Wednesday, October 10, 2018

“Dancing on her knees”, algo más que una lectura (por Wilfredo A. Ramos Vázquez )


Sin duda alguna, Nilo Cruz, el dramaturgo y director teatral cubano-americano, ganador de un Premio Pulitzer en el año 2003 por su obra “Ana en el Trópico”, con la cual obtuvo también dos nominaciones al Premio Tony durante sus representaciones en Broadway, se ha ido convirtiendo en un asiduo de los escenarios de la ciudad de Miami, así como lo ha sido también de los de New York, Oregon, Washington y Los Angeles. Cruz estudió en el Teatro Prometeo, del Miami Dade Community College de la mano su coetánea, la conocida actriz y formadora de actores Teresa María Rojas. Además, fue alumno de la también cubana-americana Maria Irene Fornés, considerada una de las voces femeninas más destacadas del teatro norteamericano, quien con su estilo vanguardista y derribador de cánones para su época, desarrolló un nuevo estilo de escritura teatral. Habiéndose graduado de la Brown University, es en la actualidad profesor de Arte Dramático en dicho centro, así como en la Universidad de Yale y de Iowa.

Otras obras de Cruz, son “Un parque en nuestra casa”, “Tren nocturno a Bolina”, “Dos hermanas y un piano”, “Un país de bicicleta”, “Hortensia y el museo de los sueños”, “Lorca con un vestido verde”, “Capriccio”, “Belleza del padre”, “El color del deseo”, “Huracán”, “Soto Voce”, “Baño a la luz de la luna”, “Bailando sobre sus rodillas”, “Ana en el Trópico”, “Havana” (musical con letra de Jack Murphy y música de Frank Wildhorn) y “Exquisita agonía”, todas escritas en inglés, con excepción de la última, que fue escrita en español, de las cuales una gran parte de ellas han subido a escena en esta ciudad bajo su propia dirección, la mayoría, o de otros directores teatrales.

Si he hecho este recuento de la obra de Nilo Cruz, es para referirme a la magnífica lectura dramatizada que se realizara el pasado día 20 del mes de setiembre en el escenario del Black Box del Miami Dade County Auditorium, de una de sus obras aún inéditas aquí en la ciudad, me refiero a “Bailando sobre sus rodillas” (“Dancing on her knees”). Esta lectura, que se realizo en inglés, con subtítulos en español, fue organizada por Arca Images que bajo la dirección de la también actriz Alexa Kuve, siempre está a cargo de la producción de las puestas de Cruz en nuestros escenarios y que como ya es habitual nos ofrece espectáculos de gran acabado artístico. Para esta ocasión la lectura contó con la presencia en escena de un elenco formado por Anna Silvetti, Paul Tei, Charles Sothers, Andrea Ferro, Lawrence Orihuela, Gabriel Bonilla y Azahara Jiménez.

La Silvetti es una consumada actriz de cine, televisión y teatro, nacida en Barcelona, España, que ha desarrollado su carrera en México y desde hace algún tiempo reside aquí en Miami, en donde es bien conocida por el público, debido a su constante presencia en los escenarios, sobre todo en obras del propio Nilo Cruz. Por su parte, Paul Tei, oriundo de Hollywood, Florida, es un talentoso actor y director teatral, quien es además reconocido por su trayectoria televisiva, principalmente dentro del exitoso serial “Burn Notice”. En el año 2000, Tei funda Cat Theater Company, agrupación de la cual es su director y con la que se ha presentado en diversos escenarios del Sur de la Florida. Charles Sothers, es un joven actor con una ya larga y sólida carrera tanto en cine como en teatro, siendo miembro fundador de The Roxy Theatre Group, aquí en Miami. En cuanto al resto, Lawrence Orihuela, es profesor retirado de FIU devenido actor, mientras que Andrea Ferro y Gabriel Bonilla, son jóvenes actores con más o menos experiencia sobre las tablas, pero con unas prominentes carreras ante si. Por último, Azahara Jiménez, la encargada en esta lectura de leer las acotaciones sugeridas por el escritor en su texto, es una joven actriz que ha sido alumna del también conocido profesor y director teatral Larry Villanueva.

Muchos que lean esta notas pensarán que cosa podrá tener de interesante una lectura aunque sea dramatizada, cuando el objetivo real de todo texto dramático es su representación en el escenario, pero se equivocan si ponen en duda la capacidad que puede llegar a tener una bien concebida lectura a la que se le añade algo de gestualidad y acción para enriquecer la misma. Precisamente este es el caso, donde nos encontramos un trabajo a conciencia, a medio camino entre una lectura y una escenificación real, sin aditamentos escenográficos, solo una mesa en donde apoyar los libretos, pero con elementos de vestuario apropiados, y en el cual los actores se vuelcan por completo a darle vida a sus personajes. Aunque por momentos acudían a la ayuda de sus parlamentos escritos, la mayor parte de la obra, unos más que otros, se olvidaban del papel para decir sus textos al calor de la actuación que ellos mismos se iban imponiendo en el devenir de la trama. Paul Tei, Gabriel Bonilla, Andrea Ferro, casi no hicieron uso de sus respectivos libretos, mientras que Anna Silvetti y Charles Sothers, fueron poco a poco, a medida que entraban en el calor de los conflictos de sus personajes, haciendo a un lado el texto escrito, para ir dando vida a sus personajes con la pasión que caracteriza a estos excelentes actores. Poder disfrutar este trabajo, nos dió la medida del compromiso que significa ser actor, de la entrega que hay que tener, de la responsabilidad que conlleva consigo mismo y con el público, en donde nunca hay trabajo menor.

Quisiera hacer un aparte para referirme al desempeño de Charles Sothers en su personaje trasvestido, columna vertebral de esta obra y motivador de las acciones del resto de los personajes. A pesar de estar presente ante una lectura dramatizada, repetimos, la entrega que hace el actor en este trabajo, la fuerza de los sentimientos que muestra, lo lleva a despojarse de la carga del libreto casi por completo para vivir su personaje. En realidad su magnífica caracterización, nos llevó a preguntarnos si estábamos en presencia de un real trasvesti y no de un actor caracterizado. Si lo que disfrutamos fue en una lectura, que no podríamos esperar de este actor en una puesta en escena de dicha obra.

Sobre este texto dramático, tenemos que decir que se mueve entre dos mundos: el de los vivos y el de los que ya nos están, en un reclamo de amor, que traspasa todos los límites, los de la vida y los de la muerte. La acción a la que nos convoca nos conduce por los caminos de la sorpresa y lo real, es un texto cargado de poesía, pero a la vez de la crudeza que aporta la vida misma con sus avatares inesperados. Por otra parte, la danza, a la que se hace referencia en el título de la obra, no es un elemento gratuito, sino que forma parte de la vida de los personajes y que un montaje tiene que ser parte de la acción y del trabajo actoral.

Para finalizar solo nos resta esperar que en un futuro no muy lejano, los espectadores de Miami, podamos disfrutar también de esta obra que ya ha sido vista por otros públicos, ya sea en cualquiera de los dos idiomas, para continuar disfrutando de la excelente dramaturgia de Nilo Cruz, sin duda, uno de los teatristas que enriquece el ámbito escénico de esta ciudad.


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Ver textos anteriores de Wilfredo A. Ramos, en el blog


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