Saturday, October 20, 2018

Dios aprieta, pero no ahoga (por Víctor Mozo)

Un grupo de católicos camagüeyanos
peregrinan al Cobre, por los 50 años 
de la Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba. 
Mayo 1966. Foto cortesía de María Obregón
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Si bien la frase de Llaguno mientras no te manden a pelar al rape todo está bien daba que pensar, mi vida continuaba sin preocupación, o sí, me preocupaba lo del pelado, pero por lo mal que me vería. Cuando se tienen dieciséis años se impone casi como dogma estar bien peinado y presumir. Vanitas vanitatum et omnia vanitas, me digo ahora sonriéndole al pasado.

En general el mes de mayo de 1966 se había presentado bien, hasta un viaje había hecho a Santiago de Cuba y al Cobre con los amigos de la iglesia para la celebración del cincuentenario de la Patrona de Cuba.
Virgencita del Cobre
flor de la sierra
que con amor el cielo
trajo a la tierra, trajo a la tierra.
Flor peregrina
de aromas y colores
sin una espina… 
tarareo aun 52 años más tarde.

Fueron días muy alegres, lejos de imaginarme que un mes más tarde, con un escenario completamente diferente, mi vida cambiaría y conmigo la de mucha gente.

Un par de semanas después de mi regreso de Santiago recibía dos citaciones más, una para ir a marchar al domingo siguiente y otra para presentarme de nuevo en el comité militar. De repente, mi madre que nunca tocaba el tema, me dijo preocupada: ojalá no te lleven. Yo sabía que mis padres tenían ese presentimiento. Era el más pequeño de los cuatro hijos, mis hermanos eran mayores que yo, dos estaban fuera de Cuba y el que quedaba, ya casado y con hijos, no vivía en casa. No mamá, ya verás que no, le dije para tranquilizarla. Hasta que no me manden a pelar no hay problema, añadí. Que Dios te oiga, dijo algo resignada retornando a sus quehaceres.

La cita para ir a marchar fue más de lo mismo, siempre los mismos sargentos milicianos, siempre las mismas arengas revolucionarias, sin faltar las palabrotas atacando todo lo que fuera religión y que hacían el goce de los que nos sometían en ese momento.

La otra cita, sin saberlo entonces, sería la penúltima antes de que me llevaran. Fue en el mismo lugar que las anteriores con la salvedad de que el que me hizo las preguntas ya acostumbradas era un “sargento” de apellido Aguilera, si mi memoria no me traiciona. Era un tipo flaco, cincuentón, pelo algo canoso y bigote fino también algo canoso. Me dio la impresión de que era alguien con más responsabilidad por la manera en que sus subalternos se dirigían a él.

Me dije que la entrevista sería a la que ya estaba acostumbrado pero esta vez las preguntas concernientes a la religión se hicieron más incisivas. ¿Y qué comedera de mierda es esa de estudiar para cura? Vaya, que esa no me la esperaba. Como no dije nada, insistió diciendo casi a gritos para que todos lo oyeran: ¡Mira que hay cosas mejores que hacer en la vida, coño! Lo único que se me ocurrió decir de la manera más inocente posible fue: Ya no estudio para cura, salí del seminario.
- Pero sigues yendo a la iglesia, ¿no?
- Sí.
- ¿Y sigues creyendo en Dios?
- Sí.
- Pues vas por mal camino.
- Tienes dos hermanos que viven fuera del país, ¿verdad?
- Sí.
- ¿Tienes contacto con ellos?
- Sí.
- ¿Qué tipo de contacto?
- Pues… de familia.
Aquellas preguntas se asemejaban más a un interrogatorio que a una simple citación, como si él no supiera de antemano la respuesta. Tu mamá es de mucho ir a la iglesia, tu papá menos, recuerdo que me había dicho. Se sabía nuestra vida familiar de punta a cabo. Tu hermano que te queda aquí va por buen camino porque ya no va tanto, ya tú entrarás por el aro también. Quizás la cita no duró media hora, para mí fue eternidad inundada de miedo.

Al salir de su oficina, casi tropiezo con el próximo citado. Nunca lo había visto pero sereno y con voz pausada me dijo: Dios aprieta, pero no ahoga y entró donde el “sargento” Aguilera lo esperaba. Era alguien mucho mayor que yo, el doble de mi edad. Me dio qué pensar y no fue precisamente nada bueno. El cerco se iba cerrando y tenía nombre: UMAP.




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Texte en français DIEUX ÉTREINT MAIS N'ÉTOUFFE PAS


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Ver textos anteriores de Víctor Mozo, en el blog

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