Thursday, November 12, 2020

Versión original del poema "Al Camagüey", de Medardo Lafuente




La edición del 17 de marzo de 1912, de la revista Bohemia rinde homenaje a la ciudad de las iglesias y de "curvas calles". 

En este número encuentro (y comparto) el poema "Al Camagüey", de Medardo Lafuente, dedicado a Bohemia. Lo que parece indicar que es la publicación original de esta insigne inspiración. Luego copio la versión del poema como se conoce hoy día, para que se pueda apreciar las variaciones que tuvo en sucesivas publicaciones (JEM)


"Al Camagüey" (versión original)


Para Bohemia. 


Legendaria ciudad, noble y sencilla;
las gentes sanas, las costumbres viejas;
los patios flores, las ventanas rejas,
mezcla de Andalucía y de Castilla;

Hay once templos en tus curvas calles,
en tu escudo hay palomas y lebreles;
desde lejos semejas cien bajeles
flotando sobre el césped de los valles.

En el único piso de tus casas,
sobre haldudo tejado enrojecido,
jaramagos y yerbas han crecido
como humo verde sobre rojas brasas.

Canta un gallo en el patio su alborozo;
duerme la siesta en paz noble sabueso
y sedienta paloma escarba el yeso
del desconchado del brocal de un pozo.

En tal patio de aspecto sevillano,
al pie del tinajón crecen las flores,
y en la sala se duermen los señores
mientras tocan sus hijas el piano.

Sus calles polvorientas, retorcidas,
sedimento de siglos mediovales
nos hablan de costumbres patriarcales
durante mucho tiempo adormecidas.

Allá en "La Popular", semiapagada
surgen ecos de lírico desmayo;
es que estudian las niñas el ensayo
de la próxima artística velada,

En sillones de mimbres recostados,
del Liceo en la acera y en la puerta,
varios señores de hidalguía cierta
cuentan lo que esto fué en tiempos pasados.

Y por no dar quizá la nota extraña,
en el ibero centro, no muy lejos,
entre café y tabaco, algunos viejos
juegan al dominó y hablan de España.

A tres ciudades quiero; las mejores:
Santander, donde vi mi primer día;
Madrid, sepulcro de la madre mía,
y Camagüey, solar de mis amores.


Medardo Lafuente



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"Al Camagüey" (versión posterior)


Legendaria ciudad noble y sencilla:
las gentes sanas, las costumbres viejas,
los patios flores, las ventanas rejas,
mezcla de Andalucía y de Castilla.

Hay once templos en tus curvas calles,
en tu escudo hay palomas y lebreles;
desde lejos semejas cien bajeles
flotando sobre el césped de los valles.

En el único piso de tus casas
sobre haldudo tejado enrojecido,
jaramagos y yerbas han crecido
como humo verde sobre rojas brasas.

Canta un gallo en el patio su alborozo,
duerme la siesta en paz noble sabueso,
y sedienta paloma escarba el yeso
del desconchado del brocal de un pozo.

En tal patio de aspecto sevillano,
al pie del tinajón crecen las flores,
y en la sala dormitan los señores
mientras tocan sus hijas el piano.

Tus calles polvorientas, retorcidas,
sedimento de los tiempos medievales
nos hablan de costumbres patriarcales
durante mucho tiempo adormecidas.

Allá en "La Popular" semiapagada
surgen ecos de lírico desmayo:
es que cantan las niñas el ensayo
de la próxima artística velada.

En asientos de cuero recostados,
de "El Liceo" en la acera y en la puerta,
varios señores de hidalguía cierta
comentan el valor de los ganados.

Y por no dar quizá la nota extraña,
en el ibero Centro, no muy lejos,
entre café y tabaco, algunos viejos
juegan al dominó y hablan de España.

A tres ciudades quiero, las mejores:
Santander, donde vi mi primer día;
Madrid, sepulcro de la madre mía,
y Camagüey, solar de mis amores.


Medardo Lafuente.

Versión que aparece en “Jornadas Líricas”. Selección de poemas a Camagüey. Imprenta Ramentol 1940.


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update. Junio 8, 2022.

Se agradece cuando recibo mensajes como este:

"Estimado Señor Estrada-Montalván:

Muchísimas gracias por descubrinos que existía una versión del poema "Al Camagüey", de mi abuelo Medardo Lafuente Rubio.

Conocía solamente la de "Jornadas Líricas" (libro que he vuelto a publicar). He hecho grandes esfuerzos para encontrar las publicaciones de Medardo Lafuente en periódicos y revistas y he recogido varias de ellas en un libro que he llamado "Páginas rescatadas" y del cual he publicado tres ediciones, cada vez que he podido ampliar la anterior." (Alma Flor Ada.)

Poeta (un poema de Janisset Rivero)


         A un gran amigo, un hermano



Tú que tienes 
la chispa divina 
en la mirada. 
Y vives la tristeza 
y la alegría 
como si fueras 
a morir, 
en el instante próximo. 

Tú que caminas 
con el alma 
en la mano, 
tocando a tu paso 
la delicia del tiempo, 
y exprimiendo 
la fruta del olvido. 

Tú que no escatimas 
palabras 
para decir tu sueño 
y ponerle nombre 
a tu dolor. 

Tú que abres el pecho, 
desnudo y tibio, 
para que lo atraviesen 
mil lanzas afiladas. 

Poeta, 
extraño sabio, 
conocedor de códigos secretos, 
degustador de asombros 
y de hastíos, 
si yo fuera la noche, 
guardaría 
mi vieja y triste luna 
en un lugar sin nombre, 
tomaría tu corazón 
entre mis manos transparentes, 
y lo pondría a alumbrar, 
sobre el oscuro manto 
de promesas, 
su luz de fuego y agua.




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Janisset Rivero (Camagüey, 1969) ha publicado los libros de poesía Ausente, editorial Aduana Vieja, octubre 2008 y Testigo de la noche, Editorial Ultramar, Miami, 2014

Wednesday, November 11, 2020

Las Fábricas de Pijuán en el recuerdo de un antiguo anuncio del Camagüeyano (por Carlos A. Peón-Casas)



El anuncio de marras, aparecido a toda página del antiguo diario de la ciudad agramontina, en un gran formato que hoy día correspondería como a cuatro de las mínimas carillas del semanario local Adelante, constituía parte de la edición especial que aquel Camagüeyano dedicara al Centenario del nacimiento del Mayor, suceso acaecido en 1941.

El texto allí contenido, en plan de promoción comercial, recogía a grandes rasgos los anales de la que fuera la primera fábrica de Gaseosas que tuvo Puerto Príncipe, establecida en la ciudad por Don José Pijuán Ventura en 1880. La citada fabriquita se ubicaba entonces en la casa marcada por el número 143 ¼ en la calle de los Pobres. En el zaguán del citado inmueble el emprendedor Don José, hizo instalar, las más modernas máquinas de embotellar de la época, y lanzaba al mercado citadino la Marca Registrada de Fábrica con el nombre de “La Moderna”.

