Thursday, June 6, 2019

Habla, Señor: Solemnidad de Pentecostés. 9 de junio de 2019 (Conferencia de Obispos Católicos en Cuba)


Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 2,1-11

El relato de la venida del Espíritu Santo comienza aludiendo al día y al estado de los discípulos, en principio, no hace una mención expresa al lugar donde estaban: “el día de Pentecostés todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar”. “La Biblia de Jerusalén” nos ofrece una traducción muy sugerente: “reunidos con un mismo objetivo”.

Pentecostés es la plenitud de la Pascua. Para el pueblo de Israel, la Pascua era la fiesta del comienzo de la cosecha, de las primeras espigas; Pentecostés, en cambio, es de la plenitud de la cosecha que se ofrece a Dios con calma, se gusta y se disfruta la vida. Lucas, con su peculiar, habilidad reinterpreta esta Fiesta y la convierte en el día de la madurez pascual de la Iglesia. La Pascua, con la Resurrección de Jesús, es el comienzo de la vida; Pentecostés es la Fiesta en que la vida del Resucitado se hace presente en todos los pueblos y regiones, lenguas y culturas.

El versículo dos alude a una casa, y en ella, se encuentran reunidos los discípulos “con un mismo objetivo”, es decir, esperando la Promesa del Padre que los llenará de fortaleza y los convertirá en testigos de Jesús. Jesús, nunca les dijo cuándo ni cómo sería la llegada del Paráclito, sólo le mandó a permanecer en Jerusalén hasta que esto aconteciera, de allí es que, este objetivo esperado aguardarse con una especial atención y sensibilidad.

Una fuerte ráfaga de viento. El Salmo 104 (103), al decir: “si envías tu aliento son creados”, deja claro que el Espíritu de Dios interviene en el origen de la vida y el 33 (32) después de afirmar que “el amor del Señor llena la tierra”, manifiesta que, este mismo Espíritu del Señor es el origen de una fortaleza inexpugnable. Aquí, en el relato de su venida, se presenta como la fuerza incontenible del amor de Dios que llena todos los espacios y crea una nueva humanidad, un nuevo pueblo de Dios, que, de allí en lo adelante, pese a ser de diferentes pueblos, lenguas y culturas hablará un mismo idioma.

Lengua de fuego. El profeta Isaías al narrar su experiencia vocacional, alude al fuego que toca su boca, lo purifica y a una voz que clama por un misionero para ser enviado en el nombre del Señor, aquí las llamas no le toca la boca a los discípulos, sino que son como lengua que se posan sobre ellos, clara evocación al Espíritu que en su momento se posó sobre Jesús y lo ungió para anunciar la Buena Nueva (Lc 4,18-19), y que a su vez, el Señor les prometió que descendería sobre ellos, los llenaría de fortaleza y lo convertiría en sus testigo (Hch 1,8).

Hombres piadosos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Estos hombres son atraídos por el fenómeno de Pentecostés a “la Ciudad del Santo”, a la “Ciudad de la paz”, allí escuchan hablar de las maravillas de Dios en sus propios idiomas, y es que, el Espíritu Santo se derrama en favor de todas las naciones de la tierra.

Quiera Dios todos podamos experimentar en este día y siempre la fuerza del amor de Dios, que hace hablar un mismo idioma y cantar las maravillas de Dios.

Segunda Lectura: Romanos 8,8-17

San Pablo insiste en la acción del Espíritu Santo en la persona del discípulo:
  • El Espíritu Santo vive en el corazón de todo aquel que busque agradar a Dios.
  • El Espíritu Santo infundirá nueva vida a los cuerpos mortales.
  • Si con la ayuda del Espíritu Santo se da muerte a las obras del pecado, verdaderamente se vivirá.
  • El Espíritu Santo convierte en hijos de Dios y le permite llamar a Dios ¡Padre!
  • El mismo Espíritu Santo da testimonio de que son hijos de Dios.

Evangelio: Juan 20,19-23

La mejor expresión de amor a Jesús, es cumplir con sus mandamientos y ser fiel a su mensaje, que no es otro que, el mismo que a Él Padre le encomendara a Jesús y que Él nos anunciara. Jesús, afirma que Él mismo rogará al Padre que envíe al “Abogado”, al “Consolador”, pero no sólo eso, sino a todo aquel que le ama será amado por el Padre y, que el Padre y Él vendrán a vivir en esa persona.

Cuando venga el “Abogado”, el “Consolador”, que el Padre enviará desde el cielo, ayudará a hacer memoria de lo dicho por Jesús y explicará todo aquello que aún no se había comprendido.

Oremos:

Ven Espíritu Santo, inunda nuestros corazones con la alegría del Evangelio. Esa alegría que se renueva y comunica en cada encuentro con Jesús.

Haznos gustar de la dulce y confortadora alegría de recibir y anunciar La Buena Nueva.

Abre nuestros oídos para que te podamos escuchar y podamos hacer “nueva la misión, para que en el día a día de nuestra vida transmitamos nuestra fe.

Danos un corazón misericordioso y decidido para que seamos una Iglesia, una comunidad que sale al encuentro de nuestros hermanos.

Conviértenos para que seamos artífices de una pastoral de conversión, que nos vuelva hacia Jesús y hacia cada uno de nuestros hermanos.

Que realicemos una pastoral que brote desde lo profundo del corazón del Evangelio, porque sólo así encontrará acogida en el corazón de nuestro pueblo.

Fortalécenos, afín de que podamos ser partícipes de una misión que se encarna en los límites humanos.

Ayúdanos a crecer en la interpretación de tu Palabra y en la comprensión de la Verdad. Que seamos la Iglesia soñada por Jesús: una Madre que ama a corazón abierto y sale al encuentro de todos… de todos los que buscan a Jesús, de los que aún no lo conocen o se han alejado de Él.

Ven Espíritu Santo y enciende en nosotros el fuego de tu amor.

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