el bautizo y el trapicheo” del cada vez más escaso, pero siempre necesario, alimento. ¡O tempora, o mores!

Friday, April 19, 2024

La boda de Isabel Recio y Carlos Rogerio Zayas Bazán. (por Próspero "Florimel" Pichardo Arredondo. Año 1906)

Iglesia de Monserrate. Habana.
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Ostentaba anoche la iglesia de Monserrate todos sus esplendores para recibir a una pareja dichosa, que ante el primoroso altar que preside la imagen de la virgen de los Desamparados, iba a sancionar sus amores.

Ella -la novia- una señorita bella y hermosa y su prometido, un joven muy apreciado en la sociedad camagüeyana. 

¿Sus nombres? 

Isabel Recio y Carlos Rogerio Zayas Bazán. 

Al penetrar la novia en el templo la precedía una corte de damas y caballeros de honor en esta forma: 

Señorita María Josefa Recio y doctor Angel Arturo Aballí; Celia María Recio y doctor Hernández; Josefina Recio y señor Enrique Sánchezy María Antonia Recio. 

Después, la llegada al altar entre las dos hileras de damas y caballeros, que con una sonrisa en los labios y un voto de dicha en el corazón contemplan el desfilar de los que aspiran a la dicha grande de cruzar por las flores de la vida con la frente alta y serena de los triunfadores. 

Padrinos de la boda de anoche fueron la distinguida señora Isabel Ramírez de Zayas Bazán, madre de la novia, y el señor Tomás Recio, personalidad bien conocida y padre de la novia.

Como testigos actuaron los siguientes señores: 

Por la novia: señores Alfredo Zayas y Claudio González de Mendoza. 

Por el novio: señores Armando Sánchez Agramonte y "Edid" Machado. 

Muestra de lo distinguido y elegante de la concurrencia que llenaba las naves de Monserrate son los siguientes nombres de señoras y señoritas que presenciaron la boda: 

Señoras Teresa Carrizosa de Robelín; Esperanza Herrera de Solar; Anita Sousa de Roca; Angela Mariana Guerra de Mendoza Guerra. 

Llamaban la atención las señoras Flora Ruíz de Kohly; Mercedes Muñoz de Loynaz del Castillo y Fredesvinda Sánchez de Aguirre. 

Y completando aquel conjunto, las señoras Angela Arellano de Aballí; Amparo Manrara de Cabaleiro y Margarita Antigas de García Kohly. 

Muy bellas las señoritas: Teté Robelín, María de los Angeles y Josefina Aballí; Mercedita Gobel y Piedad María Sánchez. 

Otro grupito: Esmeralda y Carolina March; "Hilarita" Fonts, "Graciella" Matilde Guridi, Hortensia y "Minina" Anglada y "Cusa" y Matilde Portela. 

Dos señoritas que estaban también en Monserrate: Marina y Luisa Victoria Manrara. 

Luego de terminada la ceremonia y al cruzar otra vez los novios hubo abrazos y felicitaciones. 

La novia, más bella que nunca, sonreía en tanto que el novio estrechaba con efusión las manos de sus amigos. 

A esas felicitaciones uno la mía. 

¿Cómo no felicitar a los que triunfan en sus aspiraciones? 

Por eso la Crónica manda flores al amor grande que se consagra y se pregona ante la ley y los altares... 

¡Dichas para los desposados de anoche! 

En los ritmos del órgano que inundaba el templo con sus armonías, habrán ellos escuchado la canción de sus amores, que al decir de los corazones sensibles es: 

"La más dulce y sublime de las canciones".


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Ver en el blog

Wednesday, April 17, 2024

"Loyka Froyka": Emilia Bernal rememora sus primeros años en Puerto Príncipe. (por Carlos A. Peón-Casas)


Una interesante rememoración biográfica y anecdótica de la conocida poetisa camagüeyana, lo constituye está bien condimentada crónica.

