Monday, November 12, 2018

Poema 49 de "La patria es una naranja" (de Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.  
 

Foto/Dana Trippe
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 Poema 49 de La patria es una naranja (Ediciones 2010, 2011, 2013) (Poesía del exilio)



                            49

Lejos de la patria has conocido a una mujer
que tiene una pecera
y que en las noches se arrulla con el viento lunar.
Ella te salvó del frío y de la constante, inmensurable soledad
en la enorme Ciudad donde nadie te amaba.
Tú estabas lejos de la patria
o mejor dicho tú en ti habías extraviado la patria
y los senos de esta mujer te hicieron encontrarla,
los jugos de su interior te dieron las franjas
de la bandera de tu patria que habías extraviado.

Ella bajaba cuatro pisos para verte
en los amaneceres donde tú no te hallabas el lugar de la boca
y te amaba creo que como se ama
un espectáculo largo tiempo admirado y pretendido,
su sexo se asemejaba al pastel que quisiste
cuando niño:
era tierno y crujiente y parecía recién sacado
de un horno tibio,
su vientre se parecía a la patria
porque uno no quisiera abandonar su calidez,
una mujer morena cuyos ojos eran los más temibles retadores de la noche.
Sus senos debieron ser esculpidos por aquel que supo
sembrar el néctar en la piedra.
Tú chupabas sus senos como si fueran
la última baraja marcada.
Ella te sacaba todos tus jugos
y el tintineo de su voz
te hizo asegurar
que algún día los hombres se amarían
de modo que la patria comenzara en un prado
y terminase en las piernas de una mujer
y en las manos de un hombre sobre esas piernas.
Era morena y furtiva en las mañanas y antes de llegar a ti
ya su sexo había probado el rocío.
Tu supiste que sus nalgas habían sido tocadas por Cristo
y por eso jamás morirían.
Era morena como el sol que cae tras las montañas
en la inmensa Ciudad.

(Ciudad de México, abril de 1998)



                                   49

Lontano dalla patria hai conosciuto una donna
che possiede un acquario
e che di notte si culla con il vento lunare.
Lei ti salvò dal freddo e dalla costante, incommensurabile solitudine
nella immensa città dove nessuno ti amava.
Tu eri lontano dalla patria,
o per meglio dire avevi smarrito la patria
e i seni di questa donna te la fecero ritrovare,
i suoi intimi umori ti dettero gli ornamenti
delle bandiere della tua patria che avevi smarrito.

Lei scendeva quattro piani per vederti
nelle albe dove tu non trovavi il luogo della bocca
e credo che ti amasse come si ama
uno spettacolo per lungo tempo ammirato e preteso,
il suo sesso somigliava alla torta che desideravi
quando eri bambino:
era tenero e croccante e sembrava appena tolto
da un forno tiepido,
il suo ventre somigliava alla patria
perché non avresti mai voluto abbandonare il suo calore,
una donna bruna con gli occhi che erano i più temibili sfidanti della notte.
I suoi seni dovettero essere scolpiti da colui che seppe
seminare il nettare nella pietra.
Tu succhiavi i suoi seni come se fossero
l’ultimo mazzo di carte segnato.
Lei ti toglieva tutti i tuoi umori
e il tintinnio della sua voce
ti ha fatto capire
che un giorno gli uomini si ameranno
in modo tale che la patria comincerà in un prato
e terminerà tra le gambe di una donna
e nelle mani di un uomo sopra queste gambe.
Era bruna e furtiva nelle mattine e prima di arrivare da te
già il suo sesso aveva assaggiato la rugiada.
Tu comprendesti che le sue natiche erano state toccate da Cristo
e per questo non sarebbero mai morte.
Era bruna come il sole che cade tra le montagne
nell’immensa città.






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Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado siete poemarios; tres libros de cuento; cuatro novelas y una noveleta.
Entre los premios que recibiera en su país natal, se cuentan el David de Poesía, en 1976; el Premio Nacional de Novela, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, galardón que ya le había sido otorgado a este autor, en 1983, por su libro de cuento En el nombre del hijo.
Su poemario La patria es una naranja, que aborda el tema del exilio a la par que incursiona en la realidad mexicana, ha tenido una buena acogida de crítica y público y recibió en Italia el Premio Latina in Versi en 2013.
Es ciudadano mexicano por naturalización. Reside en Miami.

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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960.

Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros. Cuenta en su haber con un amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari. Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.  Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.


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La patria è un’arancia, traducida al italiano da Gordiano Lupi, fue publicada da IL FOGLIO LETTERARIO: http://www.ilfoglioletterario.it/catalogo_cubana_la_patria.htm
Se puede conseguir en www.ibs.it: https://www.ibs.it/patria-arancia-libro-felix-l-viera/e/9788876063138
En Amazon, gratis en formato e-book: ttps://www.amazon.it/patria-unarancia-F%C3%A9lix-Luis-Viera-ebook/dp/B00Z8MB9UA

Historia de una canción: «En el balcón aquel» (por Dulce Sotolongo)

Nota del blog: Agradezco a Armando Nuviola de la Editorial Unos y Otros, el envío de este texto, incluido en el libro En el balcón aquel, de Dulce Sotolongo.

Adquirir en Amazom.com
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Era una tarde del mes de enero, una tarde gris, una tarde fría. Yo tenía diecinueve años, me dirigía a la casa de mis tíos por la calzada de Güines. Vi a una muchacha rubia asomada a un balcón. Me apresuré, pensando cómo hacerme notar. Al acercarme, comprobé con alegría que la joven se encontraba en el lugar que yo iba a visitar. Casi corriendo subí las escaleras. Mi tía me la presentó.

Yo te miré y en un beso febril/ que nos dimos tú y yo sellamos nuestro amor.

No fue tan fácil conquistarla. Le dije a Elvira Robles, que así se llamaba, que yo era compositor, sin sospechar que esta sería mi desventura, ya que ella había sufrido un desengaño amoroso con un creador musical.

/Recuerdas tú la luna se asomó/ para mirar feliz nuestra escena de amor. / El balcón fue nuestro cómplice, vivimos un apasionado romance, pasábamos horas y horas con la luna como único testigo. / Hoy ya no estás y lleno de dolor/ muy solo en el balcón suspiro por tu amor. /

Todo terminó, pero yo seguí visitando la casa de mis tíos y siempre me asomaba al balcón recordando a Elvira. Allí me inspiré e hice el texto de la canción.

