Wednesday, April 10, 2019

Ernest Hemingway: el poeta que todavía no conocemos (por Carlos A. Peón-Casas)


Hemingway:
el poeta que todavía no conocemos


por Carlos A. Peón-Casas


La poesía de Ernest Hemingway es una asignatura pendiente para el lector cubano. La edición completa de sus poemas publicados vio la luz póstumamente en el año 1979(1). Cualquier traducción al español que se haya verificado a partir de la fecha, es verdaderamente una rareza editorial entre nosotros, por ende serían pocos, muy pocos los lectores que hayan podido sacar el mejor partido de tal o tales versiones. Leerlos en el original sería igualmente un muy raro privilegio sólo al alcance de otro escaso grupo, mayoreado principalmente por especialistas en la obra del también cuentista y novelista. Sumemos a lo ya dicho que cualquier pretensión traductiva entre nosotros, chocaría de inmediato con el valladar insalvable de los derechos de autor que para tales propósitos detentan sus herederos, y cuya validez sigue en pie hasta ver cumplidos los cincuenta años del deceso del dios de bronce de la literatura norteamericana(2).

Hemingway, mejor conocido entre nosotros por su exquisita prosa que incluye como ya acotábamos novelas, cuentos, memorias y muchos artículos periodísticos, fue también el poeta que habita primero en la génesis del narrador futuro. Y que en su caso como en el de muchos grandes de la literatura con mayúsculas, siguió latiendo en la posteridad de su obra de consagrado, quizás con otro signo, pero siempre con dimensión de vitalidad, aunque, habría que ver a cuantos de aquellos textos iniciáticos, hubiera condenado al fuego reparador o al ostracismo más singular, de haber podido decidir sobre su publicación. Al menos en vida nunca lo intentó. De cualquier modo, ya desde sus primeros atisbos poéticos, su producción de tal signo lograba convencer a voces ya altas y reconocidas en el mundo literario del Paris del los años veinte como Gertrude Stein y Ezra Pound, para quienes aquellos tempranos poemas de post-guerra: “tenían la marca del poeta”(3). Para tal época el joven bardo y futuro narrador, ya había dado a las prensas algunos textos, publicados en Poetry, un conocido diario poético de la época donde ya se habían publicado textos del propio Pound y de Wallace Stevens.

Unos versos de tal período ilustran muy bien lo ya expresado, se trata del poema “Champs d'Honneur” donde al decir del crítico e investigador Robert Fleeming: “conmemora la muerte de la Primera Guerra Mundial, no en los términos glorificadores que usaría un orador, sino con la auténtica miseria de sus muertes, atrapados en fangosas trincheras, mientras el gas se difuminaba para finalmente asfixiarlos”(4).

La experiencia guerrera de Hemingway, como bien se sabe, terminó muy pronto con las marcas indelebles de por vida de una muy fea herida, en el frente italiano, cuando servía no precisamente como soldado sino como ambulanciero y proveedor de víveres a los combatientes. Lo anecdótico del hecho, que de cualquier modo no dejó de tener claros visos de un acto heroico, marcó su futura impronta de novelista con Adiós a las Armas, sin dudas un alegato contundente contra la guerra no exento como toda buena novela que se precie de serlo, de un halo de romántico signo; pero donde verdaderamente quedó plasmada esa noción de total desamparo y extrañamiento es en esos textos poéticos recorridos por el inevitable bramar de las armas y el fragor de la muerte que se enseñorea con los jóvenes cuerpos de los soldados sacrificados a una causa inútil, un ejemplo lo constituye el poema “Los buenos muchachos muertos”, firmado por el autor en el año 1929:
Se burlaron de todos nosotros
El Rey y la nación
Dios Todopoderoso
Y del resto
Patriotismo
Democracia
Honor
Sólo palabras y frases
Con las que nos embaucaron o nos mataron(5)

