El sábado 15 de agosto de 2026 tuvo lugar, en el Fillmore Jackie Gleason Theater de la ciudad de Miami Beach, la Gran Gala Clásica del XXXI Festival Internacional de Ballet de Miami, que comenzó con las palabras del Maestro Eriberto Jiménez, director artístico del Festival, quien dio la bienvenida a los presentes y evocó en su discurso el inolvidable legado de Pedro Pablo Peña, fundador del Festival y su mentor y maestro.
A continuación, se procedió a la entrega del premio “Una vida para la danza” –una estilizada estatuilla del artista plástico mexicano David Camorlinga, inspirada en la prima ballerina Maya Plisétskaia– al señor Carlos Veitía, director del Teatro de Nacional Eduardo Brito, de Santo Domingo, República Dominicana, por su reconocida trayectoria artística, quien agradeció de manera emotiva el importante premio recibido.
Eriberto Jiménez, Carlos Veitía y David Camorlinga – quien también hizo uso de la palabra antes de la entrega del premio.
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La función comenzó con el pas de deux Festival de las Flores de Genzano, con coreografía de August Bournonville y música de Edvard Helster; defendido por Emily Estrada y Ataru Matsuya, en digna representación de Arts Ballet Theatre of Florida, cuyo director artístico es Vladimir Issaev.
Emily Estrada y Ataru Matsuya,
en el pas de deux Festival de las Flores de Genzano.
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A continuación, Marizé Fumero y Marco Micov, del Milwaukee Ballet, dirigido artísticamente por Mikael Pink, nos trasladaron a Verona, con el pas de deux del ballet Romeo y Julieta, coreografiado por Arionel Vargas para la partitura de Serguéi Prokófiev, que interpretaron con pasión y bravura y hasta le subieron la parada con un romántico beso de despedida.
Marizé Fumero y Marco Micov
en el pas de deux de Romeo y Julieta.
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Laura Barbosa y Eduardo Diez, del Ballet de Monterrey (México), con Yosvani Ramos como director artístico, salieron a escena convertidos en Aurora y Desirée, para interpretar el pas de deux de su boda en el ballet La bella durmiente del bosque, coreografía de Marius Petipa y música de Piotr I. Chaikovski.
Ambos lograron una interpretación muy poética, como si fueran de verdad los príncipes del tan conocido cuento infantil, el cual honraron con el estilo y la interpretación que este ballet demanda, amén de la bravura que demostraron con esas tres arriesgadas “agarradas” que siempre nos hacen contener la respiración durante este pas de deux.
Laura Barbosa y Eduardo Diez en el pas de deux
de La bella durmiente del bosque.
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Correspondió entonces a Danna Sandoval y a Andrés Felipe Ángel, de la Compañía Colombiana de Ballet, dirigida artísticamente por José Manuel Ghiso, interpretar el pas de deux Diana y Acteón, con música de Ricardo Drigo, coreografiado por Agrippina Vagánova
Danna Sandoval y Andrés Felipe
en Diana y Acteón.
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Danna Sandoval bailó la exigente coreografía con arabesques, balances y jetés elegantes y precisos; con fouettés intercalados con pirouettes en la apoteosis de su variación, mientras que Andrés Felipe, como el perseguido pastor, supo hacer girar a su compañera con total verticalidad –como debe ser–, y a sus saltos no le faltó altura ni volteretas acrobáticas.
A continuación, Brenna Mulligan y Luciano Perotto, del Ballet de San Antonio, cuyo director artístico es Rafael Ferreras, bailaron de forma sobresaliente el adagio Aguas primaverales, con coreografía de Asaf Messerer y música de Serguéi Rachmáninov.
Brenna Mulligan y Luciano Perotto
en Aguas primaverales.
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A seguidas, Ana Paula Montero y Emanuel Talongo, de la Compañía Nacional de Danza de México, cuyo director artístico es Erick Rodríguez nos trasladaron al Medio Oriente, con el pas de deux del ballet El corsario (coreografía de Marius Petipa y música de Adolphe Adam), en el que, tras un adagio muy bien partneado por Emanuel y sostenidos balances de Ana Paula, ambos se lucieron también en sus variaciones y cerraron con una coda impactante.
Emanuel Talongo y Ana Paula Montero,
en el pas de deux de El corsario.
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Tras un adecuado intermedio, Chanell Cabrera y Ariel Martínez, del Ballet de Washington –con Edwaard Liang como director artístico–, se adueñaron del escenario del Fillmore para hacer bueno el título de su entrega: Encontrar las luces / Finding Lights, con música de Antonio Vivaldi y coreografía del propio Edwaard Liang, ya que realmente brindaron una actuación muy “luminosa”.
Chanell Cabrera y Ariel Martínez
en Encontrar las luces.
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Tocó entonces a Natalie Álvarez y a Ihosvany Rodríguez, del Cuban Classical Ballet of Miami, dirigido artísticamente por Eriberto Jiménez, brindar por segunda vez el pas de deux Diana y Acteón, con música de Riccardo Drigo y coreografía de Agrippina Vagánova, interpretado ya por Danna Sandoval y Andrés Felipe Ángel, de la Compañía Colombiana de Ballet, en esta Gala Clásica de las Estrellas, lo cual es algo que no debió suceder y que debe ser evitado en las próximas ediciones de este tan importante festival.
No obstante, aunque las comparaciones no son saludables, considero que ambos subieron la parada con esta repetición del citado pas de deux, al punto de que, para mí, la actuación de Natalie fue la mejor de toda la gala, con jetés, arabesques y balances sostenidos, amén de fouettés intercalados con pirouettes sin moverse hacia adelante, sin desdorar a Ihosvany, que también se destacó en su variación, sobre todo con giros muy vertiginosos y saltos de gran elevación.