Recuerdas tú Elvira Robles:
Mi familia vivía al lado de la de él, no fue tan casual nuestro encuentro, siempre lo veía cuando llegaba y aquella tarde me decidí y lo esperé. Yo fui la que tuve que terminar con él, pero nuestra relación fue muy linda, pero imposible. A veces voy caminando por las calles y escucho «En el balcón aquel», «Mi súplica» y otras canciones que me dedicó y me quedo abstraída escuchando, la gente piensa que estoy loca, por cierto, es una lástima que canciones tan bonitas cada día se escuchen menos. Hay que hacer algo para que no muera el bolero que en definitiva es lo más importante.
Pasó el tiempo y un día, en 1958, fui a visitar a Celio González quien estaba muy triste, su pequeño hijo Celito estaba enfermo. Se quejaba de que nadie había ido a verlo. Recuerdo que le llevé algunas viandas y pollo. Tal vez por agradecimiento, me pidió un bolero, le ofrecí «En el balcón aquel». Luego de escucharlo me mandó a hablar con Severino Ramos, arreglista de la Sonora, para que le hiciera el arreglo. Se grabó en disco, acompañado de Humo, primer instrumental de la Sonora.

Recuerdas tú, aquella tarde gris,en el balcón aquel donde te conocí. 
Yo te miré y en un beso febrilque nos dimos tú y yo sellamos nuestro amor. 
Recuerdas tú, la luna se asomópara mirar feliz nuestra escena de amor.
Hoy ya no estás, y lleno de dolormuy solo en el balcón suspiro por tu amor.
Tú volverás me dice el corazónPorque te espero yo colmado de ansiedad.
Y me darás tu amor igual que ayery en el balcón aquel la luna brillará.
Esta letra tiene el mérito de ser natural. En ella, una vez más, en nuestra música popular la luna se toma como testigo y cómplice de una relación sentimental. El conjunto resulta emotivo y permite a Ulloa trascender como creador musical.

No sé qué decir del éxito de aquella canción. Por poco enloquezco al oírla en cada calle, en cada esquina, donde quiera que hubiese un radio, una victrola. Tuve que solicitar los servicios de un psiquiatra. Nunca pensé triunfar con ese bolero, para mí su letra era algo cursi, muy sencilla…

Sencilla, pero muy bella, opina el crítico Helio Orovio:
Es un bolero tango. Tiene en el fondo el aire del tango. Una impronta tanguística o tanguera, llama a la reminiscencia, al recuerdo de una escena de amor, a quién no le llega esto. Por otra, parte la melodía está bien lograda, con esa fuerza que le da la fusión del bolero y el tango que están unidos en sus orígenes, porque ambos salen de la habanera cubana. Toda esa fusión hace que sea un clásico de la cancionística cubana. Es sencillamente poesía.
Mientras, al también musicólogo Raúl Martínez, la canción le trae nostálgicos recuerdos:
A principio de los años sesenta, todavía existía el original paseo de los paragüitas del Prado, la acera y portal del hotel Saratoga. Yo era muy joven, caminaba enamorado. Era la época de grandes boleristas como Orlando Vallejo, Roberto Faz, Orlando Contreras; de pronto sentí una hermosa melodía. Sencilla, llena de valores muy reales, lo cual me emocionó totalmente. Recuerdas tú…. Con el tiempo me enteré que su autor se llamaba Leopoldo Ulloa.
Larga es la lista de todas las versiones. La cantan, entre otros, Los Papines, José Tejedor, Frank Hernández, Lino Borges, Néstor del Castillo, Manolo del Valle, María Elena Pena, Benitico Yanes, Adolfo Alfonso, Pablo Santamaría, Alfredo Rodríguez, Roberto Sánchez, Sindo y María Elena, trío Los de América, trío Azteca, dúo Enigma.

Le entregué, entonces, a Celio González otra partitura: «Mi súplica», que también me había inspirado la joven del balcón. Se trataba de una tierna melodía para recobrar un amor perdido. Eran canciones que había compuesto en ese estado febril que provoca el amor y estaban guardadas en mi gaveta esperando una oportunidad.

Oye un momento mi súplica de amorescucha, te lo pido, te lo ruego, por favorquiero que seas mía, totalmente y nada más,una vez en la vida demuéstrame tu amor. 
Mira, hay momento que nunca volverán,por eso es preciso aprovechar esta ocasióndame en un beso de nuevo el corazónque lleno de embelezo me entrego a tu pasión. 
No olvides que nadie en la vidaa ti te ha querido como te quiero yorecuerda aquellos momentosque juntos muy juntos pasamos los dos.
Oye, ten conciencia y no juegues con mi amor,escucha, te lo pido, te lo ruego, por favor,vuelve que te espero con loca adoraciónpara colmar las ansias que tengo de tu amor.

Con el transcurso del tiempo, en la década de los años sesenta, «Mi súplica», tendría otro genial intérprete en el cubano Antonio Machín, quien, hasta su muerte en 1977, fijó su residencia en España y en ese país, conoce la obra de Ulloa gracias Channy Chelacy.

Leopoldo guarda con amor una fotografía de Machín, en la cual este le explica que piensa incluir «Mi súplica» en su repertorio.

Siempre admiraré a este cantante por tres razones. Porque vivió por más de treinta años en España y nunca renunció a su ciudadanía cubana, además interpretó la música de muchos autores nuestros y los dio a conocer en el país ibérico y por gustarme su apasionado modo de interpretar bolero
Desde España Antonio Machín, le remite un disco de larga duración, en cuya portada anota:

Leopoldo, tu canción Mi súplica, pega por aquí. En mis actuaciones es muy solicitado. Espero que esta no sea la última que me envíes.

Mi súplica fue grabada con el arreglo del pianista Francisco Burull para la firma española Disco­–Phon.

En la década del noventa la Sonora Matancera graba un disco con el título Veinte boleros de oro. El único autor que tiene incluidas dos obras será Leopoldo Ulloa: «En el balcón aquel» y «Mi súplica». En la presentación del mismo opinan sus patrocinadores, Seeco Records y Discos Fuentes:

…Ya en los comienzos del 50, la agrupación obtiene fama internacional y en este mismo año entra Celia Cruz y graba con la Sonora un hermoso repertorio de canciones, después vino el desfile de estrellas, entre los que se destacaron Nelson Pinedo, Celio González, Leo Marini, Estanislao Sureda (Laíto), Carlos Argentino y muchos más hasta llegar al número de 50.

Cada uno de estos artistas dejó páginas inolvidables en el diario musical de la Sonora Matancera; sería preciso un libro para escribir no solo de sus cantantes, sino también sobre el inimitable elenco de músicos que por sus filas pasaron.

