Wednesday, September 5, 2018

“Wenses y Lala”, un regalo actoral (por Wilfredo A. Ramos)


Dentro de la muestra de la recién XXXIII edición del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, la propuesta mexicana acaparó la atención de público, especialistas y críticos, quedándonos todos con el deseo que dicha puesta en escena se mantuviera sobre las tablas, al menos, una semana más, algo que sabíamos de antemano sería imposible por asuntos logísticos, pasajes aéreos y todas esas cosas ajenas al arte, pero que por desgracia repercuten en él.

“Wenses y Lala”, de la compañía Los Tristes Tigres, fue la obra presentada en el escenario del Black Box del Miami Dade County Auditorium. El texto y la dirección de puesta en escena corrió a cargo de Adrían Vázquez, mientras las actuaciones recayeron en el propio Vázquez junto a Teté Espinoza.

Para comenzar, es bueno hablar brevemente de como fue concebida dicha pieza, ya que la misma tiene que ver con aspectos de la vida del dramaturgo-director-actor. Según nos contó su creador, la idea sobre la historia nació durante un extenso viaje de trabajo de la agrupación teatral a Europa, en el cual, el largo tiempo separado de su esposa e hijos, lo llevó a pensar en la importancia, necesidad y significado de la familia, ello a su vez le hizo recordar el largo y feliz matrimonio vivido por sus padres, por lo que sintió la necesidad de ocupar su tiempo libre mientras viajaban de una locación a otra durante su extensa temporada de presentaciones europeas y comenzó a esbozar una breves notas. De esta manera estaban preparadas las condiciones para que naciera este excelente trabajo. No obstante, no fue hasta pasados varios años que se retomaran esa notas escritas durante aquel ya lejano viaje y el autor le pidiera a la actriz, que conocía desde un principio la idea, el comenzar a trabajar en él.

Es entonces que comienza un ardua labor de ambos actores por ir construyendo un texto dramático que en su mayor parte no existía, a través del difícil arte de la improvisación, de la creación de imágenes mediante el trabajo corporal, poniendo a toda capacidad la dinámica de la interrelación entre ambos cuerpos actorales, buscando la palabra precisa y al mismo tiempo abarcadora, construyendo y destruyendo, para después volver a hacer en busca del momento, de la imagen exacta, en fin, para como en un laboratorio científico, poder lograr unir todos los ingredientes exactos que produjeran el producto deseado.

Hablar de esta puesta en escena, es hablar de lo esencial al teatro: un texto, un director y unos actores, en realidad lo demás en este caso (luces, sonido, escenografía, vestuario y maquillaje), aunque estaban reducidos a lo primordial, desempeñaron sus roles respectivos e importantes, pero dejándose ocultar en un lejano segundo plano, para no opacar el excelente quehacer de estos dos grandes.


Cuando los asistentes entraban al escenario del Black Box del teatro, ya los dos actores se encontraban sentados en el centro de él, en un rústico banco de madera, muy cercano al público. Ambos en silencio y mirando como espectadores el espectáculo de entrada y acomodamiento en sus asientos de el verdadero público, ya se encontraban inmersos en sus personajes que al mismo tiempo deseaban relacionarse con los que los íbamos a ver. Sorpresivamente, un ligero movimiento de luces y un telón transparente, que habíamos tenido todo el tiempo ante nuestra vista y del que nadie se había percatado que nos separaba de la escena, se levantó ante nuestros ojos.