Más que nada la recorren los matices más singulares de sus experiencias de primera niñez y temprana juventud en la ciudad de entre ríos que habitó junto a su familia.

Desde su memoria se nos presentan los paisajes de aquel Camagüey de entreguerras, y el de los minutos aciagos de la contienda del 95, incluyendo el azaroso exilio de su familia en tierras dominicanas, y la vuelta a la patria para ver el final de la contienda bélica y la consiguiente ocupación norteamericana en la ciudad agramontina.

La historia familiar de la familia de los Bernal y los Agüero de donde provenían los ancestros de la que fuera conocida poetisa, se nos presentan desde la mención de sus padres: un reconocido periodista y una poetisa y maestra.

Por el lado de su padre la progenie alcanzaba al primer Bernal que procedente de La Española había venido a instalarse en la ciudad como Oidor de la Audiencia establecida en la ciudad a principios del XIX. Por el de su madre, al conocido poeta que todos conocían con el seudónimo de El Solitario.

Emilia había nacido en Nuevitas pero habitó la ciudad desde los pocos meses de nacida cuando la familia retornó a la ciudad y fue bautizada en la Parroquial Mayor.

La infancia más o menos feliz discurrió por períodos más o menos dilatados entre la casona familiar del callejón de Tío Perico, y alguna que otra incursión por los poblados de Las Minas y Altagracia.

La sordera de su padre quien además del oficio literario había sido entrenado en los secretos del mundo pictórico en la Academia de San Fernando en Madrid, los mantenía en lugar de “extramuros” y al hogar solo concurrían esporádicos y muy selectos visitantes

Hay descripciones muy felices de aquel entorno del Príncipe secular que el lector agradece por los pormenores que se nos regalan:
Diez y ocho leguas por el Norte, y otras tantas por el Sur, está el Camagüey lejos del mar, y ese pueblo metido en el corazón de la tierra, un solo corazón tenía. Sus latidos, recios, serenos, no se daban mas que para la grandeza y el honor.  
La patria fué su más puro y ferviente ideal, y de allí son los primeros mártires que le ofrecieron sus vidas.
La muy niña Emilia vivió junto a su progenitora experiencias exultantes en sus labores de maestra itinerante por los paisajes campestres del otrora Camagüey una vez en el entonces próspero poblado de Las Minas o en el de Altagracia ya citados, donde fueran necesarios sus concursos de maestra.
Habiendo escuela en mi casa, jamás concurrí a ella con obligación, sino cuando quería. Al albor, con las calles llenas de neblina, por aquel camino que iba a la casa, veía yo allegarse las niñas del pueblo a ella. Entonces yo iniciaba mi desfile... Cogía un cesto de guano desflecado, un sombrero viejo, una lata herrumbrosa, cualquier vasija que hallara al paso, un largo hilo con un alfiler amarrado a la punta y migajas de pan de mi desayuno, y me iba a mi oficio
...

El mediodía durante el cual era más fácil retenerme en la casa, lo pasaba haciendo bellaquerías a las alumnas del colegio. 
...

Mi madre, a veces, no podía evitarlo, y también se reía, otras me regañaba incomodada, otras me ponía en penitencia; pero en seguida una niña mayor o un grupo de alumnas venían a servirme de madrinas y se acababa el castigo.
En este último poblado una casi adolescente Emilia sufrió los avatares inenarrables de la guerra cuando el susodicho poblado fuera tomado por las fuerzas del General Gómez y luego reducido a cenizas. Sus descripciones sobre el suceso son harto elocuentes:
La invasión de una chillería estruendosa y polifónica que lo llenaba todo, como antes lo llenó el estampido de los fusiles, y entre ella algún claro, estentóreo grito, ardiente y loco, de "¡Viva Cuba libre!" 

Más confiados a ésto, y por los repetidos toques y llamadas que se hacían a la puerta de nuestro bohío, lo abrimos, todavía descalzos y mal vestidos, tal como nos habíamos lanzado de la cama al suelo cuando empezó el combate. 

