Wednesday, October 8, 2014

Escaladores santiagueros en lo alto de la torre de la Iglesia de La Merced agramontina (por Carlos A. Peón Casas)


 
El hecho es realmente insólito, y por ello es más singular descubrir a estos arriesgados pintores en el altísimo remate de la torre de la Iglesia de la Merced, donde ni siquiera alcanza el brazo de la más alta grúa que suele usarse para tales fines. 

Los anónimos retocadores, miembros de una muy sui generis brigada de “pintores de altura” de la ciudad de Santiago de Cuba, bien sujetos por los especiales aditamentos que los escaladores usan en las trepadas más arriesgadas, van provistos igualmente de rodillos y cubos de pintura, para cumplimentar esta comprometida misión que devolverá a la casi tricentenaria torre, los colores rejuvenecedores con que se le acicala.

Las fotos no dejan espacio más que para la admiración. En el peligroso acto de estos hombres tan seguros de sí, que se columpian a muchos metros del suelo, hay también mucho de amor a una profesión, a veces desdeñada por algunos, que la califican ajena a todo arte con el calificativo despreciativo de “pintores de brocha gorda”. 

Nada mejor entonces que esta constancia gráfica que deja testimonio de una anónima, pero imprescindible labor en pos de conservar los más bellos valores patrimoniales de nuestra siempre hidalga y nunca bien ponderada comarca.

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