Nuevamente la productora Arca Images ha llevado a la escena de Miami una obra del autor cubano-español, Carlos Celdrán, quien se ha convertido en director residente de dicha institución teatral, lo que ha traído consigo el que su presencia en nuestras tablas sea esperada con interés. En esta oportunidad, el director devenido en autor ante la necesidad de expresar ideas propias que no hallaba en otros textos llegados a sus manos ha presentado con carácter de estreno mundial su obra “Variaciones para un tema insignificante”, la cual pudo ser disfrutada en una temporada -lamentablemente breve como todas las que se realizan en esta ciudad- entre los días 24 de abril y 3 de mayo, en las tablas del Westchester Cultural Arts Center, escenario ya habitual de sus puestas.
Para este trabajo el director seleccionó un elenco integrado por la actriz cubana Laura Ramos, quien ha venido desarrollando su trabajo principalmente entre Cuba y España, país este último donde ha formado parte de numerosas producciones para el cine y la televisión, siendo la presente su primera incursión artística en Miami y su regreso al teatro después de un tiempo alejada del mismo, así como también del conocido actor local Daniel Romero, quien ha trabajado en otras ocasiones tanto en Cuba como en esta ciudad a las órdenes del propio director.
El argumento de “Variaciones para un tema insignificante” encuentra un primer antecedente en otra obra del mismo Celdrán estrenada en la Habana durante el 2016 -comenzada a escribir según el autor como notas de un diario personal durante un viaje a New York en el 2012- presentada más tarde en Miami y en aquella otra ciudad, en la cual el autor asume como voz de narrador principal su propia historia de sufrimientos, desencuentros, desgarramientos, vivencias personales y familiares, motivados por las condiciones existenciales dentro de una sociedad cerrada, coercitiva, dictatorial, que define el modo de vida, el pensar y el sentir de sus ciudadanos como la cubana. Tal obra no es otra que “10 Millones”, la que, a partir de un momento caracterizado por grandes tensiones y dramatismo político dentro de la sociedad cubana, marcó el rumbo familiar en la vida del autor.
Igualmente, si seguimos pensando en antecedentes a la temática de “Variaciones…” no podríamos dejar de mencionar obras como “Discurso de agradecimiento”, estrenada en Madrid en el 2022, en la que nuevamente, la subjetividad del autor desborda la historia colocando al personaje protagónico ante las disyuntivas de los discursos políticos-ideológicos entre los que este se encuentra atrapado y que pudieran ser las del propio dramaturgo. También en cierta medida podríamos tener en cuenta “Papier Maché”, estrenada en nuestra ciudad en el 2024, donde a partir de la vida de la pintora cubana Antonia Eiriz y su desencuentro con las autoridades culturales cubanas, el autor asume su voz para hablarnos de censura, desolación, represión ideológica, auto exilio.
Como bien hemos podido observar para Celdrán las vicisitudes existenciales del cubano dentro del régimen sociopolítico que controla de manera rigurosa la isla desde hace casi ya siete décadas, marcan de forma férrea no sólo el ámbito material sino de manera directa y sin duda con mayor rigor el espiritual, sentimental, racional y hasta intelectual, conduciendo a todo un pueblo a ser parte de un drama nacional de alcance infinito. La preocupación del dramaturgo para mostrar sobre la escena de manera serena, alejada de discursos políticos grandilocuentes, dejando brotar las ideas de formas pausadas pero contundentes, las angustias de una vida que deja por momentos de ser vida, para convertirse en titánica sobrevivencia, convierte su obra dramática en una denuncia precisa del sufrimiento de un pueblo que, aunque en parte culpable por su propia situación, no alcanza a lograr ver la manera de librarse de ella.
Según Carlos Celdrán, esta obra parte de la escritura de un monólogo concebida tiempo atrás, acción de la cual la presente propuesta no llega a desprenderse por completo a pesar de la introducción de un segundo personaje -el masculino- con el cual el autor trata de incorporar su propia voz al texto, a la vez pretender otorgarle a la puesta algo de una movilidad que no llega a alcanzarse. La concepción escénica que descansa en la fuerza de la palabra -como es lo habitual dentro del trabajo de este director- no logra apropiarse de todo el espacio escénico, pudiéndose observar incluso un cierto desbalance en cuanto a la reiterada utilización del lado izquierdo del escenario en detrimento del derecho. Por otra parte, las intercaladas y esporádicas interacciones entre ambos actores procurando crear un supuesto diálogo que ayude a brindarle ritmo a la acción, no logra totalmente su propósito.
En cuanto al concepto escenográfico a cargo de Omar Batista, la sencillez proporcionada por ambas piezas a modo de sólidos y extensos bancos, transmiten la idea del muro del malecón habanero siempre presente en acontecimientos importantes para el país, así como la de real barrera que para el ciudadano cubano divide la prisión de la libertad. Un diseño de luces sobrio responsabilidad de Ernesto Pinto y una muy sensible utilización de las maravillosas suites para violoncello de Juan S. Bach, escritas todas alrededor del año 1720, consideradas joyas dentro del panorama musical barroco, que de manera sutil proveen separaciones entre posibles sensibilidades del discurso textual, dirigen el espectáculo por un ambiente austero, sirviendo de sostén al dramatismo que desprende la propia historia.
