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Wednesday, June 10, 2026

Los Refrescos Pijuán. Noticias de la Pijuán, Hermanos y Cía en la ciudad de Camagüey. (por Carlos A. Peón-Casas)

Foto/El Progreso Catalán en América.
 Tomo IV. Año 1927.
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Remontamos nuestras referencias a una página de una publicación local: Camagüey Contemporáneo, datado en el año 1944, y a salvo entre la papelería de la Biblioteca Diocesana de Camagüey.

Leemos con atención como ya antes de 1884 el nombre de la conocida casa Pijuán, ya era conocida en el mundo mercantil de la Isla de Cuba, gracias al empeño de los hermanos Ramón y José Pijuán, que establecieron su primitivo negocio en Baracoa, luego en Guantánamo y posteriormente en Santiago de Cuba.

Ya para, aquel año citado estaban también en Puerto Príncipe (actualmente Camagüey) con una primigenia Fábrica de Gaseosa, esta vez la razón social correspondía a José Pijuán, localizada en la calle de los Pobres en el número 143 y cuarto, y en cuya vivienda justo en la parte destinada a cochera instalaron las primeras máquinas de embotellado, y que por cuya novedad, dio origen a la marca registrada de fábrica conocida como La Moderna.

Ya bien reconocidos por sus Refrescos Pijuan, se produjo el primer traslado de la industria a la calle Candelaria hoy Independencia, en la esquina con la entonces calle de San José, y popularmente bautizada como Cuerno, que el pueblo conoce como callejón, pero que tiene su salida por San Pablo.

De allí, el establecimiento comercial hizo otra mudada, está veza la calle Mayor, frente a la entonces Plaza de Armas, en el mismo local que luego se conoció como Casa Cabaña, especializado en instrumentos musicales y muebles, y propiedad del Sr. Cabaña.

El 15 de abril de 1892 ya abarcando otros rubros como Almacén de Víveres y Licorería, la empresa tuvo nuevo local social esta vez la casa número 45 de la calle de las Mercedes, hoy Lope Recio, haciendo esquina con la de San Esteban y abriendo para entonces sucursales en Nuevitas y Ciego de Ávila.

La calidad de la producción de sus licores fue también muy sugerente, particularmente su conocida marca de Ron Pijuán, avalada por la experticia del maestro licorería D. Ramón Pijuán. La marca dio lugar a un conocido giro muy de la región principeña: apijuanarse, en referencia a quienes abusaban del susodicho licor en sus libaciones celebrativas.


Para el año 1910 y ya girando con el nombre de Pijuán Hno y Cia., S en C. decidió fundar una amplia fábrica de fósforos y una anexa y moderna planta de embotellado de refrescos. El sitio escogido se localizaba por la calle San Esteban.

Para cuando el artículo que hoy referimos era, escrito en 1944, la fábrica con el antiguo nombre de La Moderna poseía equipamiento de última hora
con aparatos de esterilización, suavización y purificación de agua, higiénicas lavadoras, fregadoras, llenadoras y tapadoras de botellas, todas automáticas, y donde encuentran su sustento unipersonal de 120 a 150 obreros y obreras camagüeyanos que perciben entre jornales, vacaciones, etc, más de 80.000 pesos al año.



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Un dato curioso relacionado con los fósforos Pijuán, es que están presentes en la colección del Museo del Fósforo de Tomar, Portugal. Este museo está considerado como el que contiene la mayor colección de cajas de fósforos de Europa. 

Wednesday, June 3, 2026

En el Camagüey de 1905 (por Carlos A. Peón-Casas)


La Cuarta Conferencia de Beneficencia y Corrección en el Camagüey de 1905. En una crónica de El Fígaro(1).


por Carlos A. Peón-Casas



El suceso que hoy reseñamos lo recogen las páginas para nada incoloras de aquella excelente publicación literaria El Fígaro que diera nombradía a sucesos relevantes de nuestra historia, ya con presencia singular desde los tiempos coloniales allá por el año de 1884.

El convite en las tierras meritísimas del Camagüey de aquella concurrida convención giraba sobre los modos y maneras de atender a las siempre increpantes necesidades del prójimo, carente de sustentos y de aquellos que habiendo transgredido las normas de la sociedad y las leyes en algunos casos, se hacían igualmente recipientes de una atención social diferenciada.


Tal fue el propósito de aquella celebrada conferencia que trajo a la ciudad en el mes de Abril de aquel año, a un grupo nutrido y representativo en tan demandantes lides principalmente desde la capital, y al que igualmente se sumaron nombres de relevancia de nuestra ciudad.

Tres Sesiones Generales permitieron la presentación de conferencias varias. La primera en los Salones de la Colonia Española, y la de clausura en nuestro Teatro Principal.

En un segundo aparte, el cronista quiso darle pertinencia especial a una voz femenina que se alzó para hacer valer los innegables y hasta ese minuto siempre postergados meritos de su sexo: la Dra. María Luisa Dolz y su aplaudida intervención: La redención de la mujer por la educación.


Un joven médico camagüeyano hizo igualmente sus aportes según apuntaba el cronista:
El doctor Omelio Freyre quien leyó una conferencia sobre El niño y el hogar, ideas modernas, elocuencia, brillantez de estilo y rara originalidad fueron las salientes cualidades de ese trabajo que pone a su autor en un muy alto concepto intelectual(2).
El cierre de los trabajos tuvo igualmente meritorias intervenciones, el cronista así las relata:
La sesión de clausura fue una verdadera solemnidad. Nos fue dado oír en ella la palabra fácil y elegante del Sr. Ángel C. Betancourt en un bellísimo discurso que fue aplaudido extraordinariamente, lo mismo que el trabajo inédito del Lugareño, leído por su hijo, el doctor Alonso Betancourt. El distinguido doctor Luis Adam Galagarreta leyó un trabajo notable en que hizo la historia de los establecimientos benéficos del Camagüey; y por último llegamos a la vibrante oración que escuchó con deleite todo el pueblo del Camagüey allí congregado del ilustrado joven catedrático de la Universidad doctor Fernando Sánchez de Fuentes(3)
Pero no todo fueron los sucesos de nombradía académica. Igualmente en las noches, la ciudad abría sus espacios más raigales para el agasajo de los invitados, que se alojaban con todo boato en nuestro entonces muy celebrado Hotel Camagüey en los antiguos predios del Cuartel de Caballería.


Dos animados bailes tuvieron lugar. El primero organizado por el Liceo; el segundo, en la Colonia Española. El cronista se llenaba de elogios para aquella animosa y aristocrática sociedad del Camagüey de entonces que con tanto fervor agasajó a sus invitados:
(…) cómo describir aquellos saraos en que resplandecían la belleza y la hermosura legendaria de la espiritual e incomparable mujer camagüeyana. Fueron dos los bailes: uno en los elegantes salones del Liceo, refinada sociedad a la que prestan su concurso las familias más distinguidas de Camagüey; y otro, en los espaciosos salones de la Colonia Española. En ambos la animación fue extraordinaria y fuimos obsequiados con esplendidez camagüeyana, que es como si dijéramos, con el corazón(4).