La buena aceptación de aquellos Refrescos Pijuán embotellados, verdadera novedad para la ciudad de entonces, hizo florecer el negocio, que ya prontamente obligaron a su ampliación, esta vez a la esquina de Candelaria (hoy Independencia) y el callejón de San José o Cuerno.

Poco más tarde, ocuparía espacio justo en la calle Mayor, frente a la Plaza de Armas, en la acera actual que va de la Calle Cristo a Martí, justo en el sitio donde ya en los años cuarenta del siglo veinte, se localizara un establecimiento de música y muebles, propiedad del Sr. Cabaña, justo al lado de la conocida entonces Sociedad Liga Agraria.

Para comienzos de los años 90’s del siglo XIX, la fábrica originaría era parte de otros negocios de la citada familia, que incluían además de la Fabrica inicial, un Almacén de Víveres y una Licorería, que producía ya para entonces el muy famoso Ron Pijuán, nacido gracias a la receta de Don Ramón, hermano del citado Don José. Del citado bebestible derivaría en la época el término apijuanarse, o apijuanado, con el que claramente se aludía a quienes se propasaban con el susodicho licor en las lides de Baco.

Para 1892, todos los negocios de la familia se reconcentraron en la casa número 45 de la Calle de las Mercedes esquina a San Esteban, y prontamente se abrieron sucursales en los pueblos de Nuevitas y Ciego de Avila.


En el año 1910, ya bajo el nombre de Pijuán, Hno y Cía, S. en C, el negocio se amplió en un nuevo local en la calle Oscar Primelles, y además de la conocida fábrica refresquera, se adicionó una Fábrica de Fósforos.

Ya en la época del anuncio, reseña de los primeros sesenta años de la conocida industria, en ambas locaciones fabriles encontraban sustento entre 120 y 150 empleados, quienes devengaban entonces por concepto de jornales y otras prestaciones más de ochenta mil pesos de la época al año.

Hasta aquí, esta memoriosa recordación de aquella pujante industria gloria de la ciudad, de la que acaso queda todavía indeleble en el recuerdo de aquellos lugareños más añosos, el recuerdo de una de sus producciones insignes ya en los años cincuenta del siglo XX, antes de que fuera finalmente intervenida, la refrescante y deliciosa Piñita de Pijuán.

Tuesday, November 10, 2020

(Bohemia. Noviembre 20, 1932) El ciclón del 32. Camagüey y Santa Cruz del Sur.


 

Dos poemas de Rodrigo de la Luz



Pan

Pan de todas las bocas
ahora le perteneces a la memoria.
Eras la única forma nutricia de los niños.
Eras el agua y la harina
traídas de la gloria;
la levadura y el trigo
que durmió en los jardines.

Pan de mi encierro retirado del mundo.
Pan de mi desconsuelo y de
mi enunciación.
Pan de la virgen y la raíz sinuosa.

Sumergido en tu masa
de hidratos y carbonos,
me asomo lento a tu rápida
memoria,
De tus fibras dependen mi 
lámpara y mi silla;
el filamento y la textura del mantel.

Tu piel amarillenta
compite con el gris de la fachada.
Lo marrón de tu cáscara,
lo blanco de tu masa;
aún recuerda el sudor de blandas monos.

Pan de mi desespero y de mi paz,
pan de mi boca:
nutrido de la lágrima industrial,
del horno y el tesón;
quiero que no te olvides de mi voz,
de mi canto exilado,
de mi verbo crujiente de 
panera,
de mi rasqueta y mi báscula
de brazo.

Pandemónium, pan de ángel, pan de flauta.
Pan del pasado y de recientes días,
sonríele a la boca de los dioses.
Integral, germinado,
consistente, compacto.

Los días de la hambruna en la trinchera
vuelven a regresar a su heredero.



Fin del hambre

Deja que el pan se extienda
hasta otras puertas, hasta otras bocas.
Sin sangre que te azote, sin bravatas.

Trata que no te sorprenda la estampida
mirándote a ti mismo en tus
pupilas,
que reclaman y huyen caprichosas.

No recuerdes las calles, los silbatos,
los posibles insomnios, los faroles,
las antorchas más breves,
los recodos vacíos.

No implores, no mendigues
tras el paisaje estéril.
Todo será posible sobre cierta planicie;
(fértil, fecunda, prolífica).

Calla entonces tu queja.
Tu grito será en vano.
Tu amor desfallecido multiplica los peces.

¿Por qué las mujeres perdonan más fácilmente una infidelidad? (por Cecilia Alegría, La Dra Amor)

Nota del blog: Espacio semanal de Cecilia Alegría, La Dra. Amor, dedicado al amor de pareja.



Estudios recientes han demostrado que las que perdonan una infidelidad con mayor frecuencia son las mujeres y que muchas -aunque no perdonen- se quedan con el infiel, haciéndose de la vista gorda, sobre todo si están expuestas al escrutinio público.

Cuando Terry Maketa, Sheriff de El Paso, Texas, fue acusado de tener relaciones extramaritales con tres empleadas, cientos de emails subidos de tono, intercambiados entre él y una de ellas, fueron publicados por los medios. Pero Vicki, la esposa de Maketa, se mantuvo a su lado todo el tiempo, participando en las marchas de apoyo a su marido. En un post de Facebook, Vicki dijo que su esposo había cometido errores semejantes en el pasado y que ella se los había perdonado todos.

¿Será que podemos considerar cómplice a la esposa-víctima porque su actitud perpetuaba la conducta infame de su Casanova? A nadie le cabe duda de que la infidelidad es algo que no se debe promover. Sus efectos suelen ser devastadores por culpa de las mentiras, engaños y traiciones que destruyen la confianza. Y la confianza es parte fundamental de los cimientos sobre los cuales se construye una relación feliz y duradera.

Hasta dónde se llega en la aceptación de la infidelidad depende de las restricciones que cada matrimonio se autoimpone. Hay diversas causas que, ante los ojos de la mujer, justifican que ella viva en carne propia el refrán que dice "Ojos que no ven, corazón que no siente". Entre las más comunes encontramos: dependencia económica, hijos pequeños que necesitan de su padre, el qué dirán y el miedo al cambio.

Uno de los casos más sonados de infidelidad de alto vuelo ha sido el del ex presidente Bill Clinton. Su esposa Hillary fue entrevistada por el periodista británico Nigel Farndale en el 2003 a quien le contó que cuando supo que Bill la había engañado con Mónica quedó tan sorprendida que entró en un estado de shock que le impedía respirar, y acto seguido reaccionó gritándole a su esposo en medio de un llanto frenético. El periodista británico, con su manera desenfadada de preguntar, cuestionó la sorpresa de Hillary ante la confesión de su marido, pues éste ya había admitido otro affaire extramatrimonial con Gennifer Flowers para entonces.