¿Para qué nos llamaban...? Pidieron que saliésemos de nuestra casa enseguida para incendiarla... Salimos, pues, como estábamos, porque nos apremiaban para que la abandonásemos. 

¡Aspecto inolvidable el de Altagracia! Encendida toda, ella iluminaba el cielo hasta el mismo cenit azul, con su luz roja y magnífica. Tal como el hombre atormentado por el dolor eleva la llama purísima de su alma al infinito, con anhelo de altura y de comprensión, así Altagracia, después de la tragedia de sangre llameaba como lámpara espiritual, ambiciosa de la consagración épica. 

Salimos así, con los pies descalzos y el cuerpo mal cubierto. Vimos la luz de nuestra casa que ya ardía. En la llanura vecina nos detuvimos para darle los últimos adioses entre lágrimas y turbación y emprendimos el camino en ringlera errante, cabizbajos y tristes, a ocultarnos dentro del bosque espeso, todos los que entonces éramos, todos los que ya se han ido: padre, madre, hermanos... y anduvimos... anduvimos...
De allí por la vía de Nuevitas vinieron los días aciagos del exilio en tierras de Republica Dominicana, de donde era oriunda la familia de su padre, y donde el relato de la aún adolescente se llena de casi inebarrables resonancias. Las inevitables estrecheces económicas que fueron su pan de cada día, se nos matizan con suficiente crudeza en el bien contado relato de la entonces adolescente.
Llegamos. Casi todos los compañeros de viaje, ricos, o bastante bien acomodados de fortuna, se fueron a los hoteles de la hospitalaria capital dominicana. Nosotros, pobres, nos fuimos a vivir a una casita vieja, toda rota, que acababan de dejar unos emigrados cubanos para trasladarse a otra en mejores condiciones. 

Esta casita, a pesar de pobre y destartalada, era un hallazgo. Fué una suerte conseguirla. Nos la ofrecieron, en el mismo muelle, al desembarcar, y allá fuimos, después de haber tomado un frugal almuerzo en un restaurante de mala facha. 

Ya en el albergue, al observar los buenos vecinos que se demoraba el equipaje, nos enviaron algunas cosas indispensables: una silla, un balance, un jarro con agua, algún vaso para beber... 

Por fin, muy tarde, apareció el carro de equipajes, que nos traía solamente dos baúles, ofreciendo el carrero que a la mañana siguiente serían traídos los demás. 

Hay muchas noches en mi vida que llevo clavadas como puñales en el corazón; noches cuyo sólo recuerdo me trastorna y convierte mi cerebro en un haz de llamas... Esta primer noche que dormimos en Santo Domingo es una de ellas... 
La vuelta a la tierra prócer un poco antes del fin de las hostilidades, para sufrir entonces el flagelo de la temible reconcentración de Weyler, y de la conocida intervención de las tropas norteamericanas en el conflicto cubano español, se nos narran con particulares matices que dotan a este relato de una singularidad y detalles de los que pocas veces logramos tener otras referencias con tanto nivel historiográfico y vivencial.
El período más desgarrador de la miseria cubana había llegado con la reconcentración de los campesinos instituída por el capitán general Valeriano Weyler. El Weyler famoso, que tuvo la descomunal manera de mostrar su patriotismo asumiendo la responsabilidad del fracaso español. Sí, porque no solamente se es patriota dando gloria a la patria en los días floridos, sino también en los momentos críticos de ella haciéndose responsable ante la historia de fracasos con cuya culpa nadie quiere cargar. 

En los centros de población se hacinaban los desgraciados que los ejércitos traían prisione-ros del campo, y allí, en calles y plazas, agrupados, sin techo y sin pan, se consumían de hambre y de enfermedad. 
El cierre del libro coincide con el deceso de su madre en tierras nueviteras donde en pleno período de ocupación norteamericana había querido asumir su oficio de maestra a pesar de la temible enfermedad, la tuberculosis, que la aquejó desde muy joven y fue un constante sufrimiento para la narradora.