Pero aún esperaba a los invitados una sorpresa de excelencias aún no imaginadas, por parte de sus anfitriones. Sería un acto de culminante derroche de los mejores saberes del arte, que los camagüeyanos sabían igualmente dispensar a manos llenas. Una gran velada artística era el colofón que el cronista ilustraba en sus páginas:
En la Sociedad Popular se efectuó una gran velada con un interesante concierto y representación de la zarzuela Niña Pancha(5). Allí admiramos una verdadera artista, la bellísima Dolores Herrero Morató, cantante de voz angelical: a sus discípulas, un coro de serafines, que cantaron el Bar razzi lucenti de la ópera Favorita. Ese encantador grupo lo componían las señoritas Matilde Peix, Victoria y Mercedes Castelló, Esther Simó, Adolfina Rodríguez, Micaela Bello, Irmina Agüero, Eugenia Fernández, Clemencia Tejero, Florinda la Herrán, M. Adela Rodríguez, Dolores y María Teresa Guerra, Rosario y Catalina Otero, Concepción Nogueras, Ángela Cosió, Mina Márquez, Nonita Vilaseca, Isabel carolina Moya, Asunción Martín, Asunción Masvidal, Catalina Recio y señoritas Legañoa(6).
Para entonces, y ya en las postrimerías de la vuelta a la capital, el cronista agradecería las gentilidades recibidas en las personas de sus más afectos anfitriones:
En primer término al distinguido Representante y notabilísimo orador, Dr. Enrique Hortsman y su culta familia, a los señores Fernández y Morell, el ex Gobernador de Puerto Príncipe, señor Rafael Vassallo, y del joven ingeniero Sr. Benavides.(…) Un recuerdo igualmente singular para la señora Eva Adam de Rodríguez; para la viuda y los hijos de Ignacio Agramonte, amigos nuestros muy cariñosos, y para el señor Aramburu, padre de nuestro querido y muy admirado compañero el ilustre escritor ausente, al doctor Omelio Ferrer, al senador Manuel R. Silva…(7)"
Para el cierre, y ya casi con el pie en el estribo del tren nocturno que los devolvía a la capital el cronista cerraría su relato con una frase de elogioso acento: 
Nada pasa tan rápido como la dicha. Los días inolvidables que pasamos en Camagüey volaron veloces…




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  1. El Fígaro. Periódico Literario y Artístico. La Habana. 30 de Abril de 1905.
  2. Ibíd.
  3. Ibíd.
  4. Ibíd.
  5. La interpretación del personaje a cargo de la señorita Matilde Peix
  6. El Fígaro, Óp. Cit.
  7. Ibíd.


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Ver en el blog

Monday, June 1, 2026

Luis Álvarez, una tarde cualquiera en la Biblioteca Diocesana de Camagüey. (por Carlos A. Peón-Casas)


Estuvo muchas veces en aquel local atractivo, a veces solemne espacio para sus doctas lecciones de cuanto de humano y divino pudiera perorarse.

Luis fue un conversador nato, con el que el interlocutor estaba siempre en plan de discípulo.

Tuve también la suerte de seguir una de sus maestrías sobre la historia y cultura francesas, un tema donde pocos entendidos podían discurrir con tanta y abundosa información.

Lastimosamente la llegada del Covid hizo imposible coronar aquellas exquisitas sesiones, pero aún resuenan sus palabras de maestro, dueño de un especial didactismo que realmente se le extrañará.

Biblioteca Diocesana de Camagüey
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Su “penúltima vez” por la Biblioteca Diocesana, fue una tarde cualquiera después de los idus de marzo, y casi en la antesala de su partida a tierras brasileñas, y mi propia despedida de aquel scriptorium rumbo a tierras floridanas.

Esa vez fue para un breve saludo. Recuerdo me comentó estaba desmontando su enorme biblioteca particular, mejor montada que muchas otras del entorno citadino y más allá …, creo recordar que le pedí alguna obra suya o no para completar nuestro fondo literario. Algo me diría de enviármelo, pero a los pocos días supe de su salida a tierras cariocas y hasta allí “la clase”.

Se que donde mora ahora, si acaso el bueno de Borges tiene razón y el paraíso es una especie de biblioteca, el buen Dios le habrá abierto a su enorme intelecto, ese espacio Eterno y deleitable que supo ganar con su vida y sus hechos. Que descanse en Paz

Wednesday, May 27, 2026

Francisco Agüero y Agüero un poeta olvidado de Puerto Príncipe (por Carlos A. Peón-Casas)


Su nombre nos involucra inevitablemente con la larga prosapia de los Agüero, línea genealógica que entrecruza los destinos patrióticos pero también los de las bellas letras de Puerto Príncipe.

Francisco, es hijo de otro preclaro principeño: Francisco Agüero y Duque Estrada: “El Solitario”, por lo que sus necesarias coordenadas poéticas y literarias tienen un claro sello generacional.

Vio la luz en aquel Puerto Príncipe en 1832, fue su madre una reconocida dama de la aristocracia local Ana María Agüero y de Varona, de allí su doble filiación al patricio apellido.

Su primera juventud discurrió en los bucólicos ambientes de El Retiro, propiedad de la familia de su madre, donde teniendo por maestro a su propio padre, y rodeado de los encantos de la naturaleza, curtió su alma ansiosa de luces y sueños.

Fue también, como su padre, periodista; destacando en tales labores en el semanario “El Popular”, del que fungiera como director. Pero la poesía fue definitoriamente su fuerte, un poco antes de su fallecimiento, en 1886 dio a conocer sus versos, contenidos en un libro intitulado Sentimientos y Creencias, del que fue igualmente el autor del prólogo.

En aquellas inspiradas palabras tuvo a bien dedicarlo a la generación más joven:
Por eso venimos, palpitantes de emoción, radiantes de júbilo, a depositar nuestro modesto libro en al altar de la patria, como el homenaje purísimo de nuestro cariño, poniéndolo en manos de la juventud perteneciente a la nueva generación, que amamos entrañablemente, para que le sirva de noble emulación, de poderoso estímulo, puesto que ella representa el porvenir y las más legítimas esperanzas de la sociedad en que vivimos(1).
Un poema del libro nos merece atención, porque va dedicado especialmente al paterno lar principeño. Se titula “A El Camagüey”, compuesto en la difícil estructura del soneto, nos sirve de muy especial cierre para esta reseña que ha querido descubrir la voz singular de un poeta local, del que el tiempo no borra, ni acaso desdibuja, los acentos más preclaros de su estirpe y su buen hacer de rimador.

¡Campeón de la verdad inmaculada”
¡Soberano titán del pensamiento,
Que el progreso proclamas con tu acento,
y con tu voz la Libertad sagrada!

Tú que emprendiendo varonil cruzada
Confundes el error con tu ardimiento,
Y eres de la Provincia el ornamento,
terror de la Colonia desgraciada.

Sigue valiente tu misión divina
En tu puesto de honor firme y constante
mientras la reacción rayos fulmina.