Lugar privilegiado en este elenco ocupa Leopoldo Ulloa, aquel adolescente que un día se le acercó tímidamente a Bubú para expresar sus deseos de hacer música y gracias a la Sonora y a intérpretes como Walfrido Guevara, Cheo Marquetti, Los Compadres, Enriqueta Almanza, Bienvenido Granda, Celia Cruz y Celio González, pudo ver sus sueños cumplidos en esa época prodigiosa de los años cincuenta.






(Miami) Matías Montes Huidobro presenta su "Teatro Completo"


Teatro Completo, publicado por Hypermedia, por el significado personal, teatral e histórico que le adjudico, trasciende cada una de las piezas dramáticas que aparecen en este libro (alguna de los cuales lo hacen por primera vez, como el caso 'Las cuatro brujas' —mención honorífica del concurso Prometeo de 1950—, 'Sucederá mañana' y 'El verano está cerca'), y tiene para mí un significado muy especial porque no son meros textos dramáticos: es como si a través del teatro me hubiera escrito a mí mismo, letra tras letra, palabra tras palabra, por más de ochocientas páginas”. (Matías Montes Huidobro)

Sesión: Imprescindibles de la dramaturgia cubana.


Miércoles, Noviembre 14 a las 8 00 p.m.


 Room 2106 (Building 2, Primer Piso)

Miami International Book Fair 2018 
300 NE Second Av.
Miami, FL 33132



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Ver Matías Montes Huidobro, en el blog

José Barrios: flamenco total (por Wilfredo A. Ramos)


La ciudad de Miami se ha ido convirtiendo, poco a poco, en un puerto seguro para artistas y agrupaciones que cultivan el Arte Flamenco, venidos de la península Ibérica. Festivales anuales que agrupan a lo mejor de lo mejor de ese gran mundo de bailaores, cantaores y músicos, se realizan en escenarios de esta ciudad, amén de presentaciones individuales de cultivadores de este fascinante arte, que nos visitan a través de todo el año y que hacen las delicias de un público conocedor en gran medida de este quehacer artístico.


Como muestra de lo anterior, hemos contado con la presencia nuevamente en la ciudad, en el escenario del Miami Dade County Auditorium, los días 3 y 4 del presente mes de Noviembre, del excelente bailaor cordobés José Barrios, quien procedente de Cuba, después de su participación en el XXVI Festival Internacional de Ballet de la Habana, compartiendo escenario con la cubana Compañia de Lizt Alfonso, llega a nuestra ciudad con su espectáculo “Reditum”.

Barrios, nacido en la ciudad española de Córdoba, inicia en ella sus estudios de baile, continuándolos en Madrid y Sevilla. Entre sus profesores se cuentan La China, Manolo Marín y Domingo Ortega entre otros. Sus inicios en la vida artística se realizarán a través de tablaos y festivales flamencos en Andalucía. Durante algún tiempo forma parte del Boston Flamenco Ballet, iniciando así su andar por tierras de los Estados Unidos, en donde baila y hace sus primeros trabajos coreográficos. Más tarde parte hacia Japón, contratado por Spain Kikaku, bailando junto a Belén Maya en el Festival Jal Kyoto, manteniéndose entre esta ciudad y Osaka, realizando clases y talleres, mientras hace presentaciones artísticas en múltiples escenarios del país. Regresa a Madrid y trabaja con las compañías de Blanca del Rey, Suite Española, Rafael Amargo, Domingo Ortega, María Pagés entre otras, en las cuales baila y monta diversos trabajos coreográficos. Se ha presentado también en escenarios de Marruecos, Egipto, Argelia, Colombia, Chile, China y Rusia. Bajo su autoría aparecen los trabajos “Concierto-Aire de Abajo (2007), “Básicamente Flamenco” (2009), “Por si acaso amanece” (2010), “Flamenco Algarabía” (2012), “Vino Amargo” y “A solas con él” (2014) y “Reditum” (2017).


Es este último espectáculo, el que nos ocupa, y que hizo vibrar cada tabla del escenario, provocando atronadores aplausos por parte del público asistente. Trabajo casi de cámara, en el cual participan dos maravillosas cantaoras, Caridad Vega y Sara Coréa, de potentes y bien timbradas voces, cada una con sus propios registros y color, creando el ambiente propicio para la explosión de cantes, desde los más alegres y bullangueros, hasta los más íntimos y tristes. Además tres magníficos músicos: Isaac Muñoz en la guitarra, Víctor Guadiana, en el violín y Luis Dorado en el set de percusión, cual de ellos más virtuoso en el manejo e interpretación de sus instrumentos. Si bien la indespensable guitarra marcaba el ritmo y el corazón de esta música a la que este instrumento le es imprescindible, el sonido del violín le proporcionaba al mismo tiempo un aire lírico, el cual daba un toque de amplitud hacia otros sonidos no propios del flamenco, pero que se imbricaban en perfecta armonía, regalándonos tanto la tristeza como la pasión que este fabuloso instrumento puede ofrecer. Por último, desde el pequeño set de percusión, formado por cajón, tumbadoras, platillos e instrumentos percutivos electrónicos, nos llegaba el ritmo que define al flamenco, el que nos pone a palmear, a cantar, a bailar y que sin duda marca la intensidad de esta música que nos va llevando hacia un estado de excitación muy difícil de contener.


... y como centro de este aquelarre de pasión flamenca, José Barrios, quien carga sobre sus hombros la responsabilidad de dirigir, coreografiar y protagonizar un espectáculo concebido a su medida, en donde hace un derroche de sus dotes de bailaor, pero también de actor, ya que a través de la ejecución de sus bailes nos va ofreciendo las oportunas emociones y estados de ánimos que cada interpretación requiere. Hablar de la fuerza de su zapateao, que hace temblar el escenario, es hablar de la perfección en el dominio de una técnica fuerte y precisa, su taconeo puede llevar toda la fuerza de un volcán o puede ser tan ligera como el susurro del viento, domina sus pies con la pasión de su corazón, el cual entrega en la escena. Si sus pies lo unen a la tierra, sus brazos lo elevan cual alas en el aire, su braceo es exquisito, fuerte, sublime, con un amaneramiento viril y a la vez un tanto femenino, el cual crea una bendita ambiguedad en la cual se ven reflejadas las dos partes que definen a este danzar, el de la sensual hembra y el impulsivo macho, y todo esto coronado con un trabajo de manos minucioso, vital, que hablan por si solas, que vuelan como palomas. Barrios baila con cada parte de su cuerpo y en cada una de ellas muestra una destreza inaudita, integrándolas todas a un solo objetivo: danzar.


