Tuesday, February 23, 2021

Del antiguo solar camagüeyano (por E. Martínez Alonso. Año 1912)


No he de hablar en este artículo del moderno Camagüey con sus lujosos hoteles en que el confort impera, con sus flamantes edificios y sus calles asfaltadas, no.  El progreso que tales mejoras ha traído deslumbra la retina, se nos entra demasiado por los ojos, sin llegar al corazón. Es del antiguo Camagúey cuyas escenas perdidas en la lejanía de los recuerdos cobran vida y calor en breve espacio y surgen al través de la bruma de los años por mágico poder de evocación.

Hablaré del Camagüey de costumbres patriarcales; noble, franco y hospitario solar criollo que el Jatibonico arrulla y el Tínima acaricia en tropicales murmuríos de indolencia.


Es en la iglesia de la Caridad, en el histórico barrio de su nombre de calles enchinadas, estrechas y tortuosas como las andaluzas calles de Sevilla. Una muchedumbre abigarrada camina sin rumbo fijo en trasiego incesante; forma corrillos en las esquinas, se agolpa en las aceras curiosea por doquier con su alma de niño retrada en la placidez de los semblantes, hasta que inconstante ó aburrida de aquel vaguear tempranero se apiña en el atrio de la iglesia en doble hilera que se extiende á lo largo de la Plaza, desde la puerta principal y aguarda allí la entrada y la salida de las devotas al templo.

Y van llegando las camagüeyanas expléndidos “specimen" de criollas, con el fulgor del trópico en los soles de azabache ó verdiazules como aguas encalmadas del Caribe; negror de noche sin astros ó aureo color de alborada en sus regias cabelleras, y en los labios la púrpura ó la miel de la granada. Esbeltas y arrogantes, lucen todas al andar la gentileza, el garbo y el donaire de las trianeras mozas, y como ellas van tocadas con el chal mantilla.

Es el día de la Patrona y el pueblo alborozado celebra las tradicionales fiestas de la Virgen cubana; fiestas en que la opulencia camagüeyana alardea de generosidad costeándola a escote entre un número reducido de personas. Terminadas las ceremonias religiosas la muchedumbre se disuelve, regresando unos a la ciudad por la Alameda y asaltando otros los terrenos del Casino Campestre, lugar de esparcimiento en el que reina la zambra y la algazara.

A diferencia del resto de la Isla, Camagüey no celebraba el Carnaval, reservándose las mascaradas y comparsas para los festivales de San Juan y San Pedro, en que el pueblo engalanado lucía como de feria con sus calles enramadas y en las casas colgaduras en puertas y ventanas.

Carreras de caballos, cucañas, bailes etc. eran lasdiversiones populares de esos días ya lejanos en que el célebre Luís Farola constituía el encanto de chicos y grandes: jóvenes y viejos.

Era este Luís Farola un tipo vulgar de hombre del pueblo, que desempeñó por luengos años, muy á satisfacción de los vecinos del modesto empleo de farolero en la ciudad de Camagüey. Momentos después de la puesta del sol, cuando la sombra naciente de la noche extendía su penumbra en plazas y callejuelas, por uno  de los barrios extremos aparecía la figura semi fantástica de Luís Farola con su enorme encendedor, en el que se acompañaba, silvando danzones, los cantos que estuviearn más en boga y alguna que otra pieza musical. Este espectáculo se repetía periódicamente al encender y apagar las luces públicas, y en horas  avanzadas de la madrugada a cuánta hermosa doncella no arrullaba en el lecho con su silvar melódico el hombre de los crespúsculos!...

Siempre han sido en Cuba las fiestas religiosas motivo de regocijo entre las clases populares, porque han podido aquellas aunar en todo tiempo al aspecto religioso, al asunto místico que las origina, otro aspecto de divertimiento (comunmente llamado cívico) cual si estuviesen en perfecto maridaje los vocablos devoción y diversión. Ello  es que de este modo resultan siempre muy pomposas y nutridas, en cuanto hace a concurrencia.


Y tal acontecía en Camagüey con la llamada procesión del Retiro, en Viernes Santo, que se iniciaba en la iglesia de las Mercedes para disolverse en la Mayor. Aquí vemos la misma muchedumbre ya descrita, el pueblo todo, integrado por las diversas clases; y en aquellas fiestas como en estas y en la retreta de la antigua Plaza de Armas, hoy Parque de Agramonte, y asomadas á las ventanas ó en la calle al ir de compras ó visitas, siempre la mujer camagüeyana realzándolo, dignificándolo, embelleciéndolo todo con su hermosura incomparable.

Existían y aún existen actualmente unos establecimientos que constituyen algo enteramente original de Camagüey, muy suyo; son las “cositerías", que solo se dedican exclusivamente a la venta de efectos y chucherías de la región: sabrosas golosinas que allí tienen carta de naturaleza: quesos de almendra, masa real, roscas de yucas, mata hambre, biscochuelos, chocolate de ruedita, pan de huevo y otras exquisiteces que de continuar enumerándolas se me haría la boca agua.

De todo esto, lector, se os brindará en profusión y á porfía si tenéis la dicha de arribar alguna vez á cualquier hogar camagüeyano, en el que habréis de hallar seguramente la franqueza legendaria y la noble hospitalidad característica.

Al penetrar en uno de ellos hallaréis que hasta la nomenclatura de las dependencias suele tener allí sus variaciones. Si llegáis á horas de almuerzo ó de comida, con gran sorpresa por vuestra parte os invitarán á que paséis al portal (comedor), y una vez terminado aquél ó aquella tomareis el café cómodamente arrellanado en un “columpio” á la sombra del contra portal (colgadizo interior), y á la vista de los tinajones clásicos de que ya habéis oído hablar en más de una ocación, probablemente.