“Que si falta un Homero que te cante”
Haré que el arpa en tu alabanza vibre
Digna, sincera, como el aire libre.(2)


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  1. Sentimientos y Creencias. Francisco Agüero y Agüero. Imprenta Ramentol S.A. Camagúey. 1956. Esta edición fue promovida por su hija Josefina Agüero y Poveda, la más joven de la larga descendencia de ocho hijos del poeta principeño.
  2. Ibíd. p.165

Wednesday, April 22, 2026

"Bar Miami", Café Restaurant y otras dependencias comerciales en la calle República. Camagüey, 1944. (por Carlos A. Peón-Casas)

"Bar Miami". Café Restaurant.
Camagüey, año 1944
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Aspecto actual
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Así se presentaba a este sitio de acreditada presencia en la ciudad agramontina allá por 1944, según oportuna reseña, en un aparte de la revista Cuba Contemporánea a la provincia de Camagüey.

Y no podía ser de otro modo. El acreditado bar que sumaba servicios de café y restaurant se ubicaba en la muy céntrica calle República en el número 272.

Lo había fundado el Sr. Antonio Vall en 1932, con el nombre de aquella ciudad floridana: "donde se rinde culto a la vida elegante y placentera"

Una década después, el sitio se había constituido, según lo apuntaba el cronista, en "el centro social de más importancia de la ciudad de Camagüey"

Para entonces, según sigue en su narración, el Bar Miami contaba "con amplios y ventilados, salones para café y restaurant, y su especialidad era la confección y venta de helados y refrescos de la mejor calidad".

El Sr Vall era originario de España. Había nacido en 1906, y con solo dieciocho años vino a Cuba, radicandose en esta ciudad camagüeyana, para luego contraer nupcias y nacionalizarse cubano

La foto que ilustra aquel entorno nos devela el ambiente movido de aquel establecimiento, justo en la esquina de la calle San Esteban, y cuyo local se conserva hoy, ya sin techo, que colapsó en algún minuto, y dedicado a un muy menguado expendio de comestibles y cerveza dispensada, aún más deprimido en este minuto de pandemia.

Otros dos establecimientos, reseñados en este aparte que hoy desgranamos sobre espacio comerciales ca. 1944, se ubicaban igualmente en la movida calle República, conocida como Reina en los años coloniales, y asiento de espacios de tal signo, que junto a la de Maceo, haciendo de aquellas, una larga arteria signada como espacio ideal para la compra y venta de bienes y servicios.

Se trataban de las ferreterías La Vajilla y La República.

La primera era propiedad del Sr. Lino Rodríguez, también español de origen, reconociendose su comercio con los mejores productos importados de ferretería general, cuyo local actual, conserva el mismo nombre, aunque con funciones diversas y también deprimidas, en el número 459 y próxima a la calle de San Martín.

La República por su parte era entonces propiedad de los Sres. Gómez y Cia era conocida bajo otra administración por sus ventas al detalle de artículos de ferretería. Su local social correspondía a los números 518 y 520 de la misma calle.

Friday, April 17, 2026

Amparo Fernández Galera, investigadora y promotora de la memoria del Camagüey. Un recuerdo amable y agradecido. (por Carlos A. Peón-Casas)

Homenaje del Blog Gaspar, El Lugareño, a Amparo Fernández, con cariño y admiración.


Los bisnietos del Médico Chino, Sian, 
 junto a la historiadora Amparo Fernández 
(de izquierda a derecha, segunda en la foto)
Foto tomada de Juventud Rebelde.
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La reciente noticia de su partida a la Casa del Padre, al que sirvió desde su impronta de vida como creyente, y en su servicio callado y diligente en los Archivos del Arzobispado de Camagüey, antes solo humilde Obispado desde los tiempos del inolvidable Monseñor Adolfo, nos conectan ahora con su recuerdo, y con su diligente obrar, y también con el agradecido recuerdo de su invaluable ayuda, al remontar alguna escabrosa búsqueda de signo genealógico en aquel bien poblado Archivo donde habitaba y se movía con la diligencia y el atino que solo los años y la experiencia comunican.

De esa diligencia y de esa paciente mirada a la memoria y la historia, eclesial y no, del Camagüey, debemos valiosos aportes como acaso aquel entrañable: Cultura y costumbres en Puerto Principe (Siglos XVI-XVII), una obra de mayores pretensiones, que por razones a veces incomprensibles, no pudo ver publicado en su continuidad temporal, aunque según mi humilde saber y entender, en la que trabajaba con paz y ciencia espartanas, y que acaso, es un material que la sobre vive, esperando aun la mano de nieve, que pueda devolverle vida editorial.

Las manos prestas de un amigo me han rescatado aquel texto ahora en formato digital, gesto que agradezco, desde que en mis tiempos de paciente bibliotecario, lo recuerdo como parte del fondo de la Biblioteca Diocesana, entre otros valiosos y hasta ya incunables materiales alusivos a la historia y la memoria de la inolvidable comarca de Puerto Principe.

De su incansable labor investigativa, no dejo igualmente de recalcar, las coordenadas que la conectaron con la vida y obra del ya Beato Padre Olallo, al que sin dudas le profesara devoción, y a cuyo rescate, dedicara sus esfuerzos más fervientes. Recuerdo ahora mismo su Breve relato biográfico que viera la luz con la ayuda recopilatoria de Fernado Rivero Martin, en conmemoración del centenario de la muerte del Hermano Hospitalario José Valdés, promovido por la Orden Hospitalaria de Camagüey.


La magia de ChatGpt me permite ahora un rápido rastreo por otras evidencias de la interesante labor de rastreo historiográfico y cultural en que Amparo estuvo involucrada. Una nota de CiberCuba( Agosto, 2009) me recuerda ahora sus indagaciones sobre la vida de la comunidad china en la ciudad de los tinajones, y en especial la localización de un personaje de fama antológica en el Principe decimonónico: El Medico Chino, de apellido Sian, a quien logró rastrear en la línea familiar de los Pino Sian, y a quien finalmente pudo hacer visible desde la localización de su partida de Bautizo que se formalizara el 25 de Abril de 1850. Su paciente investigación aporto igualmente otros pormenores del afamado medico de Pekin, quien se casara y ejerciera la medicina en la ciudad del Principe, hasta su fallecimiento en 1885.

Siempre agradeceré, la amable disposición de Amparito como cariñosamente la conocíamos, para colaborarme en alguna que otra búsqueda, incluso ya cuando había dejado de acudir a su entrañable Archivo, y desde su casa, y por mediación del teléfono, me ayudara a echar luz sobre algún oscuro entresijo desde su memorioso recuerdo.

Que descanse en Paz.

Wednesday, April 8, 2026

El Reloj del Arzobispo. Otra memoria del Príncipe. (por Carlos A. Peón-Casas)


Tomemos esta interesante recreación como prueba indeleble de los innegables valores del raigal Puerto Príncipe.

Las noticias de este valioso adminiculo, enviado a la entonces muy crecida villa, regalo de un arzobispo santiaguero a principios del siglo XIX, debió haber sido un suceso de relevante modernidad.

