Friday, January 24, 2020

La naturaleza, la ecología, el hombre y la poesía (por Osvaldo Navarro )

Nota mía: Texto que forma parte del libro inédito Las paces con Martí. Fue publicado originalmente en este blog en el año 2010, por cortesía de Elena Tamargo.

Cuando, años después, le comenté a Félix Luis Viera, sobre este texto, me amplió que él había leído el manuscrito original del ensayo y le había enviado una carta a Navarro con sus comentarios. Le pedí compartir su misiva fraterno literaria. Generosamente, como es su costumbre, me envió la correspondencia, de la que incluyo  el enlace para su lectura. 

----------------------------------------------------------
La naturaleza, la ecología, el hombre y la poesía
por Osvaldo Navarro



De todas las obsesiones martianas, una de las que con más insistencia aparecen a lo largo de su obra es un culto casi panteísta a la Naturaleza, palabra que solía escribir con mayúscula. Ese culto constituye uno de los ejes centrales de su concepción del mundo. Para él, la naturaleza (la tierra, el universo, el ser) era la fuente original de toda riqueza material y espiritual. Pero, además, en su diversidad y armonía encontraba el punto de referencia de toda verdad científica, incluyendo las verdades sociales. En su opinión, la igualdad social no es más que el equilibrio que se observa en la naturaleza, y el hombre no puede vivir sin una permanente y cada vez más íntima relación con sus verdades, a no ser a costa de atentar contra su propia condición humana. Martí plantea una naturaleza unitaria, de la que participa el hombre como un ser natural más, y lo hace desde una posición no depredadora, utilitarista, desde la que sólo se vería como objeto de la ciencia o como materia prima, sino que la percibe, en una evocación de la concepción mítica de los griegos, como experimentable estéticamente, en el sentido sensorial–receptivo y artístico. En esa práctica de apropiación, la naturaleza, las cosas, se expresan, hablan, a través de la sensibilidad, del espíritu humano en una comunión perfecta.

Martí era un universo repleto de mundos, todos en equilibrio, pero era también, y eso es lo más conmovedor, un árbol, una palma, un paisaje, una atmósfera, un clima. Era, por todo ello, una naturaleza humana plena y armónica. Su vida, su poesía, su ideología no podrían ser entendidas totalmente sin tomar en cuenta ese aspecto principal, tal como ya lo había advertido el poeta español Juan Ramón Jiménez:
Hasta Cuba, no me había dado cuenta exacta de José Martí. El campo, el fondo. Hombre sin fondo suyo o nuestro, pero con él en él, no es hombre real (...). Y por esta Cuba verde, azul y gris, de sol, agua o ciclón, palmeras en soledad abierta o en apretado oasis, arena clara, pobres pinillos, llano, viento o manigua, valle, colina, brisa, bahía o monte, tan llenos todos del Martí sucesivo, he encontrado al Martí de los libros suyos y de los libros sobre él.
Había nacido en La Habana, pero La Habana era entonces una ciudad que apenas se había desbordado más allá de su vieja muralla. La casa de su nacimiento y de su infancia y adolescencia quedaba precisamente muy cercana al gran muro de piedra, por lo cual tenía a un costado el campo y al otro la urbe. De tal modo, los primeros años de su vida, etapa cuyas vivencias fijan para siempre el carácter de las personas, se desenvolvieron entre esas dos posibilidades, las cuales quedaron plasmadas dramáticamente y con asombrosa plasticidad en sus Versos sencillos. De la ciudad: “Pasa, entre balas, un coche:/ Entran, llorando, a una muerta:/ Llama una mano a la puerta/ En lo negro de la noche”. Del campo: “Rojo, como en el desierto,/ Salió el sol al horizonte:/ Y alumbró a un esclavo muerto,/ Colgado a un seibo del monte”. Su vida intelectual toda se desarrollaría en el ambiente citadino, incluso de grandes ciudades (además de La Habana, Madrid, Zaragoza, México y Nueva York), pero no se podría extraer de su obra un elogio seguro a ese ambiente (“Me espanta la ciudad”, diría en sus Versos libres). Su espíritu estaba arraigado en la tierra, sobre la cual no dejaba de indagar (“Yo sé los nombres extraños/ De las yerbas y las flores”. Versos sencillos). Sin embargo, su poesía, que en mucho partía del Romanticismo y que tantos elementos suyos conservó (el culto a la naturaleza, por ejemplo), no siguió el rumbo de los románticos cubanos y no fue ya, como la de todos ellos, ruralista. En ese sentido, su poesía y su prosa marcan un tránsito, un cambio en la cultura cubana. Su prosa, por la que más se le ha considerado un escritor modernista, era escandalosamente novedosa, pero esa novedad tampoco hubiera sido posible sin el barroquismo que la caracteriza. Barroquismo que no era ya el de los místicos y otros escritores españoles, como Quevedo, que indudablemente influyeron en él, sino el barroco (por abigarramiento) espontáneo, sin solemnidades, jubiloso si se quiere, de la vegetación y de todo el entorno natural cubano, cuya nostalgia lo acompañó hasta su reencuentro con ellos unos días antes de su muerte. Por eso, la clave para penetrar en el estilo, tanto de la prosa, como de la poesía de Martí, está en su Diario de campaña, que más parece una explosión de euforia y emoción poética que un registro de hechos de guerra. ¿Es ese texto romántico? ¿Es modernista? ¿Es realista? ¿En qué medida la naturaleza antillana, tropical de América, y su espíritu humano comenzaron a expresarse por primera vez, plenamente, como algo diferente, en él? ¿En qué medida ese texto culmina el intento dramático de Cristóbal Colón por describir este continente y expresar cómo era el carácter de quienes lo habitaban?:
De suave reverencia se hincha el pecho, y cariño poderoso, ante el vasto paisaje del río amado. Lo cruzamos, por cerca de una seiba, y... entramos al bosque claro, el sol dulce, de arbolado ligero, de hoja acuosa. Como por sobre alfombra van los caballos, de lo mucho del césped. Arriba el curujey da al cielo azul, o la palma nueva, o el dagame que da la flor más fina, amada de la abeja, o la guásima, o la jatía. Todo es festón y hojeo, y por entre los claros, a la derecha, se ve el verde del limpio, a la otra margen, abrigado y espeso. Veo allí el ateje, de copa alta y menuda, de parásitas y curujeyes; el cagauirán, ‘el palo más fuerte de Cuba’, el grueso júcaro, el almácigo, de piel de seda, la jagua, de hoja ancha, la preñada güira, el jigüe duro, de negro corazón para bastones, y cáscara de curtir, al jubabán, de fronda leve, cuyas hojas, capa a capa ‘vuelven raso el tabaco’, la caoba, de corteza brusca, la quiebrahacha, de tronco estriado, y abierto en ramos recios, cerca de las raíces, (el caimitillo y el cupey y la pica pica) y la yamagua, que estanca la sangre.
La naturaleza cubana, lejos de la cual se había visto obligado a permanecer la mayor parte de su vida, lo sacude, lo cimbra, lo agiganta, lo hace entrar en sí mismo, reconcentrarse y luego salirse a borbotones en el más alto goce espiritual. Todo lo sobresalta, lo acoge y no pierde ni un detalle, ni siquiera en la noche, donde tanta belleza lo desvela:
La noche bella no deja dormir. Silba el grillo; el lagartijo quiquiquea, y su coro le responde: aún se ve, entre la sombra, que el monte es de cupey y de paguá, la palma corta y espinada; vuelan despacio en torno las animitas; entre los nidos estridentes, oigo la música de la selva, compuesta y suave, como de finísimos violines; la música ondea, se enlaza, abre el ala y se posa, titila y se eleva, siempre sutil y mínima –es la miríada del son fluido: ¿qué alas rozan las hojas? ¿qué violín diminuto, y oleadas de violines, sacan son, y alma, a las hojas?, ¿qué danza de almas de hojas?
Y es que para Martí la naturaleza era el mayor motivo de felicidad, una fiesta innombrable –“Nos llena la pasión de la naturaleza”–, tanto que en su contemplación y disfrute hallaba el más elevado sentido de la belleza espiritual –“el hombre asciende a su plena beldad en el silencio de la naturaleza”1–. Pero, además, en su estudio y conocimiento veía el más elevado objetivo de la poesía. En una carta dirigida a su niña, María Mantilla, unos días antes de caer en combate, en forma de recomendación, de lección para la vida, así se lo confesaba:
Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad musical del árbol, y su fuerza y amores, en lo alto del cielo, con sus familias de estrellas, –y en la verdad del universo, que encierra tantas cosas diferentes, y es todo uno, y reposa en la luz de la noche del trabajo productivo del día”.
Pero, en Martí, la naturaleza no es sólo una base para la ciencia, una cura espiritual y un deslumbramiento para la poesía, sino un problema práctico vital, de salud física, para las personas, y, tratándose de los bosques y otros recursos, como la tierra y el agua, un motivo de preocupación económica, ante todo por la influencia que estos elementos ejercen en el desarrollo de la agricultura.

