Tuesday, July 16, 2019

Margarita García Alonso, un concierto sin coda (por Manuel Vázquez Portal)


Por la veneración a la belleza y su entrega a ella, me recuerda a Santa Margarita María de Alacoque; por la pasión y el desgarramiento con que ha fabricado su vida, me rememora a Edith Piaf, el Gorrión de Paris, y porque la Escatología, de algún raro modo, las une a las tres, caigo en la trampa de las analogías, acto que no me gusta ni en las Matemáticas.

Me la presento Froilán Escobar, unos de los más talentosos y nobles de mis amigos poetas. Me dijo que era una gran poetisa. Y a él se lo creí. No vierte lisonjas gratis ni es dado a las hipérboles afectivas. Suele ser equilibrado y justo.

Visitábamos la Matanzas de los años ochentas. Froilán y yo fungíamos (o fingíamos) como jurados de un certamen de literatura que se celebraba en esa provincia de la isla. Y no creo que él quisiera influir sobre mi voto. Froilán no es hombre de componendas ni turbideces. Solo deseaba que yo la conociera. Una mujer capaz, que quiere tener paz\ al nombrar cada esencia\que la ha matado.

-Ella es Margarita García Alonso -dijo lacónicamente.

Ella y yo nos dimos el beso en las mejillas, que se acostumbra en Cuba, y nos despedimos inmediatamente. Sin mediar otras palabras, supe que era uno de “los hijos que nadie quiso” esos niños, y luego adolescentes, que fueron relegados a un segundo plano porque sus padres habían vivido convencidos por el hechizo de que “por esta libertad había que darlo todo” aunque los vástagos y el resto de la familia se descojonaran.

Eran unos jóvenes que venían de un socialismo frustrado y una utopía rota que les había roto todas las utopías infantiles, y crecieron en un entorno sin hadas madrinas, Reyes Magos ni pesebres del niño judío en los arbolitos de navidad, lo que podría traducirse como sin fantasías ni religión.

Pero hoy Margarita García Alonso aún anda desbocada en el abismo del ojo. Y en su devoción por la poesía, reveladora, profética en que la realidad histórica de su tiempo es cardinal, se asemeja a la unción que Santa Margarita María de Alacoque sentía por la madre de Jesús de Nazaret y se dedicaba a la Cristología y la Mariología.

Cuando se alejaba, de espaldas a nosotros, me percaté de que tenía unas piernas respetables, y, el descubrimiento me obligó a continuar mi viaje visual. Más alto, más alto, pensé. Y en ese sitio exacto, donde la amistad se transforma en relumbrones en la mirada, no había grandes frondosidades pero tampoco la escasez de la Libreta de Abastecimientos. Su cintura exhalaba cierta musicalidad caribeña; y de la nuca hacia las nubes, cierta luminosidad que prometía un magnifico amueblamiento en su cabeza. No era bella, como tampoco lo era Edith Piaf, pero en ambas hallo esa belleza superior que habita en el desgarramiento interior.

La otra componente del jurado era Exilia Saldaña, con quien espero reencontrarme cuando, a la manera de Salvatore Quasimodo, “en el preciso tiempo humano/ renazcamos sin dolor” y volvamos a abrazarnos. Y no hubo discusión. El voto fue por unanimidad. Margarita García Alonso era la ganadora. Su poesía alcanzaba, sin pujas ni rebuscamientos, el frescor de lo novedoso, lo atrevido, lo singular. Como el corifeo antiguo, ella también se apartaba “del coro de los grillos” que cantaba a una continuista luna roja.

Para entonces, la lírica de los más jóvenes se alejaba del conversacionalismo ramplón y desaliñado que, como una letanía, le impusieron desde la grisura de una proclama calvinista: dentro, todo; contra, nada; el nuevo modo de poetizar se deshacía de harapos de barricadas y lanzas consigneras. Se empezaba a individualizar, a espiritualizar, a recuperar una tradición literaria que había sido cercenada con métodos, cuando menos crueles.

Ya la época de leer poemas vestidos de caquis y calzados con botas cañeras, por puso esnobismo socialista, había quedado atrás. El fracaso de la mega zafra azucarera (1970) había instalado cierto escepticismo en la población. La política de acercamiento del presidente estadounidense Jimmy Carter, entre 1977 y 1981 había cuajado sus frutos. Tras el arribo de “la gusanera” que a la sazón empezó a llamarse “comunidad cubana en el extranjero”, poco quedaba de soporte ideológico para demostrar que no éramos unos perdedores. El despelote por Puerto Mariel (1980) resultó la prueba irrefutable. Un plebiscito en desbandada contra el mito barbudo. La política de Carter hacia el castrismo fue una bomba de pacotilla que asoló los últimos bastiones de aquel engendro que dieron en llamar revolución. Los sacrosantos principios marxista fueron afeitados con una hojilla Gillette.

Es por ello que para columbrar con algunos aciertos la poesía de Margarita García Alonso, hay que conocer ciertas claves que solo las circunstancias en que creció la poetisa, propician. La búsqueda de una individualidad legítima, de una voz propia, de un arsenal metafórico distante del metalenguaje eufemístico y paradojal que le insuflaron desde los pañales, son algunos, y por eso los apunto, para que se sepa por qué su rispidez sintáctica, su casi jadeo rítmico, su adolorido tono, sus historias enigmáticas.


Margarita García Alonso es un caudal, diríase torrente, de versos restallantes en los cuales el grado de sugestividad hace de la metáfora un caleidoscopio de imágenes yuxtapuestas que conducen a las lecturas más polivalentes. En su hermenéutica particular ha de descubrirse los símbolos para una íntegra interpretación. Es todos al unísono y no se parece a nadie. Va de sus visiones a sus asuntos, desprejuiciada y libre. Donde el tema requiere una obscenidad, la imparte sin permisos y sin poses. No escribe para congraciarse sino para exorcizarse. Su poesía es un acto confesional honrado, no miente al sacerdote de su propio Yo, un Yo que se trastroca en universal cuando lo muestra sin afeites ni remilgos y nos coloca frente al espejo de nuestros propios ojos cuando nos miramos hacia adentro.

Nacida en 1959, de origen campesino y pobre, es y no es la “revolución” al mismo tiempo. Lo es porque creció dentro de ella y pretendieron modelarla bajo esos preceptos que la marcaron para siempre. No lo es porque su rechazo a tal estrechez conceptual fue precoz y porque su carácter transgresor, poetisa al fin, la condujo a la hostilidad contra lo establecido. De ahí su postura iconoclasta y su verso desacralizante. Hastiada de imposiciones, canalizó su rabia y su impotencia por un modo de decir que puede resultar insolente pero es sólo sincero y valiente.