El relato del suceso, es de esos asuntos de nuestra otrora ciudad del Príncipe que solo se puede leer en antiguas actas capitulares, o en alguna otra evidencia epocal, a veces tan explícitas en sucesos de nuestra historia, pero tan difíciles de localizar y acaso ya ilegibles o inexistentes en el oscuro marasmo de un par de siglos atrás.

Hoy tenemos la suerte de rescatar esta memoriosa recordación en una edición de la Revista Bimestre Cubana, donde se recopila en extenso esta y otras “leyendas” en la recreación que hiciera de ella el muy enterado investigador René Ibáñez Varona, en su inestimable y ya rara avis: “Tradiciones y Leyendas Camagueyanas.”

Disfrute pues el lector de esta poco conocida perla de nuestra ancestral memoria camagüeyana tan oportuna como reveladora de nuestros mejores alientos:
En los comienzos del Siglo XIX el ilustrísimo don Joaquín Osés Alzúa y Cooparicio, primer Arzobispo de Cuba, remitió un reloj a la villa de Santa María de Puerto Príncipe, con el único propósito de que se pusiera en la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, dado lo costoso que eran los relojes de bolsillos y de pared en aquel entonces. "Una villa tan religiosa —-decía él— merece algo muy significativo, que no posean otras villas y ciudades."

Hasta ahora, que sepamos nosotros, este reloj público es el primero que se instaló en la torre de una iglesia cristiana, al servicio de la comunidad en un pueblo cubano. El señor Arzobispo envió el reloj el día 27 de enero del año 1807. Sin embargo, permaneció sin instalarse varios años.

Pero si examinamos las Actas Capitulares correspondientes a los días 18 de febrero y 3 de marzo del año 1820, se verá que "estaba el reloj en disposición de colocarse". Dos años después aún permanecía en igual circunstancia, hasta que en el Acta correspondiente al día 21 de mayo del año 1822, comprobamos que la demora de su instalación obedecía a la escasez de fondos de propios exclusivamente. Sin embargo, alégase en la misma por acuerdo que "notándose la exclusiva falta que hace en esta populosa ciudad, asi para al gobierno de los tribunales, corporaciones y oficinas, como para el público en general; atendiéndose también a que únicamente pende la colocación del referido reloj, pues yase haya arreglado y expédito por el facultitivo encargado de su composición"; se acordó comisionar al Señor regidor don Julian de Miranda para que en asocio del ciudadano don Pedro Recio, procediesen a abrir una suscripción voluntaria entre los generosos vecinos de esta población, a fin de que con su producido se pusiese en corriente una obra tan útil y tan necesaria, У para la cual cree el Ayuntamiento, que cada uno contribuirá gustosamente o graciosamente cuando lo permitan sus facultades. Asimismo se acordó que en caso de hallarse impedido el citado don/ Pedro Recio de aceptar el encargo que se le confía por sus ocupaciones u otro motivo, se subroga al ciudadano Francisco Betancourt y Gutiérrez, a quien adornan los mismos sentimientos patrióticos. Ciertamente, parece que esta cuestación voluntaria fue muy bien acogida entre la vecindad, ya que hojeando Actas Capitulares posteriores, encontramos la correspondiente al día 17 de agosto del precitado año, se dice: "que estaba el reloj ya puesto en la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, y que se hacía visible desde la plazoleta de igual nombre, en donde solían estacionarse quitrines y otros carruajes de alquiler", Este reloj costó subirlo e instalarlo trescientos cuarenta y cuatro pesos y cuatro reales y medio. Además, de los cuatrocientos pesos que se le pagaron al relojero por su composición y regulación técnica. Tenía diez pesos mensuales asignados en el presupuesto municipal el relojero Señor JoséAntonio Rodríguez, para el servicio de darle cuerda y mantenerlo iluminado, que se hacía con una lámpara de aceite todas las noches.

El Cabildo del Ayuntamiento acordó sufragar sus gastos de sostenimiento y reparación a que fuere menester. A los pocos meses de estar el reloj sirviendo a la población, y siendo para más precisar el día 17 de diciembre del año 1822, se le aumentó cinco pesos más a la dote inicial con que el Ayuntamiento sufragaba los gastosde conservación, manutención y observación del mismo, a través de su fiel custodio el relojero. Este reloj fué una atracción pública, tanto para los principeños como para los extranjeros. Estuvo este reloj en servicio público continuadamente hasta el día 20 de mayo de 1825, que sufrió una interrupción que duró varios días.

Notándose siempre por los vecinos de otros barrios de la necesidad de trasladarlo a otra iglesia de torre más elevada. Un regidor haciéndose eco de este clamor público, llevó el asunto al Cabildo, consiguiendo que el Muy Ilustre Ayuntamiento acordara el día 10 de junio del año 1825, su traslado a un sitio más visible u observable a mayor distancia de todos los vecinos de esos contornos. Eligiéndose la iglesia de La Merced por estar situada casi en el centro de la periferia, y además por poseer la torre de más altitud o elevación de ese tiempo. 

Hizóse y se logró que los vecinos de toda la barriada de la Merced, sufragasen los gastos de traslación e instalación del reloj, y siguiéndose por cuenta del erario capitular el sostenimiento del mismo. Este reloj se hizo tan indispensable a los principeños o camagüeyanos, que cuando se apagaba su iluminación en el año 1869 —por motivo de la guerra— se producían grandes protestas públicas. Todos los vecinos o moradores veían en su iluminación una atalaya de luz, que rendía un excelente servicio a toda la comunidad principeña.

Tomado de: Revista Bimestre Cubana
VOL. LXIX 1952-1953-1954.

Friday, April 3, 2026

Décimas de Viernes Santo (por Carlos A. Peón-Casas)



Despaciosa la marea
Vuelva a la playa tranquila
Y en la arena sometida
Una cruz se reverbera
De la nada se recrea
Con el sol reverdecido
Un acaso un sinsentido
Una madeja de flores
Y el acento y los rumores
De un Cristo que ha padecido

Lejos de la orilla austera
La fe se debate airosa
En batalla procelosa
Contra oscura costanera
Pero la buena madera
Perdura desde el cimiento
Y gana afán y da aliento
Y recurre al imposible
Dejando De Dios audible
El salvifico argumento.

Wednesday, March 18, 2026

Los “idos”de Marzo. Con motivo de los "Idus de Marzo" en su edición cubensis. (por Carlos A. Peón-Casas)


Parafraseando a Shakespeare en su formidable tragedia Julio César, solo atinó a recordarles su aviso: Ojo con los “idos”.

Y por supuesto que hay que cuidarse. Los que serán “idos”, antes fueron “puestos”. Y ahora cuelgan de un hilo ya casi invisible, que es lo ùnico que los salva de despeñarse por un abismo.

Pero “beware”, oh incautos cubiches: no siempre se cae “para abajo” como insinúa la newtoniana ley de la gravitación universal.

En Cuba, las leyes gravitatorias tan exigentes, no parecen tener en cuenta los axiomas de aquel señor que acabó con la manzana sobre su cabeza, y un sonoro chichón: no, acá estipulan otra cosa, y también, acaso sin dudarlo, muchos bien acomodados y engordados por las mieles del poder, suelen al final y al principio, caer “para arriba”.

