Friday, March 18, 2016

Mons. Wilfredo Pino: "Perdonar es haber sacado de nuestra alma el rencor que quedó en nosotros luego de la ofensa recibida"


Yo no estoy seguro si a todos los cubanos nuestras familias nos han enseñado a perdonar a los que nos ofendan y a pedir perdón a los que hemos ofendido. Por eso quisiera invitarlos a que, si no lo han hecho todavía, aprovechen esta Semana Santa para perdonar o para pedir perdón.Perdonar a quien nos haya ofendido no significa aprobar el mal que nos hizo o estar de acuerdo en todo lo que nos dijo. Perdonar tampoco impide reclamar nuestros derechos, exige solamente que lo hagamos sin odio. Puede que no se nos quite de la mente la ofensa que nos hicieron, pero si perdonamos sinceramente, recordaremos lo sucedido sin amarguras, sin dolor, sin resentimientos, sin rencores y sin la herida abierta.

Perdonar es haber sacado de nuestra alma el rencor que quedó en nosotros luego de la ofensa recibida, es apagar un invisible motor que de manera muy lenta, pero a todas horas, da vueltas a nuestros malos pensamientos y resentimientos contra alguien. Perdonar, como han dicho bellamente escritores y poetas, es imitar al árbol del sándalo cuya madera es de un excelente olor y “perfuma el hacha que lo hiere”, o ser como la pequeña flor de la violeta “que derrama su fragancia precisamente cuando se levanta el zapato que la aplastó”. Perdonar es cumplir sinceramente con lo que decimos cada vez que rezamos el Padrenuestro: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt. 6, 12). Perdonar es luchar con la fuerza del amor que construye y no con la fuerza del odio que destruye.

Aprovechen, pues, este Viernes Santo para pedirle a Dios la curación de su memoria enferma, que todavía no logra olvidar las ofensas que les hicieron ayer o hace muchos años. La Madre Teresa de Calcuta aconsejaba: “Perdona, que perdonando tendrás paz en tu alma y la tendrá el que te ofendió”. También de un gran sacerdote es este consejo: “Si quieres ser feliz un instante, véngate. Si quieres ser feliz toda la vida, perdona”. Nuestro Dios, “rico en misericordia” (Ef. 2, 4), no demorará en ayudarlos a que perdonen sinceramente y cicatricen sus heridas.

Cristo crucificado los invita, además, a que se llenen de valor y pidan perdón a quien ustedes ofendieron. No nos rebajamos cuando pedimos perdón a alguien, más bien ese gesto nos engrandece. Saber pedir perdón es ganarle la guerra a nuestro orgullo. Pedir perdón por una mala acción nuestra es la gran oportunidad de demostrar nuestra humildad, nuestra sinceridad y nuestra honestidad. Pedir perdón es aceptar que cometimos un error, que le hicimos daño a alguien, que le quitamos la alegría a alguien, que causamos daño a alguien, que fuimos injustos con alguien. ¡Pídanle a nuestro buen Dios que los ayude a acercarse a quien ofendieron y pedirle su perdón! (Leer texto completo en el website de la COCC)

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