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Wednesday, February 5, 2025

Camagüey in my mind. (por Carlos A. Peón-Casas)


Desde la distancia de esta península floridana que es preludio inevitable del continente que aún nos queda inexplorado… remontó la fecha de este mítico febrero, y aludo a mi ciudad de origen, la villa remota y sugerente, fugaz, como un soplo, singular y perenne para los presentes, que la malviven, y aun más para los ausentes que la recorren de memoria, y la sufren por igual…

La recuerdo hoy con un verso simple, donde la reconozco imprescindible en el asombro siempre recurrente de sus nostalgias mejores.

La recorro sin ambages y le dejo mi voz y mis ansias como cada primera vez...

Sin amparos, sin murallas suficientes que circunden su glorioso entramado, extensa en su mediterráneidad soñolienta, que se hace infinita por sobre la aún innombrada sabana que ralea en su verdor, y llega a tocar en su inmensidad aquel mismo e iniciático mar, por donde la descubren y renombran, sin pudor una y otra vez…

La recorro casi noctámbulo por esos mismos callejones polvorientos donde ha yacido tantas madrugadas borracha de sueños y anhelos, forjando en cada abrazo furtivo una leyenda donde perpetuarse por sobre cualquier desmemoriado desaliento, y al final, o al principio, asomarse furtiva para quien quiera contemplarla, en el espejo prístino de sus ganas…

En Miami, a dos de febrero de 2025.

Wednesday, January 29, 2025

Carolina Fernández del Castillo, Cocola: la discípula camagüeyana de Martí. (por Carlos A. Peón-Casas)


Las noticias sobre esta singular mujer, discípula del Maestro en los años de su emigración neoyorquina, cuando junto a su familia, y por causa de la guerra del 95, cruzara hasta el frío y norteño territorio, nos llegan por intermedio de una entrevista que Gonzalo de Quesada y Miranda publicara, en Bohemia en 1935.


Para entonces, la entonces la que fuera muy joven discípula del Apóstol, frisaba la séptima década de su vida, y estaba casada con Emilio Cassi, periodista de origen italiano, amigo personal del cronista, y quien junto a los rough riders de Roosevelt, protagonizara hazaña de valor durante la toma de la Loma de San Juan en la emblemática acción a las puertas de Santiago de Cuba.

La estirpe camagüeyana de Carolina, Cocola para sus íntimos, era de rancia prosapia. Asi nos lo hace saber el cronista:
… su madre, Doña Angela Castillo y Agramonte, parienta cercana del Bayardo centauro Ignacio Agramonte, de los Cisneros Betancourt, de los Quesada; la figura de su padre, Miguel Fernández Ledesma y de Céspedes, de noble linaje español, pariente de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.
La cercanía neoyorquina de Cocola con Martí se urdió desde el destino. Su padre, prisionero de los españoles en la acción de Guaicanamar durante la Guerra Grande y donde  combatió a las órdenes del general Ángel del Castillo y Agramonte, fue conducido a Puerto Príncipe para ser fusilado, pero por intermedio de un influyente amigo de la familia, se le obtuvo la conmutación de la pena por la de cadena perpetua.

En el presidio político conoció al joven Martí. Junto al adolescente compartió las premuras de la durísima cárcel, y compartió con generosidad los alimentos que solo los adinerados podían conseguir a los reos, sufragándolos de su bolsillo, gesto que Martí jamás olvidó.

La vida los distanciaría cuando el prisionero Fernández fuera conducido al presidio de.Santoña en África, de donde lograria escapar y finalmente alcanzar tierras de libertad en Nueva York donde se asentó.

La casa de don Miguel Fernández y de su familia en Nueva York sería destino de encuentro.

Al decir del periodista:
un verdadero hogar de tan hondos afectos que cuando su amigo murió, en 1891 le escribió a su viuda y a su hija: 'Mándeme Angela, mándeme Cocola, que en estos momentos de su inmenso y justo dolor, soy para ustedes todo corazón'
En aquella casa fue donde Cocola hubiera de conocer a Martí, y “convertirse en pura discípula de sus elevadas prédicas”. En palabras de la propia Cocola a Gonzalo de Quesada y Miranda, compartía sus vivencias:

Siendo una niña aún conocí a Martí me cuenta Cocola, enseñándome un retrato de ella de esa época, continuando mientras saca otros suyos, con los largos y complicados vestidos femeninos de entonces. Algunas veces acompañaba a mis padres en las visitas al colegio.del Sagrado Corazón de Manhattanville, donde yo estaba estudiando. En los paseos por.los jardines del colegio me revelaba su amor por por la Naturaleza y sus conocimientos de floricultura… Solía rememorar, entonces su juventud, sus primeros sentimientos contra España, sus horas felices al lado del buen Mendive, la tristeza de verse incomprendido por.su familia en sus ansias de ver a Cuba libre. De exquisita cortesía, Martí poseía el raro don de saber tratar a cada persona de acuerdo con su edad y condición, lo cual, sin duda, representaba además de su gran genio y bondad, una de sus cualidades más atractivas.

Recuerdo como ejemplo, una gran muñeca mía traída de París y bautizada con el nombre de Josefina. Tal era mi delirio por ella que mamá mandaba a hacerle ropas y zapatos, y casi siempre la elegante Josefina se encontraba sentada en la sala como hoy las grotescas muñecas de Lenci. Y Martí, en cada visita, nunca dejaba de saludarla y de simular una.conversación con la muñeca… Libros buenos me regaló muchos, presentándome con el primer ejemplar de la traducción suya de la novela “Ramona” con la dedicatoria: 'Para la niña que con sus cortos años comprende lo que lee y que considero con el alma tan pura como Ramona…'
La entrevista tan particular y reveladora refleja otros atisbos de la cercanía de la entonces jovencísima camagüeyana con nuestro Martí. Son perlas ineludibles para esta rememoración que hoy rescata tales afectos de aquella coterránea nuestra:

De las manos de Cocola tomo una vieja fotografía del Maestro hecha en Nueva York en 1888, al dorso leo en la dedicatoria: 'A Cocola hija de un hombre generoso y de una amiga fidelisima'. Y de sus labios oigo los versos escritos expresamente por Martí para una fiesta cubana en la cual trabajaron Cocola y sus compañeras de destierro, en casa de mi abuela, Doña Isabel Arostegui…
Cocola deja al final unas notas evocativas de sus lúcidas memorias martianas. En ellas laten facetas no muy nombradas y poco esclarecidas de su recia, pero igual de sensible  personalidad:
Es muy difícil sumar todos los afectos de que era capaz el corazón de Martí… El sacrificio cumplido para con los otros era la única balanza en la que se podría pesar la capacidad de su corazón… su abnegación encontraba su origen en el sentimiento de piedad para quien sufre, y en el patriotismo aceptado como su gran religión. Tenía la necesidad de soñar sueños irrealizables, o de correr tras la quimera siempre vaga y nunca alcanzada, o tener un grupo de discípulos pendientes de sus labios como de un Apóstol… Amó, pero cómo pueden amar los seres que tienen una alta misión por cumplir y que por ella deben sacrificarse a sí mismos y a muchos y muchos otros; ninguna de la graduaciones de afectos humanos le faltó. Todas las comprendió, y fue esa facilidad y don de comprensión lo que le hizo sufrir infinitamente y que también lo hizo inmortal.