De día ó de noche el pregón de los vendedores pululando por las calles llegaba á nuestros oídos monorítmicamente, y, de este modo, ya sabíamos si era la que se acercaba Ma Josefa con sus empanadillas, aún a muy larga distancia, ó los que pregonaban el pescado por manera invariable

“Pescado fresco.
Yo lo llevo de rueda y del entero”....

Pero de todas las emociones que pueda experimentar el forastero en la tierra de Agramonte, no será ninguna comparable á la que sienta en una noche de luna y en desierta calle junto á la enredadera que cubre á medias el amplio ventanón de balaustrada, escuchando de labios de una hermosa mientras puntean sus dedos la guitarra su canción preferida, que suele ser sencilla como el alma de aquel pueblo: pero siempre bella, sentimental, romántica; cual lo son las mujeres cuando cantan.


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Tomado de Bohemia. Marzo 17, 1912.

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He respetado el texto como fue escrito. 

Teresita Cabada, Reina de Belleza camagüeyana, en el certamen convocado por el diario local "El Comercio" y la revista "Bohemia". (Bohemia. Febrero 1913)

 


Alberto Mola, propietario del Teatro Avellaneda y corresponsal de la revista "Carteles", en la "culta ciudad" de Camagüey. (Febrero 1922).




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ver

Teatro Avellaneda, recuerdos de la infancia (por Joaquín Estrada-Montalván)

Monday, February 22, 2021

Selección de textos del poemario “El abismo en los dedos”, de Manuel Adrián López

Poemas que pertenecen a “El abismo en los dedos” (Eriginal Books, 2020). Finalista en Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2017 Quito, Ecuador. Obra de portada de Cándida Rodríguez.

Para adquirir en Amazon
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Volví a leer sus versos memorables
premiados por origenistas 
jueces de manos tiznadas.
Fui en busca de una pista
indagué en las profundidades de sus libros
me sumergí
dejé que el sargazo de pueblo polvoriento
me asfixiara. 
Disequé la lombriz 
me disequé a mí mismo
introduje el bisturí 
sin temblarme la mano.

Debo pretender que todo ha sido una pesadilla
el resultado del Zoloft 
mezclado con el vino.
Me he convertido en minero
excavador en busca de evidencias.
Recolecté las historias que iban llegando de:
Isla de Pinos
Shenandoah
Pinar del Río
devoradas por el comején de una isla.

El altar ha colapsado. 
Su grandeza ante mis ojos.



Vuelve el sablazo de la madrugada
se oye el silbido de un pájaro
que no lo es
más bien un hombre herido
vacunado con lo que ha podido pagar.

Nunca aprendí a silbar.
He cambiado caricias
por paseos
por un ostensorio 
que ahora brilla en espera
de ser comprado 
por otro falso religioso.

Se confunden mis pesadillas
con la música del drogadicto.
Él busca un respiro
debajo de las escaleras
y yo me mantengo
escondido
detrás de las persianas
espiándolo.

No he superado las madrugadas.
No he logrado tomar café en la mañana 
con otro que lo quiera hacer conmigo.
No miro a este hombre repulsivo a los ojos
por temor a parecérmele.



Desprenderse
pisar el abismo.
Sí pisarlo.
Tocar su pared con la yema de los dedos.
Es rocosa
áspera
color berenjena.
Te hacen un recibimiento de alfombra roja
esperan paciente 
a la primera arcada.
Han ido aplicándote el veneno
microscópicamente
gotas agridulces 
para que no te enteres del plan.
Eres un adicto 
y este es tu proceso de desintoxicación.
O lo rebasas
o te quedas en la ceremonia de premios
que han inventado 
los de capuchas marrón
los de sonrisas ahuecadas.
Esos que te persiguen 
desde la niñez.



La soga está encima de la cama
reposa
esperando que la tomen 
que se llenen de valentía
y la dobleguen a su cuello
mordido 
por el joven de Arizona
con olor a miel
y azufre.
Ha vestido la habitación 
con baratijas 
lucen esplendorosas 
antes los ojos inocentes.
Se muestra sin tapujos
no apaga la luz 
¡esto es lo que hay!
o lo gozas 
o te marchas.
El joven de Arizona
prometía
escudriñaba cada rincón de su cuerpo
usaba la lengua como brújula
transitaba por la espalda con destreza.
Conquistador de aridez
lobo de desierto.
El idilio duró dos semanas y una noche de embriaguez.

En esta habitación solo quedan el muerto y la soga
esperando por alguien que salve a la gata.


Veo esculturas de todo tipo
pecadores y mártires
dependiendo de la historia de cada cual.
Personas posan al lado de tiranos
le llaman héroes.
Amigos rezan a Buda
mi madre a la Virgen 
yo he dejado de hacerlo.
Poetas alaban a un hombre
encargado de dar luz verde a matar.
Eso le ha ganado un homenaje eterno
al estilo de Hollywood.
Todavía los abrazo.
Algunos sacrifican animales:
una paloma blanca para Obatalá
un gallo para Elegguá.
Las esculturas no me ofenden
son desechos fallidos de un pasado.
Un pasado sangriento.
Pero si tengo una lista de acciones que me afligen.
Un inventario típico con el comportamiento de seres humanos
creadores de tsunamis
y destructores de países enteros.
El hombre en la esquina llamándome “pato”
es real.
La plaga del Castrismo que nunca acaba.
Eso también es real.
No me ofende 
cuando alguien escoge helado de fresa
habiendo el chocolate de siempre. 
Prefiero un trozo de bronce muerto
en vez de los alaridos constantes
de ambos lados de la controversia.
La conveniente oportunidad para una foto
odiosas consignas de “destituir” o “viva”.
Me disgustan
siendo igual la raíz de su origen.
Pero lo peor de aceptar
es la bofetada constante.
Lo que anduviste.
Lo que serás.




