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Sunday, February 22, 2026

Mons. Arturo González, obispo de Santa Clara: "Cuba tiene que cambiar, como estamos viviendo no es de humanos"


Texto y foto: Página del Facebook de la Diócesis de Santa Clara.

Omar Vega Rodríguez
Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara.




En una concurrida celebración correspondiente al VI Domingo del Tiempo Ordinario, la comunidad de la S.I. Catedral Santa Clara de Asís vivió una jornada de profunda reflexión espiritual. La Eucaristía dominical fue presidida por el Obispo de la diócesis, Mons. Arturo González Amador, quien centró su homilía en el llamado de Jesús a la pureza interior y, al finalizar la Misa, se refirió a la compleja situación que atraviesa el país y las razones pastorales detrás del aplazamiento de la Visita ad limina de los obispos cubanos.

Del acto externo a la moral del corazón.

En su reflexión sobre el Evangelio del día, que narraba pasajes del Sermón de la Montaña, Mons. Arturo destacó la profundidad del mensaje de Jesucristo: "El Señor nos habla desde los actos, de lo que se ve, de lo que se puede percibir por fuera, a una moralidad del corazón, de lo interior", explicó el prelado, "Porque en el corazón radica todo lo bueno que Dios ha sembrado en los hombres, pero también del corazón puede salir todo lo malo si el hombre no lo controla".

El Obispo subrayó que Jesús va más allá de la prohibición de actos externos como el matar, para preguntarse por el origen de esos sentimientos: "Jesús va mucho más allá del acto externo, al preguntarse dónde nace ese sentimiento de odio, dónde nace ese sentimiento del homicidio, dónde nacen estos actos, nacen en el corazón", afirmó, haciendo hincapié en la necesidad de controlar "los sentimientos descontrolados" y "purificar las motivaciones".

El Obispo también quiso destacar lo "providencial" de la fecha de este Evangelio, situado entre la llamada celebración del amor y la amistad y el próximo Miércoles de Cenizas, que da inicio a la Cuaresma. "Que el Señor nos ayude con su gracia para que esto que hemos escuchado y meditado hoy sea incorporado a nuestra vida", deseó a los fieles.

"¿Dónde tienen que estar los padres? Al lado de los hijos"

Tras la celebración litúrgica, y en diálogo con la comunidad presentes, el Padre Obispo abordó la difícil realidad que vive el pueblo cubano y las decisiones pastorales que esta implica, refiriéndose específicamente al aplazamiento de la Visita ad limina que los obispos cubanos debían realizar al papa León XIV.

"Seguramente escucharon que los obispos habíamos suspendido la visita al Santo Padre. No se suspendió, se aplazó", aclaró. Explicó que la decisión se tomó ante el complejo momento que vive el país y la región. "Es muy preocupante que todos los obispos saliéramos de Cuba y estuviéramos ausentes si ocurría alguna situación difícil o dolorosa. Esto fue lo que nos motivó a pedirle al Santo Padre".

El Obispo reveló que las dificultades con el suministro de combustible para los vuelos fue uno de los detonantes, pero la motivación de fondo fue mucho más profunda: la situación del pueblo cubano. "La situación no sólo se ha mantenido grave y difícil desde nuestro mensaje por el pasado Jubileo, sino que ha empeorado. Cuba tiene que cambiar, como estamos viviendo no es de humano", afirmó con firmeza, recordando el llamado episcopal a un "diálogo sincero y eficaz". "Hay que sentarse, hay que hablar, hay que escuchar, y al mirar el sufrimiento de nuestros hermanos, hay que dar pasos reales para el bien común. Tenemos que dejarnos interpelar por el sufrimiento de este pueblo y hacer algo por él".

Mons. González explicó que esta decisión fue, en esencia, un acto de acompañamiento. "Los Obispos escogimos: ¿Dónde tienen que estar los padres? ¿Dónde están cuando hay dificultad? Al lado de los hijos. Estar al lado de nuestro pueblo". Aseguró que la visita no está cancelada, sino pospuesta, y detalló que el papa León, en un gesto de cercanía, había adelantado el encuentro, originalmente previsto para 2027, para febrero de 2026: "Claro está que los obispos teníamos deseos de encontrarnos con el Papa y el Papa tenía un deseo profundo de encontrarse con toda la Conferencia Episcopal, pero ¿cómo vamos a dejar a nuestra gente y todo lo que estamos pasando? (...) Entonces conservamos la paz, buscamos la verdad, buscamos el servir y esto se hace acompañando, rezando en nuestro lugar, con nuestra gente".

Finalmente, el Obispo de Santa Clara compartió el mensaje que transmitió a un periodista que le preguntaba por un consejo para el mundo respecto al pueblo cubano: "Le digo una cosa sencilla: que no se olviden de Cuba, que miren la realidad, el dolor de este pueblo".

Thursday, February 19, 2026

(Febrero 19, 1986) Discurso de Dagoberto Valdés Hernández ante el cenotafio que guardan los restos del Padre Félix Varela en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, a nombre de los delegados del ENEC


Nota previa de Dagoberto Valdés: Tuve el honor de ser elegido para hacer el discurso de homenaje de los delegados al ENEC al Padre Félix Varela en el Aula Magna de la Universidad de La Habana donde descansan sus restos. Inolvidable!

Era la primera vez, después de 1960, que la Iglesia salía de sus templos a un acto conmemorativo y social, los delegados hicimos, el miércoles 19 de febrero de 1986, una Visita-Peregrinación al Aula Magna de la Universidad de La Habana para honrar al Padre Varela y venerar sus restos que “descansan y convocan” desde allí a todos los cubanos.

Discurso de Dagoberto Valdés Hernández, laico católico de la Diócesis de Pinar del Río, miembro de la presidencia colegiada del ENEC, pronunciadas ante el cenotafio que guardan los restos del Padre Félix Varela en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, a nombre de los delegados del ENEC, el 19 de febrero de 1986:



Eminentísimo Sr. Cardenal Eduardo Pironio.
Sr. Rector de la Universidad de La Habana.
Autoridades Universitarias.
Señores Obispos.
Delegados e invitados al Encuentro Nacional Eclesial Cubano:


Para honrar a un hombre entero hemos venido aquí. Para aprender de él. Para seguir sus pasos. Ese hombre es un sacerdote cubano: el Padre Félix Varela, cuyos restos reposan y convocan desde esta Aula Magna de la Universidad de La Habana. A él acudimos hoy los católicos cubanos, como signo de los caminos que buscamos recorrer para cumplir nuestra misión de servicio en el presente y en el futuro de nuestra Patria.

Las puertas de esta alta Casa de Estudios, cuya significativa historia todos conocemos y apreciamos, se han abierto para brindarnos la acogida franca y cordial que ahora agradecemos; en primer lugar, al Dr. Fernando Rojas, Rector de este Centro y a las demás autoridades universitarias que con tanta diligencia han hecho posible que pudiera realizarse este gesto de tanta significación para nosotros. Y como si el gesto no fuera suficientemente elocuente acompañémoslo de una palabra que quisiéramos compartir con todos.


Varela es puente, punto de referencia, camino de unidad para los diversos sectores de nuestro pueblo. Hombres como él derriban barreras, abren puertas, construyen, serena y audazmente, el edificio de la sociedad. Hombres como él, desde los mismos albores de nuestra nacionalidad, convocan a la forja del futuro a todos cuantos quieran, con un amor entrañable a la Patria, y aún desde diversas concepciones del mundo, ponerse al servicio de la vida misma para abrir nuevas perspectivas a los hombres y vislumbrar renovados horizontes para nuestra sociedad.


Por eso nos alegra, nos conmueve y compromete, que los restos de un sacerdote, de un hombre de Iglesia, descansen y sean honrados en esta Universidad. Es porque Varela pertenece a la Patria, a la cultura de nuestro pueblo y es justo que lo encontremos aquí donde se forja a los hombres para la vida, para la cultura, para el servicio cualificado a nuestro pueblo y desde aquí los hijos de Cuba podamos encontrar en él inspiración, rumbo y enseñanzas.

En efecto, en el Padre Varela, encontramos y admiramos al insigne filósofo, al educador eminente que lleva a cabo una audaz y renovadora reforma de la enseñanza, dejando atrás la memorización escolástica e introduciendo el método inductivo en todo aprendizaje. En Varela encontramos al hombre que introduce en Cuba laboratorios de Física y Química para que la investigación acompañara a la educación y los hombres encontraran en la ciencia un instrumento certero para el conocimiento y dominio de la naturaleza. Y para que los avances de la ciencia no deshumanizaran al hombre, ni sus logros se revistieran en su contra, Varela fue formador de conciencias hasta tal punto que con razón dijo Luz que “fue el primero que nos enseñó en pensar”, logrando integrar así, ciencia y conciencia, síntesis capaz de asegurar que la exploración de los campos insospechados de la ciencia desemboquen siempre en la conservación y promoción de la vida para un mayor desarrollo de la humanidad.


Honramos al promotor de hombres libres y comprometidos con la realidad social que les tocó vivir desde la Cátedra de Constitución del Seminario San Carlos, llamada con razón la Cátedra de la Libertad. Venimos también a honrar en Varela la creciente radicalidad política del hombre que mientras fue diputado a Cortes defendió la autonomía de los países hispanoamericanos y propugnó la abolición de la esclavitud, hasta que las mismas condiciones intransitables de aquella vía, lo llevaron al exilio y al convencimiento profundo y definitivo de que Cuba debía ser tan independiente en lo político como lo era en lo geográfico.



No podemos olvidar tampoco que, al mismo tiempo que exhortaba a los cubanos desde El Habanero a encontrar caminos para la independencia total de la Patria, Varela escoge, allí donde estaba, el camino del servicio a los más pobres como profético adelanto, ya en sí elocuente, de que la independencia que postulaba debía satisfacer no sólo la ruptura con un régimen colonial sino luchar por una liberación más integral, donde las carencias económicas y sociales de los hombres encontrarán eficaz solución, en su misma raíz, junto a la satisfacción de sus necesidades culturales y espirituales.

