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Friday, July 17, 2026

“Todo lo que no dije”, una postal teatral en el Colony Theater. (por Wilfredo A. Ramos)


El pasado 18 de junio tuvo lugar el estreno mundial de la obra “Todo lo que no dije”, del dramaturgo norteamericano Harley Elias, estando su dirección a cargo de Michel Hausmann, quien preside la compañía Miami New Drama, la cual tiene su sede en el histórico Colony Theater situado en el conocido boulevard de Lincoln Road, en South Beach, escenario donde se ha mantenido dicha propuesta que continua su exitosa temporada hasta el próximo 2 de agosto.

La responsabilidad del trabajo sobre las tablas de este unipersonal ha recaído sobre los hombros del actor venezolano Christian McGaffney, actor y productor conocido internacionalmente por su interpretación del rol protagónico en la producción fílmica venezolana “Simón” del 2023, la cual se sumerge en la crisis política, represión estudiantil en su país y en las consecuencias éticas de asumir el camino del exilio. Dicho filme que fuera estrenado en el Florida Film Festival, de la ciudad de Orlando, habiendo sido premiado en el Festival de Cine Venezolano y en el Festival Internacional de Cine de Heartland, en Indianápolis, fue nominado también a la treinta y ocho edición de los Premios Goya en España. McGaffney además ha trabajado en otras producciones tanto para el cine hispano como para el norteamericano, así como para la televisión y el teatro.

Con esta nueva propuesta dramática, ya son cuatro los trabajos que han subido a escena de manera mancomunada el binomio Hausmann-Elias, siendo los anteriores “Lincoln Road Hustle”, “The Museum Plays” y “Bad Dog”, producciones todas que han contado con favorables críticas de público y crítica, por lo que la entusiasta acogida que ha recibido la presente puesta en escena no debe tomarnos por sorpresa.


El argumento de este nuevo texto dramático de Elias se levanta a partir de un elemento que desde su aparición en la vida del ser humano estuvo íntimamente relacionado con los sentimientos más personales e íntimos del mismo: las postales de envío personal. El surgimiento de dicha pequeña pieza rectangular de cartón ligero nos traslada hacia distintos países europeos -Bélgica, Inglaterra, Francia, Prusia- y diferentes fechas, todas ellas enmarcadas entre los años 1840 y 1870 bajo diferentes circunstancias, pero la verdad es que a partir de su establecimiento, la postal se convirtió en una efectiva forma de comunicación entre las personas, por medio de la que se hacía llegar alguna breve información, un saludo, una invitación, alguna felicitación u otro tipo de mensaje breve. Igualmente, su utilización estuvo muy condicionada a recordar lugares a los que se viajaba y desde donde se quería saludar a amigos y familias. Con el paso del tiempo y el surgimiento del internet y la aparición de las redes sociales, podemos decir que esa tan hermosa costumbre, lamentablemente, ha prácticamente desaparecido, al igual que muchas otras que engalanaban un poco más nuestras vidas.

Es a partir de dicho recurso que esta obra arma su estructura dramática, convirtiendo el texto en un íntimo espacio de reflexión, pérdidas, búsquedas, el cual convierte al trabajo en escena en una experiencia conmovedora, íntima, a la vez que divertida y provocadora. El hecho de haberse tropezado con una vieja postal en un mercado de pulgas, la cual contiene algunas breves líneas junto a unas iniciales tan solo como remitente y firma, harán que el joven protagonista se lance a la aventura de encontrar a un padre que ha estado ausente desde la niñez y del cual su imagen precisa ha sido borrada con el pasar del tiempo.

La puesta que ha sido concebida para teatro arena -no podría haber sido de otra forma- con público rodeando las cuatro partes de un pequeño rectángulo escénico donde el actor llevará a cabo su trabajo, convoca al espectador a dejar de serlo para convertirse en partícipe de la misma, a través de la lecturas de textos escritos al dorso de postales que el intérprete les irá entregando a medida que la acción vaya transcurriendo, dando lugar a situaciones que provocarán risas, meditación o recogimiento.