Es domingo y uno debe barrer los pisos de madera 
lustrarlos 
aunque es imposible de borrar la evidencia.
Aquí han vivido asesinos.
Dentro de estas cuatro paredes 
salpicadas por la angustia
han masacrado sueños.
Es evidente del derrumbe que ha existido.
Apuntalados han permanecido.
Esta casa es una carnicería de barrio
las moscas se amontonan
sobre los muslos rollizos
sobre los pies deformes
entre las grietas que ha ido creando
la decepción.



No tuvo pasado.
No ha tenido historia.
No trajo consigo un recuerdo.
No viajó como lo hacen ahora… con equipaje.
No logró sacar ningún tipo de memorabilia 
para luego venderla en Ebay.

En el camaronero no cabían las maletas.
La furia del océano no permitía traer ni un verso.
La ropa fue tirada a la basura al desembarcar
sus manchas de orina y vómito tampoco sobrevivieron
a la tía pulcra y su lejía.

Hay una fosa común en su interior.
Los barbudos le robaron sus primeros diez años.
El Norte se ha encargado de la tortura restante.

¿Qué se hace con lo que ahora somos?







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Manuel Adrián López nació en Morón, Cuba (1969). Poeta y narrador. Su obra ha sido publicada en varias revistas literarias de España, Estados Unidos y Latinoamérica. Tiene publicado los libros: Yo, el arquero aquel (Editorial Velámenes, 2011), Room at the Top (Eriginal Books, 2013), Los poetas nunca pecan demasiado (Editorial Betania, 2013. Medalla de Oro en los Florida Book Awards 2013), El barro se subleva (Ediciones Baquiana, 2014), Temporada para suicidios (Eriginal Books, 2015), Muestrario de un vidente (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2016), Fragmentos de un deceso/El revés en el espejo, libro en conjunto con el poeta ecuatoriano David Sánchez Santillán para la colección Dos Alas (El Ángel Editor, 2017), El arte de perder/The Art of Losing (Eriginal Books, 2017), El hombre incompleto (Dos Orillas, 2017), Los días de Ellwood (Nueva York Poetry Press, 2018/2020), y Un juego que nadie ve (Ediciones Deslinde, 2019).

Su poesía aparece en las antologías: La luna en verso (Ediciones El Torno Gráfico, 2013), Todo Parecía. Poesía cubana contemporánea de temas Gay y lésbicos (Ediciones La Mirada, 2015), Voces de América Latina Volumen II (Media Isla Ediciones, 2016), NO RESIGNACIÓN. Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer (Ayuntamiento de Salamanca, 2016), Antología Paralelo Cero 2017 (El Ángel Editor) y Escritores Salvajes (Hypermedia, 2019.

Ha participado en varios eventos literarios: Miami Book Fair International, XXXV Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en Ciudad México, IV Festival Atlántico de Poesía de Canarias al Mundo en Gran Canaria, España, V Festival de Poesía de Lima en Perú, Poesía en Paralelo Cero 2017 en Ecuador, en la lectura bilingüe, Poetry of the Americas, en New York Public Library, Americas Poetry Festival New York 2017, X Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, y Semana Internacional de la Poesía de Santo Domingo 2020.

En Memoria de Sergio García Cardalda “Pupy”

"Los Duendes". Año 1967. 
De izquierda a derecha: 
Sergio García Cardalda “Pupy”, 
Alfredo Martínez, 
Jaime Rivero y Rebeca Atienza.
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Sergio García Cardalda “Pupy”, músico camagüeyano, uno de los fundadores del grupo "Los Duendes" ha fallecido hoy 22 de febrero, en Louisville, Kentucky. 

Recientemente publicamos en este espacio un artículo rememorando la historia de "Los Duendes", en el que contamos con la colaboración de "Pupy". 

Nuestro más sentido pésame a su familia y amigos cercanos. Su recuerdo vivirá en los que le conocimos y admiramos.  (Janisset Rivero)



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Ver en el blog 

(Camagüey) Una mirada al Teatro Principal

El Teatro Principal fue inaugurado el 2 de febrero (según el dato en su fachada de 1850, según Juan Torres Lasqueti de 1849). Sufrió un devastador incendio el 17 de mayo de 1920. Pudo ser reabierto el 18 de marzo de 1926. En esta reedificación le fue agregada la marquesina, que luego fue retirada, entre otras reformas que se le hicieron, en la reconstrucción al que fue sometido a fines de los 70s. (JEM)

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"Teatro Principal

El notable incremento de la población, el bienestar y la prosperidad que se gozaba generalmente, en términos de considerarse el Camagiiey el pueblo más rico de la Isla, si no por sus grandes capitales, por la proporcionalidad de la extensión de su riqueza; reclamaban con urgencia la construcción de un teatro más capaz y más digno que el existente. Conocida la necesidad y concebido el pensamiento, el 26 de Setiembre de 1847 se reunió en la Sala capitular bajo la presidencia del Teniente gobernador coronel D. Juan de Orozco, una Junta de personas acomodadas á efecto de formar una sociedad que acometiera la empresa de edificar con aquellas condiciones. Acordada la suscrición de 50.000 pesos fuertes considerados suficientes para llevar a cabo la obra, se procedió á la adquisición por 3.800 pesos del extenso solar de D. Juan Rodríguez, situado en la calle de Jesús María, cuya escritura quedó otorgada en Abril de 1848; empezándose la fábrica en Octubre del propio año, dirigida por el ingeniero militar D. Juan Jérez, autor del plano del edificio, aprobado por el General Subinspector del cuerpo. A dicho Sr. Jérez se le dieron las gracias por la empresa, y se le asignaron en ella dos acciones de á mil pesos cada una. 