Wednesday, January 22, 2025

Grandes Jornadas de Arte. Un balance al mundo artístico del Camagüey en 1944. (por Carlos A. Peón-Casas)


Tomo de prestado estos interesantes pormenores del artículo homónimo del crítico y periodista Rogelio V. Garriga, que me sirve de título, y que recojo desde la publicación local Camagüey. Mundo Elegante, que diera a las prensas el periodista y cronista social Mario Rafael Silva Llopis en 1944.

Entresaco para beneficio del lector siempre apegado a la originalidad de la fuente que hoy aludo, fragmentos de un texto revelador, que airea ese anhelado imaginario de nuestra ciudad y su cultura en el devenir del tiempo, hasta aquella década cuarenta del siglo XX. 
Camagüey, ciudad de arte (...) de artistas, cuna gloriosa de la Avellaneda, de Aurelia Castillo, de Isabel Esperanza Betancourt y de tantas luminarias de las letras. Suelo natal de hombres y mujeres ilustres que en poesía, música y pintura han descollado, no podia dejar de ser, como fue de antaño, la ciudad teatral más importante del interior de Cuba. Y asi desde el Teatro Principal, el coliseo que siempre fue orgullo de esta tierra, con sus cuatro balcones de palcos y localidades altas, el Camaguey de nuestros bisabuelos aplaudió a todo aquello que (...) venía a la Isla. Muchas veces, nos cuenta la historia, las mejores compañías llegaban en carretas desde la Habana. Pero eran grandes los negocios, y el Puerto Príncipe reclamba arte, porque lo sentía. Ya por aquella época empezaba a hacerse arte teatral en casa. Y en nuestra Sociedad Filarmónica conjuntos de aficionados más tarde representában obras, ya fueran dramas, comedias o zarzuelas. Y sigue pasando el tiempo, todavía en nuestra niñez (...) recordamos el paso de notables espectáculos (...) muchos de cuyos artistas nos dejaron fotografías autobiografiadas que aun conservamos (...) Aparejándose a los triunfos del Principal, vino después el Teatro Avellaneda, que con su nombte glorifica el recuerdo de nuestra Tula. Creo que su inauguración fue por el año 1914 (...) como en la época de antaño, es la Popular de hoy la que hace teatro (...) Y posteriormente el Camagüey Tennis Club nos presenta bellas obras, que expresamente para ese fin escribió el Dr. Felipe Pichardo Moya (...) y a los que ponía música (...) Alberto Noriega (...) Y en el Atlético, con los Martínez Casado, las Pita Benavides, las Zayas Bazán, Carlin Galan y otros de tantos (...) se presentaron comedias que mucho gustaron. ¿Y por que no decirlo? Arte de fino humorismo fue aquella Virulandia Sonia Bongó que con libretos del Dr. Antonio Martínez, con artistas como la, Guanaja, Godito, etc. y sus coros admirables (...) Y viene ahora Raffols y Aguirre, los dos consagrados profesores, de cuyos Conservatorios han salido pianistas muy celebradas, a brindarnos sus dos brillantes esfuerzos: la Coral y la Orquesta Sinfónica (...) La SIBA nos ha regalado por años regios espectaculos. Y asi ha sido por cerca de diez décadas esta ciudad arte, bellezas y colorido que trazamos a grandes rasgos (...) desde la Avellaneda hasta las escritoras de nuestros días con nuestra Flora Díaz Parrado, novelista y escritora teatral. Músicos que como Víctor Pacheco, Noriega, Molina Torres y otros llegaron hasta Jorge González Allue, con sus dulces canciones. Los escritores que se enorgullecen de tener a Oscar Silva Muñoz del Canto, Felipe Pichardo Moya, Luis Martínez... Músicos, pintores, poetas, escritores, hombres y mujeres sean estas líneas un recuerdo a tu memoria...

Noviembre de 1944.

Wednesday, January 15, 2025

Vertientes en la memoria. Rememoraciones familiares y recuerdos. (por Carlos A. Peón Casas)


Una reciente incursión en estas mismas páginas por los anales de mi familia materna me llevó a memoriar sobre el conocido poblado de Altagracia. Hoy aludiendo a mis ancestros paternos, mi glosa tiene por norte al de Vertientes.

El poblado que data de la etapa colonial temprana, era conocido con el apelativo de Cachaza, y tiene sus conexiones con el conocido embarcadero de Santa María, donde el pirata Morgan tomo tierra para asolar Puerto Príncipe en 1668.

Justamente allí habitó mi abuelo Nicolás Peón Manso desde los tempranos años de la década del treinta del pasado siglo XX, en compañía de mi bisabuelo Don José, asturiano de pura cepa.

La vida los había juntado, cuando falleciera, todavía en la flor de la edad, Rosario, la esposa y madre de mi abuelo y de sus tres hermanas: Ramona, Rosita y Antonia. El varón como era costumbre, acompañó al padre; las hermanas pasaron a vivir con otros familiares en el entorno materno, disperso por los pueblos de Arroyo Blanco, Jatibonico y Sancti Spiritus.

Lito, como cariñosamente llamaban a José en familia, había llegado a esta ínsula, a finales del siglo XIX, cuando su providente padre consiguió abordara presurosamente un barco a Cuba para no ser enviado a la entonces terrible guerra de Marruecos.

A su llegada con solo 17 años por el puerto habanero, deambuló en uno y otro empleo de subsistencia. Gracias a sus dotes para el comercio llegaría luego de muchos avatares, a desenvolverse como dueño de alguna que otra bodega en poblados de la entonces zona jatiboniquense, en la gran y extensa provincia del Camagüey. Y ya después de enviudar, en Piedrecitas, donde pasara mi abuelo su niñez y temprana juventud.

Vertientes, ubicado en el km 33 del ramal del ferrocarril de Camagüey a Santa Cruz del Sur, sería el próximo destino.

Mi abuelo, hombre hecho a sí mismo en su impecable formación cultural, y sus afanes poéticos, heredó igualmente de su padre aquellas dotes comerciales. Y muy pronto tuvo un feliz emprendimiento en el giro de los jugos de frutas tropicales, con un popular puesto, ad usum, ubicado justo frente a la estación férrea del poblado vertientino. Un recorte ya amarillento en mi archivo, de un Boletín Comercial de la época, ubica su prospero negocio en la entonces muy popular calle Línea.