“Bueno, eran muchas las razones por las que le había creído a mi marido, incluyendo las experiencias que yo misma había tenido desde que ingresé a la Casa Blanca. Había tantas acusaciones en mi contra, que eran totalmente falsas, y sin embargo allí estaban en las primeras páginas de los periódicos. Así que para enero de 1998 [cuando su esposo le mintió acerca de Lewinsky] yo estaba acostumbrada a que lanzaran esas historias escandalosas contra cualquiera de nosotros, o contra ambos".

¿Ha perdonado a su esposo?, fue la siguiente pregunta del periodista inglés. La ex primera dama le aseguró que sí. “Lo he hecho, lo he hecho. No fue fácil y no pretendo ser ningún tipo de ejemplo de perdón. Fue un proceso muy largo para mí…Y es que tomo muy en serio el matrimonio, al igual que mi marido. Recomiendo encarecidamente el perdón” .... Sólo Dios sabe si Hillary perdonó las infidelidades de Bill por tomarse en serio la institución matrimonial o por una agenda política ambiciosa.

Otra variable a considerar, para el común de los mortales, es cuando un infiel totalmente arrepentido pide una última oportunidad y entonces ambos deciden luchar por salvar su matrimonio. Cosa difícil pero no imposible. La pareja tiene que practicar una comunicación íntima reveladora de sus sentimientos, miedos y frustraciones, con total apertura al otro, y trabajar en aquello que funcionará para ambos en el camino de salida del atolladero. 

Sin duda alguna recomiendo la terapia de pareja. La reconstrucción de la confianza es ardua y la participación del especialista resulta altamente necesaria.




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Cecilia Alegría, La Dra. Amor (www.ladoctoraamor.com): Consejera de Parejas, Love and Life Coach, Conferencista Internacional, Periodista y Conductora de Radio y TV. Destaca en los Medios Latinos en Miami dando consejos sobre cómo triunfar en el terreno amoroso y ayudando a miles de parejas a resolver sus problemas. Forma parte del grupo fundador de profesores del programa Universidad de la Familia.

Ha publicado diez libros entre los que se encuentran: Comunicación Afectiva=Comunicación Afectiva (Espasa Calpe, España, 2000). 120 preguntas y respuestas para ser mejores personas (Editorial Norma, Colombia, 2004), No hay amor más grande (Editorial Aragón, USA, 2012), Amando un Día a la Vez (Ediciones Varona, U.S.A. 2015), Al rescate de tu comunicación de pareja (Ediciones Varona, USA 2017), Sexo Sagrado y Lazos del Alma (Indie Publishingnbsp, 2018), Alessia (Book Master Corp. 2019) 


Sunday, November 8, 2020

Jack Carter (por Florencia Guglielmotti)

Nota del blog: Sección semanal dedicada al Ballet y la Danza, a cargo de la la ballerina, coreógrafa y profesora Florencia Guglielmotti.

Los textos anteriores, se pueden leer en este enlace.


Jack Carter nació en la localidad de Shrivenham, Inglaterra, el 8 de agosto de 1923 (aunque esta fecha puede no ser exacta ya que algunas fuentes lo datan en 1917). Su primera pasión fueron la ópera y el ballet rusos. Así fue como, tras ahorrar centavo a centavo, pudo llegar al Covent Garden para ver las últimas presentaciones que la compañía de los Ballet Russes del Coronel de Basil realizaba allí. A pesar de la oposición de sus padres, tras dejar la escuela en 1938, inició sus estudios de danza en la Sadler's Wells School, dirigida por Ninette de Valois. Al iniciar la Segunda Guerra Mundial, Carter fue citado a prestar servicio, por lo que debió abandonar sus estudios para retomarlos solo seis años después, donde continuó su formación en la misma escuela bajo la tutela de Vera Volkova. Luego se perfeccionó en París con la reconocida bailarina y maestra rusa Olga Preobrajenska.


Participó como bailarín en diferentes compañías, como el Ballet Rambert y el London Festival Ballet, pero se destacó como coreógrafo. Entre 1954 y 1957 se desempeñó como coreógrafo en el Ballet der Lage Landen, en Amsterdam, donde creó su obra más famosa, “The Witch Boy” (1956), con música de Leonard Salzedo, basada en la balada de Barbara Allen, la cual fue interpretada por las grandes compañías de todo el mundo. Se destaca también su rol como coreógrafo principal en el London Festival Ballet (actual English National Ballet), entre 1965 y 1970.



Carter era muy eficiente en el trabajo con grupos pequeños y con obras que trataran temas relacionados a la condición humana. Esto no implicó de ningún modo que no pudiera trabajar tópicos más alegres ni con grandes producciones. Entre sus obras podemos mencionar “Past Recalled” con música de E. Bloch (1953), “Love Knots” con música original de J. N. Hummel y arreglos de L. Salzedo (1954), “The life and death of Lola Montez” orquestación de L. Salzedo sobre el original de G. Verdi (1954), “London Morning” con música de N. Coward (1959), “Agrionia”, la preferida de Carter, con música de L. Salzedo (1965), “Beatrix” o “La Jolie Fille de Gand” con música de A. Adam (1966), “Cage of God” con música de A. Rawsthorne, para el Western Theatre Ballet (1967), “Pythoness Ascendant” con música de L. Berio (1973), “Three Dances to Japanese Music” con música de Katada, para el Scottish Ballet (1973) y “Lulu” con música de D. Milhaud, para el Sadler's Wells Royal Ballet (1976). Así mismo realizó algunas versiones de ballet clásicos del repertorio tradicional, que a veces resultaron controvertidos, como “El lago de los cisnes” y “Coppélia”. 


Jack Carter falleció en un hospital de la ciudad de Londres como consecuencia de la leucemia que padecía, el 30 de diciembre de 1998.



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Florencia Guglielmotti reside en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). Es Profesora de Danza (titulada en la Escuela Nacional de Danzas "María Ruanova"), Licenciada y Profesora de Artes (recibida en la Universidad de Buenos Aires). Cursó estudios en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. Es Miembro de International Dance Council CID (UNESCO).

Actualmente se desempeña como Profesora de Danza Clásica y como Profesora Titular de Historia de la Danza en la Escuela Superior de Enseñanza Artística "Aída V. Mastrazzi". florenciagu@gmail.com

I believe (by Elvis Presley)





I Believe

I believe for every drop of rain that falls
A flower grows
I believe that somewhere in the darkest night
A candle glows
I believe for everyone who goes astray, someone will come
To show the way
I believe, I believe

I believe above a storm the smallest prayer
Can still be heard
I believe that someone in the great somewhere
Hears every word

Everytime I hear a new born baby cry,
Or touch a leaf or see the sky
Then I know why, I believe

Saturday, November 7, 2020

Pasión de la inteligencia (un poema de Emilio Ballagas)




Caiga el polvo habitual de la mirada,
la sombra veladora de las cosas,
y desvestidas quédense las rosas
y desnuda la voz enamorada

de un arpa con las cuerdas del diamante
bajo la hegemonía que la invita
a presidir la esplendorosa cita
que lo eterno se da con el instante.

No las palabras, mas la idea pura,
no la materia, sí la coincidencia
entre la forma y lo que la apresura.