El programa estuvo formado por los siguientes cuadros; “Caminante”, en donde el propio Barrios incorpora la lectura de versos del gran autor español Antonio Machado, a quien va dedicado el espectáculo; “Somos pólvora” (Bulería), con la vitalidad propia de este palo, el bailaor nos inicia en la fuerza de su baile; “Voz primera” (Martinete-Rondeña), aquí el exquisito taconeo de sus pies alcanza una gran intensidad expresiva de angustia, de dolor; “Tu compañía” (Farruca), dejando mostrar toda la tristeza y gravedad que estos ritmos proporcionan mientras Barrios derrochaba sentimiento y actuación; “Cordón umbilical” (Alegrías de Córdoba-Mirabrás), en donde como bien el nombre de este palo indica, se hace presente toda la alegría que esta cultura respira; “Ausencia” (Vidalita), el sentir hondo de la tristeza marcando cada paso, cada acción, ligándose a los antiguos ritmos sudamericanos; “Caminamos” (Bulería), vuelta a la alegría y fuerza, propia de esta cultura y bailada de manera arrogante y contagiosa; “Cambalache” (Tanguillos), donde incorporan diálogos entre cantaoras y Barrios, con tonos de crítica social, mientras este vivaz ritmo que proviene del Tango Flamenco, lleva al paroxismo del cante y el baile; “Secuelas” (Bulerías por Soleá), que en su diferencia con la Buleria, nos regala una entrada contenida que va tomando fuerza hasta desembocar en todo un vendaval de ritmo y movimiento; llegando al final con “Reditum”, que da título al espectáculo, último cuadro que desemboca en una Rumba con coplas por bulerías, evocando toda la fuerza de un tablao flamenco, con sus cantes, sus bailes, sus demostraciones individuales, sus retos, de los que no escaparon ni los músicos convidados a marcar unos pasos, ante un entusiasmado auditorio, que seguro estoy, a esas alturas, deseaba subir al escenario y participar de esa divina fiesta que se produce al son de la música, del cante y del baile flamenco.


Debemos destacar que Barrios para sus interpretaciones va realizando cambios de algunas prendas de vestuario que se encuentran diseminadas por la escena, lo que le da el apoyo dramático a cada cuadro, completando así su labor actoral, pero el momento especial se nos presenta cuando viste una saya negra con larga cola, al uso de las utilizadas por las bailaoras, para así dar inicio a una danza de una fuerza expresiva espectacular. En escena vemos una batalla entre el hombre y la falda, que muestra su lado pasional y su parte fiera, la prenda pierde su significado para convertirse en el oponente, en el competidor a quien hay que vencer. Nunca una falda fue tan agresiva, tan masculina, tan humana.

No podemos pasar por alto el trabajo de todo el equipo técnico que acompaña a Barrios en este espectáculo: en el diseño de sonido Oscar Gálvez, el de luces a cargo de Arco Visuales, la producción de Begoña Fernández, la dirección musical y composición de Isaac Muñox, quienes hacen que todos podamos disfrutar de una interesante e intensa muestra de lo mucho que la cultura flamenca tiene para mostrar con sus arte, que es un regalo al mundo. Gracias, una vez más a todos por su entrega, y en especial a José Barrios por su arte, por su pasión, por entregarnos su cultura con total amor y profesionalidad. Que se repita!



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Ver textos anteriores de Wilfredo A. Ramos, en el blog

Sunday, November 11, 2018

Serge Lifar (por Florencia Guglielmotti)

Nota del blog: Sección semanal dedicada al Ballet y la Danza, a cargo de la la ballerina, coreógrafa y profesora Florencia Guglielmotti.

Los textos anteriores, se pueden leer en este enlace.


Serge Lifar nació el 2 de abril de 1905 en la ciudad de Kiev, Ucrania. A los 16 años ingresó en la escuela de la Ópera de Kiev y comenzó a estudiar con Bronislava Nijinska, hermana de Vaslav Nijinsky que estaba en Francia con los Ballet Russes. Así fue como, cuando en 1923 Diaghilev le solicitó a Bronislava que enviara a sus mejores cinco bailarines a Francia, Serge Lifar ingresó a la destacada compañía.

En los Ballet Russes, en un comienzo, se desempeñaba como cuerpo de baile pero por su aspecto, carácter y predisposición al trabajo, rápidamente llamó la atención de Diaghilev quien comenzó a darle roles de solista en las obras y se ocupó de su formación. Aunque Nijinska no tenía ninguna esperanza de que Lifar llegara a ser primer bailarín, una serie de sucesos terminaron poniéndolo en ese lugar. Por un lado, Anton Dolin, primer bailarín y favorito de Diaghilev, dejó la compañía; al mismo tiempo, el joven coreógrafo George Balanchine se incorpora al grupo y crea “Apollon musagète”, con música de Igor Stravinsky. Los requerimientos escénicos del personaje de Apolo resaltaban las virtudes de Lifar e intentaban disimular sus flaquezas, sobre todo técnicas. Su estreno se produjo el 12 de junio de 1928, en el Teatro Sarah Bernhardt de París, y confirmó a Serge Lifar como estrella de la danza. La dupla coreógrafo-bailarín se repitió en “El hijo pródigo”, estrenada el 2 de mayo de 1929, con música de Serguei Prokofiev, y también fue un gran éxito consolidatorio tanto para Lifar como para Balanchine.


1929 fue un año de fuertes cambios para Lifar. El 19 de agosto de ese año, en Venecia, muere Diaghilev y los Ballet Russes​ perdieron a su mentor y las certezas sobre su futuro. Paralelamente, Balanchine es invitado a la Ópera de París para coreografíar “Lés créatures de Promethée”, con música de Beethoven, y Lifar sería el protagonista. Al poco tiempo de llegar a París, Balanchine enfermó, Lifar tomó la posta y terminó el trabajo, estrenado la obra ese mismo año. Nuevamente público y crítica aclamaron la obra, lo que le valió a Lifar una contratación como “bailarín estrella” de la Ópera y, al año siguiente, como maestro de ballet y coreógrafo. En este triple rol, Serge Lifar mantuvo el legado de los Ballet Russes interpretando “El Espectro de la rosa” (1931) y “La siesta de un fauno” (1935), y realizando coreografías que mantenían los principios estéticos sostenidos por Diaghilev, una armoniosa relación entre movimiento, música y escenografía. Fue en este sentido que compuso “Icare” (1935), “Istar” (1941), “Suite en blanc” (1943) -una de sus obras más famosas- y “Les Mirages” (1944).