Ahora, y más allá de las circunstancias que concurrieron en la formación de su conciencia, su espíritu en sí está hecho de elevación y belleza, y es eso precisamente lo que la salvó de la estética provisionalita y mediocre que la asediaba y constreñía. Para probarlo tengo delante de mí tres de sus últimos libros, todos publicados por Ediciones Hoy no he visto el paraíso, que ella misma regentea: Breviario de Margaritas (2014), Zupia (2016) y Cuaderno de la vieja negra (2016). Todos de una factura desde la madurez, la elegancia y enigmática brillantez poética que le dictan sus ángeles y sus demonios en un concierto sin coda. Todos transidos por un halo escatológico que los emparenta. Y digo escatológico refiriéndome al método de indagación y reflejo poético, en el cual, ya se sabe, confluyen la profecía y la cotidianeidad de las esencias históricas, como lo hace el mismo método en los estudios de la iglesia. Así que no lo vean del modo simplista en que a las “supuestas procacidades” se le llama lenguaje escatológico, aunque ella lo usa abundantemente porque la realidad muchas veces resulta pura zupia. Pero lo grandioso de Margarita García Alonso es que como poetisa borda bellamente lo residual de la realidad y la transforma en poesía.


Y como siempre, los poemas, que apoyan o desmienten lo que apunto, aquí se os dejo.


Confesiones de una vagabunda
(Del libro Breviario de Margaritas)


¿Cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo?
Francisco de Quevedo

Antes de perder la cabeza
pondré sobre la mesa
la herida.

Quiero esconderme
en la plaza pública,
siempre he estado
al alcance,
a la mano
sin perturbar
o llamar la atención.

Quiero tener paz
al nombrar cada esencia
que me ha matado.

De nada os sirvo,
podéis cerrar el cuaderno,
quemarlo,
escupirlo
depositarlo en el bolsillo
del suicida.

De todas formas
soy culpable:
he bebido poco
he fornicado menos
pero embriago
-borracha,
no admito finuras
en carne descompuesta

ebria de sentir
como olisqueas en un verso
buscáis consuelo donde no hay,
buscáis compañía
cuando huyo.

Escasea el tiempo,
me voy a traicionar,
voy a vender
como postalita
mi circunstancia.

Decorticaré cada ciudad,
cada perro,
seré breve como un rayo:
no me ha acompañado
la suerte.

Desde que partí de mi tierra
no he recomenzado,
solo cuadernillos,
mendicidad y este breviario
de vagabunda estacada.

Me dijeron calla,
pero no he obedecido.

Aprende: no soy perla
de altar, ni manto
que busque espalda.

Quizás hasta posea
lo que necesitas,
pero puedo mancharte,
estoy sucia como una
frase de usurpación
a la deriva del Danubio.

He fallado:
quise retenerme adolescente,
quise que mi hija fuese siempre niña,
pero usé el santo que no conviene,
jugué el número que no tocaba,
usé la bárbara costumbre nórdica
de la sal

sal gruesa en la acera,
sal en la puerta
para espantar la nieve,
el mal ojo, la escasez,
la fatalidad.

Pero llueve
y sobre el nueve la lluvia,
rastrojos de mudanza,
ropa usada,
fotos en el cajón de cocina
junto a utensilios oxidados
como tú y yo,
extranjeros de especie.

Una mujer común,
con una camisola de hospicio
rasgada, amarillenta,
sin identificación.
que te confiesa
llamarse Margarita.



(Del libro Cuaderno de la negra vieja)

nadie ve en la noche
dónde me emplazo.

nadie ve dónde tengo
la cabeza, el pie

aunque apesto

todo en mí
apesta a perra
de rastrillo

que regla sangre
y muerde rabiosa
para alimentarse



Zupia (Canto primero)
(Del libro Zupia)


Ha pasado la hora
Fatal del atardecer

escribo, escribo
y no ensarto la aguja

desbocada
en el abismo del ojo

des-boca-da
me parto los dientes.

Las palabras afloran,
poco importa
ser caballo o mendigo
si piso una tierra
que no me pertenece

la tierra miedo,
la tierra de nadie.

Soy la que elije
sacrificios

frente a la puerta
se acumula la nieve
en noche intensa.

si inclino la cabeza,
si te enseño a trenzar
desencadeno temblores
en la pelvis de Cristo

y vas a lengüetear
la piedra calcinada
de mi rodilla.

Una tras otra la angustia
suda mares en mi cabeza,

si la avellana cae
me dispersa
en mínimas cuentas,
en salitre.

Todo fue hermoso,
Todo es hermoso
Desde el agua

el aire corta la superficie
se ajusta a concéntricos
deslizamientos de moluscos
y en el fondo yace la piedra,
el corazón cercado por
el río profundo de la memoria.

Huele a niño y
no hay forma que despegue
su camisa de mis ojos,

llegué muerta adónde iba a morir,

estaba sola tan
sola que podía confesarlo

y tomé su mano
en infinitas vibraciones,

se me han agotado los dedos
de acariciar su pelo
en todos los vientos.

La letra vale sangre
en correos antiguos
pero alnombrar
te-ti-contigo
asciende el reflujo gástrico,
se desmantela el coxis,
mi hígado se ensancha
de materias insanas.

Cada espiral repite
incansablemente
dónde quedamos

cada espiral repite:
alma de perra, ojos de perra,
uñas de perra

arrastrada en
callejuelas
olisqueé
un sinfín de coincidencias
con las que acostaríamos
a desconocidos.

Todo es hermoso,
Un pájaro picotea su frente,
el tatuaje se agranda,
queda el hueco
a merced de las moscas.

Cada verano caluroso
La entrepierna
Forma aspavientos
de"riachuelo,

el hueso desprendido,
la fractura nos reúne y

somos pasto de incienso
frente a devotas
de rarísima pureza
que depositan azucenas,
galanes de noche,
sobre un hombre lacerado

si respiramos
si nos miramos
el polvillo cae sobre el haz
de luz de la matanza

en mi pecho
el banderín de la masacre
tiñe de rojo las nubes.
Es hermoso cómo descienden
Las aves carroñeras,
Cómo desciende
la mano del mago
a la capa poblada de bolsillos.

Hermosa
la muerte me sopla
este desaliento
con más fuego que todos los fuegos
de la creación del mundo

te veo caer
y no te sostengo,

caes, caes, caes
como
baba
en mi bocaza de perra,

pero no temo,
me acostumbré
al lenguaje que choca
en mi diente partido,

cada vez que escapa un tren
de cualquier estación

una brizna de paja
en mi boca

tu semen en mi boca
me convierte en simiente
de cualquier tribu nocturna,

en la frívola ciudad
escupo la noche
junto al camión de la basura.