La cáscara mortal del accidente
disipada en las luces de la esencia
y el lucero del Acto, permanente.

Carta de la Conferencia Cubana de Religiosos y Religiosas (CONCUR)


La Habana, 6 de noviembre de 2020


Muy queridos hermanos:


“…Y aun vivimos tan convencidos que solo el Reino es nuestra utopía…Y sin perder el amor primero unimos mística y profecía y acompañamos a nuestro pueblo en el martirio y en la alegría…y aún seguimos en la frontera donde la vida es arrebatada y con las víctimas del sistema que siguen siendo crucificadas…” (Himno de la CLAR Horizonte Inspirador Marzo 2009)


Ayer amanecimos con dos noticias que también inundan de tristeza el corazón de la Iglesia que peregrina en Cuba, el fallecimiento del Padre Carlos Elizalde, de la Congregación de los Padres Pasionistas y de la Hermana Alejandra Esteve, de la Congregación de las Hermanas Sociales. 

Al rezar en la mañana por el eterno descanso de estos hermanos nuestros, que se sumaban al de nuestro querido Padre Bruno Roccaro sbd, me preguntaba cuántas muertes más podrían seguir apareciendo en nuestro horizonte. Más aún, me inquieta la posibilidad de mirar las muertes cotidianas a las que estamos asistiendo. No sé si de manera consciente o no, eso nos toca a cada uno hacer la lectura personal delante de Dios. 

Me gustaría compartir con toda la Vida Consagrada y los que acojan esta sencilla carta, lo que muchas veces hemos reflexionado como Junta Directiva de la CONCUR de cara a nuestra realidad, como hombres y mujeres que vivimos y compartimos la fe en medio de nuestro pueblo. Esta reflexión hecha oración, ahora cobra vida y expresa nuestro sentir. Tengan la certeza de que estas palabras (mías) van acompañadas con todo nuestro cariño, nuestro modo de trabajar en equipo, y sobre todo, las comparto porque seguimos lanzando el reto de continuar buscando juntos caminos que devuelvan vida y esperanza en la construcción del Reino del Padre. 

Hoy me detengo y pienso en todo los que está ahora mismo muriendo en nuestro mundo, y que sabemos, a través de un estallido permanente de noticias para nada alentadoras, y que, por tanto, también nos afectan, nos duelen, porque aunque somos Isla no podemos ni debemos aislarnos. Esa sería la mayor de nuestras muertes, pues gracias a nuestra idiosincrasia, somos alegres, acogedores, solidarios y sabemos dar y darnos por encima de nuestras necesidades. Estos valores que se han debilitado, no se han perdido gracias a Dios y hoy estamos todavía a tiempo de recuperarlos y que sigan siendo nuestra identidad, como opción responsable de cada cubano allí donde se encuentre. Pero, más allá de todo, quiero hablar de muertes en nuestra Cuba, deseo referirme específicamente a Ella porque es la que conozco, porque la amo, en ella nací, en ella vivo y, a pesar de todo lo que también sufro, es aquí donde quiero morir, con ella y por ella hasta las últimas consecuencias, como dijera Martí: “de cara al sol”. 

Cuando me detenía en los versos del canto que colocaba al inicio de este compartir, y que hoy nos ayudó en el momento de la comunión, me preguntaba si de verdad para mí, para ti, para todos, el Reino y todo lo que significa ese Reino del que Jesús es dueño y protagonista con el Padre y el Espíritu y que humildemente lo traduzco en: acoger, defender, enseñar, apostar, impulsar, confiar, expresar y ayudar a que otros se atrevan a expresar; sí todo esto y más, aún sigue siendo nuestra utopía como hombres y mujeres consagrados, extendido también hacia todos los creyentes. Sabemos que la utopía es inalcanzable, pero guardo como un tesoro inagotable lo que nos enseñó un reconocido profesor de Antropología en María Reina en los años 90, él nos decía que: “es posible también una utopía alcanzable desde nuestros esfuerzos, sostenidos con la gracia de Dios”, es entonces desde esa permanente inquietud que alberga mi corazón, que hoy me pregunto si es posible levantar nuestras voces juntas para que se escuchen pidiendo: 

1-Que se tomen decisiones justas y equitativas. No creo que necesario explicar que no es justo lo que está pasando con el supuesto cambio de moneda, que, se ha convertido en una sombra casi permanente y amenazadora, ¿se compra en una y se paga con otra? Esto se debe modificar, lo justo es poder comprar o pagar lo debido en lo que cada quien recibe como remuneración a su trabajo. 

2-Que el pueblo tenga acceso real a los alimentos. Nos quejamos de las colas y esa queja a muchos les molesta, pero también me pregunto, ¿si a todos les llegara, si el abastecimiento fuera real, nuestro pueblo tendría que hacer colas interminables?, ¿o las hacen porque les gusta? CLARO QUE NO, las hacen porque tienen que alimentar a sus abuelos, hijos, nietos… me duele escuchar cuando dicen: “hay mucha gente en la calle y esto es cuestión de responsabilidad”, sí, pero, ¿de quién? de todos, sobre todo de aquellos que son los que tienen en sus manos el compromiso y la obligación de custodiar, procurar lo necesario y defender a su pueblo. 

3-¿Cómo lograr que la vida no sea solo "hoy", sino ofrecer un futuro estable, que podamos vislumbrar un horizonte que sostenga la esperanza tan necesaria para caminar y permanecer en nuestra tierra y apostar por ella, reconstruyéndola desde adentro? 

4-¿Cómo se puede dejar de fomentar la desconfianza, el miedo, el enfrentamiento entre nosotros, que como dijera un viejo amigo: “todos cubanos, todos hermanos” ¿cómo restaurar a la persona cuando seguimos constatando el daño humano que cada vez crece más y repercute en todas las esferas de la vida social? 

5-Porque creo que es vital para todos: ¿Cómo, después de ejercer nuestro derecho en el proceso de reforma constitucional, podemos participar más en el amplio proceso legislativo que se está realizando en el país? 

Creo de verdad que "algo nuevo está naciendo", estas muertes de las que hablaba al principio, ya comparten con Aquel que es la VIDA, y no dejaré de agradecer, porque esas vidas entregadas nos alientan, nos impulsan y renuevan. Creo que esas semillas que se han ido depositando en nuestra tierra, o han entregado parte de su vida en ella, nos están lanzando a la ESPERANZA, a creer que el Reino es hoy (…) y es también mañana y ojalá entendamos que una buena parte depende de nosotros. No permitamos que se apaguen nuestros anhelos de entregar a las nuevas generaciones una Cuba mejor, donde ellos se sientan parte y no renuncien a sus sueños de darle a ésta, su patria amada, lo mejor y más genuino de cada uno, muchos niños y jóvenes están muy cerca de nosotros, no los defraudemos con nuestras quejas, agobios, démosle razones para vivir, para apostar, para CREER firmemente que Dios no defrauda, pero testimoniemos esta certeza de la que estoy convencida; todos nosotros creemos en esto y es desde esta seguridad y confianza que nos vivimos y renovamos cada amanecer para seguir cargando la cruz de la cotidianidad en pos del Maestro, seguros de la Resurrección, también cotidiana. 

