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Tuesday, July 21, 2026

El último cumpleaños de Ernest Hemingway. (por Carlos A. Peón-Casas)

Mary assists while Ernest opens birthday gifts.
 Ernest Hemingway Photographs Collection 03240.
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Una rápida rememoración del hecho me llega desde las coordenadas de ChatGPT.
… Fue el 21 de julio de 1960, cuando cumplió 61 años.En ese momento su vida atravesaba una etapa muy difícil: Había abandonado definitivamente Cuba tras la Revolución de 1959, dejando atrás Finca Vigía, donde había vivido durante más de veinte años. Se encontraba en Ketchum, Idaho, intentando recuperarse de una profunda depresión, problemas de salud física y los efectos de varios accidentes sufridos en África en 1954. También padecía hipertensión, dolor crónico y un deterioro cognitivo que le impedía escribir con la facilidad de antes. Durante 1960 fue sometido a varios tratamientos psiquiátricos, incluidos electrochoques, que afectaron seriamente su memoria.Su cumpleaños número 61 fue muy distinto de las celebraciones alegres que había tenido en años anteriores en La Habana, donde solía reunirse con amigos, pescadores y escritores.
Celebro el cumpleaños 60 a todo trapo. La relación del evento ha quedado registrada con profusión de detalles.

Otra vez apelamos a la memoria de ChatGPT que está tomada de: Mary Welsh Hemingway: Later Life with Ernest (1954-1961) recopilado de los archivos pertinentes en el John F Kennedy Oresidential Library and Museum.

Mary watches from under the palm tree
 (wearing a one-shoulder party dress).
 Ernest Hemingway Photographs Collection EHPH 03241
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Party guests enjoy champagne and burro rides.
 Ernest Hemingway Photographs Collection 5944P
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El fotógrafo Francisco Cano capturó decenas de imágenes de la fiesta del 60 cumpleaños de Ernest en La Cónsula, Málaga, España, el 21 de julio de 1959.

Sus fotografías muestran el espíritu báquico de la celebración y revelan el enorme esfuerzo que Mary realizó para organizar y coordinar las actividades de la noche, que incluyeron actuaciones de música y baile, paseos en burro, una galería de tiro y fuegos artificiales.

Durante la larga noche de la fiesta, Ernest pasó de momentos en los que parecía perdido o ausente a comportamientos imprudentes y temerarios.

Un matiz interesante del texto original es la palabra “bacchanalian”. No significa simplemente “fiestero”; alude a una celebración excesiva, exuberante, casi dionisíaca, con abundancia de comida, bebida, música y desinhibición.

La frase “vacillated between looking lost and behaving recklessly” es especialmente importante para entender al Hemingway de 1959: los asistentes podían ver todavía al gran personaje público —el aventurero, el anfitrión, el hombre de acción—, pero también percibían señales de fragilidad física y emocional. Esa dualidad aparece repetidamente en los testimonios sobre sus últimos años: una imagen exterior de fuerza y una realidad interior cada vez más vulnerable.

El clímax de la fiesta llegó durante la exhibición de fuegos artificiales, que duró media hora. Las chispas provocaron un incendio en la copa de una palmera real cercana a la casa. Llegó el cuerpo de bomberos, apagó las llamas y se quedó después a tomar unas copas. Ernest llevó puesto el casco metálico del jefe de bomberos durante el resto de la noche. La fiesta comenzó a las 10 de la noche y las celebraciones continuaron durante el desayuno de la mañana siguiente y hasta bien entrado el día.

Entre los invitados estaban el general Buck Lanham y Valerie Danby-Smith, una joven irlandesa que se convirtió en secretaria de Ernest (y más tarde se casó con su hijo menor, Gregory). Buck observó el cambio en la personalidad de Ernest y consideró que estaba dominado por una vanidad desmesurada.

La fiesta fue un éxito, pero Mary se sintió resentida porque Ernest no le agradeció sus extraordinarios esfuerzos. Se distanció de él y viajó sola a Cuba para preparar Finca Vigía para recibir invitados.

Mary escribió a Ernest largas cartas expresándole su frustración y sus planes de abandonarlo. Le dijo que comenzaría una nueva vida y que alquilaría un pequeño apartamento en Nueva York.

Ernest regresó a Cuba con sus amigos Antonio y Carmen Ordóñez, pero Mary no quiso asumir el papel de anfitriona y viajó a su casa en Ketchum, Idaho. Todavía planeaba separarse de Ernest y mudarse a Nueva York. Sin embargo, el destino intervino durante una salida de caza: cayó y se fracturó el codo de una manera muy grave, “como una cáscara de huevo”. La dolorosa lesión y la larga recuperación hicieron imposible que viajara, y no pudo vivir sola.


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Fotos/Francisco Cano. https://www.jfklibrary.org/hemingway/mary-welsh-hemingway/later-life-with-ernest

Wednesday, July 15, 2026

La Muerte, en Hemingway, se viste de prostituta otra vez. (por Carlos A. Peón-Casas)



La alusión esta vez es poética. Ya es conocida la frase que le es atribuída a Tener o no Tener donde el escritor paga el óbolo que le exige la atractiva dama, el precio de un trago camino a la escalera que nunca llega a subir.

Pero la idea no solo queda ceñida a ese minute prosístico.

En 1944 Hemingway esboza unos versos muy inspirados, entre los estruendos de la artillería y las avanzadas penosas junto al Coronel Charles (Buck) Lamham, en lo que fuera la más trágica batalla que los norteamericanos libraran en territorio aleman: la batalla del bosque de Hurtgen.

Se trata de Poem to Mary (Second Poem), dedicado a la que sería su tercera esposa Mary Welsh, y que la propia destinataria se encargaría de poner en blanco y negro, en las habitacionees compartidas por ambos entonces corresponsales de guerra, en el Hotel Ritz de Paris.

Por las alusiones del poema, el lector puede entender el alcance de un texto que perfectamente se complementa con una corresponsalía del propio Hemingway, alusiva a la mentada batalla y publicada en Colliers bajo el título de “War in the Siegfried Line”; escrita junto al 22 Regimiento de Infantería, que lideraba su amigo el coronel Lanham ya citado.

El lector siempre atento podrá barruntar las tensiones resultantes entre lo visto y lo recreado en el papel de la crónica, entre la innominables escenas de muerte y desolación en aquella montañosa región del oeste Alemán.

De tal suerte, el comienzo del poema no es más que una sucesión de vitales circunstancias, donde la alusión, otra vez a la figura de una enigmatica y muy avejentada prostituta, contraste singular con la de la primera referencia de Tener o no Tener:
Ahora duerme con esa vieja prostituta, la Muerte

a quien ayer negó tres veces…

Aceptas a esa vieja prostituta, la Muerte, como tu legítima esposa?

Sí, acepto.
Desde ese punto, la acción se intensifica ante la desolación que la muerte esparce entre la tropa. Hemingway se siente parte de ese minute tan desolador. Las alusiones son de un esplendor literario que dice mucho de la sensibilidad de un poeta narrador que recuerda en algún minuto la trágica saga de Hamlet y del soliloquio de “To be or not to be”:
(…) Pero cuando se alejaron hacia ese país inexplorado

De cuyos confines ningún viajero regresa…

Se alejaron de algo que nosotros no podemos expresar

Y en ellos murió ese conocimiento interior que crece

Más fresco y más hermoso que cualquier rosa.

Abonado por la muerte

y regado unicamente con lágrimas jamás derramadas…
La potente imagen que precede es sin dudas una de las metáforas más poderosa de su poesía tardía: el amor y la compasión nacen precisamente de la pérdida y el duelo.

