“La vida es una obra bastante buena, salvo el tercer acto, el último”.
Truman Capote.
La dramaturgia norteamericana del siglo XX sin duda alguna sufrió una severa transformación alejándose de la europea que hasta entonces había inundado sus escenarios con propuestas teatrales que hablaban de problemáticas y situaciones que para nada reflejaban el acontecer social de este lado del Atlántico. Es a partir de la obra de Eugene O’Neill (1888-1953) que se puede dictaminar que estamos en presencia de la consolidación de un teatro plenamente norteamericano, donde incluso temas universales verán su adaptación a la realidad del ciudadano cotidiano siendo acompañadas de un tratamiento del lenguaje y el argumento de manera contemporánea. Considerados discípulos de aquel, Tennessee Williams (1911-1983), Arthur Miller (1915-2005) y Edward Albee (1928-2016) serán tres autores que con visión descarnada del mundo que los rodea continuarán y reafirmarán el camino del ‘gran teatro realista’ norteamericano, llevando a este a hacia sus últimas consecuencias y separándolo a su vez de las vanguardias que en dichos momentos se desarrollaban en el viejo continente. A este cambio en la mirada de los conflictos y hechos, habría que agregarle que estos autores aprovecharán las nuevas concepciones del trabajo escénico, utilizando todas las novedosas posibilidades que las misma ofrecían para proporcionar ese cambio de lenguaje.
Teniendo puesta la mirada en la importancia que dichos dramaturgos representan para el teatro de este país y su ausente presencia en los escenarios hispanohablantes de esta ciudad de Miami, es que con motivo de la celebración del 115 aniversario del nacimiento de Tennessee Williams y la celebración por los 250 años de la declaración de independencia de los Estados Unidos, la sala Artefactus Teatro, ha llevado a escena el espectáculo “Cartografía Williams” entre los días 22 y 31 de mayo. Dicho trabajo ha sido el resultado de una minuciosa investigación llevada a cabo por el director y también dramaturgo Eddy Diaz Souza, donde el mismo no se ha propuesto llevar a escena obra alguna de dicho autor, ni contar su vida de modo biográfico, sino por el contrario decidió crear una especie de ‘mapa’ sobre el cual el espectador pudiera avizorar de manera salteada pero con precisión, diferentes componentes de algunas de sus obras de teatro menos conocidas y representadas, así como algo de su obra poética, a la vez que se vayan descubriendo páginas de su vida personal mezclándose con los propios personajes de sus obras.
Tennesse Williams, cuyo verdadero nombre es Thomas Lanier Williams, debe su nombre artístico a sus compañeros de escuela quienes lo bautizaron “Tennessee’ por su marcado acento sureño. De su propia familia extrajo elementos para darle vida a algunos de sus personajes, como su padre, su hermana y él mismo. Estudio en varias universidades -Iowa, San Luis, Misuri- escribiendo su primera obra “Cairo, Shanghái, Bombay” en 1935, estrenada en la ciudad de Memphis. Su estancia en el barrio francés de Nueva Orleans lo condujo a conocer de manera directa un mundo de personajes atrapados en medio de una vida que no les ofrecía muchas posibilidades, dentro de la cual también se vio sumergido. De esta época es su famosa obra “Un tranvía llamado Deseo”, más tarde llevada al cine con total éxito y por la cual obtuviera en 1948 un Premio Pulitzer, ganando otro en 1955 con “La gata sobre el tejado de zinc” también llevada a la pantalla grande. Otra obra relevante para su trayectoria personal comenzada a escribir en esta misma época fue “Vieux Carré”, la cual comenzara a trabajar alrededor de 1938, para finalizarla en 1977, concibiéndola a modo de un diario personal que abarcaría cuarenta años de su vida. Otra pieza, que también fuera escribiendo a lo largo de los años -iniciada en 1940- resultó ser “El desfile o acercándose al final del verano”, de carácter biográfico también y en la que habla abiertamente acerca de su homosexualidad, obra que ha venido a tener su estreno tardío en el 2006.
