Wednesday, November 1, 2017

Lázaro Horta, un artista completo y diverso (por Baltasar Santiago Martín)

Nota del blog: Agradezco a Baltasar Santiago Martín que comparta con los lectores su entrevista a Lázaro Hora, incluida en el número de octubre 2017 de la revista CARITATE.


Lázaro Horta es una artista muy completo y diverso, cuya inspiración, sentimiento e interpretación marchan a la par. Cantante, compositor, arreglista –y muy pronto, hasta director de orquesta–, si me preguntaran con cuál Lázaro Horta me quedo; cuál de sus varias facetas me complace más, a priori respondería que todas, absolutamente todas, pero que, mejor pensado, me quedo con el excelente ser humano y amigo que es este querido y admirado coterráneo mío, porque sí, señoras y señores, Lázaro Horta, nació en la ciudad de Matanzas –La Atenas de Cuba– el 20 de enero de 1961, y sin lugar a dudas, su multifacético talento reivindica con creces a la poética y musical ciudad que nos vio nacer y crecer a los dos, “donde cuatro-ríos hombres gimen cada anochecer bajo las riendas finas de Carilda”, y “cada madrugada, el espíritu de José Jacinto Milanés se acoda en el puente centenario para atisbar su anfiteatro personal, cuna del danzón y de sus rimas”.

Lázaro inició su carrera artística en Cuba, donde, desde temprano, obtuvo reconocimiento nacional como cantante y compositor de música de diversos géneros. Su impactante participación como concursante en el programa de la televisión cubana Todo el mundo canta, hizo que toda Cuba lo descubriera como el indudable triunfador que es, tanto en el orden personal como profesional.

En su trayectoria artística, ha integrado diversas agrupaciones vocales y grupos musicales como cantante solista, donde ha sido reconocido su liderazgo como arreglista, compositor y director en varios festivales de Cuba y del extranjero.

Se graduó muy joven de la Universidad Pedagógica de Matanzas, donde obtuvo la Licenciatura en Pedagogía Musical.

Como cantante, productor y arreglista, tiene en su haber varios discos de música cubana, entre los que se encuentran: Un poco de ayer (1999), Mi herencia cubana (2006), y dos de música cristiana, con el grupo cubano Kairós: Todos a Belén (2006) y Yo canto por Él (2004).

También ha compuesto temas para otros cantantes, tanto del género popular como lírico y cristiano, al igual que música incidental para el cine y la televisión.

Foto/Facebook de Lázaro Horta
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En la actualidad, Lázaro continúa presentándose en varios importantes espacios culturales y televisivos de la ciudad de Miami, pero sin abandonar la enseñanza del canto y del piano, además de impartir cursos de aprendizaje musical a grupos de varias edades, con su programa Yo quiero cantar, así como otro para pianistas llamado Armonía popular.

Como productor musical tiene su propia compañía, Lázaro Horta Records (lazarohorta@aol.com, 305 905 1475), y su entrega discográfica más reciente, como intérprete y compositor, se titula Dónde están los caballos (2016), que es el título de una hermosa y muy conmovedora canción que compuso como homenaje a su padre.

Después de toda esta cariñosa “carta de presentación” de mi amigo Lázaro Horta, solo me queda someterlo a un “riguroso y bien meditado” interrogatorio, porque a él, como me dijo la gran e inolvidable Olga Guillot cuando la entrevisté, “no le gusta que le estén haciendo las mismas preguntas bobas que suelen hacer la mayoría de los entrevistadores”.


Lazarito querido, háblame de tu familia, materna y paterna; de tus inicios en esa ciudad tan musical y poética que tanto los dos amamos.

A mi abuelo materno le gustaba el violín, pero tuvo que abandonar los estudios pues no tenía dinero para pagar sus clases. Ese es el único contacto que conozco de alguien de mi familia con el gusto por la música. Mi papá era negociante y mi mamá, ama de casa, así que de ellos solo recibí el amor y el apoyo emocional que necesitaba para comenzar en esta profesión –¿qué puede haber más importante que eso?

A los 9 años ingresé en la Escuela Provincial de Arte de Matanzas, pero a los dos años me botaron por majadero e insoportable. Mi papá me matriculó en una escuela agropecuaria a estudiar Topografía –nada más lejano a mis intereses–, pero en la escuela había un viejo piano que me salvó literalmente la vida, pues con ese piano acompañaba a los aficionados en la escuela, y ahí fue donde compuse mis primeras canciones.

Después me sumé al Movimiento de Artistas Aficionados, con el que di tropezones, pero también logré avances, hasta que participé en el programa Todo el mundo canta, que fue un despegue muy importante en mi carrera como cantante.