Cada amanecer,
pegado al moho
me conviertes
en anticoncepto.

Bordo iniciales
El profundo ardor
que imita la plenitud
iniciales que envío a Venecia,
de una isla a otra perdidas.

En el filo del vaso
la sangre colapsa
cuando aseguro
que es perfecta
la tranquilidad de las nubes
que sostienen la tormenta.

Circunciso la lengua
si niego o sobrevivo
la catástrofe.

Me enfrento a descabellados
Planes amatorios
de pulgas en bibliotecas,

pero vale más la droga o la mirra
que\ la sentencia

mi amor es la sombra,
el ritmo desenfrenado
que lleva al trance

lejos de la melisa que adormece
la hora fatal once

-nadie repita once
o caerá del tercer cielo
la tinta que grabó
el brazo de mis antepasados.

Dos lanzas atraviesan
mis costillas,
el pretérito cíclico
tasajea al planeta
con hilos de acero

las familias se arrastran
en el fango de las fronteras,

los niños avientan
caballos de miedo
mientras ululan las sirenas
que detectan humano
en el bosque, abedules
de corteza blanca
reflejan la dimensión
donde serán otros.

Todo es hermoso y queda atrás,
Hasta mi vida.



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Margarita García Alonso, poetisa, artista visual y periodista (Matanzas, Cuba, 1959, reside en Normandía, Francia desde 1992) En Cuba fue directora del semanario cultural Yumurí y editora de Casa de las Américas. Licenciada en periodismo por la Universidad de la Habana. Máster en Industrias gráficas en Francia.

Ha publicado los poemarios: “Sustos de muchacha”, Ediciones Vigía, 1988, “Cuaderno del Moro”, Letras Cubanas, 1990. “Mar de la Mancha” (2009), “Maldicionario” (2011), “La costurera de Malasaña” (2012), “Cuaderno de la herborista” (2012), “El centeno que corta el aire”, Betania, 2013, “Breviario de margaritas” (2014), “Cuaderno de la vieja negra”, “Zupia” (2016), y Muestrario de Sirik, compilación de poemas (2017), en Editions Hoy no he visto el paraíso. “La aguja en la manzana”, edición bilingüe, (francés, español), en L’échappée belle edition, Paris, 2011. Racolta di margherita, Edizioni Saltilibro, Roma, 2017.

Noveletas para niños: “Garganta”, y “Señorita No y señora sí” (2011). Las novelas: “Amarar”, Ediciones El barco ebrio, 2012 y “La pasión de la reina era más grande que el cuadro”, 2012. En la categoría Arte: “Isla, el libro imposible” junto a Maya Islas, y “Cierta idea de la justicia”, así como el primer libro ilustrado sobre la obra de José Lezama Lima: “Lezamillos habitados.

Aparece en la Antología de la poesía cubana del exilio, Aduana Vieja, 2011, a la cual realizó la portada; y en " Catedral sumergida”, Poesía cubana contemporánea escrita por mujeres, Ed. Letras Cubanas, Col. Biblioteca Literatura Cubana, La Habana, 2013. Funda y dirige desde el 2009 las Editions Hoy no he visto el paraíso, donde ha publicado poemarios a a David Lago González, Alberto Lauro, Sonia Díaz Corrales, Odette Alonso, Juan Carlos Recio, Pedro Assef, Maya Islas, Carlos Augusto Alfonso, Jesús Díaz, José Manuel Poveda, así como ensayos a Javier Guzmán Simón; y la novela "Arroser les morts", de Laura Pérez García.

Ha recibido los premios: José Jacinto Milanés, de poesía, Cuba. Bonifacio Byrne, de poesía, Matanzas, Cuba, Mención de poesía, 13 de marzo, Cuba, 17 de mayo de poesía, Cuba. Premio de la Taberna de poetas franceses, 2006, Primera Mención Honrosa, XII Concurso literario Gonzalo Rojas Pizarro, Chile, 2014. Premio de pintura de la Ciudad de Harfleur, Francia, 1991. Premio de pintura en el 7eme salón de Rolleville, Haute Normandie, Francia, 1997. Premio de pintura Salón de Creadores contemporáneos de Gonfreville L'Orcher, Normandie, Francia. Premio de la Ciudad de Le Havre, en el 8 Salón de la AAPPC, 2000.

Hablando de Amor, Pureza y Fidelidad (por Cecilia Alegría, La Dra. Amor)


Nota del blog: Espacio semanal de Cecilia Alegría, La Dra. Amor, dedicado al amor de pareja.

 



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Cecilia Alegría, La Dra. Amor (www.ladoctoraamor.com): Consejera de Parejas, Love and Life Coach, Conferencista Internacional, Periodista y Conductora de Radio y TV. Destaca en los Medios Latinos en Miami dando consejos sobre cómo triunfar en el terreno amoroso y ayudando a miles de parejas a resolver sus problemas. Forma parte del grupo fundador de profesores del programa Universidad de la Familia.
Ha publicado diez libros entre los que se encuentran: Comunicación Afectiva=Comunicación Afectiva (Espasa Calpe, España, 2000). 120 preguntas y respuestas para ser mejores personas (Editorial Norma, Colombia, 2004), No hay amor más grande (Editorial Aragón, USA, 2012), Amando un Día a la Vez (Ediciones Varona, U.S.A. 2015), Al rescate de tu comunicación de pareja (Ediciones Varona, USA 2017), Sexo Sagrado y Lazos del Alma (Indie Publishingnbsp, 2018), Alessia (Book Master Corp. 2019)

Monday, July 15, 2019

Un poema de Félix Luis Viera

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.
 

Poema 28 de La patria es una naranja 

                                          28


El Metro le da dos vueltas y media a la Tierra cada mes.
En las estaciones de enlace
he visto la cifra más cercana posible al medio mundo,
he visto personas como animales asustados de los hombres
caminar a tientas en medio de un rumor cuya causa nadie sabe.
La mayoría de los humanos que van por los andenes y pasillos
llevan ese paso de quienes se acercan a la fuente que habrá de salvarlos.
El poeta ha recorrido las 10 líneas del Metro,
las más de 130 estaciones,
en busca de algún líquido que acelere las alquimias, o quizás
de ese petróleo hirviente que se empoza bajo las faldas de las mujeres.
También están los vendedores,
cuya languidez se advierte sobre todo en el betún de sus zapatos,
“¡lo va a llevar de a peso!”,
o de tres, de cuatro, de diez pesos, proponen
subrepticiamente a toda voz
libretas plumas agendas revistas atrasadas discos compactos
carmín lámparas lustres para la piel libros de gramática
pócimas para rejuvenecer.
Con sus gritos
son los vendedores quienes aumentan el sopor subterráneo.
Están además los ciegos
que van tocando guitarras, acordeones
cantan,
arrastran de a uno o de a dúo
una vasija, los ciegos y ciegas
que casi nadie ve
que casi nadie mira
que dicen “gracias” como si lo dijeran al olvido
cuando el sonido de una moneda cae en la vasija
(¿no será en el corazón, en verdad, donde les suena?).
Virgen de Guadalupe.