Natalie Álvarez y a Ihosvany Rodríguez
en Diana y Acteón.
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Rachele Buriassi y Esnel Ramos, de Les Grands Ballets Canadiens, con Ivan Cavallari como director artístico, escogieron el pas de deux del ballet Talismán, con música de Riccardo Drigo y coreografia de Marius Petipa, para su exitosa presentación en esta gala, con una muy cuidada interpretación de sus respectivos personajes, pues Rachele es aquí la bella diosa Ella, hija de Amravati, la Diosa del Cielo; mientras que Esnel es el joven maharajá Noureddine, que se enamora de ella y le esconde el talismán con que Ella puede regresar al Cielo donde vive.
Ambos impactaron además por su bravura técnica, tanto en el adagio como en sus variaciones, amén de un buen acople como pareja, con una coda muy efectista.
Rachele Buriassi y Esnel Ramos
en el pas de deux de El talismán.
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Yasmin Lomondo y João Víctor Monteiro, del Ballet Nacional Sodre, de Uruguay –cuya directora artística es Maria Riccetto– nos volvieron a trasladar al Medio Oriente, pero esta vez con el Pas d’Esclave del ballet El corsario (coreografía de Anna Marie Holmes y música de Adolphe Adam), en el que, tras un adagio muy bien partneado, con giros completamente centrados y la pantomima adecuada de João como Lankedem, el codicioso vendedor de esclavos, ambos convencieron también en sus variaciones, con una coda cual broche de oro para su participación.
Yasmin Lomondo y João Víctor Monteiro,
en el Pas d’Esclave del ballet El corsario.
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Nicola Marchionni, de Amici di Maria De Filippi, Italia, irrumpió a continuación en escena con Verás, verás / Vedrai, Vedrai, coreografiado por él mismo, con la canción cantada por Mina como banda sonora y su atlético cuerpo como instrumento, acrobacias de gimnasta incluidas.
Nicola Marchionni en Verás, verás.
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De igual manera que con el pas de deux de Diana y Acteón repetido dos veces, Brenna Mulligan y Luciano Perotto, del Ballet de San Antonio (que ya habían bailado Aguas primaverales en esta misma gala), se aparecieron con el mismo pas de deux de El corsario que ya habían bailado Ana Paula Montero y Emanuel Talongo, de la Compañía Nacional de Danza de México, así que no tengo que volver a dar los créditos de la música y la coreografía.
Hasta para mí como crítico resulta tedioso y hasta agotador tener que reseñar dos veces el mismo pas de deux en una función, así que qué dejaremos para el público asistente, que tuvo que ver dos veces Diana y Acteón y dos veces El corsario.
Debo decir que ambos bailaron muy bien, muy acoplados en el adagio y en la coda, y que sus variaciones ratificaron el poderoso arsenal interpretativo y técnico que ya habían demostrado en Aguas primaverales, con la ventaja de que, a diferencia de aquel adagio, el pas de deux de El corsario sí tiene variaciones en las que lucirse mucho más como lo hicieron.
Brenna Mulligan y Luciano Perotto
en el pas de deux de El corsario.
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Marcella Trindade Borges y Emerson Ferreira, del Ballet do Theatro Municipal do Rio de Janeiro (Brasil), con Hélio Bejani como director artístico, escogieron el pas de deux final del ballet Don Quijote, con música de Ludwig Minkus y coreografía de Marius Petipa, para concluir con broche de bravura esta gran gala.
Marcella Trindade Borges y Emerson Ferreira,
en el pas de deux de Don Quijote.
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Con un cálido telón de fondo teñido de rojo, la pareja mostró un buen acople en el adagio, en el que Marcella logró sostenidos e impresionantes balances, e hizo gala de sus arabesques a 180 grados, mientras que Emerson la secundó elegantemente, y la alzó y la dejó caer sin titubeos hasta barrer casi el piso en el riesgoso final del adagio.
Ya en sus variaciones, ambos se volvieron a lucir, sobre todo en la segunda parte; Emerson con su gran óvalo de saltos de gran elevación, y Marcela, por su lado, ejecutó la suya con coquetería, musicalidad y precisión, con fouettés intercalados con pirouettes como remate, pero algo desplazados de lugar; en fin, un cierre digno para esta Gran Gala de las Estrellas del Festival Internacional de Ballet de Miami, en su trigésima primera edición.
Antes de concluir mi reseña, debo decir que, al igual que en dos de los teatros donde tuvo lugar la Gala Moderna y Contemporánea, en el Fillmore de Miami Beach también estuvo presente Roselle Gallery, presidida por Roselle y Alfredo León, con tres obras en lienzografías intervenidas, Edición Única, de la colección Frida: un sueño caribeño, del Maestro Esteban Machado Díaz, expuestas en el vestíbulo / lobby, el sábado 15 y domingo 16 de agosto, para rendir tributo, desde las artes plásticas, al Festival Internacional de Ballet de Miami en su trigésima primera edición.
Baltasar S, Martín y Roselle León, con dos de las lienzografías intervenidas, Edición Única, de la colección Frida: un sueño caribeño, del Maestro Esteban Machado Díaz, expuestas en el vestíbulo / lobby del Fillmore, los días 15 y 16 de agosto de 2026.
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Muchas gracias, como siempre, al maestro Eriberto Jiménez, por tanta entrega y devoción por el ballet y el arte en general, fiel continuador del legado del inolvidable Maestro Pedro Pablo Peña.
Baltasar Santiago Martín
Fundación APOGEO & Revista CARITATE
Hialeah, 31 de agosto de 2026.
Fotos: Simon Soong


















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