Photo by Ari Feldmiller
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La selección de Christian McGaffney para este papel, sin duda alguna ha resultado un acierto, debido a que la energía requerida por el personaje para conducir la historia hasta su final encuentra en el actor el vehículo idóneo. El intérprete maneja diversidad de emociones que casi se atropellan en la necesidad de dar rienda suelta a su urgencia de sentimientos, y para ello no teme dejar salir las palabras en veloz torrente como si su mente no pudiera contener las ideas que le asaltan en su obsesión filial. Su constante diálogo con el público, rompiendo la llamada ‘cuata pared’ y haciendo al espectador intervenir en la acción, hace que estemos en presencia de uno de los aspectos que conforman lo que ha sido llamado ‘metateatro’, recurso el cual es manejado a la perfección por el actor.


McGaffney, que posee una recia personalidad escénica la cual acompaña con una bien timbrada y poderosa voz, con clara dicción -a pesar de la velocidad que le imprime a varios parlamentos, en momentos que el personaje procura hacer intrincadas reflexiones- no necesita del micrófono personal para hacerse oír por parte del público, mucho menos en el reducido y cercano espacio de representación, recurso que innecesariamente altera el color de la voz y la intensidad de las emociones. El desafortunado y casi obligatorio uso que se está haciendo de dicho recurso tecnológico se vuelve contra el proceso mismo de trabajo de los actores, ya que los obliga a graduar las intenciones dramáticas y emocionales a niveles televisivos, alejadas de la realidad del escenario teatral y por ende haciendo que los intérpretes en algunos casos ‘descansen’ en dicha tecnología, no proyectándose de manera adecuada. Otro peligro del uso de estos micrófonos corporales por parte de los actores es que en ocasiones producto de algún movimiento brusco o por problemas técnicos propiamente, la voz deje de escucharse provocando con ello situaciones embarazosas al actor y desagradable al público.


En general la concepción de la puesta llevada a cabo por Hausmann -director- muestra un estrecho vínculo de trabajo con el texto, extrayendo del mismo todas las posibilidades de transferencia entre la dramaturgia de aquel con la del trabajo escénico, aprovechando la cercanía con el espectador y transformando el mínimo espacio de representación en un verdadero ‘tour de force’ para el actor, el cual se apropia del mismo con habilidad y enjundia propia de quien sabe tomar el control del escenario
.

Al final el espectáculo, el público será convidado a escoger una postal en el vestíbulo del teatro para enviársela a la persona que desee -con franqueo pagado por el teatro- como una manera de comprometernos a no abandone tan íntima y bella tradición.


Un texto con las características presentes en “Todo lo que no dije” hace que el hecho teatral no deje de ser el encuentro con aquello que sin duda alguna debe constituir lo más importante para el ser humano, como son los sentimientos. A través de su hora y veinte minutos de duración -tiempo que pudiera ser considerado extenso para un unipersonal- dicho texto convoca al espectador no solo como observador sino como partícipe dentro de un proceso en el cual se convertirá en cómplice, con lo que lo concebido por el autor podría transformarse en catarsis sentimental colectiva ante el inesperado final.


Para finalizar, me gustaría invitar al público amante del teatro en esta ciudad de Miami, a que aprovechen las tres semanas de función que aún restan de esta magnífica propuesta teatral de Miami New drama en el Colony Theater de la playa, aunque su paseo por el otrora bullicioso y hermoso boulevard de Linconl Road deje mucho que desear.


Wilfredo A. Ramos.
Miami, julio 16, 2026.


Thursday, July 2, 2026

El amor y el interés fueron a Palermo un día... (por Baltasar Santiago Martín)


"… y pudo más el interés que el amor que se tenían”, así reza un refrán popular, que yo he adaptado a mi conveniencia para titular mi reseña a la obra de teatro Palermo, una oportunidad, de la autoría de Abel González Melo, presentada por NOBARTE –en estreno mundial– durante los días 26, 27 y 28 de junio de 2026, en la sala de teatro del Westchester Cultural Arts Center; estreno con el que NOBARTE celebra su vigésimo aniversario y el debut del reconocido diseñador escenográfico Pedro Balmaseda –artífice junto a Jorge Noa de la excelencia de NOBARTE– como director teatral.