Aquella capacidad martiana para desentrañar el porvenir lo llevaría a prevenir uno de los más graves, si no el más grave, de los errores cometidos por el género humano, cuando el problema apenas comenzaba a manifestarse: haber considerado en forma separada el destino del hombre sobre el planeta y el destino del planeta mismo. La constante necesidad de progreso económico compulsó al hombre a la absurda e irracional idea de “conquistar la naturaleza”. Pero sucedió que, cuando parecía que lo estaba logrando, se percató de que su esfuerzo había sido más destructivo que constructivo y, lo peor, que en el intento había comenzado a crear las condiciones para su autodestrucción.

Resulta en verdad asombroso que Martí, quien fuera precursor de tantas ideas nuevas en el ámbito latinoamericano, lo fuera también del movimiento ecologista contemporáneo. Desde una fecha tan temprana como 1883, año en el cual escribió varios artículos relacionados con el tema, su pluma denunciaba la creciente deforestación del planeta y, en general, la destrucción del medio ambiente, motivado por la voz de alerta que habían comenzado a dar los especialistas. Él, posiblemente, no haya conocido el término ecología, introducido por Ernst Haeckel en 1866, pero es notorio que estaba al tanto de las discusiones que desde entonces tenían lugar acerca de un tema que tanto atraía su interés. Así, al contemplar el fenómeno de explotación irracional de los recursos naturales, comentaba: “cuando se tienen buenas maderas, no hay que hacer como los herederos locos de grandes fortunas, que como no las amasaron, no saben calcular cuándo acaban (y) las echan al río”.

Esa afirmación se basaba en que sabía también que los bosques son útiles no sólo por las maderas que de ellos se puede extraer, sino por una cuestión científica no menos importante: “la protección y amparo que dan (...) a las comarcas agrícolas”. Más que eso: “Comarca sin árboles, es pobre. Ciudad sin árboles, es malsana. Terreno sin árboles, llama poca lluvia y da frutos violentos”.

Quien esto escribía llamaba, al mismo tiempo, a la conservación de los bosques, donde existieran, al mejoramiento de los mismos, donde existieran mal y a su creación, donde no existieran. Por eso, estaba al tanto de que repoblar los bosques era entonces para España una cuestión vital, y saludaba la iniciativa mexicana de plantar millones de árboles en el valle de México.

Sin embargo, parece un hecho que Martí ignoraba lo que ocurría en su propio país, donde se había venido cometiendo uno de los ecocidios más brutales de la historia. Tan grande era el crimen que sus efectos se percibieron en Europa, y Federico Engels, hombre tan alejado de la circunstancia cubana, en su libro Dialéctica de la naturaleza, llegó a tomar su caso como ejemplificador, aunque lo que dice acerca del cultivo del café resulta poco significativo al lado de lo que verdaderamente ocurrió con la plantación, casi generalizada, de la caña de azúcar:
A los plantadores españoles de Cuba, que pegaron fuego a los bosques de las laderas de sus comarcas y a quienes sus cenizas sirvieron de magnífico abono para una generación de cafetos altamente rentables, les tenía sin cuidado el que, andando el tiempo, los aguaceros tropicales arrastrasen la capa vegetal de la tierra, ahora falta de protección, dejando la roca pelada.
Aquel proceso de deterioro ecológico, que había comenzado a finales del siglo XVIII y que se mantuvo a en el siglo XIX, continuó a lo largo del siglo XX. La revolución triunfante en 1959, en sus inicios quiso poner freno al problema, pero los errores de su propia dinámica económica y social no sólo impidieron una solución a la catástrofe, sino que la agudizaron. En su libro Biofilia, el entomólogo Edward O. Wilson narra la experiencia de un viaje suyo a Cuba, en 1953, durante el cual visitó uno de los bosques remanentes de la antigua vegetación de la Isla, llamado Bosque Blanco. El científico se refiere a lo imprescindible de aquel lugar para el estudio de la población vegetal y animal de la isla, y asegura que después de su viaje había ocurrido lo siguiente:

en un insignificante lapso evolutivo, en el interior del círculo de vida de Fidel Castro (...) se ha desvanecido gran parte de las tierras boscosas y, por lo tanto, una importante fracción de la historia de Cuba. En 1953, durante el juicio a [de] Batista, Fidel Castro declaró que la historia lo absolvería. Yo dudo que eso suceda. El Bosque Blanco ha sido talado 'por el bien del pueblo' (lo cual significa el bienestar durante unas pocas generaciones). Me pregunto cómo valorará algún día el pueblo cubano sitios como ése, que son parte de su herencia nacional. Sí, algún día, cuando los héroes y las revoluciones políticas sean únicamente vagos recuerdos.

---------------------------

Este Amor (un poema de Thelma Delgado)


Imponente, libre, valiente y sutil
Que un día sin permiso cruzó mi umbral
Y vino a mi vida y me hizo temblar
Que vino a mi vida y me hizo vivir.

Paciente, consciente, genuino y gentil
Grandioso, fogoso, travieso, sensual
Divino, gigante, feliz y genial
Así es el amor que yo siento por ti.

Amor que se empeña en hacerme vibrar
Que grita, que calla que sueña y que es
Travieso, inquieto, sonriente y vivaz

Dios quiera y la vida me deje vencer
Mis miedos, temores y pueda mirar
Crecer este amor, junto a ti envejecer.




-----------
Ver
Página de Thelma Delgado en el website del Cultural Council of Palm Beach County

El Arte (desde la perspectiva de Ernesto Sábato. Entrevista 1988)


Thursday, January 23, 2020

"Testamento Espiritual del Card. Jaime Ortega" (Publicado en Palabra Nueva)


Transcripción íntegra del manuscrito del Cardenal Jaime Ortega Alamino.




--------------

Leer en Palabra Nueva "Contextualización previa del texto", por Dr.  Dr. Nelson O. Crespo Roque, custodio del manuscrito original.

----------------
Del espíritu, del centro del alma, son realidades líricas y místicas (muy cerca unas de las otras) brotan de allí (del espíritu, del centro del alma), en la región preconceptual o supraconceptual del espíritu.

Descubrimiento de Jesús en su pasión y al mismo tiempo descubrimiento de mí mismo en lectura rápida (de un golpe) de mi vida quedaba rescatada de la nada del absurdo, de la inconformidad, del miedo, todo de un golpe, sin palabras, produciendo Luz que lo iluminaba todo de golpe, y alegría de tener una explicación sin palabras y de haberme descubierto a mí mismo.

En Jesucristo me contemplé a mí mismo y nada de aquello es explicable ni variable, aunque lo haya intentado muchas veces. Fue la Palabra eterna que me “habló” sin palabras y me dejó sin palabras para comunicarlo a otros. Había encontrado a Jesús-Dios y me había encontrado a mí mismo. De ahí comienza la historia de mi vida. Estaba muy cerca de los 15 años de edad. Bautizado a los 5 años no frecuentaba la Iglesia. Con siete u ocho años de edad acudí varias veces a una catequesis en una parroquia salesiana, la encontré aburrida, el lenguaje “infantil” que usaba el sacerdote en un día de Reyes en que había fiesta y distribuía regalos me pareció falso. Me fui. Nunca más volví.

A los 12 o 13 años fui al Santo Entierro el Viernes Santo. Solo miraba. Me había enseñado las oraciones una tía-abuela y las preguntas-respuestas de memoria del Catecismo de “Pío X”. Me lo sabía todo con el automatismo de la memoria, como las tablas de multiplicar, pero no rezaba nunca, el cuadro del Sagrado Corazón de la sala de mi casa era un adorno más, típico de todas las casas de Cuba. Yo sentía la religión como algo muy distante de mí. Todo el mundo decía que creía en Dios y yo también. Pero Dios, la fe, la religión, estaban fuera del horizonte de mi vida.

A los trece-catorce años, sin embargo, experimenté que me abría al mundo y que todo me era inexplicable, el vivir, el morir, el escoger una carrera, las fiestas, todo me resultaba ajeno, extraño; después del encuentro con Cristo comprendí el sentido de aquella crisis existencial. Es algo desafiante para un ser inteligente vivir sin Dios.

Mis amigos del Preuniversitario, con quienes jugaba al volleyball, eran católicos. Me invitaban a ir a actividades de tipo cultural-religioso en el local social de la Juventud de Acción Católica, por ejemplo, a un Cine-Club, a una conferencia. Jamás asistí, nunca había entrado en aquella Casa que veía todos los días frente al Instituto al entrar y salir de la escuela.

Después de aquel “encuentro” redescubrí también de un golpe a mis amigos “como católicos” y, sin ninguna invitación especial para ninguna actividad cultural, me presenté allí una noche, sintiéndome extrañamente parte de aquel grupo. Me preguntaron si había hecho la Primera Comunión y les dije que no, que solo estaba bautizado. Me dijeron: “tienes que prepararte”, me explicaron que llevaría un tiempo, que tenía que saber lo que era la Confesión, etc. Me mostré disponible.

