Thursday, December 3, 2020

Carlos J. Finlay (por Frank de Varona)

Carlos Juan Finlay de Barrés nació en Camagüey, Cuba, el 3 de diciembre de 1833. Cien años después de su nacimiento se escogió el día del cumpleaños del descubridor de la cura de la fiebre amarilla para honrar a los médicos en las Américas. Finlay estudió en Francia de joven y más tarde se graduó en el Colegio de Medicina de Jefferson en Filadelfia, Estados Unidos, en 1855. Regresó a Cuba después de su graduación y revalidó su título en la Universidad de La Habana. Practicó medicina en varios lugares en Cuba. En 1860 y 1861 hizo estudios adicionales en París.

Dr. Finlay se interesó muy pronto en encontrar la cura a la fiebre amarilla viendo cuantos miles de personas se enfermaban y se morían de esta terrible enfermedad en los trópicos. Después de llevar a cabo cientos de experimentos durante muchos años, Finlay concluyó que el transmisor de la fiebre amarilla era un mosquito que él llamó Culex (después conocido como Stegomya Fasciata y ahora como Aëdes Aegypti).

La teoría de Dr. Finlay de la transmisión de la fiebre amarilla a través de un mosquito fue rechazada una y otra vez durante años por congresos mundiales de salud y miles de personas continuaron muriendo de esta enfermedad. Dr. Finlay asistió a la Conferencia Internacional de Sanidad en Washington, D.C. en febrero de 1881 y presentó su teoría la cual fue rechazada. En abril de 1888 una comisión estadounidense llegó a Cuba para investigar la fiebre amarilla y Finlay una vez más presentó su teoría que fue otra vez ignorada.

Durante el primer gobierno interventor estadounidense en Cuba otra comisión sobre la fiebre amarilla fue nombrada por el gobierno de los Estados Unidos e incluyó a los doctores Walter Reed, James Carroll, Arístides Agramonte y Jesse Lazear. Dr. Walter Reed, quien era el presidente de esta comisión, como otros médicos anteriores, no le prestó atención a la teoría de Finlay y se preparó para irse de Cuba. Sin embargo un evento hizo que tuviera que aplazar el viaje de regreso. El 31 de julio de 1900 Dr. Finlay estaba visitando a un joven médico naval. Dr. John Ross, quien había sido nombrado director del hospital Las Animas. Una vez más Dr. Finlay le dijo a su amigo Dr. Ross que para terminar con la fiebre amarilla todo lo que había que hacer era separar a los enfermos del mosquito Stegomya. Dr. Ross le preguntó, “¿Cómo usted se puede explicar que en este hospital nadie se ha contagiado trabajando con tantos pacientes que tienen fiebre amarilla y con tantos mosquitos?” Finlay le respondió: “Fumigue este edificio y mañana le probaré a usted que el mosquito Stegomya Fasciata no está presente en este lugar.” Al día siguiente después de fumigar concentraron cientos de miles de mosquitos muertos en el piso y en los muebles. Sin embargo ninguno de ellos era el mosquito que Finlay decía que era el transmisor de la fiebre amarilla.

El Dr. Ross convencido de que Finlay estaba correcto fue a ver al General Leonardo Wood, gobernador de Cuba, a explicarle lo sucedido en su hospital. El General Wood tenía una cita ese mismo día con Dr. Walter Reed. El general le pidió al Dr. Reed que examinara le teoría del Dr. Finlay y éste le contestó: “General, esa idea no tiene fundamento científico. Además, ya hemos gastado todos los fondos.” El General Wood ordenó que se transfirieran $10,000 de otra cuenta y le ordenó a Dr. Walter Reed que trabajara con Dr. Finlay.

Al Dr. Finlay se le pidió su colaboración y éste le dijo a uno de sus amigos:
Al fin confirmarán la teoría del mosquito. ¡Cuánto la ciencia se beneficiará! He esperado 19 años por este momento, pero al fin vamos a derrotar el dolor y la muerte causada por la terrible fiebre amarilla y el progreso no se detectará ante este implacable enemigo.
Dos médicos, Dr. Carroll y Dr. Lazear, se dejaron picar por el mosquito Stegomya y ambos se enfermaron. Dr. Lazear murió a los diez días. Al fin se escuchó a Dr. Finlay, aunque en ninguno de los reportes oficiales de la comisión estadounidense se incluyó su nombre. Dr. Reed se cogió la fama de ser el destructor de esta terrible enfermedad y en muchos libros aparece su nombre como tal.

El gobierno interventor de Estados Unidos ordenó la destrucción de este mosquito a través de Cuba y se erradicó esta terrible plaga. Dr. W.C. Gorgas hizo igual en Panamá lo cual permitió la construcción del canal interoceánico.

En Cuba Dr. Finlay fue honrado por la Academia Cubana de Ciencias y por el General Leonardo Wood. El gobierno de Cuba lo nombró Jefe de Sanidad y Presidente de la Junta Superior de la misma. Dr. Finlay murió en La Habana, Cuba, el 20 de agosto de 1915 reconocido por todos los cubanos como un gran científico. Después de su muerte fue reconocido por varios congresos internacionales de medicina como el verdadero descubridor de la transmisión de la fiebre amarilla a través del mosquito.

Existen numerosos monumentos por todo el mundo en memoria de este insigne científico camagüeyano y en París hay una calle que lleva su nombre. Hoy en día los médicos cubanos honran la memoria de este gran científico cubano que a pesar de que sus teorías fueron rechazadas e ignoradas durante años nunca cesó de insistir que él tenía la cura de esta horrible enfermedad. Gracias a él la humanidad se libró de una terrible plaga.

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Frank de Varona is an educator, historian, journalist, and internationally known expert on politics, economics, foreign affairs and national security issues. He was born in Cuba and, at the age of 17, he participated on the Bay of Pigs invasion in an effort to eradicate communism in Cuba. After spending two years in prison, he returned to the United States, where he earned three college degrees. He is married and has a daughter and a grandson.

Mr. de Varona had a 36-year career in the Miami-Dade County Public Schools as a social studies teacher, principal, region superintendent, and associate superintendent of instruction. He also was an associate professor of social studies in the College of Education at Florida International Education for seven years. Currently, he is a part-time Adult Education Coordinator in the Miami-Dade County Public Schools.

He has written 20 books and many articles in newspapers and magazines. Among his books are Hispanics in U.S. History Volume 1 and Volume 2 (1989), Hispanic Presence in the United States (1993), Latino Literacy: The Complete Guide to Our Hispanic History and Culture (1996) and Presencia hispana en los Estados Unidos: Quinto Centenario (2013). Mr. de Varona is the only Hispanic in the nation who has written three books in Spanish about Barack Obama: ¿Obama o McCain? (2008), El verdadero Obama (2010) and ¿Obama o Romney? (2012).

Calles y callejones de Camagüey: Callejón de los Ángeles o del Cañón, Finlay (por Marcos A. Tamames-Henderson)

Nota del blog: Texto publicado en el blog, gracias a la cortesía de Marcos Antonio Tamames-Henderson, una selección de su libro Calles y callejones de Camagüey. Entre la leyenda y la historia.  


Foto/Blog Gaspar, El Lugareño (by Carlos Peón)
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El callejón de los Ángeles está definido por la cuadra que enlaza a la calle de La Reina y la de La Merced. Lasqueti asocia su nombre a la presencia en él de muchachas cuya hermosura era comparable con la de los ángeles, al tiempo que reconoce como primigenio del Cañón, avalando su permanencia a finales del XIX “por tener uno de los de grandes dimensiones sirviendo de guarda cantón en una de sus esquinas”. 