Esta es también la primera vez que comienzo una reseña a una obra de teatro –o de las artes escénicas en general– elogiando el programa de mano de la obra, diseñado por Pilar Fermelo, con bellísimas fotografías de Studiobylala (así dice en los créditos), el cual esperaba sobre mi asiento cuando entré a la sala cual precioso “abrebocas” de lo que vería en escena.

Y sí, efectivamente, tanto la escenografía “cinematográfica” como el diseño de vestuario “de alta costura” de Jorge Noa sirvieron de engarce de lujo para que el texto de Abel cobrara vida en el escenario –“brotara”–, gracias a la actriz Claudia Valdés –que prestó su piel a Carla Bellini para que la “habitara”– y al actor Rodolfo Jaspe, para que Luciano Herrera, modelo favorito y amante de Carla, lo “poseyera”.

Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera 
y Claudia Valdés como Carla Bellini. 
Fotos: Julie de Grandy
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Claudia Valdés como Carla Bellini 
y Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera. 
Foto: Alfredo Armas.
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Siempre he sostenido que lo primero que debe hacer un artista –sea actor, bailarín o cantante– es “sentir” el personaje o el tema que interpreta, y en Palermo, ambos actores lo demostraron de modo muy visceral, porque el texto de González Melo es, ante todo, completamente inmersivo en las complejidades del comportamiento humano, y aquí tengo que detenerme para referirme al trabajo de este prolífico y talentoso dramaturgo, el cual he seguido y reseñado desde Chamaco –y que abarca ya 25 obra teatrales escritas, en lo que yo califico como una especie de nueva La comedia humana, pero me atrevo incluso a editar a Balzac, su autor original (1799-1850), llamando a este exitoso empeño de Melo como La dramedia humana, un acrónimo formado a partir de drama y comedia, ya que, en la cruda realidad, la vida de cualquier persona tiene de ambas –e incluso más de lo primero, aunque nuestra inolvidable Celia Cruz cante que La vida es un carnaval.

En Palermo, una oportunidad, nuestro Abel desborda el tema del ghetto cubano –abordado en Chamaco, Nevada, Talco, un drama de tocador; En ningún lugar del mundo, Bayamesa, Mejor me callo y Disonancia, todas ellas vistas y reseñadas por mí– para, aprovechando su residencia en el Teatro di Rifredi, de Florencia, Italia, darle una visión más universal –no solo italo-argentina, como las nacionalidades que asigna a sus protagonistas–, a esta dramedia, porque los seres humanos se comportan de modo muy parecido en cualquier latitud del vasto mundo.

Entre el teatro de la “metatranca” o de la “astracanada”, que tanto signa desgraciadamente la oferta escénica de Miami –con muy honrosas excepciones, como las de Martí Productions, El Ingenio Teatro y CARO EVENTS INC–, Palermo, una oportunidad me cautivó y la disfruté mucho, porque vi la vida trancurrir en escena, con sus virtudes, sus miserias y sus contradicciones, como si fuera un espejo implacable puesto ante nuestros ojos por el dramaturgo; en fin, nuestra naturaleza humana.

Uno, mucho más que como pasivo espectador de la obra, no puede evitar convertirse en juez y dar juicios de valor al comportamiento de Carla y de Luciano –e incluso al del alcalde Ferretti y del fotógrafo Francesco, aunque no los veamos en escena.

Claudia Valdés como Carla Bellini 
y Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera. 
Foto: Julie de Grandy.
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Me viene a la mente la excelente novela Las travesuras de la niña mala, del muy justamente merecido Premio Nobel de Literatura 2010 Mario Vargas Llosa, en que la vejez y la enfermedad le pasan la cuenta a la interesada y veleidosa protagonista –como suele suceder al final a los que priorizan el interés al amor.