El P. Varela, primer intelectual revolucionario cubano, marca hasta tal punto la formación de nuestra conciencia nacional y su influencia en el nacimiento de tiempos nuevos para la ciencia, la educación, el periodismo militante, el análisis sociológico; y el compromiso político de las generaciones que le sucedieron es de tal magnitud, que con razón es llamado hoy el Padre de nuestra Cultura. Por eso los católicos cubanos también sentimos, junto con todo nuestro pueblo, el sano orgullo de que la más alta condecoración que otorga nuestro Estado a las personalidades del mundo de la cultura ostente el nombre señero y glorioso del P. Félix Varela.

Permítasenos también decir que para nosotros, un patriota de tal verticalidad y audacia previsora; un hombre que aporta a la naciente cultura nacional tal aliento de incalculable amor a la independencia y a la libertad; un hombre que sirvió a la Patria poniendo una generación en pie para que trabajara por levantar a los que vivían postrados; un hombre de tal estatura moral es también para nosotros, católicos de Cuba, un modelo para aprender de él que la fe que pueda haber en el corazón de un hombre debe llevarlo necesariamente al servicio generoso y desinteresado de su pueblo, debe conducirlo a trabajar por el desarrollo integral de la Patria en las circunstancias históricas concretas en que se encuentra, debe empujarlo, en fin, a vivir para los demás.

Es la audaz y vital síntesis entre los valores del cristianismo y los valores de nuestra propia cultura, siempre mestiza, siempre en gestación y crecimiento, lo que significa la vida de Varela, lo que los católicos venimos a aprender de él y lo que nos llama, en el momento actual a encontrar, desde nuestra propia identidad, nuevos caminos de participación en nuestra sociedad, en nuestra cultura.


En efecto, si a todos los cubanos Varela nos enseñó a pensar, a nosotros los cristianos nos enseña también a creer sin alienación y a vivir en franco y lúcido compromiso con la realidad que nos ha tocado compartir y construir. Por eso estamos convencidos que mientras más profundicemos todos en la vida de Varela, más sólidas y profundas serán las bases sobre las que vamos construyendo la siempre creciente y necesaria unidad de todo nuestro pueblo.

Es necesario, entonces, poner en práctica aquellas palabras de Manuel Bisbé: “Si de veras queremos ser fieles a la memoria de Varela, si queremos honrarlo con ese homenaje que va más allá de las palabras, popularicemos a Varela, pongamos en particular a la juventud en contacto con sus enseñanzas y hagamos de su ideario una reserva espiritual de nuestro pueblo, una fuerza capaz de redimirlo y orientarlo”.

En este momento que es histórico para nosotros, en este solemne lugar donde hemos venido a encontrarnos con nuestros orígenes, junto a los restos vehementes del padre de nuestra nacionalidad, prometámonos ser fieles a estas mismas raíces de autenticidad y cubanía que nos convocan a todos, sin distinción, a ser consecuentes con la hora presente para construir, entre todos, un futuro mejor.

Muchas Gracias.

Wednesday, February 18, 2026

Re-visitar el ENEC desde la mirada de un testigo. (por Carlos A. Peón-Casas)


Recuerdo que fui parte de aquel gran proceso que se generó primero en las diócesis particulares. En la de Camagüey, gobernada entonces magníficamente por el entonces obispo diocesano, Monseñor Adolfo Rodríguez y Herrera, quien mucho tendría que ver con aquella experiencia, no fue la excepción. Recuerdo los primeros debates que se generaban en mi parroquia de San José de la Vigía, bajo la atenta mirada de los padres jesuitas que la atendían: los padres Nelson Santana; Otto Traber, Edelman Nogueiras, y el párroco de entonces, Mariano Rodríguez, estos últimos ya en la Casa del Padre, un suceso que se repetía en todas y cada una de las parroquias y comunidades de la diócesis y que se extrapolaba a todas las restantes del país. 

Del hecho puedo asumir que muy pocos al interior de la Iglesia tienen memoria, acaso los pocos protagonistas que nos acompañan; y me atrevo a afirmar sin cortapisas, que muchos de los hermanos recién llegados a la fe en estos últimos años, acaso ni tengan una mínima certeza de aquel acontecimiento eclesial, no tan lejano en el tiempo, pero como siempre sucede con lo que se vuelve historia, constreñido a la memoria pasiva que guardan los textos alusivos al hecho que duermen el sueño a veces inmerecido del olvido en los estantes de nuestros libreros y bibliotecas.

La idea genesiaca databa de 1979:
A comienzos del mes de julio de 1979, un grupo numeroso de sacerdotes de Cuba, reunidos en la tradicional convivencia anual del Cobre, reflexionaron entorno a los resultados de la Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrado en Puebla. (…) en una reunión con intercambio de opiniones, Mons. Fernando Azcárate, antiguo Obispo Auxiliar de La Habana, sugirió la idea de la celebración de un “Puebla en Cuba”. Esta sugerencia fue unánimemente aceptada. Desde entonces, Mons Azcárate ha sido considerado como el inspirador de la Reflexión Eclesial Cubana(1).
En 1980, se activó finalmente el proceso cuando la Conferencia Episcopal, en agosto del aquel año durante su Asamblea General, “pidió a Mons. Azcárate que informara sobre su proyecto”(2).Una Comisión creada al efecto, presidida por Mons Adolfo Rodríguez Herrera, y siete sacerdotes empezó a canalizar: “los deseos, inquietudes, problemas y esperanzas de los católicos en Cuba”(3).

El proceso preparatorio duró cinco años. Una comisión Antepreparatoria, se reunió en Camagüey, el 19 de abril de 1981. De allí emergió un esbozo de lo que se pretendía: “no tanto un documento o un sínodo, sino poner a la Iglesia cubana en pie de reflexión sobre su ser y quehacer en el pasado, en le presente y en el futuro (…)”(4), conocido como “Documento de Camagüey”. Puntos intermedios en el proceso organizativo lo fueron la primera reunión de la Comisión Preparatoria, en el Hogar San Rafael de Marianao, el 9 de marzo de 1982; y su posterior reorganización y cambio de nombre a Comisión Central, en febrero de 1983, desde entonces la COCC designaría a Mons. Jaime Ortega como su Presidente. 

Otro hito importante acaecía en febrero de 1984 cuando sometieron sus indagaciones a la Comisión Central, las Sub Comisiones de Historia y Encuestas, que “permitieron captar cómo la Iglesia en Cuba deseaba renovarse y ponerse al servicio de la comunión con Dios y con el pueblo del que forma parte.”(5). De allí surgiría la propuesta de generar un Documento de Consulta, a cargo de los sacerdotes Rodolfo Lamas, Juan de Dios Hernández y Antonio Rodríguez:
que sintetizara los primeros datos y reflexiones, los organizara y fundamentara teológicamente a fin de presentarlos nuevamente a las comunidades cristianas, con vistas a una ulterior profundización y enriquecimiento del mismo(6)
El paso subsiguiente fueron las celebraciones de las Asambleas Diocesanas, entre el 28 de abril y el 23 de junio de 1985.

Recuerdo la que se tuvo en nuestra diócesis camagüeyana que cerró aquellos años de trabajo. Celebrada muy solemnemente, la presidía el obispo diocesano, y creo recordar que actuaba como su moderador principal el ya citado sacerdote guaimarense Rodolfo Lamas, hoy incardinado en la ciudad de San Juan, Puerto Rico. A ella concurrieron delegados de todo el territorio eclesial, incluyendo entonces a la zona de Ciego de Ávila, todavía no segregada de los dominios camagueyanensis. Recuerdo que mi misión fue justamente como una especie de apuntador que tomaba nota del orden de quienes querían hacer alguna intervención ante el plenario.

El suceso tuvo lugar en la Casa Diocesana de la Merced. Del hecho no tengo hoy mucha memoria, ni cuento tampoco con ninguna apoyatura fotográfica; pero me ayudo de algún documento de la época, para descubrir detalles que a tanta distancia me parecen hoy reveladores. Uno de ellos es apabullante. No quedan muchos que puedan decir que estuvieron en aquel convite. La mayoría de aquel quórum asambleario habita otras regiones de este mundo plural, primordialmente en los Estados Unidos.

Igual pasaría si pasamos lista de los delegados de la diócesis camagüeyana que concurrieron a las sesiones del magno evento eclesial cubano después de 1959, celebrado en la Casa Sacerdotal P. Félix Varela en la Ciudad de La Habana, entre el 17 y el 23 de febrero de 1986. 

En total fueron 173 los participantes, en su mayoría los laicos comprometidos de aquel minuto en las entonces siete diócesis cubanas. El mensaje de su Santidad Juan Pablo II fue leído por el cardenal Pironio, quien fungía como representante suyo ante la Asamblea. Dos lúcidos actos públicos: una visita al Cenotafio del Padre Varela en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, y una Gala Cultural en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, fueron junto a una recepción en la Nunciatura Apostólica: “momentos que favorecieron cordiales encuentros con las autoridades del país y personalidades de la cultura cubana"(7)

Más de cien periodistas acreditados, en su mayoría extranjeros, cubrieron para el mundo las expectativas de aquel encuentro eclesial en verdad inédito, al interior de aquella Cuba monolítica, signada por los aires más conservadores, y que para nada anunciaban las tormentosas realidades del fin del socialismo real que acaecería con la caída del muro de Berlín, sólo tres años después.