Algunos días después, al salir del Instituto, dos o tres de mis “nuevos amigos católicos” me dijeron: “¿No tienes impuesto el escapulario de la Virgen del Carmen?” Les dije que no ¿y qué cosa era eso? Ellos se abrieron la camisa y me mostraron el escapulario. Se lo había visto a algunas personas, y me dijeron “¿quieres imponértelo ahora? Así tendrás la protección de la Virgen”. (La Iglesia del Carmen está a una manzana del Instituto). Fuimos, era la primera vez que entraba en esa iglesia frente a la cual pasaba cuatro o cinco veces al día. Pero ahora había allí una Iglesia que era también “nueva” para mí. Algún 16 de julio me había parado en la esquina a ver la procesión de la Virgen y veía a mis amigos con el brazalete de la Juventud de Acción Católica en el brazo izquierdo. Hoy ellos me acompañaban y este era mi pensamiento, mientras esperábamos que el Padre bajara: “Menos mal que la Iglesia da algo sin que haya que prepararse, que aprender doctrina y sin confesarse”.

Me arrodillé en la Sacristía, el Padre bendijo el escapulario y me lo puso. Mis amigos me presentaron a él. Y fue el escapulario de la Virgen del Carmen lo primero que recibí de la Iglesia después del Bautismo. En esa iglesia hice mi Primera Comunión tres meses después. Fue un carmelita mi primer confesor, el Padre Ignacio de la Virgen del Carmen. A esa Iglesia no dejé de ir un domingo a Misa después de mi comunión.

A esa iglesia, unos meses después, empecé a ir a Misa diaria y cada tarde a una visita al Santísimo Sacramento. En esa Iglesia celebré mi Primera Misa. Allí supe de San Elías, de San Simón Stock, de Santa Teresa de Jesús, de San Juan de la Cruz, de Santa Teresita del Niño Jesús, del Niño Jesús de Praga, de la fama de santidad de Sor Isabel de la Trinidad, cuya doctrina espiritual (presentada admirablemente por el Padre Phillipon), me acompañaron desde mi primer año del Seminario, “Laudem Gloriae”.

Fue allí, en el claustro austero del Carmen de Matanzas, adonde me mandó a subir aquella tarde mi director espiritual, el Padre Cristóbal de la Virgen del Carmen, y donde sostuve el diálogo con aquel hombre de Dios, que me decidió a ser sacerdote.

“Padre, yo me siento llamado a la vida religiosa y quisiera ser Hermano de La Salle”. Los hermanos trabajaban con los jóvenes. No tenían escuela en Matanzas, pero venían como animadores de Juventudes Católicas a Matanzas. Varios miembros del grupo al que pertenecía habían entrado en años anteriores en la Congregación.

Con el mentón apoyado en su bastón, el Padre Cristóbal me dijo:

– ¿Quién le dijo a usted que tiene vocación de hermano? No, usted no es para ser hermano. ¿Usted sabe la alegría que le daría al obispo si usted va y le dice que quiere ser sacerdote?

– Padre, pero a mí me gusta enseñar, ser maestro.

– Eso es lo que hace falta: sacerdotes que sean maestros, que enseñen al pueblo y no hagan piezas oratorias.

– Padre, pero el trabajo con la juventud me gusta…

– Eso es lo que hace falta: sacerdotes que trabajen con la Juventud y la atraigan a la Fe.

– Padre, pero la soledad… (Tenía el testimonio de sacerdotes viviendo en una barbadilla encima de la Sacristía, pues visitaba pueblos distintos como miembro de Acción Católica).

– Solo está, quien quiere estar solo, sentenció el Padre.

Lapidarias, cortas, vibrantes de realismo, con eclesialidad transparente, fueron sus respuestas. Y me dijo que lo pensara. Le prometí que lo haría. Un mes, o menos, después pasé a verlo para decirle que iba hacia el Obispado a hablar con mi Obispo.

El Carmelo Teresiano, después de la luz cegadora del primer encuentro, ha sido mi lazarillo. Y ahora aquí, en la huerta de San Juan de la Cruz, junto a la Fortaleza del Alcázar, el muro gris y la naturaleza hermosa de abril, donde el Esposo al pasar dejó su sello, pienso que seguirá siendo mi Lazarillo, porque es de noche, y debo prepararme (esta vez pronto y necesariamente) para abrir los ojos a la llama eterna. Entonces ya no ciego, así como la primera vez, como a Pablo, sino que se hará día sin ocaso.

A San Juan de la Cruz encomiendo este último tramo de mi vida. Tengo tanto que dejar, Dios me ha dado tanto, quizás por mi fragilidad el Señor ha tenido una Providencia de gracias continuas a través de mi vida. Mi madre me decía, “tú tienes suerte, todo te sale bien”. Aún en cosas menores, en pequeños proyectos o en obras grandes siempre la mano de Dios está ahí. He aprendido a verla. A veces los que me rodean se admiran de cómo “salen las cosas”. Y me da miedo pensar en el dolor, en el sufrir.

Por otra parte, si pudiera pensar objetivamente sobre mí mismo, como mirando mi interior desde fuera, he sufrido mucho, sufrimientos íntimos, existenciales. Un hombre mayor, cuya carta conservo, siendo yo joven Arzobispo, le escribió a la Superiora religiosa de las Hermanas del Amor de Dios que me acompañaron como Arzobispo de La Habana. Yo puedo haber tenido entonces alrededor de 50 años, él quizás 80, y hacía como un estudio entusiasta sobre mi persona, de mi ministerio, de mi predicación, del amor que, según él, los fieles sentían por mí y de la admiración de ellos hacia mi persona.

Y hace esta reflexión: “es un hombre que tendría que sentirse feliz, pero no lo es, cuando bendice al salir de la Misa tiene siempre una sonrisa triste que me indica -decía él- que no es plenamente feliz”. La Hermana me trajo la carta. Yo hice un comentario banal, pero estaba impactado, pues su frase textual era: “hay algo internamente en él que no lo hace feliz”. Me recordó a una prima mía, sobrina de mi madre, de mi misma edad, que siendo ambos adolescentes, al llegar yo me dijo: “¿qué pasó que no viniste el día de mi cumpleaños? Yo dije -agregó ella- falta aquí la sonrisita tristona de Jaime”.

Sí, la fe me levantó por encima de esos sufrimientos interiores y el Señor ha querido compensar con detalles continuos y delicados lo que pudiera ser doloroso, de tal modo que me ha hecho sentir que nada he sufrido a la luz de su pasión, que nada he compartido de ella. Cuando me hablan de los meses que pasé en trabajos forzados, de las penurias de alimentación, transporte y vestido, de los años difíciles de trabajo pastoral en parroquias del campo, nada de eso me parece extraordinario y me da temor que no esté ni remotamente unido a la pasión del Señor. Así está mi alma que pongo bajo la guía de San Juan de la Cruz.

Siempre me ha estremecido leer sus súplicas al Señor para que le dé sufrimientos, incluso sufrimientos espirituales como desprecios, calumnias, ofensas, etc.

Y recuerdo casi cotidianamente a un obispo auxiliar piadoso y bueno, de alma grande. Lo ordené sacerdote y lo ordené obispo. Fue auxiliar de mi diócesis. Me decía siempre, al llegar el tiempo de Cuaresma: “Yo nunca rezo ese himno de Vísperas que dice al Señor: ‘Yo no busco coronas de gloria… Si me das corona, dámela de espinas’”.

Y añadía: “lo más que yo llego a decirle al Señor es: ¡Que yo pueda aceptar los sufrimientos que vengan!”.

Murió con 54 años, fue una operación de cáncer de colon que hubo que realizar con presteza, pues no se había manifestado. Llegué del extranjero y fui a su lecho de muerte en el hospital. Fui una de las últimas personas que lo vio y habló con él. Solo fueron unas palabras. Le dije: “ofrécelo todo por la Iglesia”. Con una sonrisa plena y haciendo un gesto con la mano no comprometida por el suero, me dijo clara y lentamente: “lo he ofrecido todo”.

Creo que él fue un alma escogida y hasta eso aspiraba y pudo llegar.

Pido a San Juan de la Cruz que al menos yo pueda llegar hasta eso, para que “mi sonrisa triste” llegue a ser radiante en la contemplación eterna del Esposo.

Y, sin embargo, estoy lleno de proyectos, siempre he sido así y pensaba que mi retiro sería como el del Papa Benedicto y eso me entristecía, yo “todavía”, pensaba a mis adentros, no he llegado a esa capacidad de orar por la Iglesia y dejar otro todo proyecto, pienso en otros santos, San Juan Bosco, o en sacerdotes que entre nosotros (uno tiene 96 años) siguen activos. Todo esto lo he estado viviendo con inquietud.

