Wednesday, April 8, 2015

Advertencia sobre los precios posibles del amor (por José M. Fernández Pequeño)

Texto leído en la presentación del libro Precio del amor, de Félix Luis Viera, en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras, Miami, el 21 de marzo de 2015. Publicado en el blog por cortesía del autor.

Fotos/Blog Gaspar, El Lugareño
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Cuando leí Precio del amor, en el inicio de los crudos años noventa, agradecí a su autor, Félix Luis Viera, por la singularidad de su propuesta dentro de lo que era entonces el fluir narrativo de Cuba. Sus cuentos transcurrían lejos de la crítica social descarnada en una época donde la ciudad letrada nacional debatía ferozmente acerca de quién había sido el primero en abordar la problemática homosexual o a qué texto le cabía la gloria de haber dado carta de naturalización literaria a las jineteras, como si la calidad estética descansara sobre el asunto de la obra o su capacidad de ser un mimético reflejo del acontecer social. Los cuentos de Viera, por el contrario, hablan sobre ciertas agonías humanas, algunas insólitas rutas del deseo y los precios de vivir.

Decir que este libro trata sobre el amor no es decir mucho. En realidad, los ocho cuentos sobrevivientes en la edición definitiva de Alexandria Library giran en torno al deseo, la atracción sexual y las idealizaciones del ser femenino como formas de escapar, como una huida desesperada del varón hacia la hembra-enigma, única promesa a la vista para conjurar los riesgos de un vacío que a veces se declara y casi siempre se presiente. Por esto siete de los ocho cuentos ponen en juego un punto de vista subjetivo único con centro en el varón, el agente anhelante cuya intimidad el lector puede penetrar, mientras la hembra es no solo oasis, sino sobre todo enigma. Esa huida da unidad a los cuentos, y sus variantes, que el autor dosifica con malicia de novelista avezado en tres secciones, garantizan la amplitud del registro en su conjunto. Veamos.

La primera parte del libro se ocupa de conflictos entre parejas y los cuentos emplean ese tipo de narración contraída, marcada por la objetividad y la síntesis, en la que no caben explicaciones y lo esencial debe ser inferido por el lector a partir de una situación o un diálogo a veces muy cinematográficos. Félix Luis Viera es aquí un maestro de la sugerencia, un experto en sembrar motivos clave que permiten lecturas diversas de acuerdo con la perspicacia del lector. Por ejemplo, es imposible entender la reevaluación de su matri-monio, que hace el protagonista de “En tantas cosas”, si no podemos definir cuál es la “impostura” de Pozo que el narrador alude una y otra vez de manera sesgada. Solo ese dato permite comprender que con tal decisión el protagonista está en realidad huyendo de la miseria humana, encarnada en la relación entre Pozo y el “bicho”. No otra cosa ocurre con el agotamiento de la relación en “Dos malas palabras” y con la intención de usar a la hembra como paliativo de algún dolor en “Problema versus problema”, cuento que insinúa el temario predominante en la segunda parte del libro.

Contraria a la anterior, esa segunda parte abre las líneas del relato, lo subjetiviza a partir de una voz narrativa pletórica de sensaciones y que tiende a la simbolización de la realidad. Los dos cuentos que la integran ocurren en Europa. En el segundo, “Cursi y sensiblera historia de amor”, un escritor cubano que viaja por primera vez fuera de su país busca conjurar su extrañamiento mediante el expediente de idealizar el encuentro con la recepcionista que lo recibió a su llegada al hotel. A partir de aquí, se genera una compleja confrontación entre el recuerdo de aquella mirada y la tangible presencia de la traductora, cuyo nombre en español sería Juana (no olvidemos que así llamó Colón a la actual isla de Cuba), pero que resulta incapaz de pronunciar bien en español la letra d, la misma con que comienza distancia, noción de la que el protagonista trata de escapar a través del deseo. Igual huida, pero esta vez de la soledad en una fría ciudad alemana, intenta el protagonista de “Solo en la noche” a través de una chica que encuentra casualmente en un restorán y que le permite elaborar una curiosa escalera de motivos: helado-mujer-ojos azules-mar de Cuba. El final de este cuento es, en mi humilde opinión, la única concesión que hace este libro rotundo. Pero, en consideración a los futuros lectores, no diré aquí por qué.

La tercera parte ejecuta una última y extrema vuelta de tuerca en la sensibilización de la realidad, que ahora roza las dimensiones del sueño y borra los límites entre lo sucedido y lo deseado. A través de una construcción lírica de gran riqueza, se otorga credibilidad y aliento a la huida de la realidad que tiene lugar en los tres cuentos finales del libro. Lo que comienza como un diálogo de almas entre el movilizado cañero y la campesina en “Mirada”, concluye en “Circuito abierto”, narración-poema donde se consagra la fuerza del sueño, cuya circularidad es capaz de derrotar a lo imposible. Esa apuesta por escapar de una realidad mostrenca culmina en el cuento “Noemí”. La pelirroja que viaja en busca de posturas de rosas y teje en medio de un tren lechero atestado de animales, personas sudorosas, sacos con productos agrícolas y olores inclasificables, deviene diáfano contraste, símbolo de la espiritualidad y de ahí la irrefrenable fascinación que despierta en el protagonista como vía para escapar de su enrarecida y pragmática realidad.

Para el protagonista, aquella Noemí etérea tenía algo de “rosa creciendo en un contén, algo de jazmín en la vía pública”. Libro realista hasta ese punto donde los sueños y las sensaciones forman parte de la realidad, Precio del amor no se desinteresa del contexto cubano en que fue escrito para huir él mismo hacia las intimidades de la pareja. Al contrario, el grosero pragmatismo, la pesada inercia y la castrante agonía diaria para sobrevivir en esa realidad es la explicación última al porqué sus personajes se despeñan ciegos y desesperados hacia un deseo instintivo, se agarran casi suicidas de una frágil mirada que ellos sienten fecundante, única forma de acercarse a la “rosa creciendo en el contén”; es decir, a la espiritualidad que da sentido a las cosas y hace que la vida valga la pena.

Si este sólido libro de Félix Luis Viera consigue tan sugerente y sensible caracterización de la realidad es porque mira a través del ser humano y sus contradicciones. Y como lo hace poniendo en movimiento un innato talento de escritor y un oficio literario espléndido, logra un discurso retador, una armónica apariencia de sencillez que cobija sin embargo múltiples niveles de sentido a la espera del lector creativo y sagaz. Quedan advertidos.

 
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