Una de aquellas voces reporteriles, lo fue la periodista Araceli Cantero, enviada especial del diario La Voz Católica, de Miami, y quien dejaría evidencia de los sucesos allí acaecidos. Su testimonio resulta elocuente:
Informar sobre aquel Encuentro Eclesial no fue una tarea fácil debido a las limitaciones. Los periodistas no teníamos acceso a las sesiones. Había docenas de cubanos inscritos como periodistas(…) Cada día, durante más de dos horas (Mons. Carlos Manuel de Céspedes) y ante una sala repleta, el sacerdote mantenía absorto a los periodistas haciendo un resumen de la actividades del día y contestando preguntas de todo tipo. Con gran habilidad se escurría ante los temas político o invitaba a que la misma pregunta se la hicieran a alguien del gobierno(8).
La sagaz informadora, sintió de cierta manera el gardeo a presión, a que la sometieron los oficiales “que la atendieron”, desde su misma llegada, uno de ellos estaba inscrito como “periodista”, pero de cualquier modo, pudo hacer bien su trabajo. Antes de venir a la Habana, había dejado preparado un grupo de artículos que explicaban los pormenores del suceso, basados en el Documento de Trabajo preparado para el cónclave. Cubriendo el evento pudo percatarse de muchos detalles como que:
en 1986 los católicos cubanos estaban resignados a vivir su fe en un país socialista –marxista.(…) Detecté miedo y mucha cautela en la gente a la hora de emitir opiniones. Pero se notaba un cierto respiro para hablar de la práctica religiosa y asuntos de la Iglesia(9)
Recuerdo la euforia con que reaccionábamos entonces cuando veíamos a nuestros dignatarios eclesiales y a nuestros hermanos de fe, aparecer en los reportajes televisivos estatales, que con cierta moderada profusión, reportaban los pormenores de aquella inusitada reunión de católicos cubanos, a la que el propio estado, hasta entonces ateo, le hacía si no una reverencia, por lo menos, una discreta venia, tras largos años de desencuentros, malas caras, y una muy clara política de hostilidad, digamos de baja intensidad, pero hostilidad al fin y al cabo, a la que fuimos sometidos todos, de una u otra manera, los que mantuvimos las banderas de nuestras fe católica sin plegar.

A cuarenta años de aquel trascendental suceso, la realidad eclesial pudiera ser considerada una muy otra: al menos si no asumida del todo en el tejido social cubano, al menos tolerada, en sus ya no pocos espacios de influencia, léase primordialmente la acción caritativa y asistencial, aunque aún de cualquier modo todavía insuficientes; y en otros campos más específicos como el de la participación en los procesos educativos y el quehacer de los medios de comunicación, con pequeñas realizaciones, pero todavía segregada de tal accionar, bajo control únicamente estatal. Tales detalles, señalados con su nombre en 1986, son todavía, acaso con mínimas variaciones sobre el tema, una verdadera asignatura pendiente para la Iglesia cubana:
La Iglesia Católica, sin ninguna participación en el sistema educativo, ni acceso a los medios de comunicación social (prensa, radio y TV), carece en la práctica de las posibilidades normales y habituales ene l mundo moderno para entrar en contacto con los mismos creyentes y para anunciar el mensaje de Cristo a nuestros hermanos, viendo limitadas en este aspecto su acción evangelizadora al templo y a los contactos personales. Esta privatización de la religión puede difícilmente adecuarse a la idiosincrasia de nuestro pueblo y no es conforme con el carácter social de la fe(10)
El otro tema álgido, con actualidad constante, era el de la creciente e imparable migración del pueblo cubano, y de los católicos en particular que despoblaban cíclicamente las comunidades de fe, en oleadas sucesivas: primero en 1980 con los sucesos de la Embajada de Perú y Mariel; luego en los duros años 90’s con la “Crisis de los Balseros”, ahora mismo con esa otra riada indetenible de conciudadanos nuestros atrapados en Costa Rica con destino a las fronteras de Estados Unidos, que algunos llaman ya eufemísticamente: “balseros caminantes”, o “Mariel a cuenta gotas”.

El Documento ya citado llamaba la atención de un fenómeno que parece llamado a perdurar por mucho tiempo:
Una constante en la vida de nuestra Iglesia como parte de nuestro pueblo, ha sido el abandono del país de católicos activos y comprometidos: catequistas, seglares de seria formación, o simples fieles, e incluso algunos agentes pastorales cualificados: sacerdotes y religiosas(…)La separación de las familias incide sobre los cristianos en cuanto a su estabilidad en el país(…)(11)
Mi mirada actualizadora a aquel innegable suceso, se topa ahora con un texto que creo es fundamental hoy día para seguir remontando las hondas raíces de nuestra catolicidad, se trata de Presencia en Cuba del Catolicismo, de Manuel Fernández Santalices, donde el autor, ya tristemente fallecido en España, y a quien hube de tener el gusto de conocer acá en Camagüey, en el marco de una de las ediciones del Encuentro Nacional de Historia, se acerca con mirada crítica, a aquel ENEC y refiere con aguda mirada a las coyunturas y los intríngulis de aquel convite, y lo esboza en una anécdota que pone en boca de un funcionario gubernamental, y que transcribo al lector por su innegable singularidad:
En cierta ocasión, alguien comentó ante un funcionario gubernamental de Cuba, que poco había que temer de una Iglesia que como la cubana había llegado a ser pequeña y débil. El funcionario replicó, no sin reticencia, que no era tan pequeña y mucho menos débil; que se hallaba organizada y extendida a lo largo y ancho de la isla, tenía importante conexiones internacionales y no había podido ser integrada a los fines del estado socialista”(12),
Para el autor, se hace innegable que aquel convite presupuso una presencia para nada desestimable del obrar de la Iglesia, con un “realismo político-entendido el término político(…), según la definición del Concilio Vaticano II como la búsqueda del bien común-(…)"(13)

De igual forma, reconoce como lo hace el propio Documento Final, que la situación actual de Cuba, no sólo se halla lejos de una eventualidad revolucionaria, sino que se ha instalado en la historia y se ha constituido en un universo cultural que supone continuidad, evolución y a veces ruptura con la cultura cubana tradicional(14)

Un punto de por sí difícilmente asumible, según su opinión para los que habitan la diáspora cubana, que según su propio criterio:
(…) no han entendido,- o no han querido entender-esta instalación histórica del régimen engendrado por la revolución cubana en el último tercio del siglo y han pretendido o ignorar esa realidad o ponerla entre paréntesis para después borrarla de un plumazo; como si la historia propicia o adversa, no dejara huellas que marcan irreversiblemente el destino de un pueblo(15).
Para dar consistencia a su punto de vista cita brillantemente a ese gran pro-hombre y pensador nuestro, Jorge Mañach, para nada sospechoso de izquierdismos, quien afirma en su obra póstuma: Teoría de la Frontera: “la historia de un pueblo no está hecha solo de las cosas que hace, sino también de las que le pasan sin que pueda evitarlas”.

A los diez años de aquel magno suceso, en febrero de 1996, con un telón de fondo de lo más controvertido posible en cuanto al tema socio político, y las muy precarias y tensas relaciones con el vecino del Norte tras el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, la Iglesia cubana celebraba el ECO, Encuentro Conmemorativo, de aquella reunión de la ENEC, que buscaba resaltar las realidades eclesiales ad intra, con luces, pero también con sombras, justo un decenio después.

En aquel minuto, el enviado papal, el cardenal Furno leía un mensaje muy sentido de su Santidad, el hoy San Juan Pablo II, donde se traslucían, entre otras:
las grandes transformaciones que han marcado nuevas pautas en la sociedad y en las relaciones internacionales. Entre ellas, la caída, en Europa del Este, de un sistema político basado en una filosofía marxista, el cual tenía su influjo en otros continentes(16)
Sucesos diversos, muchos de ellos encontrados marcaban la continuidad de aquellos propósitos del ENEC, así lo sigue recordando la periodista Aracely Cantero:
El texto describía dicho sistema ateo y el trato que dio a la Iglesia en aquellos países al considerar irrelevante y nociva la profesión de la religión y dar un trato burocrático, excluyente y severo a la Iglesia, instituciones y creyentes(…)(17)
Respecto a las condiciones, muy particulares del accionar eclesial, muchas veces cuesta arriba signada por contradicciones diversas con el propio estado cubano, todavía estaba fresca en la memoria aquella tremenda carta pastoral: El Amor todo lo espera, firmada por el episcopado cubano en 1993, en lo más álgido de lo se llamó Periodo Especial. Así lo recuerda la reportera:
En los últimos años las diócesis en Cuba han creado sus propias publicaciones con medios sencillos y grandes dificultades. Pero recientemente ha circulado una carta instruyendo a las empresas que venden materiales de computación e impresoras que no le venda a la Iglesia estos equipos(18)
En el discurso de clausura del aquel convite, el Cardenal Jaime Ortega Alamino hacía patente la experiencia de una Iglesia ajena a todo poder mundano:
El poder de la Iglesia está en su falta de poder real en el orden humano…Frente a los reclamos de esperanza de tantos hermanos nuestros que no hallan sentido a su andar por la vida, la Iglesia y los cristianos sólo contamos con el poder de Dios (…)
Y enfatizaba más adelante:
Hay que tener los ojos muy abiertos para no confundirse. El Poder puede ponernos de rodillas ante el mal”. Y señaló que la Iglesia en Cuba, en su experiencia de estos últimos años “ha confrontado los mismos desafíos a los cuales dio respuesta el Salvador en sus cuarenta día de ayuno, esgrimiendo la Palabra de Dios, no como solución ya dada, sino como indicadora de un camino a seguir(19)
En específico, para cualquier futuro escenario político social en Cuba el Cardenal apostaba desde ya por que la Iglesia:
consciente de la insuficiencia del materialismo marxista y su fallo existencial, no pone la mirada en otro materialismo consumista, hijo de un capitalismo feroz, que no llega a dar participación real a la inmensa mayoría desposeída(…) para que desaparezca el hambre y la miseria…no solo es necesario que haya pan, se requiere primero crear las condiciones humanas y dignas para producir ese pan(20)
Quizás, en este hic et nunc que vivimos, estas palabras pronunciadas décadas atrás nos puedan sonar realmente proféticas de cara a los muchos escenarios posibles a donde parece encaminarse el entramado socio económico del país. Lo que se aviene, de cualquier modo deberá corresponderse, con un escenario renovado y renovador.