Lifar entendía a la danza como un arte de relevancia y, como tal, toda la atención debía estar centrada en ella y no en cuestiones superfluas. Es por ello que en sus funciones comenzaron a apagar las luces de la platea para focalizar la mirada en el escenario, prohibió que las bailarinas lucieran en escena sus joyas personales y que reciban a sus admiradores en el foyer del teatro. Además, programó funciones semanales únicamente dedicadas a la danza.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, París fue ocupada por los nazis. Tanto Lifar como el director del teatro, Jean Rouché, intentaron que la Ópera no cayera bajo la administración invasora, defendiendo a los trabajadores y artistas para que no cayeran bajo sus autoritarias leyes. Al finalizar la ocupación en 1944, y por haber conseguido mantener el teatro en funcionamiento, tanto Rouché como Lifar fueron acusados de colaboracionistas y apartados de sus cargos. Como consecuencia, Lifar se trasladó a Montecarlo donde asumió la dirección del ballet de la Ópera y lo renombró como Nouveau Ballet de Montecarlo. Se desempeñó allí como director y coreógrafo hasta 1947, cuando regresó a París, ya liberado de los cargos que falsamente le imputaban y con el apoyo del nuevo director de la Ópera, Georges Hirsch, antiguo miembro de la Resistencia.


​En este segundo ciclo al frente del ballet, nuevamente en un triple rol de director, coreógrafo y bailarín, continuó reponiendo y bailando obras del repertorio de los Ballet Russes, como “El pájaro de fuego” (1954), sus propias obras coreografiadas en la etapa anterior, como “Suite en blanc”, y realizando nuevas creaciones como “Les Noces fantastiques” y “Romeo y Julieta” (con música de Prokofiev) ambas de 1955. El año siguiente marcó su retiro de los escenarios, interpretando a Albrecht en el ballet “Giselle”, y en 1958 abandonó por completo sus funciones en la Ópera de París.

Además de su actividad como coreógrafo y bailarín, Lifar realizó varias publicaciones relacionadas con la danza, entre las que se destacan “El manifiesto del coreógrafo” (1935), “Diaghilev” e “Histoire des Ballets Russes” (ambas publicadas en 1939) y “Ma vie”, una suerte de autobiografía editada en 1965. Toda esta actividad le valió la inclusión en la Académie des Beaux Arts desde 1968.


Los últimos años de su vida los pasó junto a su compañera, Lillian Ahlefeldt, en Lausana, ciudad en la que falleció el 15 de diciembre de 1986. Tras su muerte, Lillian creó la Fundación Lifar con el objetivo de mantener vivo el repertorio de este magnífico creador. Hasta el día de hoy, Lifar es considerado un renovador de la danza académica francesa, con una gran influencia en varias generaciones de artistas surgidas en la segunda mitad del siglo XX.




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Ver en el blog




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Florencia Guglielmotti reside en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). Es Profesora de Danza (titulada en la Escuela Nacional de Danzas "María Ruanova"), Licenciada y Profesora de Artes (recibida en la Universidad de Buenos Aires). Cursó estudios en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. Es Miembro de International Dance Council CID (UNESCO).

Actualmente se desempeña como Profesora de Danza Clásica y como Profesora Titular de Historia de la Danza en la Escuela Superior de Enseñanza Artística "Aída V. Mastrazzi". florenciagu@gmail.com/div>

The oldest American veteran, smokes a dozen cigars a day

Smoking cigars is a daily ritual for Overton, who is not only the oldest living man in America, but the oldest American veteran of World War II. His typical day involves rising early (sometimes he gets up at 3 a.m.), brewing coffee and smoking cigars. He’s good for about 12 cigars a day. 
Reached on his birthday, at about 2:30 in the afternoon, he had already smoked six. 
“I’m happy every day,” he said while puffing a cigar in his home. “I don’t have no worries. I feel fine—I ain’t got no aches, pains or nothing.”
Overton was born in St. Mary's Colony, Texas, outside of Austin, on May 11, 1906, only three years after the first flight of the Wright Brothers. He was drafted into the U.S. Army and served from 1942 through 1945, fighting for the all-black 1887th Engineer Aviation Battalion. His service took him to the South Pacific, where the United States would fight some of its bloodiest battles, and his group built airfields to fight the Japanese as the United States hopped ever closer to the Japanese mainland. His boots hit the beaches of Guam, Hawaii, Palau and the volcanic Japanese island of Iwo Jima, where one of the fiercest battles in the history of war took place. In five weeks, more than 6,800 Americans lost their lives. cigars is a daily ritual for Overton, who is not only the oldest living man in America, but the oldest American veteran of World War II. His typical day involves rising early (sometimes he gets up at 3 a.m.), brewing coffee and smoking cigars. He’s good for about 12 cigars a day.

Reached on his birthday, at about 2:30 in the afternoon, he had already smoked six.

“I’m happy every day,” he said while puffing a cigar in his home. “I don’t have no worries. I feel fine—I ain’t got no aches, pains or nothing.”

Overton was born in St. Mary's Colony, Texas, outside of Austin, on May 11, 1906, only three years after the first flight of the Wright Brothers. He was drafted into the U.S. Army and served from 1942 through 1945, fighting for the all-black 1887th Engineer Aviation Battalion. His service took him to the South Pacific, where the United States would fight some of its bloodiest battles, and his group built airfields to fight the Japanese as the United States hopped ever closer to the Japanese mainland. His boots hit the beaches of Guam, Hawaii, Palau and the volcanic Japanese island of Iwo Jima, where one of the fiercest battles in the history of war took place. In five weeks, more than 6,800 Americans lost their lives. (Read full text at Cigar Aficionado's website)

Veterans Day


Veterans Day originated as “Armistice Day” on Nov. 11, 1919, the first anniversary of the end of World War I. Congress passed a resolution in 1926 for an annual observance, and Nov. 11 became a national holiday beginning in 1938. Unlike Memorial Day, Veterans Day pays tribute to all American veterans—living or dead—but especially gives thanks to living veterans who served their country honorably during war or peacetime. (Read full text)

Let it be (by Paul McCartney)



When I find myself in times of trouble
Mother Mary comes to me
Speaking words of wisdom
"Let it be"

And in my hour of darkness
She is standing right in front of me
Speaking words of wisdom
"Let it be"

...

Saturday, November 10, 2018

Rendir culto a las cosas materiales (por Orlanda Torres)

Nota del blog: Sección semanal en el blog Gaspar, El Lugareño, gracias a la cortesía de la psicóloga Orlanda Torres, quien ha aceptado la invitación a compartir con los lectores sus consejos y reflexiones sobre los conflictos cotidianos.


Existen personas que a lo largo de su vida se preocupan más por tener una vida con lujos y detalles sofisticados, muchas de ellas viven en lujosas mansiones que al final del día ni siquiera pueden disfrutarlas.