Hermanos tan queridos, hagamos alcanzable para todos la utopía de una Cuba mejor, en la que sea posible seguir siendo amigos, compañeros de camino, creyentes o no, todos con la misma canción, con la misma fuerza, con la convicción de que si cada uno pone su granito de arena en verdad un mundo mejor es posible y, porque “creo en la fuerza de lo pequeño”, como Félix Varela, porque creo en aquello que puede parecer anónimo y que se gesta gradual y silenciosamente como la semilla de mostaza o la pizca de levadura, porque “creo en el mejoramiento humano” como nuestro Martí… y simplemente porque CREO en que allí donde está toda nuestra imposibilidad están todas las posibilidades de Dios, te invito, a la vez que me siento invitada por Dios, a alzar la voz de la esperanza, de la justicia, de la reconciliación, de la alegría y devolverle a nuestro pueblo de una vez y por todas, la sonrisa que adorna sus rostros y nos convierta en lo que siempre fuimos: ese pueblo sencillo, próspero y atrayente, donde todos sentían que esta isla era un oasis, pero que pueda volver a serlo empezando para los de dentro.

En el corazón de nuestra Madre, la Virgen de la Caridad, cubana por excelencia, dejo a todo nuestro pueblo, que Ella nos alcance de su Hijo todo esto que soñamos, y que, junto a Ella podamos contemplarlo… Hagamos lo posible porque Ya es la hora… 

Con cariño fraterno: Sor Nadieska y Junta Directiva de la CONCUR 


(Texto tomado del Facebook de Vida Cristiana)

Friday, November 6, 2020

La música y los espíritus. Capítulo de la novela "Ritual del necio" (de Roberto Méndez Martínez)

Nota previa: Agradezco a Roberto Méndez Martínez, que comparta con los lectores del blog este capítulo de su novela Ritual del necio, disponible en Amazon en este enlace.

"En la novela El ritual del necio (Editorial Letras Cubanas 2011, Editorial D' Mc Pherson 2020) conocerá el lector la historia Andrés, un joven musicólogo, que procura sobrevivir en La Habana de 199… durante las oscuras jornadas del “Período especial”. Un día recibe el manuscrito de una novela inédita que le ha remitido un amigo antes de suicidarse. La búsqueda de asideros para comprender el laberíntico texto y el mandato de hallar un editor para aquel escrito singular darán un sentido nuevo a su vida. Los mitos europeos musicalizados por Richard Wagner se funden con la historia y la leyenda de una isla soterrada que sigue buscando el Santo Grial de sus orígenes.

La obra El ritual del necio es rica en juegos intertextuales, parodia, humor y erotismo. Todos estos elementos se mezclan en estas páginas para ofrecernos un texto exquisito. Con El ritual del necio obtuvo Roberto Méndez el Premio Alejo Carpentier de Novela 2011."

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Andrés ha llegado a pie, desde el Parquela  de la Fraternidad hasta la Calzada – más bien enorme y sucia- de Jesús del Monte. Hoy no hay transporte en la Ciudad, a no ser los taxis para turistas, pero no puede gastar uno solo de los centavos del viaje. Ya ha cruzado Agua Dulce, en cuyo parque tomó un cocimiento de sabor indescifrable y dejó atrás el cine en ruinas que ahora ofrece otro espectáculo: de una ventana alta asoma un negro joven que no cesa de reír y hacer muecas, gesticula con una sola mano para llamar la atención de los transeúntes y sigue riéndose. Su secreto está en que con la otra mano se está masturbando, aunque el muro impida saberlo con certeza. Se exhibe y se oculta con placer especial entre montones de escombros, basuras en descomposición, excrementos lanzados en bolsas de plástico. Lo excita saber que otros ven y no ven, saben y no saben. Ríe convulsivamente y no se detiene.

De la Calzada del Poeta queda muy poco: una reja en forma de lira, columnas con el fuste herido, portales que apenas se mantienen en pie. Cerradas las antiguas sederías, quincallas, ferreterías penumbrosas, abiertas de par en par las que fueron residencias de salas crepusculares e íntimas. Todo subvertido, mugriento, venido a menos o a nada. La nada que grita y apesta, cuadra por cuadra, puerta por puerta, sin desembocar en una finalidad visible.

La mujer lo está esperando. Es la tercera casa, a la derecha, al entrar en la calle General Lee. El techo del portal cayó hace mucho, las columnas alzan sus muñones sin demasiado remilgo. Pero el interior tiene algo de protegido. Entre los retratos familiares que pueblan las paredes hay uno de Lezama, recortado de un periódico de otro tiempo.

-Estuvo aquí una tarde, hace muchísimos años, con unos amigos. Quería saber de un pintor que había muerto poco antes…

Efectivamente, había leído esa escena en Paradiso. El milagro es que Chacha, la clarividente hubiera sobrevivido a Lezama y a tantos desastres. Apoyada en un andador de madera rústica, con ropas que le venían ya demasiado anchas y los labios signados por un creyón harto púrpura como un resto de coquetería, también ella era una ruina.

Siguieron por el corredor, donde los sillones rotos se apilaban, como restos de naufragios, contra las paredes, hacia un comedor sombreado. Sobre la mesa había un mantel con incrustaciones estilo Richelieu, estirado y limpio, tanto como los siete vasos de agua colocados sobre él con rara simetría y los gajos de plantas aromáticas dispuestas aquí y allá.

-¿Trajo el libro?

El joven le alargó el sobre

-Cuidado, las hojas están sueltas, no he podido encuadernarlo…

-No se preocupe, muchacho, que no voy a abrirlo. Lo que necesito es el objeto y lo que viene con él.

Tomó ella el asiento de la cabecera más próxima e hizo acomodarse al visitante en uno contiguo. Depositó el sobre ante los vasos de agua y colocó la diestra encima, mientras entornaba los párpados a la vez que comenzaba una oración que repetiría mucho. Cuando Andrés, algo menos intranquilo, se decidió a mirarla, se dio cuenta de aquel ligerísimo temblor que recorría la piel de la anciana y que le ponía gotitas de sudor en el rostro antes de deslizarse hacia el cuello. Aquello duraría varios minutos.

Por fin Chacha abrió los ojos.

-Usted ha tenido buenos amigos. Varios y unidos por una cosa fuerte y secreta: la música. Gracias a la música, ellos, aunque desencarnaron entre muchas angustias, podrán ir progresando. La armonía los ha ayudado a desatar muchas cosas. Uno de ellos, que era un hombre fino, se murió solo, pero sintiendo que usted lo acompañaba y está feliz de que ahora siga el rumbo que la propia música manda, lo quiere realizado y dichoso. Otro de ellos está menos avanzado, todavía está sufriendo porque le hicieron violencia, pero traía luces especiales con él, se apegó demasiado a ciertos placeres para sustituir a la familia que lo abandonó, él quiere decirle a usted que viaje, que vaya lejos y descubra el enigma del inocente que por la compasión salva al que está herido y que retorne, para honrarlo, con música, claro…

-Esos…esos son La Víbora y Franz, pero ¿y El Gordo, el del libro?