Corrían los primeros años de la década del treinta. El poblado era entonces ya sede de un próspero central azucarero que con el mismo nombre del pueblo, regentaba la Compañía Azucarera Vertientes, la fábrica databa del año 1921, y su capacidad de molida era de 775.00 arrobas(1).

Era pues un pueblo floreciente a no dudarlo. El abuelo logró levantar un honrado capital que le permitió casarse con la que sería mi inolvidable y dulce abuela Emilia Espinosa, natural de Las Villas, y residente en el poblado de San Diego, donde el abuelo la conoció. Juntos fundaron su hogar y tuvieron su propia casa en los alto del negocio, en el año 1940.

Allí nacieron sus dos primeros vástagos: mi tío Juan José y mi padre Nicolás Jr. Para mediados de los años cuarenta, mi abuelo fue capaz de invertir su capital social vertientino, en un nuevo empeño: el Hotel Europa, anexo al Hotel Plaza, aquí en la ciudad de Camagüey, en sociedad con su amigo y socio Riestra. Para entonces puso su casa en la ciudad en el reparto Beneficencia.

Pero Vertientes siguió en las coordenadas de la familia. Dos hermanos de mi abuela Emilia también se residenciaron allí y fundaron sus respectivas familias. Su padre, mi bisabuelo Félix, igualmente hubo de vivir allí hasta su deceso ya pasado los noventa años.

Por ende, mis recuerdos infantiles entroncan con viajes en compañía de la abuela Emilia a aquel simpático poblado, a medio camino al mar, ya fuera en el tren o en los ómnibus de ruta, que por entonces tenían salidas muy frecuentes, o hasta las menos de las veces, en un cómodo taxi, también disponible por sumas que hoy parecerían irrisorias a mis lectores en este hic et nunc tan devaluado.

Vertientes vivo aun en la memoria familiar le legó a la familia coordenadas inolvidables. De ese tenor de recuerdos queda, en manos de mi tía Ana María, celosa guardiana de esas memorias, una muestra fotográfica que revive tales cercanías a pesar del paso del tiempo.

Por ello, y para cerrar esta incursión memorística, dejo al lector estas fotos ilustrativas de lo que fue aquella comarca, tomadas por el lente de una antigua cámara de fuelle de mi inolvidable abuelo Nicolás, muy bien versado en aquel arte, una reliquia familiar, fabricada en el Japón ocupado de postguerra, y con la que también alcancé a hacer mis pininos fotográficos.

Las instantáneas de mi abuelo Peón, tomadas en algún minuto del año 1950, serán a no dudarlo un magnifico broche de oro para esta sentida crónica.



Bungalows del Central
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Iglesia Parroquial
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1. Este central era parte del grupo General Sugar States. Los azucares se embarcaban por la terminal de Tarafa en Nuevitas y por Santa Cruz del Sur. En Enciclopedia Popular Cubana de Luis J. Bustamante. Lex. La Habana, Cuba, 1948.

Thursday, January 2, 2025

Un rato entre amigos. (por Carlos A. Peón-Casas)


El título cuadra muy bien a la foto que acompaña esta página donde el retratado principal es de esos nombres inolvidables e insustituibles de la literatura con mayúscula: cubana con más precisiones: de aquí o de allá.

Porque tener de amigo a Félix Luis Viera narrador de alto calibre y poeta total, es un motivo muy singular para este humilde escribidor, lo mismo que para mi entrañable alter ego, el Sr Joaquín Estrada Montalván editor del blog El Lugareño; y aún más, tener el privilegio de aposentarnos por un rato de infinita duración en su espacio de vida y creación, justo en este south west miamense, donde sucede tan especial convite.

A Don Félix tuve el gusto de conocerlo primero por su obra narrativa. Una amiga en común, me abrió el camino con algunos de aquellos primeros títulos suyos, en mis días todavía camagüeyanos.

Primero con ese monumento de sabor intensamente agridulce y autobiográfico: “Un ciervo herido”; que para el lector todavía no enterado, es la novela testimonio de aquel experimento fallido, álgido y triste, que conocimos en Cuba con acrónimo cargado de ignominias: UMAP.

Luego vendrían en sucesión otras novelas: “Un loco si puede”, y “El Corazón del Rey”; y a posteriori, me fui poniendo al día de su amplísimo caudal creativo por muchas y sucesivas entregas,inéditas en su mayoría, fragmentos de otras posteriores novelas suyas, y de su poesía magistral, acogidas con beneplácito y rigor editorial en el ya mentado blog El Lugareño.

Nunca imaginé que tendría la dicha de conocer personalmente al Maestro, pero el destino ese igualador sublime o trágico a veces, me puso a su vera hace justo un año, cuando recién llegado a a estas playas floridanas, tuviera el privilegio de estrechar su mano por intermedio de Joaquín Estrada, y escuchar, de su voz pletórica de emociones y recuerdos, ese caudal todavía prístino que lo conecta con las mejores coordenadas creativas de nuestra rica lengua.

Así sigue luciéndome hoy día. Y así, brindo hoy, por la oportunidad y la gracia indeleble y feliz de que me acoja sencillo y diáfano, con la calidez de su amistad, y los mejores efluvios de su sensible alma de narrador y poeta.


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Ver Félix Luis Viera en el blog.

Wednesday, January 1, 2025

Fin de Año 1959, en Camagüey (por Carlos A. Peón Casas)


Los pormenores de aquellas celebraciones que nos develan hoy, seis décadas después las páginas ya amarillosas del entonces diario Adelante, en sus ediciones de aquel diciembre, resuenan todavía, a no dudarlo, en la memoria de muchos quienes fueron sus protagonistas.

Para muchos otros, los que nacimos después, es igualmente un interesante ejercicio de rememoración histórica, que entiendo es muy necesario, para saber quienes somos y de dónde venimos.

Recreo pues para el curioso lector, algunos de los anuncios que la prensa local publicara entonces referentes a las fiestas y celebraciones que caracterizaban ese minuto.

El primero era un Aviso del Camagüey Tennis Club(1), que ponía en conocimiento de sus asociados sus respectivas celebraciones que partían desde el día de Nochebuena con su Cena bailable, el día 25 con el “Tradicional baile de las Debutantes” amenizado por la orquesta de Ernesto Duarte y la Tridimensional”, el día 26 con un “Recibo bailable”, y para esperar el año de 1960, el “Baile de la Uvas”, igualmente amenizado por la orquesta Tridimensional y Angelito Mola.

Para el entrante año nuevo, seguían otras actividades de igual signo, comenzando con un Matinée el día primero de año, siguiendo otro “Recibo Bailable” al siguiente día, y finalmente el día 6, la celebración de la infaltable Fiesta de los Reyes Magos, “dedicada a todos los niños de los Asilos de la Ciudad.”, y sumando igualmente “Variedades artísticas de La Habana y la localidad”(2).

