Wednesday, August 14, 2019

Narciso López en la Audiencia de Puerto Príncipe (por Carlos A. Peón-Casas)


La anécdota(1) creo ha sido poco o nada aireada hasta aquí. Narciso López, el caraqueño que viera la luz en 1797, primero soldado(2), muy pronto capitán con solo veinte años, para llegar a coronel de aquel Ejercito Español, discurrió por aquella ciudad nuestra de Santa María del Puerto Príncipe en 1826.

Avecinado primero en Santiago de Cuba, donde llegara siguiendo a las tropas españolas derrotadas y desmoralizadas por la insurgencia libertaria, pasaría luego a La Habana.

Corrían tiempos aciagos en la Isla, con las agitaciones de constitucionalistas de la Conspiración de los Rayos y Soles de Bolívar. Eran los tiempos igualmente azarosos del desgobierno del general Vives.

López, ya en la capital cubana habría de contraer matrimonio con una prominente dama habanera Dolores de Frías y Jacott, hermana del que con el tiempo llegaría a ostentar el título de Conde de Pozos Dulces.

La cercanía a la ciudad principeña pronto sería propicia, cuando Narciso, en representación de la familia de su esposa, tuviera que concurrir a la entonces Audiencia de Puerto Príncipe, a ventilar, ante aquel tribunal, un importante asunto que comprometía los intereses de su familia política.

El juicio en cuestión que allí se seguía, involucraba nada más y nada menos, que los terrenos del Vedado, propiedad que el Estado español, reclamaba a los Frías.

Ante aquella benemérita Audiencia, asentada en la ciudad del Tínima y el Hatibonico desde 1800, López protagonizaría un muy sonado y ruidoso incidente con el Presidente en funciones.

Al presentarse ante tan prestigiosa instancia, Narciso López lo hizo luciendo su uniforme completo de coronel de Húsares de Fernando VII, su pecho cubierto de las condecoraciones recibidas en su vertiginosa carrera militar, y para rematar su sable de caballería perfectamente ceñido.

El diálogo que sigue, lo cita oportunamente Herminio Portell Vilá en su artículo de Bohemia, ya mencionado.
“-Señor coronel-comenzó diciéndole el Presidente del Tribunal-la Audiencia ve con disgusto el que V.S, haya insistido en comparecer en estrados con sus armas y os invita a que dejéis el sable en la portería.
-Me niego a desceñirme el sable, Sr. Presidente-, contestó López,-si puedo aparecer en presencia del rey con mis armas, la Audiencia de Puerto Príncipe no puede aspirar a más…”(3)
Poco sabemos del desenlace de aquel litigio, que sin embargo podemos barruntar se falló a favor de los demandantes. Luego de tan controvertido lance, López fue transferido a la Península, a comienzos de 1827, pero volvería a Cuba en compañía de su amigo Jerónimo Valdés, nuevo Capitán General, y fungiría como Gobernador de las Trinidad.

Para 1842, liberado de tales funciones, y haciendo realidad sus ansias libertarias contra el coloniaje español, López conspiraba en Trinidad, y para tal época volvería a Puerto Príncipe en su paso a Santiago de Cuba, en los preludios de su asonada libertaria para Cuba.

De tal época datarían sus contactos con los prohombres de aquella intentona libertaria que comprometía, entre otros, a José de la Luz y Caballero, a quien el propio López, en una ocasión testimonio lo siguiente de nuestros correligionario: “Los cubanos nadan Don Pepe, lo que hay que hacer es empujarlos hacia el agua”(4).


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  1. La anécdota aparece narrada en el artículo "El General Narciso López, Héroe de la Independencia de Cuba", de Herminio Portell Vilá, publicado en la revista Bohemia. Mayo 21 de 1950. pp. 34-39.
  2. La historia cuenta como con solo catorce años, y entonces alumno de la Academia Militar Wantosten, suscribió la Declaración de independencia de Venezuela, aunque su vida militar posterior, al servicio de la metrópoli, fue signada por el deseo de su tío el coronel Francisco López. Sus ansias libertarias acabarían imponiéndose, y sacrificaría su vida por tal causa.
  3. Ibíd. p.37
  4. Ibíd. p.39

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