Wednesday, March 11, 2026

El Puerto Príncipe de 1890. Según los anuncios de "El Combate". Periódico Independiente. (por Carlos A. Peón-Casas)



Resulta muy interesante rastrear al legendario Puerto Príncipe en este número suelto de El Combate. La ciudad de antaño, sigue teniendo para el imaginario de cualquier época posterior una pátina de elocuente modernidad.

Los anuncios de esta publicación, no dejan dudas de esas realidades vitales de la antigua comarca. Hay una sensación de certidumbres que apuntan al buen vivir de aquellos conciudadanos que nos precedieron. Así lo delatan. Dejamos algunos como botones de muestra, que hablarán con elocuente simplicidad. Vea y compare, amable lector:


“Música y pianos. Sucursal de A. Marín y Compañía. Obras musicales de todo tipo. Aquí hay para el gusto más exquisito. (Padre Valencia 4 y medio )”

“Herrería. Manuel Belmas. Se Hierra a fuego y frío con prontitud y equidad que hace años tiene acreditadas” (Caridad No. 1)

“OJO, OJO!

Se venden plantas y flores finas de todas clases. Santa Ana 86. Esquina a Carmen.”

“Se Solicita

Un muchacho de 13 a 15 años, para hacer mandados, y una niña de 11 a 14 para los cuidados de un matrimonio sin hijos.

Se les da de vestir y calzar, y la comida, así como una gratificación.

En esta Redacción-Mayor 44- Información”

“Saben ustedes una cosa, queridos lectores? Pues... que el mejor Restaurant que hay en la ciudad, es del amigo Don José Segura, situado en la esquina de Soledad esquina a Merced. Allí come usted con magnificencia de Príncipe, y modicidad de pobre... No hay quien sirva más baratos ni más exquisitos platos. Vaya Usted a El Gran Oriente querido lector y se convencerá de la verdad de mi acerto. Vaya, vaya, lo verá. “

“ Curiosos trabajos

“Recomendamos los exquisitos labores de pelo que la Sra Doña Rosario de Zayas de Sanfelices ejecuta, tales como leontinas, leopoldinas, crises de pecho, dormilonas, aretes, sortijas, pulsas y otros caprichos que hemos visto algunos encargos, y no dejan nada que desear. Su morada, Ángel 9. Acudid y os convenceréis.”

Wednesday, March 4, 2026

Domitila Garcia de Coronado y sus “Consejos y Consuelos de Una Madre a su Hija”. (por Carlos A. Peón-Casas)


Revistamos hoy una creadora y una obra de singular importancia para las letras de la Isla cubensis.

Se trata de una intelectual camagüeyana, tan auténtica como las llanuras que distinguen aún en lontananza el siempre recordado Puerto Príncipe de siempre. Su labor precursora del saber la dotan de un siempre revelador pedigree, tristemente opacado y diluido en el tiempo literario de la literatura cubana.

Dejamos que ChatGPT nos auxilie en recordar sus datos biográficos:
Domitila García Doménico nació el 7 de mayo de 1847 en la ciudad de Camagüey, entonces llamada Puerto Príncipe, en la Cuba colonial española. Procedía de una familia estrechamente vinculada al mundo de la imprenta y el periodismo. Su padre, de origen español, era impresor y periodista, lo que permitió que Domitila creciera en un ambiente intelectual poco común para una mujer de su época. Desde niña tuvo acceso a libros, talleres tipográficos y discusiones políticas y culturales, lo que marcó decisivamente su formación. En el siglo XIX la educación formal femenina en Cuba era muy limitada. Domitila se formó en gran medida de manera autodidacta. Su ingreso al mundo del trabajo intelectual ocurrió cuando aún era adolescente. En una época en que el periodismo era casi exclusivamente masculino, ella redactaba artículos, corregía pruebas e incluso participaba en la impresión. Durante las guerras de independencia, se ha señalado que la imprenta familiar llegó a producir materiales vinculados a la causa patriótica, lo que implicaba riesgos frente a las autoridades coloniales. Domitila no se limitó a escribir. También Fundó escuelas y proyectos educativos, y promovió la alfabetización femenina En 1923 fue delegada honoraria al Congreso Nacional de Mujeres, reconocimiento a su trayectoria pionera.
La obra que hoy nos ocupa data de 1881, y varias reediciones posteriores.  Es en sí misma un compendio de excelsas enseñanzas que una madre hubiera siempre deseado transmitir como herencia a su prole. Domitila lo hizo desde su cercanía maternal a su hija. Hoy por hoy, tal cúmulo de sapiencia sería tan deseable como nunca, para paliar las ingentes y cada vez más desmesuradas desmemorias del buen saber.

Esta entrega fue muy bien acogida en su minuto. Muchas mentes, las mejores amuebladas de su época así lo testimoniaron: Luisa Pérez de Zambrana y Bachiller y Morales, tuvieron palabras de elogio.

El libro se compone de muchos Consejos esparcidos como capítulos de una escala del buen saber.

El lector tendrá a su mano un botón de muestra que nos regala esa parte tan juiciosa de la sabiduría, que la autora quiere obsequiar como resguardo de permanencias. Dejo pues de cierre, un capítulo de entre tales: el que dedica la autora a la Poesía con todas sus letras:


LA POESIA.

La poesía es la voz de la humanidad. Con frecuencia oirás calificar con desdén a los poetas, y con indiferencia a la poesía, como si fuese una cosa frívola insustancial.

Pero no estimes eso en nada, ni detenga el natural temor que inspira una crítica sangrienta, los vuelos de tu imaginación, si te favorece con sus dones la poesía: ella es y será siempre la voz de la humanidad, ya proclame libre y ufana sus triunfos, ya gima sus miserias oprimida.

¡Todo en el mundo tiene su propia y natural Poesía!

Se le da el primer puesto entre las artes de imitación, por su antiguo y remoto origen, por lo agradable de sus impresiones, por su dignidad e importancia en la historia, y por la universal extensión que abarca en su objeto.

No hay un ramo del saber e ilustración en que la poesía no desempeñe algún ministerio, y ejerza influjo poderoso y directo.Bajo el velo de la poesía es menos austera la verdad; menos áspera la voz del deber, encanta con su deliciosa rima a la infancia, y despierta emociones en la juventud naturaleza: luego las pasiones, modificar el espíritu.

El objeto primitivo de la poesia fué pintar la condición del hombre.

Las máximas vagas, las endechas sentidas, los romanos caballerescos, por insignificantes que nos parezcan a primera vista, siempre que llenen los preceptos del arte y expresen una idea, tienen mérito relativo, como lo tienen en su calidad de los cuadros complicados de la Eneida, y las narraciones patéticas de la Iliada.

Hay naciones privilegiadas para la poesía, y de la aurora del ensayo han corrido veloz al esplendor del claro día. Grecia produjo a Aquiles, y junto a sus hazañas gloriosas se vio brillar la inmortal figura de Homero, cantando con valeroso acento las virtudes del vencedor de Príamo.

