Friday, May 24, 2019

Marta Abreu. Benefactora y patriota (por Teresa Fernández Soneira)


por Teresa Fernández Soneira
(para el blog Gaspar, El Lugareño)



El 3 de enero pasado se cumplieron ciento diez años de la muerte de Marta Abreu Arencibia en París. En el centenario de su partida, Santa Clara le rindió homenaje, y una tarja fue colocada en el ayuntamiento. El amor de Marta Abreu por Cuba, y especialmente por su ciudad natal, Santa Clara, quedó evidenciado en las obras que realizó y en sus constantes preocupaciones, dando desinteresadamente una gran parte de su fortuna a la provincia y a la causa de la independencia. Por eso es que hoy la recordamos.

El 13 de noviembre de 1845, en la calle Sancti Spiritus de la ciudad de Santa Clara, nace Marta de los Ángeles Abreu Arencibia. Sus padres, Pedro y Rosalía, eran personas acaudaladas por lo que la familia vivía cómodamente. Poseían hermosos caballos, volanta y criados; viajaban con frecuencia a Europa y a los Estados Unidos, lo que hizo que Marta y sus hermanas Rosa Beatriz y Rosalía Paula, estuvieran en contacto con figuras prominentes y adquirieran una vasta cultura.

¿Cómo era Marta?, su biógrafo, Pánfilo Camacho la describe: “[…] de alta estatura y delgada de cuerpo, posee hermoso cabello castaño oscuro… peinado hacia atrás…de facciones finas, tez trigueña clara, ojos verdes… […] es esbelta y erguida, de una belleza moderada […]amiga de la lectura de libros escogidos, adquiere cultura excepcional dado el medio en que vive. La melancolía de la niñez deviene en un carácter que reúne la reciedumbre y la reflexión. Marta no es una mujer común”(1). No cifra Marta su existencia en tal o cual baile, como ocurre con la mayoría de sus amigas, ni tampoco está pendiente del halago de jóvenes casaderos. Aunque muchos se han acercado a ella con intereses amorosos, Marta no encuentra en ninguno lo que ella desea en un compañero”.

LA GUERRA DE LOS DIEZ AÑOS

El 10 de octubre de 1868 llegan noticias a Santa Clara de la hazaña de Carlos Manuel de Céspedes y sus seguidores de lanzarse a los campos de Cuba en son de guerra. En 1869 la insurrección ha prendido en Oriente y Camagüey, y en la finca Dos Hermanas, propiedad de los Abreu, el padre de Marta declara hombres libres a todos los esclavos que se sumen a la insurrección. Desde entonces Marta se adhiere a la causa de la libertad de Cuba y está al tanto de todos los acontecimientos. Pero Pedro Abreu llega a la convicción de que la guerra no va a terminar tan pronto y que amenaza con extenderse hacia las regiones occidentales. Es por ello que comienza a planificar el traslado de la familia para La Habana. Adquiere la casa número 72 del Paseo del Prado, una de las mejores de la ciudad. A la fiesta de inauguración de la residencia asiste el licenciado Luis Estévez Romero, abogado matancero que tiene su bufete en La Habana, donde atiende a lo mejor de la sociedad habanera. Es allí en aquella fiesta que Estévez se siente atraído por Marta y comienza a visitarla. Esta vez Marta se enamora y encuentra finalmente en Estévez el compañero que ansía. En 1874 Marta y Luis contraen matrimonio, y a los 12 meses les nace Pedro, el hijo fruto de su amor. Luego tendrían una niña que fallecería pocos días después de nacer.

LAS OBRAS DE MARTA


En 1876 fallece el padre de las Abreu y meses más tarde fallece la madre, por lo que la fortuna es distribuida entre las tres hermanas. Esto facilita a que Marta pueda llevar a cabo la labor social, educativa y cultural que siempre ha deseado para su provincia. Establece escuelas, un asilo para ancianos, la estación de bomberos y policía, un dispensario para enfermos pobres, y muchas otras obras sociales (ver reseña al final de este artículo). Con la fundación del Teatro La Caridad, el 8 de septiembre de 1885, festividad de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, obsequia Marta a Santa Clara con la institución cultural más importante de ese siglo en aquella ciudad. Los fondos provenientes de las funciones que se llevaban a cabo en el teatro eran utilizados a partes iguales entre las diferentes obras benéficas que ella había instituido.

