Friday, March 15, 2019

"Lucia di Lammermoor", un regalo espléndido de la Miami Lyric Opera para sus espectadores (por Baltasar Santiago Martín)



En casi toda Latinoamérica hay una gran tradición operática, y un público conocedor que no se contenta con cualquier cosa, y en Miami, ciudad conocida como la “Capital de las Américas”, el público latino, que confluye armoniosamente junto al anglo, ha podido disfrutar desde hace ya bastante tiempo las muy dignas y decorosas puestas de la Miami Lyric Opera, y esta Lucia di Lammermoor no ha sido la excepción, sino otro regalo espléndido de la esforzada compañía para sus espectadores.

En la escena segunda del primer acto, “en los predios del Castillo de Ravenswood” – muy bien evocados por los realísticos telones pintados–, Lucia canta la bellísima aria Reinaba en el silencio, la segunda en importancia en esta ópera, donde le cuenta a Alisa su encuentro con el fantasma de la mujer asesinada en el lugar por su celoso esposo, y Christine Roo Suits, la soprano en el rol titular, la interpretó correctamente, aunque sin dar el sobreagudo final (indudablemente estaba calentando su magnífica voz para lo demás que venía, como se verá más adelante).

A su vez, el barítono Oscar Martínez, como Henry Ashton –Enrico–, el perverso hermano de Lucia, tuvo un adecuado desempeño en su rol, tanto actoral como vocal, sobre todo en el dúo del segundo acto con Christine, y Aruna Serbanescu, como Alisa, cumplió dignamente su cometido.

Edgardo, a cargo del tenor Emanuel-Christian Caraman, vocalmente tuvo un agradable desenvolvimiento y se ajustó adecuadamente a la partitura, con agudos precisos, pero algo cortos.

En el segundo acto –la forzada boda– el famoso sexteto fue reivindicado brillantemente por todos sus cantantes, y el extraordinario sobreagudo de Christine nos preparó para el “banquete” que sería sin lugar a dudas su aria de la locura, pues en el libreto original, musicalizado por Gaetano Donizetti, Lucia, enloquecida tras su forzada boda y su involuntaria traición a Edgardo, mata a Arturo, su impuesto esposo.

En el tercer acto, el aria cumbre –y realmente borrascosa– de esta ópera, fue magistralmente interpretada por Christine, con toda la pirotecnia que sus difíciles coloraturas requieren, y con un desempeño dramático completamente coherente.

Como tan bien escribió ya mi amigo y colega Daniel D. Fernández para El Nuevo Herald, “a pesar de situaciones extremas, como cantar acostada en el piso, no perdió una nota, ni sobreactuó la demencia del personaje, algo que a veces mella el mejor despliegue vocal. El comentario de muchos a finalizar la función es que ella había estado mejor que muchas que ocupan las grandes carteleras”.

En la escena final, Emanuel-Christian Caraman abordó con emoción y buen gusto las dos arias más importantes para tenor de esta ópera, principalmente la segunda, El alma enamorada, a la que sacó especial brillantez.

Un reconocimiento agradecido para el coro, dirigido por Pablo Hernández; las luces de Kristina Villaverde, y la dirección orquestal de Beverly Coulter, y por supuesto, para el principal artífice de toda esta hermosa magia: el Maestro Raffaele Cardone.


La próxima producción de la Miami Lyric Opera será La Cenicienta, de Rossini los días 6 y 7 de julio, en el SMDCAC, 10950 SW 211 Street, Cutler Bay. Info. y entradas 786 573 5300 y www.miamilyricopera.org and www.smdcac.org/events/miami-lyric-opera.


Baltasar Santiago Martín
Fundación APOGEO 
para el arte público.

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