Friday, June 9, 2017

De Szentendre a Esztergóm (por Rodolfo Martínez Sotomayor)

Levente Csender señala la orilla del Danubio y nos dice: "Por aquí llegaron muchos Serbios cuando la invasión del imperio Otomano, ellos junto a otros que venían de los Balcanes, fundaron esta ciudad en el siglo XVII". Nos encontramos en Szentendre (San Andrés) a 25 minutos de Budapest.
 
Ha sido una suerte llegar hasta aquí, de la mano de Levente Csender, un joven escritor que conoce y ama la historia y la cultura de su país. Nos detenemos en un café cerca de la Plaza Mayor, dicen que esta plaza conserva la estructura muy similar a como fue 250 años atrás. Desde ella podemos llegar a diversos lugares de la ciudad, sus calles se encuentran pavimentadas a la antigua usanza. Levente Csender ha iniciado el viaje desde Obuda hasta aquí, indicando cada detalle, a medida que avanzamos, desde las piezas del escultor Imre Varga (mujeres con sombrillas), hasta un busto del poeta nacional, Sándor Petofi, y la escultura de un hombre que bebe junto a una mesa, sobre la que se encuentra el libro "Sinbad vuelve a casa", de Sandor Marai. Leventer nos cuenta que es una versión ficcionalizada sobre el último día del escritor Gyula Krudi. "La gente dice bromeando que este es el mejor libro de Gyula Krudy", nos comenta sonriente. Continuamos caminando frente a las casas bajas y coloridas que abundan por la ciudad.


Una atmósfera bohemia que seduce, se aspira, contamina el deseo de recorrer cada rincón, de indagar por sus abundantes iglesias ortodoxas. Gracias a Leventer Csender conocemos el museo de Margit Kóvas, una de las artistas más importantes en el ámbito de la cerámica en Hungría. Es una pena que no puedan retratarse sus trabajos, bien conservados en el museo que posee gran parte de sus obras donadas. Sus temas eran sacados de la Biblia, la vida familiar, y el folclor nacional. Nos detenemos a merendar en un café con la especialidad húngara de Lángos, se trata de un pan frito normalmente plano, hecho a base de una masa de harina con levadura fresca.


Ya tenemos fuerzas para seguir, y me alegra escuchar que Levente Csender nos llevará a Visegrád. Había leído sobre la Fortaleza de Visegrád, construida en la época feudal por el rey Béla IV, que al pasar la edad media, fue abandonada y cubierta por tierra, hasta que en el año 1934 fue reconstruida. Es un dato curioso que en la edad media, en el año 1335, se reunieran en este sitio los reyes de Hungría, Bohemia y Polonia, para establecer una alianza militar contra los Habsburgo, y en 1991, se reunieron de los mismos paises: Václav Havel (de Checoslovaquia, hoy República Checa y Eslovaquia), Lech Wałęsa (de Polonia) y József Antall (de Hungría), para crear un marco regional después de la caída del comunismo y cooperar para su integración en la Unión Europea.

Con un café, y una cerveza Soproni por mi parte, recobramos energía para continuar, y después de un largo viaje, siguiendo a orillas del Danubio, llegamos cerca de la frontera con Eslovaquia, a Esztergóm, un lugar importante en la historia de Hungría, ya que fue la primera capital de su Reino. Su Basílica es la más grande del país, la catedral de San Adalberto de Esztergóm, es llamada la Iglesia madre de la Arquidiócesis de Esztergóm, tiene una longitud de 118 metros de largo por 48 de ancho, y su gran cúpula es de 33 metros de diámetro. Es de 71,5 m de altura en el interior y se encuentra a 100 m de altura desde fuera, a partir de la cripta. He de confesar que ofrecer al lector todos estos datos en cuanto a medidas, es para proseguir con la vanidad justificada, de haber ascendido hasta la cúpula. Claro, el hecho de que hayamos realizado esta hazaña era un problema de honor, ya que con la voz de estímulo de Levente Csender que decía una y otra vez You can do it!, You can do it! y con el liderazgo de Mary, con unos pocos años más que los nuestros, y de líder, sin detenerse a descansar; más que honor era un problema de moral llegar a la cúpula.


Del otro lado del río está Eslovaquia. Siempre es una tentación para mí, atravesar ciertas fronteras, donde la civilización humana haya hecho posible que no nos espere un guardia a pedir documentos, ni siquiera a saber nuestro origen. Levente Csender, con su gentileza y espíritu aventurero, hace posible que en minutos atravesemos el puente y recorramos esa ciudad fronteriza de Eslovaquia. Hay un mundo esperanzador de este lado. 

 
 
 
 
 
 
en Óbuda
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en Szentendre 
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en Visegrád
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