En un exordio final que funciona como los clasicos Envoys de algunos de sus textos anteriores, y que dedica a su amada Mary que esperaba acaso como Penélope, el regreso de su Ulises, ese Hemingway siempre impredecible y vital que la cortejaba con la pasión renovada de sus afectos, dejamos al lector el cierre de esta que creemos reveladora cercania poética y vital de un autor de absoluta largueza literaria.
Así que Mary, ahora te amo con sinceridad y de Verdad y te envío esto para que sepas que hoy tuvimos un día bastante difícil en el bosque. Hubo bastantes bajas y también cierta cantidad de fatiga de combate. Mucho Más de la que debería haber… Estoy empezando a confundirme otra vez con muchas cosas. Pero con otras las veo mucho más claras. Es muy dificil escribir sobre estas cosas. Es distinto de cuando estaba en el barco. En el barco siempre estabamos esperando que ocurriera. Aquí está ocurriendo todo el el tiempo, y lo que importa es aquien le ocurre. Ya no pienso en mí en absoluto. Presumiendo otra vez. Pienso en ti, y eso me mantiene firme. Te escribo cartas terriblemente aburridas querida, porque me canso y me siento como si me hubiera vaciado por dentro. Y todo lo que tengo para decirte, todo lo que puedo escribirte, es que te amo.

Wednesday, July 8, 2026

“El bosque de Hurtgen en “War in the Siegfried Line” Un reportaje de Hemingway para Colliers rememorado como ficción en "Allá Lejos y entre los árboles". (por Carlos A. Peón-Casas)


“El crisol de la guerra transformó a Hemingway y a Lanham, uniendo y entrelazando sus imágenes especulares; su colaboración única entre la pluma y la espada enriqueció tanto el mundo literario como la profesión de las armas.Los profesionales militares y los líderes civiles harían bien en añadir Infantry in Battle, Men at War y Across the River and Into the Trees a sus listas de lectura.” Pen and Sword. The Symbiosis between Ernest Hemingway and Maj. Gen. Buck Lanham. By Eileen Martin and Greer Rising.





El título corresponde al reportaje de Ernest Hemingway publicado en la revista Collier’s el 18 de noviembre de 1944, en plena fase final de la campaña aliada en Europa occidental. En algunas recopilaciones aparece bajo títulos como War in the Siegfried Line o dentro del conjunto de crónicas sobre la ruptura de la Línea Sigfrido.

Hemingway estaba muy cerca del frente, especialmente con el 22.º Regimiento de Infantería, bajo el mando del coronel Charles T. Lanham.

Su amistad con el estratega que libraría la épica batalla del bosque de Hurtgen, tendria ribetes de insoslayable y perdurable duración en el tiempo vital de ambos.

Mientras acompañaba a Lanham en el frente, Hemingway tomaba notas continuamente en pequeñas libretas. Muchas observaciones sobre el terreno, el comportamiento de los oficiales y el lenguaje de los soldados reaparecen casi literalmente años después en los recuerdos de Cantwell, alter ego posterior que encarnará al propio escritor y al propio coronel Lanham.

Y no son simples memorias: están reorganizadas para construir el retrato de un oficial que sabe que está muriendo y hace el balance de toda una vida.

Aunque la acción transcurre en Venecia, el verdadero escenario psicológico es el bosque de Hürtgen. El coronel Richard Cantwell revive constantemente aquella campaña, donde perdió a muchos de sus hombres y terminó convencido de que incluso las victorias podían ser derrotas morales

Al respecto citamos al lector unas interesantes referencias al respecto esbozadas en el ya citado artículo de Eileen Martin y Greer Rising:
Hemingway, el periodista, se convirtió en un miembro de facto del regimiento, muy querido por el comandante y por las tropas. El escritor y el soldado forjaron una amistad que perduró durante los años restantes de la vida de El escritor y el soldado forjaron una amistad que perduró durante los años restantes de la vida de Hemingway. Intercambiaron cientos de cartas íntimas, y Hemingway tomó la biografía de Lanham como referencia para construir al coronel de infantería Richard Cantwell, el protagonista cínico de su novela de 1950, Across the River and into the Trees. La simbiosis entre el escritor que anhelaba ser guerrero y el soldado profesional que era también un poeta publicado completó el carácter de cada uno y enriqueció el arte de narrar.
En otro minuto de esta interesantísima mirada que detalla y perfila los matices más perentorios entre la obra de ficción y la realidad más explícita de los hechos circunstanciales de ambos protagonistas re descubrimos con suma atención la cronologías más específicas:
La novela es una obra de ficción, pero contiene decenas de referencias indirectas que apuntan a la vida y el servicio del general Lanham. Muchas de las alusiones en la novela se refieren a las experiencias de Lanham, algunas de las cuales Hemingway vivió o presenció, y otras provienen de detalles compartidos en las cartas de Lanham a Hemingway.

Las estrellas y las medallas son símbolos recurrentes en la novela y reflejan conversaciones entre Lanham y Hemingway. Cantwell se siente humillado por haber perdido su estrella de general y haber descendido al rango de coronel. Esta era también una preocupación de Lanham, ya que después de la Segunda Guerra Mundial el Ejército de los Estados Unidos tenía un exceso de generales y desarrolló un sistema para degradar a algunos de ellos a su rango anterior. Lanham denominó a esto “temporada abierta contra los oficiales generales” y temía que le dieran “la patada. 
Lanham conservó su estrella y finalmente obtuvo una más, pero sus cartas a Hemingway y a otros expresaban esta preocupación y mencionaban colegas que habían sido reclasificados.

Las condecoraciones militares también ocupan la mente de Cantwell, quien enumera la Cruz por Servicio Distinguido y sus dos Estrellas de Plata entre los bienes valiosos que podría dejar a su amante, la condesa italiana Renata, cuando muera. Hemingway y Lanham también discutieron las medallas en sus cartas, con Lanham informando a Hemingway sobre las citaciones estadounidenses y francesas que había recibido, y ambos conversando sobre si Hemingway debía aceptar una Estrella de Bronce, un tema delicado dado el papel de Hemingway en la guerra como periodista desarmado.

Hemingway recurrió a Lanham cuando el hijo de este, el oficial Jack Hemingway, sufrió el robo de su Estrella de Bronce y su Corazón Púrpura, y Lanham trabajó para obtener reemplazos.

Estas discusiones reales sobre rango y condecoraciones atraviesan la novela como un hilo simbólico sobre la autoestima, el reconocimiento y la justicia.

Además del amor y la pérdida, los leitmotivs de la novela incluyen el honor y el deshonor, las órdenes de otros (a veces emitidas sin conocimiento de la situación real) y la cuestión de si los generales sin combate dirigen desde el frente, todos temas que aparecían en los intercambios irónicos entre Lanham y Hemingway.

La batalla de Hurtgen que es parte indeleble del hilo rememorativo vuelve otra vez con voz propia en la propio crónica hemingwayana para Collier:
Cuando entramos en el bosque (los abetos crecían tan juntos que formaban una masa compacta; las explosiones de los obuses los desgarraban y los hacían estallar, y las astillas arrancadas por las detonaciones salían despedidas como jabalinas en la penumbra del bosque. Los hombres gritaban y se llamaban unos a otros para romper el maleficio de aquella oscuridad, mientras disparaban, mataban alemanes y seguían avanzando). El bosque era demasiado espeso para los tanques, de modo que tuvieron que bordearlo por el exterior. Desde allí disparaban hacia el interior, pero tuvimos que hacerlos detener porque la Compañía K ya había penetrado muy por delante de ellos, internándose en el bosque.
En la novela esta remembranza es otro leitmotiv de significativa memoria. Muchos críticos consideran que Hürtgen ocupa en la Segunda Guerra Mundial, dentro de la obra de Hemingway, un lugar semejante al que ocupó la retirada de Battle of Caporetto para A Farewell to Arms.

Lanham por su parte es igualmente enfático en su recuerdo:
Gran parte del libro, quizá la mayor parte, puede interpretarse en términos de la batalla del bosque de Hürtgen y de las personas que Hemingway conoció allí.
En A Farewell to Arms, Hemingway todavía era un joven que recordaba una herida. En Across the River and into the Trees, es un hombre de cincuenta años que contempla cómo la guerra ha destruido definitivamente la ilusión heroica.