La primera polémica que se establece en el modo de nombrarlo está relacionada con su tipología y es protagonizada por los vecinos, según anuncia la prensa local el 25 de enero de 1888:
No es callejón. Pedimos que al Callejón de los Ángeles no se le llame callejón porque aunque de poca extensión, tiene la amplitud necesaria para que se le concedan los honores de calle. Muchas de este pueblo no son tan anchas. En cuanto a llamarle de los Ángeles, concedido, porque viven por allí muchas muchachas bonitas y graciosas. Llámesele, pues, Calle de los Ángeles.
¿Estaría detrás de este reclamo el quehacer de Lasqueti? Téngase en cuenta que su obra se publica justamente ese año.
El reconocimiento en esta calle al eminente científico Carlos J. Finlay tiene como punto de partida oficial la sesión del Ayuntamiento celebrada el 27 de agosto de 1915, cuando se da lectura de una carta enviada por vecinos y propietarios del callejón en la que comunican:
Que uno de los medios más usuales de que los pueblos se valen para perpetuar la memoria de aquellos de sus hijos que de alguna manera le han dado honra y prestigio a la patria, es sin dudas, designando algunas de las calles de la ciudad con el nombre de aquel a quien se requiere consagrar; y habiendo fallecido recientemente en La Habana el Dr. Finlay, hijo de este pueblo, que tanto se distinguió por sus éxitos científicos y sus sentimientos humanitarios parece indicado se consagre su memoria a la posteridad por el medio indicado. Se añade a dicho comentario la solicitud de que se sustituya el nombre del callejón por el de calle llamándola «Finlay» en lugar de Callejón de Los Ángeles o Del Cañón, como generalmente se le conoce”.
La carta está fechada el 23 de agosto y firmada por Pedro Garciarena, Juan Mandri, Francisco Duque Estrada, Carlos Guerra y otros. La propuesta se aprueba por unanimidad con la recomendación de colocar “dos planchas, una a la entrada y otra a la salida con el nombre “Finlay” para lo cual se vota un crédito de seis pesos con cargo al Capítulo de Imprevistos”. El acuerdo fue avalado por el alcalde municipal Félix de Quesada el 2 de septiembre de 1915. 

Importantes antecedentes existían en los lazos de la municipalidad y el científico, recuérdese que el 6 de noviembre de 1907 en su seno se designó al Dr. Eugenio Sánchez Agramonte para que representara a la municipalidad en el solemne acto de entrega de la medalla Mary Kingsley al sabio cubano, ocasión en la que el alcalde primero, Dr. Antonio J. de Moya, propuso la adquisición de un buen retrato del Dr. Finlay para el salón de sesiones del Ayuntamiento.

Pero tampoco resultaba el callejón de los Ángeles un espacio muy digno para recordar a una figura de la talla de Carlos J. Finlay pues si bien el 3 de diciembre de 1943 el Club de Leones de Camagüey había colocado una placa en la fachada del ecléctico inmueble número 15 moderno, considerada entonces como su casa natal, en la que se destacaba el médico como “descubridor del agente transmisor de la terrible fiebre amarilla” y “gloria de las Américas, a quien tanto debe la humanidad”; otra postura asumirían los miembros del Ayuntamiento unos meses después, el 10 de mayo de 1944, cuando acordó poner su nombre a la plaza de La Merced, ya rebautizada como Charles A. Dana, transfiriendo el nombre del norteamericano al callejón de los Ángeles.

De la resonancia del científico Finlay en la toponimia urbana internacional consta la comunicación enviada a la cámara municipal el 10 de febrero de 1947 que informa que “el Boletín Rotario de La Habana publicó la noticia de que el Club Rotario de Tegucigalpa, Honduras, le dirigió petición al Consejo del Distrito Central de la Ciudad el darle el nombre del camagüeyano Dr. Carlos J. Finlay a la calle que pasa por frente a la Dirección de Sanidad y a la Plaza contigua El Carrusel. Petición no solo confirmada por el Ayuntamiento sino también agradecida mediante correspondencia. Pero la suerte ya estaba echada y aunque pequeño resulta cotidiano reconocer este callejón con el nombre Finlay, mientras de los Ángeles o del Cañón han quedado como una curiosidad histórica cultural. Por otro lado, su valor patrimonial se reforzó al desbordar su integración al CH para convertirse en uno de los derroteros del área PCH. 

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Marcos Antonio Tamames-Henderson (Jamaica, Guantánamo, 1961). Lic. Historia del Arte (1997), MSc. en Historia del Arte y en Conservación y Rehabilitación de Centros Históricos (2007). Miembro de la Uneac, Unaic, Unhic. La Editorial Ácana ha publicado sus libros De la Plaza de Armas al Parque Agramonte. Iconografía, símbolos y significados (2001, 2da ed. 2003); Tras las huellas del patrimonio (2004); La ciudad como texto cultural. Camagüey 1514-1837 (2005); Una ciudad en el laberinto de la ilustración (2009) y La cofradía de los signos urbanos (2012). Premio Especial Roberto Balmaceda (Uneac, 2002), Juan Marinello (2006), Juan Torres Lasqueti (2005, 2010, 2011 y 2012), Ensayo Histórico Enfoque (2007), Crítica Histórica José Luciano Franco (2005), Publicaciones, teoría y crítica en el V Salón de Arquitectura (2005) y Jorge Enrique Mendoza (2004), entre otros.

Anuncio de Carlos Finlay en el "Diario de la Marina". Octubre 1868.



"Doctor D Carlos Finlay, recibe en su gabinete de consultas calle del Empedrado número 7, de 11 á 2 del día y en su casa calzada del Cerro 753, de 7 á 8 de la mañana".

Diario de la Marina. Octubre 1868

Wednesday, December 2, 2020

La imagen del Cristo Rey que vela por Camagüey (por Carlos A. Peon Casas)



El 31 de octubre de 1937 tiene un significado especial para la ciudad de Camagüey. Pocos, sin embargo, sabrán por qué. Si adelantara que se trató de un acontecimiento que marcó el corazón de los camagüeyanos, pero que aún más, marcaba en signo de fe a todo un pueblo, quizá estuviera dando una pista. El hecho acaecido tuvo, a no dudarlo, una relevancia que trascendió, y que fue más que un muy lucido acto social, del que se hicieran ecos las crónicas sociales de la época. Su sentido, el más profundo, comprometía no sólo la parte emotiva de los lugareños, sino que era en esencia, un acto de muy profunda reverencia y abandono a la Misericordia Divina. Ese día se consagraba nuestra ciudad y nuestra provincia de Camagüey a Cristo Rey. Por ello y a pesar del tiempo y del olvido, voluntario o no, hoy podemos con la misma intención, reeditarlo.

Ese domingo, los ojos de todo curioso que atravesara nuestro querido Parque Agramonte, no podrían dejar de tener un punto de obligada convergencia: la estatua de un Cristo Rey que con sus brazos abiertos, como queriendo abrazar con su gesto a toda la ciudad, remataba lo más alto de la torre de la Catedral. 