Novecientos años después, bajo el reinado de Augusto, aparecieron Ovidio, Tíbulo y Horacio, como tres astros, y sus fulgores nos deslumbran todavía.

Eurípides, educado para las armas, trocó la espada por el arpa sonora de la musa épica, y esclareció su siglo creando la tragedia. Entre las heladas brumas de los picos del norte de Escocia, se escucha un acento penetrante y dulce, como la luz de una estrella vespertina; así diviniza nuestra fantasía el genio triste de Ossiam, el apasionado cantor de Oscar y Malvina.

Milton, Byron y Shakespeare, dan honor y encanto a la nación británica. Racme, Lebrum y Moliere, abrieron luminosas sendas a la grandiosa fantasía del genio, trancés. A mediados del siglo XI apareció en Castilla el primer ensayo tragico en verso; llamase Poema del Cid, cuyo autor no se ha descubierto jamás. Grandes comentarios se han hecho sobre este asunto, y ni ellos ni los estudios históricos de hombres investigadores del origen de la literatura española han descubierto nada sobre el.

La poesía trasmitió a las nuevas generaciones el compendio de las proezas del insigne D. Rodrigo Diaz del Vivar, con más prestigio que las de algún otro héroe castellano, realzada la narración por la rima. Se resiente la obra de los defectos innatos al idioma incorrecto y confuso de aquella época pero Rioja, Cervantes y Mariana han cincelado la primitiva, y de ella nos legaron clásicos modelos. España ha sido próspera en ciencia y letras, y su esplendente pasado es casi una acusación a su decadencia presente. Fray Luis d e León, era digno émulo de Horacio.

Hasta la época de Garcilaso y Argensola, no se notó variación en la poesía castellana. Los reyes de Aragón, desde el siglo XV, atrajeron a su corte los cancioneros y trovadores, despertando así el entusiasmo por lo bello, y protegiendo el talento con manifiesta adhesión. En aquella época, Tolosa, a imitación de Italia, había establecido la celebración de Juegos Florales, y siempre había paladines vencedores en la justa literaria. En una de ellas se distinguieron los trovadores Santillana y Jorge Manrique, siendo los primeros poetas laureados que con mas empeño, propagaron en su país el deseo de celebrar certámenes públicos; pues si bien era verdad que no habia competidores, pensaban con justicia que una vez "creada la escuela acudirán discipulos"

Demos ahora una mirada rápida sobre nuestro país. Todos los hijos de la América son amantes de la poesía; principalmente en Cuba se manihesta mas que en ninguna otra parte una decidida vocación por ella: hay hombres rústicos, nacidos y criados en la soledad del campo, que no solo ignoran las reglas del arte poético, sino hasta el nombre de las letras del alfabeto, y sin embargo, bajo el calor de sentimiento entusiasta improvisan versos sentidos que halagaron con su cadencia e l oido, y llevan al ánimo la convicción porque expresan ideas. -

No puede citarse ese ejemplo como regla general, ni porque se tenga como poeta a todo el que hace versos, sino para reconocer las facultades que se revelan…

La Avellaneda, para quien todos los géneros de la poesía, ya arrogante, ya ligero, descriptivo objetivo, eran tan seductoramente amoldados asilestro, maravilla y extasía el pensamiento en la romántica cantinela, y embriaga, fascina en el himno.

Oigamos su voz siempre grata y querida en el inmortal canto a la poesía

A LA POESIA
 
¡Oh tú, del alto cielo
Precioso don al hombre concedido!
¡Tú, de mis penas íntimo consuelo,
De mis placeres manantial querido!
¡Alma del orbe, ardiente poesía,
Dicta el acento de la lira mía!
 
Díctalo, sí, que enciende
Tu amor mi seno, y sin cesar ansío
La poderosa voz, que espacios hiende,
Para aclamar tu excelso poderío,
Y en la naturaleza augusta y bella
Buscar, seguir y señalar tu huella.
 
¡Mil veces desgraciado
Quien -al fulgor de tu hermosura ciego-
En su alma inerte y corazón helado
No abriga un rayo de tu dulce fuego;
Que es el mundo, sin ti, templo vacío,
Cielo sin claridad, cadáver frío!
 
Mas yo doquier te miro;
Doquier el alma, estremecida, siente
Tu influjo inspirador; el grave giro
De la pálida luna, el refulgente
Trono del sol, la tarde, la alborada...
Todo me habla de ti con voz callada.
 
En cuanto ama y admira,
Te halla mi mente. Si huracán violento
Zumba, y levanta el mar, bramando de ira;
Si con rumor responde soñoliento
Plácido arroyo al aura que suspira...
Tú alargas para mí cada sonido
Y me explicas su místico sentido.
 
Al férvido verano,
A la apacible y dulce primavera,
Al grave otoño y al invierno cano
Me embellece tu mano lisonjera;
¡Que alcanzan, si los pintan tus colores,
Calor el hielo, eternidad las flores!
 
¿Qué a tu dominio inmenso
No sujetó el Señor? En cuanto existe
Hallar tu ley y tus misterios pienso:
El universo tu ropaje viste,
Y en su conjunto armónico demuestra
Que tú guiaste la hacedora diestra.
 
¡Hablas! ¡Todo renace!
Tu creadora voz los yermos puebla;
Espacios no hay que tu poder no enlace;
Y rasgando del tiempo la tiniebla,
De lo pasado al descubrir ruinas,
Con tu mágica luz las iluminas.
 
Por tu acento apremiados,
Levántanse del fondo del olvido,
Ante tu tribunal, siglos pasados;
Y el fallo que pronuncias -trasmitido
Por una y otra edad en rasgos de oro-
Eterniza su gloria o su desdoro.
 
Tu genio, independiente
Rompe las sombras del error grosero;
La verdad preconiza; de su frente
Vela con flores el rigor severo,
Dándole al pueblo, en bellas creaciones,
De saber y virtud santas lecciones.
 
Tu espíritu sublime
Ennoblece la lid; tu épica trompa
Brillo eternal en el laurel imprime;
Al triunfo presta inusitada pompa;
Y los ilustres hechos que proclama
Fatiga son del eco de la fama.
 
Mas, si entre gayas flores,
A la beldad consagras tus acentos;
Si retratas los tímidos amores;
Si enalteces sus rápidos contentos;
A despecho del tiempo, en tus anales,
Beldad, placer y amor son inmortales.
 
Así en el mundo suenan
Del amante Petrarca los gemidos;
Los siglos con sus cantos se enajenan;
Y unos tras otros -de su amor movidos-
Van de Valclusa a demandar al aura
El dulce nombre de la dulce Laura.
 
¡Oh! No orgullosa aspiro
A conquistar el lauro refulgente,
Que humilde acato y entusiasta admiro,
De tan gran vate en la inspirada frente;
Ni ambicionan mis labios juveniles
El clarín sacro del cantor de Aquiles.
 
No tan ilustres huellas
Seguir es dado a mi insegura planta...
Mas, abrasada al fuego que destellas,
¡Oh, genio bienhechor!, a tu ara santa
Mi pobre ofrenda estremecida elevo,
Y una sonrisa a demandar me atrevo.
 