Lo hijos ya han partido, muchos de ellos ni siquiera pueden gozar esa casa con su pareja, llegan muy tarde después de una larga jornada laboral, se sienten agotados y simplemente prefieren descansar.

Normalmente estas personas se identifican coleccionando objetos caros, de gran valor material, sin embargo, no se sienten emocionalmente contentos, aunque logren tener todo lo material que exista, estas personas presentarán en su interior trastornos de insatisfacción, llevando así, una vida netamente existencial.

Pienso que la mayoría de estos coleccionistas vivieron una niñez carente, por eso el afán de sentirse poderosos cuando son adultos, rodeándose de lujos y de cosas para suplir su vacío. Es posible que saturándose de estos elementos aumente su poder hacia los demás, pero en realidad, en su interior son seres verdaderamente inseguros y débiles.

Se ha comprobado muchas veces que el individuo que presenta carencias afectivas tiende a reemplazarlas con objetos, porque siente en su interior insatisfacción, demostrando con su comportamiento una gran debilidad emocional.

Muchas de ellas pueden ser personas que no efectúan el trabajo deseado o anhelado; o sea, existe una falta notable de lo que significa la realización profesional.

Otras tienen grandes desajustes en su interior como: carencia de afecto, de autorrealización, inestabilidad en su hogar, mala relación interpersonal entre su pareja, hijos, amistades, inseguridad personal, baja autoestima; en otras palabras, son personas que presentan disconformidad con su realidad, con su entorno y con su propio yo.

En la mayoría de los casos, estos individuos consideran que deben suplir sus carencias acumulando objetos y lo hacen como un mecanismo de defensa, pero en realidad son seres que se sienten netamente vacíos.

Cuando nos encontramos en situaciones verdaderamente difíciles como la muerte de un ser querido, una enfermedad terminal, cuando nos quedamos solos e imposibilitados, ningún elemento tiene sentido, pierde todo valor ante tan abrumadores sucesos, porque nada material garantiza una vida llena de sosiego.

¿Qué puede ser más importante en el ser humano? lo material o sentirse emocionalmente realizado?

Considero que cuando nos sentimos verdaderamente realizados, satisfechos con nuestro “yo” y con nuestro entorno, vivimos una vida despejada y llena de placer, no importa la carencia material que pudiese existir, el ser humano busca la aceptación del ambiente en el que vive, sintiéndose contento con las cosas que guardan poco valor, pero que lo acerca más hacia la auténtica felicidad.







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Orlanda Torres: Psicóloga, Escritora, Educadora, Orientadora Motivacional.
Autora del libro "Volando en Solitario" año 2015, Guayaquil - Ecuador. (Disponible en Amazon Kindle)
-Estudió en Miami Dade College: Certificate of Florida “Child Development Associate Equivalency”. Maestra de Educación Preescolar e Infantil en la ciudad de Miami.
-Licenciada en Psicología graduada en el 02/2017 - Atlantic International University.
-Orientadora Motivacional y Conferencias pueden contactar a Orlanda Torres a través de la página que administra www.fb.com/vivencialhoy
Publicaciones en Revista Sapo - Santiago de Chile – 2016
-La Estancia en el Paraíso de los Sueños
-Relación de Pareja y su gran Desafío
-Es la Felicidad una Elección
Conferencia en Radio - Miami, Florida
-Positivo Extremo Radio: Entrevista 123Teconte “Regreso a Clases y La Adolescencia”
Administra:
Facebook.com: Orlanda Torres
Instagram: orlanda.torres.3

Entre el miedo y el hambre (por Víctor Mozo)


La caravana con aquella carga humana enfiló su rumbo hacia la Doblevía para luego tomar la calle Francisquito y buscar la carretera central. Al parecer, orden debió darse de ir lo más rápido posible para evitar a toda costa que los camiones se detuviesen, que algunos sintieran la tentación de escapar e impedir a la vez cualquier comunicación con algunos transeúntes que pudieran ser interpelados. Había un silencio que solo era interrumpido ocasionalmente por el ruido característico de los frenos de aire de los camiones Zil.

Ya en la carretera central, más o menos pasado el Instituto, algunas lenguas comenzaron a soltarse. No sin desconfianza cada cual trataba de dirigirse al de al lado y la pregunta surgía casi al unísono: ¿Adónde nos llevan? En mi cabeza trotaba solo una idea y se la comenté a Robertico: Mi amigo, nos llevan para la UMAP. No se sorprendió, también había oído hablar de estas unidades y nada bien. De repente se le oyó decir a alguien que tenía más o menos nuestra edad: Nos llevan para el Mariel a pasar el SMO en la marina. Sigue durmiendo de ese lado, contestó de repente un negro mucho mayor que nosotros a la vez que soltaba una bocanada de humo. El que contestaba terminaría años después fusilado por abuso de menores y era conocido con el apodo de Perico. En el camión había de todo, desde lo mejor hasta lo peor y con esos bueyes habría que arar. En lo adelante tendría que abrir bien los ojos y aprender a hablar solo cuando fuera necesario. El miedo hacía de las suyas.

El trayecto comenzó a ser interminable. En cierto momento pasamos por el pueblo de Florida. El sol quemaba y las gargantas estaban más que secas. Tenía hambre, en fin, todos teníamos hambre y sed. En cierto momento la caravana se desvió. Alguien que reconoció el lugar mencionó que íbamos para Esmeralda. Detalle sobre el que “Perico” dio rápidamente su opinión: sigan comiendo mierda pensando que van para la Marina. Nadie le respondió. De repente la caravana disminuyó la velocidad y se detuvo. El miliciano que nos cuidaba dispuso su metralleta apuntando en nuestra dirección.

Nuestro camión se detuvo frente a uno de esos bohíos que a veces se encuentran a orillas de la carretera. Según oímos, uno de los camiones de la vanguardia tenía problemas. Le pedimos a nuestro centinela que nos dejara bajar para pedir agua en el bohío, pero se negó rotundamente amenazándonos con su arma. Finalmente, al grupo que estaba en el camión que nos precedía se le permitió bajar para ir a pedir agua. Un militar vino y dio la orden a nuestro centinela de que nos dejara bajar. Tienen suerte, si fuera por mí, de aquí no se baja nadie, dijo tratando de hacerse el guapo. Era impensable fugarse, ¿para ir adónde? ¿para esconderse en dónde?

Un campesino trajo un jarro y así pudimos apagar un poco la sed que tanto nos agobiaba. Fue el inicio de algo que luego se haría habitual. Nadie se preguntó si tal o más cual tenía tal o más cual enfermedad. Todos bebimos en el mismo jarro. El otro problema era orinar y prácticamente ahí mismo lo hicimos delante la mirada atónita de los campesinos, ¡al carajo el pudor!

