"… y pudo más el interés que el amor que se tenían”, así reza un refrán popular, que yo he adaptado a mi conveniencia para titular mi reseña a la obra de teatro Palermo, una oportunidad, de la autoría de Abel González Melo, presentada por NOBARTE –en estreno mundial– durante los días 26, 27 y 28 de junio de 2026, en la sala de teatro del Westchester Cultural Arts Center; estreno con el que NOBARTE celebra su vigésimo aniversario y el debut del reconocido diseñador escenográfico Pedro Balmaseda –artífice junto a Jorge Noa de la excelencia de NOBARTE– como director teatral.
Esta es también la primera vez que comienzo una reseña a una obra de teatro –o de las artes escénicas en general– elogiando el programa de mano de la obra, diseñado por Pilar Fermelo, con bellísimas fotografías de Studiobylala (así dice en los créditos), el cual esperaba sobre mi asiento cuando entré a la sala cual precioso “abrebocas” de lo que vería en escena.
Y sí, efectivamente, tanto la escenografía “cinematográfica” como el diseño de vestuario “de alta costura” de Jorge Noa sirvieron de engarce de lujo para que el texto de Abel cobrara vida en el escenario –“brotara”–, gracias a la actriz Claudia Valdés –que prestó su piel a Carla Bellini para que la “habitara”– y al actor Rodolfo Jaspe, para que Luciano Herrera, modelo favorito y amante de Carla, lo “poseyera”.
Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera
y Claudia Valdés como Carla Bellini.
Fotos: Julie de Grandy
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Claudia Valdés como Carla Bellini
y Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera.
Foto: Alfredo Armas.
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Siempre he sostenido que lo primero que debe hacer un artista –sea actor, bailarín o cantante– es “sentir” el personaje o el tema que interpreta, y en Palermo, ambos actores lo demostraron de modo muy visceral, porque el texto de González Melo es, ante todo, completamente inmersivo en las complejidades del comportamiento humano, y aquí tengo que detenerme para referirme al trabajo de este prolífico y talentoso dramaturgo, el cual he seguido y reseñado desde Chamaco –y que abarca ya 25 obra teatrales escritas, en lo que yo califico como una especie de nueva La comedia humana, pero me atrevo incluso a editar a Balzac, su autor original (1799-1850), llamando a este exitoso empeño de Melo como La dramedia humana, un acrónimo formado a partir de drama y comedia, ya que, en la cruda realidad, la vida de cualquier persona tiene de ambas –e incluso más de lo primero, aunque nuestra inolvidable Celia Cruz cante que La vida es un carnaval.
En Palermo, una oportunidad, nuestro Abel desborda el tema del ghetto cubano –abordado en Chamaco, Nevada, Talco, un drama de tocador; En ningún lugar del mundo, Bayamesa, Mejor me callo y Disonancia, todas ellas vistas y reseñadas por mí– para, aprovechando su residencia en el Teatro di Rifredi, de Florencia, Italia, darle una visión más universal –no solo italo-argentina, como las nacionalidades que asigna a sus protagonistas–, a esta dramedia, porque los seres humanos se comportan de modo muy parecido en cualquier latitud del vasto mundo.
Entre el teatro de la “metatranca” o de la “astracanada”, que tanto signa desgraciadamente la oferta escénica de Miami –con muy honrosas excepciones, como las de Martí Productions, El Ingenio Teatro y CARO EVENTS INC–, Palermo, una oportunidad me cautivó y la disfruté mucho, porque vi la vida trancurrir en escena, con sus virtudes, sus miserias y sus contradicciones, como si fuera un espejo implacable puesto ante nuestros ojos por el dramaturgo; en fin, nuestra naturaleza humana.
Uno, mucho más que como pasivo espectador de la obra, no puede evitar convertirse en juez y dar juicios de valor al comportamiento de Carla y de Luciano –e incluso al del alcalde Ferretti y del fotógrafo Francesco, aunque no los veamos en escena.
Claudia Valdés como Carla Bellini
y Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera.