De cualquier modo, la Iglesia, llamada a acompañar al pueblo en su andadura hacia el bien común, tiene como misión no precisamente hacer de gurú, más bien, como brillantemente siguiera apuntando el Cardenal en aquella memorable homilía que venimos reseñando, y con la que damos por cerrada esta andadura rememorativa:
Los cristianos cubanos y nuestra Iglesia, por presentar ante nuestros hermanos de modo profético la doctrina de Jesús sobre el hombre digno, libre y dueño de su destino, no nos consideramos imbuidos de un nuevo y siempre sospechoso mesianismo. La Iglesia es servidora de la humanidad, no pretende tener todas las soluciones ni monopolizar la verdad en cuanto a las cosas factibles(…) Cuando aportamos nuestra visión del hombre y de la historia, la Iglesia Católica quiere trabajar como decía nuestro apóstol Martí: “Con todos y para el bien de todos"(21)


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Citas y Notas

  1. La Reflexión Eclesial Cubana camino del ENEC. En Encuentro Nacional Eclesial Cubano. Documento Final e Instrucción Pastoral de los Obispos. La Habana, 1987. p. 17
  2. Ibíd.
  3. Ibíd
  4. Ibíd.
  5. Ibíd. p. 19
  6. Ibíd.
  7. Ibíd. p.22
  8. Cuba Una fe que abre caminos. Araceli Cantero Guibert. Ed. Universal. Miami. p. 29
  9. Ibíd. p.30
  10. Ibíd. Cap. II: Situación Actual de la Iglesia en Cuba.No.185. pp. 62-63
  11. Ibíd. Nos: 145 y 146.p. 57
  12. Presencia en Cuba del Catolicismo, apuntes históricos del siglo veinte. Manuel Fernández Santalices. Fundación Konrad Adenauer, ODCA, 1998. p.87
  13. Ibíd. p.88
  14. Ibíd. p.89
  15. Ibíd. p. 89
  16. . En Cuba una fe que abre caminos, Convocar a los cubanos sin odios, op cit. p.139
  17. Ibíd.
  18. Ibíd. p.140. A la anécdota puedo aportarle otros detalles. No sólo fue la prohibición de vender los susodichos equipos e insumos, sino igualmente, se pretendió, la devolución, por parte de la Iglesia, de otros equipamientos ya adquiridos, previa expedita autorización y desembolso de ingentes sumas en moneda dura, aduciendo, según acotaban los suministradores: “ que se había procedido de manera indebida”. Hasta donde conozco, la posición de los obispos fue firme, y no se transigió con tan desafortunada e improcedente “gestión”
  19. Ibíd. El desierto lugar de alternativas. p. 144
  20. Ibíd.
  21. Misa de Clausura del Encuentro Conmemorativo del Décimo Aniversario del Encuentro Eclesial Cubano. En Te basta mi gracia. Card. Jaime L. Ortega Alamino. Edit Palabra, Madrid, 2002. p. 531

Miércoles de Ceniza

1.- ¿Qué es el Miércoles de Ceniza?

Es el primer día de la Cuaresma, es decir, de los 40 días en los que la Iglesia llama a los fieles a la conversión y a prepararse verdaderamente para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.

El Miércoles de Ceniza es una celebración contenida en el Misal Romano. En este se explica que al término de la Misa, se bendice e impone la ceniza hecha de los ramos de olivo bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior.

2.- ¿Cómo nace la tradición de imponer las cenizas?

La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo.

La Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos casi 400 años D.C. y a partir del siglo XI (once), la Iglesia de Roma impone las cenizas al inicio de este tiempo.

3.- ¿Por qué se impone la ceniza?

La ceniza es un símbolo. Su función está descrita en un importante documento de la Iglesia, más precisamente en el artículo 125 del Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia:
El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito Romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.
4. ¿Qué simbolizan y qué recuerdan las cenizas?

La palabra ceniza, que proviene del latín "cinis", representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.

La ceniza, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gn 2,7); "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).

(Leer texto completo en ACI Prensa)

Saturday, January 31, 2026

Mensaje de los Obispos Católicos de Cuba, a todos los cubanos de buena voluntad.


Queridos hermanos y hermanas:

1. El pasado 15 de junio dirigimos un Mensaje a los fieles católicos con motivo del Año Jubilar que, con el lema: “Peregrinos de Esperanza”, estábamos celebrando con toda la Iglesia universal. Allí, en lo que ha sido una constante de nuestro Magisterio episcopal durante décadas, volvimos a referirnos a las cuestiones que atañen la vida del pueblo cubano: “La realidad dolorosa y apremiante que experimentamos, pide no quedarnos únicamente en los análisis, descripción de los problemas y sus múltiples causas. Nos exige cambiar el rumbo de esta situación. En todos los lugares de la geografía nacional, para los oídos atentos y respetuosos del sufrimiento del prójimo se escucha continuamente que las cosas no están bien, que nopodemos seguir así, que hay que hacer algo para salvar a Cuba y devolvernos la esperanza. Este reclamo es una invitación a todos, pero fundamentalmente a los que tienen responsabilidades más altas a la hora de tomar decisiones para el bien de la nación. Es el momento de crear un clima, sin presiones ni condicionamientos internos y externos, donde se puedan llevar adelante los cambios estructurales, sociales, económicos y políticos que Cuba necesita”.

2. En aquel momento imaginábamos que las cosas no podían ir peor y que, por tanto, se abrirían caminos que permitieran, progresivamente, mejorar la vida de todos los que vivimos en esta tierra, favoreciendo a la vez, un clima de respeto, para que todas las personas con opiniones diversas, pero deseosas de contribuir al desarrollo integral de la nación, pudieran hacerlo en los ámbitos donde se necesitan los cambios. Lamentablemente, la situación ha empeorado y se ha agravado la angustia y la desesperanza. Las noticias recientes, que anuncian, entre otras, la eliminación de toda posibilidad de que entre petróleo al país, disparan las alarmas, especialmente para los menos favorecidos. El riesgo de un caos social y de violencia entre los hijos de un mismo pueblo es real. Ningún cubano de buena voluntad se alegraría de  ello.

3. Cuba necesita cambios y son cada vez más urgentes, pero no necesita para nada más angustias ni dolor. No más sangre ni más lutos en las familias cubanas. ¡Demasiado hemos tenido en nuestra historia reciente! Queremos y anhelamos una Cuba renovada, próspera y feliz, pero sin aumentar el sufrimiento de los pobres, de los ancianos, de los enfermos, de los niños cubanos. El Santo Padre San Juan Pablo II, señaló en su despedida de Cuba, el 25 de enero de 1998: “el pueblo cubano no puede verse privado de los vínculos con los otros pueblos, que son necesarios para el desarrollo económico, social y cultural, especialmente cuando el aislamiento provocado repercute de manera indiscriminada en la población, acrecentando las dificultades de los más débiles en aspectos básicos como la alimentación, la sanidad o la educación”. Por eso, nos ha alegrado la solidaridad reciente con nuestros hermanos afectados por el paso del huracán Melissa el pasado mes de octubre. Llegue nuestra gratitud a los fieles de todas nuestras diócesis, los familiares, los amigos de otros países, las Caritas, gobiernos e instituciones internacionales, que han mirado con amor y compasión a los damnificados, y se han implicado en mitigar tantas penurias.

4. En aquel memorable discurso, ya citado y cuya actualidad todavía sorprende, el Papa polaco invitó al compromiso para “superar la angustia causada por la pobreza, material y moral, cuyas causas pueden ser, entre otras, las desigualdades injustas, las limitaciones de las libertades fundamentales, la despersonalización y el desaliento de los individuos y las medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país, injustas y éticamente inaceptables”.

5. La postura invariable del Papa y de la Santa Sede, coherentes con el Derecho Internacional, es que los gobiernos deberían poder resolver sus desavenencias y conflictos a través del diálogo y la diplomacia, no la coerción ni la guerra. Porque los hombres, hablando, se entienden. Y siempre que exista buena voluntad, es posible encontrar vías para solucionar los conflictos y buscar el triunfo de la verdad y el bien, de la justicia, el amor y la libertad.

6. Al mismo tiempo, el respeto a la dignidad y al ejercicio de la libertad de cada ser humano dentro de la propia nación, no puede supeditarse ni condicionarse a las variables de los conflictos externos. En múltiples ocasiones, la historia ha mostrado que un ambiente de sana pluralidad y respeto recíproco dentro de un país, precisamente es lo que ha contribuido, y no poco, a la distensión y al intercambio fructífero a nivel internacional.

7. Parafraseando a San Juan Pablo II, “que el mundo se abra a Cuba”, pero que Cuba se abra a su propio pueblo, a todos los cubanos, sin exclusiones ni estrategias que busquen favorecer solamente a algunos. Para esto, se necesita poner el bien de Cuba por encima de los intereses de parte. Se necesita alma grande, a lo José Martí, llcuando soñó y trabajó para que la Patria fuera “Con todos y para el bien de todos”.

8. La Iglesia Católica en Cuba continuará acompañando a este pueblo que amamos, en el modo propio que deriva de la misión que el Señor le confió. Continuará orando por todos, celebrando la fe, anunciando el Evangelio, sirviendo a los pobres, los enfermos, las familias, los presos. Continuará invitando a la conversión, a la vivencia del amor fraterno, de la justicia y la paz. Y también, ofreciendo su disponibilidad para, si así se lo solicitaran, contribuir a rebajar el tono a las hostilidades entre partes y crear espacios de fecunda colaboración en orden al bien común.