Cuando las frescas galas
De mi lozana juventud se lleve
El veloz tiempo en sus potentes alas,
Y huyan mis dichas como el humo leve,
Serás aún mi sueño lisonjero,
Y veré hermoso tu favor primero.
 
Dame que puedas entonces,
¡Virgen de paz, sublime poesía!,
No transmitir en mármoles ni en bronces
Con rasgos tuyos la memoria mía;
Sólo arrullar, cantando, mis pesares,
A la sombra feliz de tus altares.


Alentada por tan consoladores conceptos, si poseyendo tan bello dón no se escuchan tus cantos con ternura ni entusiasmo, recuerda que para Miguel de Cervantes Saavedra, el modelador de la sonora lengua d e Castilla, y autor de la hermosa leyenda de la Edad de Oro, el Quijote, no hubo más premio que una prisión: para Milton y Camoens, no hubo más gloria que la del apoteosis, y icanta siempre, hija.”




* Obra laureada en el Certamen Literario de Matanzas en 1881. Premiada con medalla de plata en la Feria Exposición de Santa Clara en 1889, y con Diploma de Honor a su autora por la Sociedad Artística y Literaria "El Progreso" de Sancti-Spiritu en los Juegos Florales celebrados en 1890. Declarada de texto para lectura en los colegios de Cuba y Puerto-Rico, por Real Orden del 24 de febrero de 1882"

Wednesday, February 11, 2026

Una guía para conocer Miami y el Condado de Dade en 1941 (por Carlos A. Peón-Casas)


Tan interesante prontuario para el turista que visitaba la ciudad, y que data de los años cuarenta del pasado siglo XX, es hoy día, un singular documento de valores históricos y culturales bien añadidos.

Precisamente para el año 1941, en que circulaba por vez primera vez, la susodicha guía, se mostraban algunos hints interesantes. Por ejemplo, la ciudad contaba con sólo un par de estaciones radiales: la WQAM y la WIOD, ambas con mil watts de potencia.

Se contaban entonces 24 salas cinematográficas, cuatro de aquellos para personas de color. El aforo total era para 25.000. Y entre las instalaciones destinadas a la recreación en general, se encontraban el Miami Lummus Park, ubicado en la calle tercera y la avenida del mismo número en la zona del noreste. El público podía practicar allí juegos de mesa como el ajedrez y el de las damas; igualmente una modalidad del juego de bolos sobre césped.


Otro espacio público, el Bayfront Park, acogía una clase bíblica cada domingo y siempre a las 3.30 pm. En la misma área, que podía alcanzarse a una distancia apropiada para los paseantes desde la calle Flaggler en su porción más oriental, se ofrecían conciertos gratuitos a cargo de la Banda Municipal, durante la etapa invernal.

Otras opciones incluían las populares carreras de galgos en el Biscayne Kennel Club en la segunda avenida y la calle 115, que se sucedían todas las noches excepto los domingos, desde Diciembre hasta Abril. Las entradas costaban 25 centavos. Igual diversión estaba disponible en otro club de igual perfil y mismo precio de entradas, esta vez en West Flaggler.

Un frontón de jai alai, el popular deporte de origen vasco, se localizaba en el Biscayne Fronton, a la altura de la avenida 35 del Noroeste. Los partidos discurrían todos los días, descansando los domingos.El precio de admisión era igualmente de 25 centavos.

Se anunciaban para el mes de noviembre una temporada de bailes en el Centro Cívico localizado en el número 35 de la calle segunda del Noroeste. Para el mes de Diciembre el mismo espacio acogía partidas de bridge. Y ofrecía una velada de Año Nuevo.

Para esa misma temporada de fin de año la ciudad acogía un Torneo Abierto de Golf, a celebrarse las instalaciones del Country Club de Miami Gardens, y dotado de una bolsa de 2500 dólares.

Para empezar el año, igualmente se sucedían otras atracciones como el Torneo Metropolitano de Pesca, que ocupaba desde el mes de Enero y hasta Abril. Una Regata para veleros, era ofrecida por el Yatch Club de Miami, en el Miramar Course.

También el arte se hacía presente durante el segundo mes del año, con una Exhibición Anual en el Miami Woman’s Club, y la ciudad celebraba con fruición su aniversario de cumpleaños en el mes de Julio.

Aludimos ahora a otros pormenores de aquella ciudad de los años cuarenta del pasado siglo XX, en medio de los avatares de la Segunda Guerra Mundial.

El antiguo y estrecho trazado de las calles originales ya causaba algunas dificultades al ya aumentado tráfico rodado de la época, cuando la ciudad contabilizaba más de 80.000 automóviles, que llegaba a la astronómica cifra de 200.000 al sumarse los vehículos procedentes de otras ciudades norteamericanas, durante la etapa alta del turismo. En la temporada alta de 1937-1938, desde Octubre hasta Marzo, la ciudad proveyó alojamiento para 796.000 visitantes. Se contaban entonces con 186 hoteles y 978 edificios de apartamentos, 1157 casas rentaban sus habitaciones. Los gastos de los visitantes promediaban anualmente unos 60 millones de dólares.


Para entonces ya se acometía la construcción de nuevos puentes sobre el río. Igualmente se hacían más anchas las calles y avenidas. Biscayne Boulevard y Coral Way se adornaban para entonces con una sucesión de palmas.


La población de entonces ascendía a los 170.000 habitantes. Un dato que nos parece sugerente apuntaba que para tal minuto que las presencia en la ciudad de Latinos e Indios Seminoles “eran relativamente pocos en número y no tenían una gran influencia sociológica”

De aquella temprana población de origen latino se nos sigue diciendo que ocupaban una pequeña área en el borde norte del distrito comercial, y aunque mantenían sus costumbres y tradiciones, eran asimilados con facilidad.

Otro segmento poblacional eran las personas de color, que contabilizaban 30.000, un número que se incrementaba en la etapa invernal con la presencia de más de 1000 choferes, trabajadores domésticos y empleados de hoteles. Se les sumaban igualmente unos 5000 procedentes de las Bahamas, de quienes se hacía notar su especial y preciso acento británico al hablar el Inglés.

Se reconocían ya entonces que los antecedentes culturales de todos aquellos grupos eran variopintos y diferían entre los distintos grupos. Los clubes, sociedades y asociaciones hacían esfuerzos para proveer oportunidades a sus miembros, para participar en la vida comunitaria. Entre aquellas destacaban las distintas iglesias que sumaban 131 en el area de los blancos, y 59 en la de los negros.


Las ingentes oleadas de trabajadores temporeros ya eran notorias. Interminables caravanas se dirigían a la ciudad a partir del mes de noviembre. Como consecuencia a la avalancha de tanta magnitud, los salarios locales ofrecidos a los recién llegados se deprimían grandemente. Para los que concurrían en busca de empleos más calificados se exigía alguna licencia como en el caso de electricistas, plomeros, carpinteros y pintores. El resto dependía grandemente de las fluctuaciones del mercado laboral. Y aunque la ciudad se empeñaba ya entonces en promover su industria y agricultura, seguía dependiendo primordialmente en los ingresos generados por el turismo.