Y esa inusitada aparición sobre la torre de nuestra Catedral, era sin dudas, todo un acontecimiento que venía a instaurar desde ese día toda una tradición de fervor y confianza en la persona de quien nos dice siempre: Venid a mí, porque yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Se trataba de un gesto de entrañable confianza, y de una ocasión totalmente inusitada en toda la nación. Por primera vez, toda una ciudad, provincia y diócesis, encomendaba su haber y su poseer, “al que es Rey por naturaleza y por derecho de conquista, al que no puede dejar de serlo en el cielo y en la tierra, no a la manera pobre y enfermiza de los hombres, sino a la manera soberana, poderosa, sabia y santa de un Dios”, según expresara Monseñor Pérez Serantes en su Carta Pastoral, aparecida el 18 de octubre de ese mismo año, en ocasión de los actos preparatorios al acontecimiento, a producirse el propio día que la Iglesia celebra la Festividad de Jesucristo Rey. 

La idea de acometer tal empresa fue de Monseñor Pérez Serantes, el siempre querido y bien recordado obispo, que tanto bien hizo a esta diócesis y a nuestra patria. Su deseo tuvo un eco inmediato, primero en la persona del párroco de la Iglesia Catedral, luego en el pueblo lleno de fervor religioso, que se volcó a la idea con todo el corazón, para hacer finalmente posible el sueño del obispo de consagrar nuestra querida ciudad a Jesucristo Rey de la Gloria. Esa estatua, al decir del propio obispo en otro lugar de su Carta Pastoral, no debía considerársela como un adorno más de la catedral, o un motivo más de ornamentación de la ciudad. “Deseamos”, decía el obispo, “que todos comprendan lo que esta estatua significa y representa”, y su deseo alcanzaba a todos: los niños, los jóvenes, los padres, la familia toda. “Como faro luminoso que señala el puerto al navegante que cruza la inmensidad de los mares”, seguía diciendo el obispo, “así Jesucristo, cuya imagen colocamos en lo más alto para que se la divise bien de todos los ángulos de la ciudad, es el faro que nos señala el puerto de la vida”.

Las semanas precedentes a la fecha, marcaron el ajetreo inusitado en torno a tan céntrico sitio. Se procedía a la erección, primero de un pedestal donde descansaría la estatua y el mismo pueblo creyente que lo costeaba con sus limosnas, seguía con atención los progresos de la obra. Pero no sólo se hacían preparativos de índole material, también se preparaba el espíritu para que tal hecho revistiera un significado de profunda conversión. Durante nueve días anteriores al domingo 31, se tuvo una Novena a Cristo Rey, la que fuera dirigida por el propio Obispo. Se alistaban así los católicos camagüeyanos para tan alta celebración. 


El amanecer de aquel domingo fue definitivamente diferente para toda la ciudad. A las 4:30 de la mañana se impartió la Sagrada Comunión en la Catedral. Y a las 7:00, oficiaba Monseñor Pérez Serantes una Misa de Comunión General, de la que queda un recuerdo todavía palpable y vivo para todos nosotros, pues sesenta y dos años después, al remover la base de la estatua con motivo de las pertinentes reparaciones que la han embellecido, se hallaron, en dos recipientes de cristal, un centenar de pequeños recordatorios de la ocasión, firmados por todos y cada uno de los comulgantes de aquel día. Un bellísimo testimonio de la fe y devoción de nuestros antecesores.

Uno de los recordatorios hallados, 
durante la restauración realizada en el año 1999, 
 dentro de un recipiente de cristal,
 en la base de la escultura.
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Al término de la misa, se procedió a la bendición de la imagen y a la solemne consagración de la ciudad y provincia de Camagüey a Cristo Rey. Al caer la noche, vendría junto a las primeras sombras, el tan aguardado momento de ver resplandecer la imagen de Nuestro Señor, toda iluminada para la ocasión, como un faro que quería mostrar a todos el puerto seguro.

Los que aquella noche se agolparon en el parque Agramonte y en las inmediaciones, tuvieron, la certeza, de que aquella luz, más que símbolo sensible, era en verdad, una llama de compromiso personal, y un acicate para dejar a Dios actuar en sus vidas. “Sin Cristo”, decía Monseñor Pérez Serantes, en otro momento de su Carta, “no hay justicia, sin Cristo no hay caridad, no hay pureza ni fidelidad; sin Cristo no hay paz duradera ni hay hogar (…) Sin Cristo, se cae en el ateísmo que es la sima de todos los males y el súmmum de toda pobreza y miseria, clima propicio a toda degradación”.



Palabras que andando el tiempo nos serían muy caras, porque el profetismo del pastor era manifiesto. Palabras, que dichas para aquellos nuestros antecesores en la fe, están hoy muy bien dichas para todos nosotros, los católicos camagüeyanos de este aquí y ahora, pues al volver la mirada sobre la imagen de Cristo Rey, esta vez renovada de la patina del tiempo, estamos llamados a testimoniar a todos nuestros conciudadanos de nuestra fe y nuestra esperanza con renovado entusiasmo apostólico.

Ojalá que al mirar cada noche la estatua encendida de nuestro Señor, nos dejemos penetrar por su Luz, la que es Norte seguro en la noche oscura de nuestro caminar, y que siga resonando todavía en nuestros oídos aquella oración del obispo Pérez Serantes dicha en 1937 al buen Jesús que vela sobre nuestra ciudad:

…“Pedímoste, pues, oh buen Jesús, dulce, manso y humilde de corazón, a Ti que eres toda caridad, que permanezcas siempre con nosotros, que desde lo alto de esta torre donde tu imagen está, como de lo alto del cielo donde eternamente moras, nos bendigas, nos ilumines, y nos guíes, para que dóciles a tus santas y sabias enseñanzas, viendo con claridad la senda que debemos seguir, tengamos la fuerza necesaria para no detenernos, para no retroceder nunca, para resistir y luchar, siguiéndote a Ti, pues quien te sigue no camina en tinieblas”.



Perlas del Camagüey (por Carlos A. Peón-Casas)


Descubrimos para el curioso lector, en esta entrega de miércoles, estas curiosas perlas del decursar histórico de nuestro materno lar camagueyanensis. 

La oportunidad nos la brinda poder releer con enorme fruición y sorpresas siempre sobreañadidas, una peculiar obra biográfica dedicada precisamente a nuestra comarca: Camagüey. Biografía de una provincia, obra de la celebrada narradora y poetisa y también ensayista y crítica camagüeyana, la Dra. Mary Cruz del Pino. 

El libro fue dado a la prensa en el año de 1955, laureada por la Academia de la Historia de Cuba con el Premio José Miguel Tarafa, en la edición del año 1952, pensado ese año para una obra biográfica dedicada a la provincia de Camagüey. 

En sus contenidos la autora recorre de principio a fin las muchas coordenadas de nuestra antológica memoria histórica, descubriéndonos entresijos siempre reveladores de nuestra mejor identidad, como en un viaje de acendrado bojeo a las mejores esencias tangibles y no, de nuestro mejor ser y saber como pueblo. 