Pienso que el camino final hacia la Luz es distinto para todos. Recuerdo la Novena Sinfonía de Beethoven, ya sin oído, al final de su vida la compuso. Me preocupa interferir, ser sombra de mi sucesor. Me dicen que no, antiguos colaboradores, que lo estoy haciendo bien. Pero las referencias del Cuerpo Diplomático y aún del gobierno son a mi persona. El Santo Padre me dijo: “Jaime, haz todo lo que puedas, pero descansa también”. Atiendo una parroquia popular, pequeña, pobre, lo hago con mucho gusto.

Se está creando una Fundación que lleva mi nombre “Cardenal Jaime Ortega”, pues por razones legales y prácticas convenía que fuera así y soy el Primer presidente de esa Fundación. Pero todo lo que se emprende a mi edad tiene el sello de la precariedad. ¿Cuánto puedo durar, cómo se mantendrá mi salud? El temor de “perder la mente” me acucia más que el de la muerte.

Busco ese camino de necesaria preparación y ofrenda para ir al Señor y, sin embargo, implicado en varios proyectos, pienso al mismo tiempo que este ha sido el estilo de mi vida donde Dios ha mostrado su Providencia bienhechora continuamente ¿querrá que lo siga en este nuevo ritmo que impone mi condición actual? Pero este andar tiene que disminuir forzosamente. ¿Me faltará aceptación? ¿Sabré descubrir los signos del Señor? ¿Tendré la entereza de aceptar, no el retiro de la Arquidiócesis, que gracias a Dios pude aceptar, sino la modificación de mi camino existencial para proyectarme más serenamente hacia mi fin último, o mantener la tónica del quehacer, como hacen tantos ancianos, no teniendo en cuenta la precariedad y estando como disponibles al momento de Dios?

Quisiera estos días de oración me dieran luz en este Camino.

En manos de la Virgen Madre de Dios, y con la intercesión y acompañamiento de San Juan de la Cruz, pongo todas mis búsquedas, porque al mismo tiempo tengo conciencia desde el momento de mi retiro, hace un año, que estas “actividades” pueden ser como un llenarme con el “divertimento” para ir pasando así hasta morir, y no deseo que sea así. He de reorientarlo todo para ir hacia la Luz. Ese era el fin de estos días (retiro) y creo me está ayudando a hacerlo. Desde el primer momento comprendí que “es cuestión de amor” y sentí algo como desolación al atardecer del primer día por “no saber amar”, por no haber aceptado siempre el papel central del amor en la vida espiritual, quizás por falta de “entrenamiento” en las relaciones interpersonales como niño y como adolescente, también por el guía espiritual de la Acción Católica, en lo que es querer a los demás.

Siempre fui “demasiado” querido y no era portado a querer a los demás, y cuando lo he hecho ha sido con amor posesivo. Esto me dañó y puede ser la causa (así lo creo) de mi sonrisa triste.

Esta es la historia (la historia del alma). Lo otro, sacerdote párroco, empezando como vicario cooperador a los 27 años, 8 meses en un campo de trabajo, tiempos breves en parroquias diversas en el campo durante 5 años, 9 años párroco de la Catedral de mi Diócesis, obispo a los 42 años en Pinar del Río, Arzobispo de la Habana a los 45 años, Cardenal de la Iglesia a los 58 años, retirado a los 80.

Esa es la historia llena de elogios de algunos y de críticas amargas de otros. En esa historia Cristo Jesús se me fue mostrando particularmente bueno y misericordioso. Me ha ayudado a llevar la Cruz de críticas, ataques amargos e incomprensiones de mis hermanos cubanos que viven en el exterior. De los fieles en Cuba he sentido cercanía, afecto, admiración, gratitud. Esto compensa los sufrimientos anteriormente dichos, pero aun así son muy tristes y duros de soportar, pues pienso en la Iglesia que se ve impugnada, aún en el Santo Padre. Cada visita de un Papa a Cuba, ha sido ocasión para atacarlo. Estos sufrimientos y los consuelos en el desarrollo de mi ministerio no constituyen el eje de mi reflexión. Son solo recuerdos malos y buenos.

La historia de lo hondo del alma, donde se encuentra Dios, es la que me ha conducido hasta aquí. Los recuerdos de mi vida pastoral buenos y malos, más bien han sido estorbos. Al pasar por el corredor (el claustro) vi la revista ORAR con Santa Isabel de la Trinidad y la frase de Jesús a Zaqueo: “Baja, que hoy voy a hospedarme en tu casa” me indicó el camino de la mano de mi querida Sor Isabel: ¿hasta dónde debo bajar? Hasta lo hondo del corazón, a lo profundo de mi interioridad: allí “encontré” a Dios, porque allí está.

Y es allí donde quisiera instalarme, inamovible, buscando el modo de pasar ciertos compromisos “post-retiro” episcopal a otros y llevando mi ministerio, atendiendo una pequeña parroquia “desde ese centro de amor vivo”, con proyectos sencillos de evangelización y sembrando amor, de modo que eso enriquezca (como noto lo está haciendo ya) mi corazón sacerdotal, porque los pobres, los enfermos, nos evangelizan, nos hablan “de ese amor” del cual es cuestión en el camino hacia la Luz. Este reencontrar mi sacerdocio en su sencillez y grandeza original sí contribuye a que baje a lo profundo de mí mismo.

Porque ahí está el don del carácter sacerdotal que es ya inseparable en mí yo interior. Ahora no soy el muchacho de 15 años que se vio en Cristo, ahora tengo que verme en Cristo sacerdote eterno. La mesa de mi casa interior adonde debo bajar es la mesa eucarística. En ella tengo que alimentarme para enfrentar y vencer elogios futuros inmediatos y críticas subsiguientes.

“Porque tú preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos”. Y son enemigos por igual del alma los elogios y las críticas. Que estas sombras no empañen la luz de estos días. San Juan de la Cruz, ruega por mí. No dejes me enrede en mis defectos, pecados, o molestias sicológicas.

Hoy es el domingo de la Misericordia, y el mismo Jesús que me salió al paso doliente, digno, revelándome al hombre que Dios quiere de cada hombre y levantándome de mi postración me llenó de alegría, viene hoy después de tantos años de camino y transfigurado, resucitado, me dice: “Mira, mis llagas te han sanado una y otra vez, he estado junto a ti durante estos largos años. Yo soy la razón de tu perseverancia, yo nunca abandono la obra de mis manos. No es que tú seas amable, soy yo el que ama siempre y comprende y sostiene con el triunfo pascual de la Misericordia, soy yo quien te hace amable”.

Gracias Jesús mío, mi roca, mi alcázar, mi liberador, el refugio donde me pongo a salvo. “Recuerda el retiro anterior: tú no eres el centro, es Jesús, no mires hacia ti, sino hacia Él. Mira que puedes bajar a lo profundo de ti solo para buscarlo a Él que está allí”. Gracias, San Juan de la Cruz, por esta precisión pacificadora. Lo abismal no es nuestra miseria, lo abismal es Dios que nos hace criatura nueva.

“PAZ a vosotros” es tu Palabra hoy, segundo domingo de Pascua. Dame tu Paz, Señor.


---------------------
Ver en el blog  El Card. Jaime Ortega ha fallecido

Cubanoamericano nuevo arzobispo of the Archdiocese of Philadelphia


Pope Francis announced Thursday that the bishop of Cleveland, Nelson Perez, will be the next head of the Roman Catholic Archdiocese of Philadelphia, making him the first Hispanic archbishop to lead the region’s 1.3 million-member flock.

Born in Miami, raised in New Jersey and ordained at St. Charles Borromeo Seminary in Wynnewood, Perez, 58, served as a parish priest for more than two decades in West Chester and the Olney and Lawncrest sections of Philadelphia before being elevated to the hierarchy as an auxiliary bishop in Long Island, N.Y., in 2012. (Read full text at The Inquirer)





---------------------------------
Nelson J. Perez was born in Miami, Florida, on June 16, 1961 to David and Emma Perez and is the brother of the late Dr. David Perez and Louis Martin Perez. He was raised in West New York, NJ. Bishop Perez earned a Bachelor of Arts Degree in Psychology from Montclair State University in 1983. He taught at Colegio la Piedad, a Catholic elementary school in Puerto Rico, prior to entering Saint Charles Borromeo Seminary in Philadelphia, where he earned Master of Divinity and Master of Arts in Theology degrees in 1988 and 1989, respectively.

Bishop Perez’s first assignment after ordination to the priesthood was as parochial vicar of Saint Ambrose Parish, Philadelphia (1989-1993). He also served as assistant director of the Office for Hispanic Catholics (1990-1993), founding director of the Catholic Institute for Evangelization (1993-2002), Pastor of Saint William Parish, Philadelphia (2002-2009), and Pastor of Saint Agnes Parish, West Chester, PA (2009-2012).

His work in education included teaching courses in psychology and religious studies at LaSalle University, Philadelphia (1994-2008). Bishop Perez also taught Developmental Psychology at Saint Charles Borromeo Seminary (Fall, 2011), in the Archdiocese of Philadelphia. In 1998, he was named Chaplain to His Holiness, Pope John Paul II, with the title of Monsignor. In 2009, he was named a Prelate of Honor by Pope Benedict XVI.