9. Con el Santo Padre León XIV, haciéndonos eco de sus palabras en la Misa de inauguración de su Pontificado, nos gustaría que fuera verdad, también para Cuba que: “¡esta es la hora del amor! La caridad de Dios, que nos hace hermanos entre nosotros, es el corazón del Evangelio. Con mi predecesor León XIII, hoy podemos preguntarnos: si esta caridad prevaleciera en el mundo, ¿no parece que acabaría por extinguirse bien pronto toda lucha allí donde ella entrara en vigor en la sociedad civil?” (Carta enc. Rerum novarum,20).

10. A la Virgen de la Caridad, Madre del pueblo cubano, invocamos con confianza. Que, por su intercesión, llegue para nosotros la “hora del Amor”. Que la sensatez y la cordura prevalezcan sobre las amenazas, discordias y posturas que parecen irreconciliables. Para que todos los hijos e hijas de esta tierra, podamos vivir en paz, dignos y felices aquí. Oramos para que Dios bendiga a Cuba.

Los Obispos Católicos de Cuba.
La Habana, 31 de enero de 2026.

Memoria de San Juan Bosco.

NOTA: Por favor, léase a los fieles en las misas de este fin de semana.

Wednesday, January 7, 2026

La Marcha por la Paz en Camagüey, el 11 de enero de 1959, una procesión casi olvidada (por Carlos A. Peón-Casas)



El testimonio del hecho lo aporta esta foto que ha dormido el sueño de los justos en esta poco vista primera edición del por entonces Órgano Oficial del Movimiento 26 de Julio en Camagüey, el mismo diario Adelante que conocemos hoy en tirada semanal, y no diaria como hubo de ser en sus orígenes, y hasta una época no muy lejana.

Lo cierto es que este ya bien poco común ejemplar, que es parte de los fondos de la Biblioteca Diocesana de Camagüey, y que el propio diario de marras no conserva en sus archivos sino sólo en versión digital, recogía aquel día 12 de enero de 1959, con foto a todo lo ancho de la primara plana, los sucesos de aquella procesión religiosa, que portando la efigie de la Madre de la Caridad, acaecía el domingo anterior a la fecha. Lo acontecido era así consignado por el cronista:
No se recuerda en los últimos cincuenta años una procesión mayor en Camagüey, que la que durante casi tres horas pasó por nuestras principales calles ayer domingo, llevando en peregrinación gloriosa a la Virgen de la Caridad, escoltada por el Ejército Rebelde del Movimiento 26 de Julio que la invocaba siempre entre sus frecuentes oraciones(1).
El suceso, según seguía acotando el diario, no era más que el reflejo de: “una expresión magnífica de religiosidad y del contenido espiritual de la lucha que nos ha dado la ansiada Libertad”(2), y testimoniaba el agradecimiento sincero a la Madre de los cubanos de parte de millares de fieles católicos camagüeyanos y de los soldados rebeldes recién llegados al llano desde la Sierra Maestra.

Bautizada como la Procesión de la Paz, recorrió un larguísimo itinerario desde la Avenida de los Mártires, discurriendo por las más céntricas calles citadinas: República, Estrada Palma, Cisneros, la Avenida de la Libertad, hasta confluir luego de una marcha apretada, en la Plaza de la Caridad, frente al templo homónimo. El propio diario acotaba la cifra de veinte mil católicos participando de tan solemne peregrinaje, miembros de todas las instituciones religiosas, los colegios católicos, y sus centros benéficos, sin sumar acaso una cifra no recogida de curiosos apostados a lo largo del recorrido. 

Allí tenía lugar, en el atrio del templo, un Te Deum cantado por el Coro de los R. P. Carmelitas, presidía la ceremonia el obispo local Mons. Ríu Anglés, y oficiaban los presbíteros Salvador Basulto, Filiberto Martínez y el padre Miguel de los Agustinos.

Otro diario emblemático de la ciudad, El Camagüeyano, también le dedicaba su primera plana al suceso, al que calificaba de “solemne y de una vastísima proyección social y popular”(3), y al que igualmente calificaba de “majestuoso desfile” donde se hicieron presentes:
todas las clases sociales y cívicas de Camagüey…cuya importancia numérica podía calcularse por el tiempo que duraba su paso por cualquier lugar. Fue un acto de reafirmación piadosa del hondo sentimiento cristiano de nuestro pueblo y una expresión cabal de la devoción unánime que guardan los cubanos para su egregia Patrona, la Virgen de la Caridad(4).
La foto que acompaña este texto, tomada por la mano de algún fotógrafo del propio diario Adelante de entonces, anónimo en este minuto para este redactor, dará el inevitable complemente de un hecho del que pocos lugareños entre nosotros pueden dar testimonio, y otros quizás lo rememorarán en lejanas playas. De cualquier modo es el argumento de un minuto de la historia local vivida, que solamente si se airea convenientemente se hace reconocible, en este hic et nunc, a casi seis décadas de distancia.


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  1. Adelante. Camagüey, Enero 12, Año de Liberación. Año 1. No.1
  2. Ibíd
  3. El Camagüeyano. martes 13 de Enero de 1959.
  4. Ibíd

Tuesday, January 6, 2026

Los Reyes Magos


(ACI-Prensa). Mientras en Oriente la Epifanía es la fiesta de la Encarnación, en Occidente se celebra con esta fiesta la revelación de Jesús al mundo pagano, la verdadera Epifanía. La celebración gira en torno a la adoración a la que fue sujeto el Niño Jesús por parte de los tres Reyes Magos (Mt 2 1-12) como símbolo del reconocimiento del mundo pagano de que Cristo es el salvador de toda la humanidad.

De acuerdo a la tradición de la Iglesia del siglo I, se relaciona a estos magos como hombres poderosos y sabios, posiblemente reyes de naciones al oriente del Mediterráneo, hombres que por su cultura y espiritualidad cultivaban su conocimiento de hombre y de la naturaleza esforzándose especialmente por mantener un contacto con Dios. Del pasaje bíblico sabemos que son magos, que vinieron de Oriente y que como regalo trajeron incienso, oro y mirra; de la tradición de los primeros siglos se nos dice que fueron tres reyes sabios: Melchor, Gaspar y Baltazar. Hasta el año de 474 AD sus restos estuvieron en Constantinopla, la capital cristiana más importante en Oriente; luego fueron trasladados a la catedral de Milán (Italia) y en 1164 fueron trasladados a la ciudad de Colonia (Alemania), donde permanecen hasta nuestros días.

El hacer regalos a los niños el día 6 de enero corresponde a la conmemoración de la generosidad que estos magos tuvieron al adorar al Niño Jesús y hacerle regalos tomando en cuenta que "lo que hiciereis con uno de estos pequeños, a mi me lo hacéis" (Mt. 25, 40); a los niños haciéndoles vivir hermosa y delicadamente la fantasía del acontecimiento y a los mayores como muestra de amor y fe a Cristo recién nacido.

Saturday, January 3, 2026

P. Osmany Massó Cuesta, nuevo obispo de la diócesis Bayamo-Manzanillo.


Tomado del website de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.


Esta jornada del 3 de enero la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba informa que Su Santidad el Papa León XIV ha aceptado la renuncia presentada por Monseñor Álvaro Julio Beyra Luarca, quien hasta ahora ejercía como Obispo de la Diócesis del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo. La decisión responde al espíritu de servicio y continuidad pastoral que caracteriza la misión de la Iglesia.

Durante su ministerio episcopal, Monseñor Beyra se distinguió por su entrega generosa, su cercanía al pueblo y su compromiso con la evangelización en tiempos de desafíos sociales y espirituales. La Iglesia en Cuba expresa su gratitud por los años de dedicación y por el testimonio de fe que ha dejado en la comunidad.

Simultáneamente, el Santo Padre ha nombrado al Padre Osmany Massó Cuesta como nuevo Pastor de la Diócesis. Con este nombramiento, la Iglesia acoge con esperanza y alegría a quien, desde ahora, tendrá la responsabilidad de guiar a los fieles en la vida cristiana, fortalecer la comunión eclesial y acompañar las realidades culturales y sociales de dicho territorio.

Breve reseña de Monseñor Álvaro Beyra.

Mons. Álvaro Julio Beyra Luarca nació el 27 de mayo de 1945 en Camagüey, Cuba, en el seno de una familia profundamente comprometida con los valores cristianos. creció junto a sus cuatro hermanos. Realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Champagnat de Camagüey, dirigido por los Hermanos Maristas, donde también fue miembro activo de la Juventud Estudiantil Católica. A los 43 años, Mons. Álvaro Beyra respondió al llamado del Señor, solicitando ingresar al Seminario Mayor San Carlos y San Ambrosio en La Habana en enero de 1989. Posteriormente, fue enviado a la Universidad de Lovaina, Bélgica, para culminar sus estudios de Teología. El 24 de febrero de 1994 fue ordenado sacerdote por Mons. Adolfo Rodríguez en la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, en Camagüey.

Durante su ministerio sacerdotal, Mons. Beyra desempeñó diversas responsabilidades pastorales. En 1994 fue designado coadjutor en la Parroquia de Nuestra Señora de la Caridad de Nuevitas, atendiendo comunidades rurales como Minas, Senado y Sola. En 2001 asumió el cargo de párroco en la Parroquia de La Milagrosa, en Vertientes.

En 2003 regresó como párroco de Nuestra Señora de la Caridad en Nuevitas, donde continuó su servicio pastoral con dedicación hasta su nombramiento episcopal.

El 9 de julio de 2007, el Papa Benedicto XVI nombró a Mons. Álvaro Beyra Luarca como obispo de la Diócesis del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo, convirtiéndose en su segundo obispo. Fue consagrado el 25 de agosto de 2007 en una ceremonia presidida por Mons. Dionisio García Ibáñez, entonces arzobispo de Santiago de Cuba, junto con Mons. Juan García Rodríguez, arzobispo de Camagüey, y el cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana.

Desde su consagración, Mons. Beyra ha guiado con celo pastoral una diócesis que abarca 8,362 kilómetros cuadrados.