Una oportuna nota de la Directiva y los organizadores dejaba saber la obligatoriedad de presentar la tarjeta de asociado a la puerta del Club, entendiéndose que “estas fiestas serán exclusivamente para socias y socios visitadores”(3).

Otro conocido espacio social de la ciudad el Club Atlético Ferroviario, con su sede en Rotarios y Benavides, presentaba igualmente, a sus asociados y a la “sociedad camagüeyana” su programa de fin de año.

Para el día 26, anunciaba su “Gran Baile titulado Pascuas Cubanas (con precioso decorado alusivo). 10 p.m. Para el día 31: “Grandioso Baile de fin de año, “Alborada de Prosperidad’’.10 p.m”(4).

Igual para los días de enero el popular Ferroviario, abría el mismo día primero con su:
Tradicional Matinée Infantil Cada niño un juguete con grandes sorpresas para los niños y en el cual cada hijo de asociado traerá un juguete para los niños pobres de Camagüey. 4 p.m(5).
Pero no solo se anunciaban los clubes y sociedades, con sus programas festivos, igualmente lo hacían establecimientos recreativos muy relevantes de aquella ciudad como lo era el afamado “Río Bolos”, ubicado por entonces en la ribera del Hatibonico, donde hoy localizamos la conocida Pizzería del mismo nombre.

El anuncio a tres columnas rezaba lo siguiente:
A Bailar y a Divertirse
Desde Nochebuena hasta Reyes
RIO BOLOS
Mañana Grandiosa Matinée—3 P.M
Reserve su mesa para el día 31—Teléfono 4932(6)
Con igual renombre en la ciudad de aquel 1959, el Club Restaurant Copacabana, ubicado donde lo seguimos visualizando, en la Carretera Central, a la altura de la Plaza de la Caridad, publicaba su programa festivo desde el día 24 hasta el 2 de enero.

Anunciaba muy oportunamente en el periódico ya citado, a las mejores orquestas y shows, aclarando que la entrada era libre, y que el precio de su cena de Nochebuena era de sólo $2.50.

Para el cierre he dejado un muy simpático anuncio de una de las casas comerciales más distinguida de la ciudad: La Gran Señora”, que en su minuto se anunciara como “la de las telas anchas y los precios estrechos”, y que para la ocasión del Día de Reyes de enero de1960, se declaraba como el “Almacén General de Juguetes de los Reyes Magos”. Y de paso apuntaba que:

Los niños de Camagüey saben que los Reyes Magos llegan siempre primero a la Gran Señora(…) Traiga a sus niños para que depositen su cartica en el Buzón y le pidan a los “Reyes” sus juguetes preferidos(7).



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  1. Adelante. Camagüey, jueves 24 de diciembre de 1959. p.12
  2. Ibíd.
  3. Ibíd.
  4. Ibíd. p.4
  5. Ibíd.
  6. Ibíd. p.4
  7. Ibíd. p.5

Wednesday, December 25, 2024

Navidades y Reyes en el Camagüey de 1959 (por Carlos A. Peón-Casas)

 
 


Los detalles de aquellas celebraciones que ya remontan las seis décadas, los revela la prensa de aquel minuto en la ciudad, el entonces diario Adelante, en sus ediciones correspondientes a tan alusivas fechas navideñas, y que con mucho celo conservamos en la Biblioteca Diocesana de Camagüey, a nuestro humilde encargo.

Justo en la emisión del 24 de diciembre, la de la tradicional Nochebuena a la cubana y a la que nunca dejaron de adscribirse creyentes y no, y que particularmente en el terruño principeño de antaño, y en el Camagüey de siempre, tuviera siempre connotaciones tan pintorescas y diversas, hay una alusión muy particular a las celebraciones públicas del hecho de aquel día.

Transcurrían en el arbolado y siempre acogedor Casino Campestre. Se trataba de un programa celebrativo, preparado por el Comité Municipal de Navidad y Reyes, desde las cinco de la tarde hasta pasadas las ocho de la noche, y que tenía continuidad hasta el 6 de enero, el Día de Reyes.

Las actividades desglosadas en sus horarios, aparecían anunciadas en la página dos de la edición de Adelante ya citada e incluían a saber:
  • De 5 a 6 pm. Narración infantil navideña (Cuentos y Villancicos)
  • De 6 a 6.30. Explicación del nacimiento de la gruta. Durante la media hora, cada 10 minutos entrará un grupo de personas.
  • De 6.30 a 7.30. Narraciones puestas y villancicos de Navidad.
  • De 7.30 a 8. Explicación del Nacimiento de de la gruta con villancicos cubanos
  • 8p.m Escenificaciones y coros de todos los colegios públicos y privados de Camagüey
  • Al terminar. Explicación del Nacimiento de la gruta.
  • Como el lector fácilmente colige, el acto celebrativo tenía como atractivo singular aquel Nacimiento desplegado dentro de la conocida gruta del Casino, y que como no es muy poco sabido, fue regalo a la ciudad de un alcalde de los tiempos machadistas: Domingo de Para(1).
Aquel Nacimiento era a no dudarlo, un espacio singular y atrayente, de cuyos detalles no podemos dar lastimosamente más particularidades, pues nacimos para cuando tal costumbre ya había sido “convenientemente” difuminada del escenario y hasta del imaginario citadino, pero de la que mis mayores si me dan testimonio, y que igualmente debe ser un indeleble recuerdo para mis lectores que pasen de los sesenta, que recordar sin dudas es volver a vivir.

Otras coordenadas de aquellas celebradas Navidades de aquel año, las completaban algunos avisos de las autoridades de la ciudad como aquel que rezaba que:
En el Ministerio de Gobernación se informó que para la celebración de las fiestas de pascuas y navidades no hace falta permiso alguno, ya que el deseo del gobierno revolucionario es que todo el pueblo tenga las mayores facilidades para celebrar esas fiestas, las primeras de Cuba Libre(2).
O este otro, una proclama intitulada “Al Pueblo de Camagüey”, rubricada por el Dr. Daniel Álvarez Rodríguez, quien fungía en aquel minuto como Jefe Local de Sanidad, y cuyo contenido aludía a un sensible tema: el peligro de contagio con alguna enfermedad de los cerdos a sacrificar para las fiestas al uso. Así lo puntualizaba:

“Debido al entusiasmo Pascual y a fin de evitar el contagio de enfermedades transmitidas por los cerdos que puedan estar enfermos, esta Jefatura Local de Salubridad, velando por la salud del pueblo, recomienda que al adquirir carnes de puerco exijan al vendedor el correspondiente conduce de haber sido sacrificado en el Matadero Municipal, o autorizado, donde se practica su inspección veterinaria.

