Sunday, March 1, 2020

Maurice Béjart (por Florencia Guglielmotti)

Nota del blog: Sección semanal dedicada al Ballet y la Danza, a cargo de la ballerina, coreógrafa y profesora Florencia Guglielmotti.

Los textos anteriores, se pueden leer en este enlace.


Maurice Béjart nació en Marsella (Francia) el 1 de enero de 1927 (y luego se naturalizó suizo). Hijo de Gastón Berger, profesor de filosofía y funcionario del Ministerio de Educación. Fue inscripto al nacer con el nombre de Maurice Berger, Béjart era el apellido de su madre, que falleció cuando él tenía 7 años. Comenzó sus estudios en Marsella con Madame Rousanne y Léo Staats, donde adquiere lo esencial de su formación dancística.

Todos sus conocimientos los puso en juego primero en el Ballet de Vichy en 1946 y luego en el Ballet de Roland Petit, entre 1947 y 1949. Bailó también con el International Ballet de Londres y en 1949, durante una gira con el Real Ballet Sueco, descubre nuevos recursos coreográficos al enfrentarse por primera vez con “El pájaro de fuego”, de Stravisnsky.

A su regreso, nuevamente en Paris, Béjart comienza a coreografiar obras de Chopin, bajo la egida del crítico Jean Laurent, con quien cofundó Les Ballets de l'Étoile, en 1953. El Béjart bailarín definitivamente se desdobla en coreógrafo. En 1955 crea “Sinfonía para un hombre solo” (con música de P. Henry y P Schaeffer) y marca un hito. Luego, afianzando su propio lenguaje, crea “Alto voltaje”, “Prometeo” y “Sonata para tres”.

Convocado por el nuevo director del Teatro Real de la Moneda de Bruselas, Maurice Huisman, en 1959 reversiona “La consagración de la primavera” y es la plataforma para fundar el Ballet del Siglo XX en 1960. Un año más tarde, suma un nuevo éxito, “Bolero”, al que siguen la “9° sinfonía de Beethoven” (1964), “Misa para el tiempo presente” (1967) y “Nomos Alpha” (1969), entre otras.

Un gusto pronunciado por la cultura cosmopolita, lo lleva a explorar coreográficamente el Oriente: “Bhakti” (1968), “Golestan” (1975) y “Kabuki” (1986). La música del SXX también atraviesa sus obras: “Opus V de Webern” (1966), “Stimmung de Stockhausen” (1973), entre otras. Sin embargo, el universo musical de Béjart no tiene límites ni fronteras: incluye también piezas barrocas, de Mozart, Wagner o Queen.

No conforme con el lugar que el Ballet del Siglo XX tiene en la Casa de la Moneda, en 1987 lo traslada a Suiza y deviene en el Béjart Ballet Lausanne. Cinco años después, redujo la cantidad de integrantes de su ballet a la mitad para “encontrar la esencia del intérprete”, dijo. En este período crea: “Dibouk” (1988), “El mandarín maravilloso” (1992), “Mr. C…” (1992), “El viaje nocturno” (1997), “El manto” (1999), “Zarathustra - la canción de la danza” (2005).


Poniéndose al servicio de sus intérpretes, de los que siempre sacó lo mejor, Béjart coreografía “Canto del compañero errante” (1971) para Rudolf Nureyev y Paolo Bortoluzzi, “Nijinsky clown de Dios” (1971) para Jorge Donn, “Isadora” (1976) para Maia Plissetskaia, “Petrouchka” (1977) para Vladimir Vasiliev, “Viena, Viena, sólo tu solo” (1982) para Marcia Haydée, “Salomé” (1986) para Patrick Dupond, “Sissi, la emperatriz anarquista” (1992) para Sylvie Guillem, “Piano Bar” (1997) para Mikhaïl Barishnikov.


Párrafo aparte para la obra “Le Presbytère n'a rien perdu de son charme, ni le jardín de son éclat (Ballet for life)”, estrenada en 1996, con vestuarios de G. Versace y con música de Queen y de W. A. Mozart. Este emotivo ballet fue dedicado a las víctimas del SIDA, particularmente a Freddy Mercury y a Jorge Donn, quien fuera su musa inspiradora y colaborador cercano durante largos años.


El universo creativo de este demiurgo no se puede reducir sólo a la danza. También realizó audaces puestas en escena de obras de teatro y de óperas. Incursionó en la dramaturgia, escribiendo y montando sus propias obras, como “A-6-Roc” (1992); publicó novelas, reflexiones y memorias. Además incursionó en el cine, realizó las películas “El bailarín” (1968) y “Yo nací en Venecia” (1976), y participó con su obra “Bolero” en el film de Claude Lelouch “Los unos y los otros” (1981).

Aunque reservó la mayoría de sus creaciones para su propia compañía, Béjart ha respondido al llamado de los principales teatros del mundo: Opéra de Paris (“El pájaro de fuego”, 1970), Ballet de Stuttgart (“Opereta”, 1985) y Tokyo Ballet (“Kabuki”, 1986). También cedió algunas de sus coreografías: “El concurso” al Australian Ballet, “El pájaro de fuego” al Alvin Ailey American Dance Theatre, “Canto del compañero herrante” a la Scala de Milán.


Maurice Béjart murió en un centro médico de Vaud (Suiza), el 22 de noviembre de 2007, como consecuencia de una infección cardíaca, luego de montar lo que sería su última obra, “La vuelta al mundo en 80 minutos”.





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Florencia Guglielmotti reside en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). Es Profesora de Danza (titulada en la Escuela Nacional de Danzas "María Ruanova"), Licenciada y Profesora de Artes (recibida en la Universidad de Buenos Aires). Cursó estudios en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. Es Miembro de International Dance Council CID (UNESCO)

Actualmente se desempeña como Profesora de Danza Clásica y como Profesora Titular de Historia de la Danza en la Escuela Superior de Enseñanza Artística "Aída V. Mastrazzi". florenciagu@gmail.com

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