Las no pocas revelaciones que se desgranan en ese animado periplo nos sitúan en los albores civilizatorios de nuestra región, con la llegada de los tainos, y de sus prácticas agrícolas, en especial el de la confección del tan socorrido casabe, y de cuyas particularidades nos cuenta esta iniciática referencia o primer aderezo a nuestra lista: 
Los tainos de cada comunidad se reunían para la significativa tarea de la confección del casabe, Era un acto del grupo como unidad, y, aunque pudiera inferirse que constituía una indígena tendencia comunista, otra de sus características viene a desvirtuar tal suposición: los indios, como los actuales cubiteños, marcaban sus tortas antes de llevarlas al horno común-rasgo de bien definida individualización de la propiedad-en evitación de confusiones o despojos.[1]
En ese recorrido por los jalones de esta memoria histórica, la entonces muy joven escritora camagüeyana nos descubre detalles de sugerentes coordenadas. La de este minuto corresponde a un día cualquiera del año 1747, el año en que según se nos relata Fray Cristóbal de Sánchez Pavón, levantó el primer plano de la villa. Unos muy curiosos referentes a los principeños de entonces fueron adjuntados a aquel: 
Los consideraba aplicados al trabajo y al interés(a las ganancias), hospitalarios, generosos y valientes, así como poco dados al cultivo divino.(…)[2]
De lo anterior dicho deduce la autora a continuación que: 
“(…) la última negativa, nos asombra un tanto, ya que, especialmente durante el siglo XVIII, los camagüeyanos aportaron considerables sumas a la erección de templos (…) y esto sugiere un marcado sentimiento religioso.[3]
Para ese año del Señor de 1747, nos sigue abundando Mary Cruz: 
Puerto Príncipe era la segunda población de la isla por el número de sus habitantes. Habían aumentado las facilidades para la fabricación del azúcar y crecía la exportación maderera por los puertos de Guanaja y Vertientes. En el primero se estableció un astillero donde fueron fabricadas, con maderas de la región, las primeras volantas que rodaron por las calles principeñas. Tan resistentes y de tan buena calidad eran los productos forestales camagüeyanos que hasta en el Arsenal de La Habana se usaron para la construcción de barcos de guerra.[4]

Casi una centuria después la ya entonces ciudad de Puerto Príncipe se embarcaba en rumbos de expectante modernidad. Tal fue el caso que ahora se vuelve otra perla destacable, llegada de manos de un precursor sin cuento para la modernidad puerto principeña: Don Gaspar Betancourt Cisneros, mejor conocido como El Lugareño, así nos lo narra nuestra amable cicerone: 
Fue durante un San Juan, el de 1837, cuando El Lugareño, precursor de tantos aspectos de del desarrollo social y económico de Puerto Príncipe demostró prácticamente a los camagüeyanos como funcionaba un ferrocarril. Casi como jugando, para usar la vieja frase popular, diremos que dio magnífica lección objetiva y ganó con ella para la Compañía que habría de construir la vía férrea entre Nuevitas y Puerto Príncipe, la venta de acciones por valor de más de cien mil pesos. 

¿Quién podía resistir la atracción de aquella propaganda? Unos trabajadores, en comparsa carnavalesca, llevaban un tren de madera en miniatura, con su locomotora y carros de carga y pasajeros. De trecho en trecho, por las calles más céntricas y concurridas, los primeros ferrocarrileros, tendían la línea y hacían andar aquel sorprendente aparato (…) que dejara boquiabiertos en aquella época a los más cultos y civilizados.[5]
El siglo veinte en el Camagüey de siempre, llegaría primero con la intervención norteamericana y luego con el advenimiento de los tiempos de la primera república. De tales minutos hay otras perlas que entresacamos de este magnífico recorrido de manos de la autora de este libro singular. 

De la llegada del Ferrocarril de Cuba nos cuenta la autora que: 
“Ya durante la intervención americana, Van Horne, construyó el Ferrocarril de Cuba con quinientos setenta y tres kilómetros de recorrido –entre Santa Clara y Santiago pasando por Camagüey, del que partieron luego numerosos ramales, como el tan largamente proyectado a Santa Cruz del Sur.[6]
Y la ciudad cambió también de nombre…: 
Puerto Príncipe ya era Camagüey, no solo en el decir popular, sino oficialmente. El 22 de abril de 1903 el Consejo Provincial acordó cambiar a la provincia su nombre hispano por el taíno de la región(…) y el Municipio, por acuerdo del 10 de julio de ese mismo año, también dio carácter legal a la adopción del nombre de Camagüey en esta capital provincial.[7]

Ya en los tiempos del gobierno de Menocal, y justo para el centenario del nacimiento de nuestra Avellaneda: 
Se logró entonces que en 1913 sancionara una ley autorizando crédito de 10.000 para las fiesta del centenario y uno de 2000 para la erección de una estatua de la inmortal Tula en su ciudad natal, el la Plaza de Trías-hoy Parque Martí(…) En el concurso convocado al efecto ganó el primer premio Manuel Pascual, y el segundo el camagüeyano Esteban Betancourt; pero los murieron sin ver realizado el monumento a la poetisa.[8]
Justo para los tiempos en que este libro fuera escrito y publicado, en la quinta década del siglo veinte, Camagüey seguía teniendo razones para ser considerado un baluarte envidiable de prosperidad económica, la autora nos lo ilustra al referir al progreso ganadero de nuestra ancestral región: 
En el Censo Ganadero de 1952 la provincia camagüeyana aparece a la cabeza de las otras cinco, con un millón, ciento seis mil quinientas ochenta y tres reses vacunas, que representan el 27.4% del total de la República.[9]
De aquel sector de tanta pujanza, deja la autora de esta cercanía memoriosa a aquel Camagüey, una estampa muy singular con la que pretendemos dejar al lector con el mejor sabor de boca para el cierre de este recorrido tan sugerente por nuestras raíces y nuestras mejores esencias: 
La industria ganadera tiene actualmente en la provincia el más alto lugar. No sólo da vida y movimiento a la región, sino carácter y tipicidad a ciertas modas y costumbres que parecen traer a tierras cubanas un algo del oeste norteamericano, especialmente a la ciudad de Camagüey y sus alrededores. 

El ojo habituado de los pobladores nada extraño descubre en ese tipo de cowboy que pulula por sus calles y hasta hace corros en los cafés más céntricos, con sus zapatos de tacón alto, sus sombreros de fieltro y sus cintos repujados a la usanza de los tejanos, en la frontera de los Estados Unidos y México. 

(…) 

Erna Ferguson, en su volumen intitulado Cuba, escribió en 1946 estas frases que traduzco al español: Camagüey, me decían a menudo, es nuestra Virginia. Sus gentes se enorgullecen de ser camagüeyanos y lo toman como prueba de aristocracia, igual que los virginianos lo hacen. Pero la provincia de Camagüey, además de ser Virginia es Texas y en centro de la considerable riqueza ganadera de Cuba. Por las calles se ve al cowboy en altas botas, ancho sombrero y la guayabera-en español en el original-del vaquero hispanoamericano.[10]




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[1] Camagüey. Biografía de una provincia. Mary Cruz del Pino. Academia de la Historia de Cuba. La Habana, 1955. pp.4-5 
[2] Ibíd. p.41 
[3] Ibíd. 
[4] Ibíd. p.42 
[5] Ibíd. p.40 
[6] Ibíd. p.213 
[7] Ibíd. 
[8] Ibíd. p.216 
[9] Ibíd. p.240 
[10] Ibíd, p.241

(Bohemia. Diciembre 19, 1954) Fotos de Alicia Alonso


 

Tuesday, December 1, 2020

Sobre "Mujer de invierno" (por Rodrigo de la Luz)


Cuando el libro: Mujer de invierno se publicó yo tenía treinta y tres años; la edad de Cristo en el momento que fue crucificado por los romanos. El libro en su mayoría se había escrito en Cuba, más de diez años hantes.