Están los niños raquíticos
                                                      que
por racimitos semejantes a semillas calcinadas
arrastran sus instrumentos
cantan
con sus vocecitas de maíz reseco
un corrido cuya letra ni siquiera sabrían traducir.
Los enanitos

con guitarras

maracas
hacen musiquitas
en pos de las monedas
que llenen sus mínimas barrigas (que
si bien deben ser pequeñas, sabrán
aullar como cualquier barriga desierta).
El Metro viaja como un bicho eléctrico.
Mujeres que se acicalan bajo tierra.
Una mujer rubia bosteza hasta la campanilla
que entonces refulge como cierta chispa seductora.
Un hombre vestido de traje
se alisa y se alisa la corbata
tal si el destino de todos los presentes dependiera de esta acción.
Van los cintillos de los vagones tachonados de anuncios
en los que alguien se postula para Senador
en los que alguien debe aprender inglés
en los que alguien debe consumir una nueva fórmula de dentífrico
en los que alguien debe leer el último libro de autoayuda
en los que alguien puede hacerse millonario mañana al amanecer.
Viaja el Metro como un bicho eléctrico.
Es un bicho eléctrico.
Miles de mujeres llevan la saliva cortada
pero
                 muchas de ellas
con el maquillaje como en esas portadas de las revistas de modas,
miles deben estar menstruando
y el olor de sus entrañas
agrega un tono esperanzadoramente rojizo en el olfato.
Entre vehemente y furioso
un hombre declama en grito algo parecido a una poesía
que bombardea al desempleo, incluye
el nombre de cuatro hijos que ahora mismo están esperando al padre
con los piquitos abiertos, lindando con la muerte.
Pasa un travesti tercermundista y pasa otro y otro –cetrinos, palurdos–,
que a toda voz se declaran inocentes de llevar sida en la sangre…
“rogamos unas monedas, por favor, no somos culpables, a cualquiera le
ocurre,
no nos desprecien, con el desprecio del Gobierno basta”.
El Metro viaja como un bicho eléctrico.
El Metro es un bicho eléctrico.
Virgen de Guadalupe.
El calor, o más bien cierto vapor,
incendia los malos olores,
trueca
en estufa al vagón.
Un hombre mudo pasa poniendo papelitos en el regazo de los pasajeros,
dicen los papelitos que es eso: mudo, y necesita dinero, no tiene
ni con qué comprar el lazo para ahorcarse.
Entra el pegaverga en el vagón desbordado, colima su objetivo: una
muchacha morena, inocente y frágil tanto como el agua,
la acuadrilla el pegaverga: le pone la varilla entrenalgas al agua, a la
morena frágil –quien nada puede hacer: está aplastada en el núcleo de un
planeta–,
sólo, acaso, meter los codos hacia atrás contra las costillas del rival, quien
con esto
parece gozar más: pone en blanco lascivia su mirada que se
pierde
en el techo de la estufa (mientras nadie parece mirar, nadie parece ver,
nadie mira, nadie ve, todos miran, todos ven, nadie hace nada).
Un señora gorda y blanca se ha quedado dormida, la vida le secreta por las
comisuras de los labios, su bolsa se corre hacia la izquierda, pero ella, allá
en su sueño, la engarfia como el náufrago a su tabla.
Suben, bajan océanos en cada estación del bicho eléctrico.
De cada diez océanos que bajan y que suben, nueve, Virgen de Guadalupe,
visten de azul y gris, es
como una mancha que no cesa, una ceguera.
                               De pronto
un hombre exclama que le han sacado la cartera, hijo de su puta madre,
grita,
eso debió ser hace cuatro años, hace cuatro estaciones atrás, rechina una
voz salida de algún rincón:
creo que era un tipo con sombrero norteño y con bigotes,
“hasta un obispo podría saber que es carterista”.
El poeta, desesperadamente, comienza a buscar con la vista una lágrima,
debe haber una lágrima
en el piso
en alguna bolsa
en alguna pechera
en algún seno
en algún pasamanos
en algún ojo,
el poeta
está seguro de que sólo una lágrima puede darle fuerzas para llegar hasta el
final del viaje.
En la estación Balderas prescinden de sus partidas de nacimiento:
se plantan cuernos garfios cuchillos colmillos cueros puños de guijarro, se
apechugan como en una suerte de frenético Sumo a vida o muerte, se jalan
pelos, bolsas, trozos de camisas, se cagan en sus madres: un millón
de prójimos quiere subir, otro millón bajar al mismo tiempo.
Virgen de Guadalupe.
Crece la peste a perfume, el aroma a peste.
Un tipo con muletas ruge que está enfermo, se le hizo polvo una pierna
al caer de un andamio:
“váyanme poniendo unas monedas” en un lío que trae atado a la muleta
izquierda, implora,
no tiene seguro médico ni mujer ni hijos ni tíos ni hermanos ni sobrinos ni
padrinos
ni siquiera un perro,
clama.
El poeta necesita hallar una lágrima, una sola lágrima para llegar a su
destino.
Somos niños de la calle, gritan cuatro que acaban de entrar, comemos
sobras de las sobras, a veces
bebemos Coca-Cola, si ustedes fueran tan amables,
uno
se descamisa
abre un limpio entre la gente y se restriega la espalda desnuda contra
un haz de vidrios que ha puesto en el piso encima de un tapete,
su espalda parece una constelación hecha con meteoritos solamente,
los presentes en el Coliseo Romano lo miran casi todos con esa indiferencia
con que los pájaros miran a los hombres
(si bien algunos les dejan caer varios centavos).
Oh, yo soy el poeta, necesito que alguien me preste una lágrima.
                                    De pronto,
el bicho eléctrico se planta en medio de la oscuridad,
inmóvil, inmóvil, inmóvil, alarga el canto del cisne,
jalonea, tira hacia atrás, hacia delante, a los zombis que le han pagado dos
pesos
por el viaje
al umbral de la sima.
En alguna estación salen –será mejor decir que huyen– más de la mitad de
los viajantes y
después
que entran dos tullidos,
tres ciegos,
un señor vestido talla ejecutivo que parece extraviado,
par de jóvenes que se tienen atados con las lenguas,
entra una mujer
castaña desde el pelo hasta la piel, los gestos, la mirada, el aliento, alta
como las torres por venir,
hermosa como esta misma palabra, una mujer
que podría convertir en semen todo lo que toque.
El bicho eléctrico
el Metro
                ay
el Metro
el bicho eléctrico
son los naipes
donde se puede leer el alma reversa de la vasta Ciudad,
ay,
                  ayayay,
Virgen de Guadalupe.