Breve reseña del Padre Osmany Massó Cuesta.

El Rev. Osmany Massó Cuesta nació el 18 de diciembre de 1976 en Santiago de Cuba, hijo legítimo de Justo Massó y Rosa María Cuesta. Siendo joven, el Padre Massó comenzó a asistir a su parroquia y a comprometerse por iniciativa propia en el grupo de jóvenes. Se sintió llamado al sacerdocio según el carisma salesiano. Realizó el noviciado en Jarabacoa, en la República Dominicana (1996—1997).

Estudió Filosofía en el Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana y Teología en Caracas (Venezuela) y posteriormente en Tlaquepaque, Guadalajara, en el Instituto Cristo Resucitado (México), donde obtuvo el Bachillerato en Teología.

Emitió los primeros votos en la Congregación Salesiana el 16 de agosto de 1997 y los votos perpetuos el 30 de agosto de 2003. Fue ordenado diácono el 19 de junio de 2004 en Guadalajara, México, y ordenado sacerdote el 25 de julio de 2005 en la Catedral de Santiago de Cuba.

El 29 de junio de 2015 pasó al clero diocesano y fue incardinado, a petición propia, en la Arquidiócesis de Santiago de Cuba el 27 de diciembre de 2017.

Entre sus encargos ministeriales se destaca que entre 2005—2007 fungió como Vicario parroquial en Camagüey. De 2007 a 2009 asumió como Vicario parroquial de San Juan Bosco en La Víbora, en la Arquidiócesis de La Habana.

Fue además responsable de la pastoral juvenil. Entre los años 2009—2012, estuvo como Párroco de la iglesia del Cristo del Buen Viaje, La Habana. Luego, entre el 2012—2015, fue Párroco de la Parroquia de la Caridad, Santuario diocesano de Camagüey.

Entre los años 2015 a 2021 asumió como Párroco de la iglesia Cristo Rey en Santiago de Cuba. Desde el 24 de octubre de 2021 hasta hoy es Párroco de la Parroquia de San Antonio María Claret en Santiago de Cuba.

Durante este tiempo también desempeñó el oficio de Confesor y director espiritual en el Seminario San Basilio Magno (2016—2022).

Es miembro del Consejo Presbiteral (2017), del Colegio de Consultores y del Consejo Pastoral Arquidiocesano (2017). Además, es Responsable de la Comisión Arquidiocesana de Adolescentes (desde 2017) y Responsable de la Comisión Arquidiocesana de las Vocaciones (desde 2018). Desde el 28 de noviembre de 2022 es Vicario General de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba invita a todos los fieles a unirse en oración por ambos sacerdotes, por Monseñor Álvaro Beyra, en agradecimiento por su servicio, y por el Padre Osmany Massó, para que el Espíritu Santo lo ilumine en su nueva misión y lo sostenga en el ejercicio de su ministerio.

Sunday, December 21, 2025

Mensaje de Navidad de los Obispos Católicos de Cuba


Queridos hijos e hijas de nuestra Iglesia:
Queridos cubanos todos:


1. La Navidad es la fiesta que recuerda el nacimiento de Jesucristo, en el seno de una familia, pobre y necesitado como muchos en este mundo. Llegó hasta nosotros bajo la serena mirada de la Virgen María y su esposo San José, en un pequeño e insignificante pueblo llamado Belén (Cf. Lc. 2, 6), muy cerca de Jerusalén. Los primeros en enterarse de su nacimiento y estar con él, fueron los humildes, la gente sencilla, y aquellos pastores que cuidaban sus ovejas, en medio de la noche (Cf. Lc. 2, 8). Estos últimos escucharon el mensaje de gozo que dieron los ángeles: "Les anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo: hoy les ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor" (Lc. 2, 11). Por eso, a la noche del 24 al 25 de diciembre, el mundo entero le llama la Nochebuena, porque en ella nació Jesucristo, la luz que llegó para iluminar a todos.

2. En esta ocasión, tenemos muy presente que la Navidad será difícil para muchas personas y familias, especialmente las que fueron dañadas por el huracán Melissa, en el oriente cubano. Ellas han sido destinatarias de la solidaridad de muchos. Todos continuaremos orando y ayudándolas en estos días santos.

3. La Navidad es fiesta de la familia. ¡Qué bendición podernos reunir en este tiempo, alrededor de una misma mesa o juntos en la iglesia! ¡Que todos sepamos valorar a quienes nos transmitieron la vida y, con esfuerzo y sacrificio, quisieron hacernos personas de bien! A ellos debemos nuestra gratitud y compromiso de ayuda. Que recemos juntos en el hogar, porque “la familia que reza unida, permanece unida”. Volvamos a escuchar al Papa San Juan Pablo II, cuando nos visitó en 1998: “¡Cuba, cuida a tus familias, para que conserves sano tu corazón!”

4. ¡Quiera Dios que, en esta Navidad le abramos de par en par las puertas de nuestro corazón a Jesucristo! ¡Ojalá que comencemos perdonando verdaderamente al familiar, al vecino, al compañero de trabajo o de estudio, al que nos ofendió y ya no le hablamos! ¡Ojalá que, de manera especial, tengamos un gesto de cercanía con los que viven solos y no tienen con quién compartir! ¡Que sepamos tener expresiones de amor para con los ancianos, los enfermos, los presos y sus familiares! ¡Que no pasemos de largo cuando encontremos a una persona pidiendo limosna o comiendo desechos!

5. El mensaje de la Navidad es una invitación al abrazo fraterno, al diálogo, a dar la mano, a construir puentes en lugar de muros. A olvidar ofensas, acallar rencores y llamar hermano al otro para, juntos, construir una Cuba mejor.

6. La Navidad siempre nos trae buenas noticias. Ya en nuestro Mensaje navideño del año 2020, los Obispos mencionábamos algunas posibles: “Una buena noticia para los cubanos sería que las cosas cambien para bien y en paz… que el agobio por conseguir los alimentos se convierta en un sereno compartir el pan cotidiano en familia… que el anunciado reajuste de la economía nacional, lejos de aumentar las preocupaciones de muchos, ayude a que cada cual pueda sostener a su familia con un trabajo digno, con el salario suficiente y con la siempre necesaria justicia social… que se evite la violencia, la confrontación, el insulto y la descalificación para crear un ambiente de amistad social y fraternidad universal… que la intolerancia dé paso a una sana pluralidad, al diálogo y a la negociación entre los que tienen opiniones y criterios distintos… que los cubanos no tengamos que buscar fuera del país lo que debemos encontrar dentro; que no tengamos que esperar a que nos den desde arriba lo que debemos y podemos construir nosotros mismos desde abajo…que cesen todos los bloqueos, externos e internos, y dar paso a la iniciativa creadora, a laliberación de las fuerzas productivas y a leyes que favorezcan la iniciativa de cada cubano, así cada uno sentirá y podrá ser protagonista de su proyecto de vida y, de ese modo, la Nación avanzará hacia un desarrollo humano integral”. Todas éstas son “buenas noticias”, que conservan su actualidad cinco años después. Hoy se podrían añadir otros buenos deseos, que necesitamos y esperamos. Que no se siga dilatando el tiempo de hacerlos realidad, con el empeño de todos.

7. Para fortalecernos en el compromiso, viene en nuestra ayuda la esperanza cristiana, que se refuerza al contemplar el Nacimiento de Jesucristo. “La verdadera esperanza consiste en saber que, incluso en la oscuridad de la prueba, el amor de Dios nos sostiene” (Papa León XIV, 27 de agosto de 2025). Gracias a la esperanza, que es Cristo, cada persona encuentra respuestas ante la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, el amor y la violencia, las frustraciones e impotencias.

8. Como cristianos y cubanos estamos llamados en todo momento, y especialmente en este Año Jubilar, a ser sembradores de esperanza. Ella inspirará nuestros actos, los purificará y los ordenará hacia la construcción de una Cuba nueva.

9. ¡Que la Santísima Virgen de la Caridad, que vivió en modo privilegiado y único la primera Navidad de la historia, interceda por todos nosotros!

10. El Señor esté siempre a su lado para defenderlos. Que Él vaya delante de ustedes para guiarlos y detrás de ustedes para protegerlos. Que Él vele por ustedes y los sostenga. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y los acompañe hoy y siempre. Amén.

¡Feliz Navidad y Bendecido Año Nuevo 2026!


Los Obispos Católicos de Cuba.
La Habana, 20 de diciembre de 2025

Tuesday, December 16, 2025

Los conciertos navideños llenan de voces las noches de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)



Como cada año, ante la llegada de estas tan esperadas fechas en que celebramos el nacimiento de Jesús, y por tanto la llegada de las Navidades, no son pocas las actividades musicales que son realizadas a través de la ciudad por parte de distintas comunidades religiosas católicas, cristianas y judías, para de esa forma rendir así su tributo devocional.

Bajo el nombre de “Voices of Christmas” -Voces de Navidad- la parroquia miamense de St. Michael Archangel, bajo la guía del Padre Elvis A. González, localizada en West Flagler, vecina del Miami Dade County Auditorium -teatro cerrado en espera de una anunciada renovación que no comienza y veremos alargarse indefinidamente en el tiempo con toda seguridad, con la posibilidad de tener que enfrentamos a algo peor- ofreció este pasado sábado 13 de diciembre un magnífico concierto navideño, el cual despertó el interés de más de mil doscientas personas quienes acudieron a compartir el gozo que estas fiestas provocan.

