<<L’enfer, ces’t les autres>>. (El infierno son los demás). “A puerta cerrada”, J.P.Sartre.
Como bien hemos comentado en diversas ocasiones, el teatro en español que se realiza en la ciudad de Miami, aunque no es todo lo numeroso que desearíamos que fuera, no se puede negar la existencia de un panorama que permite disfrutar de una bastante frecuente programación, dentro de la cual además de la concebida y siempre bien recibida comedia, el público interesado puede enfrentarse a propuestas teatrales de otros diversos géneros y estilos de trabajo. Lamentablemente existe una errónea concepción, no sólo por parte del público sino asombrosamente también de los mismos teatristas, de que en esta ciudad no se hace teatro de arte, de investigación, de riesgo, superponiendo el mantra de que solo el género de la comedia ligera, que provoca la risa fácil, el cual se hace para entretener, es el que puede ser encontrado únicamente en nuestros escenarios y esa repetición hija de la ignorancia se vuelve contra el quehacer teatral mismo.
Si he comenzado el presente artículo haciendo alusión a ese tema es precisamente porque la propuesta escénica de la que nos disponemos a comentar cae precisamente dentro de ese rango de obras que podríamos considerar como ‘teatro de arte’ y por ende alejado de las grandes multitudes de públicos, así como de oportunidades de promoción a través de los medios informativos y de prensa tradicionales. Nos estamos refiriendo a la obra “Sin salida”, que bajo la dirección del cubano Erom Jimmy, hubo de presentarse por tan solo un día, el pasado 22 del presente mes de mayo en el Sandrell Rivers Theater, como preludio a un viaje en los próximos días a la ciudad de New York. Debemos aclarar que esta puesta había ya tenido su estreno hace algunos meses con la participación de otro elenco y en otra sala de teatro de la ciudad, ocasión aquella en que no tuvimos oportunidad de referirnos a la misma.
Dicha propuesta es el resultado de una versión realizada sobre la obra “A puerta cerrada” (Huis Clos), del dramaturgo francés Jean Paul Sartre -escrita en 1944- para la cual se tuvo en cuenta las interpretaciones de un elenco multinacional conformado por Francisco Porras y Ana Sobero (México), Boris Roa (Chile) y Nabilah Fernández (Cuba-Puerto Rico), en una producción de Miami Factory Theater. He tomado en consideración precisar las nacionalidades de los implicados en este proyecto, por la significativa importancia que ello representa para la convivencia y crecimiento de la cultura en la megaciudad en que se ha convertido hoy en día Miami, lugar de asentamiento poblacional diverso, el cual le ha proporcionado una personalidad interesante y propia.
Podría resultar de algún interés hacer ciertas consideraciones acerca de Sartre, su obra y su proyección social más allá de su teatro y literatura en general.
Jean Paul Sartre (París 1905-1980), no solo se interesó por la dramaturgia, sino que además fue autor de novelas, relatos, ensayos, crítica literaria, trabajos filosóficos y guiones cinematográficos, lo que lo convertiría en un autor de una extendida obra, la que lo hiciera muy conocido a nivel internacional, lo que lo llevara a obtener en 1964 el Premio Nobel de Literatura, el cual se negara a aceptar debido a que no consideraba que ni el hombre ni la cultura debieran relacionarse con ninguna institución establecida por “el sistema’; pero sin embargo sí aceptó su inclusión dentro de la Academia Estadounidense de las Letras y las Ciencias, en una muestra de algunas de sus propias contradicciones filosóficas. A pesar de haber pertenecido a una familia medianamente bien establecida y haber estudiado en centros elitistas como la escuela Normal superior de París, de donde se graduara en 1929 con un doctorado en Filosofía, su visión de la vida y la sociedad lo llevó a identificarse con las ideas marxistas, aunque nunca se afiliara a dicho partido político. Como testigo de la Francia ocupada por las tropas de la alemana nazi, se hizo de una muy mala opinión sobre la relación que la sociedad francesa estableció con sus ocupantes, de la cual fue extremadamente crítico, aunque nunca se incorporarse al movimiento de la resistencia, posición por la que fuera criticado por parte de algunos intelectuales del momento. Su pensamiento antisistema y antinacionalista lo llevó a concebir una Europa sin fronteras nacionales -lo mismo que han tratado de hacer en la actualidad los líderes de la Unión Europea, que tan malas consecuencias ha traído a todos los estados miembros- mirándola como una fuerza unitaria que la pudiera