- Ese está más lejos. Se quitó la vida y tiene mucho que purgar, pero ahora tiene más sosiego porque sabe que su libro está en buenas manos. Cuando el libro aparezca, cuando todos sepan el mensaje que él puso allí, habrá pagado su deuda en este mundo y avanzará hacia la luz sin fatiga alguna. Cumpla con él y, si quiere, olvídelo. Usted trae su propia luz, su música. Emprenda su viaje, cuide la salud de cuerpo y alma y regrese cuando haya aprendido todo lo que pueda. Ya me contará.

El rito había terminado. Chacha se incorporó y recibió, como si diera poca importancia al asunto, la bolsa que contenía unas pocas onzas de frijoles, jabón y el particular lujo de una lata de leche condensada y otra de carne prensada. Desde hacía tiempo prefería cobrar en especie.

-Vaya con Dios, joven y le deseo mucho éxito, que se lo merece. Éxito de verdad, no como los zapatos del Presidente…

-¿Cómo dice?

-Es una historia de familia. Escuche para que aprenda algo más de la historia de esta Isla, que casi nadie recuerda. Mamá tenía un don como el mío y muchísima gente venía a consultarla. Vivimos aquí desde el siglo pasado, cuando todo esto se llamaba Jesús del Monte. Ante ese portal, que era de horcones, se detuvieron muchísimos coches, aunque otros preferían dejarlos en la Calzada, para que no se supiera que venían a consultarse con una mulata: ministros, hacendados, doctores, hasta artistas. Aquí estuvo el mismísimo Marqués de Tenerife, en sus últimos días en Cuba, a ver si veía el desenlace de esto, pero mamá no pudo decirle nada, había demasiados seres pidiendo justicia alrededor suyo y se fue sin respuestas. Unos años después, a mediados de 1906, una pareja llamó a la puerta. No había coche a la vista. Mamá enseguida los reconoció: era el presidente Estrada Palma con su esposa Genoveva. Él quería saber si lograría mantenerse en el poder, a pesar de la guerra que le estaban haciendo los liberales y si ella veía en el futuro que él tuviera un papel grande en la historia, si su figura sería venerada en alto. Mamá sabía que eso era algo serio, oró más rato del habitual, pidió asistencia especial de los guías – yo la estaba mirando, escondida, desde la cocina- y cuando terminó le dijo:

-Presidente, deje todo, váyase lejos y, sobre todo, no deje que derramen sangre…

El Viejo estaba muy molesto, decía que él tenía sus obligaciones, pero insistió para que ella le hablara del futuro, cómo lo verían dentro de cien años, qué quedaría de él para la historia. Mamá cerró otra vez los ojos y cuando los abrió dijo algo absolutamente disparatado:

-Mire, yo no veo la historia. Ni siquiera sé bien qué es eso. Lo único que veo son unos zapatones suyos puestos en alto…

Se fueron furiosísimos. La mujer tironeaba de él y le decía algo de que eso sucedía porque habían ido allí en contra de lo que mandaba el Dios verdadero y él iba maldiciendo la hora en que hizo caso a su secretario y vino a ver a esa bruja pagada por los liberales. Yo, arriesgándome a que me castigara, por estar escuchando, le pregunté a mamá que era eso de los zapatones. Ella no sabía bien:

-Hija, yo digo lo que veo, o lo que me dictan. De ese hombre sólo quedarán unos zapatos, pero muy en alto…

Pasaron los años. Nunca volvimos a hablar de eso y mamá murió en 1950. Años después, por los sesenta y algo, tuve que ir a hacer un trámite al Vedado, pasé por la Avenida de los Presidentes. El monumento a José Miguel ya no tenía su estatua, más allá, tampoco Estrada Palma tenía la suya, la habían arrancado chapuceramente de su pedestal y se habían quedado pegados los dos enormes botines, que se llenaban de agua de lluvia y servían de bebedero a los gorriones. Allí estaban los zapatos muy en alto que mamá había visto, eso era lo que aquel Presidente, chiquitico y amargo, dejó a la historia. No se preocupe, lo de su música será mejor que ese monumento…

Al llegar a la esquina, Andrés verificó el verdadero milagro. Estaba detenido un autobús antiquísimo, sin número, que iba hacia La Habana. Pudo sentarse y dedicar un rato a la lectura del libreto de Parsifal que traía consigo. Así, mientras desandaba su ruta entre desconocidos, volvió a repasar el bautismo de Kundry, el cortejo de caballeros que lleva el ataúd de Titurel y al herido Amfortas en una litera y el instante del milagro, cuando la lanza sana la herida.
Parsifal

Sólo un arma puede hacerlo:
la herida sólo se cerrará
con la misma lanza que la provocó.
(Amfortas, con la cara transfigurada, se tambalea. Gurnemanz le sostiene)
¡Quedaréis redimido y curado!
¡Yo oficiaré la ceremonia!
¡Benditos sean tu sufrimiento
que la divina fuerza de la piedad
y el más puro poder del conocimiento
otorgaron a un débil tonto!
(Ante la vista de todos, Parsifal alza la lanza sagrada)
La Lanza Sagrada 
¡Os la traigo de vuelta!
(Sorpresa general. Lleno de entusiasmo, Parsifal sigue alzando la vista hasta la punta de la lanza)
¡Oh, alegría suprema de este milagro!
¡Mirad cómo, desde aquella que os ha curado la herida
fluye la sagrada sangre,
deseosa de llegar a su manantial
durante mucho tiempo perdido!
¡Mirad cómo fluye en el Grial!.
Ahora nunca podrá abrirse otra vez:
¡Destapad el Grial, abrid el Relicario!

(Parsifal sube los escalones del altar, coge el Grial y se arrodilla, absorbido en plegarias. El Cáliz brilla. Por abajo se hace cada vez más oscuro, mientras que por arriba hay cada vez más luz)

Escuderos, Jóvenes, Caballeros
(Desde arriba, apenas se les oye)
¡Supremo milagro de salvación!
¡Redención para el Redentor!

(La luz brilla con más fuerza. El Grial se abrasa. Una paloma sale volando desde la cúpula y revolotea por encima de Parsifal. Kundry cae al suelo, muerta, con la mirada fija en él. Amfortas y Gurnemanz se arrodillan ante Parsifal que bendice a la congregación).
El autobús lo dejó junto al Castillo de la Real Fuerza, que, como se sabe, es el sitio de mayor imantación de La Habana. 

Al fin (un poema de Thelma Delgado)


Mi corazón acelerado y loco
Espera impaciente y con regocijo
Que tu cuerpo al mío se acerque un poco
Para quererte mucho, como el lo predijo.

