Holguín (primera parte)
Textos y fotos por Ena LaPitu Columbié
(para el blog Gaspar, El Lugareño)
En los primeros años de la década del 70 era yo una empedernida jugadora de baloncesto y conformaba el equipo juvenil provincial. En uno de los periplos orientales retando a los diferentes municipios —antes de la división política administrativa—, fuimos a una competencia contra Holguín. Acostumbrada a la modestia de mi Guantánamo natal, la ciudad me pareció pomposa y exagerada, con sus incontables parques gigantes en cada tres o cuatro cuadras, elevados en relación con el nivel de las calles aledañas, según cuentan debido a los constantes aluviones por los aguaceros. La ciudad era limpia y bien pintada, con colores claros que la hacía verse fina. Llamó mi atención una pared que si mal no recuerdo pertenecía a un bar, estaba todo pintado de blanco pero conservaba un rectángulo de la pintura original en gris que proclamaba Only for White. Confieso que me perturbó tanto aquello que lo he recordado a lo largo de mi vida, y cuando pienso en Holguín no dejo de vinculado con el racismo.
Hace unos meses estuve en la vanidosa ciudad de Holguín, la cuna del Mayor General Calixto García Íñiguez y me pareció uno de los lugares más feos que he visitado en este último tiempo; los parques en su mayoría están llenos de vagabundos y borrachos. El estado ha colocado pequeños quioscos justo frente a las iglesias en los parques, donde venden cerveza dispensada. Es contrastante la labor de los sacerdotes que a pocos metros de dichos ventorrillos, en las mismas ventanas de la santa casa, colocan carteles anunciando reuniones de alcohólicos anónimos, con la esperanza de salvar esas almas sedientas de motivación y libertad más que de alcohol. Sólo el casco histórico de la ciudad está maquillado; en el bulevar y sus alrededores se ve el movimiento, el trasiego de los negocios estatales e ilícitos, los cambiadores de dólares que hacen la corte al turista hasta que lo atrapan, los vendedores clandestinos y de nuevo los vagabundos y borrachos. Han pintado y remozado la parte central, pero a un par de cuadras la realidad se hace cruda; la falta de agua, de transporte, la insalubridad en los centros de salud… ¿Qué ha pasado a la ciudad más próspera y orgullosa del Oriente cubano?
Hay desasosiego en la población que desesperada se aferra a la fe, son indudables las muestras de amor y respeto a la religión, muchos serían los ejemplos; pero les muestro uno contundente: en la fachada de la casa donde Antonio Guiteras estableció el Cuartel Nacional de la Unión Revolucionaria en el 1933, hay una chapa en una de las paredes que rotula el lugar; pero a centímetros de ella, en el justo centro de la puerta otra chapa pequeña en forma de corazón se yergue retadora y sentenciante: “sólo cristo salva”.
ver los post anteriores de Con la verdad a Cuestas
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Ena Columbié, “LaPitu” Guantánamo, Cuba. Poeta, ensayista, crítica, narradora y artista. Licenciada en Filología. Ha obtenido numerosos premios en crítica literaria y artística, cuento y poesía. Ha publicado los libros: Dos cuentos (Narrativa. Cuba 1987), El Exégeta (Crítica literaria. Cuba 1995), Ripios y Epigramas (Poesía Cuba 2001) y Ripios (Poesía. USA 2006) y en las antologías: Lenguas Recurrentes (1982), Lauros (Cuba 1989), Epigramas (Cuba1994), Muestra Siglo XXI de la poesía en español (USA 2005), La Mujer Rota (México 2008). Dirige la editorial, Ediciones EntreRíos. Ha colaborado como editora en la editorial La Araña pelúa de París y en La Peregrina Magazine, así como en diversos proyectos privados independientes.Como fotógrafa ha publicado en revistas y periódicos de USA. Reside en Miami, Florida. USA.





















