Thursday, July 2, 2026

Hemingway se despide (por Carlos A. Peón-Casas)



La fecha de este 2 de Julio, aniversario 65 de la partida de Hemingway, no pasa desapercibida para este escribidor, que alude a este hecho,  desde la siguiente frase, discutida, que cito en extenso:
La muerte es como una vieja prostituta en un bar: le invitaré un trago, pero no subiré.
Y aunque la cita se atribuye de forma casi universal a To Have and Have Not, varios estudiosos y lectores han señalado que no aparece en muchas ediciones de la novela, lo que ha generado dudas sobre su procedencia exacta y la posibilidad de que sea una atribución imprecisa a Hemingway, o provenga de una versión temprana o de otro texto relacionado

Pero lo cierto es que se trata de una de esas aseveraciones, donde late con fruición la marca siempre precisa del hombre y del narrador, en simbiosis siempre inseparable,

Esta frase expresa una actitud muy característica de Hemingway: aceptar la presencia inevitable de la muerte, pero negarse a rendirse voluntariamente ante ella.

La idea del bar y de la escalera que se sube en busca de un placer inenarrable, si acaso la figura de la muerte es esa misma mujer de atractivos casi siempre fatales, es altamente hemingwayana en toda su latitud y longitud.

La escena que alude nos lleva de pronto a recorrer los no pocos ambientes del escritor e impenitente degustador de placeres, a veces inconfesos, pero siempre matizados a conveniencia en su potente y lúcida prosa.

La muerte pudo tentarlo muchas veces. Incluso intentó arrebarlo en su temprana juventud, pero el destino le tenía por delante otra variante más vital aún.  Aprendería a vivir, también a morir, pero a su manera.

Quiero cerrar este exordio con otra frase altamente significativa.

La encontramos en Adiós a las Armas, en uno de los pasajes más célebre, que resume la visión de Hemingway sobre la fragilidad humana, el sufrimiento y la inevitabilidad de la muerte.

No sugiere que el mundo “castigue” a las personas virtuosas, sino que nadie está exento del dolor ni de la muerte, aunque algunos logren fortalecerse después de haber sido heridos por la vida.

La dejo al amable lector para cerrar por ahora, y dejarles el sabor incorruptible de una memoria y de una leyenda inacabable:
El mundo quebranta a todo el mundo, y después muchos son fuertes en los lugares donde fueron quebrantados. Pero a quienes no quiere o no puede quebrantar, los mata. Mata por igual a los muy buenos, a los muy bondadosos y a los muy valientes. Si no eres ninguno de ellos, también te matará; solo que no tendrá ninguna prisa especial.

Wednesday, July 1, 2026

Una anécdota de Jenny Phillips, la nieta de Max Perkins en Finca Vigía. (por Carlos A. Peón Casas)


En 2001 Jenny Philips desandaba La Habana junto a su esposo en un viaje de signo privado. Pero Finca Vigía, la casa de Papá Hemingway, el escritor mejor considerado por Scribner, y donde su abuelo era el editor jefe, no quedó fuera de su recorrido.

La razón era además de signo doble. Perkins y Hemingway fueron amigos entrañables. La señalada relación del escritor y su editor, iba más lejos que aquellas lides. Juntos remontaron aventuras increíbles en las aguas procelosas de Dry Tortugas y mucho más allá.

Foto Instagram Finca Vigía Foumdation
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Al presentarse en aquel sitio de tantas rememoraciones, les manifestó a los cuidadores quién era en verdad.

Ante ella como por ensalmo, se abrieron de par en par las puertas del aquel santuario, y la Philips con guantes blancos para la ocasión, recorrió el territorio innominado y jamás hollado por visitante de a pie después que Papá dejara la casa para siempre en 1960.

En su recorrido, descubrió la extensa biblioteca de Hemingway que allí duerme el sueño eterno: ante los libros quedó en éxtasis: muchos de aquellos habrían sido provistos por su abuelo a su amigo el escritor.

La anécdota que da pie a esta rememoración nos la provee la propia Philips en un artículo suyo firmado a posteriori de aquella experiencia hemingwayana, con esta memoria dejamos la evidencia siempre elocuente de ese Hemingway autor y protagonista de tantas coordenadas aún por descubrir y compartir:
Así, cuando vimos libros de Scribner sobre la guerra en los estantes de la biblioteca de Hemingway, enseguida supusimos que Maxwell Perkins le había enviado algunos de ellos. De pronto, descubrimos un libro sobre la Guerra Civil estadounidense. Con los guantes blancos que nos había proporcionado el personal del museo para proteger la casa y sus objetos, retiramos cuidadosamente el volumen del estante. Era una biografía del general confederado Thomas J. «Stonewall» Jackson. Estábamos casi seguros de que Perkins se la había enviado a Hemingway.

En aquella etapa inicial de nuestro recorrido por Cuba, todavía no comprendíamos plenamente la fragilidad de los libros de Hemingway ni su extraordinario valor histórico y literario. El libro se abrió por una página en blanco en la que Hemingway había anotado claramente un número de página. Con la emoción de quien cree haber encontrado una pista decisiva en un misterio, pasamos de inmediato a la página indicada.

Lo que hallamos allí fue asombroso. Hemingway había subrayado una cita de Stonewall Jackson. Mientras Jackson agonizaba a causa de las heridas de bala que había recibido accidentalmente de soldados de su propio ejército confederado, delirando por la fiebre poco antes de morir, de pronto habló con voz clara, como si aún se dirigiera a sus tropas: «Crucemos el río y descansemos bajo la sombra de los árboles».

Allí estaba, pues, el momento preciso en que Hemingway —siempre un maestro absoluto para encontrar títulos poderosos y cargados de significado para sus libros— había descubierto el título de su novela Across the River and Into the Trees, escrita en gran parte en Finca Vigía. Entre los miles de libros que podía haber abierto, habíamos dado justamente con uno de una importancia extraordinaria. Era como si la casa nos hubiera revelado uno de sus secretos.




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Véase: The Finca Vigía Preservation Project May 30, 2005. By JENNY PHILLIPS
Presented May 2005 in Havana, Cuba.

Wednesday, May 20, 2026

Hemingway: ”Un hombre complejo con una fe sencilla”. (por Carlos A. Peón-Casas)



He tomado la frase del título que me precede de una muy oportuna aseveración de Mary Claire Kendall en su libro: Hemingway’s Faith.

La lectura de este revelador volumen de la acuciosa investigadora norteamericana, columnista y escritora basada en Washington, DC., me ha abierto a un mundo plural, del que ya creía tener algunos atisbos, pero que en verdad se me ha diversificado en innumerables coordenadas de una riqueza casi infinita, al abordar la fe católica de Ernest Hemingway.

Kendall insiste en su libro en un detalle muy circunstancial sobre la conversión al catolicismo de un muy joven y mal herido Hemingway en el frente italiano, que, aunque manejada por algunos de sus biógrafos, como es el caso de Baker, o Meyers, insinúan, en el primer caso citado, que es solo algo “nominal”, y peor aun en el segundo: que se trata de algo no muy genuino, o acaso ficticio, si nos atenemos al adjetivo “bogus” con que lo define en inglés el ya citado Meyers.

Sin embargo, otros estudiosos sí han tenido a bien reconocerlo con claridad. Kendall nos recuerda a algunos casos puntuales como el de Stoneback, al comentar las observaciones de Reynolds Price, profesor de la Universidad de Duke al afirmar que:
El tema primordial de toda la vida de Hemingway fue la santidad, aunque no estuviera totalmente consciente de ella.(1)
Stoneback, citado por Kendall puntualiza el aserto al afirmar:
Hemingway sabía más que la mitad de la lección de los padres del desierto… El asunto en Hemingway, como lo veo, fue la santidad, de la que era consciente, pero que seguía siendo un secreto para sus lectores, este fue su más privado secreto que mantuvo sólo para él y que solo se revela en su ficción.(2)
Kendall quiere participarle al lector en su libro esas certezas incontestables, que nos hacen meditar en los atisbos de la catolicidad hemingwayana, cito y traduzco en extenso para el curioso lector sus puntos mas sustanciales, tal y como los cita en la Introducción de su magistral libro:
Fue un hombre complejo con una fe sencilla-los crucifijos ocultos, visitas sin anunciar a las catedrales, y las celebraciones privadas de las fiestas de guardar a la misma altura que sus prácticas de la caza, la pesca, el boxeo y las corridas de toros y la escritura también- de las que manifestó su entusiasmo en conversaciones con Ralph Withington Church, un filósofo y escritor, y amigo de Sherwood Anderson, en el París de los años veinte, y que le generaron “una gracia actual”(3). Así, en aquello que amaba Hemingway asaltaba el Cielo, agarrando cubos de gracia que más tarde derrochaba en momentos en que mostraba una gran generosidad de espíritu -a veces incluso heroísmo-, o cuando su debilidad amenazaba con abrumarlo… Muy opuesto a la imagen hedonista que Hemingway se deleitó en proyectar… es la imagen del escritor disciplinado, lleno de pecado y necesitado de redención, quien impregnó la escritura con un anhelo de la espiritualidad misma que buscó, pero que con frecuencia no logró alcanzar debido a las limitaciones humanas que incluso retaron a los grande santos.(4)
La perspectiva de esta mirada escrutadora nos hace colegir ese sentimiento indiviso de fe que en Hemingway pide la intercesión de la Virgen, y según la propia autora: “está presente en su accionar, aunque sin ser consciente del hecho, pero sintiéndolo profundamente”(5), un hecho que a nuestro ver recorre muchos de los minutos mas raigales de la obra de Papa.