Hay una curiosa anécdota que cuenta que Marta una vez viajaba por Suiza en compañía del científico, Dr. Carlos de la Torre, cuando vieron desde el tren a unas mujeres lavando en el río. Marta le dijo a Carlos de la Torre: “Se me ha ocurrido una idea; voy a hacer unos lavaderos en Santa Clara”. Y así fue. Mandó construir los lavaderos que tenían una bomba de agua para que las mujeres no tuvieran que ir al río a abastecerse. Estos fueron utilizados por casi 40 años. Los planes de Marta de beneficiar a su ciudad natal tenían una doble vertiente, como explica la historiadora K. Lynn Stoner: “Marta se comprometió con el movimiento independentista ya desde 1885, y mandó construir una planta eléctrica para su ciudad natal sin ayuda ni permiso de España”. Y continúa Stoner: “Trayendo luz a su ciudad significaba, y era así visto por sus ciudadanos, como una señal de seguridad y de apoyo a la soberanía nacional”(2). La planta eléctrica comenzó a funcionar en marzo de 1895, a sólo 14 meses de haberse comenzado a construir. El día de la inauguración se veían carteles por todas partes que decían: “¡Marta, Santa Clara te quiere!”; o “¡Marta, la gran santaclareña!”. En la Plaza Mayor levantaron una torre de madera, réplica de la parisina Torre Eiffel, recubierta de luces, y luego para festejar se celebró una gran gala en el teatro.

Marta se siente tan cubana y desea tanto la independencia de Cuba, que cuando en 1894 el ayuntamiento de Santa Clara presenta una moción para que se le conceda un título de Castilla con la denominación de condesa de Villaclara, se opone a esta distinción. No accede por su modestia y por su patriotismo. Marta no quiere ser condesa de Castilla; ella es cubana cien por cien y sólo quiere ser benefactora de Santa Clara sin que España tenga nada que ver en eso.

LA GUERRA DE 1895

“Mi última peseta es para la Revolución, y si hace falta más y se me acaba mi dinero, venderé mis propiedades […] y si eso todo fuese poco, nos iríamos nosotros a pedir limosna […], porque lo haríamos por la libertad de Cuba”, afirmó Marta Abreu.

En junio de 1895, al comenzar la guerra, Marta y su esposo se exilian a París. Para allá también se ha ido parte de la crema y nata de la sociedad cubana de la época: los azucareros, los cafetaleros, los hacendados y terratenientes. En las tertulias parisinas Marta conversa con las personalidades que impulsan esta guerra desde el exterior, y pide el apoyo de la aristocracia cubana. Envía cables a Estrada Palma con el seudónimo de “Ignacio Agramonte” para que se mantenga en el anonimato, y para averiguar cómo van los progresos de la guerra. Indaga sobre cuánto costaría alistar a un ejército, y sin pensarlo dos veces envía la cantidad 240,000 pesos, cuantiosa suma para aquella época, y que hoy significaría millones de dólares. Estando residiendo en París, Marta también se preocupa por dar a conocer su país a los franceses, y logra establecer en la Sorbona una sala dedicada a la cultura cubana.

Al concluir la guerra, en febrero de 1899, los esposos Estévez retornan a Cuba Libre. Aunque sólo unos pocos saben de su llegada, y a la servidumbre de su casa se le indica que se estén listos en espera de la visita, pronto empieza a correr la noticia por la ciudad. Santa Clara se preparaba para recibirlos con honores y agasajos, y el 19 de marzo, hacia el atardecer, arribaba Marta a su ciudad natal. Se sentía vecina, y nada más que vecina e hija de aquella ciudad querida, y para su regreso solo deseaba la sencillez. “¡Ha llegado Marta!”, decían los vecinos. “Viva la benefactora!” La alegría cundió en todas direcciones. Hubo brindis, discursos y alborozo por las calles.

Ya en su patria, Marta quiso continuar la tarea inacabada antes de su partida a Paris, así como la que demandaba los estragos producidos por la guerra. Había que reconstruir y fabricar; ayudar a los huérfanos; aliviar a las viudas y a los pobres. Tenía que también proseguir con su labor filantrópica y patriótica que incluiría levantar una escuela vocacional de arte, porque ella decía que había que despertar en el cubano su amor por las artes y la cultura.