En tales textos inequívocamente aflora un sujeto poético que sin dudas asume y resume la experiencia de aquellos inocentes combatientes de todos los bandos, enfrentados solamente por la perfidia de los poderosos, y los oscuros designios de la geopolítica imperante. Hemingway no quedará nunca ajeno a aquel desastre que marcaría su vida, y la de tantos otros, precisamente aquella “generación perdida” bautizada en su momento por la que sería su descubridora y dómine literaria en el Paris de post guerra, Gertrude Stein. Aquellos textos signados por la conflagración, son quizás los que con más fuerza hablan del poeta, que Hemingway dejaría de ser tan pronto como los lauros de la novela y las narraciones cortas marcaran para bien su temprana carrera literaria. En uno aquellos intitulado: “Todos los ejércitos son iguales”, volvemos a escuchar el tronar aciago del combate:
La publicidad es fama
La artillería hace el mismo ruido
El valor es un atributo de los muchachos
Los viejos soldados tienen ojos cansados
Todos los combatientes escuchan las mismas viejas mentiras
Los cuerpos de los muertos siempre están cubiertos de moscas.(6)
El mismo tono denunciante y a la vez lleno de las pesadumbres que aquel conflicto bélico generó inexorablemente en quienes fueron sus actores más directos, sigue latiendo en los textos que Hemingway escribe a posteriori, ya instalado en París. La evidencia de la pérdida y el duelo inevitable recorren este corto pasaje poético, que estilísticamente tiene mucho que ver con el estilo seco y contundente del autor, trabajado como un enunciado sencillo e irrevocable, esbozado además como un sincero homenaje al amigo muerto en el duro frente francés de la región de Picardy:
El único hombre a quien quise
Dijo adiós
Y se marchó
Lo mataron en Picardy
Un día soleado.(7)
Para Hemingway, como para su generación, no hay una redención posible desde el signo de la guerra, desde ella misma se generan otros conflictos que se hacen irreconciliables con el devenir de todos los que se vieron involucrados. La propia literatura que el joven escritor generará tendrá irrevocablemente su signo, o al menos estará marcada a rojo de por vida en lo más recóndito de su ser. Otro texto de la misma época le pasa la cuenta a esa circunstancia malsana que aglutinó a los de su edad en experiencia vital tan desastrosa. Se trata del poema “La era nos exigió”, otra clara denuncia de aquel terrible flagelo que los agobió:
La era nos exigió que cantáramos
Y nos cortó la lengua.
Nos obligó a correr
Pero nos bloqueó la salida
Nos conminó a que bailáramos
Y nos incrustó en pantalones de hierro
Al final le tributamos
La porquería que nos pidió(8)
Y aunque el signo de la guerra está presente en una gran porción de los primeros textos poéticos hemingwayanos, encontramos también otras aristas y otros temas a los que confía su voz de rimador. De entre tales producciones destaca uno muy particular y donde descubrimos a un Hemingway esta vez paternal (lo fue muy de veras), ilustrando a su progenie sobre lo que debe ser la vida de un hombre recto y justo. Dejemos que sea el propio poeta quien nos haga escuchar estos valederos consejos en su poema “Consejos a un hijo”:
Nunca confíes en un hombre blanco
No mates jamás a un judío,
Ni firmes un contrato.
o alquiles un banco
No te alistes en ejércitos
Ni desposes a muchas mujeres
No escribas para las revistas
O dormirás entre harapos
Todos tus amigos te abandonarán
Todos morirán
De modo que vive una vida acomodada y limpia
Y úneteles en el cielo.(9)
El tono poético que recorre esta colección a la que hoy aludimos tiene igualmente toques muy singulares de un humor pocas veces reconocible en la obra de Hemingway, pero inevitablemente signado con vetas de cierta explícita ironía. Reconocemos tal marca en un poema doble fechado en 1922 (que el poeta dedica a sus compatriotas norteamericanos, y a los vecinos canadienses: I like Americans/I like Canadians). Es bueno recordar que Hemingway después de su experiencia en la guerra europea, vivió por un tiempo en Toronto, donde se desempeñó como corresponsal del diario local Toronto Star. Tales textos, firmados jocosamente por “un extranjero”, y donde Hemingway se escuda para caracterizarlos mejor, airean de cierta forma la convicción íntima que sobre sus correligionarios y los vecinos del norte, tuviera el joven rimador, por entonces expatriado en Paris. Los textos recorridos por cierto sarcasmo que en ninguna manera es agresivo ni mucho menos, constituyen una imagen muy particular de las íntimas realidades de la época, y sin dudas una muy hábil caracterización de los tipos y costumbres al uso en la Norteamérica de post-guerra. Sirva de ejemplo el poema “Me gustan los norteamericanos” ya citado:
Me gustan los americanos
No se parecen a los canadienses
Ni toman con seriedad a sus policías
Van a Montreal a beber no a criticar
Reclaman que ganaron la guerra
Pero en verdad saben que es mentira
Le tienen mucho respeto a los ingleses
Les gusta vivir en el extranjero
Y no se vanaglorian de la manera en que toman baños, pero se bañan.
Sus dientes son muy buenos
Y usan RVD’s(10) el año entero
Me gustaría que no se jactaran mucho de ello
Tienen la segunda mejor marina del mundo
Pero jamás lo mencionan
Les gustaría tener a Henry Ford como presidente.
Pero jamás lo elegirían
Vieron venir a Hill Bryan
Y están ya cansados de Billy Sunday
Los hombres se pelan de manera divertida
No serían fáciles de engañar en Europa
Alguna vez han estado allí
Produjeron a Barney Google, a Mutt y a Jiggs
No cuelgan a los asesinos de mujeres
Los exhiben en un vaudeville
Leen el Saturday Evening Post
Y creen en Santa Claus
Cuando hacen dinero
Es en grande
Son gente agradable.(11)
No estaría completa esta primera aproximación a los textos poéticos de Ernest Hemingway sin citar de entre los pasajes recogidos en el libro “ 88 poemas”, un par de ellos que por su brevedad recuerdan a los haikus japoneses, especies de miniaturas, donde sin embargo afloran detalles poco aireados, y ciertamente marcados con el signo del sentimiento más intimista posible, refiero esta vez a dos producciones de una etapa posterior a los anteriormente citados: los textos: Poetry/Poesía de 1944 y If my Valentine…/ Si mi Valentine...(1956). Amén de que el sujeto poético permanece muy cerca del autor, ambos poemas siguen delineando al creador que hubiera de convencer a rimadores inveterados desde sus primeras creaciones; pero que sin embargo se niega a existir como tal en el tiempo creativo del novelista consagrado que ya detenta los grandes lauros del Pulitzer y el Nobel por las excelencias de su prosa, definitivamente inimitable. Disfrutar pues de tales ejercicios poéticos de un Hemingway monumental es sin lugar a dudas un muy especial privilegio:

Poesía

Y ahora,
Perdidas las tres últimas noches
Recobradas en la mañana…
Los bosques húmedos y oscuros(12)

If my Valentine…

Si mi Valentine tú no llegaras a ser,
me voy a colgar en tu árbol de Navidad.(13)
Este tan especial recorrido por los poemas desconocidos de Ernest Hemingway, es una andadura que creemos imprescindible para el lector de su obra en Cuba. Tenemos la suerte de haber disfrutado de una gran parte de su extensa producción, incluso el raro privilegio de hacerlo casi de primera mano cuando en 1954 la revista Bohemia publicara de una sola vez su noveleta “El Viejo y el Mar”, traducida por el que fuera un gran amigo cubano del autor; Lino Novás Calvo. Igual suerte hemos tenido con su cuentística y sus novelas más singulares publicadas bajo el sello Arte y Literatura. Otros relatos posteriores, hasta ahora no traducidos al español(14), recreados en los ambientes locales de su Finca Vigía y que plasman su experiencia cubana de más de veinte años, esperan en potencia poder ver la necesaria luz editorial en el tiempo más o menos tangible.

Sirva pues, esta aproximación al Hemingway poeta, como introito necesario al conocimiento más completo de su vasta obra creativa, en la que también la poesía, tuvo sus coordenadas singulares dentro del corpus monumental de un autor al que la Literatura (siempre con mayúsculas), sigue reverenciando por sus dotes de inigualable signo.

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Citas y Notas

  1. Se trata de 88 Poems, editado por Nicholas Gerogiannis. El libro es una compilación de todos los poemas conocidos de Ernest Hemingway, que incluye desde una pieza juvenil escrita en un álbum de familia, hasta un poema fechado en al año 1956.
  2. A partir del 2011, la obra hemingwayana pasaría a ser parte del dominio público, y cualquier intento de tal tipo sería perfectamente viable.
  3. Citado por Fleming, Robert E.. "88 Poems". The Literary Encyclopedia. 31 July 2002.[http://www.litencyc.com/php/sworks.php?rec=true&UID=7254, accessed 25 January 2009.]
  4. Ibíd.
  5. En A Selection of Ernest Hemingway's Poetry. http://dir.yahoo/Arts/Humanities/Literature/Authors/Literary-Fiction/Hemingway _ Ernest _1899_1961/To Good Guys Dead/ Los Buenos muchachos muertos.ca. 1922. Todas las traducciones son de mi autoría.
  6. Ibíd. All armies are the same/ Todos los ejércitos son iguales. Paris 1922
  7. Ibíd. Poem/Poema.ca 1922.
  8. Ibíd. The age demanded/La era nos exigió. París 1922.
  9. Ibíd. Advice to a Son/Consejos a un hijo.1931.
  10. Refiere a una reconocida marca de ropa interior masculina muy popular en los Estados Unidos.
  11. Ibídem. I Like Americans (By A Foreigner) /Me gustan los americanos (Por un extranjero
  12. Ibíd. Poetry/Poesía. 24 Sept,1944.
  13. Ibíd. If my Valentine… /Si mi Valentine 14 de Febrero, 1956
  14. Véase mi ensayo “Traducir a Hemingway aquí y ahora. Notas sobre una experiencia traductiva de dos de sus historias: “I Guess Everything Reminds You of Something” y “Great News from the Mainland” creadas y ambientadas en Cuba.. (Trabajo leído en el 12º Coloquio Internacional Ernest Hemingway, celebrado en Ciudad de La Habana bajo los auspicios del Museo Ernest Hemingway de Finca Vigía en coordinación con la Cátedra Hemingway del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí” del 18 al 21 de junio del 2009.

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