Mi vida había transcurrido desde entonces, entre el dibujo, la actuación, algunos deportes, la cría de palomas y la lectura. Sin embargo sentía que había perdido mucho tiempo, que ya era demasiado viejo para publicar. Pero el peso de aquellos papeles en la gaveta, me atraía con más fuerzas que todo lo hecho anteriormente.

Cansado de corregirlos, decidí hacer una selección y organicé por segmentos un buen número de poemas que acaso no eran superiores. Sin embargo por alguna razón gozaron el privilegio de ser publicados con anterioridad a otros que tal ves eran mejores; y digo mejores, en cuanto a juicio, criterio, estética y cánones de la modernidad... porque en el corazón a veces no se exigen esos requisitos, esos parámetros.

El corazón dice: Me conmueve, o dice: No entiendo, no me habla a mí.

El corazón dice: Yo no determino, yo no juzgo, yo no sentencio, yo sólo puedo aceptar a quien me canta con honestidad.

Que critiquen los experimentados, los que saben de equilibrio, de moderación y de tendencias.

Con sus espacios de ocio y de poca sustancia, con sus cacofónicas combinaciones y su falta de imágenes, con todos sus adverbios y excesivos giros, con sus metáforas fabulescas, y sus finales imprevistos, con su neocriollismo rampante; los fui organizando para su publicación o su entierro.

Y así fue. En el dos mil dos, apareció el poemario. Supuse que sería un éxito, al menos en cuanto a regocijo se refiere...

Es cierto que me trajo disfrute y algo de paz; por cuanto ya veía publicado algo de mi trabajo.

Pero a su vez -no lo puedo ocultar- me trajo muchas dudas.

¿Que fórmula -si es que existe- nos conduce a la honestidad del poema?

¿Que define lo bueno de lo malo cuando el corazón impera? como ya dije antes.

Después de un tiempo me acostumbré a la idea. Me preparé para esgrimir cualquier tipo de críticas; de cualquier manera ya el poemario existía,y al menos no estaba plagado de faltas de ortografía, ni de erratas, ni de debilidades, ni de muletillas, ni del abrumador frío de los gabinetes; esto último muchas veces es lo peor, ya que contagia el alma del supuesto poeta: ¡fui felíz por un tiempo!

Entre Bécquer y Bukowski, entre Hesíodo y Vallejo, entre Safo y Sylvia Plath cantaba Homero enaltecido.

Luego me sometí a la violencia de las librerías.

Leí en casi todas, e incluso en muchas de las que ya hoy no existen. Leí vía Skype para otros países, y me presenté en múltiples programas de radio, llamé la atención de muchos y me busqué el odio de otros por destacarme; pagué mi propio precio, al igual que mi poesía.

La ingenuidad, la perseverancia, la osadía, a veces te hacen pagar muy caro -incluso con afrenta -por llegar más rápido al lugar que otros ambicionan.

Después de ese periodo devastador y prolífero, la magia y el disfrute los encontré en la soledad, y opté por escribir desde mi trinchera.

Entonces liberé a mi poesía de las palabras que gruñen y maldicen, que fustigan y recriminan.

Ahora es mi misionera: Algo me queda claro; ella evolucionó a lo largo de mis muchas lecturas. Desde entonces como un héroe anónimo, mis poemas fueron mi salvación, la penumbra en mi ciudad oscura, lo mejor y más  honesto que he podido hacer en este mundo.

Programa de Mano, de la función inaugural del Ballet de Camagüey, 1, 2 y 3 de diciembre de 1967 (Cortesía de Liliam Gómez)


 

Las dimensiones de la sexualidad y los diferentes modos de vivirla. (por Cecilia Alegria, La Dra Amor)

Nota  del blog: Espacio semanal de  Cecilia Alegría, La Dra. Amor,  dedicado al amor de pareja.


Revisando estudios sobre el tema para mi noveno libro SEXO SAGRADO Y LAZOS DEL ALMA -que deberá salir a la luz pública en febrero del 2018- encontré la investigación académica de Estefanía Franco, antropóloga de la Universidad Autónoma de México, quien plantea cuatro dimensiones de la sexualidad humana a la que yo agrego una quinta (que va al final):

Dimensión biológica (sexo)

Es el conjunto de características anatómicas, fisiológicas y endocrinas que diferencian a hombres y mujeres.

Dimensión pisco-afectiva

Es la dimensión humana que afecta a las emociones y sentimientos, y está relacionada con las creencias y valores de cada persona.

Dimensión sociocultural y ética

Cada sociedad establece unos valores y normas para justificar los comportamientos sexuales. En función de esos valores y normas se establece lo que es normal y anormal en el comportamiento sexual.

Dimensión clínica

Es la que trata de solucionar las disfunciones sexuales o la adicción al sexo, tanto si se deben a razones fisiológicas como psicológicas. Algunos problemas psicológicos como la ansiedad y la depresión, pueden originar problemas de convivencia, que repercuten en la vida sexual.

Dimensión espiritual

Supone vivir la sexualidad en el respeto de sí mismo y de los demás, en la valoración de sí y de los demás, sin caer en la cosificación o en el uso del otro.

Es encontrar a Dios en la propia sexualidad y en la de los demás. La sexualidad es un dinamismo de la totalidad de la persona que nos ofrece dos caminos para vivir nuestra vocación a la unión con otro ser. El camino amoroso de la vida en pareja, que es el que la mayoría reconoce como válido. Pero los hombres espirituales disponen de otro: lanzar toda la fuerza de su energía amorosa, centrarla en Dios y tener la experiencia de esa fusión total de lo finito con lo infinito. Los místicos cristianos lo han entendido así y lo convirtieron en su proyecto de vida espiritual. Ellos son los verdaderos maestros de este encuentro, de esta experiencia y de este camino sexuado de fusión con su creador. Todo esto en el contexto de la sexualidad como una energía, una fuerza positiva capaz de generar vida, plenitud y realización.

DIFERENTES MODOS DE VIVIR LA SEXUALIDAD


¿Están de acuerdo? ¿Ustedes qué opinan?...



 


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Cecilia Alegría, La Dra. Amor (www.ladoctoraamor.com): Consejera de Parejas, Love and Life Coach, Conferencista Internacional, Periodista y Conductora de Radio y TV. Destaca en los Medios Latinos en Miami dando consejos sobre cómo triunfar en el terreno amoroso y ayudando a miles de parejas a resolver sus problemas. Forma parte del grupo fundador de profesores del programa Universidad de la Familia.

Ha publicado diez libros entre los que se encuentran: Comunicación Afectiva=Comunicación Afectiva (Espasa Calpe, España, 2000). 120 preguntas y respuestas para ser mejores personas (Editorial Norma, Colombia, 2004), No hay amor más grande (Editorial Aragón, USA, 2012), Amando un Día a la Vez (Ediciones Varona, U.S.A. 2015), Al rescate de tu comunicación de pareja (Ediciones Varona, USA 2017), Sexo Sagrado y Lazos del Alma (Indie Publishingnbsp, 2018), Alessia (Book Master Corp. 2019) 

El Arbol de Navidad


(ACI Prensa) Los antiguos germanos creían que el mundo y todos los astros estaban sostenidos pendiendo de las ramas de un árbol gigantesco llamado el "divino Idrasil" o el "dios Odín", al que le rendían culto cada año, en el solsticio de invierno, cuando suponían que se renovaba la vida. La celebración de ese día consistía en adornar un árbol de encino con antorchas que representaban a las estrellas, la luna y el sol. En torno a este árbol bailaban y cantaban adorando a su dios.

