Tuesday, November 10, 2020

Dos poemas de Rodrigo de la Luz



Pan

Pan de todas las bocas
ahora le perteneces a la memoria.
Eras la única forma nutricia de los niños.
Eras el agua y la harina
traídas de la gloria;
la levadura y el trigo
que durmió en los jardines.

Pan de mi encierro retirado del mundo.
Pan de mi desconsuelo y de
mi enunciación.
Pan de la virgen y la raíz sinuosa.

Sumergido en tu masa
de hidratos y carbonos,
me asomo lento a tu rápida
memoria,
De tus fibras dependen mi 
lámpara y mi silla;
el filamento y la textura del mantel.

Tu piel amarillenta
compite con el gris de la fachada.
Lo marrón de tu cáscara,
lo blanco de tu masa;
aún recuerda el sudor de blandas monos.

Pan de mi desespero y de mi paz,
pan de mi boca:
nutrido de la lágrima industrial,
del horno y el tesón;
quiero que no te olvides de mi voz,
de mi canto exilado,
de mi verbo crujiente de 
panera,
de mi rasqueta y mi báscula
de brazo.

Pandemónium, pan de ángel, pan de flauta.
Pan del pasado y de recientes días,
sonríele a la boca de los dioses.
Integral, germinado,
consistente, compacto.

Los días de la hambruna en la trinchera
vuelven a regresar a su heredero.



Fin del hambre

Deja que el pan se extienda
hasta otras puertas, hasta otras bocas.
Sin sangre que te azote, sin bravatas.

Trata que no te sorprenda la estampida
mirándote a ti mismo en tus
pupilas,
que reclaman y huyen caprichosas.

No recuerdes las calles, los silbatos,
los posibles insomnios, los faroles,
las antorchas más breves,
los recodos vacíos.

No implores, no mendigues
tras el paisaje estéril.
Todo será posible sobre cierta planicie;
(fértil, fecunda, prolífica).

Calla entonces tu queja.
Tu grito será en vano.
Tu amor desfallecido multiplica los peces.

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