Uno entre tantos es aquel que alude a ese pasaje de El Viejo y el Mar, cuando Santiago en la angustia de perder a su ansiada presa, promete a la Virgen del Cobre, rezar cien Ave Marias y Padre Nuestros, y peregrinar a su Santuario.

Dejamos otra vez, y como cierre para el lector la referencia de la propia Mary Kendall en su alusión valorativa al hecho:
En esta historia de la persecución del marlin que acabara devorado por los tiburones, Santiago, aunque no hombre religioso, dice: ‘Diré diez Padre Nuestros y diez Ave Marias, para que pueda obtener el pez, y prometo hacer una peregrinación al Cobre, si lo consigo. Es una promesa’ Entonces empieza a rezarlos, una tras otro, intercalando la frase: ‘Santa Madre, permite la muerte de este pez, aunque es hermoso’. Luego sintiéndose desfallecer, pide otra vez sufrir con paciencia, ‘prometiendo decir cien Padre Nuestros, y cien Ave Marías’, justo como Hemingway había hecho en el verano de 1933, en las mismas faenas de pesca de un marlin.(6)



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  1. En Harold Bloom, ed, Ernest Hemingway(New York: Chelsea House), 1985
  2. Ibid.p. 137-160
  3. Scafella, ed.,and Stoneback, Hemingway: Essays of Reassesment, p.135-136
  4. Kendall, Mary. Hemingway’s Faith. Introduction, p.3
  5. Ibid.
  6. Ibid, p.164.

Wednesday, May 13, 2026

Hemingway y Emilio Morayta en una anécdota deliciosa sobre "El Viejo y el Mar". (por Carlos A. Peón-Casas)



La historia que ahora relato ha llegado a mis curiosos oídos “hemingwayanos” de una manera subrepticia pero maravillosamente reveladora.

Una familia cubana: los Morayta-Travieso, afincados en los ambientes de esta ciudad miamense, y herederos de la memoria que hoy relato, me han dotado de ese privilegio.

Emilio Morayta, fue en tiempos de Hemingway en Cuba, un amigo de Papa, emigrado de la Guerra Civil, y afincado en tierra cubensis.

En una ocasión que Morayta estaba de visita en Finca Vigía, se suscitó la anécdota que hoy desgrano.

En aquel minuto Hemingway habría tenido a su vista dos ejemplares de la edición británica de El Viejo y el Mar, publicadas casi de inmediato luego de la edición de Scribner en 1952.

Papa mostró de pronto su enojo. La portada de su libro editado en tierras de los anglos y saxos, confundía a su personaje del pescador, oriundo de las Canarias, con un mexicano tocado con un sombrero al uso de los mexicas.

Hemingway, destrozó sin pensarlo el primero de aquellos, pero antes de que tuviera tiempo de hacerlo con el siguiente, Emilio lo detuvo con un gesto, y le pidió que en lugar de someterlo a tan tortuoso final, se lo regalara para así no tener que comprarlo.

Hemingway accedió con gusto, no sin antes anotar algunas impresiones muy suyas en el libro. La dedicatoria que obra, además en aquel ejemplar, y que hoy atesora la familia, es ya historia.


La transcribo para el lector desde ese sentimiento tan genuino del propio Papa, de un libro tan especial para el y para la Literatura, que aún nos hace conmover:
For Dr. Emilio Morayta, este cuento del Viejo y la Puta Mar. Abajo los Tiburones, Dictadores y los demás hijos de tal. Y viva nosotros y la Futura. De su amigo, Ernesto Hemingway.



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*Todas las referencias para este artículo están recogidas en "Abajo los tiburones" Y en especial en el testimonio de la Sra María Isabel Morayta-Travieso. https://abajolostiburones.wordpress.com/

Wednesday, May 6, 2026

Hemingway y Jane Mason: “femme fatale”. Cercanías y desencuentros. (por Carlos A. Peón-Casas)


La caracterización de Jane Mason como una femme fatale en el entorno de Ernest Hemingway responde más a una construcción biográfica y literaria posterior que a una categoría histórica estricta, pero tiene fundamentos interpretativos claros. Mason, una joven y carismática socialité que a comienzos de los años treinta, mantuvo una relación intensa —y probablemente romántica— en un momento en que el escritor atravesaba tensiones personales y creativas.

Su figura encaja parcialmente en el arquetipo de femme fatale por varios rasgos: su atractivo magnético, su independencia poco convencional para la época y su capacidad de ejercer una influencia emocional profunda sobre él.

Sin embargo, reducir a Mason a ese estereotipo puede simplificar en exceso su papel. Más que una figura destructiva en sentido clásico, parece haber sido una presencia que intensificó conflictos ya existentes en la vida de Hemingway —particularmente en su matrimonio con Pauline Pfeiffer— y que contribuyó a enriquecer su exploración literaria de las relaciones de poder, el deseo y la vulnerabilidad. En este sentido, la femme fatale no es tanto una etiqueta literal como una lente crítica para entender cómo ciertas mujeres reales fueron transformadas en arquetipos dentro de su obra.

Jane era una mujer de un carisma excepcional. Sus habilidades para la pesca del marlin, y para el tiro del pichón, la hacían un rival difícil para sus congéneres habaneros. Su casa bien puesta junto a su esposo Charles en Jaimanitas, aún ocupada como residencia del embajador canadiense de turno desde que fuera adquirida tras su venta en los años treinta, sirvió además de setting narrativo para un relato corto de Papa: “Nobody ever dies”. Hemingway solía amarrar su bote en el embarcadero de la casa del matrimonio en sus primeros arribos a la costa cubana.


Dejo al lector una evidencia muy sugerente que se me ofrece en una fresca y nutritiva lectura sobre tales sucesos tan llevados y traídos por biógrafos y entendidos, y que se me ofrece como una sugerente revelación desde la bien nutrida lectura de “Hemingway Faith”, de la autoría de la bien informada estudiosa hemingwayana: Marie Claire Kendall.

Citó en extenso sus consideraciones sobre Jane Mason y aquel tórrido y habanero romance de Papa con la atractiva y enigmática Jane, del que incluso Pauline no estaba ajena, y que terminará en literatura en el relato firmado por Papá como “La breve y feliz vida de Francis Macomber".
Jane Mason inspiraría la femme fatale más despiadada que Ernest Hemingway llegó a concebir: la de Margot Macomber en el cuento The Short Happy Life of Francis Macomber, publicado en la edición de septiembre de 1936 de Cosmopolitan. Como escribió Hemingway en el relato ficticio que comenzó en noviembre de 1934: «Era una mujer extremadamente atractiva y bien cuidada, cuya belleza y posición social habían llegado, cinco años antes, a cotizarse en cinco mil dólares como precio por respaldar, con fotografías, un producto de belleza que nunca había usado». Llevaba once años casada con Francis Macomber.
Macomber termina muerto al final del cuento, cuando el arma de Margot lo mata “accidentalmente”. En la vida real, Jane Mason era una tiradora excelente, a menudo superando al propio Hemingway, lo cual con el tiempo desgastó la relación, y finalmente se separaron en el verano de 1936, después de que él utilizara su relación para perfilar el retrato de una femme fatale aún más cruel.”

