Saturday, December 1, 2018

Presentación del adagio del ballet "Vértigo", por Arts Ballet Theatre of Florida, en el XXVI Festival Internacional de La Habana (por Baltasar Santiago Martín)

Nota: Agradezco a Baltasar Santiago Martín, que comparta con los lectores, su texto sobre la presentación del adagio del ballet Vértigo, por Arts Ballet Theatre of Florida en el XXVI Festival Internacional de La Habana, incluido en el próximo número de la revista Caritate, Octubre-Noviembre-Diciembre 2018.

Foto/Nancy Reyes Suárez
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El domingo 4 de noviembre de 2018, en el marco del XXVI Festival Internacional de La Habana, la primera bailarina venezolana Mary Carmen Catoya y el bailarín brasileño Johnny Almeida, ambos pertenecientes a la compañía Arts Ballet Theatre of Florida, bailaron el adagio del segundo acto de Vértigo, un ballet en proceso, con coreografía del Maestro Vladimir Issaev (también director de la compañía), y música compuesta por Bernard Herrman (New York, 1911-1975) en 1958, por encargo de Alfred Hitchcock, especialmente para su película homónima, cuyo argumento ha sido llevado a libreto para ballet por este servidor.

Aunque ya este adagio había sido estrenado en el XXII Festival Internacional de Ballet de Miami, para esta cita habanera el Maestro Vladimir Issaev enriqueció aún más su coreografía, con cambios además en el vestuario de la pareja protagonista que lo hicieron todavía más vistoso.

Vuelvo a citar, como en mi reseña del estreno miamense, las palabras del gran escritor Guillermo Cabrera Infante sobre la banda sonora de la película, cuya gran fuerza y belleza me inspiraron la idea de emplearla y adaptar el argumento para un ballet homónimo:
(…) Pocas veces el arte de un director de cine ha sido tan bien servido por su músico como en Vértigo, una película que se puede oír transcurrir con los ojos cerrados mientras la música suena sugerente. 
(…) Esa música no viene de ninguna parte, viene de todas partes, es la música ubicua, la música total, la música del cine, en que las imágenes son otra forma de música, pero donde la música es la forma final de las imágenes.
Insisto, por tanto, en que el primer mérito que tiene este adagio es haber demostrado con creces que “esa música” puede ser bailada, que su drama ha podido encontrar a un talentoso coreógrafo y a una dotada pareja de bailarines de ballet para asumirlo, como ha sido el caso del Maestro Issaev, y de Catoya y Almeida, que en su actuación en la función de La Habana estuvieron brillantes, muy seguros y entregados a sus atormentados personajes.

Más allá del hecho artístico en sí, me complace mucho que una pareja de bailarines de una compañía de ballet de la Florida haya vuelto a ser invitada a este festival, a sabiendas de que en las dos ocasiones Mary Carmen iba a bailar coreografías con libreto mío, que no comulgo en absoluto con el régimen que ha destruido nuestro país, y que no me autocensuro ni me reprimo para criticarlo.

Como bien dicen que una imagen vale más que mil palabras, acompaño esta crónica “impresionista” con las sugerentes y preciosas fotos que la gran fotógrafa y pintora Nancy Reyes Suárez (ver “Arteraciones II”) me hizo el favor de tomar ese día para CARITATE:


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Ver textos anteriores de Baltasar Santiago Martín, en el blog

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