La agrupación teatral Antihéroes Project, bajo la dirección de José Manuel Domínguez ha llevado al escenario del Sandrell Rivers Theater, entre los días 4 y 7 del presente mes de junio, las obras “Alita de mosca” y “Hasta el fin de los días”, del dramaturgo argentino Rafael Nofal de quien ya en el pasado dicho colectivo también había presentado en nuestras tablas “El tiempo de las mandarinas” (2017) y “Mariposas después de la lluvia” (2022), con lo que la obra de dicho autor se va haciendo cada vez más conocida entre nuestro público. Ambas piezas forman parte de una propuesta serie de Teatro Contemporáneo Argentino en Miami, coordinado entre la propia Antihéroes Project y Fantasy Theatre Factory, agrupación esta última con sede en dicho teatro.
Rafael Nofal (1950-2023), fue un dramaturgo, director y profesor de teatro, del norte argentino. Licenciado en Teatro y ex director del Teatro de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, profesor asociado y adjunto de diversas disciplinas en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, dirigió espectáculos alrededor de la toda la geografía de su país, dictando también conferencias y seminarios que lo llevaron además a escenarios de otros países. Como director es recordado por sus montajes de “Sacco y Vanzetti”, “El Rey Lear”, “Galileo Galilei”, “I love Argentina”. “Gaviotas’, entre otras puestas que le ganaron el reconocimiento de crítica y público. Como parte de su dramaturgia además de las obras ya mencionadas, se encuentran “La tailandesa”, “Tengo arena bajo los parpados”, “Y un día su olor cambió”, “Envejecer con voz”, “Teresinha”, “La gracia y el toro”, títulos todos donde el autor se sumergió en un escritura condicionada por una atenta mirada crítica a su entorno, que refleja una notable sensibilidad hacia las problemáticas que involucraban a los conciudadanos de una región caracterizada por un entorno agro-industrial con altos índices de acusada pobreza y violentas problemáticas sociales. A través de un repaso de su obra se puede afirmar sin temor a equivocarnos, que en ella siempre va a encontrarse de manera pertinaz una muy hermosa poética por más que en sus temas aborden grandes precariedades humanas.
La primera de las dos obras en programa que abrió esta dupla teatral fue “Alita de mosca” -término de la jerga urbana utilizado para nombrar un tipo de cocaína de alta pureza- texto que se sumerge en el oscuro mundo de las drogas entre los jóvenes, sus consecuencias y como estas alcanzan a sus familiares. De igual forma deja al descubierto los abusos y la corrupción que envuelve a las autoridades de los propios centros penitenciarios. Sin embargo, ante esta cruda realidad el autor introduce una discreta atmósfera de esperanza la cual se sostiene por medio del interés hacia la poesía como vía de escape dentro de un mundo criminal. La presencia de un terapeuta en la trama habla de los ingentes esfuerzos de la sociedad por lograr la recuperación social y emocional de dichos jóvenes atrapados en un mundo que los consume, aunque tales propósitos en esta ocasión no se lleguen a lograr. La pieza de fuerte acento dramático llega a un final que el autor concibe con una violenta carga testimonial.
Los personajes de esta pieza estuvieron en manos del experimentado Juan David Ferrer, en el rol del terapeuta, quien le dio a su personaje el necesario humanismo que el mismo requería, haciendo gala de un trabajo sereno y convincente que al mismo tiempo dejaba salir sus propias contradicciones internas, pero sin dejar de imprimirle al mismo la fuerza necesaria que por momentos requería tal sombrío enfrentamiento, mientras que Roly Guardado, asumiendo al joven en prisión, lograra construir su volátil personaje con una fuerza, credibilidad y riqueza de matices con los que construyó el antagónico perfecto sobre el escenario. Es de destacar que este fuera el debut de Guardado como parte de una puesta en escena profesional, ya que es integrante de los cursos de actuación en el Jackie Briceño Acting Studio, siendo allí alumno del propio Juan David Ferrer.