Pope Benedict XVI appointed Reverend Monsignor Nelson J. Perez Auxiliary Bishop of the Diocese of Rockville Centre in New York on June 8, 2012. He was ordained a bishop on July 25, 2012 in Saint Agnes Cathedral, Rockville Centre, NY by Bishop William F. Murphy.

As Auxiliary Bishop of the Diocese of Rockville Centre, NY, Bishop Perez served as Episcopal Vicar for the Eastern Vicariate, representing the Diocesan Ordinary and overseeing sixty-six parishes. He served as the Episcopal Vicar for Hispanic Ministry, overseeing fifty-four parishes with pastoral ministry to Hispanics; Formation Programs, and Ecclesial Movements.

In addition, Bishop Perez served as a member of the Diocese of Rockville Centre’s Priest Personnel Board, Presbyteral Council, corporate member of Catholic Health Services; vice-chair of Catholic Charities Board of Directors and member of its Executive and Governance Committees, member of the Diocesan Pastoral Council, chair of the Diocesan V Encuentro Planning Committee, chair of the Diocesan Advisory Committee for Hispanic Ministry, and was formerly a member of the Diocese’s TeleCare TV Board.

As a part of the United States Conference of Catholic Bishops, Bishop Perez serves as Chair of the Bishops’ Committee on Cultural Diversity in the Church, a member of the Administrative Committee of the USCCB, and a member of the Bishops’ Committee of Religious Liberty. He is former Chair of the Bishop’s Sub-Committee for Hispanic Affairs and former member of the Bishop’s Sub-Committee for the Campaign for Human Development.

He speaks English and Spanish.

(Vatican News)

Calles y callejones de Camagüey: Callejón del Astillero, Aurelia Castillo (por Marcos A. Tamames-Henderson)

Nota del blog: Cada jueves se publica en el blog, gracias a la cortesía de Marcos Antonio Tamames-Henderson, una selección de su libro Calles y callejones de Camagüey. Entre la leyenda y la historia. 


Nace en San Ramón y una vez que recibe el callejón de Masvidal cruza de la Carnicería o Contaduría, para culminar luego en San Miguel. Su anchura y rectitud debían inscribirla en la categoría de calle, mas el hecho de tener cierre en sus extremos le otorgaron el calificativo de callejón.

Lasqueti apunta en 1888 que se desconoce el origen de su nombre. ¿Del Astillero está vinculado a la presencia de un establecimiento en el que se almacena y trabaja la madera con fines a la reparación de embarcaciones de poco calado? ¿O se trataba tan solo de un espacio destinado al corte de leña? Es válido recordar que Puerto Príncipe es una ciudad mediterránea cuyos vínculos con el mar son insospechados y que en 1861, además de una imprenta y la morada de un agrimensor, se ubica en él una carpintería. ¿Acaso entre sus primeros vecinos se distinguió uno oriundo de El Astillero, municipio de Cantabria? 

Un primer intento en el cambio de nombre aparece en el seno del Ayuntamiento el 13 de febrero de 1919, cuando Juan García Borroso, vecino de Padre Valencia no. 4, propone nombrarla Manuel Ramón Silva tan sólida cree su propuesta que como argumento plantea: “Estimo no tener necesidad de hacer mención de los méritos del Dr. Silva para justificar este homenaje que se hace a su memoria y creo firmemente la corporación acuerde y no tendrá reparo en tomar dicho acuerdo”. Pero la sugerencia se deniega y en su lugar se elige un eje de mayor jerarquía para rendir homenaje al pedagogo y constituyentista.

Un segundo intento arriba un mes después, el 12 de marzo de 1919, mediante carta de Ramón Antonio Cisneros Zayas, quien a nombre propio y de algunos vecinos, solicita los cambios para las calles del Carmen, Nuestra Señora del Loreto o del Hospital, Jesús María y del Astillero. Sugiere para esta última el nombre de Rafael Arce en memoria del patriota “fusilado en la época triste del mando del feroz Brigadier Ampudia, por asuntos políticos”; pero analizado el asunto en sesión del día 21 no se tomó acuerdo sobre el tema. 

El tercer y definitivo intento se presenta a través de una carta de Gaspar Álvarez fechada en agosto de 1920, bajo el argumento de honrar la memoria de la recientemente fallecida Sra. Aurelia Castillo de González, insigne mujer camagüeyana que con su preclaro talento y excepcionales dotes ilustró las letras americanas y cantó con lenguaje sentido las glorias de nuestra amada tierra. 

Ante el continuo rebautizar de calles se recomienda en esta ocasión verificar si del Astillero no cuenta ya con un nuevo nombre, lo que da fe de la distancia entre el acto de nombrar y el afianzamiento en la memoria colectiva del nuevo nombre. El 3 de septiembre del mismo año se aprueba la colocación de Aurelia Castillo en el seno de la municipalidad y el 15 es firmado por el alcalde Boza. El 10 de septiembre Gonzalo Aróstegui del Castillo, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes de La Habana, agradece al Ayuntamiento camagüeyano tan noble homenaje.

Aurelia Castillo y Castillo (Puerto Príncipe 1842-1920) pasaría a ser un referente urbano y, al mismo tiempo un texto cultural desde el cual recordar a la escritora y poetisa cubana que perfeccionó sus estudios bajo la dirección del licenciado Fernando Betancourt, a la autora del soneto En la muerte del Lugareño, escrito el 7 de diciembre de 1866. Una cubana que expatriada en 1896 vivió en Santa Cruz de Tenerife y en Barcelona. La síntesis biográfica entregada por Gladys Cuenca Heró para El Camagüey Legendario la muestra heredera de una tradición local al apuntar: “Fue Aurelia Castillo una mujer de gran cultura, de delicada belleza física y de un alto sentido moral que quizás lo debió a la influencia de sus padres don Pedro Castillo Betancourt y doña Ana Castillo Castillo, como lo expresó ella misma en sus escritos”. 

Muy a pesar de los estudios realizados sobre la autora de Fábulas de Aurelia, Cuentos de Aurelia o Ignacio Agramonte en la vida privada, de las publicaciones en torno a su feminidad y postura ante el feminismo, permanece en este eje el nombre de Astillero y en su integridad forma parte del área PCH. 

--------------------------------------
Marcos Antonio Tamames-Henderson (Jamaica, Guantánamo, 1961). Lic. Historia del Arte (1997), MSc. en Historia del Arte y en Conservación y Rehabilitación de Centros Históricos (2007). Miembro de la Uneac, Unaic, Unhic. La Editorial Ácana ha publicado sus libros De la Plaza de Armas al Parque Agramonte. Iconografía, símbolos y significados (2001, 2da ed. 2003); Tras las huellas del patrimonio (2004); La ciudad como texto cultural. Camagüey 1514-1837 (2005); Una ciudad en el laberinto de la ilustración (2009) y La cofradía de los signos urbanos (2012). Premio Especial Roberto Balmaceda (Uneac, 2002), Juan Marinello (2006), Juan Torres Lasqueti (2005, 2010, 2011 y 2012), Ensayo Histórico Enfoque (2007), Crítica Histórica José Luciano Franco (2005), Publicaciones, teoría y crítica en el V Salón de Arquitectura (2005) y Jorge Enrique Mendoza (2004), entre otros.

¿Es posible definir el arte?

La tradición clásica (Aristóteles, Tomás de Aquino, solo por poner algunos nombres) nos ofrece una definición real de ars, según género y diferencia: ars est recta ratio factibilium, es decir, el arte es la razón correcta de las cosas que se hacen. Por tanto el género es la “recta ratio”, y la especie se diferencia con la referencia a los “factibilia”, a las cosas que se hacen, se producen. El arte se coloca así entre las virtudes dianoéticas, es decir, entre las perfecciones del alma racional; además, está estrechamente conectada con el conocimiento y con la fabricación de objetos; podríamos decir que el arte es un “saber hacer”. Se trata de una definición amplia, que contiene todas las modalidades del “saber hacer”: desde hacer mesas a escribir poesías, desde pintar a cocinar, con tal de que estén bien hechos, con recta ratio. (ver texto completo de ¿Es posible definir el arte? por Rodolfo Papa, en Zenit)

Murga Uruguay


Wednesday, January 22, 2020

Francisco Alejandro (Francois) Agramonte y Zayas, el primo mártir del Mayor (por Carlos A. Peón-Casas)


Las hazañas de este joven mártir son poco o casi nada conocidas entre los camagüeyanos. Ni los más añosos y bien enterados han podido darme referencias de su impronta en los anales que referencian la Guerra Grande, muchas veces ninguneados, con o sin manifiesta intención por los historiadores de este minuto.