“Por un pueblo sano en una Cuba Libre”

No faltan en los periódicos de estos días fiestas, las alusiones a obras caritativas dispensadas a los menos favorecidos, como lo fuera la cena ofrecida a más de seiscientos niños pobres en el Oratorio Salesiano “Domingo Savio” la nota que acompaña a un par de imágenes gráficas apuntaba que:
El Oratorio Salesiano “Domingo Savio” hizo posible que más de seiscientos niños pobres disfrutaran ampliamente de la Nochebuena. Con la cooperación de infinidad de personas de buena voluntad el Reverendo Padre Silla sentó en las mesas distribuidas en el Colegio a un grupo extraordinario de niños quienes recibieron la atención de todos los miembros de esta congregación religiosa pasando horas de interminable alegría(4).
Acaso como feliz colofón a aquellas celebraciones pascuales, inmersas de se espíritu siempre trascendental de dar y compartir, reproducimos para el lector el texto de un anuncio pagado por la Escuela del Hogar, de célebre trascendencia en los mejores apegos formativos de la otrora ciudad y que no dejaba en entredicho, esos magníficos sentimientos antes esbozados:

Navidades y Reyes de la Libertad en Camagüey.

Invite a su Cena de Nochebuena a una familia pobre
Hágalo Feliz comprando un juguete más…!
Coopere una vez más
Depositando Ropas,
Víveres y Juguetes en
La Escuela del Hogar.
Cisneros, cerca de la Plaza de las Mercedes




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  1. De aquel médico, baracoense de origen, nos dice Flora Basulto de Montoya en su Tierra Prócer que “fue muy combatido por “cunero”: ya que el camagüeyano es regionalista por idiosincrasia-prohibió, en nombre del ornato público, la ancestral costumbre de que los socios del Liceo(…) se sentaran en la acera; y en represalia, los socios dejaron de “enramar” en los sanjuanes el frente de la sociedad como tenían por costumbre(…) Embelleció(…) el Parque Gonzalo de Quesada, e hizo atender a animales y plantas exóticas, construyó la fuente con su gran surtidor, etc. Le erigieron un busto, el cual fue arrancado de su pedestal y destruido a la caída del Presidente Machado.” En Tierra Prócer, p.182
  2. Adelante. Camagüey, jueves 24 de diciembre de 1959- Año de la Liberación. Anuncio del Ministerio de Gobernación. Columna 2, p. 2 (Facilidades para Fiestas)
  3. Ibíd. Al Pueblo de Camagüey.
  4. Adelante. Camagüey, Domingo 27 de diciembre de 1959- Año de la Liberación. p. 3

Wednesday, December 18, 2024

Una palma en el pantano. (por Carlos A. Peón-Casas)


Mi mirada no se cansa de rastrearlas en este entorno floridano donde tan altas y esbeltas se les ve por “calles y avenidas del Southwest" parafraseando al cantor.

Y mi emoción no es poca. Enhiestas en esa lozanía que acá les es proverbial, su vista me conecta de golpe con las de la Isla penumbrosa y fatigada, donde igual de desafiantes se les ve crecer todavía libres si el adjetivo es todavía apropiado, y si por casualidad las “califica” suficientemente.

La que me mueve al relato la contemplé en la vera del camino que hace senda al condado de Lee; y un poco mas allá de la intersección del Tamiami y la carretera que se bifurca con rumbo a Lehigh.

Su visión salvando distancias, me conecta con aquella del poeta Heredia cuando creyera avistarlas en la imponente catarata del Niágara.

Pero definitivamente mi humilde avistamiento ocurre en otra coordenada, en medio de los impenetrables Everglades floridanos donde el tiempo parece atraparlo todo.


Y para lo que me queda de la emoción resultante, me complazco entonces, en esa apacible lotananza, con la sencilla palma del pantano que se yergue indemne y airosa sobre el humedal recurrente del que escapa hacia el límpido cielo que la acuna.

Wednesday, December 11, 2024

Un pedacito de Camagüey en Bird Road. (por Carlos A. Peón-Casas)


Esta reproducción del emblemático patio camagüeyano que nos ilustra hoy nuestra proximidad, adorna un salón de espera de un siempre concurrido consultorio médico en Bird Road, la popular calle 40, casi esquina a la avenida 99 de este emblemático South West miamense.

Lo regenta un conocido médico camagüeyano, el Dr. Lester de León, y el paisaje de marras, estratégicamente colocado al lado de la popular máquina de café, es un imprescindible punto focal que enseguida conecta al visitante, con ese ambiente colonial de nuestra legendaria ciudad natal.

Como al sitio concurrimos no pocos camagüeyanos, la excelente reproducción artística, enseguida nos traspala al paterno lar del Tínima y el Hatibonico y nos recuerda este singular espacio que aún creo poder localizar en la ciudad que dejamos atrás, una de las casonas de la ancestral Plaza de San Juan de Dios, aunque existen varias locaciones parecidas, dispersas por el mágico entramado del Puerto Príncipe más raigal.

Me da gusto descubrir entonces para mis compatriotas en esta orilla floridana y para los amables lectores de otras regiones, este paisaje de un patio camagüeyano con todos los hierros, al decir nuestro, con los panzudos tinajones en primerísimo plano, y ese ambiente de silenciosa y meditativa impronta que nos sigue latiendo imperturbable.

Wednesday, December 4, 2024

San Agustín in my mind... notas para una crónica anunciada. (por Carlos A. Peón-Casas)


Reconozco que me pasa con todo viaje. Los prolegómenos me marcan casi siempre una coordenada de anticipatorio signo, por aquello de que uno mira y busca las posibles coordenadas del sitio, o simplemente se escuchan anécdotas y recomendaciones de los que fueron primero y quieren que nos vaya muy bien, o repitamos por qué no, sus mejores vivencias.

Pero con San Agustín, en estos predios floridanos, la emoción de lo vivido ha sido de una plenitud exultante, como pocas veces antes, si salvo por excepción mi también reciente vez en Key West, otro punto de inestimable cercanías.


Reconozco que la marca más sugerente lo da el hecho de haber viajado con mi familia nuclear recientemente llegada a mi lado, y también en la compañía de amigos entrañables, promotores y cicerones insuperables de la idea, con los que el camino y el viaje se llenan de alegrías inenarrables para los efectos de esta rememoración y que dotan la experiencia de una marca indeleble e inolvidable.

Con el mismo signo, queda la satisfacción infinita de haber conectado con una parte de la historia patria: la sabida presencia del Padre Félix Varela en aquel punto geográfico que guardara sus pasos de adolescente junto a su abuelo paterno, Coronel destacado en el fuerte de San Marcos en los tiempos en que la ciudad volviera a manos españolas (1783-1821), luego de haber sido, junto a toda la Florida, posesión inglesa desde 1763. Y luego, en ese mismo antiguo outpost, ya parte de la Unión Americana, nuestro Padre Varela se retirará al final de su preclara existencia de sacerdote y patriota, para bien morir, en olor de santidad, lo más cerca posible de su Cuba añorada y soñada libre alguna vez.