La segunda propuesta de esta doble programación fue la muy breve “Hasta el fin de los días”, la cual es considerada una comedia dramática, enfocada en ofrecer una reflexión poética acerca de la validez de la memoria, la vejez, las relaciones de pareja y las generacionales. El dramaturgo nos pondrá en presencia del ‘teatro dentro del teatro’ haciendo desfilar escenas de conocidas tragedias shakesperianas en boca del anciano personaje que no ceja en su afán de verse otra vez sobre un escenario que mantenga con vida su memoria artística. La presencia de la nieta que lo ayuda en su proyecto introduce el brusco encuentro entre épocas e intereses diferenciados, pero mostrando las cadenas afectivas que los unen. El tercer personaje que corresponde a la esposa y abuela es manejado de manera dual por parte del autor. Si bien la mujer entabla conversaciones directas con su esposo, en las que discuten sobre aspectos de sus vidas y diversas opiniones acerca de temas relacionados con el teatro, por otra parte, su presencia se hace invisible para la joven al entrar a escena. Es de esa manera y con dos parlamentos precisos, dicho uno por la joven y otro en diálogo entre ambos ancianos, que nos percatamos que la presencia en escena de ella corresponde a la imagen siempre presente en el recuerdo del anciano.
Correspondió a Jorge Hernández la responsabilidad de incorporar al terco anciano teatrista, procurando dejar visibles las dinámicas diferentes que su personaje le obliga al asumir dos posiciones diferentes dentro de la acción: la interrelación con el resto de los personajes y los momentos de introspección dentro de la diversidad de los personajes shakesperianos que anhela representar. En ambos casos su trabajo va dirigido por el cauce correcto, asumiendo igualmente tanto la melancolía como el amargo humor que se escapa de su personaje con certera precisión.
Reina Ivis Canosa da vida a un interesante personaje abordándolo con los matices requeridos para ambas imágenes que del mismo se encuentra obligada a ofrecer, pero sin hacer demasiado énfasis en lo que debe quedar más como sugerencia que como realidad, aspecto que la actriz capta adecuadamente e incorpora con sutileza. Respecto al tercer personaje en esta historia, estuvo interpretada por la joven Rosario Román -hija de Canosa- quien le brindó a su trabajo la frescura y simpatía que su rol aportaba, amén de lograr un aceptable intento de desdoble en los requeridos personajes de las tres hijas del rey Lear que en un momento de interacción con su abuelo interpreta. Para la joven este también representó su primera aparición como actriz, hecho que sin duda le ayudará en su futura carrera como cantante lírica, para la cual se encuentra en plena preparación.
Dos aspectos lastraron de alguna forma la imagen de esta segunda obra. La propuesta escénica careció de un concepto de iluminación eficaz que llevara al espectador a captar el verdadero sentido de lo que acontecía en el escenario, impidiendo que se reflejara el juego existente entre realidad e irrealidad que tan precisamente ofrece el texto; mientras que el día de su estreno- los inconcebibles errores en el trabajo del equipo técnico del propio teatro -ajenos a la dirección de la obra- provocaron desafortunados accidentes con luces y sonido, situación poco profesional que no se puede permitir en espectáculo alguno.
Como toda puesta en escena, la misma se complementa con un equipo técnico-artístico, que en esta oportunidad estuvo formado Alex Negrón al frente de la producción, Celia Ledón, en la dirección de arte y diseño de vestuario, Giorge Michel Millán a cargo de la escenografía, Pedro J. Abreu responsable del diseño gráfico y proyecciones, así como Leonardo Rodríguez en la publicidad, quienes bajo la dirección de ese inquieto y tenaz teatrista que es José Manuel Domínguez, persisten en hacer teatro en una ciudad donde cada día los obstáculos para el arte son más difíciles de vencer.
“Alita de mosca”
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Texto y Fotos: Wilfredo A. Ramos.
Miami, junio 8, 2026.

























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