Y eso es lo que hacen todos en Palermo: Carla se casa con el alcalde sin amarlo; Luciano se instala con Francesco en busca de “estabilidad”, por interés; mientras que el alcalde “compra” a Carla a cambio de su juventud y belleza, y Francesco hace lo mismo con Luciano.

Claudia Valdés como Carla Bellini 
y Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera. 
Foto: Julie de Grandy.
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Abel expone todo esto en escena de un modo digamos que muy sutil, sin el menor didactismo ni lecciones de moralidad, para que nosotros los espectadores hagamos nuestra silenciosa “introspección”: ¿cuál de los cuatro nos retrata, o con quién de los cuatro nos hemos tropezado en nuestra propia dramedia?

Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera
 y Claudia Valdés como Carla Bellini. 
Foto: Julie de Grandy.
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No puedo concluir esta gustosa reseña sin volver a celebrar las convincentes actuaciones de Claudia Valdés y de Rodolfo Jaspe como Carla y Luciano –y la “inquietante” belleza de ambos, que fue un grato regalo “adicional” para nuestros ojos, casi, casi envidiosos del alcalde y de Francesco, que los “compraron”, y también sentir pena por sus personajes, porque la peor prostitución no es la del cuerpo sino la del alma.

Claudia Valdés como Carla Bellini 
y Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera. 
Fotos: Julie de Grandy.
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En fin, excelente todo: texto, actuaciones, dirección, escenografía, banda sonora (Mina, la lluvia), así como la iluminación del propio director de la puesta y el gran apoyo profesional de todo el equipo involucrado en la misma, ¡de cine!

Escenografía “cinematográfica” de Jorge Noa.
 Foto: Julie de Grandy.
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¡Felicidades, NOBARTE, por sus 20 años de excelencia en el riesgoso, pero gratificante universo del teatro en Miami!; ¡mil gracias, Abel, por tu eficaz y comprometida dramaturgia con esa inefable aventura que es la vida!



Sobre el autor

El director teatral y educador cubano-español Abel González Melo es Doctor en Estudios Literarios y Máster en Teatro por la Universidad Complutense de Madrid, y Licenciado en Estudios Teatrales por la Universidad de las Artes de Cuba.

Entre sus obras, estrenadas y publicadas en más de veinte países y traducidas a doce idiomas, destacan Chamaco (Premio Embajada de España en Cuba 2005), Talco (Premio Instituto Goethe de Cuba 2009), Mecánica (Premio Unión de Escritores y Artistas de Cuba 2014), Epopeya (Premio Virgilio Piñera 2014), Bayamesa (Premio Internacional Casa de las Américas 2020), Intemperie (Premio Fundación Ciudad de Santa Clara 2021) y En busca de La Peregrina (Beca Leonardo BBVA 2022).

Ha recibido el Premio Alejo Carpentier de Ensayo 2009, el Premio de Crítica Literaria en tres ocasiones, el Premio Villanueva de Crítica Teatral en cinco ocasiones y el Premio Cultura Viva 2012 por su obra literaria.

Desde 2010, dirige la compañía de teatro de la Universidad Carlos III de Madrid.

Actualmente, es colaborador artístico en Argos Teatro (La Habana) y Aguijón Theater (Chicago), y dramaturgo residente en Teatro Avante (Miami).

Desde 2022, forma parte del departamento artístico del Teatro de La Abadía (Madrid) y es Coordinador Artístico del Corral de Comedias de Alcalá de Henares.



Baltasar Santiago Martín.
Hialeah, 1ro de julio de 2026.


Fotos: Alfredo Armas y Julie de Grandy.