Cuentan que San Bonifacio, evangelizador de Alemania, derribó el árbol que representaba al dios Odín, y en el mismo lugar plantó un pino, símbolo del amor perenne de Dios y lo adornó con manzanas y velas, dándole un simbolismo cristiano: las manzanas representaban las tentaciones, el pecado original y los pecados de los hombres; las velas representaban a Cristo, la luz del mundo y la gracia que reciben los hombres que aceptan a Jesús como Salvador. Esta costumbre se difundió por toda Europa en la Edad Media y con las conquistas y migraciones llegó a América.

Poco a poco, la tradición fue evolucionando: se cambiaron las manzanas por esferas y las velas por focos que representan la alegría y la luz que Jesucristo trajo al mundo.

Las esferas actualmente simbolizan las oraciones que hacemos durante el periodo de Adviento. Las esferas azules son oraciones de arrepentimiento, las plateadas de agradecimiento, las doradas de alabanza y las rojas de petición.

Se acostumbra poner una estrella en la punta del pino que representa la fe que debe guiar nuestras vidas.

También se suelen poner adornos de diversas figuras en el árbol de Navidad. Éstos representan las buenas acciones y sacrificios, los "regalos" que le daremos a Jesús en la Navidad.

Para aprovechar la tradición: Adornar el árbol de Navidad a lo largo de todo el adviento, explicando a los niños el simbolismo. Los niños elaborarán sus propias esferas (24 a 28 dependiendo de los días que tenga el Adviento) con una oración o un propósito en cada una, y conforme pasen los días las irán colgando en el árbol de Navidad hasta el día del nacimiento de Jesús. 

(Ver Tradiciones y Costumbres Navideñas en ACI Prensa)

Monday, November 30, 2020

de la Cuba de hoy (por Omar Santana)


Poema 73 de "La patria es una naranja" (de Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.  






       73

Isla de Cuba,
cuántas guitarras han sido rotas en tu nombre,
cuántos tiranos te han violado luego de haberte proclamado doncella
nuevamente,
cuántas muchachas han mordido el polvo de su Sueño
luego de que el azulísimo mar se ha hecho rojo con la sangre de sus amores,
cuántos niños han perdido sus globos bajo el trueno prometedor de la Justicia.

Cuántas gonorreas, cuántos chancros
han depositado en ti tus salvadores,
cuántos, blandiendo el rojo matiz de la poesía,
han encadenado tus ojos, han lanzado
en aviones de papel la mentira de ti como una fruta plástica.

Isla de Cuba, sangre que no termina,
¿dónde te hallas en esta noche, dónde
que tus boleros no me alcanzan, dónde
que aquellas mujeres no me afierran los tímpanos con sus risas como
pífanos que estallan, dónde los negros que no llegan acezantes, tautológicos,
serenos como sierpes en fuga, dónde
las negras que no me asaltan con sus culos como bastiones bíblicos?
Y ¿dónde, dónde aquellas mulatas
que bajo las nieves de los relámpagos consagran la hostia?

Dónde,
amor mío,
en esta noche cuando
me dueles en toda la boca,
cuando
inútilmente
te busco en el lejano frío.


Ciudad de México, 1998



               73

Isola di Cuba,
quante chitarre sono state rotte in tuo nome,
quanti tiranni ti hanno violata dopo averti proclamato nuovamente donzella, quante ragazze hanno morso la polvere del loro Sogno
dopo che l’azzurrissimo mare si è fatto rosso con il sangue dei loro amori,
quanti bambini hanno perso i loro palloncini sotto il tuono garante di Giustizia.

Quante gonorree, quanti cancri
hanno depositato in te i tuoi salvatori,
quanti blandendo la rossa sfumatura della poesia
hanno incatenato i tuo occhi, hanno lanciato
in aerei di carta la menzogna di te come una frutta plastica.


Isola di Cuba, sangue che non finisce,
dove ti trovi in questa notte, dove
che i tuoi boleri non mi raggiungono, dove
che quelle donne non mi afferrano i timpani con le loro risa come
flauti che scoppiano, dove che i neri non arrivano ansimanti, noiosi,
sereni come serpi in fuga, dove
che le nere non mi assaltano con i loro culi da bastioni biblici?
E dove, dove quelle mulatte
che sotto le nevi dei lampi consacrano l’ostia?

Dove,
amore mio,
in questa notte quando
mi fai male in tutta la bocca,
quando
inutilmente
ti cerco nel lontano freddo.





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Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado siete poemarios; tres libros de cuento; cuatro novelas y una noveleta.
Entre los premios que recibiera en su país natal, se cuentan el David de Poesía, en 1976; el Premio Nacional de Novela, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, galardón que ya le había sido otorgado a este autor, en 1983, por su libro de cuento En el nombre del hijo.

Su poemario La patria es una naranja, que aborda el tema del exilio a la par que incursiona en la realidad mexicana, ha tenido una buena acogida de crítica y público y recibió en Italia el Premio Latina in Versi en 2013.

Es ciudadano mexicano por naturalización. Reside en Miami.

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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960.

Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros. Cuenta en su haber con un amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari. Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.  Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

Sunday, November 29, 2020

Ballet “Les millions d'Arlequín” (por Florencia Guglielmotti)

Nota del blog: Sección semanal dedicada al Ballet y la Danza, a cargo de la la ballerina, coreógrafa y profesora Florencia Guglielmotti.

Los textos anteriores, se pueden leer en este enlace.


Marius Petipa, en el doble rol de coreógrafo y libretista, estrenó esta obra el 23 de febrero 1900 con el Ballet Imperial, en el Teatro Hermitage, y tres días después, con el mismo elenco, se presentaron en el Teatro Mariinsky, también en San Petersburgo. La música fue compuesta por Riccardo Drigo, el diseño escenográfico estuvo a cargo de Orest Allegri y el de vestuario de Ivan Kaffi. El primer elenco estuvo formado por Georgy Kyaksht (Arlequín), Matilda Kschessinskaya (Columbine), Sergei Lukyanov (Pierrot), Olga Preobrazhenskaya (Pierrette), Enrico Cecchetti (Cassandre) y Anna Urakhova (Hada Buena).

Año 1900
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Año 1905
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La obra se divide en dos actos y tiene como protagonistas a Columbine y Arlequín, personajes tomados de la commedia dell’arte, de allí el ambiente colorido y festivo de todo el ballet. El argumento puede resumirse de la siguiente manera: Columbine y Arlequín están enamorados, pero el padre de Columbine, Cassandre, quiere que su hija se case con Lèandre, un viejo y rico. Como Arlequín siempre ronda a Columbine, Cassandre y Pierrot, su sirviente, deben estar siempre atentos para mantener alejados a los jóvenes y con ese fin la encierran. Sin embargo, Pierrette, esposa de Pierrot y amiga de Columbine, decide ayudar a la joven pareja. Finalmente, aparece el Hada Buena que, mediante un ardid mágico, llena de oro a Arlequín permitiendo así el triunfo del amor de Arlequín y Colombine. 