Pero no podrían disfrutar mucho de Santa Clara ya que al Dr. Luis Estévez había sido nombrado para desempeñar el cargo de Secretario de Justicia bajo la administración norteamericana de ocupación bajo el General Leonardo Wood. Tendrían que trasladarse para La Habana. Marta desea estar en Santa Clara, pero se ve en una disyuntiva. Sin embargo, no vacila pues su corazón y su patriotismo la llevan a la resignación. Tiempo después vendría otra prueba para el matrimonio. Dice Fernando Ortiz: “A propósito de la designación de candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia de la República, el nombre de Luis Estévez y Romero se balanceó en la cresta de la ola”(3). Marta estaba nuevamente en el umbral, siempre dispuesta a subordinarlo todo, a ejercer su patriotismo por la necesidad histórica. Luis Estévez y Romero aceptaría la designación para la vicepresidencia de la República junto con Tomás Estrada Palma como Presidente. Los sueños de Marta tendrían que aguardar una vez más. Pero en 1905 Estévez renuncia como vicepresidente, y el matrimonio por fin se retira a su hogar en Cruces. Parece que ha llegado la hora de satisfacer definitivamente sus aspiraciones. En el sosiego de la paz hogareña, Marta vuelve a dedicarse, incansable, a sus tareas habituales: la casa, la cultura, la beneficencia.

EL ADIÓS DEFINITIVO A CUBA

Pero ni sus deseos íntimos, ni sus proyecciones públicas debían verse satisfechos ya que pocos años más tarde Marta y su esposo emprendían viaje a Europa. Los motivos inmediatos pueden quizás colegirse, pero no constan en ninguna parte, y no hay certeza ni autenticidad de las razones que los hizo dejar a Cuba. De “necesidad de resolver asuntos importantes” hablan algunos; de “criterios políticos” aludían otros; pero en concreto nada puede afirmarse con seguridad. El hecho es que el matrimonio regresó a París. ¿Sintió quizás Marta una profunda melancolía al perder de vista las playas de Cuba? ¿Le asaltó quizás un presentimiento?

Residiendo en Francia no cesó de recibir cartas de Santa Clara con pedidos y lamentos de desgracias, “aquello que no puede una menos que atenderlas y servirlas; - escribía Marta en una carta. “Estoy pasando mesadas a varias familias que se han quedado en la calle, y pagando colegios a niñas que me han recomendado y a otras que han quedado desamparadas”.

En París Marta tiene problemas de salud. En los últimos días de diciembre del 1908 es sometida a una cirugía, pero debido a las complicaciones de ésta, muere el 2 de enero de 1909. A Santa Clara llegan las noticias de su deceso y es tanta la devoción que tiene su pueblo por ella, que se declara duelo nacional por nueve días, y los edificios públicos se visten de cortinas negras. Más de 100 periódicos reseñan el suceso. Los funerales se llevan a cabo el 4 de enero en la iglesia de San Felipe de París y ese mismo día la entierran en el cementerio de Montmartre. Luis Estévez queda totalmente desconsolado. Su compañera de 35 años lo deja solo y triste; ha sido un gran golpe. Ni los nietos, ni el hijo, ni los cuñados lo hacen salir de su profunda depresión, y al mes y dos días después del fallecimiento de Marta, Luis Estévez Romero se suicida. Triste y trágico final para una pareja que tanto ennobleció y que tanto sacrifico y luchó por una Cuba mejor.


Años más tarde, el 20 de febrero de 1920, los restos de Marta Abreu y de Luis Estévez fueron exhumados y trasladados a La Habana en el vapor Flandes para ser sepultados en el panteón de la familia Abreu-Arencibia en el Cementerio de Colón.

Santa Clara fue siempre una de las preocupaciones constantes en la vida de Marta Abreu. La ciudad jamás dejó de estar en ella; siempre la llevó consigo, tanto en la mente como en el corazón. Pudiendo vivir cómoda y tranquilamente en Francia, al margen de lo que pasaba en Cuba, decidió sacrificar parte de su comodidad y ofrecer una porción considerable de la fortuna de sus cofres en beneficio de su país. Supeditó sus deseos a la necesidad que Cuba tenía entonces en la figura de su esposo. Sus contribuciones a la vida civil fueron vistas por todos en la isla como un compromiso público, un acto sagrado, que contribuyó a la causa de la democracia en la nueva nación. Su cubanía, su bondad y su grandeza de espíritu hicieron que se ganara el título de “La Gran Benefactora”. A Marta le debemos mucho los cubanos, y a pesar de los años transcurridos, su vida nos sigue enseñando lo que es la constante preocupación por los necesitados y el amor a la patria.


El Legado de Marta Abreu Arencibia. Fundaciones  y obras.  