La manera en que se encuentra tratado el argumento de la obra, el cual recoge el momento de la entrada de miles de cubanos buscando asilo político en la embajada del Perú, en la Habana de 1980 y la posterior salida de ellos rumbo a los Estados Unidos principalmente por el puerto del Mariel, deja entrever una discreta sensación de reproche a la decisión de huir dejando atrás a los seres queridos. La pieza muestra todo el tiempo el sentimiento de frustración e ira que la decisión tomada al respecto por su pareja deja en esta mujer, quien se niega a comprender que motivó a su compañero a abandonarla no solo a ella y a su hijo, sino también a toda su creación literaria acumulada por años, que sin poder verla publicada debido al rechazo de instituciones culturales y editoriales, fue creciendo en un rincón de la casa. La mujer no puede aceptar que la decisión de su pareja haya sido tomada en silencio, para ella precipitadamente, sin haberle dado tan siquiera una señal. Es por eso por lo que a pesar de que él vaya en búsqueda de ella y su hijo, después de haberse presentado en una estación policial haciendo su solicitud como ‘escoria’ para abandonar el país, la mujer se niegue a seguirlo en un rapto de sentimientos heridos y argumentos vacuos.
Toda la obra estará girando alrededor de la frustración e indignación de dicha mujer, pero tendrá como detonante de la acción un aspecto que no deja de resultar asombroso y tal vez hasta poco creíble: la total incomunicación existencial entre la pareja, la cual nunca mantuvo ni el más mínimo intercambio de ideas acerca de la realidad social, económica y por tanto política que los rodeaba, a la que sin duda no podían ser ajenos viendo como los manuscritos del hombre se acumulaban unos tras otros sin poder ver la luz. Es interesante observar la insistencia en mostrar como para la mujer los textos válidos serán los dejados atrás por su esposo y no los reescritos en el exilio, lo que sin duda ofrece una mirada obsesiva sobre la descalificación hacia la obra concebida por el artista migrante fuera de su país, consecuencia que todo los artistas e intelectuales cubanos que han decidido exiliarse han sufrido hasta el día de hoy.
En cuanto a la presentación de la versión presente del texto, al agregar un segundo actor a la idea del monólogo original, con ello el autor se incluye como personaje físico él mismo, transformando así no solamente el tipo de propuesta escénica sino provocando además cierta extrañeza entre los extensos parlamentos que sostiene la actriz durante todo el transcurso de la obra, sin que la interrelación entre ambos personajes y sus breves diálogos corran de manera fluida, no borrándose por completo el concepto primigenio de trabajo individual.
Respecto al desempeño de ambos actores, en Laura Ramos se pudo apreciar una interiorización acorde con la intención plasmada por el autor hacia su personaje, donde la parquedad del dolor y la furia hace que el mismo muestre sus contradicciones de manera convincente, aunque habría que señalar a la actriz, la utilización durante toda la obra, de un manejo vocal de una acentuada monotonía, carente de matices que le permitieran expresar de manera definida. las distintas emociones. En cuanto a Daniel Romero, su trabajo, aunque sin el protagonismo a que nos hemos acostumbrado a verlo sobre las tablas, acertó en la construcción de los diferentes personajes que incorpora -algunos innecesarios a nuestro parecer- dejando en claro la diferencia entre ellos y proveyendo a la sonoridad vocal de la obra las necesarias gradaciones y sutilezas necesarias al realizar sus parlamentos.
Celdrán ha devenido en un autor que sin duda alguna ha convertido su dramaturgia en plataforma de denuncia a la situación de abandono y atropello que lleva sufriendo su país desde hace casi siete décadas, sumándose a muchos otros que a lo largo de todos esos años desde el exilio lo han estado haciendo, aunque con respecto a su discurso podríamos argumentar que se siente la falta de una intención verdaderamente confrontacional. Tal sensación podría explicarse ya que con ello cambiaría de modo radical la forma en que dentro de Cuba aún se valora y promueve su obra, amén que tampoco con dicha actitud sería recibido con agrado dentro de los bien conocidos izquierdistas círculos teatrales españoles, país donde el autor tiene fijada su residencia.
Una reflexión nos viene a la mente ante el hecho de que nuevamente la figura de Carlos Celdrán por medio de Arca Images suba a las tablas de esta ciudad, dejando sin duda alguna su notable huella artística, pero con ello haciendo notar al mismo tiempo la ausencia sobre nuestros escenarios de muchos otros también destacados dramaturgos cubanos alejados de su país de origen, los cuales poseen una extensa e importante obra desconocida no sólo por el público, sino por los propios teatristas. Ojalá la escena teatral cubana de Miami se logre diversificar con la plena libertad que si podemos disfrutar en estas tierras.
Wilfredo A. Ramos.
Miami, mayo 12, 2026.
Fotos/ Manolo Garriga.































