Contándose con todos los elementos necesarios se dió cima á los trabajos en Enero de 1849, á los 4 meses de empezados! ... y el día 2 de Febrero abrió sus puertas al público con la excelelente compañía de ópera italiana dirigida por su empresario don José Miró. Inmensa fué la concurrencia de esa memorable noche; atraida por el doble poderoso aliciente de oir los afamados actores que formaban la escogida compañía, y de gozar de la bella perspectiva del elegante decorado interior del teatro. A su hermosa fachada de arquería, reune todas las condiciones de los más notables de su clase, excediéndoles a todos en solidéz, pues sus gruesos muros hubieran sido más propios en la construcción de una casa fuerte. Es de cuatro pisos, platea, principal, tertulia y cazuela: espacioso pátio, grande escenario, anchos corredores detrás de los palcos y dos espaciosos salones de desahogo sobre las columnatas del pórtico. 

Apénas empezada la guerra, á fines de 1868, fué ocupado por la prevención del cuerpo de voluntarios, hasta el año de 1872, en que la sociedad empresaria reanudó sus trabajos, celebrando en él su primera sesión el 31 de Julio, con una junta general de accionistas." (Juan Torres Lasqueti, "Colección De Datos Históricos-Geográficos y Estadísticos de Puerto del Príncipe y su Jurisdicción", 1888). (Se ha respetado el texto como aparece escrito en la publicación original)





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Ver en el blog:

De cuando el Teatro Principal se convirtió en un almacén (por Carlos A Peón-Casas)


Una mirada a la cartelera cinematográfica en Camagüey un día cualquiera de 1951 (por Carlos A. Peón-Casas)


Un programa cinematográfico de 1939 en Camagüey (por Carlos A. Peón-Casas)


La escultura del Teatro Principal continúa esperando por su restauración (por Joaquín Estrada-Montalván)

Regresa Talía al teatro Principal, luego de casi siete años de ausencia.

Teatros y Escenarios en el Camagüey de 1909

1874
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Fines del siglo XIX
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Principios del siglo xX
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Luego de la reapertura de 1926
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1973
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Aspecto actual

Sunday, February 21, 2021

La canción de los sauces (un poema de Nicolás Guillén. Publicado en el año 1922)

       


                                    A José Varona Hernández



Adormidos sauces, llenos de misterios 
que en los laberintos de los cementerios
vuestras frentes graves hacia Dios alzáis; centinelas hoscos, pálidos guardianes; 
monjes taciturnos de amplios ademanes
que en las tumbas tristes sin saber rezáis . . .

Siempre he comprendido vuestra sinfonía
llena de recuerdos cual la pena mía, 
delicada y honda, como mi aflicción. 
Cuando mi alma escucha vuestras oraciones
desde el cementerio de mis ilusiones 
os saluda el sauce de mi corazón!

En la tarde quieta, plena de otoñales 
ritmos de suspiros y de madrigales, 
¿qué decís al viento que fugaz pasó? 
¿Le contáis tristezas en vuestro lamento? 
¡Yo sé, negros sauces, que decís al viento 
todo lo que al hombre le he contado yo!

Cuando os miro, una sensación extraña 
como extraña ola, silenciosa baña
de ensueños mi lira, mi cantar de luz. 
Y mi altiva musa se arrodilla y ora 
junto a cada sauce que en la calma llora, 
junto a cada tumba, junto a cada cruz . . . ! 

Acentuáis entonces vuestra sinfonía 
llena de recuerdos, cual la pena mía, 
delicada y honda, como mi aflicción. 
Y en la lengua muda de las oraciones 
¡desde el cementerio de mis ilusiones 
os saluda el sauce de mi corazón!

Saturday, February 20, 2021

Recetas de cocina camagüeyana incluidas en el "Nuevo Manual del Cocinero Criollo", de José E. Triay. Publicado en el año 1914

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Prólogo del Dr. Gonzalo Aróstegui y del Castillo





Guagua Escolar; Transporte del Personal; Trompito, Aspirina; ...


 

Foto del pasaporte del Vaticano de Mons. Carlos Riu Anglés (Obispo de Camagüey desde diciembre de 1948 hasta septiembre de 1964)

 


El encanto de las casas viejas (un poema de Alberto Lamar Schweyer. 1922)


¡Oh, la imagen triste de las casas viejas,
llenas del recuerdo de una antigua historia 
de amores fugaces y cosas añejas 
que se pierden lentas allá en la memoria! 

En grato recuerdo ya se ha transformado 
la figura dulce de una amada bella, 
en quien muchas veces hubimos pensado, 
a la luz dorada de lejana estrella. 

Solos los jardines, marchitas las rosas,
callada la fuente que ya se ha secado, 
tienen la tristeza que tienen las cosas 
cuando rememoran un amor pasado. 

Esas casas viejas, saben los secretos 
de muchos suspiros y mucho cariño, 
saben el origen de muchos sonetos 
que rimó un amante corazón de niño. 

¡Oh, las casas viejas! Tienen los misterios
dulces e ignorados de la evocación.
- ¡Oh, las casas viejas! Son los cementerios
donde duerme yerto nuestro corazón . . .





Friday, February 19, 2021

(Febrero 17, 1986) Discurso inaugural del ENEC, por Mons. Adolfo Rodríguez




Introducción

Cuando en 1979 Mons. Azcárate, con ocasión de una convivencia de sacerdotales en El Cobre, en que trataron precisamente el tema de la esperanza, propuso el proyecto de una reflexión nacional, que él mismo denominó entonces “de quijotada”, nadie pudo imaginarse en aquel momento que aquella “quijotada” iba a convertirse un día en realidad; y que aquella titubeante idea iba a ser la chispa primera de una gran hoguera espiritual que envolvería a toda nuestra iglesia cubana, y de la que hoy nosotros, aquí reunidos, somos como una prueba. Verdaderamente, lo que alguna vez ha sido pensado, es ya desde este momento una realidad.