(Ciudad de México, 1998)



                                                       28


La Metropolitana fa due giri e mezzo intorno alla Terra ogni mese.
Nelle stazioni di collegamento
ho visto la cifra più vicina possibile al mezzo mondo,
ho visto persone come animali spaventati dagli uomini
camminare con cautela in mezzo a un frastuono di cui nessuno sa il motivo.
La maggioranza degli umani che percorre marciapiedi e corridoi
ha il passo di chi si avvicina alla fonte della salvezza.
Il poeta ha percorso le 10 linee della Metropolitana,
oltre 130 stazioni,
alla ricerca di un liquido che affretta le alchimie, o forse
del petrolio bollente che ristagna sotto le gonne delle donne.
Ci sono anche i venditori,
il cui languore si percepisce soprattutto nel lucido delle loro scarpe,
“se lo porta via con un pesos!”,
o con tre, quattro, dieci pesos, propongono
surrettiziamente a voce spiegata
taccuini penne agende riviste arretrate compact disc
rossetto lampade creme per la pelle libri di grammatica
tisane per ringiovanire.
Con le loro grida
sono i venditori che aumentano il torpore sotterraneo.
Ci sono anche i ciechi
che suonano chitarre, fisarmoniche
cantano,
trascinano uno verso l’altro
un vaso, i ciechi e le cieche
che quasi nessuno vede
che quasi nessuno guarda
che dicono “grazie” come se lo dicessero all’oblio
quando il suono di una moneta cade nel vaso
(non sarà forse il cuore il posto dove risuona?).
Vergine di Guadalupe.
Ci sono i bambini rachitici
                                                    che
a grappoli simili a semi carbonizzati
trascinano i loro strumenti
cantano
con le loro vocine di mais riseccato
una canzone le cui parole non saprebbero tradurre.
I nanetti
con chitarre
maracas
fanno musichette
in cambio di monete
capaci di riempire le loro modeste pance (che
sebbene debbano essere piccole, sapranno
ululare come qualsiasi pancia deserta).
La Metropolitana viaggia come un insetto elettrico.
Donne che si truccano sotto terra.
Una donna bionda sbadiglia mostrando l’ugola
che risplende come una scintilla seduttrice.
Un uomo vestito con eleganza
si liscia più volte la cravatta
come se il destino di tutti i presenti dipendesse da questa azione.
Scorrono le facciate dei vagoni adornate di annunci
dove uno si propone come Senatore
dove uno deve apprendere l’inglese
dove uno deve consumare una nuova formula di dentifricio
dove uno deve leggere l’ultimo libro autodidattico
dove uno può diventare milionario dalla mattina alla sera.
Viaggia la Metropolitana come un insetto elettrico.
È un insetto elettrico.
Migliaia di donne appaiono trasandate
ma
                 molte di loro
sfoggiano un trucco come nelle copertine delle riviste di moda,
migliaia devono avere il ciclo mestruale
e l’odore delle loro secrezioni
aggiunge un tono speranzosamente rossiccio all’olfatto.
Tra veemente e furioso
un uomo declama un grido che sembra quasi una poesia
che bombarda la disoccupazione, aggiunge
il nome di quattro figli che proprio in questo momento stanno aspettando
il padre con i beccucci aperti, avvicinandosi alla morte.
Passa un travestito del terzo mondo, ne passa un altro, un altro ancora
- malinconici, rozzi -,
che a voce spiegata si dichiarano innocenti di portare l’aids nel sangue...
“chiediamo qualche moneta, per favore, non siamo colpevoli, a chiunque serve, non ci disprezzate, il disprezzo del Governo è sufficiente”.
La Metropolitana viaggia come un insetto elettrico.
La Metropolitana è un insetto elettrico.
Vergine di Guadalupe.
Il caldo, o meglio un certo vapore,
incendia i cattivi odori,
trasforma
in stufa il vagone.
Un uomo muto passa mettendo bigliettini in grembo ai passeggeri,
dicono i bigliettini che lui è muto, bisognoso di denaro, non sa
neppure come comprare la corda per impiccarsi.
Entra il molestatore nel vagone strapieno, individua il suo obiettivo:
una ragazza mora, innocente e fragile come l’acqua,
la avvicina il molestatore: le pone la bacchetta tra le natiche, alla mora
fragile - che niente può fare: è schiacciata nel nucleo di un pianeta -,
solo, forse, mettere i gomiti contro le costole del rivale, che così
sembra godere di più: mostra evidente lascivia nel suo sguardo che si perde
nel calore del corpo violato (mentre nessuno sembra guardare, nessuno sembra vedere, nessuno guarda, nessuno vede, tutti guardano, tutti vedono, nessuno fa niente).
Una signora grassa e bianca si è addormentata, la vita esce fuori dalle fessure delle sue labbra, la sua borsa oscilla a sinistra, ma lei, nel suo
sogno, l’afferra come il naufrago la sua tavola.
Salgono, scendono oceani a ogni stazione dell’insetto elettrico.
Ogni dieci oceani che scendono e che salgono, nove, Vergine di Guadalupe,
vestono di azzurro e grigio, è
come una chiazza incessante, una cecità.
                             Subito
un uomo esclama che gli hanno portato via il portafoglio,
figlio di puttana, grida,
accade da quattro anni, quattro stazioni prima, stride una voce
uscita da qualche parte:
credo che fosse un tipo con un cappello tipico del nord e con i baffi,
“persino un arcivescovo capirebbe che è un borsaiolo”.
Il poeta, disperatamente, comincia a cercare con lo sguardo una lacrima,
deve esserci una lacrima
nel pavimento,
in qualche borsa
in qualche camicia
in qualche seno
in qualche corrimano
in qualche occhio,
il poeta
è sicuro che solo una lacrima può dargli la forza di arrivare alla fine del viaggio.
Nella stazione di Balderas i certificati di nascita non servono:
si piantano corni uncini coltelli zanne pelli pugni di ferro,
come in una sorta di frenetico o la vita o la morte, portano via peli, borse, pezzi di camicie, non rispettano neppure le loro madri: un milione
di persone vuole salire, un altro milione scende al tempo stesso.
Vergine di Guadalupe.
Cresce il fetore del profumo, l’aroma del fetore.
Un tipo con le stampelle rosse che è infermo, si è frantumato una gamba
cadendo da un’impalcatura:
“lasciatemi qualche moneta” in un fagotto che porta accanto alla stampella sinistra, implora,
non ha certo medico moglie figli zii fratelli cugini padrini neppure un cane,
si lamenta.
Il poeta deve trovare una lacrima, una sola lacrima, per arrivare a destinazione.
Siamo bambini di strada, gridano quattro appena entrati, mangiamo
avanzi degli avanzi, a volte
beviamo Coca-Cola, se voi foste così gentili,
uno
si toglie la camicia
si fa spazio tra la gente e strofina la spalla nuda contro
un fascio di vetri che ha messo nel pavimento sopra un tappeto,
la sua spalla sembra una costellazione fatta con meteoriti solamente,
i presenti nel Colosseo Romano lo guardano quasi tutti con l’indifferenza
con cui gli uccelli guardano gli uomini
(anche se alcuni lasciano cadere diversi centesimi).
Oh, io sono il poeta, ho bisogno che qualcuno mi presti una lacrima.
                            Subito,
l’insetto elettrico si pianta in mezzo all’oscurità,
immobile, immobile, immobile, prolunga il canto del cigno,
segna, lancia dietro, davanti, gli zombi che hanno pagato due pesos
per il viaggio
alla soglia della caverna.
In qualche stazione escono - sarebbe meglio dire fuggono - oltre la metà dei viaggiatori e
dopo
che entrano due invalidi,
tre ciechi,
un signore vestito da dirigente che sembra smarrito,
una coppia di giovani che sono uniti con le lingue,
entra una donna
castana dai capelli alla pelle, i gesti, lo sguardo, il respiro, alta
come le torri del futuro,
bella come questa stessa parola, una donna
che può trasformare in seme ogni cosa che tocca.
L’insetto elettrico
la Metropolitana
                maledizione
la Metropolitana
l’insetto elettrico
sono le carte
dove si può leggere l’anima rovesciata della vasta Città,
maledizione,
                maledizione,
Vergine di Guadalupe.