¿Qué sentiste la primera vez que subiste a cantar a un escenario?

Fue en la Sala White de Matanzas, mi ciudad natal. Tenía un combito de barrio, con el sugerente nombre de “Los Tigres 76”, y tocaba un acordeón que me había regalado mi padre, producto de un intercambio por unas gomas de Chevrolet. Recuerdo que estaba tan nervioso que los acordes no me salían. Por cierto, estrené en ese entonces mi primera canción, muy mala, pero muy sincera, por el aquello de que estaba sinceramente equivocado, jajajá.

¿Cómo cambió tu vida después de tu triunfo en Todo el mundo canta?

Todo el mundo canta fue una gran puerta que se abrió y que me dio la posibilidad de integrarme a los espectáculos y conciertos más importantes que se celebraban en La Habana y por toda la isla de Cuba. Un comienzo –y como todo lo que empieza– con nuevos y hermosos retos: hacerme de un repertorio y afianzar mis conocimientos de música para estar bien preparado, cosa que siempre recomiendo a mis alumnos de canto y piano que están comenzando en esta tan competitiva carrera.
Foto/Facebook de Lázaro Horta
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¿Qué es la música para ti?

La música ordenó mi conducta, me centró y me hizo ser más coherente con lo que pienso y lo que siento. Recuerdo que era hiperquinético –o como dicen por acá, “con un alto grado de attention deficit disorder”–, pero sin pastillas. Encontrarme nuevamente con la música, después de haber sido expulsado de la Escuela de Arte por insoportable, trazó un camino delante de mí, lleno de hermosos y alentadores descubrimientos, y que tuve que asumir con orden y disciplina. La emoción de encontrar la armonía deseada, de poder componer una canción siguiendo tus más íntimos sentimientos; el tocar para un público y descubrir que lo que hiciste emocionó, y que además de eso, te aplaudieron. El ego personal se afianza y por ende sigues en ese curso. La música es una de las pocas cosas ahora que todavía consigue emocionarme.

¿Qué papel juega el repertorio en la carrera de un cantante?

El repertorio es una acumulación de experiencias personales y de otros compositores que acumulas con el tiempo. Lo usas en dependencia de las circunstancias de una presentación. Tengo un vasto repertorio que he perfeccionado y afinado con el tiempo, desde danzones, boleros, baladas, canciones trovadorescas, etc., que he usado convenientemente. Cuando cantaba en Varadero para el turismo, cantaba en diferentes idiomas los temas emblemáticos de diferentes países. Si había una presentación “más formal” en un teatro, por ejemplo, pues elegía alguna canción de los grandes compositores cubanos o latinoamericanos. Un cantante, un intérprete, un artista, debe estar preparado para la batalla de los espacios disponibles y diversificarse para que en cualquier momento que te llamen estés listo.

¿Quiénes son tus compositores preferidos?

Tengo varios. Juan Manuel Serrat; él es un antes y un después en mi manera de elegir lo que canto y como observo con respeto la canción. Eduardo Sánchez de Fuentes, Armando Manzanero –al que reconozco, en mi opinión, como uno de los más importantes compositores del siglo XX–; Osvaldo Farrés…

Pablo Milanés me influyó muchísimo, pues me gustaba todo lo que hacía. En la actualidad tengo amigos íntimos que son “monstruos” como autores: Rubén Aguiar, Amaury Gutiérrez, Francisco Céspedes (Pancho). De los extranjeros, pues Barry Manilow, Billy Joel –de estos dos aprendí mucha armonía copiándolos–, Sting, Michael Legrand, entre muchos otros.

¿Tus paradigmas en el mundo del arte?

Llegar a ser como, mi modelo a seguir…; hum…, en realidad nunca me lo he planteado de esa manera. Tengo mis propias ambiciones, y se parecen a las de casi todo el mundo. Filosofando un poco sobre el asunto, una vez que consigues algo, ya sea material o espiritual, estableces el próximo paso a seguir, no te quedas ahí complacido, pues siempre hay algo más que ambicionas, en el gran sentido de la palabra. Es un sentido de inconformidad que tiene el hombre y que obedece a un excelente plan de diseño de lo divino que hay en nosotros. El día en que estés conforme con lo que eres, en ese momento, comienza a preocuparte. Mis influencias artísticas y espirituales obedecen a mi experiencia personal y a la observancia de valores de otros que considero indispensables para mi estabilidad emocional. Si tuviera algo más que agregar, sería que mi paradigma a seguir son todas las personas inteligentes y de buena voluntad con los que he tenido la oportunidad de compartir en este universo existencial.

Como compositor, ¿qué te viene primero, la melodía o el texto; en qué te inspiras para componer?