El libro aunque editado en España fue obra íntegramente escrita en Nueva York por Emilia Bernal en el año 1919.

A no dudarse es una obra narrativa de altos quilates y mejor factura, para nada menor entre su su conocida y mejor valorada impronta poética, a la que dedicó primordialmente, sus cuidados, y por la que mejor la conocemos. Sirva este mínimo acercamiento como merecido y oportuno destaque.

En Miami, Abril 12, 2024.


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Ver en el blog:

Wednesday, April 10, 2024

Hombre que mira con pasión desbordada al Sudeste… (por Carlos A. Peón-Casas)


Me acuerdo ahora, en el aquí de esta coordenada del southwest miamense del filme Un hombre mirando al sudeste, de Eliseo Subiela.         

Lo vi con pasión también desbordada en su minuto en aquella sala oscura del Casablanca de la ciudad de antaño, que dicho y sea de paso ya no existe con la magia que tuvo y pudo mantener acaso para que nuestros hijos pudieran acabar disfrutándola alguna vez… como tampoco existe en triste e inexorable circunstancia, aquella ciudad que habitamos alguna vez: príncipeña y principesca, dejada atrás por décadas innominadas, con lágrimas y suspiros….

Aquel filme hoy me recorre la piel mientras desde mi humilde espacio miamense, oteo con ganas infinitas hacia el espacio geográfico de mi ciudad y mi gente… de allá espero en salvífica andanada a los que amo y añoro a mi lado.

Un año y un día después de mi llegada a estas playas esta rememoración se me hace imprescindible.

Lleva el latido insomne de mis primeras 366 jornadas, el ya tan clásico año y un día… el mismo que ha sido vivencia para los cubanos que ya por casi seis décadas, tienen en privilegiada condición, y como meta primaria en esta tierra no tan lejana en su carácter geográfico, pero inexorablemente no nuestra, aunque sea salvadora e indefectiblemente, de promisión y esperanzas.

Mirar hoy al sudeste me reconforta y me devuelve a la conexión imprescindible con aquel cordón de umbilical de salvífica prestancia.

La fe que profeso en un Dios providente en el que me enseñó a creer mi abuela Emilia, me acompaña y me conforta.

Desde esta orilla y en este minuto en que doy gracias y me lleno de nuevas esperanzas, pido a Dios, con humilde y benevolente afán, que salve a Cuba, con los bellos e inspirados versos de aquel bellísimo himno, que musicalizó Félix Rafols, vecino del Camagüey ancestral, quien le dio realce con su música y su vida, y clamó a la Madre del Cielo, a nuestra Cachita con ardoroso afán:
No abandones ¡oh! Madre, a tus hijos,
salva a Cuba de llantos y afán,
y tu nombre será nuestro escudo,
nuestro amparo, tus gracias serán.(1)



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1. Fragmento del Himno a la Virgen de la Caridad del Cobre. Texto P. Juan José Roberes. Música  Félix Rafols. Ver Himno a la Virgen de la Caridad del Cobre (autor P. Juan José Roberes. Año 1912)


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Fragmento de Un hombre mirando al Sudeste.
Dir. Eliseo Subiela. Argentina 1986

Thursday, April 4, 2024

Cumpliendo el reglamento


En el Pre de la Vigía (años 1983-86), si el profesor demoraba 5 o 10 minutos (no recuerdo cuantos) en llegar a la clase en el cambio de turno, podíamos irnos hasta el próximo turno.

La escuela (antiguo colegio Champagnat) tiene dos escaleras en cada extremo del ala central. Se vigilaba cada escalera. Al pasar el tiempo de los minutos reglamentarios, se avisaba por cual se aproximaba el profesor y nos ibamos corriendo por la otra. Todo dentro de las reglas. (JEM)

Wednesday, April 3, 2024

Recetas ancestrales de la ciudad Puerto principeña. (por Carlos A. Peón-Casas)


Ya resultan proverbiales en el tiempo y en la exultante memoria de la otrora villa y ciudad del Príncipe, los platos de mayor prosapia que adornaban las mesas de pudientes y no.