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Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado siete poemarios; tres libros de cuento; cuatro novelas y una noveleta.

Entre los premios que recibiera en su país natal, se cuentan el David de Poesía, en 1976; el Premio Nacional de Novela, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, galardón que ya le había sido otorgado a este autor, en 1983, por su libro de cuento En el nombre del hijo.

Su poemario La patria es una naranja, que aborda el tema del exilio a la par que incursiona en la realidad mexicana, ha tenido una buena acogida de crítica y público y recibió en Italia el Premio Latina in Versi en 2013.

Es ciudadano mexicano por naturalización. Reside en Miami.


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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960.

Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros.

Cuenta en su haber con un amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari.

Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.

Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

Sunday, July 14, 2019

Dice el Presidente: “En el capitalismo compra el que tiene, y el resto que resuelva como pueda” (En 150 palabras de Félix Luis Viera)


Este muchacho Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha defraudado a quienes, hace 30 años, lo tomaron como alguien lejano de la muela, del teque revolucionario.

Pero el poder, sobre todo cuando se es, como en su caso, la víctima, ablanda.

Cada día resulta más difícil hallar algo interesante en el verbo del nacido en Santa Clara —ciudad gloriosa: allí vinieron al mundo el pítcher Mike Cuéllar o el campo corto Eduardo Paret o el boxeador Benny Paret o el luchalibre El Gran Toledo o el escritor José Lorenzo Fuentes.

El último aporte de Díaz: “En el capitalismo compra el que tiene, y el resto que resuelva como pueda”.

Cuadro: en todas partes compra el que tiene.

Y considera: hay capitalismo en Haití, pero también en Finlandia. O mira: en Suecia, cuyo nivel de vida Cuba igualaría en unos 10 añitos; según avisó Castro en los albores de 1960.

Cuadro, repiénsalo.


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Ver información en Cubanet

Ballet "The Little Humpbacked Horse" (por Florencia Guglielmotti)

Nota del blog: Sección semanal dedicada al Ballet y la Danza, a cargo de la la ballerina, coreógrafa y profesora Florencia Guglielmotti.

Los textos anteriores, se pueden leer en este enlace.


El ballet “The Little Humpbacked Horse” (o en ruso “Konyok Gorbunok”) fue estrenado el 15 de diciembre de 1864, en el Teatro Bolshoi. La coreografía y el libreto, basado en la obra homónima de Pyotr Yershov, estuvieron a cargo de Arthur Saint-Leon y la música era de Cesare Pugni. En esa oportunidad, los roles principales estuvieron interpretados por Marfa Muravieva y Nikolai Troitzky. La obra finalizaba con un grand divertissement que incluía diferentes danzas rusas y, con esto, Saint-Leon, francés de nacimiento, buscaba empatizar con las raíces folclóricas rusas.


Casi treinta años después, en 1895, Marius Petipa realizó su propia versión de la obra, agregando un prólogo, una apoteosis y algunas danzas adicionales, con la revisión musical de Riccardo Drigo e interpretada por Pierina Legnani y Alexander Shirayev. Por su parte, Alexander Gorsky realizó dos nuevas versiones, una en 1901 (con Lyubov Roslavleva y el propio Gorsky) y la otra 1914 (Tamara Karsavina y Nikolai Legat), y agregó fragmentos musicales de Anton Simon, Boris Asafiev, Pyotr Illich Tchaikovsy, Antonín Dvořák, Alexander Glazunov, Brahms y Franz Liszt; aunque ya no quedaba casi nada de la versión original, esta versión se estableció como el más importante ballet nacional, que servía de plataforma de lanzamiento para las bailarinas nóveles.


Superada la primera mitad del Siglo XX, Alexander Radunsky realiza una versión con música de Rodion Shchedrin para el Ballet Bolshoi (en 1960), siendo ésta filmada un año después con Maya Plisetskaya y Vladimir Vasiliev como protagonistas. Ya cursando el primer decenio del Siglo XXI, Alexei Ratmansky realiza en 2009 su versión, sobre la partitura de Shchedrin, para el Ballet del Teatro Mariinsky.

Originalmente, la obra se estructura en cuatro actos y ocho escenas.

La primera escena se desarrolla en una casa ubicada en el borde de una colina. En la casa viven el Anciano, Gavrilo, Danilo e Ivan, el Tonto. El Anciano parte hacia el campo a cosechar el centeno. Gavrilo y Danilo están felices porque piensan organizar una fiesta al aire libre para bailar con las nodrizas.

