La gran voz modernista del poeta habanero, encuentra ecos en otra composición de la no menos vibrante poetisa del Camagüey. Julián del Casal habría escrito aquel bellísimo soneto que Aurelia Castillo no tardaría en replicar. Uno y otro datan del año 1892, cuando la camagüeyana se apacentaba en su casa de Guanabacoa, quizás el sitio más singularmente parecido a su ancestral Puerto Príncipe.
El motivo de la réplica no parece vincularse con alguna respuesta tácita de la poetisa, pues no obra evidencia que Casal se lo hubiera dedicado: pero este cronista quizás pueda barruntar alguna posibilidad en el asunto primario de la composición, y en las descripciones más o menos físicas del sujeto que Casal parece retrotraer de alguna escena Goyesca.
El lector pudiera apuntarse a una u otra posibilidad. Una indagación más o menos somera no arroja hasta donde conoce este escribidor ninguna dedicatoria plausible.
La muy eficiente ChatGpt, herramienta muy al uso hoy para dilucidar alguna posible hipótesis, nos dice y lo transcribo que acaso se pudiera tomar el referente desde:
La amistad cercana entre Casal y Aurelia del Castillo podría sugerir una lectura biografista que intentara vincular poemas de ideal femenino, delicadeza y distancia con figuras reales del entorno del poeta. Algunas alusiones elogiosas en prosa o correspondencia (no en dedicatorias poéticas), pudieran confirmar el aprecio personal pero no trasladan esa relación a un poema dedicado.
Por tanto y en sentido estricto:
no se conserva ningún poema de Julián del Casal dedicado explícitamente a Aurelia del Castillo (con dedicatoria nominal en el título o encabezamiento).
De cierre, para el ya curioso lector, dejo la evidencia poética de ambos textos. Sin duda constituyen un muy distinguido referente a la incuestionable pericia de estos dos inspirados rimadores, que son gloria para nuestras mejores letras.
Una maja
Muerden su pelo negro, sedoso y rizo,
los dientes nacarados de alta peineta,
y surge de sus dedos la castañeta
cual mariposa negra de entre el granizo.
Pañolón de Manila, fondo pajizo,
que a su talle ondulante firme sujeta,
echa reflejos de ámbar, rosa y violeta
moldeando de sus carnes todo hechizo.
Cual tímidas palomas por el follaje,
asoman sus chapines bajo su traje
hecho de blondas negras y verde raso,
y al choque de las copas de manzanilla
riman con los tacones la seguidilla,
perfumes enervantes dejando al paso.
Julián del Casal (1892)
A “La maja” de Casal.
Si fuera rey te diera por sólo un rizo,
De perlas y diamantes, rica peineta;
Y arrullara mis sueños tu castañeta
Que trocar sabe en fuego, nieve y granizo.
Un título creara para quien hizo
Tu donaire que á todos rinde y sujeta.
Eres por la fragancia dulce violeta
Y alejandrina rosa por el hechizo.
Orlara tu figura de áureo follaje
Con perlas recamara todo tu traje,
Y al tocar tu moreno cutis de raso
Cual si beodo estuviera de manzanilla
Entonara contigo la seguidilla
Y mi cetro y corona te echara al paso.
Aurelia Castillo (1892)



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