El ajiaco según la receta de Puerto Príncipe es el súmmum de la lista, junto a otras delicatesen, de las que hoy compartimos sus intríngulis más o menos revelados desde la memoria de sus primarios cultores.

Los detalles sobre su elaboración nos llegan hoy desde la revelación de un libro o prontuario culinario: ¿Gusta Ud.?(1) a cargo de varios autores, y donde varios camagüeyanos revelan sus especiales recetas.

La Naranja cubierta es uno de aquellos postres con una sabor y un saber hacer muy particular en la otrora comarca.

Su elaborada receta nos llega desde el testimonio de Aurelio Boza Masvidal, de familia principalísima, según la que conoció de una dama distinguida Doña Concha Marín y Loynaz, vecina suya en la antigua calle de San Juan o las Carreras.
En Camagüey le llaman naranja cubierta a un dulce hecho de esas grandes naranjas que acá llaman cidras, a las que una vez peladas le quitan sus semillas y su centro, las cortan en tajadas, por decantación le quitan su amargor, las cuecen, y luego las recubren de espeso almíbar que se cuaja y quedan cubiertas de azúcar, algo así por el estilo a lo que llaman en Italia frutas cristalizadas o abrillantadas.(2)
Le sigue en nuestra relación la Empanadilla Camagüeyana según nos la revela en el ya citado prontuario José S. Lastra.

Los ingredientes sugeridos incluyen, además de la infaltable harina de trigo la mantequilla a la par que la manteca de cerdo, junto a los huevos, la sal y el azúcar.

Para el relleno de las siempre apetitosas empanadillas fritas se sugieren dos variedades: una salada con “picadillo fino de pollo, con pasas, aceitunas y un vasito de vino”; y en la versión dulce, la infaltable conserva de guayaba.

En continuidad de estos sugerentes postres descubrimos uno con gran prosapia y singular memoria degustativa: el Bizcochuelo Camagüeyano.

Seguimos al pie de la letra las rememoraciones que le evocaban a Guillermina Domínguez Roldán de Boza Masvidal:
Entre las creaciones más ricas y estimadas de la repostería camagüeyana, se destaca el bizcochuelo…Es una especie de panetela o bizcocho que al sacarse del horno tiene un color tostado, un aspecto esponjoso, un olor estimulante, un sabor amelcochado.

(…) en las meriendas de las tardes carnavalescas de “el San Juan”, o en el obligado obsequio que los dueños de la casa ofrecían a los visitantes que allí acudían para ver pasar la procesión, nunca faltaba el bizcochuelo como algo típico y obligado.

(…) En la mesa del gran comedor, con blanquísimo mantel de alemanisco, con iniciales bordadas, con encajes o festones tejidos, con el centro de cristal lleno de flores y frutas, y las bandejas de plata con mil golosinas y confituras, la preciosa vajilla de fina porcelana de la abuela, con orla verde y oro y la afiligranada caligrafía de sus iniciales, se servían las grandes tazas del sabroso y oloroso chocolate pilado a mano, que siempre era acompañado con el delicioso bizcochuelo.(3)
La receta en toda su magnitud precisaba como ingredientes veinte huevos frescos, y además de la harina de Castilla, y del azúcar más fina posible, el añadido de media libra de almendras peladas y tostadas.

Estaba pensada para 24 porciones. Y una especial indicación advertía que el delicioso postre no podría ser extraído del horno hasta que aquel estuviera frio. El adorno final se lograba con las almendras peladas y tostadas, enterradas hasta la mitad en el bizcochuelo.





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  1. ¿Gusta Ud.? Prontuario Culinario, Varios Autores. Ucar y García S.A. La Habana, 1956.
  2. Ibíd. p. 618
  3. Ibíd. pp. 393-394

Sunday, March 31, 2024

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