A partir de este momento ambos actores comienzan a relacionarse a través de una excelente y vivaz pantomima, que van rompiendo poco a poco con pequeñas frases dichas en voz muy baja, monosílabos, interjecciones...hasta que una peculiar voz femenina se desata, es Lala, que increpa al Wenses para que se presente a la audiencia, aquí comienza un magnífico trabajo con los diafragmas sonoros por parte del actor tratando de ir articulando alguna palabra, el cual nos desconcierta por el brillante manejo de cada uno de ellos. De esta manera va dejando salir algunos sonidos, interjecciones, palabras, que reflejan un tono, un matiz, una fuerza propulsora diferente pero reconocible por los especialistas teatrales, algo que solo pueden lograr los actores muy bien entrenados en el manejo de ese vital instrumento que es la voz. A todo esto, tenemos que agregarle el que la actriz, dentro de su personaje, por supuesto, comienza a interactuar con el público asistente tratando de romper la “supuesta timidez” que impide al personaje masculino hablar ante ”desconocidos”, y es entonces cuando se inicia una provocadora relación público-actriz. Hablar del manejo de este simpático y bien manejado diálogo, es casi imposible, hay que disfrutarlo en vivo para tener verdadera conciencia del excelente poder de improvisación y de memoria de esta actriz. Por supuesto, el espectador algo tímido siempre cuando se ve provocado por un actor a hablar, va rompiendo poco a poco, esa “cuarta pared”, llegando a crear una grata complicidad con ambos actores.


Pasado este momento y habiéndose presentado cada personaje, lo primero que nos sueltan a la cara es que ambos están muertos y que desde el más allá han querido venir para contarnos sus historias, pero que primero quieren advertirnos para que no vayamos a “moquear” cuando más tarde, en el transcurso de la obra nos enteremos que ambos mueren, un perfecto ejercicio de rompimiento dramatúrgico de la acción, puesto por el autor para adelantarnos y hacernos partícipes de los acontecimientos por venir. Por ese camino van ambos personajes contándonos su conmovedora y feliz historia, desde una temprana niñez y pasando por cada momento de sus respectivas vidas que solo estuvieron separadas por una cerca de madera, que terminó en la fundación de una enamorada pareja. Toda esta hermosa historia sirve al mismo tiempo para darnos a conocer la situación social y económica de su país, la corrupción de sus políticos, sus bandidos, sus guerras intestinas, sus miserias, pero también sus costumbres, sus hábitos, sus sueños. Estamos, sin duda, frente a un texto dramático inteligente, sensible, perfecto, aunque en la actualidad creemos que no ha sido escrito totalmente (....lo necesitamos ya!).


Durante la hora y treinta minutos que dura la obra, ambos actores permanecen casi todo el tiempo sentados en el banco, solo en dos ocasiones se levanta ella y cinco él, pero no crean que por esto la obra no posee el movimiento necesario, por el contrario, los actores con el efectivo entrenamiento corporal que poseen, manejan todas las partes de sus cuerpos con amplitud y en acciones muy bien pensadas y definidas. Es un gusto ver entrenamiento corporal de tal naturaleza, a la vez que con la narración de esta historia tan bien concebida, el publico queda atrapado en el hacer y el contar de los dos personajes. Algo que llamó la atención, repito, es la excelente memoria de ambos al recordar en algunos momentos del transcurso del espectáculo, los nombres de las personas del público con los cuales habían interactuados en el principio de la obra, haciendo rompimientos dramáticos muy oportunos. Contándonos con magistral capacidad de interiorisación sus alegrías, anhelos y sufrimientos, transcurre este enfrentamiento ante unos actores perfectamente entrenados y preparados para apropiarse de cualquier reto sobre las tablas.

Hay que destacar que Los tristes Tigres, la compañía a la que pertenecen, fue fundada en el 2005 en la ciudad de Xalapa, Veracruz, radicando en la actualidad en Ciudad de México y que desde entonces ha tenido como fundamento de su trabajo la corriente teatral que se conoce como “Teatro del Cuerpo”, en donde el intenso entrenamiento físico, el delicado uso de las imágenes que se producen a través del concatenamiento de acciones, el profundo trabajo con los resonadores sonoros, los cuales permiten un multifacético uso de la voz, hacen que el actor se convierta en dueño absoluto de su cuerpo entrenado, pudiendo hacer del mismo su instrumento por excelencia.

Vale mencionar que hace solo unos días, “Wenses y Lala” fue merecedora de los premios a la mejor obra de teatro, mejor texto dramático, mejor actuación masculina y de haber estado nominada en otras categorías, en la recién entrega de los Premios Metropolitanos de Teatro en Ciudad de México, lo cual respalda todo lo dicho en estas notas sobre el brillante trabajo de estos actores, a los cuales ya estamos esperando prontamente de regreso a la escena de Miami.




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