La visita a la que fuera su tumba aunque no todo lo explícita que hubiera preferido esta vez, me llevó al menos, al frente del cementerio de Tolomato, justo en la calle Córdoba.


Allí está la blanca capilla donde hubieran de reposar sus restos mortales antes de ser llevados a su amada Cuba y ocupar el conocido cenotafio del Aula Magna de la Universidad de La Habana.


Luego, recorrer la ciudad por aquel entramado que nos recuerda con especial énfasis a La Habana más colonial, y con conexiones de historia raigal desde que Ponce de León desembarcara allí procedente de Cuba en 1513, muy cerca del actual monumento que perpetua su memoria, uno vislumbra ese sitio tan conectado a nuestra patria desde aquel temprano siglo XVI.


El fuerte de San Marcos, que aún contemplamos en su innegable parecido con los morros habanero y santiaguero, era enclave fundamental que desde 1695, protegía los continuos embarques de los tesoros que España acarreaba en sus flotas desde los territorios americanos y luego de pasar por La Habana, se enrumbaban a la Madre Patria aprovechando las fuertes corrientes del Gulf Stream.

San Agustin guarda igual memorias históricas de sucesivas incursiones piraticas como las del temible Drake, igual que los asedios de los británicos, los años de ocupación de aquellos, la vuelta a dominio español y luego su cesión final a los Estados Unidos en 1821.


De todo ello la ciudad es una huella indeleble, aunque ninguna edificación actual es anterior a 1702, la ciudad es una sucesión de estilos y señales de cada momento de su historicidad más elocuente. Un ejemplo de ello aún a la vista es la antiquísima Wooden Schoolhouse aún con sus maderas originales de cipreses, y que el visitante puede contemplar en la antigua calle Española.

Un antiguo mapa español que tuve a la vista, y que data de 1728, deja igualmente evidencias del sugerente entramado de calles y antiguas viviendas.


La catedral, actualmente basílica que data de 1797, nos lega innegables marcas de la catolicidad inicial que trajera la ocupación española.


Dos imponentes edificios que fueron antiguos hoteles de innegable porte: el Alcazar y el Ponce de Leon, en la movida King Street, aún sorprenden al visitante por su majestuosidad. El primero es ocupado hoy el City Hall y el Museo Lightner; y el segundo por el Flagler College.

Este humilde viajero y cronista siente al final de tanto desandar aquel incitante entramado, que mucho le ha quedado pendiente, tanto o más que lo visto, fotografiado, o conservado en la retina y la memoria, pero el viaje ha sido sugerente y feliz y repetirlo es solo un asunto de tiempo por venir, para este cierre dejo al amable lector la evidencia de alguna particular instantánea que sugiera y matice mi inolvidable experiencia.

Wednesday, November 20, 2024

La mascarilla funeraria de Mons. Adolfo Rodríguez. Un recuerdo desde los afectos. (por Carlos A. Peón-Casas)


Nota del blog: Agradezco al Dr. Nicolás Peón, que facilitara las fotos del negativo de la mascarilla funeraria de Mons. Adolfo Rodríguez para ilustrar el texto. 

El Dr. Nicolás Peón conserva y custodia esta valiosa reliquia en Chile,  país donde reside. La recibió como regalo de sus creadores Ileana Sánchez y Joel Jover. (JEM)
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La mascarilla funeraria de Mons. Adolfo Rodríguez. Un recuerdo desde los afectos. (por Carlos A. Peón-Casas)


Rememoro esta inolvidable memoria desde los afectos más celosamente vivenciados en aquel minuto en que nuestro inolvidable Mons. Adolfo Rodríguez, el pastor celoso de su grey, afectuoso y cercano, a cada uno de sus diocesanos y a todo el que tuvo la dicha de tratarlo y conocerlo, dejaba de estar entre nosotros para descansar en la casa del Padre Eterno, en la noche del viernes 9 de mayo de 2003Su velatorio tuvo lugar en la Catedral de Camagüey, desde el amanecer del sábado 10 de mayo, hasta la tarde del próximo domingo.

En horas de la madrugada, de ese triste domingo, se procedió con solemne y piadoso gesto a tomar la última impresión en forma de mascara funebre, del venerable rostro de nuestro Arzobispo.

Tan responsable encomienda estuvo a cargo de los respetados artistas camagüeyanos Ileana Sánchez y Joel Jover, cercanos en amistad y afectos a nuestro querido Mons. Adolfo. Para tal fin, llevaron a cabo en su cercana vivienda en el entorno del Parque Agramonte, los reparativos de rigor con los materiales necesarios para tal práctica que sin dudas les resultaba de gran novedad, y al mismo tiempo les demandaba un responsable y rápido proceder.

En la madrugada, preparada la mezcla del yeso que perpetuaría los rasgos del rostro de nuestro querido arzobispo, los artistas llegaron a la Catedral, que acogía la capilla mortuoria, y donde permanecían no pocos fieles.

Toco a Ileana Sánchez proceder a la rápida impresión, todo el tiempo escoltada y ayudada por su esposo Joel, quien cuidaba de todos los detalles. Esta práctica tiene arraigo en la patria chica camagüeyana, gracias a la cual se conservan la impresión en yeso de los rostros de algunos próceres, como Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareño.

Desde mi ángulo de curioso y también emocionado espectador, noté el conmovido gesto de la artista, mujer de fé, su emoción y lágrimas, al llevar a cabo tan trascendente tarea.

Desde mi recuerdo de aquel día, el hecho pudo haber durado una eternidad, cuando en verdad fueron unos pocos minutos. La celeridad era imprescindible para lograr que la toma o impresión del rostro en aquella mezcla de yeso y otros aditivos fuera un éxito.

La mascarilla estuvo finalmente lista unos días después. Y hasta donde sé, fue entregada por la propia Ileana Sánchez en el Arzobispado. No puedo dar certeza al lector del lugar exacto donde se conserva actualmente. 

Tuve el enorme privilegio de contemplarla ya terminada, me impresiona recordar el rostro apacible de Mons. Adolfo como dormido en la Paz de Dios, a quien sirvió y honró con todo ser hasta el final.

Rememorar ese momento especial, es sin dudas un deber que hoy acato para perpetuar el legado y recuerdo del hombre bueno que fue Mons. Adolfo Rodríguez, primer arzobispo de Camagüey, pero ante todo, nuestro querido amigo y pastor.

Wednesday, November 13, 2024

En el Camagüey de 1905 (por Carlos A. Peón-Casas)


La Cuarta Conferencia de Beneficencia y Corrección en el Camagüey de 1905. En una crónica de El Fígaro(1).


por Carlos A. Peón-Casas



El suceso que hoy reseñamos lo recogen las páginas para nada incoloras de aquella excelente publicación literaria El Fígaro que diera nombradía a sucesos relevantes de nuestra historia, ya con presencia singular desde los tiempos coloniales allá por el año de 1884.