Cuando llegue el tiempo y nos veamos
El tiempo se detendrá por completo
Y tus labios de hombre enamorado
Besarán los míos con un gesto pispireto.

La ciudad tan bulliciosa y feliz
Ahora descansa y en silencio duerme
La noche estrellada será el tapiz
Donde en calma al fin, tu puedas amarme.


Thursday, November 5, 2020

Tarde (un poema de Janisset Rivero)


Escucha la tarde, sus giros de luz inesperada; 
viento de octubre que la eleva 
en una danza silente, reposada. 

La tarde es una mujer madura… 
(sus ojos cálidos, su cuerpo terso aún) 
invita a respirarla, contemplarla, 
hundirse en su regazo. 

Los vespertinos rayos, el calor de su beso 
transpiran plenitud y anuncian 
el secreto advenimiento de la noche. 

Tarde, espejo de sus ojos hondos y azules… 
reflejo de horas jubilosas. 
Atenúa tu paso y diluye el brillo 
de las eternas alas; 
apresura las aristas de la risa 
y refracta en el alba.




------------------
Janisset Rivero (Camagüey, 1969) ha publicado los libros de poesía Ausente, editorial Aduana Vieja, octubre 2008 y Testigo de la noche, Editorial Ultramar, Miami, 2014

Wednesday, November 4, 2020

Estrada Palma (un poema de Aurelia Castillo de González)


De Yara entre los típicos palmares 
Comienza la epopeya del patriota. 
La heroica ofrenda de sus labios brota 
De patria y de virtud en los altares. 

Proscripto luego de sus dulces lares, 
El infortunio, que al más recio agota, 
Es piélago para él, en donde flota 
Cual gallardo bajel en crespos mares. 

Hoy del anciano al patriarcal retiro 
Llega la madre de los héroes, Cuba, 
Y Acepto, dice, de tu amor la ofrenda. 

Como en límpido espejo en tí me miro. 
¡Que el nombre tuyo con mi nombre suba 
Y en tí mi gloria inmaculada esplenda!»


Mayo 1902

Monday, November 2, 2020

Los bizcochos del Coppelia (por Joaquín Estrada-Montalván)



Del 81 al 83 asistí a la secundaria Mártires de Camagüey, tiempo y escuela de los que tengo abundantes memorias que compartir (he publicado aquí hasta ahora una muestra: sobre el "beso que no di", el "short autorizado y vuelto a prohibir", "la cola de la bicicleta", del grupo de "mangueros" de Iván el Loco y la "música lenta en las descarguitas", ...)

De esta época comparto hoy, que pasábamos por el Coppelia, nos dirigíamos al inicio (o al final) de la "cancha" donde la empleada le ponía los bizcochos a la combinación de helado, que iban desde el simple monobolar Arlequín de 40 c hasta la (multibolar) Ensalada de Helado de 1. 60 (creo recordar). Mi preferida era la Copa Lolita, dos bolitas y un flancito (1. 20 o 80 c, no recuerdo bien el precio). 

Retomando el relato, en el Coppelia, nos metíamos delante de la cola, extendíamos las manos hacia la señora que servía y salíamos con ellas llenas de bizcochos. 

Sunday, November 1, 2020

P. Alberto Reyes: "Cuba es como un gran teatro, donde nos mentimos unos a otros como parte de una obra que ya no necesita ser ensayada"



Crónicas del Noroeste III.


Cosas que pasan


La vida da, de tanto en tanto, giros. Yo tenía pensadas unas crónicas diferentes. Había recogido meticulosamente en mi celular muchas anécdotas parroquiales sucedidas este mes, pero la vida es caprichosa, impredecible, incluso extraña, podríamos decir. Y es que las anécdotas ya no están, mi celular murió en un aguacero y se llevó muchas cosas a la tumba.

Los domingos en la tarde suelo ir a dos pueblos relativamente cercanos: Caonao y Tabor. Hace un par de semanas mi transporte era una motorina. El cielo amenazaba agua pero a la hora de salir no había caído una gota. Fui a un pueblo, luego al otro. Al regresar comenzaba una tenue llovizna, que un poco más adelante se convirtió en lluvia firme y terminó siendo un torrencial aguacero, cargado de electricidad.

Con cañaverales a derecha e izquierda, la única opción era seguir, intentando no terminar por los suelos. Los relámpagos y su administración pertenecen al Señor de los cielos, así que mejor no preocuparse por lo que no nos es dado controlar. Por motivos técnicos relativos a la humedad y que no domino, la motorina, que era eléctrica, empezó a acelerarse sola, mientras yo me enfocaba en mantener el equilibrio y mi visión de túnel me impedía darme cuenta de la posibilidad de cortar la corriente apagándola. Con horror vi venir de frente, rebotando en los charcos, un autobús a toda velocidad, luego una máquina, luego otro autobús. Mi mente se disparó. Paralizado sobre la motorina, que había adquirido vida propia y que iba a toda potencia por una carretera encharcada, empapado hasta los huesos, con el casco que se movía en todas direcciones…, a mi mente no le quedó nada por decir.

Más adelante, de repente, la motorina dejó de funcionar. Luego me explicarían que se había disparado el breaker de seguridad, pero yo no lo sabía, así que empezó la segunda etapa. Chorreando agua, motorina en mano, caminar, mientras los relámpagos se expandían a derecha e izquierda.

En una situación así, sólo hay dos cosas que hacer: quejarse y maldecir a la galaxia, o pensar. Y yo pensé, pensé en que más allá de mi pasión por atender a mis pueblos las cosas no tendrían que ser así, pensé en toda la gente que en cada aguacero vive una situación similar, porque tiene que andar a pie, o en bicicleta, o en carretón de caballos, pensé en tanta gente con casas precarias donde llueve más dentro que fuera, y pensé que podría haber tenido un accidente, que podría haber muerto, y que había cosas que nunca había dicho. Y tuve miedo, no de morir, sino de morir sin haber dicho cosas que tengo entre pecho y espalda.

Hipótesis química

Amo la química, me seducen las reacciones. Y desde hace tiempo, cada vez que pienso en la situación de mi pueblo, me viene a la mente una fórmula química que me explique por qué mi pueblo está como está. Y mi fórmula es esta:

(Miedo + Mentira + División) x Silencio cómplice = Opresión

Miedo

Tenemos miedo, nacemos en el miedo, crecemos en el miedo, vivimos en el miedo.

El miedo es una sensación de inseguridad ante algo que nos puede dañar y que no controlamos. El miedo es automático e incontrolable, y como toda sensación, no es manejable por la voluntad. Pero la eficacia del miedo no radica en el sentimiento sino que funciona porque paraliza a la voluntad. El miedo secuestra a la voluntad contándole historias de terror.

No tenemos mucho poder sobre el miedo que “sentimos”, pero superar la parálisis y actuar según lo que queremos hacer sí depende de nuestra decisión. La voluntad no está sujeta al sentimiento, y esa es nuestra fuerza. Hacer algo puede convivir perfectamente con el miedo a hacerlo.