Nacido en Santiago de Cuba, era hijo de Don Francisco Agramonte, abogado principeño afincado en aquellas tierras orientales, de quien el propio Martí sabría pronunciar frases laudatorias, con motivo de su fallecimiento, por su eminente participación en los hechos revolucionarios agenciados por la emigración cubana en Nueva York, donde fallecería, decía así el Apóstol:
Acaba de morir ya muy anciano, el abogado principeño que iba todos los días, a eso de las diez, a ver, lleno el de canas al joven que no quería generales pudridores en los negocios de su tierra. Patria recuerda agradecida a Don Francisco Agramonte(1)
Con sólo nueve años, el niño Francisco Alejandro era enviado por su padre a Francia, para proporcionarle la mejor instrucción posible. Ya con trece años, volvió a reunirse con su familia, por entonces residentes en Barcelona. Completaría luego su formación en Alemania. Justo después volvería reunirse con su familia esta vez afincada en Nueva York, que prestaba ya sus mejores esfuerzos a los preparativos de la asonada independentista de 1868.

Alejado de su amada patria desde los nueve años, conseguiría su más caro anhelo de regresar a Cuba enrolándose en cinco expediciones, cuatro de ellas fallidas. A las tierras cubanas logró llegar finalmente con el Mayor General Eduardo Álvarez de quien fungiera como ayudante.

Luego del desembarco, cayó prisionero de los españoles en el combate de Jarico, junto al antiguo catedrático del Instituto de Camagüey, Don Eladio Fernández, y al teniente Agüero. Juzgado sumariamente fue condenado a muerte, aunque según acota Agramonte en su artículo ya citado:
las cualidades excepcionales que adornaban al prisionero de veinte años de edad, su esmerada educación en centros europeos, lo infrangible de su amor patrio y su ejecutoria de soldado abnegado e irreductible, llamaron poderosamente la atención de la Oficialidad española y ofrecieron conservarle la vida solo a cambio de dar su palabra de honor de de no empuñar de nuevo las armas contra España. Tal promesa de fidelidad la rehusó con incomparable altivez…(2)
Tal y como lo recogieron su tres últimas cartas de despedida a sus padre, su máxima aspiración hubiera sido haber combatido al lado de su primo el Bayardo. Su muerte, por fusilamiento, acaecida coincidentemente en el Fuerte de Jimaguayú, ocurría el 25 de diciembre de 1870.



-------------------------------------------------------
En Francois, Martir de Jimaguayú por Roberto Agramonte. Bohemia. Año 42. No. 21. La Habana. Mayo 21 de 1950. p.74
Ibíd. p. 207

Tuesday, January 21, 2020

"Cuando el amor te llame síguelo", nuevo libro de Cecilia Alegría, La Dra. Amor. Prólogo de Ismael Cala

Nota del blog: Espacio semanal de Cecilia Alegría, La Dra. Amor, dedicado al amor de pareja.

Para adquirir en Amazon
-----------------


Prólogo

Desde hace varios años me acompaña un mantra en cada una de mis experiencias televisivas o en otros eventos: "Dios es amor, hágase el milagro". No se trata de una frase vacía o de un cumplido, sino de un llamado directo a mi propio corazón.

La frase contiene tres términos en los que mi querida amiga, Cecilia Alegría, la Dra. Amor, es una experta: Dios, amor y milagro. Entonces, la conexión con las ideas expresadas en este libro es casi instantánea. No es necesario estar de acuerdo al 100% con todas para disfrutar su mensaje emocional, que es de edificación, comprensión, respeto y tolerancia.

Cuando el amor te llame, ¡síguelo! 70 Revelaciones sobre el amor y el desamor, presenta un formato agradable, muy fácil de leer y entender. No seré yo quien rompa su estilo con un prólogo más extenso de lo que indica el sentido común.

Con estas palabras honro a la amiga, a la escritora, a la consejera, a la madre total que es Cecilia Alegría. A través de mensajes breves y frases, este libro aborda temas siempre actuales sobre el amor y las relaciones de pareja: la escucha compasiva, la comprensión, el perdón, la risa, la gente tóxica, la aceptación del otro, la gratitud, la fidelidad y la suerte, entre muchos otros.

Termino con una de las frases de la Dra. Amor, que resume perfectamente mi manera de pensar y actuar: "Dios no bendice con el cambio a quien siempre tiene una excusa para no cambiar".


Ismael Cala
Comunicador, autor y estratega de vida y negocios.


-----------------------------------------
Para adquirir en Amazon
-----------------

 Cuando el amor te llame, síguelo
Onceavo libro de La Dra. Amor 
para el mes del amor

Acaba de aparecer en Amazon la versión a todo color deonceavo libro Cuando el amor te llame, síguelo, 70 revelaciones sobre el amor y el desamor, que resulta un excelente tema de conversación para el Día de San Valentín que se avecina.

Contiene bellas fotos inspiradoras y una colección de 70 pensamientos que se pueden leer uno por día, todos de una sola vez o al ritmo que el lector prefiera. Una obra muy estética, tanto en su formato como en su contenido, ideal para meditar y crecer en el conocimiento y la práctica del amor, dirigida tanto a casados como a solteros.

La presentación oficial del libro se llevará a cabo el jueves 13 de febrero en Books&Books de Coral Gables. La maestra de ceremonias del evento será la famosa motivadora María Marín y el prólogo ha sido escrito por el reconocido estratega de vida Ismael Cala.

“Honro a la amiga, a la escritora, a la consejera, a la madre total que es Cecilia Alegría. A través de mensajes breves y frases, este libro aborda temas siempre actuales sobre el amor y las relaciones de pareja: la escucha compasiva, la comprensión, el perdón, la risa, la gente tóxica, la aceptación del otro, la gratitud, la fidelidad y la suerte, entre muchos otros.” (Ismael Cala)

Este amoroso libro aborda un tema sobre el que todo el mundo habla, pero muy pocos dominan. Y la Dra. Amor tiene autoridad suficiente para iluminarnos el camino.


---------------------------------------------
Cecilia Alegría, La Dra. Amor (www.ladoctoraamor.com): Consejera de Parejas, Love and Life Coach, Conferencista Internacional, Periodista y Conductora de Radio y TV. Destaca en los Medios Latinos en Miami dando consejos sobre cómo triunfar en el terreno amoroso y ayudando a miles de parejas a resolver sus problemas. Forma parte del grupo fundador de profesores del programa Universidad de la Familia.

Ha publicado diez libros entre los que se encuentran: Comunicación Afectiva=Comunicación Afectiva (Espasa Calpe, España, 2000). 120 preguntas y respuestas para ser mejores personas (Editorial Norma, Colombia, 2004), No hay amor más grande (Editorial Aragón, USA, 2012), Amando un Día a la Vez (Ediciones Varona, U.S.A. 2015), Al rescate de tu comunicación de pareja (Ediciones Varona, USA 2017), Sexo Sagrado y Lazos del Alma (Indie Publishingnbsp, 2018), Alessia (Book Master Corp. 2019) 



De los inicios del Camagüey


En aquellos tiempos que esta ciudad era una villa de doce á catorce mil habitantes, conocida más comunmente [sic] con el nombre de Camagüey, [...] que entre sus principales familias se contaban la de Orellana, la de Cabrera, la de Montalvan, la de Sifonte, la de Machicao, la de Figueroa (procedente esta del ilustre Vasco Porcayo de Figueroa, yerno del Cacique del país) y otras, de algunas de las cuales, apenas ha quedado uno que otro descendiente poco conocido: que á nadie se trataba de don; escepto tal cual eclesiástico, ó empleado de alta categoría: que todas las casas, ó casi todas eran bajas, y muchas de ellas de paja y embarro, con unos patios inmensos descubiertos ó acotados, por la mayor parte, con cerca de jequí, de guano ó de cualquier otra madera: que no había más quince ó veinte carruajes llamados calesas, muy pesadas, con un postigo atras y otro á cada lado con sus cortinillas, y algunas de ellas con dos pilares delanteros, dándole al carruaje apariencia de andas de santo: que los hombres ricos usaban á todas horas capa de paño azul ó de grana, con un galón ancho de oro en la muceta, ó bien de lamparilla sin galón: que cuando asistían a un acto solemne, además del calzón corto con bragueta y las medias que ordinariamente usaban hasta dentro de casa, vestían casaca con mangas anchas y faldas largas con entretela de petate, chaleco con faldas, camisas con vuelos anchos en la pechera y bocamangas por lo regular de punta fina, ó de Flandes, corbata estrecha y angosta, sombrero negro de pelo de tres picos, zapatos de paño ó de polvillo con hebillas grandes de metal ó de piedras que hiciesen juego con las charreteras de los calzones, la cabeza empolvada con harina, y espadín pendiente de la cintura: que cuando salían á la calle de noche era con su espada de cinco cuartas, envainada ó desenvainada, bajo del brazo: que la mitad delantera de la cabeza se la pelaban, lo que llamaban cepillo, recogiendo el pelo que quedaba atras dentro de una bolsa de tafetán negro, que figuraba la pala de una tarabilla de torcer rabo, denominado caramba, dejando a los lados lo suficiente para los bucles que caían encañutados en dos órdenes, á veces, sobre las orejas: que las mujeres vestían saya, fustán dentro de casa, en la iglesia y en las visitas de confianza, y cuando iban á alguna función añadían el tontillo y el corpiño, con manga ajustada hasta el codo, calzando zapatos con hevillas, lo mismo que las de los hombres, y con palillos de dos o más pulgadas de alto, y llevando la cabeza bien empolvada, con el pelo echado todo atras formando una especie de castaña sujeta con un espadilla de metal: que no se conocían otros instrumentos músicos que el violín, el violón, el harpa, la guitarra, la flauta y las trompetas; ni otros juegos de carteo que la malilla abarrotada, el rey, la zampa, la brisca, el tuti y el toro; ni de envite sino la primera, la treinta y una, el truquiflor y los dados: que los muchachos y aun los hombres casaderos jugaban en la calle á las bolas y á los mates: que en un departamento de la gallería se jugaba truco: que los escribanos no pasaban de dos, los abogados y médicos de cuatro ó cinco, y los barberos y peluqueros de cinco ó seis: que no había otras autoridades públicas que dos alcaldes ordinarios y dos de la Santa Hermandad, ni mas empleados Idem que el Administrador de Real Hacienda, el de el Correos y un factor de tabacos: que los templos se reducían a tres, las tiendas de ropa á cinco o seis y las tabernas á quince o veinte: que no había mas de un correo al mes: que casi todos los años nos entraba dinero de Méjico: que el papel sellado se usaba poco y poco costaba: y en fin que la abundancia reinaba, á la par que la paz, la tranquilidad y el contento.