El convite en las tierras meritísimas del Camagüey de aquella concurrida convención giraba sobre los modos y maneras de atender a las siempre increpantes necesidades del prójimo, carente de sustentos y de aquellos que habiendo transgredido las normas de la sociedad y las leyes en algunos casos, se hacían igualmente recipientes de una atención social diferenciada.


Tal fue el propósito de aquella celebrada conferencia que trajo a la ciudad en el mes de Abril de aquel año, a un grupo nutrido y representativo en tan demandantes lides principalmente desde la capital, y al que igualmente se sumaron nombres de relevancia de nuestra ciudad.

Tres Sesiones Generales permitieron la presentación de conferencias varias. La primera en los Salones de la Colonia Española, y la de clausura en nuestro Teatro Principal.

En un segundo aparte, el cronista quiso darle pertinencia especial a una voz femenina que se alzó para hacer valer los innegables y hasta ese minuto siempre postergados meritos de su sexo: la Dra. María Luisa Dolz y su aplaudida intervención: La redención de la mujer por la educación.


Un joven médico camagüeyano hizo igualmente sus aportes según apuntaba el cronista:
El doctor Omelio Freyre quien leyó una conferencia sobre El niño y el hogar, ideas modernas, elocuencia, brillantez de estilo y rara originalidad fueron las salientes cualidades de ese trabajo que pone a su autor en un muy alto concepto intelectual(2).
El cierre de los trabajos tuvo igualmente meritorias intervenciones, el cronista así las relata:
La sesión de clausura fue una verdadera solemnidad. Nos fue dado oír en ella la palabra fácil y elegante del Sr. Ángel C. Betancourt en un bellísimo discurso que fue aplaudido extraordinariamente, lo mismo que el trabajo inédito del Lugareño, leído por su hijo, el doctor Alonso Betancourt. El distinguido doctor Luis Adam Galagarreta leyó un trabajo notable en que hizo la historia de los establecimientos benéficos del Camagüey; y por último llegamos a la vibrante oración que escuchó con deleite todo el pueblo del Camagüey allí congregado del ilustrado joven catedrático de la Universidad doctor Fernando Sánchez de Fuentes(3)
Pero no todo fueron los sucesos de nombradía académica. Igualmente en las noches, la ciudad abría sus espacios más raigales para el agasajo de los invitados, que se alojaban con todo boato en nuestro entonces muy celebrado Hotel Camagüey en los antiguos predios del Cuartel de Caballería.


Dos animados bailes tuvieron lugar. El primero organizado por el Liceo; el segundo, en la Colonia Española. El cronista se llenaba de elogios para aquella animosa y aristocrática sociedad del Camagüey de entonces que con tanto fervor agasajó a sus invitados:
(…) cómo describir aquellos saraos en que resplandecían la belleza y la hermosura legendaria de la espiritual e incomparable mujer camagüeyana. Fueron dos los bailes: uno en los elegantes salones del Liceo, refinada sociedad a la que prestan su concurso las familias más distinguidas de Camagüey; y otro, en los espaciosos salones de la Colonia Española. En ambos la animación fue extraordinaria y fuimos obsequiados con esplendidez camagüeyana, que es como si dijéramos, con el corazón(4).

Pero aún esperaba a los invitados una sorpresa de excelencias aún no imaginadas, por parte de sus anfitriones. Sería un acto de culminante derroche de los mejores saberes del arte, que los camagüeyanos sabían igualmente dispensar a manos llenas. Una gran velada artística era el colofón que el cronista ilustraba en sus páginas:
En la Sociedad Popular se efectuó una gran velada con un interesante concierto y representación de la zarzuela Niña Pancha(5). Allí admiramos una verdadera artista, la bellísima Dolores Herrero Morató, cantante de voz angelical: a sus discípulas, un coro de serafines, que cantaron el Bar razzi lucenti de la ópera Favorita. Ese encantador grupo lo componían las señoritas Matilde Peix, Victoria y Mercedes Castelló, Esther Simó, Adolfina Rodríguez, Micaela Bello, Irmina Agüero, Eugenia Fernández, Clemencia Tejero, Florinda la Herrán, M. Adela Rodríguez, Dolores y María Teresa Guerra, Rosario y Catalina Otero, Concepción Nogueras, Ángela Cosió, Mina Márquez, Nonita Vilaseca, Isabel carolina Moya, Asunción Martín, Asunción Masvidal, Catalina Recio y señoritas Legañoa(6).
Para entonces, y ya en las postrimerías de la vuelta a la capital, el cronista agradecería las gentilidades recibidas en las personas de sus más afectos anfitriones:
En primer término al distinguido Representante y notabilísimo orador, Dr. Enrique Hortsman y su culta familia, a los señores Fernández y Morell, el ex Gobernador de Puerto Príncipe, señor Rafael Vassallo, y del joven ingeniero Sr. Benavides.(…) Un recuerdo igualmente singular para la señora Eva Adam de Rodríguez; para la viuda y los hijos de Ignacio Agramonte, amigos nuestros muy cariñosos, y para el señor Aramburu, padre de nuestro querido y muy admirado compañero el ilustre escritor ausente, al doctor Omelio Ferrer, al senador Manuel R. Silva…(7)"
Para el cierre, y ya casi con el pie en el estribo del tren nocturno que los devolvía a la capital el cronista cerraría su relato con una frase de elogioso acento: 
Nada pasa tan rápido como la dicha. Los días inolvidables que pasamos en Camagüey volaron veloces…




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  1. El Fígaro. Periódico Literario y Artístico. La Habana. 30 de Abril de 1905.
  2. Ibíd.
  3. Ibíd.
  4. Ibíd.
  5. La interpretación del personaje a cargo de la señorita Matilde Peix
  6. El Fígaro, Óp. Cit.
  7. Ibíd.


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Ver en el blog

Wednesday, October 30, 2024

Los pueblos olvidados… en antiguas fotos de mi abuelo Nicolás Peón. (por Carlos A. Peón-Casas)



Aludo hoy a un viaje del abuelo Nicolás y mi abuela Emilia junto a su prole, a tierras del norte villareño a mediados de los años 40.

La abuela oriunda del poblado de la Esperanza tenía igualmente parientes en la porción más al norte incluyendo Sagua la Grande, Isabela de Sagua y Caibarién.

Ya casada con el abuelo y avecinados primero en el próspero poblado de Vertientes, y luego en la ciudad de Camagüey, concurrían una que otra vez a aquellas ciudades por entonces de una vitalidad y prosperidad envidiables localizadas en aquella provincia de Las Villas.