No soy lo que se podría llamar un compositor de oficio. Cuando me ha nacido una melodía acompañada de un texto, es porque he tenido la necesidad de dejar ir esa ansiedad que te incomoda, y hasta que no sale convertida en una canción no te sientes en paz. Muchísimas veces hay una melodía que “me parece que es original”, cuando en realidad hay muchos puntos de contacto con todo lo que he escuchado en mi vida y me ha influenciado de manera positiva. Soy de los que cree que nada es absolutamente original. La letra siempre es lo más difícil para mí. No suelo decir nada en una canción que no haya experimentado de manera intensa, por lo que soy muy cuidadoso en eso, pues conozco a maravillosos compositores de canciones, con los que me he codeado y a los que respeto y admiro mucho, para autocalificarme como tal. Hago canciones, sí, pero prefiero el intérprete que hay en mí y que de seguro supera al hacedor de canciones.


¿A la hora de ponerle título a un tema, te cuesta trabajo o lo decides sin la menor duda desde la primera vez?

Es un parto ponerle título a una canción, máxime cuando debes tener en cuenta que el listado de canciones que ya existen es infinito, e incluso, para los parámetros del derecho de autor, debe ser evidentemente diferente. Al final elijo una frase que me parezca oportuna, porque aparece en el cuerpo de la letra, y le doy sus propias alas a partir de mi identidad como compositor.

¿Cuál ha sido el mayor atrevimiento de tu vida?

Quizás el que aún quiero volver a repetir: actuar y cantar. Lo primero es un total y absoluto atrevimiento, pues no tengo formación actoral, pero me gusta sintonizar, al intérprete musical que soy, con la gestualidad y el diálogo que un actor maneja con los mismos elementos de un músico, y ante todo, con la mayor honestidad.

¿Qué es lo más importante que quieres enseñar como maestro?

La pasión por la música. Tengo una anécdota reciente: Estoy enseñando en una escuela que se llama Coliseo de las Artes, como maestro de piano y canto. En los inicios de este curso tenía un alumno que se quejaba de lo aburrido que le parecía el piano y que se cansaba mucho. Pues yo seguí insistiendo, pues al niño se le veían condiciones para la música. Finalmente, al pasar los meses, resultó que la mamá se acercó a mí para darme las gracias, pues su hijo había dejado los videojuegos, el teléfono celular y otras distracciones, para concentrarse en el reto que para él representaba tocar las lecciones de piano que yo le dejaba como trabajo de casa. Cuando se levanta por las mañanas, me reafirma su mamá, lo primero que hace es ir al piano a repasar sus lecciones, y ahora se le nota una pasión desmedida por la música. Me puse contento, al saber lo extraordinariamente útil que mis clases eran para ese niño, y que “la dependencia”, la pasión por el arte, no lo iban a abandonar nunca. Es una maravillosa y excitante droga adentrarse en el descubrimiento del arte.

Dicen que en tu profesión no se termina nunca de estudiar, ¿dirías que a Lázaro Horta docente todavía le quedan cosas por aprender?

Todos los días descubro un nuevo acorde, una nueva inversión, que trato de aplicar en mis arreglos. Cuando me gusta un cantante, trato de aprender de él. Eso ocurre hoy mismo, así que definitivamente aprendo y me empujo a conocer más sobre mi profesión y de sus infinitas posibilidades.
Foto/Facebook de Lázaro Horta
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¿Alguna pregunta que no te he hecho y que quisieras responder, o algo que te gustaría puntualizar?

Quiero dar gracias a este gran país porque me permite levantarme todos los días con un sueño realizable, que depende del esfuerzo y la dedicación que le entregue. He escuchado muchas veces a algunas personas decir que en esta ciudad nadie ayuda a nadie. Quiero salirme de ese grupo y dar gracias a la innumerable cantidad de personas que me han ayudado en todos los sentidos a alcanzar las metas artísticas y espirituales que hoy celebro y pregono con gozo. Miami es una ciudad increíblemente diversa, versátil e interesante, llena de gente inteligente y talentosa, que han venido a estas tierras prácticamente a comenzar de cero, y han logrado éxitos loables. A esos les pongo toda mi atención. Trato de mirar, como se dice, el vaso medio lleno, no medio vacío. Es mi responsabilidad devolver a otros, con acciones concretas, lo que otros alguna vez hicieron por mí, sin esperar nada a cambio. Por eso soy maestro. Gracias, querido Baltasar, mi amigo matancero, por esta oportunidad de dejar que me exprese en esta entrevista en tu ya célebre revista cultural. Eres un luchador, y lo más importante, un vencedor. Abrazos.

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ver en el blog
(Miami) Presentación de la revista Caritate

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