Sobre su fallecimiento ocurrido en la ciudad de New York a los 71 años, existen dos versiones diferentes, una que afirma que se asfixió con la tapa de un pomo de colirios para los ojos que usaba con frecuencia y otra que según un informe forense dictaminó que su fallecimiento habría podido ser resultado de una mezcla de alcohol y drogas. Su cuerpo descansa en el Calvary Cemetery & Mausoleum en St. Louis, Missouri -a pesar de querer ser enterrado cerca del mar- habiendo legado los derechos sobre sus obras a la Universidad del Sur, un centro de estudios de artes liberales ubicado en Suwannee, en el Estado de Tennessee. El teatro de Williams ha sido representado en innumerables oportunidades en los escenarios de Broadway y de todos los Estados Unidos, siendo traducido a diversos idiomas y contando con numerosas puestas alrededor del mundo, lo que ha convertido a este autor en uno de los más conocidos de la dramaturgia norteamericana.
Con el estreno en New York en 1945 de su obra “El zoo de cristal” a los 34 años, se ve convertido en una celebridad, afirmándose con el estreno de “Un tranvía llamado Deseo” bajo la dirección Elia Kazan -quien después la llevara al cine- puesta que contara con el debut teatral de Marlon Brandon, quien participaría más tarde también en la versión cinematográfica. Williams a través de su vida estuvo siempre arropado entre figuras femeninas, ya fueran familiares -madre y hermana- como algunas otras mujeres que estuvieron cerca de él, de ahí que ellas también formen parte del complejo universo de personajes que integran sus obras. Su vida personal estuvo marcada por la disipación, el alcoholismo y por el extremadamente duro golpe recibido causado por la lobotomía realizada a su hermana quien había sido diagnosticada con esquizofrenia, procedimiento que contara con la autorización de sus padres a quienes nunca perdonara.
Dentro de su obra, Tennessee Williams incorporará ciertos temas considerados tabúes para la época, pero que para el autor formaban parte indisoluble de la sociedad que observaba a su alrededor. Es así como el hablar de ninfomanía, drogadicción, adulterio, alcoholismo, infelicidad, homosexualidad, dentro de su teatro se convirtió en una necesidad que partía de su propia realidad -padre alcohólico, madre atrapada en una relación abusiva, una hermana frágil mentalmente y su propia condición homosexual- que hacía que sus obras resultaran ser algo escandalosas y hasta rechazadas por una parte de la sociedad que se veía retratada en ellas con crudeza, a pesar de los propios cuidado a los que se veía obligado el autor para ‘maquillar’ ciertos comportamientos y actitudes de sus personajes. En cuanto a su homosexualidad, Williams, que tuvo sus primeras experiencias desde joven, se condujo evadiendo la mirada restrictiva de la sociedad, pero sin dejar de vivir una vida promiscua y con varias relaciones de pareja que, aunque manejadas con discreción, constituían secretos a voces que la falsa moral simulaba no ver.
No podemos hablar del Tennessee Williams escritor sin mencionar, aunque de manera breve su poesía -ya que él mismo se consideraba ante todo un poeta- a través de la cual podía expresar sus pensamientos con mayor profundidad y posibilidades de inmersión en sus sentimientos más íntimos. En ella se hace presente su propia vulnerabilidad, soledad, melancolía, incluso utilizándola como vía para sacar a la luz sus propios demonios. Poemas como ‘In the Winter of Cities’, ‘Androgyne’, ‘Mon Amour’, ‘We have not long to love’, ‘Which is My Little Boy?’, entre otros, muestran la enorme corriente lírica que atraviesa su poesía, la cual alcanza sin duda alguna a su obra dramática.
Entrando en la concepción de “Cartografía Williams”, espectáculo con que Souza ha querido recordar a este importante autor, el director ha tenido en cuenta algunos de los textos dramáticos menos conocidos de este, tales como “Háblame como la lluvia y déjame escuchar”, “La habitación oscura”, “La marquesa de Larkspur Lotion”, de las cuales toma algunos fragmentos, igualmente escoge partes de monólogos pertenecientes a “La trampa bonita” y “Dulce pájaro de juventud”. A esto se suman grabaciones originales de la voz de Williams diciendo fragmentos de los poemas My Little One, The Eyes y The Summer Belvedere. Se agregan además temas musicales de la época -algunos de ellos interpretados al piano en escena- como ‘Blanche’, de Alex North; ‘Together’, De Matthew Halsall; ‘Circadian Surveillance’, de Yannis Kyriakides; ‘Summertime’, de George Gershwin; ‘The Sweetheart Tree’, de Henry Mancini -tema que interpretaba Debbie Reynolds y era de los preferidos por Williams- ‘Misty’, de Errol Garner; ‘My funny Valentine’, de Richard Rodgers y letra de Lorenz Hart, así como ‘Just Another Rhumba’, de George e Ira Gershwin, en la voz de Ella Fitzgerald.
