Sunday, July 23, 2017

Un pesito (por María Antonia Borroto)

Notal del blog: Agradezco a María Antonia Borroto  que comparta, con los lectores de Gaspar, El Lugareño, una selección de los textos que forman parte de su libro El escritor y la bibliotecaria (Editorial Acana, Camagüey 2015). Los cuentos seleccionados para publicar en el blog, se podrán leer los domingos.


Un pesito


Los chiquillos apenas oyen otras voces ajenas a las suyas: solo él distingue al padre que, como siempre, lo llama en lo mejor del juego.

El niño recoge trompo y pita, y hecho un bólido entra en la casa. Descalzo, suciote y con un short deshilachado, extiende la mano.

—Un pesito al cinco, anoche soñé con unas monjas, y quién sabe.

Pasa veloz por donde juegan sus amigos. Apenas los mira: no puede detenerse ni dejar caer el peso: moneda amarilla que tal vez se transforme en otras setenta monedas amarillas. El niño casi nunca elige el número: si de él dependiera pediría mariposa o marinero. Aunque también la niña linda, tan inquietante. Cómo hay mujeres; están la monja, la viuda, la mujer santa y la mala... Todo está lleno de hembras, a diferencia de su casa, con solo dos hombres, él y su papá.

Se cruza con un gato: a lo mejor cambie la monja por el gato. Huidizo el minino, como la suerte: si le pone el peso al gato y sale el cinco, el padre lo mata; si no lo hace y sale el cuatro, el remordimiento. Si tuviera otro peso... Pero hoy solo tiene uno, y no puede dividirse: o la monja o el gato. Tiene que decidirlo rápido, antes de llegar a casa de la China.

La China es buena gente. Vive sola y es muy discreta, no solo apunta, también soba el empacho, por las piernas, por donde duele tanto pero cura más. El niño lo sabe bien: cada vez que come plátanos verdes fritos tiene que ir corriendo donde la China. Hasta le ha puesto su pesito a los plátanos, pero nada, solo sirven para enfermarlo. Pero cuando va como ahora, tranquilo, pues salvo la duda nada le duele, la China repite lo mismo: «Ay, muchacho, no sé cómo te atreves. Que tu papá no se entere: fíjate que él es militante del Partido, y le pueden hacer mucho daño si saben que en su casa alguien juega». El niño la mira en silencio. Solo quiere salir rápido de allí, dejar el peso, volver con sus amigos y con el trompo que, como la suerte, gira sin parar.



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Palabras en la contraportada del libro por  José Emilio Hernández: María Antonia Borroto en este libro nos conduce a autoindagaciones profundas sobre tópicos de la espiritualidad humana; allí donde la nimiedad de lo cotidiano parece intrascendente nos revela la grandeza del diario bregar, allí donde posiciones extremas parecen castrar el decoro, todavía hay posibilidad de tomarse un café en compañía, llorar ante la imagen de la Virgen o encaminarse hacia nuevos horizontes. Una apasionada vibración, íntima, acogedora, abierta al diálogo y a la reflexión, posibilita establecer la comunicación con el lector. La sorprendente riqueza temática abarca la eroticidad, que no debe ni puede estar divorciada de la ternura, el eterno tópico del tempo fugit, las diferencias generacionales, la soledad, la vanidad de vanidades, la doble moral, los efectos empobrecedores del extremismo o las posiciones patriarcales y machistas.

A través de sus cuentos, la autora dialoga con la cultura. Las citas intertextuales, la hibridación de diferentes códigos: literarios, científicos, periodísticos, así como el gran dinamismo de los puntos de vista narrativos enriquecen esta nueva entrega. Escrito con elegancia, sencillez y una excelente fluidez narrativa, cada texto es una travesía hacia lo hondo del existir humano. María Antonia Borroto nos alerta que la carencia o el olvido son erosiones que aniquilan inexcusablemente al ser humano; porque, fiel a una de las citas de sus cuentos, aquella de que cada persona es un arcano que debe ser descubierto… y respetado, sabe que si estas verdades se pierden, lo hemos perdido todo.

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