Sunday, June 21, 2026

"La corte de… ¡Maylú!": una puesta realmente faraónica. (por Baltasar Santiago Martín)


Aunque la obra se titula La corte de Faraón, yo me tomé la libertad de llamarla La corte de¡Maylú!, como homenaje y merecido reconocimiento a esta preciosa muchacha a la que el calificativo de vedette se le queda corto, ya que su multifacético talento desborda en grado superlativo ese título tan esquemático: Maylú canta muy bien como soprano, tanto lo lírico como lo popular; actúa con extraordinaria vis cómica y baila como las mejores rumberas cubanas de la Época de Oro del cine mexicano, y por si fuera poco, es coreógrafa, directora artística, productora y una arriesgada y exitosa empresaria, amén de una persona amable y encantadora, sin aires de diva –aunque ya lo es, ¡sí señor!, con una gran corte de seguidores y admiradores en este “Egipto” nuestro tan tropical.

Maylú como Lota.
 Foto: Felipe Couso.
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Me he extendido en cubrir de flores a Maylú, porque ella es la indiscutible artifice y la capitana de este gran éxito teatral que ha sido la puesta de La corte de Faraón, en el Teatro Manuel Artime de la ciudad de Miami, el sábado 30 de mayo de 2026.

Maylú como Lota. 
Foto FB, cortesia de CARO EVENTS INC.
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Según Wikipedia, La corte de Faraón es una zarzuela, denominada “opereta bíblica”, en un acto y cinco cuadros. Se estrenó en Madrid en el Teatro Eslava, el 21 de enero de 1910, con libreto de Guillermo Perrín & Miguel de Palacios y música de Vicente Lleó.

Para entender mejor La corte de Faraón como obra, uno debe remitirse al lugar y a la época en que se concibió y se estrenó: el Madrid de 1910, capital de una España dominada por el más rancio catolicismo apostólico y romano.

La prensa católica y conservadora –valga la redundancia– ejercía una censura intolerante contra todo arte que se saliera “de lo moral”.

No la prohibieron en 1910, porque el censor la dejó pasar como "Egipto = mitología pagana, no Biblia", y en 1910, Madrid estaba loca con Egipto, por los recientes descubrimientos arqueológicos. Así que esta zarzuela pegó fuerte y estuvo meses en cartelera, aunque la prensa católica la catalogó como “sicalíptica e inmoral”: llamaron a las bailarinas sacerdotisas "poco recatadas", a los trajes "transparentes" y a los diálogos "picantes", con dobles sentidos e insinuaciones sexuales, mas, debido a ese mismo juicio, el público llenaba el Teatro Eslava. La doble moral madrileña: a misa el domingo, al Eslava luego, a desquitarse de tanto santurrón.

Y entonces, después de dos décadas de ausencia de los escenarios del Sur de la Florida, y a 116 años y 4 meses de su estreno madrileño, CARO EVENTS INC, bajo el liderazgo de su fundadora, Maylú Hernández, la reconocida soprano, actriz, bailarina, coreógrafa, directora artística y productora, se ha arriesgado a preparar y a presentar ante el público de Miami esta grandiosa puesta, con un elenco de más de 40 artistas en escena, todos ellos destacadas figuras de la nutrida constelación artístista de Miami.

Como yo no voy a cometer el pecado de contar el argumento, comienzo diciendo que el primer mérito de esta puesta es lo bien que se entiende el mismo, de principio a fin, lo que evidencia el cuidadoso trabajo como director artístico de Manny Arbelo y la adecuada elección de los artistas del elenco, todos sobresalientes:
  • El Casto José, pastor inocente y perseguido por todas las mujeres: Pedro de los Ríos
  • Arikón, “correveidile del templo”: Jesús Brañas
  • Lota, mujer de Putifar e insatisfecha en su ardoroso amor: Maylú Hernández
  • Putifar, aclamado general que no puede cumplir con sus deberes conyugales: Eduardo Arteche
  • El Gran Faraón, monarca de Egipto y gran bebedor: José Luis Bahamonde
  • La Reina, esposa del Faraón: Alicita Lora.
  • Copero / Ismaelita: Karell Morell
  • Gran Sacerdote, sumo jefe del templo de Apis: Alan Gasel
  • Viuda 1: Sara Capote
  • Viuda 2: Eira Luis
  • Viuda 3: Anzeina López
  • Raquel, confidente y amiga de Lota: Mayara Alfonso
  • Artemisa: Silvia Ludueña
  • Soldado Seti: Samuel Rodríguez
  • Soldado Selhá: Jorge Carlos Arencibia