Ya desde aquel momento fue una realidad este ENEC que se celebra hoy aquí, providencialmente dentro de este Año Internacional de la Paz; a los XX años del Concilio Vaticano II; en el 50 aniversario de la coronación canónica de la Virgen de la Caridad; en momentos en que una cruz que nos entregó el Papa y que es réplica de la primera cruz que en 1514 se plantó en tierra americana, recorre nuestra isla y hace alto aquí para presidir esta asamblea; y en el 133 aniversario de la muerte del P. Varela, el cubano de quien se dijo que mientras se piense en Cuba, se pensará en el primero que nos enseñó a pensar.

Aquí se encuentran hermanos de Pinar del Río y de La Habana, de Matanzas y de Cienfuegos-Santa Clara, de Camagüey, Holguín y Santiago, en un extraño encuentro que no reúne pinareños con holguineros, santiagueros con villaclareños, laicos con sacerdotes, sino católicos cubanos a secas, sin divisiones artificiales, que vienen trayendo algo de sus vidas para buscar juntos cómo puede la Iglesia construir en Cuba la comunión con Dios y con el pueblo cubano del que formamos parte.

Detrás de cada sacerdote presente están todos los sacerdotes de Cuba ausentes; detrás de cada religiosa presente están todas las religiosas de Cuba ausentes; detrás de cada laico, hombre o mujer, joven, adulto, obrero, campesino, profesional, estudiante… están todos los laicos cubanos católicos. A ellos los representamos; a ellos nos debemos; sin ellos nuestra presencia aquí no tiene sentido. Menos aún lo tendría al margen de ellos o contra ellos: contra sus anhelos, sus expectativas, sus opiniones, sus esperanzas que no podemos defraudar.

Largo y no fácil ha sido el camino de estos cinco años de reflexión eclesial para una Iglesia con muchos problemas, de solo 200 sacerdotes, con medios escasos, recursos pobres, elementos sencillos; pero que, a pesar de sus limitaciones, ha logrado realizar este acontecimiento histórico, una Iglesia que no puede decirle al Señor, y menos en este día: “Señor, tú a nosotros no nos has dado nada”, porque este encuentro nos prueba que nos ha dado el milagro mayor, el más misterioso y difícil, el llamado “milagro de las manos vacías”, que son las manos capaces de dar aun lo que no tienen. La primera sorprendida por este encuentro y por este documento de trabajo, ha sido la misma Iglesia.

Los dos ejes orgánicos del ENEC

El ENEC nació con dos ilusiones fundamentales en su corazón: la ilusión de ser imagen fiel de nuestro maestro, Jesucristo, de quien la Iglesia es inseparable porque de Él recibe su esencia y su existencia y con ellas su misión; de quien es sacramento universal de salvación porque ella ocupa el lugar de Él sin desplazarlo; y nace también con la ilusión de servir mejor a nuestro pueblo cubano: a su felicidad, a su unidad nacional, a su progreso, a su carácter y su historia, sus sacrificios y esperanzas, sus peligros y problemas. Este pueblo a quien, como cristianos, tenemos algo que aportar que entronca con las raíces mismas de nuestra nacionalidad cristiana, mestiza, isleña y cubana.

Estas dos actitudes de fidelidad a Cristo y a Cuba, quieren ser los ejes orgánicos de nuestro ENEC, y en esta inauguración los obispos de Cuba, en cuyo nombre hablo, y cuyos sentimientos expreso, quieren exhortar con sincero afecto a todos a actuar siempre en sintonía con esta institución que está en el origen mismo del ENEC.

El ENEC como celebración

Durante estos cinco años hemos oído repetir a sacerdotes, religiosas y laicos, y con mucha insistencia, que el ENEC no debe ser una reunión más sino una celebración de la Iglesia cubana. Estamos ya en esa celebración, en esa fiesta que es de todos los cubanos, porque la historia demuestra que cuando la Iglesia está contenta, los pueblos están contentos también.

Una celebración que proclama su fe en Cristo, en quien creemos más que en todo; incluso más que en este mismo ENEC. En Él, en sus palabras y hechos, queremos buscar juntos nuestras actitudes de Iglesia para hoy y para aquí. El ENEC no puede tener otra intención que la de seguir la misma ruta de Cristo, que es el mismo siempre, pero tiene mil modos diferentes de llamar a su Iglesia para que cumpla su misión en este mundo, conociendo todas las posibilidades, aún las más dolorosas, hasta que llegue a su plenitud.

Una celebración que proclama nuestra fe en el evangelio como la gran noticia para cualquier hombre por muy vulnerable que sea, porque este evangelio nos da la prueba del amor del Padre, tal como lo describe la parábola del padre misericordioso.

Una celebración que proclama lo que Pablo VI llamaba: “la fe en el hombre y en la fuerza innata del bien”, que es más fuerte que el mal, como el amor es más fuerte que el odio; como la vida es más fuerte que la muerte.

Una celebración que proclama, sin bajar de pena la cabeza, el respeto a nuestra identidad cristiana, como hizo el hombre del tesoro del evangelio que, para no perderlo, está dispuesto a perderlo todo.

Una celebración en fin, que proclama nuestra fe en la Iglesia, pero no en la Iglesia abstracta, teórica, ideal, planetaria, de meras palabras teológicas, sino en la Iglesia concreta, práctica, real, que se llama la Iglesia de Dios en Cuba, hermosa o arrugada, contenta o apenada; santa y a la vez pecadora, perfecta y a la vez perfectible; por tanto, una Iglesia continuamente juzgada por el Evangelio y llamada a la conversión y a la santidad de vida a cuyos méritos nosotros apelamos día a día cuando le decimos al Señor: “no mires nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia”.