Sobre la versión original de Petipa, el maestro de ballet y coreógrafo ruso Fyodor Lopukhov realizó una versión reducida de un acto que estrenó con el nombre de “Arlekinada”, el 6 de junio de 1933, en lo que sería la primera función del Ballet del Teatro Maly (actualmente Mikhailovsky), cuerpo de baile estable creado por él mismo. Varios años después, el 4 de febrero de 1965, George Balanchine estrena su propia versión, con el título de “Harlequínade” e interpretada por New York City Ballet, con Patricia McBride y Eduard Villella como protagonistas. Cabe destacar también las versiones realizadas por David Lichine, en 1950, la de Hans Brenaa para el Royal Danish Ballet en 1958, y la de Sir Anton Dolin, para su compañía, el Festival Ballet, en 1960. Tanto la versión de Lopukhov como la de Balanchine se siguen representando en diferentes compañías de todo el mundo.






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Florencia Guglielmotti reside en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). Es Profesora de Danza (titulada en la Escuela Nacional de Danzas "María Ruanova"), Licenciada y Profesora de Artes (recibida en la Universidad de Buenos Aires). Cursó estudios en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. Es Miembro de International Dance Council CID (UNESCO).

Actualmente se desempeña como Profesora de Danza Clásica y como Profesora Titular de Historia de la Danza en la Escuela Superior de Enseñanza Artística "Aída V. Mastrazzi". florenciagu@gmail.com

Crónicas del Noroeste IV (por el sacerdote camagüeyano Alberto Reyes. Noviembre 29, 2020)


Yo frente a mí mismo


Tengo la mala costumbre de pensar, y de rezar. Y el problema es que cuando pienso y cuando rezo, veo cosas que antes no había visto, o las veo de otro modo y, cuando esto sucede, ya no puedo volver a ser como antes, aunque lo intente.

He pensado que, a diferencia de los gatos, Dios concedió a los humanos la eternidad pero una sola vida terrenal, la cual, por mucho que se alargue, es corta. Y he pensado que esa única y corta vida se desarrolla en el presente, y que por mucho que el futuro pueda ser espectacular y luminoso, en esta tierra sólo existe mi hoy.

Mi pueblo, hace muchos años, luchó por devolver a esta tierra la libertad y la democracia, robadas por la dictadura de Fulgencio Batista. Luchó y apoyó sin límites a quienes se alzaron como libertadores necesarios, y ellos, una vez ganada la partida, impusieron a este pueblo una ideología única, un camino, una dirección, un modo de vivir, donde los sueños y las alternativas no eran bienvenidos.

Pero el ser humano necesita soñar, y ellos elaboraron un sueño hermoso, que a pesar de las cadenas y las rejas que se cerraban lenta y progresivamente, convenció a muchos: íbamos a tener una vida mejor, íbamos a ser un país desarrollado y feliz, íbamos a construir un paraíso en la tierra.

Hoy me pongo delante de mi historia, y me doy cuenta de que durante toda mi vida me han hablado de un futuro mejor, de un “ahora sí”, de un mañana hermoso y feliz en el horizonte pero que, como el horizonte, nunca se alcanza.

Y entonces pienso, y me doy cuenta de que nada de esto ha sido verdad, y que bajo la bandera del 26 de Julio no habrá un mañana, no hay un horizonte feliz esperándonos, no seremos nunca una sociedad próspera. La utopía marxista es solamente eso, una utopía, en lo que el término significa, algo que “no tiene lugar”, algo que no existe, ni existirá.

Y no existe ni existirá porque nada puede existir al precio de cortarle al ser humano sus alas, nada puede construirse al precio de quitarle al ser humano lo que le es intrínseco: la libertad.

Preguntas.

Y entonces mi mente se llena de “por qués”, y me pregunto:

- ¿Por qué tiene que existir en mi tierra una sola ideología, un solo partido, una sola línea de pensamiento y acción, cuando el ser humano es, por naturaleza, diferente y plural?

- ¿Por qué humillan mi inteligencia invitándome a “elecciones” cuando en realidad son “votaciones”, pues entre lo mismo y lo mismo no hay nada que elegir?

- ¿Por qué me tratan como un imbécil diciéndome en la cara, una y otra vez, que estamos así por culpa de otro país?

- ¿Por qué la formación de nuestros hijos tiene que regirse por un único sistema educativo, nos guste o no, sin que los padres tengan opción para decidir el tipo de educación que quieren para sus hijos?

- ¿Por qué la gente de esta tierra hermosa y naturalmente bendita tiene que emigrar a dónde sea, para poder tener muchas veces no una vida mejor, sino una vida digna?

- ¿Por qué, si somos firmantes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a esa gente que ejerce su derecho a emigrar, se les llama “gusanos”, tal y como Hitler llamaba a los judíos?

- ¿Por qué no podemos vivir de nuestros salarios y necesitamos que los gusanos de ayer y mariposas hoy garanticen el dinero que necesitamos para que nuestros hijos coman? ¿Por qué tenemos que mendigar el pan que no nos es permitido ganar honesta y serenamente?

- ¿Por qué tenemos que abandonar a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestros esposos y esposas, para irnos de “misión” a ganar el dinero que no podemos ganar aquí haciendo lo mismo, al precio de perder, muchas veces, a nuestras familias?

- ¿Por qué Cuba tiene que ser sola y exclusivamente de los enamorados del comunismo? ¿Por qué si alguien nacido y crecido en esta tierra dice que no le gusta este sistema se le ataca, se le excluye y se le dice que “si no te gusta esto te vas”? ¿Por qué, por qué si no me gusta el sistema político tengo que abandonar mi tierra? ¿Por qué a aquel que no le va el sistema comunista le tratan como un ciudadano de segunda los mismos que denunciarían como injusticia magna la exclusión de un comunista en un ambiente distinto?

Yo me pregunto muchas cosas, y tengo la impresión de que también otros se hacen las mismas preguntas, pero en silencio. Y no sólo la gente de a pie, no sólo los obreros y los campesinos. Yo tengo la intuición de que en todos los estratos sociales de este país la gente se pregunta lo mismo, pero tanto los de un estrato como los del otro tenemos algo en común: tenemos miedo, un miedo que se amplifica por el adoctrinamiento sistemático de que no podemos hacer nada.

Indefensión aprendida.

Hace muchos años, un tal Martin Seligman hizo un experimento curioso. Encerró a perros en jaulas de metal y les aplicó electricidad. Al inicio, los perros buscaron furiosamente cómo escapar, pero las jaulas estaban herméticamente cerradas, y por más que lucharon, no lograron abrirlas. Así pues, empezaron a intentarlo cada vez menos, hasta terminar acurrucados en una esquina de la jaula, sin reaccionar al dolor de los corrientazos. Seligman entonces abrió las jaulas, y siguió aplicando corriente. La mayoría de los perros no se movió, y siguieron sufriendo en silencio: se habían convencido de que no podían hacer nada, aunque tenían delante de sí la puerta abierta. Seligman había descubierto la indefensión aprendida.

¿Cómo es posible mantener una mentira de progreso y felicidad por más de 60 años sin que este pueblo diga: “¡Basta ya de jugar a que te creo!”? Es posible porque es un pueblo que ha sido meticulosamente adoctrinado para que se convenza de que no puede hacer nada y se aferre al pensamiento mágico de que un día, milagrosamente, nos levantaremos para ver que la pesadilla ha terminado.

Pero he dicho algo antes: no todos los perros cayeron en indefensión. Hubo perros que no dejaron de luchar, hubo perros que, de algún modo, mantuvieron la esperanza, que no dejaron de soñar con una puerta abierta. Y hubo otros perros que, al inicio, se quedaron acurrucados cuando se les abrió la puerta, pero que siguieron a los que vieron libres.