Wednesday, April 15, 2026

“Crossing the Mississipi” Un relato enigmático y sensorial en “The Nick Adam’s Stories.” (por Carlos A. Peón-Casas)


La historia por breve no deja de ser buena, si nos atenemos al categórico acerto de Gracián que nos avisa de que la brevedad no es óbice para la grandeza.

Y en Hemingway la brevedad es norma. Es asunto del estilo periodístico que aprendió en el Kansas Star, y que no desdeñó en ninguna de sus narraciones.

Redescubrir este texto en su original, es el motivo de este recordatorio tan propiciatorio.

Un amigo y colega de mis actuales coordenadas en esta porción floridana, maestro de Inglés como el escribidor que hoy les comenta, me ha hecho el regalo del libro ya citado en titular, donde con sabia magistral, Philip Young recopilara las historias de Nick Adams el clarísimo y resonante aún alter ego de aquel jovencísimo Papa, también niño, que aún deleitan por su magia y su indeleble perpetuidad.

Una edición traducida era mi referente más cercano del relato, que además de funcionar como efecto rememorativo en el libro de aquel Hemingway de camino a Kansas, en su primera acometida como novel corresponsal, es un texto rememorado desde el recuerdo de su primera ago era incursión africana, y parte indeleble de su novela “Las Verdes Colinas de África “.

No obstante, la referencia al Mississipi funciona más bien como un momento evocativo o recordado, y no como parte del escenario africano principal, lo que ilustra la tendencia del autor a vincular espacios a través de la memoria.

El pasaje describe un cruce sereno del río, no como un acontecimiento dramático, sino como una experiencia sensorial. Lo que resulta particularmente significativo es la escasez de acción explícita; sin embargo, la escena se percibe plena. Hemingway confiere a los detalles físicos una notable carga expresiva, permitiendo que lo sensorial vehicule la dimensión emocional.

Lo que Hemingway recalca de su recuerdo al cruzar el anchuroso y mítico caudal del Padre de las Aguas, apelativo que bien define a la corriente del ampuloso Mississippi, formará parte del indeleble paisaje que nunca lo abandonaría.

Dejo al lector mi particular traducción del pasaje final del relato: nada mejor que escuchar la resonancias del suceso en la propia voz del Maestro:
… Nick había esperado faroles para la costa de Mississippi, pero finalmente, después de que un interminable pantano se derramara más allá de la ventana, pudo ver por la ventana el motor del tren que se curvaba sobre un puente largo sobre un amplio y fangoso tramo de agua marrón. Las colinas desoladas estaban en el lado lejano que Nick ahora podía ver y en el lado cercano un banco de barro plano. El río parecía moverse sólidamente río abajo, no fluir, sino moverse como un lago sólido y cambiante, girando un poco donde los pilares del puente sobresaltían. Mark Twain, Huck Finn, Tom Sawyer y LaSalle se aglomeraron en la mente de Nick mientras miraba la llanura plana y marrón de agua en movimiento lento. De todos modos, he visto el Mississippi, pensó felizmente para sí mismo.

Wednesday, April 1, 2026

"El Jardín del Eden". Hemingway se redescubre entre la ficción y la realidad. (por Carlos A. Peón-Casas)


No es de extrañar que esta última entrega de la prosa Hemingwayana que viera la luz editorial póstumamente en 1986, sea una sucesión de las mismas coordenadas vitales del escritor que se trasuda en muchos detalles de la narración, y que igualmente se disfraza de ficción en muchos otros.

Y es que para Hemingway la historia que se narra es parte indeleble de circunstancias puramente existenciales, marcadas por la experiencia, pero igualmente recreadas desde la habilidad innata del fabulador que llevaba Papá entre pecho y espalda.

De tal modo me parece muy oportuna al remontar estas ideas, la que esboza su biógrafo James R Mellow en: Hemingway: A Life Without Consequences, y que citó desde el magnífico prólogo de Rodrigo Fresan en la edición traducida para Planeta por Pilar Giralt Codina, donde nos recuerda que:
Hemingway se refería a A través del rio y entre los árboles y al Jardín del Edén como ‘a mis novelas proustianas que serán mejores que Proust, porque estarán escritas por un Proust que estuvo en la guerra y le gusta follar y se ha enamorado.
Hay un detalle narratologico en la trama, que me gustaría remontar esta vez como evidencia de ese correlato que se comparte desde la ficción mejor trabajada y las memorias proustianas o no del peso pesado que fue el Hemingway narrador

Es precisamente la alusión del relato africano por más señas, en que el personaje de David Bourne se debate en el capítulo 17 de la citada novela.

Permítaseme esta vez la cita desde la ya inevitable plataforma de Chat GPT, que me ayuda a ilustrar este punto, y que el lector como este escribidor ciertamente agradecerá.
El capítulo 17 de El jardín del Edén suele interpretarse como una posible alusión (no explícita, pero bastante sugerente) a varios relatos anteriores de Ernest Hemingway, especialmente aquellos donde aparecen:

• tensiones eróticas y de identidad
• dinámicas de poder en la pareja
• escenarios de naturaleza africana o mediterránea

La alusión más comentada: The Short Happy Life of Francis Macomber.

Muchos críticos ven ecos claros de este cuento, por varias razones:

• Caza y África: ambos textos giran en torno a la experiencia africana como espacio de transformación.

• Relaciones de poder: en Macomber, la esposa domina psicológicamente al marido; en El jardín del Edén, Catherine ejerce una forma distinta pero igualmente perturbadora de control sobre David.

• Erotismo + violencia latente: el deseo se mezcla con humillación, miedo y afirmación de identidad.

Otra posible resonancia: The Snows of Kilimanjaro

• Tema del bloqueo creativo (David como escritor vs. Harry en ese cuento).

• Reflexión sobre la autenticidad, la memoria y la “verdad” literaria.

• África como espacio simbólico más que simplemente geográfico.
Sin dudas las resonancias son particularmente claras en el contexto de una novela que Hemingway empieza a esbozar desde su Finca Vigía en 1947 después de su ruptura matrimonial con Martha y su nuevo matrimonio con Mary.

Pensadas en ese contexto y en los subsiguientes que este inédito pudo ir alcanzando en el tiempo narrativo de Hemingway.

Las alusiones africanas del relato pueden llevar la misma impronta de su primer viaje africano con Pauline en 1933, que las del último, en 1953, en que la muerte lo persiguiera dos veces, con sus dos estruendosos accidentes aéreos, y acompañado esta vez con Mary, dispuesta a subir la parada de Pauline en su habilidad para dar cuenta del temible león africano.

Hay igualmente en ese relato una cercanía a la figura de su padre, y el lector puede entender ese guiño a la figura paterna que se filtra desde el relato anecdótico y pasa a la realidad de la propia ficción novelada: 
Ahora al abandonar aquel país, su padre siguió con el... Se quedó en el bar porque era allí donde había encontrado a su padre a esa hora y, como había acabado de bajar al altiplano, le echaba de menos. Fuera, el cielo era muy parecido al que había dejado, azul intenso, y las nubes, cúmulos blancos, y acogió con placer la presencia de su padre en el bar hasta que echó una ojeada al espejo y vio que estaba solo.
El recurso narratologico de revivir aquella memoria desde la ficción pasa dos veces a un plano que nos hace sin dudas un guiño altamente cinematográfico.

El narrador sigue en su ensimismamiento narrativo y lo traspola a la otra historia, que sigue su vida como un paralelismo inevitable. Seguimos leyendo o mejor “oyendo” el soliloquio de David el personaje, el narrador:
Se había propuesto hacer dos preguntas a su padre. Aunque era el hombre que llevara la vida más desastrosa que el conociera jamás, siempre daba consejos maravillosos, destilados del amargo entresijo de errores previos con la refrescante adición destilados los nuevos errores que estaba a punto de cometer, y daba consejos maravillosos, con una exactitud y precisión rebosantes de la autoridad de un hombre que había oído los más horribles pormenores de su sentencia, sin darle más importancia que a la letra pequeña. Lamento que su padre no se hubiera quedado, pero oyó con claridad el consejo, y sonrió…
La notoriedad del suceso narrado en el relato africano, y que parece interrumpirse, se queda en suspenso y a salvo, precisamente por esa capacidad del Hemingway narrador de saber con exactitud el momento de dejar la historia hasta otro momento:

“No debes preocuparte por ella antes de empezar ni cuando la interrumpes… tienes la suerte de poseerla… Si no puedes respetar tu modo de ordenar tu vida, respeta al menos tu oficio, sobre el que sin duda entiendes...”