Cuba es una cárcel grande donde, si te portas mal, te meten en otra más pequeña. Y como cárcel al fin, nos sentimos controlados. Tenemos miedo a decir lo que pensamos, a decir lo que queremos. Tenemos miedo a que de un modo u otro nos bloqueen el estudio o el trabajo, que nos hagan la vida más difícil de lo que ya es. Tenemos miedo a que nos citen y nos “regañen”, advirtiéndonos de nuestra “mala conducta”.

Y mientras tanto, seguimos cantando nuestro Himno nacional y repitiendo que “en cadenas vivir es vivir, en afrentas y oprobio sumidos”. Digámoslo de otro modo, a ver si lo entendemos: lo que estamos diciendo es que “vivir sin honor, sin respeto, sin honra, es vivir como esclavos”. ¿Y no es esclavitud vivir con miedo a decir lo que se cree y se piensa?, ¿y no es esclavitud no poder decidir sobre la propia vida y sobre la vida de nuestra patria?, ¿y no es de esclavos vivir teniendo como horizonte sobrevivir o irse del país?

Entendámoslo de una vez: siempre tendremos miedo, y nunca haremos nada si no aprendemos a vivir a pesar del miedo, si no actuamos según nuestra conciencia mientras el miedo fluye por cada una de nuestras arterias.

Mentira

Siempre quise decir esto: el comunismo es una gran mentira. Todo es mentira. Goebbles, el ideólogo de Hitler, decía: “Una mentira mil veces repetida, se transforma en verdad”.

Cuba es como un gran teatro, donde nos mentimos unos a otros como parte de una obra que ya no necesita ser ensayada:

Que somos una potencia médica: mentira.

Que el sistema de educación es extraordinario: mentira.

Que somos internacionalistas por pura generosidad: mentira.

Que el Noticiero Nacional de Televisión muestra la realidad del pueblo: mentira.

Que las manifestaciones del primero de mayo y del 26 de julio son naturales y voluntarias: mentira.

Que las brigadas de respuesta rápida no son otra cosa que la reacción espontánea del pueblo enardecido que defiende a su Revolución: mentira.

Que no tenemos presos políticos: mentira.

Que en Cuba se respetan los derechos humanos: mentira.

Que no existe la oposición y la disidencia: mentira.

Que como pueblo apoyamos incondicionalmente el socialismo: mentira.

Que creemos que el sistema electoral es el mejor del mundo: mentira.

Que la vida digna de la ancianidad está garantizada: mentira.

Que somos felices aquí: mentira.

Pero estamos acostumbrados a mentir, y tenemos miedo a la verdad, y enseñamos a nuestros niños a actuar en este burdo espectáculo, esperando, eso sí, que un día pase “algo” que nos permita existir y no fingir, sin darnos cuenta de que si todos dijéramos lo que creemos y lo que pensamos, si todos dijéramos la verdad, este sistema colapsaría.

División

Divide y vencerás. No podemos negar que los antiguos romanos eran sabios.

Uno de los éxitos mayores del sistema comunista es echar a pelear a hermano contra hermano, creando una red de espionaje y delación urbanas que te sumerge en una paranoia continua. Nadie confía en nadie y todos nos cuidamos de todos, porque nadie sabe “con quién estás hablando”.

Nos cuidamos de los vecinos, de los compañeros de trabajo, incluso de nuestros mismos familiares. Calculamos cada palabra, cada reacción, y como babosas en sus caracoles, nos exponemos más o menos según el ambiente, pero siempre con cautela, siempre bajando la voz ante ciertos temas, siempre asustados de “vendernos en bandeja” al que luego irá a dar informes, no por dinero y ni siquiera por convicción, sino porque se ha creído que así puede sobrevivir mejor.

Silencio cómplice

Y en medio de todo esto, el silencio. Vemos, escuchamos, sabemos…, pero no hablamos. Como espectadores pasivos, esperamos a que otros hablen, y espiamos las reacciones de lo que dicen, prontos a volver la vista hacia otro lado, para no comprometernos.

Y aquí no puedo menos que decir con dolor, que sufro el silencio de mis obispos. No es verdad que la Iglesia no ha hablado, no es verdad, porque la Iglesia somos todos, y muchos laicos, sacerdotes, religiosas, incluso algún obispo en lo personal…, hemos dicho lo que pensamos y lo seguimos diciendo.

Pero los obispos son un cuerpo, son una instancia definida a la que todos miramos, esperando.

Este país necesita un cambio, necesita una transición, necesita vivir y dejar de arrastrar la existencia, y en este momento, en mi opinión, solamente la Iglesia católica está en condiciones de liderar un diálogo y de proponer una transición.

Hay mucha gente empujando en la dirección correcta, mucha gente comprometida, tenaz y valiente. Hay mucha gente en el extranjero apoyando a este pueblo y luchando por esa transición, pero desde donde están no tienen el poder para provocar un cambio interno.

La oposición interna está dividida, sin entender que, como el legendario Voltus V, sólo puede ser fuerte si se dejan a un lado las pretensiones individuales y se trabaja en conjunto. Cuando he viajado al extranjero y me han preguntado: “¿Qué tal la oposición en Cuba?”, me encojo de hombros y sólo puedo decir: “No lo sé”, porque no me queda claro a dónde mirar, ni el pueblo maneja ninguna propuesta concreta. La oposición sería mucho más eficaz si estuviera unida. Si se pusieran de acuerdo, todos podríamos mirarla entonces no sólo con más confianza sino con más claridad. A fin de cuentas, de un modo u otro, todos buscan la libertad de esta tierra y, si trabajaran en conjunto, encontrarían mucho más apoyo de un pueblo que necesita y anhela un camino distinto.

Las iglesias protestantes están divididas, unas a favor, otras en contra del sistema, y tampoco tienen un cuerpo único que coordine un proyecto social.

Por eso este pueblo mira a los obispos, y espera, espera una postura clara a favor de la justicia, de la libertad, del Evangelio en definitiva.

Cuenta Vargas Llosa en su libro: “La fiesta del chivo”, sobre la dictadura de Trujillo en República Dominicana, el momento en el cual los obispos se posicionaron en contra de la dictadura. Y no sé si es histórica la anécdota o no, pero Vargas Llosa pone en labios de su protagonista, católico, esta frase llena de orgullo: “¡Por fin mi Iglesia habla!”.

El cántico de Simeón

Cuando la Virgen María y San José entraron al templo a presentar al niño Jesús, el anciano Simeón lo tomó en brazos. Dios le había prometido que no moriría sin antes ver al Mesías. Y cuando Simeón tuvo al niño en brazos dijo: “Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.

Yo no sé cuáles serán las reacciones a estas crónicas, ni tengo mayores expectativas, pero he dicho lo que tenía guardado entre pecho y espalda. Ahora puedo seguir yendo a los pueblos en motorina, aunque llueva y pase lo que pase. Ahora estoy en paz.


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Texto tomado del Facebook del Alberto Reyes, Diócesis de Camagüey



That's What I Love About Sunday (by Craig Morgan)


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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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