Al cabo de media hora, la caravana se puso de nuevo en movimiento. Cuando entramos a Esmeralda pasando delante del parque, un mulatico flaco que iba en el camión aprovechó que se aminoraba la velocidad para arrojar un papel con su nombre y dirección, lamenté no haber tenido la misma idea. Me consolé diciendo que a lo mejor nadie lo recogería. Aquel mulato estaba pidiendo auxilio.

Nuestro primer destino iba a ser el central Jaronú cuyas chimeneas ya se avistaban y allí llegamos alrededor de las 4 pm. A gritos nos hicieron bajar de los camiones en un parque que se me hacía inmenso y donde soldados armados con armas largas estaban omnipresentes.

Mientras estaba con Robertico me sentía confiado, tiempo después me confesaría que sentía lo mismo. El conocernos nos reconfortaba, lo importante era que no nos separaran. Al cansancio y el hambre se unía la preocupación y la angustia, ¡cuánto hubiera dado al menos por un pedazo de pan!

No tardó mucho en que empezaran a llamar por un altavoz y los camiones se fueran llenando nuevamente. Seguíamos sin saber. Entre gritos y voces de mando nos arreaban como ganado que iba al matadero.

Oí el nombre de Robertico y se me hizo un nudo en la garganta, esperaba que me llamaran también pero no fue así. Lo seguí con la vista hasta que dejé de verlo perdiéndose en aquella multitud. Sentí que se me aguaban los ojos pero me aguanté.

El tiempo fue pasando y cada vez fuimos quedando menos. De aquellos cientos de personas solo quedamos once vigilados estrechamente por más de veinte soldados armados con fusiles M-52 y bayoneta calada. El simple hecho de ir a orinar detrás de un árbol conllevaba que fuéramos escoltados.

Nuestras miradas se cruzaban buscando una explicación, la incertidumbre se volvía tortura. El hambre no dejaba de atormentarme y prepararme para lo peor se me hacía cada vez más difícil. Dicho en otras palabras, tenía miedo.




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Ver textos anteriores de Víctor Mozo, en el blog

Ritmos de Cuba (documental Ballet de Alberto Alonso, 1960)



Friday, November 9, 2018

Lo Vivido (un poema de Thelma Delgado)

Nota: Cada viernes un poema de Thelma Delgado. Puedes leer sus textos en el blog, en este enlace.


Lo Vivido

Me enseñaste a traerte café a la cama al despertarte
que un fin de semana puede ser Lunes y Martes
A hacerte el amor sin tener que tocarte
Y a platicar con la luna, cuando nos acostábamos tarde

Me acostumbraste a hacer mi cama al levantarme
A comer pausado también me enseñaste
A poner en mi vida un poco de orden
Y entender que el amor es solo un instante

Que siempre es buen tiempo para un café cubano
que en la cocina se puede hacer más que cocinar
Aprendí tantas cosas, tanto a tu lado
Como que no hacía falta una fiesta para invitarte a bailar

Que no todas las relaciones tienen un nombre
Que el amor se anida donde es bienvenido
Me hiciste tu mujer y te hice mi hombre 
Y fuimos felices cuando nos unió el destino

Pero todo en la vida tiene un principio y un fin
Aquel nuestro romance lo llevo en mi alma ceñido
Cuando rezo en las noches, también rezo por ti
No sufro por lo que se fue, hoy celebro lo que he vivido




___________
Ver
Página de Thelma Delgado en el website del Cultural Council of Palm Beach County

La Bella Cubana (Menia Mártinez y Héctor Leal)



“La bella cubana”, de José White
Coreografía: Alberto Alonso
Al piano: Huberal Herrera
Bailarines: Menia Martínez y Héctor Leal

Atahualpa Yupanqui, entrevista en el programa "A Fondo" (RTVE, 1977)


Thursday, November 8, 2018

Adolescentes y E-cigarettes (por Christina Balinotti)

Nota del blog: Sección semanal dedicada a la familia por la Dra. Christina Balinotti (https://www.facebook.com/christina.balinotti), quien ha aceptado la invitación a compartir cada jueves, un tema relacionado con su proyecto Universidad de la Familia, programa académico extenso de 45 semanas. Los libros de la Dra. Christina Balinotti se pueden adquirir en Amazon en este enlace. Para ver sus videos y suscribisrse a su canal www.unifamilia.com y visitar su website http://www.balinotti.com/


El incremento de adolescentes usuarios de cigarrillos electrónicos, ha llevado a la FDA a prohibir su venta a menores de edad. ¿A qué debemos esta epidemia? ¿Acaso se trata de un mercadeo selectivo que aprovecha el vacío emocional de nuestros jóvenes?. Un hueco afectivo producido por la falta de diálogo y la desconexión con su núcleo de pertenencia: la familia. ¿Imitación de los amigos o fijación a una etapa del desarrollo sexual humano? Les propongo escuchar el audio de mi entrevista en Actualidad Radio 1040 AM "Mejorando vidas" conducido por Alfredo Hernández.






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Christina A. Balinotti: Escritora, Personalidad de Televisión y Radio. Experta en temas de Cultura y Psicología. Mujer de la Semana 2015 CNN Español. Pionera del Movimiento y Organización Femenidad Holística.

Fundadora/Directora del programa académico Universidad de la Familia, Ahora Sí, Miami 2016. http://www.balinotti.com/

Fragmento de la novela "La sangre del tequila" (de Félix Luis Viera)

Nota del blog: A partir de hoy, los jueves estaré publicando varios fragmentos de la próxima novela de Félix Luis Viera, titulada La Sangre del Tequila.


Mi primer intento de liberar el apartamento fue con la señora Lucero Araiza, agente de una compañía de seguros.

¿Se te hizo muy difícil llegar?, me preguntó al arribarle en nuestro primer encuentro. Cómo no me habría resultado difícil si me citó para las afueras del Templo de San Hipólito, un día 28 —y, para más fortuna, viernes en la tarde, horario terrible—, cuando una multitud de beatos viene a rendirle culto a San Judas Tadeo en este templo ubicado en uno de los cruces de avenidas más pavorosos de la ciudad —Paseo de la Reforma, avenida Hidalgo—, yo, aún suficientemente novato en esta megamole, totalmente agallinado entre los cohetazos motorizados que me venían de un lado y otro, desconfiado de las luces de los semáforos, cruzando digo los carriles de esas avenidas, luego de un par de cuadras desde la estación del metro por la que había llegado hasta el enjambre apelmazado junto a la iglesia —tantos de los fieles manteniendo en andas imágenes en bulto de San Judas Tadeo y vestidos con túnicas con los colores de este: blanco, verde y amarillo— desde el cual salió a recibirme, con sonrisa de cara repleta, Lucero Araiza. No, ya conozco el Centro, casi al milímetro, le respondí a punto de sudar, no porque fuera la estación de verano (aquí el verano no existe: es solo una época de cierto vapor asfixiante, que saca la furia, no el sudor), sino porque el tiro desde Villa Coapa hasta los pantalones de mezclilla azul de Lucero Araiza me había sofocado hasta el remate: dos microbuses (que trasladarse en estos no es un viaje, sino una aventura), dos líneas del metro, más el recorrido ardiente dentro de las estaciones.