De tal suerte para el mes de septiembre la ciudad se aprestaba a recibir a todos los turistas posibles. Hoteles y restaurantes cerrados en su mayoría durante el verano, abrían con gran premura sus puertas.

La línea de costa con más de 10 millas de extensión ofrecía a los bañistas un espacio para cualquier temporada. La pesca en la bahía y en la Corriente del Golfo ofrecían posibilidades increíbles desde pequeñas presas hasta increíbles especímenes de enorme talla y peso.

Las apuestas paramutuales en los casinos eran legales y la concurrencia de jugadores tan enorme que solo en la temporada de 1937 a 1938, sumaron un millón de personas, y las apuestas totalizaron 44 millones.

Aunque la ciudad era tan joven como para no haber figurado en los anales fundacionales de la nación americana, se hacía en aquel minuto imprescindible como un centro potencial para la industria del ocio cuyo crecimiento y popularidad, dada su espectacular posición geográfica, se nos hace obvia esta puntual referencia que hoy hemos compartido.





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Con notas traducidas de A Guide to Miami and Dade County. American Guide Series, Bacon, Percy & Dagget, NY, 1941.



Wednesday, February 4, 2026

La Fabrica de Licores de Suárez, Calvo y Cía. (por Carlos A. Peón-Casas)

Foto actual
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A Victoriano Calvo Suárez. (1915-1995).
In Memoriam.



En el año 1944, la susodicha empresa(1) era ya un negocio próspero y conocido en Camagüey y en muchos otros sitios de la geografía republicana. Tenía para entonces su casa matriz en la calle García Roco en los números 4 y 6, en la barriada de Beneficencia.

El edificio se mantiene tal cual ocupando toda la acera derecha desde la esquina de Ignacio Sánchez, y hasta la de Calle A, aunque lastimosamente ha devenido, de próspera industria licorera a un oscuro almacén.

Pero sus orígenes se remontan a 1925. Aquella primera fundación corría a cargo de Benjamín Suárez Alonso, llegado a Cuba desde León España en 1905, y quien ejerciendo sus buenos oficios primero como empleado de los ferrocarriles y colono en la provincia de Oriente, y luego como prospero comerciante de víveres finos, ya en Camagüey establecería un café y un almacén de víveres y sería viajante de licores, para finalmente fundar aquella empresa licorera.


Aquella primera razón social era acompañada por el Sr. Manuel Calvo Suárez, y para el año de 1933, se sumaban a la firma en calidad de asociados sus hermanos: Antonio y Victoriano.

De tal fecha databa el edificio ya mentado, dotado para entonces de maquinarias modernas, incluyendo las de embotellamiento directo, etiquetado y taponamiento, y asistida la producción por muy competentes técnicos y especialistas, en la ideación y fabricación de licores finos, a partir de exquisitos extractos alcohólicos sabiamente añejados.

De tal época fueron sus conocidas marcas registradas de vinos y vermut: Los Calvos, Alondra y Flor de las Flores, todos ellos de reconocido bouquet y aceptación en los mercados nacionales y extranjeros.

Sus logros eran más que evidentes ya para aquel año de 1944, cuando su capital social ascendía a los $98.000, si se toma en cuanta que dos décadas atrás habían partido las operaciones con la mínima suma de $3500.

Para aquel minuto sus ventas anuales ascendían a $150.000, y disponían de una flota de camiones para el trasiego de la mercancía por los mercados ya habituales de la provincia agramontina, y de Santa Clara hasta todo Oriente.

La industria solo tenía 18 empleados, y seis agentes vendedores distribuidos por toda la República. Las tributaciones al Gobierno rondaban anualmente los $60.000.

La fábrica prosperó en el tiempo, y para finales de la década del cincuenta, era regentada por el Sr. Victoriano Calvo Suarez, encargado inicialmente de la supervisión de la producción de licores, y luego avezado gerente, bajo cuya atenta mirada verían la luz otras marcas muy bien prestigiadas.

Entre aquellas se hacían notables producciones de vinos de frutas del país, como la frutabomba, y otro bien peculiar e igualmente demandado: el anís dulce, que se presentaba al mercado en una botella de duro cristal y peculiar diseño.


Otras producciones incluían también rones de muy bien elaborada factura que eran muy bien acogidos, y que competían con suficiente dignidad con otras marcas más conocidas y mejor posicionadas en el mercado nacional.

A Victoriano, o simplemente Víctor, según el grado de familiaridad de los que tuvimos la suerte de conocerlo en nuestra niñez y primera juventud, lo recordaremos siempre, sentado en el quicio de la puerta de su residencia, en la esquina de García Roco y Calle A, contraria a la fábrica, y donde habitó toda su vida acompañado por su esposa Nina y su hermana Amparo.

Era un hombre de mente muy lúcida y daba gusto escucharlo desgranar historias y memorias singulares, a la par que mi abuelo Nicolás Peón, quien junto a mi inolvidable abuela Emilia, fueron sus vecinos de toda la vida.

Víctor alcanzó todavía a vivir, casi octogenario, las peripecias nunca olvidadas y mucho menos superadas del Período Especial.

Lo recuerdo todavía marcando en plena madrugada las consabidas colas de las inolvidables hamburguesas al uso. También, y haciendo honor a su prosapia como inveterado fabricante de licores, produciendo a sus expensas un muy popular destilado alcohólico que ante la escasez de cualquier otro, satisfizo la demanda, y que fue jocosamente bautizado en el barrio como Ron Pita, en alusión a otro divertido apodo que alguien en pura chanza le endilgó a su fabricante: Pitágoras

La fábrica de Víctor, como la conocí por boca de mis mayores y a la que le dedicó su vida entera, fue intervenida alrededor del año 1962. A su antiguo gerente, y a la familia de sus asociados, les fue dispensada una compensación monetaria.

La fábrica fungió todavía por unos años más, con su mismo cometido social, incluso se siguió fabricando allí un delicioso licor producido desde antaño, una de las recetas que fuera insignia en su bien provisto catálogo, preparada a base de uvas pasas, previamente maceradas en alcohol y que se expendía como Vino de Pasas.

La nueva versión que circuló a partir de entonces, aprovechó las reservas madres de aquellas maceraciones, que se conservaban en las gigantescas barricas de roble americano, y que fue oportunamente rebautizado con el apelativo de Viña 95.

Años después la industria vio llegar la obsolescencia y el olvido. Por mucho tiempo solo sobrevivió de su antiguo stock, una antigua estera con rodamientos por fricción, que aún cumplía imperturbable su primaria función.

Todavía, en casa de mis abuelos, entre los tesoros añejos de sus ya lejanos tiempos de próspera memoria, queda el recuerdo indeleble de alguna botella de aquel excelente licor de anís, y algún fragmento sobreviviente de alguna duela, de las enormes cubas o barriles de añejamiento, que un buen día terminaron también deshechas en cualquier basural.


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1. "Importancia que tiene en Camagüey la Fábrica de Licores de Suarez, Calvo y Cía". En Cuba Contemporánea. Provincia de Camagüey. Centro Editorial Panamericano. La Habana, 1944.
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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