Los orígenes de esta comunidad parroquial consagrada a San Miguel Arcángel, se remonta a la década de los años 40 del pasado siglo, ante el visible aumento poblacional de la ciudad, que para aquel entonces contaba solamente con cinco parroquias. En 1946 en el auditorio del cercano centro de estudios Miami Senior High, la comunidad realiza su primera misa, quedando un año más tarde constituida oficialmente la sede de dicha parroquia, la cual contó con el masivo apoyo de la población, quienes recaudaron los fondos necesarios, así como realizaron la recuperación de objetos y materiales constructivos pertenecientes a una capilla y una sala de hospital, pertenecientes respectivamente a dos diferentes campamentos militares, las cuales serían desmanteladas. Para 1951 se establece ya la escuela anexa a la parroquia, en la cual se ofrece la oportunidad de cursar estudios de Kindergarten, Elementary y Middle School, contribuyendo de esa forma al aumento de su propia comunidad de fieles.


Al mantener todo el tiempo dicha parroquia un estrecho contacto con la comunidad, no deja pasar oportunidad alguna de ofrecer diversas actividades culturales volcadas hacia todo aquel que desee disfrutarlas, a la vez que brinda un escenario a los artistas de nuestra ciudad donde presentarse, lo que ha alentado la creación de las agrupaciones corales -de adultos, jóvenes y niños- pertenecientes a su propia feligresía.

El concierto navideño realizado en esta ocasión estuvo bajo la dirección de Marilín Cruz y Greisel Domínguez -directoras del Coro Parroquial St. Michael Archangel y Voices of Miami respectivamente- contando con la asistencia de Aimee Fiuza y como conductores de la noche a María Juliana Gaviria y José Fernando Olivar.

El elenco del espectáculo estuvo integrado por reconocidos solistas de la escena lírica de la ciudad, algunos de ellos de probada carrera internacional tales como Yetzabel Arias, Eglise Gutierrez y Carlos Silva, junto a otras figuras como Luciana Rivera, Laura De Mare, Tania Martí e igualmente por el Voices of Miami Music Ensemble -agrupación integrada por diez y seis músicos- y las corales Voices of Miami y St. Michael Archangel, esta última con sus agrupaciones de adultos, jóvenes y niños, lo que deja en evidencia el gran trabajo que realiza su directora enfrentando tal monumental tarea. De igual relevancia constituyó la participación de las pianistas Eva Garrucho y Sofia Pileggi.

El magnífico programa, que tuvo una duración de dos hora y media -algo extenso teniendo en cuenta los nada cómodos bancos de madera de la sede- estuvo compuesto por piezas dedicadas a la celebración de la Navidad pertenecientes a importantes compositores tales como Mozart, Bach, Vivaldi, Schubert, Handel, Saborit, Emilio Rojo, Olga de Blanck, Aguilera Picca, Leroy Anderson, entre otros, llevando a los presentes en el concierto a recorrer un camino musical internacional variado.

Momentos para destacar del espectáculo constituyeron sin duda alguna el trío compuesto por las sopranos Gutiérrez, Arias y De Mare, asumiendo el “Ave María, Dolce María” de Vittoriano Benvenuti, donde esas tres hermosas voces se unieron en un maravilloso ensemble, el “Gracias Señor por esta Navidad”, en la dramática voz de Tania Martí, el “Ave María” de Pietro Mascagni, a cargo del tenor Carlos Silva, el “Alleluia from Exsultate; Jubilate” de W. J. Mozart en la voz de Eglise Gutiérrez, así como el “Let The Bright Seraphim” de G. F. Handel, interpretado por Yetzabel Arias y el “Exsultate Jubilate” de W. A. Mozart a cargo de la joven Laura De Mare, presentaciones estas que contaron con el excelente respaldo de la agrupación Voice of Miami.

De igual manera hay que destacar las variadas incursiones del coro integrado por los niños más pequeños de la casa sede, las cuales llenaron el recinto eclesiástico de la delicada lírica infantil, así como las interpretaciones de “The Little Drummer Boy (Carol of the Drum) de Katherine K. Davis, a cargo de Voice of Miami y St. Michael Archangel Chorus, abriendo el programa y en su gran cierre el “Hallelujah Chorus” de G. F. Handel, al cual también unieron sus voces el resto de las agrupaciones corales, ofreciendo de esa manera un espléndido final del concierto, inmerso en la emoción que acompaña a la Navidad.

Tener la oportunidad de disfrutar de un evento musical de tal calidad, de manera gratuita, muestra el interés tanto de sus organizadores como de los artistas participantes por ofrecer la posibilidad de enfrentar al ciudadano común al goce del arte verdadero, el que abre corazones, exponiendo los más hermosos sentimientos del ser humano, ya que un encuentro con la música puede también convertirse en un encuentro con Dios.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, diciembre 13, 2025.

Wednesday, December 10, 2025

Monseñor Valentín Zubizarreta, primer obispo de Camaguey (1914-1922). Por Carlos A. Peón-Casas.


El primer obispo de la naciente diócesis camagueyanensis, que fue creada en 1912, Mons. Valentín Zubizarreta y Unamunzaga[1] recibió su consagración el 8 de noviembre de 1914, en la Iglesia de la Merced, el hecho era consecuencia de su pertenencia a la orden carmelitana de la Provincia de Castilla, asentada en aquella, y de la que fungió como visitador. Entre los años 1903 y 1906 ya había estado de visita allí. [2]

La recién nacida diócesis carecía de fondos propios suficientes para su mantenimiento. Se juzgó necesario el envío de unos 9000 dólares para asegurar su sostenimiento, de ellos: seis mil para sustento del prelado y otros tres mil para las necesidades diocesanas. La primera residencia episcopal le costaba unos 130 dólares en concepto de alquiler, y se ubicaba en el número 130 de la calle Independencia.

Escudo episcopal de Mons. Zubizarreta,
en el Salón del Trono. Arzobispado de Camagüey
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En la ciudad agramontina el prelado contaba con 6 parroquias a saber: la Catedral con 8000 fieles; la Soledad con 7000, San José con 12.000, Santa Ana con 15.000, Santo Cristo con 18.000 y la Caridad con 12.000.[3]

Dos órdenes religiosas masculinas ya estaban presentes en la ciudad a su llegada: los padres escolapios y los carmelitas descalzos. En 1917 llegarían a su pedido los salesianos, quienes permanecerían desde entonces tomando a cargo la parroquia de La Caridad, y dando después comienzo al Colegio de Artes y Oficios[4], que para entonces se consideraba uno de los mejores de América Latina[5]

Entre las congregaciones femeninas ya instaladas a su llegada como obispo se incluían las Ursulinas de Santa Ángela de Merici, las Reparadoras y las Siervas de María.

Por la preocupación del prelado respecto a las necesidades educativas de la grey a su cargo, facilitó la entrada a la diócesis de dos congregaciones con ese carisma: la Compañía de Santa Teresa de Jesús (Teresianas) y la de las Hermanitas de los Niños Pobres.

Los miembros del clero diocesano de ese minuto no pasaban de una docena de sacerdotes. Dada la escasa presencia de aquellos en los pueblos de campo, más de uno debía asumir las labores de dos parroquias. Aún así algunas de aquellas carecían de párrocos[6], como las de San Jerónimo, Arroyo Blanco y Cubitas. En algún minuto hubo de clarificar los límites de algunas de aquellas, como fue el caso de la de Santa Cruz, a la que le hizo coincidir su extensión con la del territorio civil de municipio del mismo nombre. En otro caso hubo de segregar una parte de la parroquia de Santa Ana, para adicionársela a la de San José, en específico la gran barriada de La Vigía que se promovió con la llegada del ferrocarril a la ciudad.[7]

La diócesis no podía sostener por entonces un seminario diocesano ante la ausencia de un edificio capaz para albergarlo, y las rentas pertinentes para su mantenimiento. En el año 1920, siete seminaristas locales[8] cursaban estudios en el de La Habana. Hasta ese minuto el obispo sólo había ordenado a un sacerdote.

Si partimos del hecho de que los más de 200.000 habitantes de la provincia y diócesis de Camagüey en 1914 se declaraban católicos, y un número muy ínfimo se confesaban miembros de otras iglesias protestantes, y muy difícilmente alguno que otro ateo, dadas las convenciones de la época, el nuevo prelado, podía considerarse dichoso de aquella grey tan populosa y a la vez seguidora de los preceptos de la Santa Madre Iglesia.

Sin embargo, la realidad parecía de ser de otro tenor. La vida moral de aquellos católicos dejaba mucho que desear, y ante tal constatación así lo hacía saber el obispo en su primera Relación a la Santa Sede: “Mores populi sunt depravatissimi”[9]. Y completaba su aseveración con una lista de los males morales más evidentes: la obscenidad, la injusticia en los negocios y la indiferencia religiosa.

En cuanto a la práctica religiosa, eran muy pocos los que observaban el precepto dominical, y menos aún los que se acercaban a los sacramentos de la confesión y la comunión. Quizás en la ciudad el número era algo superior.

Los matrimonios civiles eran los más abundantes, e igualmente había una alta tasa de concubinatos. Muchos de los nacidos de tales uniones eran fruto de tales uniones.

El bautismo de los recién nacidos dentro de la primera semana, eran raros, igual se le retrasaba hasta el año del nacimiento, y se daban casos que no los bautizaban jamás.

La educación cristiana dentro de los hogares era muy pobre. Sólo la que se impartía en los colegios religiosos, pues la escuela primaria no la impartía. Aunque la doctrina cristiana se explicaba cada domingo en las iglesias eran pocos los padres que enviaban a sus hijos a recibirla.

