Texto y fotos tomados del Facebook del Arzobispado de Santiago de Cuba.
Intención al Comenzar la Eucaristía
Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, 19 de julio de 2026
Domingo XVI del Tiempo Ordinario
Hermanos, en las lecturas de hoy vamos a volver a meditar sobre la misericordia de Dios, ese Dios que pudiéndolo todo, precisamente en ese poder está su deseo de perdonarnos, de socorrernos, de salvarnos. Así es como nosotros tenemos que contemplar a Dios porque así es. En las lecturas lo vamos a ir viendo con diferentes ejemplos, con parábolas.
Nuestra intención, ante la Virgen de la Caridad viene todo nuestro pueblo, y todo nuestro pueblo está viviendo momentos muy, muy difíciles, muy difíciles. Y todos los que vienen piden qué, primero piden por la familia, claro, los más cercanos, es lógico. Para que el Señor nos libre de las enfermedades, para que tengamos lo suficiente para vivir, para comer, para que la vida no sea difícil, para que los que están lejos puedan acercarse, estar juntos todos.
Nuestro pueblo pues está viviendo al día. Al día en el alimento, hay que buscar diariamente, no podemos conservarlo. Al día en el agua que vamos a utilizar, en muchas regiones así, muchas. Al día también en el dinero que vamos a gastar. ¿Por qué? Porque el dinero no alcanza pues las cosas cuestan mucho y para satisfacer las necesidades es muy difícil. Es decir, todos quisiéramos ver una Cuba mejor, y todos quisiéramos ver un pueblo más tranquilo, más sereno, porque tienen por lo menos las necesidades mínimas cubiertas.
Siempre pensamos en esta tierra tan hermosa, tan fértil, y nos da mucha pena también cuando venimos aquí ante la Virgen, cuando pasamos por el campo y vemos nuestros centrales azucareros que producían tanta azúcar, y sin embargo ahora no tenemos casi azúcar, y la que tenemos cuesta mucho. ¿Dónde están esos centrales que parecen como si fueran algo arqueológico? ¿Dónde está el café que nos gustaba tomar a las tres de la tarde y que brindábamos, un café de calidad excelsa? ¿Dónde está? ¿Dónde están las personas que lo cultivaban? ¿Los que trabajaban en los centrales? ¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde están los campos que también veíamos con las reses? ¿Dónde están aquellos, la carne típica nuestra, el puerco? Inalcanzable.
Entonces, así vivimos. El dinero se va de las manos y los que están retirados, que han luchado toda la vida, lo sienten diariamente. Virgencita, eso es lo que la gente viene a decirte a ti. La gente no sabe cómo decir las cosas, pero sí sabe, porque lo siente. Lo que pasa que a lo mejor dice una palabra y ahí quiere decir todo. Pero venimos a pedirte ante ti eso, Madre, que nosotros sepamos corregir eso que nos ha llevado esta situación de carencia, de no saber cómo gestionar las cosas, de no, tal vez no encontrar, no buscar soluciones ¿Para qué? No para algo extraordinario, sino para tener por lo menos aquello que teníamos.
Vamos a pedir eso. Por las familias que están divididas, por aquellos jóvenes que han abandonado el campo buscando, como pasa en muchos países, buscando otros lugares mejor, pero por los jóvenes de las ciudades también que no son piensen en irse. ¿Quién cultiva nuestros campos? ¿Cómo lo vamos a todo este ser? ¿Eso depende de quién?
Hermanos, tenemos que pedirle a Dios que nos dé la gracia de la conversión, del arrepentimiento, si hemos hecho cosas mal y si lo hemos hecho mal, reconocerla, porque esa es la vida. Y vamos a pedirle a la Virgen que nos ayude a caminar en la verdad y a buscar el bien de todo, fraternalmente. Que las diferencias de opinión, ya sea de cualquier tipo, educativa, política, filosófica, que no signifique una ruptura. No. Nunca fue así. Que signifique que tenemos diferentes maneras de pensar y diferentes soluciones para darle a los problemas del país. Eso lo pedimos. Que haya paz, que haya fraternidad.
Que nuestras relaciones con los otros pueblos, los más cercanos, los más lejanos, sean relaciones fraternas en las QUE discusiones se resuelvan a través del diálogo, a través de la comprensión, de la escucha. Vamos a pedir eso, que Dios ponga su mano. Pero lo que sí, Señor, libra a este pueblo, Virgencita, a que este pueblo pase estos momentos tan difíciles y que lo pase con la paz, con la misericordia, por Dios. Con la fraternidad y la comprensión. Y danos mucha fe. y que el Espíritu Santo ilumine a todos los que tienen la responsabilidad máxima sobre nuestros destinos, donde quiera que estén y de donde sean.
Estas sean nuestras intenciones. Y por eso vamos a ofrecer el cuerpo del Señor. Antes de comenzar nuestra oración con humildad, reconozcamos ante Dios nuestros pecados. Sí, hermanos, hay que pedir perdón por todos, no por los pecados personales solamente, sino por los pecados sociales que hemos cometido.



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