Manuel Arteaga: Los antiguos camagüeyanos y el noble espósito. Puerto Príncipe, Imprenta El Fanal, 1861, p.1-5.

Roberto Carlos. Festival San Remo. 1968


Monday, January 20, 2020

Mons. Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal, Venezuela: "Estamos viendo cómo se ha invertido inmensas sumas de dinero para “maquillar” algunos sectores de la ciudad, realizar espectáculos costosísimos y actividades que distan de ser promotores de una verdadera cultura popular"


Al Presbiterio Diocesano, a los fieles católicos que anuncian el Evangelio en el Táchira y a las personas de buena voluntad.

Salud y Paz en el Señor Jesús

En años anteriores, con ocasión de la Festividad de San Sebastián, patrono de la ciudad de San Cristóbal, hemos dado a conocer la preocupación por el carácter mundano de las ferias que se suelen celebrar en su honor. Hemos señalado, con firmeza, cómo la así denominada “feria gigante de América”, por varios motivos y eventos que durante ella se realizan, desdicen del nombre del Santo Patrono de nuestra ciudad capital, a la vez que encierran actos que nada tienen que ver ni con la cultura ni con los valores del Evangelio.

Ya, en el pasado, el III Obispo de San Cristóbal, el recordado Mons. Alejandro Fernández-Feo, decidió trasladar la fecha de la fiesta del Santo Patrono a otro día, precisamente porque dejaba de ser el centro de atención. Se prefería lo mundano a lo espiritual. De nuestra parte, hemos hecho el esfuerzo para darle ese sentido, sin mayores avances concretos.

En medio de la crisis que golpea fuertemente al país, el pasado año sugerimos que no se celebrara por respeto a quienes de verdad estaban sufriendo los embates de la situación. No se escucharon las recomendaciones y la feria terminó realizándose sin que hubiera un aporte significativo a obras en beneficio de los más necesitados.

En este año 2020 sucede lo mismo. Estamos viendo cómo se ha invertido inmensas sumas de dinero para “maquillar” algunos sectores de la ciudad, realizar espectáculos costosísimos y actividades que distan de ser promotores de una verdadera cultura popular. Se habla con desfachatez del “rescate de la feria y de las tradiciones” y que éste sí será mejor que los años anteriores pues se ha conseguido más dinero para ello.

No podemos decir que se trata de “pan y circo”. “Circo” sí, porque está buscando adormecer la conciencia de mucha gente y distraerla con la falacia de considerarla un aporte a la ciudadanía. Pero no se puede mencionar “pan”, ya que no lo hay: no hay el “pan” de una alimentación suficiente, no tenemos el “pan” de los medicamentos ni de la atención de salud, como tampoco se consigue el “pan” de la gasolina, y una prueba de ello son las larguísimas filas de vehículos para “tanquear”. No se consiguen los recursos para los hospitales, ni para el arreglo de las cada día más deterioradas carreteras del Táchira, ni para recoger la basura de nuestras calles, ni para fortalecer la educación de niños, adolescentes y jóvenes… pero sí se consiguen fuertes sumas de dinero para garantizar eventos que enriquecerán a unos pocos y con precios inalcanzables para la mayoría de los conciudadanos. A la vez, se le ha querido dar una connotación político-partidista y se ha roto con la institucionalidad en la organización de la “feria”.

En el marco de esta situación y de la crisis que no se puede ocultar, ante el empobrecimiento creciente de toda la población y de frente al triste panorama de relativismo moral que se percibe en el ambiente, hechas las debidas consultas, hemos tomado la decisión de no celebrar, como en años anteriores, la solemne eucaristía de la fiesta religiosa de San Sebastián. Ese día 20 de enero, cada parroquia de la Diócesis, como está indicado en el calendario litúrgico, celebrará la eucaristía en memoria de San Sebastián de manera sencilla. En la Catedral de San Cristóbal, se celebrará en el horario común, es decir a las 3 00 pm, sin mayor solemnidad externa que la de la fe y la participación en caridad y comunión de los fieles.

La Palabra de Dios nos sirve de fundamento para la decisión que estamos tomando. El Profeta Oseas (citado en varias oportunidades por el Divino Maestro, cf. Mt 9, 10-13; Mt. 12, 1-8) nos enseña claramente lo que Dios pide: “Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”. En estos tiempos cuando faltan alimentos y medicinas, asistencia médica y respeto a la dignidad humana, no podemos ocultar con “ritos y celebraciones esplendorosas” una triste realidad como si nada estuviera aconteciendo en el país. Por eso, el profeta nos hace el llamado a practicar la misericordia, la caridad y la solidaridad, con temor y conocimiento de Dios.

A la vez, San Pablo, al invitarnos a imitar a Cristo (cf. 1 Cor 11,1) nos aconseja celebrar dignamente la eucaristía, sin discriminaciones y atendiendo a fortalecer la comunión en la caridad por lo cual nos recuerda que "hay entre ustedes muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos." (1 Cor. 11, 30). Más aún, según nos enseña el libro de los Hechos de los Apóstoles (2,42-46), los discípulos de Jesús ponían todo en común y lo compartían con los hermanos y nadie pasaba necesidad.

En esta misma línea invitamos a todos los católicos y personas de buena voluntad a dar testimonio de una caridad operante: compartir con los más necesitados, acompañar a los desolados y desesperanzados, alentar a los vacilantes y manifestar “a tiempo y a destiempo” nuestra fraterna solidaridad. No olvidemos que seremos juzgados por el amor, como nos lo dijo el mismo Maestro de Nazaret en la parábola del juicio final: En ese momento el Padre nos dirá que podremos pasar a su reino eterno, si dimos de comer al hambriento; de no hacerlo, correremos el riesgo de ir al lugar de la perdición (cf. Mt 25).

Invitamos a todos los feligreses a acudir el 20 de enero a los templos parroquiales y oratorios públicos para compartir la eucaristía, pidiéndole a Dios, por intercesión de San Sebastián, nos conceda la fuerza para perseverar, la audacia y decisión para seguir edificando su reino de justicia y de paz y proclamar la Palabra, que encierra la única verdad que libera a todo ser humano (cf. Jn 8,32). No podemos cohonestar lo que se pretende seguir haciendo en nombre y en un supuesto homenaje a San Sebastián, quien dio su vida por Jesús, ante las pretensiones hegemónicas y absolutistas del emperador de entonces.

Aprovechamos la ocasión para anunciar la creación de la Rectoría “San Sebastián y San Cristóbal”, en orden a una futura y próxima parroquia para atender la populosa zona noreste de nuestra ciudad; para lo cual se dispone de terrenos propiedad de la Diócesis. Con ello, además de rendir el auténtico culto a los mencionados santos, se podrá brindar una más adecuada atención evangelizadora a la feligresía de ese sector de nuestra ciudad capital del Táchira.

Nos encomendamos a la maternal protección de María del Táchira, nuestra Señora de la Consolación; junto a ella imploramos la intercesión de San Sebastián y San Cristóbal, a la vez que contamos con la única, auténtica y verdadera protección del Táchira, la del Santo Cristo de la Grita.

Con mi afectuosa bendición,

+Mons. Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal.

San Cristóbal, a los 18 días del mes de enero del año 2020.



Prensa CEV
Nota de prensa Diócesis de San Cristóbal. 20 de enero de 2020

Elegía final (un poema de Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de  Félix Luis Viera.  Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog,  en este enlace.  Traducción al italiano de Gordiano Lupi.  



