Thursday, April 30, 2015

P. José Conrado: "He encontrado la incomprensión, la sospecha o la indiferencia dentro de la misma Iglesia"

Texto y foto/El Nuevo Herald
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En Palma Soriano hay un activismo bastante fuerte de la Unión Patriótica de Cuba. ¿Cree que estas organizaciones opositoras tienen arraigo en el pueblo?

Grupúsculo, ¿qué es? A veces un pequeño grupo de personas cambian la historia porque en un momento determinado encarnan una verdad, una justicia necesaria en ese momento. No es el número lo que determina, es la razón que tienen en la labor que realizan. Muchas veces los intereses propios se hacen presentes en esas luchas que debieran ser desinteresadas, pero eso ocurre en todas partes. Yo sí noto un crecimiento de grupos. Por primera vez, noto que hay una voluntad de coordinación, de diálogo. El problema grave de Cuba siempre ha sido que todos queremos ser generales y no soldados, hay gente que nunca entra en un “nosotros”: al final se quedan solos.

¿Ve a alguien que pudiera ser un líder en el futuro político de Cuba?

No uno, son varios. Hay mucha gente también que tiene preparación, voluntad, pero que se cuidan, que hoy no están en estos grupos que ya existen pero son una reserva.

¿Se podrían encontrar incluso dentro del gobierno actual?

Yo creo que el gobierno de Cuba va estar compuesto por personas que también formaron parte del gobierno y yo espero que así sea, porque barrer con todo el mundo, eso no es bueno. Hay gente buena en el Partido Comunista, no sé cuántos, pero los hay. Cuba necesita de todos sus hijos y tenemos que aprender la tolerancia de aceptar al otro como diferente y la grandeza de perdonar al que se equivocó. La patria es de todos, no de uno o de dos, o de un grupito.

¿Cuál es el principal dilema que enfrentan los cubanos que van a su iglesia y aquellos que viven en los pueblos que usted atiende?

Hay una crisis muy grande de espiritualidad. Se manifiesta de modo diferente en los pueblos y en la ciudad. Trinidad es una ciudad rica, donde hay más de mil familias que alquilan en moneda fuerte, más de cien paladares. Esto genera trabajo, es una ciudad próspera donde ves todas las casas pintadas, a diferencia de otros lugares. Sin embargo, yo noto que la gente todavía tiene mucho miedo y se aferra a lo material, porque a veces cuando hay gran escasez, la gente vende su alma al diablo. Está el afán de poseer y no compartir. Por otra parte, hay tanta pobreza...

¿Cree que el gobierno debería diseñar una estrategia para combatir la pobreza como una prioridad?

Por supuesto. Con la ayuda de la Iglesia y todos los demás cubanos. No creo que la Iglesia es la coprotagonista del gobierno. El gobierno tiene que aprender que cada cubano tiene derecho a luchar y a la posibilidad de hacerlo por sí mismo. Si tú no empoderas a la gente para que el individuo sea realmente responsable, estás perdido, porque no puedes responder a tanta demanda.

Hay mucha especulación sobre quién va a suceder al cardenal Jaime Ortega ¿Quién sería la mejor persona para encarnar ese ideal que usted defiende y estar al frente de la Iglesia cubana?

Yo tengo mi candidato, para suceder a Jaime, que yo me imagino será pronto, pero no lo puedo decir porque me voy a buscar problemas con otros amigos.

¿Qué cualidades deben tener quienes estén al frente de la Iglesia católica cubana?

Ser de Dios, eso es lo fundamental. Que sean hombres de Dios, piadosos, sin eso no hay nada que hacer.

¿Qué es lo más ha difícil que ha enfrentado como sacerdote en Cuba?

Esa es una pregunta muy buena pero muy difícil de responder. A mí me golpea mucho la dureza del corazón. Es una especie de desconfianza, de escepticismo, la intolerancia, es como una hidra de muchas cabezas. Ser cura en Cuba es muy difícil, porque hay mucha gente que no cree en nada ni en nadie.

Muchas veces uno carga con el sufrimiento del pueblo y uno también se deprime. Por mi carácter yo soy muy optimista, y esa es una característica del pueblo cubano. Nosotros creemos en el futuro. Por malo que nos vaya el hoy, sabemos que va a haber un mañana; pero cuando uno lucha y lucha y no ve resultados, o tratas de hacer el bien y te hacen el mal, te traicionan, te difaman…las mismas personas por las que tú estarías dispuesto a morir...

Y, a veces, el cansancio, también. Por supuesto, lo que más me ha golpeado es cuando he encontrado la incomprensión, la sospecha o la indiferencia dentro de la misma Iglesia. Cuando son tus hermanos, eso sí que duele. (Ver entrevista completa en El Nuevo Herald)

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