Monday, October 13, 2014

El recluta Luis Vega (por Luis de la Paz)

Nota del blog: Agradezco a Luis de la Paz que comparta con los lectores de Gaspar, El Lugareño el texto que leyó el pasado sábado 11 de octubre, en la presentación del libro El recluta 51, testimonio del pintor cubano Luis Vega sobre sus años en el Servicio Militar Obligatorio (SMO), en Cuba. El acto fue organizado por el Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio.



Hace exactamente medio siglo tuvo lugar el primer llamado al servicio militar en Cuba. Un año antes, en el 63, se promulgó la Ley No. 1129, que establecía el Servicio Militar con carácter obligatorio por un período de 3 años consecutivos, para todo cubano varón entre los 16 y 27 años de edad. La ley se implementó de inmediato, y en abril del 64 miles de jóvenes fueron convocados y llevados en atestados camiones a las unidades militares a cumplir el SMO, semeó, se decía con carácter burlón. Para la mayoría el hecho marcó un cambio radical en sus vidas. El Servicio, como llanamente se calificaba, marcó, dañó, hirió y dividió a muchas familias, y les tronchó sus estudios a muchos jóvenes que por su edad, a los 16 años están por terminar su preparación académica para ingresar en las universidades o tomar cursos superiores. Pero a donde realmente ingresaban era al ejército. Citando a Joan Manuel Serrat añadiría: “sin conocer el oficio y sin vocación”.

La inmensa mayoría de aquellos reclutas se separaban por primera vez del núcleo familiar. Vale señalar que la idea del reclutamiento a tan temprana edad era una manera de arrancar del seno familiar a los jóvenes para, como primera prioridad, adoctrinarlos. Las familias cubanas se han caracterizado por un gran concepto de la unidad en torno a la casa, los padres y los abuelos. Es un sólido distintivo de intimidad protectora que el castrismo se propuso romper desde que asumió el poder. Primero el SMO, más tarde, con el mismo propósito, las llamadas escuelas al campo. Doctrina, disciplina política, lavado de cerebros, ruptura familiar y pérdida de la privacidad y la intimidad, porque todo lo que se decía en esas becas, se divulgaba, se sabía y se sancionaba si no estaba a tono con la línea ideológica esperada. 

La separación familiar por razones ideológicas es una asignatura pendiente en la historiografía de la vida del cubano bajo el castrismo. Hubo, hay, para ser más preciso, una larga lista de eventos incitados por el régimen para arrancar del seno familiar a los jóvenes, y otra larga y penosa relación de acontecimientos relacionados también con la separación, al tener muchos que partir al exilio dejando atrás a sus seres queridos, pues el gobierno no ha permitido la salida para poder tener siempre en la isla un rehén para manipular, chantajear y extorsionar al cubano de adentro, pero en particular al del exterior. 

Medio siglo después de aquel hecho demoledor que fue el primer llamado al Servicio, Luis Vega, un pintor cuya instrumento de elaboración visual, es el regodeo en la belleza del paisaje, deja a un lado los pinceles (que tan útiles les fueron durante el servicio militar) para narrar en Primer llamado: El recluta 51, con minucioso realismo, el surrealista mundo de las unidades militares a las que fueron enviados para cumplir el SMO.

En muchas ocasiones me he referido a la importancia y el valor de la literatura testimonial escrita por cubanos exiliados, pues esos textos de primera mano, son esenciales para la documentación de los horrores que han padecido el cubano por más de medio siglo bajo el castrismo y la reconstrucción de la realidad histórica. El género testimonio, hace, en muchos casos, la función de catarsis de la memoria y limpieza del alma. Hay libros que destacan más, como éste de Luis Vega, publicado por el sello Eriginal Books, porque además de los méritos intrínsecos de lo que se relata, se subrayan otros elementos, no siempre de ficción, pero sí circunstanciales, que le añaden a la narración una mejor hechura, haciéndola más amena, fluida y dinámica. 

No conozco otro testimonio sobre el servicio militar. Creo que Luis Vega tiene el honor de abrir una puerta en esta temática. En novela existe Siempre la lluvia, de José Abreu Felippe, donde narra sus experiencias en el SMO, pero en ella prima la narración novelada, por lo que, a pesar de su contacto con la realidad, en su tejido prevalece más la ficción.