Me sirven para acometer este viaje memorioso unas fotografías magníficas que tomará el abuelo Peón, con una maravilla de cámara de fuelle, del formato de 120 m.m., nada más y nada menos que fabricada en el Japón ocupado por los norteamericanos después de la Segunda Guerra Mundial.

La cámara que perduró en la familia con increíble vida útil, me sirvió para que en mi temprana juventud sacara con ella envidiables fotos en blanco y negro con aquellos rollos de fotos marca Orwo, de la antigua RDA y que se comercializaban en la Cuba de antes de 1989.

Las fotos del abuelo en el blanco y negro de rigor se conservan impolutas con algo de ese tinte sepia que les viene por añadidura por el tiempo ya añadido, y que las hace octogenarias por necesidad.


Las que comparto hoy corresponden a la ciudad de Caibarién y más específico a su entorno de playa anexo al movido mundo de aquel puerto de antaño.

Junto al de Isabela de Sagua, detentaban una vitalidad económica desconocida hoy, que los conectaba con destinos nacionales y otros foráneos como Miami, casi a tiro de piedra, o el mismísimo Nueva York, y cualquier otro destino de la Costa del sureste norteamericano.

Nada de lo que admiramos en las fotos del abuelo existe con exacta integridad ahora mismo.

El marasmo de la desidia y otras hierbas han vuelto a esos sitios irreconocibles, acaso quede solo el sabor salobre del mar que sigue batiendo la costa en los sitios de alguna playa muy desmejorada ya sin atractivos turísticos alguno, convertidas en páramos de nostalgia infinita.

Siempre quise mientras estuve en Cuba, conocer aquellos parajes donde los abuelos y sus hijos, se solazaron alguna vez. Por ahora es capítulo cerrado o mejor dicho asignatura aún pendiente… habrá que tener paz y mucha ciencia para acompasar esa deseable vuelta a los orígenes..esa certeza de lo que fue y no es… y que algún día podrá resarcirse y volver a lucirnos lo que nunca debió dejar de ser.

Wednesday, October 23, 2024

Camagüey en 1949, según un Plano de la ciudad (por Carlos A. Peón Casas)


El susodicho plano de aquella ciudad de finales de los años cuarenta del pasado siglo XX, era un obsequio de la firma de Amparo Rodríguez e Hijos, una ya próspera empresa dedicada al rubro de la fabricación de mosaicos, con dirección social en la calle Jesús María 120, y recogida en el Directorio Social, correspondiente a la edición de 1949.

El mapa de marras marca para el curioso lector que recorra las coordenadas de la ciudad de hace siete décadas, espacios en los que la ciudad actual ha superpuesto la nueva fisonomía de la ciudad de aquí y ahora.

Baste un recorrido a lo largo de la Carretera Central, de oeste a este, para corroborarlo. Desde el límite occidental que recoge el plano: el entonces Cuartel Ignacio Agramonte, hoy Ciudad Escolar, encontramos El Deleite, un pequeño reparto colindante con la entonces llamada Carretera de Palomino, que hoy sólo le queda el apelativo de calle, ero que para entonces todavía rememoraba la única salida que tuvo la villa del Príncipe con dirección a la capital.

Un poco más adelante, el mapa recogía un gran espacio de terreno donde sólo se acomodaban el entonces Orfanato Zayas Bazán y el Asilo Padre Valencia. Para entonces no se construía aún el edificio de la Liga contra el cáncer, conocida hoy como Hospital Oncológico, y el espacio se extendía hasta la actual Avenida de los Ancianos, y el entonces Callejón del Pollo, que hoy conocemos por Madame Curie.

Siguiendo por esa mano y colindante con el puente sobre el río Tínima se extendía una antigua finca de la ciudad conocida por San Francisco. Hoy día todo su espacio comprende las edificaciones del Politécnico de la Salud, y otras edificaciones del Reparto Previsora. 

Pasado el río se hallaba La Caridad, otra espaciosa finca urbana, de la que sería segregado luego un terreno dedicado al Hospital General, y luego de pasada la calle Martí, y el entonces Reparto Sánchez Soto, se encontraba otra espaciosa finca La Ceiba, que se extendía hacia el sur, hasta la carretera de Vertientes, o igualmente conocido desde los tiempos coloniales como Camino de Carrasco.

A mano izquierda se localizaba el reparto Prieto, cruzado por la calle longitudinal, y justo cruzando la de 20 de mayo, del lado derecho, un espacio listo para urbanizar lo que sería luego el reparto Los Pérez. Su límite entonces era el callejón del Paso de Piedras, que cruzaba sobre el Tínima en su porción sur.

La Caoba, Las Ninfas eran dos fincas que continuaban al sur, por su parte la conocida como Santa Susana se mantenía paralela a la carretera y tenía por límite el conocido Camino del Jardín, en alusión al reparto de igual nombre que llega hasta nosotros, en la margen derecha del río Hatibonico. Parte de ese gran espacio lo ocupa hoy día el popular mercado, que popularmente conocemos con un apelativo muy sugerente: El Hueco.

Luego de cruzar el Hatibonico, la Carretera Central bordeaba el umbroso Casino Campestre, teniendo al otro lado la barriada de la Caridad. Y sobrepasada esta a la altura de la calle Sociedad Patriótica, colindaba por el lado derecho con un espacio todavía no construido, donde se destacaban un par de propiedades o quintas: Villa Feliz y Milla, los terrenos que continuaban estaban marcados como propiedad de Federico Castellanos, hasta limitar con el Arroyo de Juan de Toro, colindante hacia el norte con la ya prospera barriada de Garrido.

El último punto visible en el plano en ese recorrido de la carretera hacia el este eran el reparto El Diamante, y un poco más adelante el reparto Versailles, y algún atisbo del de Jayamá. 

Hacia otros puntos geográficos descubrimos atisbos de la otrora ciudad principeña: hacia el Norte, el conocido Callejón de Pineda, enlazando por ese lado la Plaza de Méndez con lo que conocemos hoy como Reparto Puerto Príncipe, entonces, en sus comienzos de urbanización, y conocido como San José de Pineda, en alusión a la finca propiedad de aquel rico propietario del Príncipe.

Otra vía de enlace, con rumbo al Este, lo era como hoy el entonces Callejón de Quiñones, que bordeaba el reparto de Saratoga, limitando espacios no urbanizados entonces como las fincas San Andrés y la Granja San José.

Otras vías de comunicación a destacar en el plano son el Camino Viejo de Nuevitas, y el Camino Ganadero que se cruzaba con aquel en dirección al Sur.

El trazado de aquella ciudad de entonces nos sigue recordando que nuestra ancestral comarca ya tenía, una conformación que sustanciaba sus alcances como espacio singular. Siete décadas después, Camagüey se ha expandido hacia todos los puntos cardinales, desde el claro referente de aquel plan urbano primitivo que nos localizó entre los fundacionales ríos del Tínima y el Hatibonico.
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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