Friday, July 6, 2018

La Clarividente de Camagüey -Segunda Parte- (por Teresa Dovalpage)



II: Destinadas a conocernos

Después de compartir la primera parte de esta serie recibí un mensaje en que me preguntaban si algunos de los grupos que mencionaba allí eran “sectas.” He preferido no usar este término porque, hasta donde sé, en ninguno de ellos se trataba de aislar a los miembros de sus familias y amistades, ni se exigía lealtad absoluta ni se usaban métodos de control —todas estas características de las llamadas sectas. Eran sólo reuniones de personas que, por primera vez en más de treinta años, tenían un atisbo de lo que en otras sociedades es un derecho básico: la libertad de asociación.

Pero ya es hora de que entre en escena la protagonista de nuestra crónica, a quien he decidido llamar la Clarividente de Camagüey, aunque no estoy segura de que ella hubiera aprobado el título. La conocí primero de oídas gracias a Vladimir y a Elena, que asistían a los cursillos de la Iglesia del Carmen. Elena iba a la iglesia de las Carmelitas Descalzas del Vedado. Él me parece que no practicaba, pero era de mente abierta. Los dos eran un poco mayores que yo y uno de ellos al menos, de Camagüey, donde vivía María Esperanza.

Desde las primeras conversaciones insistieron en que yo debía conocerla: María Esperanza conservaba un montón de libros y monografías en inglés sobre temas espirituales y ellos querían que les tradujera algunos textos para compartirlos con los interesados. Pero yo nunca había estado en Camagüey y un viaje interprovincial, en medio del período especial cuando no había ni guaguas en La Habana, podía convertirse en una odisea.

Así las cosas, una tarde llegué al Servicio Doméstico y la hermana Pelagia (una monjita muy joven, delgada y con sentido del humor, a quien no llamo jodedora por respeto al hábito) me llamó aparte para decirme:

—Teresita, a ti que te gustan las cosas raras, aquí está una señora que te va a encantar.

La señora en cuestión era María Esperanza, que cuando iba a La Habana para atenderse en el Calixto García se quedaba siempre en el convento, donde la querían mucho. No fue hasta que Pelagia nos presentó y empezamos a conversar que me di cuenta de que se trataba de la misma persona de quien Vladimir y Elena me habían hablado antes. “Nada, hija, que estábamos destinadas a conocernos,” me dijo muerta de la risa.

La recuerdo altota, maciza, todavía fuerte, con el pelo blanco y ojos brillantes de zahorí. No sabía con exactitud su edad porque había nacido en España y la partida de bautismo se había quedado por allá; sus padres la habían traído a Cuba a los dos o tres años. Pero recordaba la celebración del Armisticio de 1918: “Yo era una muchachita, ya con edad de entendimiento.” Por ahí calculo que habría nacido en los primeros años del siglo veinte, de modo que cuando la conocí en el 93 tendría ochenta y pico, aunque no se le notaban.

Con respecto a las monografías, me contó que las había traído de Nueva York, donde pasara tres años a comienzos de la década del treinta. Fue allí donde se inició en lo que ella llamaba con mucha gracia “el brete espiritual.” Y ya le cedo la palabra. Lo que viene a continuación es la transcripción de una serie de entrevistas que le hice, primero en el Servicio Doméstico y más tarde en su casa en Camagüey.

De joven yo era muy católica, muy metida en la iglesia. No es que ahora no lo sea, pero tengo mis problemas con la doctrina, resultado de todo lo que me ha pasado. De jovencita fui catequista en la iglesia de San José y me casé en La Merced, que ahora están reparando. *

Mi marido, que en paz descanse, era abogado. Cuando nos casamos acababa de graduarse de leyes en la Universidad de La Habana. Todavía no tenía mucha clientela: ayudaba en el bufete de un amigo y tomaba algunos casos a cuenta. Pero Machado empezó a hacer de las suyas y tuvimos que salir corriendo y recalar en Nueva York. Era allá por el treinta o el treinta y uno.

Hace tiempo vinieron gente de Bohemia para que les contara la historia, pero les dije lo mismo que a ti: no sé qué hizo mi marido ni cómo conspiró contra Machado, si es que conspiró. En mis tiempos las mujeres no se metían en política. Incluso se decía que hablar de política delante de las damas era una grosería porque se suponía que no sabíamos nada del tema. Ya eso ha cambiado y está bien que sea así, pero yo no puedo opinar de lo que no conozco.

Llegamos a Nueva York en pleno verano. Menos mal, porque si le caemos en invierno con el frío que pasé allá después, regreso corriendo a mi casa. Pero mi destino era estar allí porque aquella ciudad cambió mi vida.

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*Febrero de 1993.


(Continúa)

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ver en el blog
La Clarividente de Camagüey (por Teresa Dovalpage)

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Teresa Dovalpage: I was born in Havana, Cuba, and left the island in 1996.
I’ve been writing since I was a teenager. My first published novel, A Girl like Che Guevara (Soho Press, 2004), was written in English, a language that I didn’t start speaking daily until I was thirty years old. I hope this inspires my second-language students to never give up! (I am currently the ESL and Spanish professor at New Mexico Junior College.) I have a Ph.D. in Latin American literature from the University of New Mexico and have been an educator for over thirty years.
My other novels are Posesas de La Habana (Haunted ladies of Havana, PurePlay Press, 2004), Muerte de un murciano en La Habana (Death of a Murcian in Havana, Anagrama, 2006, which was a runner-up for the Herralde Award in Spain, El difunto Fidel (The late Fidel, Renacimiento, 2011, that won the Rincon de la Victoria Award in Spain in 2009), Habanera, A Portrait of a Cuban Family (Floricanto Press, 2010), La Regenta en La Habana ( Edebe, Spain, 2012), Orfeo en el Caribe (Atmósfera Literaria, 2013) and El retorno de la expatriada (The return of the expat, Egales, Spain, 2014). I also wrote three collections of short stories: ¡Por culpa de Candela! (Floricanto Press, 2009), Llevarás Luto por Franco (Atmósfera Literaria, 2012), and The Astral Plane: Stories of Cuba, the Southwest and Beyond (University of New Orleans Press, 2012). My novellas Las Muertas de la West Mesa (The West Mesa Murders, based on a real event) and Death by Smartphone were published in serialized format by Taos News.
In 2016 I tried my hand at mysteries. Death Comes in through the Kitchen (Soho Crime, 2018) features Padrino, a santero-detective. The best thing about writing this novel was coming up with the recipes—it includes real, true-and-tried Cuban recipes like caldosa, tocinillo, drunken salad, lobster enchilada and more. I made all of them before including them in the book! The problem was that I gained nine pounds in the process. I am back on the South Beach Diet to get rid of them.

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