David se devuelve a la realidad de su entramado amatorio donde se debate entre Catherine, su esposa, y Marita, ese nuevo demonio que se suma como amante o Dios sabe que, a su empecinada vida, a su realidad enmarcada entre los hechos de la vida real y la imaginada, y en la más posible y efectiva manera de vivirla... y de contarla.
Volvió a tomar un sorbo de whisky con Perrier y miró por la puerta el día de finales del verano... No era una persona trágica- su padre y el hecho de ser escritor se lo impedían-, y cuando terminó el whisky con Perrier se sintió menos trágico que nunca… Pensó en las dos chicas y deseó que aparecieran.

Wednesday, March 25, 2026

"Hemingway’s Faith". Un libro revelador y controversial. (por Carlos A. Peón-Casas)


El libro, obra de la acuciosa investigadora norteamericana Mary Claire Kendall, propone una idea fuerte: que la obra y la vida de Hemingway no puede entenderse plenamente sin tomar en cuenta su dimensión religiosa, especialmente su relación con el catolicismo.

Ernest Hemingway creció dentro de un entorno protestante riguroso. Más adelante, durante la Primera Guerra Mundial habría tenido una experiencia espiritual significativa tras resultar herido y ser asistido por un sacerdote. A partir de entonces, desarrolló una cercanía con el catolicismo que, según la autora, se refleja —de manera explícita o sutil— en su obra literaria.

Mary Claire Kendall sostiene que en la obra de Hemingway pudieran identificarse, de manera sistemática, una serie de núcleos temáticos —el sufrimiento, la redención, el pecado y la gracia— que atraviesan textos narrativos fundamentales. En particular, la autora examina su articulación en novelas como Por quien doblan las campanas y El Viejo y el Mar, proponiendo una lectura interpretativa desde una perspectiva cristiana que subraya la dimensión espiritual subyacente en dichas obras.

En cuanto a sus aportes, el estudio se distingue por ofrecer una reinterpretación que cuestiona la imagen convencional de Hemingway como un autor eminentemente secular, asociado a valores de virilidad, aventura y escepticismo religioso. Asimismo, Kendall recurre a fuentes documentales —incluyendo investigación de archivo y testimonios familiares— con el propósito de sustentar su hipótesis. Desde esta perspectiva, el libro reivindica la fe como un componente relevante en la configuración tanto ética como estética de la producción literaria hemingwayana. Algunos críticos han señalado que este enfoque contribuye a iluminar lo que denominan el “núcleo católico” del autor.

No obstante, la obra ha suscitado objeciones dentro del ámbito académico. Diversos especialistas cuestionan la tendencia a establecer correspondencias excesivamente directas entre categorías teológicas y elementos narrativos, lo que podría derivar en interpretaciones forzadas. Del mismo modo, se ha señalado que el enfoque adopta, en ocasiones, un tono cercano a lo confesional o apologético. Finalmente, se le critica una posible sobredimensión de la religiosidad de Hemingway, en detrimento de otras facetas igualmente documentadas de su vida y personalidad, como sus conflictos personales, su relación con el alcohol y sus posturas escépticas.

En términos generales, Hemingway’s Faith puede caracterizarse como un estudio sugestivo y provocador, particularmente relevante para los estudios que exploran la intersección entre literatura y espiritualidad. Sin embargo, su carácter interpretativo y su posicionamiento frente a la crítica tradicional lo convierten también en una obra controvertida. En síntesis, se trata de una biografía intelectual que propone una relectura de Hemingway desde la óptica de la fe, con resultados que, si bien estimulantes, permanecen abiertos al debate crítico.



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Ver
Ernest Hemingway. “¿Un católico mudo?”. (por Carlos A. Peón-Casas), en Espacio Latino

Wednesday, February 25, 2026

Hemingway defiende a su amigo Ezra Pound. Una carta reveladora. (por Carlos A. Peón-Casas)


Ezra Pound el poeta norteamericano cuya potencia lírica deslumbrara al joven Hemingway en su estadía parisina, y quien sin dudas le sirviera junto a la Stein y Anderson como incuestionables domines literarios, profesó una abierta posición a favor del fascismo italiano.

Hemingway que por vocación militó en el bando contrario, aunque sin acatar los desafueros del ordeno y mandó y otras hierbas totalitarias.

En 1943 Ezra era una figura literaria enorme… y profundamente polémica por razones políticas.

Desde Italia, Pound realizaba emisiones radiales para el régimen fascista, difundidas por la radio estatal italiana. En ellas mezclaba economía, ataques contra Estados Unidos, antisemitismo y elogios a Mussolini.

Estas transmisiones lo convirtieron, a ojos del gobierno estadounidense, en un colaborador propagandístico del enemigo.

Ese mismo año, Estados Unidos preparó cargos formales por traición contra Pound (que se presentarían oficialmente en 1945). En 1943 ya era visto como un traidor en la prensa y entre muchos colegas, aunque algunos escritores distinguían entre su genio poético y su conducta política.

Aquí entra la famosa carta de Hemingway donde reconocía que Pound merecía castigo y descrédito, pero se oponía a convertirlo en mártir o ejecutarlo, subrayando su importancia literaria y su deterioro mental. Esa postura refleja el dilema de muchos intelectuales: cómo condenar las ideas sin borrar al artista.

La carta de marras, dedicada desde Finca Vigía a su amigo Archibald McLeish, es un testimonio definitorio de cómo la amistad se defiende por encima de todo, aunque las apelaciones a favor del amigo pudieran ser signos de equívocos y malas interpretaciones:
Gracias por enviarme los datos sobre los desvaríos de Ezra. Está claramente loco. Creo que podrías demostrar que ya lo estaba desde los últimos Cantos. Merece castigo y descrédito, pero lo que más merece es el ridículo. No deberían ahorcarlo ni convertirlo en mártir. Tiene una larga historia de generosidad y de ayuda desinteresada a otros artistas, y es uno de los mayores poetas vivos. Es imposible creer que alguien en su sano juicio pudiera decir la vil y absolutamente idiota basura que ha estado transmitiendo. Sus amigos, que lo conocieron y que presenciaron la deformación, la distorsión y el deterioro de su mente y de su juicio, deberían defenderlo y explicarlo desde esa perspectiva. Será algo totalmente impopular, pero absolutamente necesario. No he tenido correspondencia con él en diez años, y la última vez que lo vi fue en 1933, cuando Joyce me pidió que fuera para facilitar que Ezra estuviera en su casa. Ezra ya estaba entonces bastante trastornado. Las transmisiones son completamente disparatadas. Ojalá pudiéramos hablar de todo este maldito asunto en persona. Pero puedes contar conmigo para cualquier cosa que un hombre honrado deba hacer.
El año 1945 fue el punto de quiebre definitivo en la vida de Pound —literario, político y personal.

Tras la caída del régimen de Mussolini, Pound fue detenido en mayo de 1945 por partisanos italianos y entregado al ejército de Estados Unidos. Era considerado propagandista del enemigo por sus emisiones radiales fascistas.

Fue recluido en un campo de detención militar cerca de Pisa, en una jaula al aire libre destinada a prisioneros de alto riesgo. Pasó semanas en condiciones extremas —calor, aislamiento, vigilancia constante— que afectaron gravemente su salud mental.

Durante ese confinamiento comenzó a escribir lo que luego se conocería como The Pisan Cantos, una de las secciones más celebradas de su obra. El texto mezcla culpa, memoria, cultura clásica y reflexiones personales, mostrando a un Pound quebrado pero aún creativamente poderoso.

Ese mismo año fue trasladado a Estados Unidos para enfrentar cargos de traición. Los tribunales determinaron que no estaba mentalmente apto para ser juzgado, lo que conduciría a su internamiento psiquiátrico en 1946.

Tras más de una década internado en un hospital psiquiátrico en EE. UU., Pound fue liberado en 1958 y regresó a Italia. Llegó convertido en una figura legendaria y polémica: celebrado por su genio poético, pero aún asociado a su pasado político.