Las claves del ENEC

Una Iglesia que quiere ser misionera porque si no lo fuera sería como una secta que va derecho al fariseísmo y dejaría de ser la Iglesia. Que quiere ser signo de comunión porque si no lo fuera sería como un arca de Noé, con una parejita de cada especie, y dejaría de ser la Iglesia. Una Iglesia que quiere ser encarnada porque si no lo fuera, entonces sí sería “el opio del pueblo” y dejaría de ser la Iglesia.

Y si como lo han intuido todas las asambleas diocesanas, nuestra Iglesia en Cuba quiere ser misionera y signo de comunión, entonces tiene que ser necesariamente la Iglesia de la apretura, del diálogo, de la participación, de la mano extendida y de las puertas abiertas, del perdón, de la diaconía; la Iglesia que “lava los pies” como el maestro (Jn 13, 5), que camina dos millas con el que le pide caminar una; que da el manto también al que le pide la túnica y que pone “la mejilla izquierda al que le pega en la derecha” (Mt 5, 39), es decir, la Iglesia que sale en esta vida con algo siempre inesperado: la serenidad, la comprensión, el amor.

Cuando leemos el “Documento de Trabajo” nos parece que no se trata de buscar en este ENEC criterios ni principios nuevos; nos bastan los de siempre, que son los del evangelio y que son los mismos que vienen de las asambleas diocesanas. 

Se trata, más bien, de buscar cómo aplicarlos pastoralmente a la realidad concreta nuestra. Se trata de que toda la enorme experiencia de fraternidad, servicio, unidad, solidaridad, alegría, esperanza contra toda desesperanza… que llevamos 27 años viviendo intraeclesialmente, la abramos a todos los demás y la brindemos para que los hombres se sirvan de esta experiencia en la medida que su libertad personal lo reclame.

Cuando leemos las “líneas de fuerza” de nuestras asambleas diocesanas, comprobamos que nuestros católicos no han hecho otra cosa que cambiar acentos, enfatizar aspectos, renovar perspectivas, leer signos nuevos dentro de una fundamental continuidad con el pasado y con el evangelio para cumplir mejor nuestra misión en esta tierra cubana que es la tierra buena del evangelio donde basta tirar la semilla para verla crecer y florecer.

Nuestros cristianos optaron desde el primer momento por el diálogo, cuando el diálogo no era todavía más que una nostalgia. Optaron por la apertura cuando las puertas parecían estar cerradas y las cortinas bajadas; optaron por la evangelización cuando no íbamos en nuestra pastoral más allá del llamado “testimonio silencioso”; optaron por la encarnación cuando se decía que la religión no puede formar ciudadanos buenos porque su carácter sobrenatural los hace sospechosos en asuntos de carácter natural.

Por tanto, ningún acontecimiento anterior al ENEC tuvo que cambiar precipitadamente el giro de las opciones originales de los católicos cubanos, como ningún acontecimiento posterior al ENEC, sea adverso o favorable, debiera cambiar estas voluntad unánime e intuición evangélica de los católicos cubanos que dijeron: 

sí a la apertura, que se abra espacios nuevos al evangelio; sí al diálogo, que sea sincero y realista, hacia fuera y hacia adentro; sí a la encarnación que sea no como dogma abstracto; sí a la evangelización… como también dijeron sí al respeto irrestricto a la propia identidad cristiana. Si nada hubiera sucedido en el camino, aquel ENEC hubiera sucedido exactamente igual a este. Cualquier signo posterior o anterior no haría más que reformular lo ya formulado, reexplicitar lo ya explicitado.

Algunos presupuestos

Antes de empezar nuestra asamblea, los obispos consideramos conveniente recordar o clarificar tres puntos, que son propiamente nuestros, porque vienen del mismo sentir de las asambleas diocesanas:

1.- El ENEC no va detrás de un documento deslumbrante, aunque habrá un documento que pertenecerá al tesoro de la Iglesia cubana y en el que la Iglesia cubana quiere inscribir su acción pastoral. El ENEC tampoco va detrás de una fiesta, aunque es una celebración festiva de la Iglesia.

El ENEC nació como un espíritu nuevo en nuestra Iglesia y este espíritu es más importante que los papeles y que la fiesta. El ENEC cumplirá realmente su objetivo cuando este espíritu penetre en el corazón de la Iglesia, en su vida, instituciones y personas. El ENEC es el pulmón de la Iglesia cubana, su conciencia reflexiva, su respuesta bajo la inspiración docente del Espíritu Santo a las necesidades nuevas; y este espíritu es el que evitará la parálisis, la anarquía y la falsificación en nuestra acción pastoral, que es el objetivo priorizado de esta reflexión.

De más está decir que el ENEC tampoco debe pasar a la historia como un juicio, que pertenece solo a Dios. No es seguro que un hombre o una institución o un sistema puedan cambiar desde fuera el rumbo de otro mediante la fuerza o mediante la condena. Todavía pesan en la memoria el recuerdo costoso de épocas en que pretendimos combatir el error mediante la Inquisición, y tampoco dio resultado. Finalmente, mediante la apologética, y tampoco dio resultado. En nombre de la verdad o de la eficacia no se puede abdicar del amor y “el amor aventaja siempre al juicio” (Sant 2, 13).

2.- El ENEC significa solo una etapa intermedia, orientada hacia otras etapas intermedias, hasta la meta que nos trasciende y que trasciende a la Iglesia misma. No es un final sino un nuevo comienzo. Quiere ser profético, sugerente, programático: mirando a largo plazo. Por tanto, la intuición profunda del ENEC hay que realizarla en la paciencia de la Iglesia, que espera siempre, aun en la noche.