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Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado siete poemarios; tres libros de cuento; cuatro novelas y una noveleta.
Entre los premios que recibiera en su país natal, se cuentan el David de Poesía, en 1976; el Premio Nacional de Novela, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, galardón que ya le había sido otorgado a este autor, en 1983, por su libro de cuento En el nombre del hijo.
Su poemario La patria es una naranja, que aborda el tema del exilio a la par que incursiona en la realidad mexicana, ha tenido una buena acogida de crítica y público y recibió en Italia el Premio Latina in Versi en 2013.
Es ciudadano mexicano por naturalización. Reside en Miami.

Wednesday, November 7, 2018

De paraderos, guaguas y viajeros en el Camagüey del recuerdo (por Carlos A. Peón-Casas)


La ciudad de entonces los vio proliferar. Viajar a cualquier parte era lo mas natural, en ese minuto, lo mismo a la capital, que a cualquiera de las capitales provinciales, o a lugares intermedios. Pocos en el Camagüey de hoy día, podrían dar testimonio al respecto, que ha quedado indeleble solo en la mente de los que ya pasan de las seis décadas.

Una multitud imparable de ómnibus, regentados por varias compañías del rubro del transporte por carretera, cubrían las rutas sin descanso, noche y día.

Los sitios para abordarlos, los populares paraderos de entonces, a falta de una estación central, estaban dispersos por la geografía citadina.


Santiago-Habana(1), una de las compañías con más renombre y volumen de viajes se acomodaba en la esquina de Avellaneda y San Fernando, sus ómnibus, hacían el mismo recorrido que describía su nombre, en uno u otro sentido entre la capital y la oriental Santiago de Cuba.

El precio del billete en aquella época, se calculaba a razón de un centavo por kilometro recorrido, a la Habana se pagaban por entonces unos seis pesos o dólares al cambio de uno por uno, con algunos centavos. A Santiago, unos cuatro pesos.


Pero aunque el volumen de salidas de esta compañía, casi que desbancaba a la competencia, siempre había algún margen de posibilidad para otras firmas: la Cooperativa de Ómnibus Aliados(2), era una de aquellas, conocida por sus siglas como la COA, y quien igualmente cubria la misma ruta. Se ubicaba también en la calle Avellaneda, en el Hotel Quisisana, frente a la farmacia de Yuesma, (Pobres y Avellaneda) y se identificaba popularmente como la Ruta 34.

Completaba sus ofertas con otra ruta, la 80, que tenía su paradero muy cerca de allí, en el entonces Hotel Residencial, localizado en la Avenida de los Mártires, y que ofrecía viajes a los mismos destinos.


Aparejada con aquellas ya mentadas, y a la par de sus pares, con igual oferta a los mismos destinos, estaba La Cubana. Su paradero estaba localizado en lo más céntrico de la ciudad de los tinajones, en la Plaza de Maceo.

Correspondía aquel al local que hoy ocupa el Restaurant Rancho Luna. Para entonces incluía una especia de andén que corría de la calle hacia el fondo, y aun lado eran famosas una barra y un restaurant siempre concurridos, y no solo por los potenciales viajeros.


Otra línea bien conocida, era La Flecha de Oro(3), que tenía salidas hacia Cienfuegos, y su sitio de abordaje coincidía con la esquina de Avellaneda y San José.

Pero si se trataba de viajar dentro de los límites provinciales de aquel extenso Camagüey de ayer, a cualquiera de sus pueblos interiores, las ofertas y posibilidades eran igualmente variadas.

Si el viajero quería dirigirse a Florida, podría abordar sin mayores consecuencias un ómnibus que enlazaba ambas localidades, en una esquina tan céntrica como las de las calles Independencia y la entonces Estrada Palma, hoy Ignacio Agramonte, frente al desaparecido Bar San José.

Si el destino era Santa Cruz del Sur, la opción era tomar, uno de los por entonces famosos jeeps comandos, remanentes del equipamiento militar norteamericano de la Segunda Guerra Mundial, rematados a particulares a precios de ganga, después del conflicto, y que cubrían la ruta entre la ciudad y los predios de la conocida villa marinera del sur. Su salida se localizaba en la antigua Tienda La Sultana, en la Avenida de la Libertad.

Igual servicio era prestado en dirección al antiguo Central Ecuador, en la muy próspera región de Najasa. La salida era también en la ya citada Avenida de la Caridad.

Un poco más hacia el este, en dirección a las márgenes del rio Jobabo, el antiguo límite oriental de la extensa provincia del Camagüey, era popular una línea de ómnibus bajo el simpático apelativo de Elicanu, que conectaba la ciudad con el poblado de Elia.


Hacia el poniente, o en cualquier otra dirección, amen de las ya mentadas posibilidades a bordo de los ómnibus que partían hacia la capital, y las otras muchas que hacían transito por la ciudad, el interesado podía disponer, a módico costo, del servicio de una maquina de alquiler que lo llevara en tal sentido a cualquier hora, alcanzando incluso los entonces límites de la entonces dilatada provincia.

El escribidor conoce un caso puntual de una maestra de la ciudad que tenía su aula en el poblado de Jatibonico, y cada día hacia en una de aquellas su recorrido de ida y vuelta. Las piqueras de aquellos carros particulares o taxis al uso eran igualmente comunes en varios puntos de la ciudad.






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  1. Contaba con 117 ómnibus y 35 salidas diarias. Su filial hotelera la Santibana S.A, proyectaba ya en 1956 adicionar un hotel en la ciudad de los tinajones sumados a los ya en operaciones en Colon, Matanzas, Santa Clara y Ciego de Avila. En Las Empresas de Cuba 1958. Guillermo Jiménez. La Habana, 2004. p.535
  2. Cubría el 70% del transporte de pasajeros en la República. Tenía 1800 carros. Ibid. P. 220
  3. Sus propiedades estaban valoradas en 500.000 pesos o dólares de la epoca. Tenía 18 ómnibus, y era la quinta ruta por sus ingresos. Ibid. p.472

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