José Luis Bahamonde como el Gran Faraón, Maylú como Lota y Alicita Lora como la Reina, con figurantes y bailarines, Foto tomada de Facebook, cortesia de CARO EVENTS INC.
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Eduardo Arteche como Putifar.
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Alan Gasel como el Gran Sacerdote.
Foto FB, cortesia de CARO EVENTS INC.
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Claro está que no hubiera bastado el buen desempeño de cada uno de los integrantes del elenco para el calificativo de grandiosa que le he dado a esta puesta –al que ahora agrego el de “fabulosa”– sin el respaldo del Coro “Voices of Miami”, dirigido por Greisel Domínguez y bajo la dirección artísitca de Marilyn Cruz, e integrado por Greisel Domínguez, Rosa Pina, Yolanda Rodríguez, Silvia Valle, Bárbara Perales, Lula Bonito, Bertie Rodríguez, Arabia Barroso, Julio Valle, Lorenzo Dopazo, Orlando Carneiro, Daniel Martínez, Saúl Vargas, William Mosqueda, Miguel Cervantes, Johan Rodríguez, Simón Vargas, Irwin Cadenas y Michel Pérez; así como de los bailarines María Fernanda León, Rachel Álvarez, Amanda Bravo, Sabrina Angulo, Ileana Rodríguez, Geo Minet, Yudel Rodríguez, Osiel Leiva y Anthony Torres, del Ballet Caro Dance.

Maylú con el Coro “Voices of Miami”.
 Foto: Abelardo Reguera
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Ballet Caro Dance.
 Foto: Abelardo Reguera.
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Las Viudas con Maylú al frente 
y parte del Coro “Voices of Miami” detrás. 
Foto: Abelardo Reguera.
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Y por supuesto, no puedo dejar de alabar el fastuoso diseño de vestuario “hollywoodense” del elenco, a cargo de Ramón Sánchez –y en especial el de Maylú, a cargo de Osvaldo Joya y Ernesto Pérez –; al igual que el excelente trabajo de maquillaje de Felipe Couso para Maylú, y de Mario Nápoles y Carlos Farseda para el resto del elenco, sin olvidar la acertada escenografía “egipcia” de Víctor Piñeiro, Kelvyn Espinosa, Giovanny Sosa, Maylú Hernández y Bárbara Castellanos.

Maylú como Lota, al centro, con el coro y los bailarines al fondo. Foto FB, cortesia de CARO EVENTS INC.
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Y para concluir esta reseña, tengo que decir que Alicita Lora, como la Reina, estuvo “gloriosa” –como también lo estuvo en su personaje de Florence Foster Jenkins, en la obra homónima de Martí Productions–, con la voz y el tono exacto de tiple cómica que esta zarzuela demanda; y que Jesús Brañas brindó un Arikón muy simpático –y a la vez muy empático, con el colectivo LGBTQI, que sin dudas existió también en el Egipto de hace 4000 años, en el Madrid de 1910 y existe hoy.en el Miami de 2026.

Alicita Lora como la Reina.
 Fotos FB, cortesia de CARO EVENTS INC.
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Jesús Brañas como Arikón 
y Maylú como Lota. 
Foto: Felipe Couso.
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Todo el elenco, en los saludos finales. 
Foto FB, cortesia de CARO EVENTS INC.
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Gracias, Maylú y CARO EVENTS INC, por este exitoso acontecimiento teatral en nuestra comarca, bajo el auspicio de Artes Miami, presidido por la doctora Aida Levitán, y el apoyo del Miami-Dade County Department of Cultural Affairs and the Cultural Affairs Council, the Miami-Dade County Mayor and Board of County Commissioners.



Hialeah, 14 de junio de 2026

Fotos: Felipe Couso, Abelardo Reguera y otras tomadas de Facebook, cortesía de CARO EVENTS INC. - CARO Entertainment Platform.