Foto: Julie de Grandy.
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Me viene a la mente la excelente novela Las travesuras de la niña mala, del muy justamente merecido Premio Nobel de Literatura 2010 Mario Vargas Llosa, en que la vejez y la enfermedad le pasan la cuenta a la interesada y veleidosa protagonista –como suele suceder al final a los que priorizan el interés al amor.
Y eso es lo que hacen todos en Palermo: Carla se casa con el alcalde sin amarlo; Luciano se instala con Francesco en busca de “estabilidad”, por interés; mientras que el alcalde “compra” a Carla a cambio de su juventud y belleza, y Francesco hace lo mismo con Luciano.
Claudia Valdés como Carla Bellini
y Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera.
Foto: Julie de Grandy.
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Abel expone todo esto en escena de un modo digamos que muy sutil, sin el menor didactismo ni lecciones de moralidad, para que nosotros los espectadores hagamos nuestra silenciosa “introspección”: ¿cuál de los cuatro nos retrata, o con quién de los cuatro nos hemos tropezado en nuestra propia dramedia?
Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera
y Claudia Valdés como Carla Bellini.
Foto: Julie de Grandy.
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No puedo concluir esta gustosa reseña sin volver a celebrar las convincentes actuaciones de Claudia Valdés y de Rodolfo Jaspe como Carla y Luciano –y la “inquietante” belleza de ambos, que fue un grato regalo “adicional” para nuestros ojos, casi, casi envidiosos del alcalde y de Francesco, que los “compraron”, y también sentir pena por sus personajes, porque la peor prostitución no es la del cuerpo sino la del alma.
Claudia Valdés como Carla Bellini
y Rodolfo Jaspe como Luciano Herrera.
Fotos: Julie de Grandy.
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En fin, excelente todo: texto, actuaciones, dirección, escenografía, banda sonora (Mina, la lluvia), así como la iluminación del propio director de la puesta y el gran apoyo profesional de todo el equipo involucrado en la misma, ¡de cine!
Escenografía “cinematográfica” de Jorge Noa.
Foto: Julie de Grandy.
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¡Felicidades, NOBARTE, por sus 20 años de excelencia en el riesgoso, pero gratificante universo del teatro en Miami!; ¡mil gracias, Abel, por tu eficaz y comprometida dramaturgia con esa inefable aventura que es la vida!
Sobre el autor
El director teatral y educador cubano-español Abel González Melo es Doctor en Estudios Literarios y Máster en Teatro por la Universidad Complutense de Madrid, y Licenciado en Estudios Teatrales por la Universidad de las Artes de Cuba.
Entre sus obras, estrenadas y publicadas en más de veinte países y traducidas a doce idiomas, destacan Chamaco (Premio Embajada de España en Cuba 2005), Talco (Premio Instituto Goethe de Cuba 2009), Mecánica (Premio Unión de Escritores y Artistas de Cuba 2014), Epopeya (Premio Virgilio Piñera 2014), Bayamesa (Premio Internacional Casa de las Américas 2020), Intemperie (Premio Fundación Ciudad de Santa Clara 2021) y En busca de La Peregrina (Beca Leonardo BBVA 2022).
Ha recibido el Premio Alejo Carpentier de Ensayo 2009, el Premio de Crítica Literaria en tres ocasiones, el Premio Villanueva de Crítica Teatral en cinco ocasiones y el Premio Cultura Viva 2012 por su obra literaria.
Desde 2010, dirige la compañía de teatro de la Universidad Carlos III de Madrid.
Actualmente, es colaborador artístico en Argos Teatro (La Habana) y Aguijón Theater (Chicago), y dramaturgo residente en Teatro Avante (Miami).
Desde 2022, forma parte del departamento artístico del Teatro de La Abadía (Madrid) y es Coordinador Artístico del Corral de Comedias de Alcalá de Henares.
Baltasar Santiago Martín.
Hialeah, 1ro de julio de 2026.
Fotos: Alfredo Armas y Julie de Grandy.













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