Durante los años 60 habló cada vez menos. Amigos y visitantes describen a un Pound melancólico, cansado y profundamente autocrítico. En varias ocasiones insinuó que su implicación política había sido un error, aunque nunca emitió una retractación formal clara.

Siguió revisando secciones de The Cantos, pero su producción fue escasa. Él mismo expresó frustración por considerar la obra inconclusa o fallida, llegando a decir que había “estropeado” su proyecto poético.

Vivió principalmente en Venecia, acompañado intermitentemente por su esposa Dorothy Shakespear y por Olga Rudge, figura central en su vida afectiva. Su círculo social se redujo a visitas de admiradores y estudiosos.

Murió en 1972 en Venecia. Su legado quedó dividido: uno de los arquitectos de la poesía moderna, pero también ejemplo duradero del conflicto entre arte, ideología y responsabilidad moral.


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Fuente consultada:

Ernest Hemingway Writes Archibald MacLeish About Ezra Pound’s Craziness. Posted on December 30, 2010 by Biblioklept

Wednesday, January 21, 2026

La librería del cubano Leonte Valladares en Key West: un punto de encuentro para el Hemingway recién llegado. (por Carlos A Peón-Casas)


Pocos lo saben como dato anecdótico. Pero hubo una librería regentada por un cubano en el temprano minuto en que Hemingway desembocaba en ese mítico paraje floridano.

Estaba ubicada en la calle Fleming Street en el número 517, justo a pocas cuadras de la casa de Charles Thomson donde Hemingway se congregaba con amigos y conocidos para degustar un sabroso condumio de comidas autóctonas que les preparaba Phoebe la animosa cocinera de los Thomsons.

Hemingway supo enseguida del lugar y una simpática anécdota da cuenta como sucedieron las cosas.

La historia que reproduce un testigo del hecho alude que el hijo más pequeño del dueño de aquella librería, cubano de origen, tropezó con el recién llegado y notó su especial atuendo: unos shorts ajustados por un simple cordel y unos mocasines raídos, llamando de inmediato la atención de su padre: “Papá, ven… mira a ese pobre hombre…",  Hemingway quedó encantado con la salida del pequeño y lo abordó enseguida en perfecto español, contándole cómo se había dotado de aquella cuerda como cinturón para sus shorts. La explicación encantó a padre e hijo y de allí surgió la amistad.

Enseguida se estableció el contacto con Leonte, que por entonces era un hombre de unos 30 años y detentaba aquel sitio que había sido antes un café de pescadores.

Hemingway le había sugerido proveerse de un buen stock de libros, suministrándole varias copias de sus textos: Fiesta y Hombres sin mujeres, autografiados con su firma. Valladares sin vacilar le añadiría un dollar extra al precio por aquella novedad.

L. Valladares & Son bookstore
 at 1200 Duval Street - Key West, Florida.
Foto/Florida Memory
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La librería sería de larga data más allá de los años de Hemingway en Key West, mudándose a posteriori a la concurrida calle Duval.

Una placa en aquel sitio recuerda el hecho de su existencia, aunque para muchos visitantes, como para este escribidor, pasará desapercibida, y es ahora una referencia para próximos minutos por los siempre atrayentes spots del proverbial Key West, también patria chica de Papa.



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*Detalles para este artículo referidos en Hemingway In Key West – An interview With Mike Curry. Published by admin at August 22, 2018. 

Wednesday, November 19, 2025

"The shot": un relato hemingwayano en dos tiempos y dos geografías: La Habana y Wyoming. Apuntes para el relato cubano. (por Carlos A. Peón-Casas)


En mis primeras cercanías al corpus narrativo de Hemingway, lo busqué con profusión en mi Camagüey natal.

Pero fue sin éxito. La traducción del texto no se hizo hasta donde supe, en ninguna edición cubana. Las referencias me llegaron por vías distintas, pero dispersas.

Para entonces, alguno de mis colegas hemingwayanos ad usum, y ya mejor dotados de ese tipo de delicatessens, me dijo alguna vez que lo había visto en su versión original por supuesto, pero su poco manejo del Ingles le había impedido disfrutarlo, y menos aún, proveerme con alguna docta o no tanto opinión al respecto.

Mis afanes por encontrar el relato no cejaron allí. Y con la buena suerte de tener una amiga ya ubicada en el mundo de alguna biblioteca pública, en estas playas miamenses que ahora me acogen, pude un buen día, con muchísima suerte y vía el precario email de la Isla, disfrutar una copia electrónica del susodicho relato de no ficción, y no precisamente un clásico short story, como acaso alguno pudiera considerar.

Pero, la dicha fue poca, o tempora o mores, el susodicho archivo en precario formato word, un buen día fue víctima de algunos de aquellos incidiosos virus electrónicos que habitaban nuestras rudimentarios pc’s, y zas, de un plumazo se hizo ilegible e irrecuperable.

Nunca tuve tiempo pues de reseñarlo como era mi deseo. Mucho menos de echar luz sobre el enigmático opening de la historia donde se refiere, desde la perspectiva hemingwayana, a una anécdota de la no bien contada historia cubana de los años 40’s del pasado siglo XX, y que en algún modo involucrara a Papa en ese minuto habanero.

El relato fue publicado originalmente en la revista norteamericana True, en 1951.

Pero fue indudablemente escrito en el entorno habanero de Finca Vigía que es precisamente el ambiente donde se inicia la acción que se narra, y luego complementado con una anécdota relativa a la caza de antílopes, en Wyoming, donde Hemingway, sus hijos y algún otro personaje, son actores , y donde singulariza el resto de lo narrado, que no será por esta vez, motivo primordial de esta rememoración.

El tiempo real de la historia cubana con que Hemingway singulariza lo narrado, alude incuestionablemente a los años finales de década de los 40’s, con especial alusión al de 1948, y referencias a finales de 1947, y los volátiles sucesos de la política local que lo rodeaban en su apacible Finca Vigía.

Muchos eran de naturaleza violenta, y acaecían al minuto en que gobernaba la entonces República el presidente Grau San Martin, explicitados con un carácter y un sabor definitivamente gansteril.

Exploraremos para el amable lector, las coordenadas posibles que gravitan alrededor del relato hemingwayano, con un opening que tiene a finca Vigía como innegable setting de la historia.

Así arranca Hemingway su relato:
Estábamos terminando el almuerzo en la piscina. Era un día caluroso en Cuba porque no se sentía correr la brisa. Pero la piscina estaba fresca, donde los árboles le dejaban su sombra, y el agua estaba fría y a veces muy fría si uno se zambullía en la parte más profunda.(2)
De pronto y con la llegada subrepticia de dos intrusos al apacible y discreto convite, se nos marcan las pistas del asunto narrativo:
Yo no vi venir a ese par de negros hasta que estuvieron al lado de la mesa que estaba ubicada bajo el follaje y a lado sombra. Yo estaba contemplando los reflejos de los bambúes y de los álamos en la piscina, y cuando levanté la mirada y los vi junto a la mesa supe que no estaba del todo alerta. Se habían aproximado por un área oculta a mi vista, pero los hubiera visto venir al doblar por la esquina de las duchas.(3)
Sin dudas la descripción y el uso de alguna referencia al lenguaje alusivo a la estrategia militar, (a piece of dead ground), nos hace aquí un guiño interesante a la naturaleza siempre precavida de Papa en sus predios de la Finca, y a la sensación de sorpresa por la llegada de esos visitantes inesperados, que hubiera podido evitar acceder a tan íntimo espacio de su casa.

Sigamos con los recién llegados y entendamos de a poco las connotaciones con el suceso habanero de violencia política que los involucra:
Uno era muy grande y fuerte con una cara que yo recordaba. El otro era su guardaespaldas. La persona que evita que alguien te dispare por la espalda. No tiene que ser grande, muy grande, y siempre está un paso por detrás y gira su cabeza como un pitcher vigilando al de primera sin out…(4)
El que lucía como un Joe Walcott por encima de su talla, traía una carta para mí. La había escrito el mismo. El estaba un poco “quemado”, así parecía y necesitaba huir a cierta república de Suramérica tan pronto como fuera posible. Había sido acusado injustamente de haber estado en el segundo de dos autos desde el cual mataron a dos e hirieron a cinco personas en lo que se conoce como el antiguo uno-dos. El primer auto pasa por frente a la casa de amigos a los que previamente saben allí y desean sorprenderlos. Al pasar tirotean la casa como un gesto. Los amigos salen ilesos y portando armas, en lo que el segundo pasa entonces con el resto de los matones y los aniquilan.
El hecho aludido, aunque pudiera sonar anecdótico y sin más relación con la historia cubana de aquel minuto, no resulta, sin embargo difícil de contrastar.