¿Y si lo intentamos?

¿Es posible hacer algo? ¿Está tan desamparado este pueblo?

Nada cambiará mientras estemos dispuestos a vivir en la mentira. Nada será diferente mientras continuemos diciendo lo que no creemos, lo que no pensamos. No habrá un mañana mientras, por proteger a nuestros hijos, los animemos a ser esclavos, advirtiéndoles que no digan nada que pueda “traerles problemas”. Sí, si nuestros hijos callan, si nuestros hijos mienten, no les pasará nada, nada malo…, ni nada bueno. Crecerán en la misma esclavitud en que han crecido sus padres, y aprenderán lo que sus padres han aprendido: a sobrevivir en medio del miedo, el sobresalto y la precariedad, o a escapar de esta cárcel con barrotes de agua a la primera oportunidad.

Imaginemos que un día decidimos dejar de mentir por el simple hecho de que nos da la gana de no jugar más al “hombre nuevo”, y decimos lo que pensamos en las reuniones de los CDR, y levantamos la mano si no estamos de acuerdo con lo planteado, y dejamos de ir a las elecciones que no son elecciones; imaginemos que decidimos no participar más en el teatro de que “aquí todo es maravilloso y perfecto y yo estoy total y absolutamente de acuerdo”, y decimos que no, que no estamos de acuerdo, que no estamos a gusto, que queremos que las cosas aquí, en mi trabajo, en mi barrio, en mi escuela, en mi universidad, en mi país…, sean diferentes; imaginemos que encontramos en nosotros la fuerza para solidarizarnos con aquellos a quienes su conciencia lleva a hacer esto… Entonces, sólo entonces, podrá romper la aurora sobre esta tierra.

¿Qué decíamos de aquel Martin Seligman que se entretenía martirizando perros? ¡Ah sí!, que tal vez si se hubiera encontrado con todos los cubanos que han dicho: “basta ya de maltrato animal”, le habrían cerrado el laboratorio. Porque ese grupo animalista de nuestra tierra ha decidido defender lo que cree. Y han protestado, y le han hecho la guerra a Zoonosis, y se han hecho escuchar. ¿Realmente somos un pueblo indefenso?

Yo soy Cuba, tú eres Cuba.

Estamos cansados, todos estamos cansados, no sólo los llamados “cubanos de a pie”. Todos estamos hartos de esperar sin resultados, porque esta lucha por la supervivencia que es Cuba hoy no es vida para nadie. No sólo para el obrero que no tiene familia en el extranjero, no sólo para el campesino que se deja la vida en el surco para luego vender su esfuerzo por muy poco y seguir carente, no sólo para el profesional que se desgasta de sol a sol para ganar lo que apenas cubre la vida de su familia. No sólo ellos. También los funcionarios, los agentes del orden público, los ministros, los de “más arriba”. También ellos tienen que comer, también ellos necesitan vestido, calzado, aseo, medicinas…, para ellos y para los suyos. También ellos necesitan “luchar la vida”, también ellos necesitan rozar y a veces entrar en la ilegalidad para poder sobrevivir. También ellos están rotos por la partida de los suyos al extranjero. Y también ellos tienen miedo, miedo a decir lo que piensan, miedo a “portarse mal”, a ser excluidos, y tienen miedo a este pueblo, que cada vez está más cansado y, en consecuencia, más violento.

Mientras escribo estas líneas, mi Cuba arde. Gracias a Dios da la impresión de que poco a poco son más los que desaprenden la indefensión con la que durante 60 años nos han sometido. Y ahora son los muchachos del Movimiento San Isidro los que han decidido decir: “¡Basta ya!”, un grito que ha trascendido las jaulas electrificadas y ha llegado a los artistas, a los deportistas, a los campesinos, a curas y monjas, a jóvenes y no tan jóvenes, porque el “¡Basta ya!” es hoy el grito del alma de este pueblo.

Definitivamente, yo creo que tengo la mala costumbre de pensar y de rezar, pero a veces sueño con que sean muchos los que piensen y recen, y entiendan que todo tiene un límite, que un día cae una gota que colma el vaso, y que ahora todavía hay tiempo de buscar soluciones pacíficas, todavía podemos buscar cambios entre todos poniendo a Dios por árbitro.

(Texto tomado de su Facebook personal)

Messin' with Jesus (by Chris Janson & Tim McGraw)


Saturday, November 28, 2020

(Revista Social. Abril 1929) Estados Unidos condecora al Dr. Arístides Agramonte y Simoni


El Dr. Arístides Agramonte [y Simoni], ilustre médico y profesor cubano [y camagüeyano] al que el Congreso y Gobierno de los Estados Unidos acaban de honrar con una medalla y una pensión vitalicia por sus notables trabajos sobre la fiebre amarilla y su eficacísima colaboración a la labor del doctor Finlay para la extinción de esa enfermedad en América.

Friday, November 27, 2020

Resistencia (por José Lezama Lima)


La resistencia tiene que destruir siempre al acto y a la potencia que reclaman la antítesis de la dimensión correspondiente. En el mundo de la poiesis, en tantas cosas opuesto al de la física, que es el que tenemos desde el Renacimiento, la resistencia tiene que proceder por rápidas inundaciones, por pruebas totales que no desean ajustar, limpiar o definir el cristal, sino rodear, romper una brecha por donde caiga el agua tangenciando la rueda giradora. La potencia está como el granizo en todas partes, pero la resistencia se recobra en el peligro de no estar en tierra ni en granizo. El demonio de la resistencia no está en ninguna parte, y por eso aprieta como el mortero y el caldo, y queda marcando como el fuego en la doradilla de las visiones. La resistencia asegura que todas las ruedas están girando, que el ojo nos ve, que la potencia es un poder delegado dejado caer en nosotros, que ella es el no yo, las cosas, coincidiendo con el yo más oscuro, con las piedras dejadas en nuestras aguas. Por eso los ojos de la potencia no cuentan, y en la resistencia lo que nos sale al paso, bien brotado de nosotros mismos o de un espejo, se reorganiza en ojos por donde pasan corrientes que acaso no nos pertenezcan nunca. Comparada con la resistencia la morfología es puro ridículo. Lo que la morfología permite, realización de una época en un estilo, es muy escaso en comparación con la resistencia eterna de lo no permisible. La potencia es tan sólo el permiso concedido. Método: ni aun la intuición, ni lo que Duns Scotus llamaba conocimiento abstracto confuso, razón desarreglada. Método: ni la visión creadora, ya que la resistencia total impide las organizaciones del sujeto. Cuando la resistencia ha vencido lo cuantitativo, recuerdos ancestrales del despensero, y las figuraciones últimas y estériles de lo cualitativo, entonces empieza a hervir el hombre del que se han arrepentido de haberlo hecho, el hombre hecho y desprendido, pero con diario arrepentimiento de haberlo hecho el que lo hizo. Entonces... En esta noche al principio della vieron caer del cielo un maravilloso ramo de fuego en la mar, lejos de ellos cuatro o cinco leguas (Diario de navegación, 15 de Setiembre 1492). No caigamos en lo del paraíso recobrado, que venimos de una resistencia, que los hombres que venían apretujados en un barco que caminaba dentro de una resistencia, pudieron ver un ramo de fuego que caía en el mar porque sentían la historia de muchos en una sola visión. Son las épocas de salvación y su signo es una fogosa resistencia.
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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