Wednesday, November 15, 2017

Ultimos días de una casa. El adiós de Papa a Finca Vigía (por Carlos A. Peón-Casas)

Finca Vigía en la actualidad
Fotos/Reuters
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El año 1960 sería definitoriamente el último. Hemingway estaría de paso por última vez por la que fuera su muy especial morada cubana en el peligrosos verano de aquel año en que la situación política de la naciente revolución, empezaba a problematizarse en relación con el poderosos vecino del Norte.

El escritor era consciente de que su condición de ciudadano norteamericano afincado en la isla por mas de dos décadas, podría ser un claro signo de contradicción.

El por entonces embajador norteamericano en la Isla: Phil Bonsall, amigo de Hemingway, y quien acostumbraba a visitar su casa todos los miércoles para compartir la cena familiar, le tenía al tanto de la galopante situación diplomática, y en algún minuto les sugirió la posibilidad de que los Hemingway abandonaran la Isla.

El hecho hubiera sido muy bien visto por el gobierno norteamericano. Hemingway empero estaba opuesto a esa posibilidad, y se resistió a la idea, sabedor de que su presencia en Cuba estaba signada por su condición de escritor, alejado de todo torbellino político.

Para mayo de aquel año, se le vio por ultima vez, en los afanes piscatorios del ya muy celebrado Torneo de la Pesca de la Aguja, avalado con su nombre, que con celebración anual, atraía aquel año a muchos participantes.

Entre aquellos estuvo Fidel Castro, quien se alzaría con el preciado trofeo que el propio Hemingway le presentaría en la única oportunidad en que estuvieron frente a frente.

El hecho, no fue bien recibido en Washington, y escaló la tensión sobre el escritor. Al ser preguntado por un periodista norteamericano donde iría en caso que tuviera que dejar la Isla, Hemingway contesto con resolución: ‘’probablemente tomaría el Pilar aguas afuera donde la profundidad fuera de mas de ochocientas brazas y antes de hundirlo, saltaría por la popa’’(1).

Pero como la vida lo demostraría, la realidad de dejar Cuba para siempre gravitaba sobre el como un signo de inequívoca certeza.

En el ínterin de aquel verano, Hemingway se debatía en poner en blanco y negro su muy esperada crónica taurina prometida a Life, con los pormenores vividos en España en las famosas corridas en el no menos publicitado mano a mano entre los muy conocidos matadores españoles Dominguín y Ordoñez entre 1959 y 1960, y que saldría a la luz como libro, póstumamente, con el titulo The Dangerous Summer.

La tarea se le hacía cuesta arriba, pues el original crecía a pasos agigantados hasta alcanzar las 54.000 palabras. Zanjada la cuestión con la ayuda inestimable del por entonces muy cercano colaborador Ed Hotchner, quien vino a la Finca a finales de Junio de aquel año.

Quedaba en el aire, la inminente situación político social que se agravaba con las primeras nacionalizaciones de propiedades norteamericanas por parte del gobierno revolucionario cubano, y un inconveniente mas: el galopante deterioro físico y mental de Hemingway quien le confesaría a Hotchner que “sentía estar viviendo en una pesadilla de Kafka”(2).

Por tanto, a pesar del deseo de Papa de no abandonar definitivamente Finca Vigía, se sumaban otras coordenadas vitales que finalmente decidirían en su contra a alejarse sus predios cubanos, por los que sentía un afecto singular.

Otros detalles apuntaban hacia la posibilidad de cambiar su casa cubana a otra parte. Hotchner, ya había gestionado para la pareja de Mary y Hemingway un apartamento en New York. La idea de habitar la tumultuosa ciudad no era al parecer una opción definitoria, pero al parecer, era una posibilidad de encontrar un asidero en caso de tener que abandonar Cuba definitivamente.

En su brillante biografía sobre Papa, la académica Mary Dearborn, ya citada, tiene a bien esbozar una interesante idea poco conocida, pero ciertamente definitoria, al respecto:
Otra preocupación respecto a abandonar Cuba se resolvió cuando Ernest y Mary decidieron acceder ante la insistente petición del Museo de Arte Moderno de Nueva York de exponer en calidad de préstamo, el famoso cuadro de Miró La Granja, en posesión de los Hemingway en Finca Vigía. Mary lo envió tan pronto los arreglos fueron hechos, ante la evidencia de que hubiera sido muy difícil extraer el cuadro de Cuba, pero el préstamo hizo posible que el Miró saliera de la Isla. Esta obra era su mas valiosa propiedad, y tal acción mostraba que la pareja estaba haciendo planes para salir finalmente de Cuba.
La salida de Cuba, en dirección de Nueva York, aconteció en agosto de 1960, menos de un año después Hemingway pondría fin a su vida en Ketchum, Idaho, en la que era por entonces su morada en los Estados Unidos.

La Finca Vigía, quedaba atrás regentada por su fiel mayordomo Rene Villarreal. Para cuando Mary regresó poco después de acaecido el fallecimiento de Papa, todo seguía en su lugar, como hasta hoy, en el aséptico ambiente museable en que devino, pero ya se había extinguido, junto con el pistoletazo fatal, la magia que su dueño le transmitiera en vida, y que solo a los iniciados les he dado percibir al traspasar el mítico portón en el pequeño villorio de San Francisco, la casa de invierno hemingwayana en el cálido corazón de su amada isla.


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  1. Ernest Heminggway. A Biography. Mary V. Dearborn. Alfred A. Knopf. NY. 2017 p.609
  2. Ibíd., p.610
  3. Ibíd. Mary pudo finalmente sacar no sin esfuerzo, el resto de la valiosa colección pictórica que había quedado atrás, y que incluían cinco Andre Mason, un Paul Klee y dos Juan Gris. Ver How it Was. Mary Welsh Hemingway. pp 506 y 507

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