poner al mismo nivel del poderío norteamericano y soviético de entonces. El apoyo de Sartre hacia este último país lo condujo a ignorar los atropellos, crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos por los líderes comunistas, considerando a estos como la única formación política capaz de poder llegar a lograr una sociedad justa, incluso justificó sin ningún tipo de duda, el que al pueblo se le escondieran la realidad de los hechos para evitar así que la “clase obrera perdiera su entusiasmo”. Su discurso ideológico estuvo marcado por ostensibles contradicciones que le valieron ataques de ambas partes del espectro político y social, pero sin duda alguna el núcleo de sus ideas estuvo centrado en todo momento en la defensa de los postulados marxistas, despreciando todo lo que representaba la sociedad capitalista, aunque viviera dentro de ella, tal y como hacen la mayoría de sus colegas ideológicos. Esta posición de pensamiento que encontró fuerte respaldo en su compañera de vida y trayectoria, la escritora, profesora, filosofa y activista feminista Simone de Beauvoir, fue determinante para que su figura se convirtiera en un referente filosófico del siglo XX.
Al analizar la obra de este autor, encontramos que la misma se perfila en un contexto existencialista, el cual centra primordialmente su interés en el ser humano mismo y no en el mundo que lo rodea, por lo que para el autor, la libertad de acción y elección del individuo es primordial, haciendo que este pueda adaptar y transformar el medio que lo rodea de acuerdo a sus propios intereses, en función de su individual percepción del mejoramiento de su ámbito personal de vida, donde la relación conciencia-ser -base de todos los planteamientos filosóficos- es también alterada en concordancia con sus análisis al respecto y ello queda mostrado en el tratamiento de los temas y personajes dentro de su producción literaria en general.
Aunque su escritura dramática constituye sólo una pequeña parte de su obra escrita, esta no puede ser tenida a menos, pues la misma le permitió poder acercarse a una mayor cantidad de personas que de otra forma no hubieran tenido acceso a su ideario, siendo “A puerta cerrada” -con toda seguridad su obra más conocida y representada- con la que se propone mostrar de manera directa los preceptos filosóficos dominantes dentro de la sociedad europea después de finalizada la II Guerra Mundial, así como la reformulación de un nuevo concepto de teatro sobre los escenarios. Tanto en esta pieza como en el resto de sus obras teatrales, Sartre introdujo su pensamiento filosófico, algo que lo hace único en comparación con otros pensadores.
“A puerta cerrada”, se nos muestra como una poderosa parábola existencialista, al tratar temas como la represión, la censura, el miedo, la tortura, el crimen, la violencia, temas que mucho tenían que ver con la realidad que vivía Francia bajo la ocupación germana, pero al mismo tiempo trabaja sobre los demonios individuales, la dependencia hacia la validación que puedan hacer el resto de las personas acerca de nosotros, los conceptos morales y nuestra identidad. El que el dramaturgo escoja al infierno, representado en una habitación de hotel en la cual se puede entrar pero no salir, como escenario para encerrar a sus protagonistas -dos mujeres y un hombre, llevados al lugar por un supuesto mayordomo al que se pudiera identificar como el propio Diablo- donde juntos lleguen a reconocer de manera angustiosa sus propios crímenes, al tiempo que cada uno de ellos se conviertan en torturadores y torturados, no hace más que poner de relieve la noción que sobre el ser humano y la sociedad en que este se desenvuelve, posee el autor.
Dicha obra que fuera escrita prácticamente por encargo -se dice que de Albert Camus, quien la dirigiera e interpretara a uno de los personajes- llevó por título primeramente “Los otros” (Les Autres) y fue concebida procurando burlar la censura nazi imperante, llegando a ser representada por primera vez en casa de unos amigos, aunque llegara a tener su estreno público algo después en el Theatre du Viieux-Colombier, de París, bajo otra dirección y un elenco diferente, obteniendo una muy mala recepción por parte del público y la crítica. No es hasta después de la liberación de la ciudad francesa que la obra regresa a escena teniendo entonces si una gran acogida al considerarse un texto desafiante, transgresor y portador de nuevas ideas tanto estéticas como éticas, iniciando desde ese momento el largo recorrido que ha tenido por los escenarios mundiales hasta el día de hoy.