Tuesday, June 9, 2026

Dos obras, un autor: Rafael Nofal de regreso a Miami. (por Wilfredo A. Ramos)



La agrupación teatral Antihéroes Project, bajo la dirección de José Manuel Domínguez ha llevado al escenario del Sandrell Rivers Theater, entre los días 4 y 7 del presente mes de junio, las obras “Alita de mosca” y “Hasta el fin de los días”, del dramaturgo argentino Rafael Nofal de quien ya en el pasado dicho colectivo también había presentado en nuestras tablas “El tiempo de las mandarinas” (2017) y “Mariposas después de la lluvia” (2022), con lo que la obra de dicho autor se va haciendo cada vez más conocida entre nuestro público. Ambas piezas forman parte de una propuesta serie de Teatro Contemporáneo Argentino en Miami, coordinado entre la propia Antihéroes Project y Fantasy Theatre Factory, agrupación esta última con sede en dicho teatro.

Rafael Nofal (1950-2023), fue un dramaturgo, director y profesor de teatro, del norte argentino. Licenciado en Teatro y ex director del Teatro de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, profesor asociado y adjunto de diversas disciplinas en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, dirigió espectáculos alrededor de la toda la geografía de su país, dictando también conferencias y seminarios que lo llevaron además a escenarios de otros países. Como director es recordado por sus montajes de “Sacco y Vanzetti”, “El Rey Lear”, “Galileo Galilei”, “I love Argentina”. “Gaviotas’, entre otras puestas que le ganaron el reconocimiento de crítica y público. Como parte de su dramaturgia además de las obras ya mencionadas, se encuentran “La tailandesa”, “Tengo arena bajo los parpados”, “Y un día su olor cambió”, “Envejecer con voz”, “Teresinha”, “La gracia y el toro”, títulos todos donde el autor se sumergió en un escritura condicionada por una atenta mirada crítica a su entorno, que refleja una notable sensibilidad hacia las problemáticas que involucraban a los conciudadanos de una región caracterizada por un entorno agro-industrial con altos índices de acusada pobreza y violentas problemáticas sociales. A través de un repaso de su obra se puede afirmar sin temor a equivocarnos, que en ella siempre va a encontrarse de manera pertinaz una muy hermosa poética por más que en sus temas aborden grandes precariedades humanas.

La primera de las dos obras en programa que abrió esta dupla teatral fue “Alita de mosca” -término de la jerga urbana utilizado para nombrar un tipo de cocaína de alta pureza- texto que se sumerge en el oscuro mundo de las drogas entre los jóvenes, sus consecuencias y como estas alcanzan a sus familiares. De igual forma deja al descubierto los abusos y la corrupción que envuelve a las autoridades de los propios centros penitenciarios. Sin embargo, ante esta cruda realidad el autor introduce una discreta atmósfera de esperanza la cual se sostiene por medio del interés hacia la poesía como vía de escape dentro de un mundo criminal. La presencia de un terapeuta en la trama habla de los ingentes esfuerzos de la sociedad por lograr la recuperación social y emocional de dichos jóvenes atrapados en un mundo que los consume, aunque tales propósitos en esta ocasión no se lleguen a lograr. La pieza de fuerte acento dramático llega a un final que el autor concibe con una violenta carga testimonial.


Los personajes de esta pieza estuvieron en manos del experimentado Juan David Ferrer, en el rol del terapeuta, quien le dio a su personaje el necesario humanismo que el mismo requería, haciendo gala de un trabajo sereno y convincente que al mismo tiempo dejaba salir sus propias contradicciones internas, pero sin dejar de imprimirle al mismo la fuerza necesaria que por momentos requería tal sombrío enfrentamiento, mientras que Roly Guardado, asumiendo al joven en prisión, lograra construir su volátil personaje con una fuerza, credibilidad y riqueza de matices con los que construyó el antagónico perfecto sobre el escenario. Es de destacar que este fuera el debut de Guardado como parte de una puesta en escena profesional, ya que es integrante de los cursos de actuación en el Jackie Briceño Acting Studio, siendo allí alumno del propio Juan David Ferrer.