  • El Teatro La Caridad – 8 de septiembre de 1885
  • Colegio San Pedro Nolasco (31 de enero de 1882)
  • Asilo de Ancianos San Pedro y Santa Rosalía
  • Obelisco dedicado a los sacerdotes Juan Martín de Concedo y Francisco Antonio Hurtado de Mendoza (15 de julio de 1886)
  • Dispensario El Amparo para niños pobres enfermos y sus familias (1 marzo 1897)
  • Escuela La Trinidad para niños negros
  • Escuela El Gran Cervantes para niños negros
  • Escuela El Buen Viaje
  • Reforma la Ermita del Buenviaje de los Padres Pasionistas
  • Escuela Santa Rosalía
  • Casa de Bomberos (1886)
  • Escuela municipal Concedo (1886)
  • Cuerpo de Policía de Santa Clara (1886)
  • Construcción de cuatro lavaderos públicos: La Pastora, El Carmen, del Puente
  • y el Condado. (18 mayo 1887)
  • Estación meteorológica de Santa Clara, incluyendo todos sus instrumentos
  • y equipamiento técnico (1889).
  • Planta eléctrica para el alumbrado público de la ciudad de Santa Clara (1 de marzo de 1895)
  • Estación de Trenes de Santa Clara
  • Erección del Puente sobre el Paso del Minero en Santa Clara
  • Instrumentos para la Banda de Música del Cuerpo de Bomberos (1899)
  • Donación de una bóveda para los pobres en el Cementerio de Santa Clara.
  • Contribuyó a la reparación del camino a Camajuaní
  • Contribuyó a las reformas que se hicieron a las iglesias del Buen Viaje y
  • la de Encrucijada.
  • Reconstrucción de los hospitales de San Lázaro y San Juan de Dios.
  • Mecenas de artistas, intelectuales y hombres de ciencia como los doctores Carlos de la Torre (científico), Julio Jover Anido (astrónomo) y Manuel Velasco (médico).
  • Quince envíos de remesas para la independencia de Cuba equivalentes a más de 240,000 pesos



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Citas y Notas 

  1. Camacho, Pánfilo: Marta Abreu, Una Mujer Comprendida, Ediciones Universal, Miami, 1995, p. 49.
  2. Stoner, K. Lynn: Militant Heroines and the consecration of the Patriarcal State: The glorification of Royalty, Combat and National Suicide in the making of Cuban National Identity, p 5.
  3. Fernando Ortiz: “Homenaje Póstumo”, Revista Bimestre Cubana, núm. 2, Vol. VII, marzo-abril, 1912.





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BIBLIOGRAFÍA

Camacho, Pánfilo: Marta Abreu: Una Mujer Comprendida, Ediciones Universal, Miami, 1995, Pág. 49.
De Castromori, Javier: “Marta Abreu y Luis Estévez en el centenario de sus muertes”, Memorando Vitae, www.blogger.com
Fernández Soneira, Teresa: Mujeres de la Patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba, vol. III, Ed. Universal, Miami (en preparación).
Fernández Triana, Juan Manuel: Marta Abreu, Excelsa Cubana, Centro del Patrimonio Cultural de Santa Clara. www.verbiclara.nireblog.com.
Fernando Ortiz, “Homenaje Póstumo”: Revista Bimestre Cubana, Núm. 2 Vol. VII, marzo-abril, 1912.
Stoner, K. Lynn: “Militant Heroines and the Consecration of the Patriarcal State: The glorification of royalty, combat and national suicide in the making of Cuban national identity”, Cuban Studies 34 (1): 71-96, enero 2003.


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Teresa Fernández Soneira (La Habana 1947), es una historiadora y escritora cubana radicada en Miami desde 1961. Ha hecho importantes aportes a la historia de Cuba con escritos y libros de temática cubana, entre ellos, CUBA: Historia de la educación católica 1582-1961, Ediciones Universal, Miami, 1997, Con la Estrella y la Cruz: Historia de las Juventudes de Acción Católica Cubana, Ediciones Universal, Miami, 2002. En los últimos años ha estado enfrascada en su obra Mujeres de la Patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba, (Ediciones Universal, Miami 2014 y 2018). El volumen I dedicado a la mujer en las conspiraciones y la Guerra de los Diez Años, y el volumen 2, de reciente publicación, trata sobre la mujer en la Guerra de Independencia. En estos dos volúmenes la autora ha rescatado la historia de más de 1,300 mujeres cubanas y su quehacer durante nuestras luchas independentistas.

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