Con todos estos elementos Souza arma un espectáculo de poco más de una hora de duración donde quedan expuestas las herramientas que le ayudan a levantar sus habituales puestas escénicas: la plasticidad, la pulcritud de movimientos, la simbología de los elementos, la ambientación adecuada apoyada por una escenografía que decora y habla al mismo tiempo, exquisito vestuario, preciso e intencional diseño de luces y sobre todo una cohesiva y natural interrelación entre los actores, donde cada uno de ellos procura afianzar su imagen y la vez fundirse en el colectivo.
Sobre la escena veremos desfilar al propio Tennessee Williams, así como a algunos de los personajes de sus obras, multiplicidad de la que se encargan los cinco actores integrantes de este proyecto: Julio Rodríguez, Zaida Castellanos, Betsy Rodríguez, Luis Zamora y Oda Cardona, quienes de manera orgánica dan vida a este interesante universo.
Oda Cardona, en su doble rol de pianista y actriz es la encargada de narrar a través del espectáculo hechos relacionados con la vida de Williams o provocar las escenas de sus obras; pero de igual manera asume la interpretación al piano de la casi totalidad de los temas musicales que recorren el espectáculo. Ella integra ambos aspectos de su desempeño sobre la escena con la sutileza de quien se permite hacerse invisible moviéndose entre los personajes creados por el dramaturgo, pero conversando a la vez con el espectador.
Por su parte Betsy Rodríguez incorpora a cada uno de los personajes de las obras de Williams con la exquisitez propia con que los concibiera el escritor. Como es habitual, su imagen escénica es rica en matices, mientras su voz proyecta con la claridad que le es propia. Luis Zamora por su parte resulta ser la gran sorpresa para el público de esta ciudad, pues después de diez y ocho años alejado de las tablas, hace un asegurado regreso a las mismas -por vez primera en este país- dejando en claro que lo bien aprendido siempre queda impregnado en la mente y el cuerpo. Su trabajo posee una acertada energía que es acompañada por un excelente decir -algo imprescindible en todo actor y lamentablemente no siempre presente- lo que le permite dar vida a caracterizaciones de muy diferentes psicologías en escena. Sin duda su vuelta a los escenarios ha sido por todo lo alto.
Gran alegría resulta ver nuevamente sobre las tablas a Zaida Castellanos, actriz de larga trayectoria, quien había desaparecido de los escenarios de esta ciudad desde hacía ya demasiado tiempo. Volver a disfrutar de su trabajo en escena nos llevó a recordarla también en muchas de sus presentaciones en el teatro, cine y televisión cubana antes de radicarse en este país. Con el carisma que siempre ha proyectado en cada uno de sus personajes, ofrece una verdadera muestra de asimilación de los extremos caracteres que interpreta en esta pieza, destacándose como siempre su melodiosa tesitura vocal que la ha identificado. Esperamos que no nos niegue nuevamente por tanto tiempo su presencia sobre los escenarios.
Por último, Julio Rodríguez, con una también extensa y provechosa carrera, es el responsable de asumir la personalidad de Tennessee Williams, lo cual logra con la discreción de quien se preocupa por mostrar con mayor precisión el interior y los sentimientos, que la caracterización externa. Su trabajo lo perfila con una elegancia natural alejándose de pasos anteriores por los escenarios, mostrando una dúctil conciencia de la responsabilidad puesta sobre sus hombros. La complicidad reflejada desde la posición del autor para con sus propios personajes que se mueven ante su vista en escena la construye el actor a base de sutilezas expresivas y un desenfado producto del sólido bagaje teatral que arrastra el intérprete en su trayectoria sobre las tablas.
Que el escenario de Artefactus Teatro haya ofrecido al público hispanohablante de Miami la oportunidad de hacer un ligero viaje a través de una parte de la obra y de insinuantes momentos de la vida de Tennesse Williams, autor no importante solamente para el teatro norteamericano, sino para la escena mundial, por medio de tan hermoso espectáculo como resulta ser “Cartografía Williams”, ha sido una deuda parcialmente pagada que nuestro teatro tiene con la sólida y destacada dramaturgia del país en que hemos decidimos vivir.
Wilfredo A. Ramos.
Miami, junio 2, 2026.
Fotos/Arturo Arocha.




















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