Dios no lo da todo en esta vida. Y el ENEC tampoco. Nada en esta vida es hasta hoy y desde hoy: la vida se teje de pasos y el ENEC también. No puede el ENEC tratarlo ni agotarlo ni resolverlo todo. Lo único que el ENEC puede es cumplir lo que enseñó el Señor: “Caminar hoy el camino de hoy y mañana el de mañana, sin pretender ver el camino entero”.

La pregunta está latente: ¿qué pasará históricamente en la Iglesia cubana después del ENEC? Tal vez mañana nos pueda parecer que no ha pasado nada; que el sol sigue saliendo por donde ha salido siempre; que todo sigue igual: como en la bendición del ministro; como en la consagración de la eucaristía, que parece que no ha pasado nada, pero sí ha pasado.

Se puede fallar en esta vida por ir despacio, pero también por ir de prisa. Este es el primer ENEC. ¿Por qué tiene que ser el último? Los católicos cubanos tienen fama de ser muy generosos, siempre será más fácil pedirle paciencia a los generosos que pedirle generosidad a los impacientes.

3.- Si alguien tuviera aquí alguna preocupación por el clima que reinará en esta asamblea, es porque ha olvidado muchas cosas. 

Ha olvidado el clima que reinó en las asambleas parroquiales, vicariales, zonales y diocesanas durante cinco años. 

Ha olvidado que somos cubanos, hijos de este pueblo educado en tradiciones muy liberales y muy tolerantes, capaz siempre de oír, de atender, de respetar.

Habrá olvidado la calidad humana y espiritual de nuestros sacerdotes, religiosas y laicos cubanos, de quienes la Iglesia se siente muy orgullosa, capaces de elaborar un documento de trabajo como éste, que es el más eclesial y a la vez el menos clerical de nuestra historia cubana.

Son muchos los motivos para asegurar de antemano que aquí nadie viene a oírse a sí mismo, a pescar para sí, a tocar trompetas precipitadas en esta hora que no es de clarinadas sino de coherencia, de realismo y de servicio.

Muchos son los ojos del mundo entero puestos hoy en la Iglesia cubana que parece convertida en este momento como en un eje universal. Y es que Cuba, su Iglesia, su estado, sus hombres, tenemos una oportunidad y responsabilidad compartida de ayudar a una evolución general del mundo.

Tenemos confianza en Dios, pero tenemos también confianza en ustedes. 

Durante estos 27 años la Iglesia cubana ha puesto en las manos de los laicos las cosas más queridas y más santas; las cosas a las que la Iglesia le da la máxima importancia; les puso en las manos la eucaristía para que la llevaran a los enfermos; la Sagrada Escritura para que la leyeran en la asamblea; las celebraciones de la Palabra para que las presidieran; la economía de las parroquias para que las administraran. Con la misma confianza, la Iglesia cubana les pone ahora en las manos su futuro, segura de la responsabilidad y seriedad, de la serenidad y coherencia, de la obediencia y objetividad de ustedes.

La buena voluntad de la Iglesia se prueba en admitir la diversidad de la unidad y la igualdad en la diversidad, bajo esta regla universal de oro de la Iglesia: “In certis unitas, in dubis libertas, in omnibus charitas”. (‘En las cosas ciertas: unidad; en las cosas dudosas: libertad; en todas las cosas: caridad’.)

La reflexión del corazón

Hermanos: necesitamos reflexionar en este ENEC con la cabeza pero sin ahogar las razones del corazón. Primero, porque el Señor nos enseñó a ver con el corazón lo esencial, lo profundo, y se queja cuando el hombre piensa solo con la cabeza: “no hay quien piense con el corazón”, dice Isaías; pero, además porque el lenguaje del corazón es más fácil de entender a todo hombre, en particular al cubano, que es cordial, afectivo, sentimental, poco vengativo, poco rencoroso, que no guarda mucho tiempo las cosas, como reflejaron las encuestas preparatorias del ENEC.

Nadie encontrará en el documento de trabajo el espíritu de revancha, el resentimiento y la recriminación, las ganas de insistir en las heridas o el vocabulario férreo del hijo mayor de la parábola. Tampoco encontrará la estrategia fría, ni el doblez de intenciones, ni el cálculo egoísta, ni los compromisos falsos, ni las formas prepotentes. Tampoco el angelismo cándido, el triunfalismo vacío, el acomodamiento insincero o el optimismo simplista del que se pone algodones en los oídos para encubrir nuestros propios errores y para desconocer los errores de los demás.

El documento de trabajo no quiere alentar más el miedo que paraliza, la desconfianza que lastra, la cobardía que disfraza o el complejo que inhibe. No cae en el error de reduccionismos en materia de fe, poniéndola al lado o frente o en competencia con otras ideologías como si la fe fuera una experiencia reductible a cualquier otra experiencia humana.

No aspira nuestro ENEC a una reconquista de poderes, a un rescate de posiciones, favores o privilegios para la Iglesia. La Iglesia no quiere otra cosa que el espacio necesario para cumplir su misión, para dar también su juicio ético, moral, no político, aún sobre problemas no estrictamente religiosos, pero sí humanos, lo cual no constituye un privilegio sino un derecho y un servicio: el derecho que tieneel hombre a recibir la Palabra de Dios y a iluminar toda su vida con la luz de esta Palabra. La Iglesia quiere anunciar, en franca amistad, su fe a todos los hombres, aún a aquellos que la consideren enemiga, porque ella no quiere sentirse enemiga de nadie. La Iglesia, en fin, espera que la fe deje de ser aquí un problema, una debilidad o un diversionismo ideológico; y que el futuro no se parezca al pasado.