Elegía final


Al fin habrá una tarde triste alguna vez.
Entonces he querido preguntar y sólo el
viento, un viento
de poca monta, me responde,
silbando entre la yerba álgida de enero.
Es que no hay nadie.
Sólo el viento en esa yerba y tu cadáver.

Ese tu increíble cadáver.
Tu cadáver increíblemente cierto.

Bueno, y ahora qué me hago, ahora como
   un espiga vacilante
qué me hago.

Repito que he querido preguntar y no hay
   voces que me escuchen,
solo ese viento enclenque huyendo entre
   la yerba.

Bueno, y ahora con quién llenaré las ho-
   jitas de terneza,
ahora quién mirará por mis ojos más allá
   de donde ellos alcanzan para ver.

O sea, que ya no eres un hombre, sino un
   muerto.
¿Quién me explicará la diferencia? ¿Quién
   me explicará
la distancia que hay entre un hombre y
   un cadáver?

Repito que no hay nadie.
Mejor le tomo el peso a cada lágrima, y
callo.

Mejor, padre, pienso que morir
es como dar un mágico brinquito, irse
cuando hacía falta llegar.
Tomémoslo entonces como un brillo, como
   un vaso
que se rompe inesperadamente ante los
   ojos.
Y todavía hoy, lloremos, padre, cada cual
de su lado.
Aunque del tuyo queda la ventaja
porque los muertos no tienen memoria,
no pueden, por ejemplo,
recordar un silbido que se fue para
   siempre.
Ni pueden, como yo, buscarte,
   de pronto, como si nada hubiera pasado.

Noviembre del 80




Elegia finale


Alla fine ci sarà una sera triste prima o poi.
Allora ho voluto fare una domanda e solo il
vento, un vento
di scarsa importanza, mi ha risposto,
fischiando tra l’erba algida di gennaio.
È che non c’è nessuno.
Solo il vento in quell’erba e il tuo cadavere.

Quel tuo incredibile cadavere.
Il tuo cadavere incredibilmente certo.

Bene, e adesso cosa devo pensare, adesso come
   una spiga vacillante
cosa devo pensare.

Ripeto che ho voluto fare una domanda e non ci sono
   voci che mi ascoltano,
solo quel vento debole che fugge tra
   l’erba.

Bene, e adesso con chi riempirò pagine
   di tenerezza,
adesso chi guarderà con i miei occhi ben oltre
   dove loro possono a vedere.

Quindi, adesso non sei un uomo, ma un
   morto.
Chi mi spiegherà la differenza? Chi
   mi spiegherà
la distanza che c’è tra un uomo e
   un cadavere?

Ripeto che non c’è nessuno.
Meglio soppesare ogni lacrima, e
tacere.

Meglio, padre, penso che morire
sia come fare un magico saltello, andarsene
quando sarebbe necessario arrivare.

Prendiamolo allora come una scintilla, come
   un bicchiere
che si rompe inaspettatamente davanti agli
   occhi.
E ancora oggi, piangiamo, padre, ognuno
   dalla sua parte.
Anche se dalla tua c’è un vantaggio
perché i morti non hanno memoria,
non possono, per esempio,
ricordare un fischio che fuggì per
   sempre.
Non possono, come me, cercarti,
   all’improvviso, come se niente fosse accaduto.



Novembre 1980
da Ogni giorno muoio 24 ore, da me tradotta integralmente


---------------
Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado siete poemarios; tres libros de cuento; cuatro novelas y una noveleta.
Entre los premios que recibiera en su país natal, se cuentan el David de Poesía, en 1976; el Premio Nacional de Novela, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, galardón que ya le había sido otorgado a este autor, en 1983, por su libro de cuento En el nombre del hijo.
Su poemario La patria es una naranja, que aborda el tema del exilio a la par que incursiona en la realidad mexicana, ha tenido una buena acogida de crítica y público y recibió en Italia el Premio Latina in Versi en 2013.
Es ciudadano mexicano por naturalización. Reside en Miami.

----------------------------------------------
Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960.

Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros. Cuenta en su haber con un amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari. Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.  Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

David Olney (March 23, 1948 – January 18, 2020)

---------------
Concierto acústico que ofreció en la mañana
del 18 de enero de 2020.
------------------------


David Olney, a beautiful man, a legend, a songwriting poet died last night [January 18, 2020]. I was sitting next to him in the round, had been so honored and looking forward to getting to trade songs with him and Scott Miller. Olney was in the middle of his third song when he stopped, apologized and shut his eyes. He was very still, sitting upright with his guitar on, wearing the coolest hat and a beautiful rust suede jacket we laughed about because it was raining like hell outside the boathouse where we were playing- I just want the picture to be as graceful and dignified as it was, because it at first looked like he was just taking a moment. Scott Miller had the presence of mind to say we needed to revive him. Doctors in the audience and 30A folks were all working so hard to get him to come to. It's hard to post about this because I can't really believe he's gone. I am so sorry for his wife and family and friends and all the people who loved him and his music. Even those who never heard of him. We all lost someone important last night. (Amy Rigby's Facebook)

Sunday, January 19, 2020

“La mesa verde” (por Florencia Guglielmotti)

Nota del blog: Sección semanal dedicada al Ballet y la Danza, a cargo de la ballerina, coreógrafa y profesora Florencia Guglielmotti.

Los textos anteriores, se pueden leer en este enlace.


El coreógrafo alemán Kurt Jooss estrenó “The Green Table” el 3 de julio de 1932, en el marco del "Concurso International de Coreografía en homenaje a Jean Borlin", organizado por Rolf de Maré y los Archivos Internacionales de la Danza en el Théâtre des Champs-Élysées, Paris, donde obtuvo el primer premio. La música fue compuesta por Fritz Cohen, el diseño escenográfico y de vestuario fue realizado por Hein Heckroth, el diseño de iluminación estuvo a cargo de Hermann Mankard y el libreto fue creado por el propio Jooss. Esta primera representación estuvo a cargo de la Folkwang Tanzbuhne, compañía dirigida por Jooss, y los roles principales estuvieron interpretados por Karl Bergeest (El Beneficiario), Ernst Uthoff (El Abanderado), Elsa Kahl (Mujer), Lisa Czobel (La Joven) y Kurt Jooss (La Muerte).


Esta obra tiene una duración de 30 minutos y posee un subtítulo bastante gráfico: “Una danza de la muerte en ocho escenas”. Hay que tener en cuenta que “La mesa verde” fue creada en el período de entreguerras, en pleno surgimiento del nazismo, y Jooss muestra la forma en que el hombre libera sus impulsos destructivos, a través de una guerra inútil, y las consecuencias que trae aparejada. Cada escena es una variación del mismo tema: la Muerte es una pareja de baile que alcanza a todos, haciéndolos bailar al ritmo de sus propias vidas. Enmarcando las danzas de la Muerte, al inicio y al final de la obra, están los diplomáticos resolviendo los problemas del mundo alrededor de una mesa verde, siempre con los mismos gestos, las mismas preguntas y las mismas respuestas. Si bien Jooss no toma partido, parece sugerir que es poco lo que se puede esperar si no se modifican los actores y las estrategias.


La primera escena muestra a los diplomáticos vistiendo de negro y portando máscaras grotescas, intentando dirimir algún conflicto y, como es de esperar, termina cuando todos sacan sus armas y disparan, en clara declaración de guerra. Las siguientes escenas, siempre con la Muerte acechando, abordan la guerra desde diferentes ángulos: primero “Las despedidas”, con la separación de los seres queridos que implica ir a la guerra; luego, la representación de la guerra en “La batalla” y “El partisano”; la siguiente escena es “Los refugiados”, que muestra la soledad y la miseria que desencadena la guerra; el vacío emocional y el entretenimiento forzado, necesario para evadir el sentimiento de destrucción, en “El burdel”; el séptimo cuadro, “Las secuelas”, presenta a los sobrevivientes, psicológicamente golpeados y heridos. Finalmente, en el último cuadro, vemos nuevamente a los caballeros de negro alrededor de la mesa verde, continuando con sus negociaciones, indiferentes a la tragedia que causa la guerra.


“La mesa verde” fue la primera obra en ser registrada íntegramente con el sistema de notación creado por Laban, kinetography o labanotation. Así mismo, es considerada la obra más representativa de Jooss, incluida en el repertorio de múltiples compañías, habiendo sido el propio coreógrafo el encargado de los montajes. A partir de 1979, año en que falleció Kurt Jooss, esta responsabilidad pasó a su hija, Anna Markard.





-------------------
Florencia Guglielmotti reside en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). Es Profesora de Danza (titulada en la Escuela Nacional de Danzas "María Ruanova"), Licenciada y Profesora de Artes (recibida en la Universidad de Buenos Aires). Cursó estudios en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. Es Miembro de International Dance Council CID (UNESCO)


Actualmente se desempeña como Profesora de Danza Clásica y como Profesora Titular de Historia de la Danza en la Escuela Superior de Enseñanza Artística "Aída V. Mastrazzi". florenciagu@gmail.com

Gaspar, El Lugareño Headline Animator