Las sectas masónicas acogían a muchos católicos que no sentían que su condición fuera óbice para pertenecerá aquellas. El espiritismo estaba muy extendido y se daban casos de feligreses y feligresas que acudían a la primera misa de las parroquias, para luego encaminarse sin ningún escrúpulo a las sesiones espiritistas en los bien conocidos “centros” esparcidos por la ciudad, aunque tal comportamiento estaba muy extendido por toda la feligresía del país:
El Padre Marciano García, carmelita cubano, nos trae el caso de las Terciarias carmelitas del Carmen de Matanzas quienes salían de la misa de 5.30 de la mañana para asistir a la sesión espiritista de las siete”[10]
Para el recién llegado obispo nada de aquella situación quedaba ajena a su celo de pastor. Algunas de sus primeras disposiciones estuvieron en relación con exaltar la piedad de los fieles:
Por una circular del 14 de enero de 1919 ordena a los párrocos y rectores de la iglesias la celebración de un triduo solemne en honor de San José (…) a rezar el públicamente el Santo Rosario en sus respectivas iglesias todos los días del mes de octubre a la hora se juzgue más conveniente para la mayor asistencia de fieles, y exhortándoles a promover el rezo diario del Rosario en las familias.[11]
Otras circulares fueron ya alusivas a aspectos más jurídicos:
como aquella que recuerda las condiciones exigidas por la Iglesia para ser padrino de bautismo, o aquella otra en que se regulan los día de ayuno y abstinencia para los católicos de Cuba, diferentes para los de raza blanca y para los negros y mestizos[12]
Sus Cartas Pastorales fueron igualmente ejemplares. La primera de aquella con motivo de su Consagración Episcopal, cuyo contenido abundaba sobre la verdadera religión, y la explicación de su lema pastoral Pax multa.

La segunda dedicada al espiritismo, data de 1915, que como ya se ha explicitado en otro sitio, era una verdadera plaga que hacía estragos en el territorio de su diócesis camagüeyana. El texto era un llamado a precaverse de aquellas para no ver socavada la fe de sus diocesanos.
individuos de inteligencia extraviada procuran arrancar la fe de los creyentes y corromper las costumbres de los cristianos prácticos. Con cuatro ceremonias ridículas y algunas gesticulaciones no siempre honestas pretenden obtener respuestas de los espíritus, y no consiguen más que una espantosa batahola de martillazos, que ellos se encargan de interpretar como mejor les convenga”[13]
Una Instrucción breve a propósito del proyecto de ley del divorcio, fue hecha pública por el obispo en 1918, con motivo de la introducción de la ley por el presidente Menocal aquel mismo año. El texto discurre sobre tres apartados que versaban sobre el matrimonio cristiano como verdadero sacramento, su indisolubilidad, y la gravedad de quienes solo lo contraen por la vía civil sin luego validarlo ante la Iglesia.

Durante el período que fungiera como obispos diocesano Mons. Zubizarreta dio a conocer otras Cartas[14], como la que firmó en ocasión de la celebración de la Cuaresma de 1918 sobre la necesidad de ser hijos fieles de la Iglesia católica y de aprovechar los medios que ella nos suministra para nuestra perfección. Estaba dirigida al clero secular y regular, a las religiosas, religiosos, y a los fieles de las entonces dos diócesis encomendadas a su cuidado, la de Camagüey y la de Cienfuegos.

Un detalle singular allí esbozado iba en la línea de denunciar y poner en ridículo el supuesto respeto humano que alejaba a muchos quienes se decían católicos:
El ser católico práctico no es deshonra sino una gloria ante el concepto de la buena sociedad. El pertenecer de lleno a la Iglesia Católica y recibir con frecuencia los sacramentos no es humillante sino glorioso[15]
En esa misma línea hay que prestar atención a otro texto suyo, esta vez un discurso que pronunciara con ocasión del Primer Congreso Eucarístico de La Habana en 1919. Aquel convite fue promovido por el obispo habanero Mons. González Estrada en ocasión del Cuarto Centenario de la fundación de la capital habanera. Mons. Zubizarreta hizo esta vez un celebrado elogio de la Eucaristía, poniendo de manifiesto sus saberes teológico y litúrgico, a la par que disertó “sobre la catolicidad práctica de muchos que se decían católicos”:
No es católico el que no cumple con los deberes que le impone la ley del Señor y de la Iglesia para el mejor cumplimiento de aquella. No lo es el que deja de cumplir los preceptos de oír misa y confesión y comunión; los que pertenecen a sectas condenadas por la Iglesia… Y así no está en su lugar decir: fulano es buen católico, aunque no va a cumplir con el precepto pascual, vive maritalmente sin contraer matrimonio católico…Decir de uno que es buen católico cuando vive en concubinato o pertenece a la masonería o al espiritismo, condenados por la Iglesia, o no va a misa los domingos, etc., es decir lo que no es cierto como católico”16]
En 1920, el obispo llevó a cabo su visita “ad limina” al Vaticano. En su viaje desembarcaba por el puerto de Santander en España, pasando por San Sebastián en camino a Roma. El viaje duró de junio a septiembre de aquel año. Un año después viajaba también a los Estados Unidos por razones médicas, y fue recibido en la Clínica de los Hermanos Mayo en Rochester Minessota[17].

Fue relevado de sus funciones como obispo de Camagüey el 24 de febrero de 1922, y nombrado obispo residencial de Cienfuegos. El D. Enrique Pérez Serantes, hasta entonces Gobernador Eclesiástico de Cienfuegos fue nombrado obispo de Camagüey.

Enrique Pérez Serantes
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Para muchos, aquel relevo, tenía un signo de particular referencia, desde 1916, el nuevo obispo Pérez Serantes había sido su fiel colaborador en aquella diócesis cienfueguera, cuando ante la renuncia del también obispo carmelita Mons. Aurelio Torres Sanz, Mons. Zubizarreta había asumido la función de Administrador Apostólico, llevando sobre sus hombros la tamaña tarea de simultanear sus responsabilidades entre dos ciudades distantes por seis años.

En el sentir de los diocesanos cienfuegueros y camagüeyanos, aquel sacerdote gallego de grandes dotes evangelizadoras, era “hechura de Mons. Zubizarreta”[18] Su impronta camagüeyana cargada de grandes sentidos evangélicos, lo llevarían luego a suceder a su antiguo obispo, cuando fuera designado Arzobispo de Santiago de Cuba, a la muerte de Mons. Zubizarreta quien había regentada aquella sede desde el año 1925.





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[1] Nació el 2 de noviembre de 1862 en el caserío de Arnorixa, país vasco. Entró al noviciado carmelitano de Larrea en 1879. En 1880 emitió sus votos simples de obediencia, pobreza y castidad. Recibió el presbiterado en 1894. Fungió como profesor de Filosofía en el Seminario de Burgos y Prior del convento de Vitoria. Nombrado Definidor Provincial y Visitador de las casas de América en 1897. Viajó por Chile, Cuba y Estados Unidos. En 1906 era Prior de Burgos y Visitador General de la Provincia de Aragón-Valencia. Obispo de Camagüey en 1914, y Administrador de Cienfuegos desde 1916 hasta 1922, en ese año asumió como obispo aquella diócesis. Arzobispo de Santiago de Cuba desde 1924 hasta su fallecimiento en 1948. En Mons. Valentín Zubizarreta. Carmelita, Obispo, Teólogo. Antonio Unzueta Echevarría. Ediciones El Carmen. Vitoria-Gasteiz, 2006.
[2] Entre 1903 y 1906, visitó las casas de la orden en América. Un interesante informe suyo de cuanta de la visita a la de la congregación camagüeyana: “La ciudad de Puerto Príncipe tiene unos 40.000 habitantes de todos los colores: blancos, negros, mulatos y chinos; con 30 sacerdotes: 20 regulares, entre escolapios y carmelitas y los demás seculares. Posee once iglesias: 6 parroquiales, 3 conventuales, una de un hospital y una ermita llamada La Candelaria. Una de las iglesias conventuales (la de S. Francisco) está regentada por los PP. Escolapios y otra (la del Carmen) está ocupada por las religiosas ursulinas. La asistencia a la iglesia es muy escasa, y por más que se hace alarde de piedad, está no pasa de pura palabra, pues casi la totalidad de las iglesias se encuentran completamente vacías aún los días de fiesta. Nuestra iglesia de la Merced era una excepción en este punto pues la concurrencia solía ser siempre grande, sea por el culto que allí es más esmerado, sea por su situación céntrica.”. Ibíd.p.138
[3] Las otras nueve incluían la de San Eugenio de Ciego de Ávila (45.000), la Candelaria de Morón (35.000), la Virgen de la Caridad de Nuevitas (15.000) y Santa Cruz (18.100) entre las más relevantes. Había otras tres parroquias sin iglesias San Jerónimo, Arroyo Blanco y San Miguel de Cubitas, la de Guáimaro también era de ese grupo, pero tal época se terminaba su construcción. Ibíd. p.152
[4] La instalación de los padres salesianos se debió al ofrecimiento de la Srta. Dolores Betancourt, quien deseó construir a sus expensas una Escuela de Artes y Oficios para niños pobres, para lo que había destinado, como para otras importantes obras y mejoras eclesiales y educativas, todo su caudal.
[5] Ibíd. p.160
[6] Había “procurado que todos los párrocos tengan su propia casa cural. No se les permite que tengan ama de llaves”Ibíd, p.156
[7] Ibíd.
[8] El obispo pagaba por ellos “238 dólares mensuales, sin contar el vestido, los libros, las matrículas, etc; en total unos 300 dólares mensuales.”Ibíd.
[9] Ibíd.
[10] Ibíd. p.157. Citado de GARCIA, M., Introducción a la espiritualidad cubana. En “Espíritu y Vida” 1 (1994) 136
[11] Ibíd. p.158
[12] Ibíd. En año III, 1919, pp.68-71, las dos circulares fechadas el 19.02.1919
[13] Ibíd. p.288
[14] Otras de este período serían su Carta Pastoral en la Cuaresma de 1920 sobre la modestia cristiana, la carta Pastoral Colectiva de los Sres. Arzobispo y Obispos de Cuba, dada en La Habana el 13 de junio de 1921, y la Carta Pastoral con motivo de la toma de posesión de la diócesis de Cienfuegos, el 24 de febrero de 1922. Ibíd. pp.2291-292
[15] Ibíd. p.290
[16] Ibíd. p176
[17] Allí se le practicó una exhaustiva revisión médica que descartó padeciera un cáncer de garganta.
[18] Ibíd. p.180
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