Conociendo la trayectoria de esta obra sartriana no es de extrañar que Erom Jimmy se haya interesado por llevarla a escena, y que sea la tercera mirada que el director pone sobre dicho texto, llevándolo a las tablas con diferentes concepciones escénicas y elencos. Este director el cual tiene como premisa de su trabajo el riesgo, la intervención, la investigación, encuentra en la obra existencial de Sartre el material adecuado para volcar su cosmovisión sobre el teatro. La dinámica en cuanto a su trabajo se cohesiona con la mirada del dramaturgo francés, coincidiendo ambos en la deconstrucción interior con que se elabora y diseña la propuesta escénica y el trabajo del actor, siempre en procura del desequilibrio emocional e intelectual, factor que permitirá al director manipular los significantes textuales y su manera de plasmarlos mediante el rejuego con que construye su narración dramática en escena.
Dentro de la presente propuesta, el director va despojando a los actores de humanidad hasta convertirlos en frágiles marionetas manipulables, a medida que cada uno va vaciándose de los secretos que han procurado de esconder buscando crear la imagen complaciente que hacia sí mismos desean que vean los demás. A través del intenso trabajo corporal, los intérpretes son provocados por el director a exponer un diálogo donde texto y movimiento, desde una aparente contradicción conceptual, se apoyen orgánicamente, creando una rica polisemia dramática a la que el espectador tendrá que estar atento.
Es dentro de esta exigente atmósfera, que el desempeño de los cuatro actores escogidos para la puesta se va a materializar de forma concreta y acertada. La propuesta, tal como la concibió el autor, no da margen al lucimiento de un actor sobre los otros, cada quien tiene su momento, pero al mismo tiempo el colectivo hablará por cada uno de ellos. Es de aplaudir que actores no acostumbrados a incursionar en este tipo de teatro corporal -donde la acción se convierte en herramienta fundamental para expresar el propio texto- hayan sacado sin contratiempo alguno las exigencias del mismo. Solamente un aspecto podríamos señalar con respecto al trabajo de los actores y es en cuanto al cuidado que deben tener con la dicción de los parlamentos dentro de esta manera de hacer teatro, ya que por momentos se hacía difícil escuchar o entender lo que hablaban, situación provocada sin duda alguna a la necesidad de establecer la exacta dinámica entre movimiento, respiración pronunciación y proyección de la voz, acción imprescindible para un tipo de trabajo sumamente exigente.
La puesta en escena pensada en un concepto minimalista, careció de elementos escenográficos, utilizando únicamente cintas de las que delimitan el paso en espacios públicos, elementos que de alguna manera hacían referencia al título de la pieza -Sin salida- contando con un interesante diseño de luces con el cual se acentuaba el carácter expresionista presente en la interrelación corporal entre los actores, así como un realista concepto de vestuario centrado en la utilización de colores rojo, negro y blanco, que contribuían acertadamente al lenguaje simbólico de los personajes.
Una vez observado el resultado de esta nueva propuesta de Erom Jimmy y teniendo en cuenta sus anteriores trabajos, no queda duda alguna que con este director el teatro de Miami tiene ante sí a un creador interesado en diversificar atrevidamente y con mayor audacia la mirada estética del teatro de la ciudad, transitando a través de los considerados lenguajes vanguardistas, con la intencionalidad de dirigir la mirada de nuestro público hacia concepciones escénicas proyectadas por aquellos destacados investigadores del quehacer teatral internacional, sin temor a volcar sobre las tablas ideas arriesgadas y provocadoras. Solo queda esperar que dicho empeño encuentre receptores -tanto actores como públicos- abiertos a querer transitar en toda su amplitud por el rico y diverso caudal de emociones y sensaciones que puede llegar a ofrecer siempre el teatro.
Wilfredo A. Ramos.
Miami, mayo 24, 2026.
Fotos/Julio de la Nuez.



















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