El pintor Luis Vega, el escritor Luis Vega, estructuró su libro a partir de un apego absoluto a su memoria, a su verdad, por lo tanto su obra es un bloque testimonial, o sea, fiel, a lo que vivió en carne propia. El libro está estructurado en cuatro capítulos muy puntuales en su temática: La pesadilla, El polígono de tiro, La escuela de artillería y La última parada, donde la pesadilla es el inicio de aquella aventura forzosa y la última parada, como casi todo lo último, el final de los tres años en el SMO. El libro lo conforma una serie de anécdotas narradas de manera lineal, concisa y directa, donde se dibuja en palabras un hecho, pero con la carga y la energía que brota de un pintor, que sabe convertir con asombrosa fluidez y precisión un paisaje en un atractivo texto narrativo. 

El libro abre con la fatídica citación del Comité Militar. El telegrama avisaba del día, la hora y el lugar donde presentarse para comenzar a cumplir el Servicio. A partir de ese momento, la vida de Luis Vega cambió. Cada página del libro recoge la amargura de una realidad forzada, donde el hombre se asombra de sí mismo, de verse con el uniforme verde olivo, cargando un arma y recibiendo órdenes delirantes, por torpes oficiales que su única carta de presentación era la autoridad que le otorgaba su rango. 

Como soldado del Primer llamado, un monte en medio de la nada era la unidad militar, la cual tenían que construir. Luis Vega narra la vida en el campamento, las rutinas que convertían al recluta en un hombre sucio físicamente por la falta de higiene y condiciones adecuadas; mal alimentado, describe los famosos chícharos con gorgojo; expone el efecto del sueño y el cansancio siempre al asecho del soldado. 

Quizás uno de los mejores capítulos del libro sea El primer pase, donde queda muy bien marcado el reencuentro con la ciudad, con la familia, con el mundo que había dejado atrás, que no era otro que el suyo, el verdadero, no el que le obligaron a tomar. “Primero tiré el gusano al piso y de un brinco caí en el asfalto. La experiencia de mis botas sobre una superficie plana fue deliciosa. Mis pies, que en esos meses sólo pisaban el terraplén, la hierba o los diente de perros, y que ahora estaban sobre la acera, sintieron al mismo tiempo una sensación de inseguridad y desequilibrio hasta que reconocieron su habitad natural: mi ciudad”. Con este poder narrativo tan visual transcurre este testimonio. 

El Primer llamado, el recluta 51, transporta al lector a una realidad que se vive intensamente en sus páginas. Luis Vega narra cómo gracias a sus habilidades como pintor logra agenciarse ciertos trabajos para no tener que hacer las labores más fuertes, por eso me refería al principio de esta presentación que los pinceles les fueron muy útiles durante el servicio militar. En el prólogo del libro, el periodista y promotor cultural Alejandro Ríos destaca la picaresca como medio de subsistencia: “El recluta 51 se integra, por derecho propio, a la gran referencia picaresca, de tantos cubanos tratando de sobrevivir a contracorriente en un país en guerra consigo mismo”, apunta acertadamente Ríos. En este libro el humor prima como arma de autodefensa, y para sortear los obstáculos y el absurdo del mundo militar tan horrendo y letal en cualquier parte del planeta.

Cada una de las partes del libro va acercando al recluta 51, a Luis Vega, al final de la pesadilla militar. Los encuentros con los oficiales, las relaciones con sus compañeros de infortunios, el uso de la inteligencia para escapar: “El trabajo se desarrollaba lentamente, estirando cada pincelada porque un día más pintando el mural sería un día menos en el corte de caña”, esta es parte de la picaresca a la que alude Ríos en su introducción. 

Primer llamado, el recluta 51, es un libro muy oportuno, ahora que se conmemora el 50 aniversario de la implementación del Servicio Militar. Sus páginas más que recoger, capturan para la historia, otra de las feas páginas de la vida del cubano bajo la tiranía castrista.

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ver Luis de la Paz en el blog

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