La segunda propuesta de esta doble programación fue la muy breve “Hasta el fin de los días”, la cual es considerada una comedia dramática, enfocada en ofrecer una reflexión poética acerca de la validez de la memoria, la vejez, las relaciones de pareja y las generacionales. El dramaturgo nos pondrá en presencia del ‘teatro dentro del teatro’ haciendo desfilar escenas de conocidas tragedias shakesperianas en boca del anciano personaje que no ceja en su afán de verse otra vez sobre un escenario que mantenga con vida su memoria artística. La presencia de la nieta que lo ayuda en su proyecto introduce el brusco encuentro entre épocas e intereses diferenciados, pero mostrando las cadenas afectivas que los unen. El tercer personaje que corresponde a la esposa y abuela es manejado de manera dual por parte del autor. Si bien la mujer entabla conversaciones directas con su esposo, en las que discuten sobre aspectos de sus vidas y diversas opiniones acerca de temas relacionados con el teatro, por otra parte, su presencia se hace invisible para la joven al entrar a escena. Es de esa manera y con dos parlamentos precisos, dicho uno por la joven y otro en diálogo entre ambos ancianos, que nos percatamos que la presencia en escena de ella corresponde a la imagen siempre presente en el recuerdo del anciano.


Correspondió a Jorge Hernández la responsabilidad de incorporar al terco anciano teatrista, procurando dejar visibles las dinámicas diferentes que su personaje le obliga al asumir dos posiciones diferentes dentro de la acción: la interrelación con el resto de los personajes y los momentos de introspección dentro de la diversidad de los personajes shakesperianos que anhela representar. En ambos casos su trabajo va dirigido por el cauce correcto, asumiendo igualmente tanto la melancolía como el amargo humor que se escapa de su personaje con certera precisión.


Reina Ivis Canosa da vida a un interesante personaje abordándolo con los matices requeridos para ambas imágenes que del mismo se encuentra obligada a ofrecer, pero sin hacer demasiado énfasis en lo que debe quedar más como sugerencia que como realidad, aspecto que la actriz capta adecuadamente e incorpora con sutileza. Respecto al tercer personaje en esta historia, estuvo interpretada por la joven Rosario Román -hija de Canosa- quien le brindó a su trabajo la frescura y simpatía que su rol aportaba, amén de lograr un aceptable intento de desdoble en los requeridos personajes de las tres hijas del rey Lear que en un momento de interacción con su abuelo interpreta. Para la joven este también representó su primera aparición como actriz, hecho que sin duda le ayudará en su futura carrera como cantante lírica, para la cual se encuentra en plena preparación.

Dos aspectos lastraron de alguna forma la imagen de esta segunda obra. La propuesta escénica careció de un concepto de iluminación eficaz que llevara al espectador a captar el verdadero sentido de lo que acontecía en el escenario, impidiendo que se reflejara el juego existente entre realidad e irrealidad que tan precisamente ofrece el texto; mientras que el día de su estreno- los inconcebibles errores en el trabajo del equipo técnico del propio teatro -ajenos a la dirección de la obra- provocaron desafortunados accidentes con luces y sonido, situación poco profesional que no se puede permitir en espectáculo alguno.

Como toda puesta en escena, la misma se complementa con un equipo técnico-artístico, que en esta oportunidad estuvo formado Alex Negrón al frente de la producción, Celia Ledón, en la dirección de arte y diseño de vestuario, Giorge Michel Millán a cargo de la escenografía, Pedro J. Abreu responsable del diseño gráfico y proyecciones, así como Leonardo Rodríguez en la publicidad, quienes bajo la dirección de ese inquieto y tenaz teatrista que es José Manuel Domínguez, persisten en hacer teatro en una ciudad donde cada día los obstáculos para el arte son más difíciles de vencer.

“Alita de mosca”
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“Hasta el fin de los días”
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Texto y Fotos: Wilfredo A. Ramos.
Miami, junio 8, 2026.
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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