Cuando el Anciano vuelve del campo, aleja a las nodrizas y les cuenta a sus hijos de un terrible villano que viene por las noches, que pisa las cosechas y las arruina. El Anciano les dice que el villano debe de ser atrapado pero él es demasiado débil para hacerlo así que sus hijos deben ir a patrullar el campo. Gavrilo y Danilo deciden ir solos, piensan que Iván es demasiado joven y torpe, creen que es un tonto. Iván también quiere ir para atrapar al villano, él puede confrontarlo y no le teme a nada. Sin embargo, Gavrilo y Danilo parten así que Iván decide ir al campo por sí mismo.

En la siguiente escena vemos a Iván cuidando los campos. En medio de la noche una joven y hermosa yegua trota hacia el campo, pisando el trigo y arruinándolo. Al verla, Iván la agarra por la cola y la monta. Esto enoja a la joven yegua que trata de sacárselo de encima, sin éxito. Así, a cambio de su libertad, la joven yegua le regala dos caballos grandes y poderosos, y un caballo jorobado, pequeño y débil.


Los pájaros de fuego vuelan hacia el campo, bailan, juegan y se van. Iván los persigue y se va tras ellos. Gavrilo y Danilo llegan a campo y se encuentran con los caballos. Tras capturar una pluma de pájaro de fuego, Iván regresa feliz, hasta que nota que sus caballos desaparecieron, se enoja y llora amargamente. El caballo jorobado, que los hermanos no se llevaron, trata de reconfortar a Iván, le propone encontrar a los secuestradores y promete ayudarlo. Resulta que el caballo jorobado puede hacer bastante más de lo que aparenta a primera vista...

La siguiente escena comienza en una cuadra de la Ciudad Capital con gente disfrutando del bello día, bailando. Gavrilo y Danilo están allí planeando vender los caballos. En medio del gentío aparece el Zar, a quien le gustan los caballos y, cuando está por comprarlos, Iván llega con el caballo jorobado, reconoce a sus hermanos y los reprende, llevándoselos. Sin embargo, al Zar le gustaron tanto esos caballos que trata de comprárselos de todos modos. Iván está dispuesto a venderlos por un precio justo. El Zar le ofrece el sombrero de un gran noble a cambio. A Iván le encantó el sombrero así que accedió a venderlos.

En las habitaciones del palacio, el Zar está comiendo, atendido por las nodrizas. Tras sentirse satisfecho se queda dormido. En la puerta de su cuarto se encuentra descansando Iván. El noble, antiguo dueño del sombrero, lo está observando y descubre, con asombro, la pluma del pájaro de fuego. Cuando finalmente Iván se duerme, le roba la pluma y decide despertar al Zar para mostrársela. Cómo habrá Iván conseguido tales lujos? Al Zar le encanta la pluma y tiene una visión donde hay pájaros de fuego jugando con una doncella. Luego, la visión se disipa. El Zar enamorado de la doncella que acaba de ver, ordena inmediatamente a Iván que la encuentre. Sin saber por dónde comenzar la búsqueda, el caballo jorobado estaba dispuesto a ayudarlo, pues sabía dónde estaba la doncella.

Una nueva escena se inicia en el borde del mundo, donde habitan los pájaros de fuego junto a la doncella del Zar. Llegan Iván y el pequeño caballo jorobado. Mientras Iván intenta capturar a las aves, ve a la doncella y se enamora de ella. La doncella accede a ir con Iván a la Ciudad Capital.

En el cuadro siguiente nos encontramos nuevamente en el palacio. El Zar y sus boyardos están esperando ansiosamente la llegada de la doncella. Con tanta espera, el Zar se queda dormido y, los boyardos siendo sus servidores, también se duermen, salvo uno, que se queda despierto. Él ve a Iván regresar con el caballo jorobado y la doncella, e inmediatamente despierta al Zar. El Zar expulsa a los boyardos de su recámara y anuncia que va a casarse con la doncella. Ella acepta la proposición pero no puede aceptar el anillo que el Zar quiere darle y explica que para casarse con ella es necesario traerle una gema que se encuentra en el fondo del océano. El Zar está sorprendido, cómo va a conseguir esa gema? El noble del sombrero decide mandar a Iván. Iván está apenado, a diferencia del noble que está ansioso, esperando la muerte inminente de Iván durante esta aventura.

Iván llega al fondo del océano junto a su caballo jorobado, en la ante última escena, y buscan la gema, sin éxito. Iván le pide ayuda a la Princesa Marina, quien decide ayudar a Iván en su búsqueda.

Finalmente, en la plaza central de la Ciudad Capital, la doncella y el Zar bailan brevemente, el noble líder es viejo y se cansa rápido. Iván aparece con la piedra, montado a su jorobado corcel. El noble del sombrero está iracundo, le arrebata la gema a Iván y lo echa de la plaza ya que su servicio no será requerido nuevamente.

El Zar está listo para casarse pero la doncella no lo ama. Ella sólo va a casarse con un hombre de bella figura y le dice que con su magia, puede transformar al Zar en gallardo caballero. El Zar se pregunta cómo. Tiene que meterse en una caldera de agua hirviendo. El Zar está aterrorizado y al vil noble se le ocurre que primero lo intenten con Iván. Así que lo buscan y, en un salto de fe, se mete en el agua hirviendo. El pequeño caballo realiza un hechizo y, dicho y hecho, Iván se transforma en un hombre muy elegante, de gran figura y lo nombran heredero del Zar. La gente se regocija y se alegra pero, a su vez, se alarma porque todos quieren saltar a la caldera y volverse zares y zarinas. El viejo Zar ordena que todos se alejen de su caldera y, en desesperación, él mismo salta al agua hirviendo y perece. Realizan las exequias del Zar, nombran a Iván como gobernador supremo y se casa con la bella dama. El pueblo ahora tiene un nuevo Zar, joven y bello.





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Florencia Guglielmotti reside en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). Es Profesora de Danza (titulada en la Escuela Nacional de Danzas "María Ruanova"), Licenciada y Profesora de Artes (recibida en la Universidad de Buenos Aires). Cursó estudios en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. Es Miembro de International Dance Council CID (UNESCO).

