Monday, August 25, 2014

Camagüey en la mirada amable del viajero

 Imagen: Plano de la ciudad de Camagüey
por Javier Belloso/El País
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(El País/Arturo Puente) Situada en el vientre del caimán con que su ilustre oriundo Nicolás Guillén se figuró el mapa de Cuba, la recoleta y colonial Camagüey es uno de los enclaves geoestratégicos de la isla. No solo por su equidistancia (unas siete horas por carretera) de la robusta cola de La Habana y las fauces de Santiago de Cuba, sino también porque sus extensas y fértiles llanuras se abren al mar por las dos costas. Codiciada por corsarios, eso motivó que el núcleo de Puerto Príncipe (como se llamó hasta la independencia, en 1898) se erigiera tierra adentro, y con cierto abigarramiento protector en el trazado de sus callejuelas, hasta componer, como por aluvión, uno de los cascos históricos más carismáticos de Cuba, que este año celebra su 500º aniversario. Pródiga en poetas —junto a Guillén, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Dulce María Loynaz o Severo Sarduy—, en esa capital se asentaría, a fines del siglo XVI, el grancanario Silvestre de Balboa —un aventajado discípulo de la tertulia de Cairasco de Figueroa en Las Palmas—, que, una vez trasterrado, escribe Espejo de paciencia (1604), el libro inaugural de la literatura cubana. En la provincia se encuentra la localidad de Cascorro, que le dio su nombre a la célebre plaza del Rastro madrileño. Fue allí donde el soldado Eloy Gonzalo (homenajeado en acción en el monumento de Madrid) logró ganar, él solo, una batalla que se daba por perdida; voluntario, incluso, para arrastrarse con una cuerda (“por si, lo más probable, habrían de halar para recuperar su cadáver”), salió indemne tras incendiar in situun bohío con cientos de mambises.

 8. 00  Tres casas ilustres

Por su situación neurálgica, y el contraste entre su estepa, de gran riqueza agropecuaria, y el laberinto de sus calles, Puerto Príncipe fue una posición adelantada en la lucha por la independencia. Su máximo héroe es el ilustrado Ignacio Agramonte (1841-1873), apodado el Mayor (célebre canción de Silvio Rodríguez) y muerto joven en combate, como lo recuerda el expresivo monumento ecuestre del hermoso parque con su nombre (1). Concentra la vida de Camagüey, y es orientación obligada en el vasto y asimétrico casco histórico, declarado patrimonio mundial en 2008. Lo colindan la catedral y la conservada casona del Ayuntamiento, frente a terrazas animadas a toda hora. De interés son los museos-casas natales de camagüeyanos ilustres, empezando por la del Mayor (2) (Agramonte, 459), de original hibridismo, entre neoclásico y rococó; la de Nicolás Guillén (3) (Hermanos Agüero, 253), con enseres y manuscritos del poeta, o la del científico Carlos J. Finlay (4) (calle del Cristo, 5), con interesantes testimonios de este insigne descubridor del origen de la fiebre amarilla.

10.00 El patio del historiador

Dos remansos coloniales: la plaza de San Juan de Dios (5) y la del Carmen (6). La primera, monumento nacional, es uno de los espacios más hermosos y mejor conservados de Camagüey; de esos recintos adoquinados que, de solo pasear por ellos, alimentan. Alberga el restaurante terraza más selecto (1800); y en su entorno se celebran conciertos y eventos culturales, como el pujante Festival de Video-Arte al aire libre. La plaza del Carmen surgió como respiradero de la homónima iglesia, que es, junto a la de Las Mercedes, de las más señeras de la ciudad; ambas con austeros y bellos frontispicios neoclásicos, de tonos pastel. Al borde de sus adoquines, animados con esculturas en bronce que semejan paisanos de tamaño natural, destaca la imponente casona con patio interior de la Oficina del Historiador de la Ciudad, erigida sobre el antiguo Convento de las Ursulinas.

11.00 ¿Arena o piscina?

Un remojón aguarda (a hora y cuarto de carretera) en la flamante playa norteña de Santa Lucía (7): 19 kilómetros de arena blanca y aguas transparentes, con una formidable barra de corales, ideal para el buceo. Más conocida aún por lugareños y corsarios que por turistas, cuenta con una incipiente infraestructura hotelera. Pero la fórmula de acceso más habitual es contratar un taxi de ida y vuelta con horas de permanencia (unos 40 euros), y hacer uso de los diseminados chiringuitos que ofrecen langosta y pescado fresco (unos 12 euros por comensal). No obstante, quienes opten por un remojón sin salir del casco histórico, disponen de varios bares-piscinas en la larga y vistosa calle de la República (8), la principal vía comercial de Camagüey, recién engalanada y peatonalizada para el V centenario de la ciudad.

18.00 Los garitos de Agramonte

Otra vía muy transitada, la calle de Agramonte (9), se conoce popularmente como “la calle de los cines”, ya que ahí se encontraban las dos únicas salas de la ciudad. También con motivo del 500º aniversario se han inaugurado ahí media docena de establecimientos de música en vivo, con nombres y decorados de películas y canciones de época (Casablanca, La Isla del Tesoro, Yesterday...). Otra atracción recomendable son las actuaciones del Ballet de Camagüey, cuya sede es el Teatro Principal (10) (Padre Valencia, 64), una vetusta construcción, de 1850, que aún hoy da una idea encantada de su lujo original. Y un curioso paseo ofrece, por su parte, el cementerio (11) del Santo Cristo del Buen Viaje, el más antiguo en activo de Cuba (data de 1814), con vistosos mausoleos y chispeantes epitafios, tal que: “Aquí yace sumergido / por una ley natural / todo lo que fue mortal / de don Fernando Garrido”; o el dedicado a un insigne trovador local: “Te debemos un trozo de vida empapado en alcohol...”.

20.00 Un ajiaco, por favor

Entre la variada y asequible oferta gastronómica de Camagüey, es reseñable el restaurante Papito Rizo (calle 13, entre 1ª y 2ª, Reparto Villa Mariana), un clásico que ha abierto sucursal más céntrica, La Terraza de Papito Rizo (12) (Santa Rosa, 8), cerca de República. La peatonal calle de Maceo concentra varios restaurantes de nuevo cuño, entre ellos, El Carmen (13), decorado con motivos del Ballet de Camagüey. Pero uno de esos lugares que se quisiera recomendar solo a los más íntimos es El Solar (14) (calle de la Independencia, 126): una recoleta paladar (restaurante familiar), muy económica (funciona con pesos cubanos), donde todo resulta hogareño, desde el trato a la deliciosa comida criolla. A probar: el excelente ajiaco, el típico potaje originario de esta región cubana.

22.00 Noches bailongas

La diversión nocturna de Camagüey aguarda en las inmediaciones del parque Agramonte; destacan la Casa de la Trova (15), para los más bailongos, con música en vivo, y, para los más sedentarios, El Cambio (16), un vetusto garito con mucho sabor local y lleno de miradas cómplices, entre paredes atiborradas de dibujos, grafitis y motivos autóctonos. (Texto tomado de El País)

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