Y para llegar a esto, la Iglesia no tiene otro modo y otro lenguaje que el modo y el lenguaje del corazón.

La esperanza de la Iglesia 

El espíritu nos va a conducir por sus caminos que no son nuestros caminos, a esa imitación cada vez más fiel de Jesucristo y a esa comunión cada vez más estrecha con nuestro pueblo cubano, con quien compartimos un mestizaje de fe, cultura y raza, y compartimos la dicha de haber nacido aquí.

Los cubanos, por nuestro carácter, somos capaces de construir cualquier cosa en común; y vamos a construir este camino del Espíritu felicitándonos por tantas cosas que salen bien en nuestra patria y preguntándonos qué podemos humildemente hacer para que las que salen mal, salgan bien.

Abierta a la imprevisibilidad del Espíritu, la Iglesia cubana quiere ser la Iglesia de la esperanza: que recuerda el pasado, vive el presente y espera el futuro.

Tenemos una esperanza y queremos dar palabras de esperanza a los que las pidan, a los que las necesiten, a los que han fijado sus miras solo en lo terreno como límite a sus aspiraciones humanas y sienten como que les falta algo. No tenemos ni la primera ni la última palabra de todo, pero creemos que existe una primera y una última palabra de todo y esperamos en Aquel que la tiene, el Señor. En Él miramos con serena confianza el futuro siempre incierto, porque sabemos que mañana, antes de que salga el sol, habrá salido sobre Cuba y sobre el mundo entero, la providencia de Dios.





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Ver en el blog


Los Enamorados (un poema de Thelma Delgado)




Se encontraron como cada noche
Ahí, en su secreto jardín
El la tomó de la mano,
Y besó sus labios de carmín.

Las luciérnagas indiscretas
Escuchaban a los enamorados
Y cuando el dijo - Te amo
Los lirios se ruborizaron.

La luna los contemplaba
Con ternura, con cariño
Y se escondió detrás de una nube
Cuando ella a Él le hizo un guiño.

Se fueron los enamorados
De aquel, su secreto jardín
Pero su amor quedó grabado
En el tronco de un roble
Y en el corazón del jazmín.




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Ver

I Love Rock ’n’ Roll (Alan Merril. February 19, 1951 – March 29, 2020)

Alan Merrill and the Arrows
Version Original (A-Side), 1975
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Alan Merrill and the Arrows
Version Original (B-Side)
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Alan Merril, 2010
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Joan Jett
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Britney Spears
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Miley Cyrus
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I Love Rock ’n’ Roll,
the Story Behind the Song

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Singer, guitarist, and songwriter, Alan Merrill, passed away on Sunday, March 29, 2020. Alan was always there for the people he loved and his gentle and joyful soul will live on forever across the airwaves in his music. (www.alanmerrill.com)

Thursday, February 18, 2021

La Amabilidad (por Isabel Esperanza Betancourt. En la prensa camagüeyana, año 1923)



"La amabilidad es el encanto de la vejez", ha dicho un escritor y podríamos añadir, sin temor a equivocarnos, que es el encanto de todas las edades. 

La belleza altiva se admira de lejos, pero no atrae ni cautiva como la que es menos bella que tenga un semblante agradable y risueño. 

La sabiduría se desdeña a veces; pero la bondad en palabras y acciones se estima siempre. 

Las buenas palabras no cuestan dinero.

¿Por qué se escatiman tanto conociendo el bien que con ellas podemos hacer? 

Una dádiva fría, sin una frase amable resulta enojosa; acompáñesela con una sonrisa, con una palabra bondadosa y tendrá doble valor. Ellas suavizan las negativas, calman los dolores, confortan el espíritu, consuelan al pobre y animan al que se siente abatido por la desgracia. 

La doctrina del Nazareno es de dulzura y benevolencia, caridad y perdón, amor a todos los seres; siguiendo el ejemplo de la naturaleza que da mayor protección a los seres más indefensos y desvalidos.

Generalmente sucede lo contrario, mientras más favorecidos somos de la suerte, más nos alejamos del pobre, más nos encerramos en la altivez y el egoísmo, creyendo que en la fortuna consiste la superioridad; y olvidamos la benévola doctrina de Cristo, que sacrificó su vida por amor a la humanidad. 

Todos hemos sentido el encanto de un recibimiento cordial, de una sonrisa amable, de una frase afectuosa. Nos cautivan y encadenan de tal modo que no quisiéramos separarnos nunca de los seres que nos aman; y en cambio causa disgusto verse entre personas hostiles a quienes no inspiramos simpatías o les somos indiferentes. 

El amor a la Patria está unido íntimamente al de los seres que amamos. "El desterrado por do quiera está solo" ha dicho un autor. La indiferencia, la frialdad de nuestros semejantes la sentimos también en el alma y no hay duda que sólo el amor, la amabilidad, el cariño nos dan la felicidad.

(Bohemia. Marzo 2, 1947) "Lucky" Luciano, llegó de Europa por Camagüey


 

Wednesday, February 17, 2021

(Camagüey) Foto de la Presidencia da la Convención Nacional Rotaria de 1932


"Camagüey.- Presidencia da la Convención Nacional Rotaria de 1932, celebrada en los salones de la Benemérita Sociedad Popular de Santa Cecilia. De izquierda a a derecha: Antonio ALMENDROS BOZA, secretarlo de. la convención; Alfredo CORREOSO, presidente: John NELSON, delegado del Rotary Internatlonal; Mario MURO, gobernador del Vigésimo Quinto Distrito Rotario; Luis MACHADO, director del Rotary International, y Carlos GARATE, delegado del Rotary Club de La Habana. (Foto Puzo). Carteles. Mayo 1932."
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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