Actualmente se desempeña como Profesora de Danza Clásica y como Profesora Titular de Historia de la Danza en la Escuela Superior de Enseñanza Artística "Aída V. Mastrazzi". Email: florenciagu@gmail.com

What a friend we have in Jesus (by Alan Jackson)


Saturday, July 13, 2019

Toma posesión nuevo obispo de Pinar del Río


La misa de toma de posesión del nuevo obispo de Pinar del Río, Mons Juan de Dios Hernández, se celebró en la mañana de este sábado, 13 de julio, en la Catedral diocesana. (Ver detalles en Palabra Nueva)

(Everglades, Fl) Smallest Post Office in the United States


US Hwy 41, Ochopee, FL

Considered to be the smallest post office in the United States, this building was formerly an irrigation pipe shed belonging to the J.T. Gaunt Company tomato farm. It was hurriedly pressed into service by postmaster Sidney Brown after a disastrous night fire in 1953 burned Ochopee's general store and post office. The present structure has been in continuous use ever since - as both a post office and ticket station for Trailways bus lines - and still services residents in a three-county area, including deliveries to Seminole and Miccosukee Indians living in the region. Daily business often includes requests from tourists and stamp collectors the world over for the famed Ochopee post mark. The property was acquired by the Wooten Family in 1992.

Mons. Juan García, nuevo miembro de la Congregación para el Clero


VATICANO, 13 Jul. 19 / 07:27 am (ACI Prensa).- El Papa Francisco nombró a 4 Cardenales y a 5 Obispos nuevos miembros de la Congregación para el Clero. Entre los 9 en total, 5 son de América Latina, y son procedentes de: Venezuela, Perú, Cuba, Uruguay y Brasil.

Según informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede este 13 de julio, el Papa Francisco eligió a los Cardenales: Baltazar Enrique Porras Cardozo, administrador apostólico sede vacante y ad nutum Sanctae Sedis de Caracas y Arzobispo de Mérida (Venezuela); Sérgio da Rocha, Arzobispo de Brasilia (Brasil); Giuseppe Petrocchi, Arzobispo de L'Aquila (Italia) y Anders Arborelius, Obispo de Estocolmo (Suecia).

Además, el Santo Padre nombró miembros a los Obispos: Robert Francis Prevost, obispo de Chiclayo (Perú); Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de San Cristóbal de La Habana (Cuba); Milton Luis Tróccoli Cebedio, Obispo de Maldonado-Punta del Este (Uruguay); Filippo Iannone, Azobispo carmelita y Presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos y a Michel Aupetit, Arzobispo de París (Francia).

(Tomado de ACI Prensa)

Volando en Solitario. Pensamiento VI (por Orlanda Torres)

Nota del blog: Sección semanal en el blog Gaspar, El Lugareño, gracias a la cortesía de la psicóloga Orlanda Torres, quien ha aceptado la invitación a compartir con los lectores sus consejos y reflexiones sobre los conflictos cotidianos.


Si no puedes renunciar a tu pasado, no lo conviertas en un equipaje difícil de cargar.

Nadie sabe a ciencia cierta qué sucederá mañana. ¿Para qué entonces perder nuestro tiempo de vida pensando en sucesos que no podrás cambiar?

La verdad está "en el hoy", en lo que estás viviendo, haciendo y sintiendo.

¡Vive el hoy!





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Orlanda Torres: Psicóloga, Escritora, Educadora, Orientadora Motivacional.

Autora del libro "Volando en Solitario" año 2015, Guayaquil - Ecuador. (Disponible en Amazon Kindle)
-Estudió en Miami Dade College: Certificate of Florida “Child Development Associate Equivalency”. Maestra de Educación Preescolar e Infantil en la ciudad de Miami.
-Licenciada en Psicología graduada en el 02/2017 - Atlantic International University.

-Orientadora Motivacional y Conferencias pueden contactar a Orlanda Torres a través de la página que administra www.fb.com/vivencialhoy

Publicaciones en Revista Sapo - Santiago de Chile – 2016
-La Estancia en el Paraíso de los Sueños
-Relación de Pareja y su gran Desafío
-Es la Felicidad una Elección

Conferencia en Radio - Miami, Florida
-Positivo Extremo Radio: Entrevista 123Teconte “Regreso a Clases y La Adolescencia”
-¿Como aprender a ser feliz?- Edificio Trade Building-.Innobis Coworking, Guayaquil - Ecuador
-La Inteligencia Emocional en la Relacion de Pareja- WENS Consulting Group, Guayaquil - Ecuador
Publicaciones en Revista Sapo - Santiago de Chile – 2018
- Ser Mujer

Administra:
Facebook.com: Orlanda Torres
Instagram: orlanda.torres.3

Masacre, Remolcador 13 de marzo (un poema de Rodrigo de la Luz)


¿Qué nos quedó?
que no fuera el enjambre sobre el mar.
La voz del muerto aún irreconocible.
Un ancla que se divisa en lo profundo.

¿Qué nos quedó?
Que no fueran aquellas manos en la aurora.
Aquel trocito de sol en el muro.
Estos ovillos, este farol que el polvo ha saturado.

¿Qué nos quedó?
Que no fuera esa pausa, ese susto,
esas alas salvajes que no saben volar.
El torniquete en cruz, que más que enumerarnos
nos dejaba una huella como un código.

¿Por qué preguntan ahora por aquel entusiasmo?
¿Acaso no se enteraron de esa plaza infernal,
de este designio torpe, de esta gabarra cargada de cadáveres?
¿Acaso no se enteraron
de aquel silencio que nos fue inundando
hasta callarnos también la mirada?

¿Acaso, nadie les dijo?
¿No les contaron que hasta el peligro se asustó,
que la memoria se convertía a chorros en olvido,
que el asno fue ascendido hasta llegar a policía?

¡Tal parece que no oyeron las noticias!

¿Qué nos quedó?
que no fuera el asombro y la soberbia?

Y un puñado de ojos
que duermen desvelados
en el fondo del mar.

En memoria de las víctimas del Remolcador 13 de marzo

El Remolcador "13 de Marzo" fue hundido, por orden del gobierno cubano, el   13 de julio de 1994. El saldo fue de 41 muertos, de los cuales 10 eran menores de edad. 31 personas sobrevivieron. (Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos)

Friday, July 12, 2019

(Miami) Presentan biografía de Mons. Agustín Román


La Ermita de la Caridad invita a la presentación de la "Biografía de un Hombre de Dios", sobre la vida de Mons. Agustín Román, realizada por Julio Estorino,

Sábado 13 de Julio del 2019, a las 3 00 p.m.

Salón Felix Varela
Ermita de la Caridad
3609 South Miami Avenue
Miami, Florida 33133


"Lo que se pretende con esta obra es presentar un hombre de Dios -nunca mejor aplicada la expresión- en la integridad de su persona y en todas sus dimensiones: de la espiritualidad humana, de la patriótica a la eclesiástica, de la cotidiana a la extraordinaria."


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