Monday, September 1, 2014

Ileana Sánchez: "Me convertí en pintora por amor"


Se cuenta que te convertiste en pintora por miedo a las ranas...

—(Sonríe con ganas) Adoro las ranas, y me muero por darle un beso a un sapo… Me convertí en pintora por amor.

Eres de las artistas «reincidentes» en un evento como Arte y Moda...

—Desde hace tiempo participo en Arte y Moda, sin dudas el mejor evento de su tipo en nuestro país. En él presento piezas que trabajo con un equipo maravilloso, el cual se ha transformado en una gran familia. Arte y Moda es, sobre todo, una escuela; es amor, voluntad, ganas de hacer; confianza en que sí se puede, en que nada nos frenará... Todos: diseñadores, estilistas, modelos, equipo de producción, curadores, fotógrafos..., integran una maquinaria que engrana perfectamente en función de la obra de un artista.

«Ahora vuelvo a repetir con Alberto Leal, quien más que un diseñador estelar es como mi hijo. Antes lo hice con Celia Ledón, mientras que la obra de mi esposo Joel Jover me ha permitido estar en cercano contacto con creadores como Chuchy, o como Fidelito y Osniel, del Proyecto Manos, con quienes trabajamos para este 2014».

¿Te molesta que te reconozcan en la calle como «la pintora de los gatos»? ¿Dónde queda el pop-art?

—Me hace feliz que me denominen la pintora de los gatos, de los negritos y negritas de enormes labios rojos que embellecen los muros de mi ciudad y otras latitudes. Mas para mí el pop-art es el arte, la adicción, la locura. Miro los rostros de las personas e inconscientemente los voy descomponiendo en colores. Lo que me llega son los verdes, los azules y violetas que iluminan sus caras. Todos piensan que son blancos, negros, mestizos o amarillos, pero hay miles de colores en ellos, o por los menos eso es lo que ven mis ojos.

Has dicho: «Para qué pintar la tristeza, si esta viene sola». ¿Cuál es tu manera de entregar felicidad a través del arte?

—Realmente amo la felicidad, la busco, la lucho. Tal vez porque cuesta tenerla, trato de que mi obra sea feliz, que cuando alguien la tenga en sus manos, ante sus ojos, en sus casas, le alimente el alma. Creo que no es suficiente llenar la barriga, hay que llenar el alma, el corazón de felicidad, para poder ser buenas personas, buenos seres humanos. Por eso no pinto tristezas, ni dolor, ni mutilaciones, ni guerras, esas desgracias aparecen aunque no las busquemos.

¿Cómo recibiste la noticia del otorgamiento del Premio Fidelio Ponce a tu obra de la vida, en el 2013?

—Con inmensa alegría. No soy de las que dicen: «gracias» porque puedo dar la impresión de que no lo merezco. Solo digo: trabajé y trabajo mucho para un día alcanzar el reconocimiento institucional. El del pueblo, el de mi gente, lo encuentro a cada paso: ese, el más grande, el que muchos desearían tener.

También expresaste: «La juventud se me está acabando y no me alcanza el tiempo para realizar la obra que sueño». ¿Qué le falta por hacer a Ileana Sánchez?

—Realmente la juventud se me está acabando, por eso trato de estar siempre rodeada de jóvenes, me refugio en hacer trabajos con y para niños. Ahora mismo estoy empeñada en embellecer los entornos de la Plaza de San Juan de Dios: que los pequeños de ese barrio intervengan las aceras de las calles aledañas, por donde los visitantes pasean, donde se realizan actos importantes, conciertos, espectáculos... Allí existe una población infantil abundante y sueño con que estos niños cambien su entorno, que sobresale por sus altos valores arquitectónicos, patrimoniales, históricos; lo embellezcan, para que luego ellos mismos lo cuiden y tengan sentido de pertenencia por su espacio.

«Igual visito con frecuencia la Casa del Joven Creador de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), organización que me declaró Miembro de Honor y de la cual también soy fundadora. En ese sitio siempre ocurre algo muy especial, porque me siento como una gallina con sus pollitos. Hay momentos en que me da “vergüenza” de que me entreguen tanto amor. Estar entre los asociados es un lujo, un placer, me inyecta juventud e ideas jóvenes, nuevas.

«¿Qué más quisiera hacer? Desearía poder pintar a todos mis amigos, a todos aquellos que amo, admiro y respeto. Creo que por fin lo conseguiré en El gato azul, que es un oasis en mi vida. Ojalá y logre que se convierta en sitio de visita obligada no únicamente para mis cómplices, sino también para todo aquel que se llegue a Camagüey, que ame la pintura, disfrute de una conversación amena e inteligente, y de un buen café. Yo los esperaré a cualquier hora, junto a mi gato azul del patio». (Leer entrevista completa en Juventud Rebelde)

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