Saturday, June 17, 2017

Memento Park, un cementerio de bronce (por Rodolfo Martínez Sotomayor)



El joven narrador György Miklós Száraz y su esposa, la profesora y traductora Zsuzsanna Gajdos nos han invitado a visitar el "Parque Memento". No es la belleza lo que atrae de este sitio en las afueras de Budapest, es todo lo contrario, una oscura época de la historia.

Muchos países de la Europa del Este, que cayeron bajo la órbita soviética después de la Segunda Guerra Mundial, al liberarse del comunismo, destruyeron los monumentos alegóricos que tan imponentes como el totalitarismo se vislumbraban con sus toneladas de bronce ocupando espacios por las ciudades. En Budapest no todos fueron derretidos, sino que algunos se colocaron en un parque al que llamaron Memento. Ese parque nos lo mostrarían György y Zsuzsanna.

Cuando atravesamos por la senda que lleva a nuestro destino, y comienzan a verse árboles a los lados de la vía, bromeo diciendo que ciertamente los pusieron tan lejos, para que nunca más regresaran.


Arribamos al parque en las afueras de Budapest. Zsuzsanna nos señala unas botas sobre un muro y nos dice: "Es una réplica de las botas de Stalin, lo único que dejaron de la enorme estatua de Stalin de 25 metros de altura, que fue demolida por el pueblo durante la Revolución de 1956 contra el gobierno y la política impuesta por los soviéticos".

György Miklós nos enseña un monumento donde un líder comunista, guía a las masas entre las que también hay soldados en una marcha compacta. György nos pregunta si adivinamos la razón por la que al escultor, después de esta pieza, no se le ofrecieron más trabajos durante la era comunista. Por más que intentamos, no damos una respuesta correcta, y él nos dice entonces que la clave está en el farol colocado al lado del líder. Durante épocas pasadas, los traidores eran colgados de los faroles, agrega György; es evidente que el artista colocó al líder junto al farol a propósito. A los censores comunistas, no se les escapó la ingeniosa insinuación.


El parque en realidad es pequeño y puede recorrerse en veinte o treinta minutos. Recuerdo que a la caída del comunismo en la Alemania del Este, pude ver en el noticiero un irónico letrero, colocado sobre un busto de Karl Marx, que decía: "Proletarios del mundo, perdónenme". Era una singular parodia sobre las consecuencias de la opresión para la clase trabajadora, en los países donde se llevaron a la práctica las teorías marxistas. En Hungría, con su "Parque Memento" y que cobren por la entrada, creo que han logrado un simbólico triunfo de la historia sobre el totalitarismo anticapitalista. Habría que preguntarle a esas estatuas cubistas de Marx y Engels, a ese imponente Lenin de bronce: ¿Qué se siente ser convertidos en un objeto de consumo? Tal vez la estatua de Vladimir Ilich contestaría elevando el tono de su voz, levantando su dedo índice de bronce para decir con ínfulas de profeta: "Los capitalistas son capaces de vender la soga con la que los ahorcarán". Me vería obligado entonces a invitarlo a que bajara de su pedestal, a que recorriera la moderna y bella avenida Andrassi, entre otras, con sus suntuosas fachadas remodeladas y los anuncios comerciales y culturales de una nueva era, donde la libertad política y económica trajo consigo la prosperidad. Tal vez, avergonzado regresaría corriendo a Memento Park, sabiendo que este cementerio de bronce, es el lugar más seguro de su legado.
 
 
 
 
 
 
 Fotos/Eva M. Vergara
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