Anécdotas como aquella eran el pan nuestro de casa día en aquellos minutos habaneros. Uno de tales acababa de suceder en la barriada de Marianao a finales de 1947, y del que la prensa tuvo bastantes repercusiones y que sería recordado con el apelativo de Orfila.

De lo acaecido allí en ese barrio habanero, donde dos bandos rivales se ajustaban cuentas, derivarían por necesidad repercusiones para el asunto al que Hemingway aluda en lo que sigue de su relato:
El hombre me sigue explicando que ha sido injustamente acusado de estar entre los ejecutores. Ya ha sido acusado falsamente otras veces. Pero aduce ser amigo de un amigo mío que fue baleado en la calle con solo treinta y cinco centavos en el bolsillo, y sin haber robado ni un centavo ni poseyendo fortuna personal, mientras desempeñaba un puesto del gobierno. Supongo que pueden barruntar que eso significa en estos tiempos.
Y es en este punto cuando encontramos los referentes a Manuel Castro y del Campo, mejor conocido como Manolo Castro, un joven revolucionario de probada integridad, tal y como lo describe Hemingway, y a quien reconoce como su amigo.

Manolo era hombre de acción tal y como Hemingway lo describe. Vinculado a la FEU, organización estudiantil de la que fuera Presidente, y en particular a las acciones universitarias, opuestas a la dictadura de Machado, en específico desde la Universidad de La Habana donde estudiaba Ingeniería, y donde luego ejercería como profesor, se destacó como un líder nato, ajeno a corruptelas y vicios, que combatió denodadamente.

El hecho narrado tuvo lugar a la salida de un cine muy popular en la ciudad habanera de entonces, y donde Manolo Castro sería vilmente emboscado y encontraría la muerte a manos de rivales políticos, miembros de la conocida agrupación Unión Insurreccional Revolucionaria.

Aquella agrupación se había visto implicada y no por casualidad en los sucesos de Orfilia, ya aludido, y donde su líder: Emilio Tro había encontrado también un violento final.

Hemingway lamentó grandemente el suceso. Su cercanía con Manolo era de indudable aprecio recíproco. Los unían además coordenadas y vínculos comunes con nombres de la vida social y política de aquella Cuba que Hemingway habitaba desde una década anterior.

Algunas fuentes críticas, sin embargo, tratan de cuestionar la amistad entre ambos, dejándole solo un hálito de supuesta ficcionalidad en cuanto a la mención que hace de ella Hemingway en el ya citado relato.

Pero si sí leemos con atención a lo que nos narra el enterado historiador Hugh Thomas en su abundosa y bien certificada obra histórica: Cuba. The Pursuit of Freedom, entenderemos mejor la relación que se genera desde el relato que vamos explicitando.

Thomas no duda en acotar en nota alusiva sobre el hecho, coincidentemente desde la misma descripción que Hemingway sigue presentando en su relato:
El ya mentado Manolo Castro era un atractivo y brillante gunman, cuya carrera como la de Masferrer caracterizaba a su generación. Un estudiante que se enfrentó a Machado (miembro de una organización conocida como Legión Universitaria). Luego retornó a la Escuela de Ingeniería y actuó como segundo de Valdés Dausa al frente de la policía universitaria. En 1947 fue designado por el presidente Grau como Director de Deportes...(5)
La evidencia histórica que sigue sustentando Thomas en su obra citada, sigue correspondiendo palabra por palabra a lo que el propio Hemingway relata en la continuidad de su evocación de Manolo, y nos parece evidencia más que suficiente para mantener el aserto hemingwayano de que verdaderamente había sido su amigo.

Aquí lo que dice Hemingway al describirnos la impronta de su vida:
Mi amigo fue considerado como un gunman pero yo nunca lo conocí por haber ajusticiado a la persona incorrecta. De cualquier modo, cuando lo mataron solo tenía treinta y cinco centavos en sus bolsillos, ni ninguna suma en ningún banco, y estaba desarmado.(6)
El suceso narrado tendría mucha prensa. Las investigaciones policiales encontraron culpable a un sujeto nombrado Gustavo Ortiz Fáez, al que identificaron huyendo de la misma escena del crimen y portando un arma recién disparada. Para colmo se vinculaba de cierto modo con el entonces presidente de turno, el ya mentado Grau San Martín de quien se decía ser ahijado.

Nada mejor para del cierre de esta revelación histórica que ahora desglosamos que dejar al inteligente lector con las evidencias que aportaba un diario habanero de la época en lo tocante a los hechos de aquel connotado suceso.

Transcribimos la nota de reseña del periódico habanero Hoy, órgano de prensa del entonces Partido Socialista Popular:
Las diligencias realizadas por la Policía y el Juzgado no habían arrojado ayer ningún nuevo detalle esclarecedor del atentado al ex líder de la FEU y a sus amigos, habiendo limitado las actuaciones a la autopsia de Castro y a la prueba de la parafina a este y demás atacados, así como al único detenido que hay en el caso, que lo es el joven estudiante Gustavo Ortiz Faes, de veinte años…que fue arrestado al ocurrir el suceso cuando huía por la calle Industria, con una pistola, y a quien la policía señala como uno de los agresores. El detenido…dijo ser ahijado del Presidente de la República, Dr. Grau San Martin y de la Primera Dama, señora Paulina Alsina.(…) Así mismo se ha determinado que Manolo Castro y sus amigos no pudieron repeler agresión, debido a lo inesperado de la misma(…)Manolo Castro se hallaba(…) en la esquina de Consulado y San Rafael, frente al cine “Resumen”(…) cuando aparecieron tres o cuatro individuos, que les hicieron fuego súbitamente, cayendo todos heridos. En declaraciones hechas a la prensa, varios amigos del ex Presidente de la FEU, han formulado graves acusaciones contra otros dirigentes de ese organismo estudiantil, así como contra ciertas autoridades policiacas, a las que señalan en complicidad con los agresores de Manolo Castro. Se señalan en esas declaraciones como ligados a los agresores al Comandante de la Policía Nacional Ignacio Mendieta y al teniente del propio cuerpo, Armando Correa quienes eran amigos íntimos del extinto Emilio Tro. Según afirmaciones el atentado contra Manolo Castro fue planeado y ejecutado por los dirigentes de una organización denominda “Union Insurreccional Revolucionaria, de la que fue jefe el citado Emilio Tro. Concretamente mencionan los nombres de Jesús Dieguez, José Injauma, un tal García Ristra, Julián Martínez, Gali Menéndez y otros conocido como “Machito” y el “Boxeador”, así como a los dirigentes estudiantiles Pedro Mirasu, Fidel Castro, Justo Fuentes y otros(…)Dicen también los declarantes que los autores del atentado de Manolo Castro estaban en contubernio con agentes del dictador dominicano Trujillo, ya que el líder desaparecido fue uno de los principales jefes de la frustrada expedición armada contra la tiranía trujillista. (Periódico Hoy. La Habana, Martes 24 de Febrero de 1948. Ano XI. Numero 47)


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  1. The Shot. By Line: Ernest Hemingway. Edited by William White. Charles Scribner’s and Sons. NY, 1967.pp 417-424.
  2. The Shot. Op.cit. (La traducción al Español de estos fragmentos es de mi autoría.)
  3. Ibid.
  4. Ibid.
  5. Cuba, The Pursuit of Freedom. Hugh Thomas. Harper and Row, NY, 1971, p.742. (La alusión de Thomas le llega desde lo referido por el Diario El Mundo, edición del 24 de Febrero de 1948, y desde el propio relato de Hemingway que sugiere al lector como evidencia descriptiva.
  6. The Shot. Ibid.
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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